dimanche 23 juillet 2017

Pedro Pablo GUERRERO∕Armando URIBE: "Opero como si estuviera muerto"

Entrevista
Armando URIBE: "Opero como si estuviera muerto"
Por Pedro Pablo GUERRERO

A los 83 años, el poeta se apronta a publicar Antología errante (Lumen), que reúne textos de 14 de sus 34 libros de poemas. Habla también de sus memorias y evoca a escritores que le infunden vida. 

Comparece en el salón de su departamento vestido de traje negro, con una delgada corbata del mismo color. No lleva sus característicos lentes redondos que lo hacían parecerse a Eliot. Tampoco bastón, aunque se queja de una cojera que lo molesta en estos días. Ya no fuma. El enfisema pulmonar lo mantiene confinado en su espacioso dúplex frente al Parque Forestal, rodeado de 13 mil libros y papeles varios.

"En los últimos años he vivido/ todo el tiempo encerrado en esta pieza/ donde duermo de noche, leo y escribo diurno,/ las tonterías del sueño nocturno,/ las necedades obvias, como reza/ mi emblema: Invento lo que he sido", escribe en su más reciente poemario, La vanidad de la soberbia (Catalonia), publicado a fines de 2016.

Recibe pocas visitas. Las más frecuentes son de Iván Quezada, el escritor y periodista que lo ayudó a revisar la nueva edición de Memorias para Cecilia (2016) y a editar su continuación, Vida viuda, que aparecerá a final de año. Junto a Quezada, también, seleccionó los poemas del volumen que publicará en agosto: Antología errante. El título alude, en un sentido inmediato, a su viajada existencia diplomática, en Estados Unidos, China y luego como exiliado en París, de 1973 a 1989. "Pero como yo vivo con puros malentendidos de palabras, errante tiene que ver también, tontamente, con el error, no solo con errar por el globo terráqueo", aclara Armando Uribe, entendiendo esta equivocación en un sentido metafísico: la antigua creencia "herética" que supone toda la creación un error, incluso un mal, según explica en extenso.

Reticente se muestra, en cambio, al hablar de su poesía. "En materia de cosas escritas en verso no tengo nada que decir, porque es como si fueran escritas por otra persona. Quiero decir que son muy subjetivas seguramente, pero no las siento como propias, sino como si me las hubieran susurrado y yo he tomado notas, como cuando uno tiene una conversación telefónica", explica. Ese susurro, admite, proviene del inconsciente y de la muerte.

-A diferencia de "Por ser vos quien sois" (1989) y otros libros que publicó tras su retorno a Chile, ¿en "La vanidad de la soberbia" el tono está más cerca del tedio que de la exasperación?
-Ah, pero completamente. Mire, fíjese que la primera frase que recuerdo, que me haya definido, expresado, fue una que oí en mi casa, seguramente de mi padre, porque uno no le atribuye a la madre las maldades que contiene esta frase. Me llamaba don Aburrido Uribe. Se me quedó en la memoria. Me quejaba de aburrimiento todo el tiempo o tenía aspecto de aburrido. Es la pura verdad: me he aburrido toda la vida y para qué decir a estas edades, en que el aburrimiento llega al extremo. Estoy aburrido de estar vivo, sin duda ninguna. Además creo que la vida constituye aburrimiento. Para poder seguir viviendo hay que saber aburrirse.

-Imagino que es uno de los temas de su próximo libro de memorias, "Vida viuda".
-Ese título viene de una errata. Fue un lapsus que cometió una vez José Miguel Varas, que por decir vida dijo viuda y nos reímos mucho.

-Ese libro empieza con la muerte de su esposa, ¿no?
-Sí, se puede atribuir a eso, pero no fue pensado de esa manera. Es uno de esos juegos de palabras a los cuales soy tan inclinado, por tontería y necedad, porque en general son una pura pérdida de tiempo. Uno anda ocupado de ellos por ociosidad, por aburrimiento, en realidad por infantilismo. Reflejan una capacidad mental bastante mínima.

-Pero hay algunos profundos.
-Pasan por serlo. Pero yo creo que no lo son.

-En su prólogo de "Antología errante", sin embargo, recuerda con admiración los cuentos y coplas de la tradición oral que le decía su madre.
-Claro, y cito un trabalenguas que es muy bueno: "En París hay una plaza/ en la plaza hay una casa/ en la casa hay una pieza/ en la pieza hay una cama...". ¿Usted sabe de dónde viene? Yo no tengo la menor idea tampoco. Tiene que ser antiguo. Es un gran juego intelectual. Y acaba en la nada.

-Lo que los ingleses llaman el nonsense .
-Sí, claro. Es eso. En castellano hay bastante nonsense en la picaresca. Parra creyó que lo había introducido él en la poesía chilena. En la época que apareció Poemas y antipoemas se dijo que su rasgo principal era la oralidad. Se le atribuyó como si la hubiera inventado, en circunstancias de que había existido siempre. Ya estaba en Pezoa Véliz. En la Mistral era algo congénito. Neruda terminó por tener bastante.

-Volvamos a usted. Su primer libro, "Transeúnte pálido", apareció en 1954, el mismo año en que Parra publicó "Poemas y antipoemas".
-Claro, yo lo conocí en esa época, incluso hubo un concurso de poetas jóvenes de una revista que se llamaba Extremo Sur, que fundó Esther Matte. Para ese concurso se organizaron unas lecturas en la Casa Central de la Universidad de Chile. Ganó Enrique Lihn, el poeta chino, como le decíamos. El otro era Hahn. Pero a lo que voy es que uno de los jurados del concurso era Nicanor Parra, que puso parte de lo que le pagaban como asignación para inventar un premio y me lo dio a mí. Me acuerdo que leí un poema que empieza: "Tan considerable como un elefante/ es un hombre que se levanta del lecho". El Chico Molina, que asistía a todos esos recitales y era una persona literatosa, se indignó cuando yo leí ese texto. No sé por qué se habrá ofendido, pero se puso el sombrero, tomó el paraguas y salió taconeando de la sala.

-"Sinfonía de cuna", el primer texto de "Poemas y antipoemas", habla de un "angelorum" que se encuentra en un parque inglés, y su "Transeúnte pálido" está lleno de ángeles.
-Eso tiene que ver con el catecismo, con el aprendizaje religioso católico, que también tuvo Parra. Su angelorum proviene de ahí. Y de reírse de la enseñanza sobre los ángeles. Parra desde entonces, desde muy joven, se ha querido siempre hacer el diablo. El diablillo. Y eso, en mi opinión, más bien lo ha perjudicado, porque se ha sentido llamado a hacer las veces de bufón. Ha perdido bastante tiempo y derrochado su talento, que es real, en esas leseras. Quería ser pintoresco. Imitó mucho también las casas de Neruda. Y Parra era pintoresco, pero en otro sentido. Es. Porque esta vivo, después de todo. Creo.

-¿Tan desconectado está del medio literario?
-Es que ya no circulo, oiga. No circulo nada. Opero como si estuviera muerto. Lo que es natural y hasta deseable en personas que llegan a estas edades avanzadas y que, por cierto, están más cerca de la muerte que de la vida. Esto de darle más años al cuerpo humano es bastante negativo. El caso del bien que provoca males: uno sigue viviendo mucho más de lo que necesita. No solo uno mismo, sino los que están alrededor. Las personas viejas son una carga.

-No creo que los familiares que viven con usted digan eso.
-Claro que uno puede decirlo, e incluso ser sincero diciéndolo, pero no es cierto. Quiero decir, que uno es solo uno. Los mecanismos que se inventan para evitarlo, como la amistad y el matrimonio, son puros pretextos. Hay una enseñanza que recibí literariamente, a los 15 años o menos: uno trata durante toda la vida de no estar solo y sin embargo muere solo. "Qué solos se quedan los muertos". Eso creo que es de Bécquer. Un buen poeta. Entre los castellanos del siglo XIX, es de lo mejor. ¿Sabe quién es un buen poeta chileno del XIX? Diego Portales. Tiene unos versos que valen la pena. No serán más de 12 o 16 líneas. No era ningún tonto en realidad. Tampoco era completamente reaccionario, como lo han hecho parecer.

-Volvamos a su poesía. De sus 34 libros...
-¿Treinta y cuatro? No sabía. Qué majadero. No me diga. Es casi pecado estar molestando de esa forma al género humano y a uno mismo. Molestando es demasiado decir, como si tuvieran éxito, y no lo tienen. Perder el tiempo de manera pública y exhibicionista no es propio de un caballero.

-Lo que le quería hacer notar es que el ritmo de publicación se acelera a partir de 1989, año de su retorno a Chile. Desde entonces ha editado 30 libros de poemas.
-Tiene razón. Lo que explica eso es que la naturaleza real, cotidiana del llamado exilio o destierro es una amputación física y mental. No estar en el lugar donde uno quisiera, que es el propio país, la patria. Estar obligado a instalarse en otra parte, que no es donde uno ha nacido, supone una cantidad de otras imposibilidades, carencias, vacíos, lagunas psicológicas y físicas. Y uno las trata de llenar escribiendo, porque yo en todos esos años me negué a publicar, pero nunca dejé de escribir.

-¿Y ahora?
-Escribo todo el tiempo. Diría que desde los 13 años más o menos empecé a escribir y no ha pasado día en que no haya escrito. Todavía tengo muchas cosas no publicadas. En alguna parte deben estar los cuadernos con los diarios que escribí entre los 13 y los 22 años.

-¿Le sirvieron de base para sus memorias?
-No, pero uno se publicó en Diario enamorado. El origen de mis memorias son en realidad monólogos. Mi mujer me dijo que tenía una especie de don para contar historietas. "¿Por qué no las escribes?", sugirió. Y la verdad es que no pude, salvo en esos pocos diarios, pero traté de recuperarlas a través de estos monólogos grabados que estoy publicando.

-¿Qué opina del resurgimiento y recuperación de los libros de memorias que se ha producido en el último tiempo?
-Eso fue tratado hace más de 50 años por Alone. Hay cierto número de cosas publicadas, no tan grande en número, de memorias, memoriales, recuerdos, y por otro lado hay reticencia en los autores, y hasta rechazo, de que se sepa lo que uno pueda haber escrito en textos personales. Hay temor, miedo, a revelarse demasiado y, por lo tanto, hacerse vulnerable.

-Escuchándolo, se le nota más animado al hablar de las personas que conoció que de usted mismo.
-Es que los recuerdos a uno como que le infunden vida. ¿Sabe qué escritor infunde vida todo el tiempo? Joaquín Edwards Bello. Yo creo que el libro que terminó llamándose Valparaíso es la mejor novela chilena. Desde luego, es la que más he leído desde niño hasta ahora. Por lo menos diez veces. Hay artículos suyos que contienen poesía a fondo. Hasta escribí un texto en que utilizo puras frases de Edwards Bello. Son tan exactas, picarescas y profundas. Yo siempre lo veía en el café Santos. Iba con su señora. Se sentaba debajo del reloj y yo generalmente me sentaba en una mesa cercana. No es que estuviera espiando, pero oía parte de sus conversaciones. Canturreaba en francés, mire qué curioso. Es como si lo estuviera viendo, como si me acompañara hasta el día de hoy.

"El origen de mis memorias son monólogos. Mi mujer me dijo que tenía una especie de don para contar historietas".


Artículo: www.elmercurio.com 16∕07∕2017

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