samedi 23 août 2014

Luis GUSMÁN/Lo que se cifra en el nombre K.

Lo que se cifra en el nombre K.
Por Luis GUSMÁN

Kafkas. En su nuevo libro de ensayo, editado por Edhasa, Luis Gusmán explora la figura del autor de La metamorfosis a la luz de sus cartas, sus papeles, sus sueños y obsesiones. En el capítulo que aquí anticipamos reflexiona sobre la abreviatura que es sinónimo de su originalísima obra

Aunque en el hotel he escrito claramente mi nombre, aunque también ellos lo han escrito correctamente ya dos veces, en el registro de abajo ponen Josef K. ¿Debo aclarárselos yo, o debo dejar que me lo aclaren ellos?

El epígrafe corresponde a una anotación del 27 de enero de 1922 en los Diarios de Kafka, ocho años después de que escribiera su novela El proceso. Ese mismo día, Kafka viajó con uno de sus médicos, el doctor Otto Hermann, a Spindlermühle, un centro de vacaciones al pie del monte Schneekoppe en la frontera polaca, y se hospedó en un hotel de esa localidad, en las estribaciones de los Cárpatos. Las entradas en sus Diarios, desde esa fecha, 27 de enero de 1922, hasta el 17 de febrero del mismo año, se supone que fueron escritas en este lugar. Podemos decir que ese día, en ese hotel de los Cárpatos, se alojó Josef K.

La letra inicial tiene cierto lugar reservado al enigma. Es la inicial con que se pretende resguardar el anonimato de una identidad. La inicial es casi inseparable de la firma y del nombre propio. Contradiciendo lo indicado por Gilles Deleuze y Félix Guattari, en su libro Kafka: una literatura menor, cuando afirman que interrogarse quién es K. resultaría una pregunta inútil, me dejé llevar por la inutilidad de esa pregunta.

Es posible que Kafka, lector de Kierkegaard como lo muestran claramente sus Diarios, haya tomado la inicial K. del filósofo, ya que éste la utiliza en 1835 en su Diario: "Adquiero conciencia de que existo. K". Pero parece improbable, ya que en Kierkegaard la inicial es señal de existencia y en Kafka de anonimato. En Kierkegaard la letra K reaparece en los seudónimos, pero no olvidemos que el apellido Kierkegaard remite a Kirke, palabra en danés que se traduce como iglesia. Cuando el filósofo en su Diario se refiere a la letra K lo hace en términos eclesiásticos: "Lógico desarrollo. Símbolo apostólico romano". También en su Diario la letra T está asociada a la forma de la cruz. Pero Kierkegaard era un autor cristiano y Kafka, un autor judío, y esa letra K tendrá otra significación.

También en el quinto de los Cuadernos en octavo aparece la inicial K. El personaje es un prestidigitador muy cercano al protagonista de "Un artista del hambre" y al de "Un artista del trapecio". El fragmento recordado por Kafka es de cuando era apenas un muchacho: "K. era un gran prestidigitador. Su programa era un poco monótono, pero siempre agradaba porque sus proezas eran infalibles. Aunque ya han pasado veinte años y yo entonces era muy pequeño, me acuerdo muy bien, desde luego, de la primera función suya a la que asistí. Llegó a nuestra pequeña ciudad sin aviso y anunció la función para aquella misma noche. Los únicos preparativos escénicos consistieron en dejar un poco de espacio libre alrededor de una mesa en el salón comedor de nuestro hotel? Yo no sabía por qué tanta gente tenía ganas de ver aquella función obviamente precipitada. En cualquier caso, en mi recuerdo ese supuesto abarrotamiento de la sala contribuye sin duda, como es lógico, a potenciar la impresión que me llevé de la función".

La inicial K y los artistas de circo, como se ve, vienen de lejos.

La inicial K es usada por Kafka en su libro El proceso donde le da al personaje el nombre de Josef K., paradigma de lo anónimo y víctima del poder burocrático. Desde esa perspectiva -no va a ser la única-, J. K. es intercambiable. Es por eso que un día dos hombres lo vienen a buscar y él ignora de qué es acusado.

Kafka no era un escritor improvisado en el momento en que utilizaba las iniciales para sus personajes. En una anotación en sus Diarios del 11 de febrero de 1913 y refiriéndose al nombre del personaje de su relato "La condena", escribe: "Georg tiene el mismo número de letras que Franz. En el apellido Bendemann, el ?mann' sólo es un reforzamiento de ?Bende', anticipado con vistas a todas las posibilidades desconocidas de la historia. Pero Bende tiene el mismo número de letras que Kafka, y la vocal e en los mismos lugares que la vocal a en Kafka". Tal vez por eso, nueve años después, en el hotel de los Cárpatos, Transilvania, el lugar de las metamorfosis, no le extraña tanto que lo tomen por el señor Josef K.

Pero ¿quién es Josef K? Los biógrafos le otorgan a esa letra el soporte de una persona real. Reiner Stach en su libro Kafka. Los años de las decisiones encuentra un sosías: "El 29 de diciembre de 1899, un mediodía de viernes, un jornalero en paro entró en el Instituto de Accidentes de Trabajo de Praga a solicitar apoyo económico. Después de un breve examen de su caso, fue rechazado. El peticionario empezó a insultar a voz en cuello a los funcionarios, tiró algunas sillas por la estancia y, cuando debido al ruido inusual entraron corriendo los celadores, sacó una navaja del bolsillo. Hubo que llamar a un policía, y sólo entonces fue posible arrebatar el arma al hombre, presa del frenesí. Fue entregado al Departamento de Seguridad de la Dirección de Policía, donde se tomaron sus datos personales. El hombre se llamaba Josef Kafka y procedía del pueblo de Rotor, en la Bohemia oriental. Como aún no existían normas reguladoras para la prensa, la historia llegó a los periódicos con plena mención del nombre. Hoy ese hombre se habría llamado Josef K., un héroe de la sección local". Un hombre pierde su apellido al quedar reducido a una inicial y sin embargo hace de esa letra una correa transmisora de un estado de cosas.

La primera aparición de Josef K. se da en una anotación en los Diarios del 29 de julio de 1914. Kafka empezaría a trabajar en la novela El proceso unas semanas más tarde: "Josef K., hijo de un rico comerciante, tras tener una fuerte discusión con su padre -el padre le había reprochado su vida disoluta y exigido su cese inmediato-, fue una noche, sin un propósito determinado, sólo por completa inseguridad y cansancio, a la Casa de los Comerciantes que se alzaba en el puerto". Es decir: la primera aparición de Josef K. en el diario es como hijo.

En la obra de Kafka, los críticos han encontrado un surtidor de interpretaciones, desde el sentido literal al figurado. Los personajes de sus novelas - El proceso, El castillo - identifican el apellido con la letra K, y el nombre, como Josef o Joshep. En la segunda de estas novelas, en principio sólo aparece la inicial K del apellido del agrimensor. Si el lector recorre la topografía del castillo junto con el personaje podrá observar que cuando a K. le preguntan ¿quién es?, él responde por su oficio: el agrimensor.

En El castillo los nombres son intercambiables. Cuando se presentan los dos ayudantes del agrimensor, que son iguales, el agrimensor K. se pregunta cómo diferenciarlos y llega a la conclusión de que sólo podrá distinguirlos por sus nombres. Esta semejanza parte del agrimensor, ya que los demás habitantes de la aldea los distinguen (Jeremías y Arturo). El agrimensor decide llamarlos por un solo nombre: Arthur: "Repartíos el trabajo como os convenga, eso me es indiferente, todo lo que os pido es que no os echéis la culpa uno al otro, para mí sois sólo uno". Ese uno es intercambiable.

Éste es un fragmento muy particular de la novela porque está referido a la identidad; allí nos encontramos con las mismas iniciales de El proceso. Se trata del capítulo en el que aparece el nombre que faltaba, sólo que desdoblado. El agrimensor K. se hace pasar por uno de sus ayudantes y cuando un interlocutor del castillo le pregunta su nombre, éste le responde: Josef. Desde el castillo, el interlocutor pregunta ¿Josef? Este malentendido transforma la pregunta del agrimensor en un grito: "¿Quién soy pues?".

Para Marthe Robert la K kafkiana es una inicial que simboliza el anonimato: "una inicial simbólica, una K que hace las veces de X, de la que no se sabe si es el principio de un nombre normal, aunque clandestino, o el último vestigio de un nombre extinto, imposible de reconstituir". Es que en el pasaje de El proceso a El castillo ha habido una abolición de la identidad: "finalmente sólo deja subsistir al hombre reducido a una simple expresión, al hombre verdaderamente sin atributos en quien ya no sobrevive sino el último núcleo de lo humano".

En los tiempos de Kafka, la abolición de la identidad del judío ¿es la prefiguración de la posterior eliminación del cuerpo del judío? La interpretación de Marthe Robert descentra y desagrega la letra K del apellido del escritor: "Kafka da la clave del apellido truncado cuya fatalidad sufre K y todos sus avatares; pues si en sus novelas sólo habla de sí y de su imposibilidad de vivir, el apellido que falta sólo puede ser el suyo y, como él es judío, es su nombre propio, su nombre de judío el que condena así a permanecer en la clandestinidad".

Podemos decir que la inicial K, más que remitir a una condena de clandestinidad, es la estela de un apellido judío; así como la modificación o la sustracción de una letra pueden ser el signo de una asimilación, o cumplir la función de camuflar un apellido fácilmente identificable y por lo tanto peligroso. Estos procedimientos lingüísticos nombrarían distintos lugares donde la identidad se refugia ante la amenaza de la extinción del judío como nombre propio.

Pero habría que examinar si la letra K, en el caso de Kafka, es el nombre de su condición judía. La interpretación que el novelista Imre Kertész brinda en un largo reportaje en el que testimonia su experiencia en los campos de concentración en Auschwitz y Buchenwald es un principio de respuesta. El mismo Kertész, en su libro Diario de galera, esgrime este argumento: "Si admitiera ser judío podría acceder al castillo, no entre los otros pero accedería como judío, entraría sin la menor duda, aunque sólo fuera con la estrella amarilla sobre el pecho". Kertész se refiere después al final que estaba previsto para la novela: "Precisamente la autorización para instalarse sería la manera de excluir a K. como judío, aceptándolo. En tal caso, es el castillo el que califica a K. como judío". En la letra K retorna una huella de la condición humana, dada por el nombre, y marca el momento histórico en el cual algo de esta condición se perdió.

En su libro, Gilles Deleuze se formula la pregunta que consideraba inútil: "¿Quién es K? ¿Es el mismo en las tres novelas? ¿Es diferente de sí mismo en las tres novelas? A lo sumo, se podría decir que Kafka en sus cartas usa totalmente el doble o la apariencia de los dos sujetos del enunciado y la enunciación".

Pero no sólo existen los dobles de K. en la narrativa kafkiana sino en otra literatura. Las iniciales del personaje las reencontramos en una novela de Graham Greene, Una pistola en venta, en la que un sicario, después de haber asesinado a un político pacifista cuya identidad desconocía, encuentra grabadas en un objeto personal del muerto -un cepillo- las iniciales J. K. Sin duda, es una interpretación del asesinato del personaje de Kafka en El proceso porque se trata de un inocente. En la descripción de la escena del crimen nos encontramos con otro dato entre enigmático y confirmatorio: "Abrió la puerta del dormitorio; sus ojos fotografiaron de nuevo la escena, con la cama de soltero, la silla de madera, el polvoriento bureau, la fotografía de un joven judío con una cicatriz en la barbilla como de haber sido golpeado con una vara, un par de cepillos para el pelo con las iniciales J. K, y cenizas de cigarrillo por todas partes". El proceso siempre se continúa con una pistola en venta.

George Steiner, siguiendo la indicación kafkiana, afirma que esa inicial pertenece al propio Kafka: "En el alfabeto del sentimiento y la percepción humana, esa letra pertenece ahora invariablemente a un solo hombre".

Es cierto el ahora que aclara Steiner en Lenguaje y silencio, éstos son los efectos de la letra K cuando Kafka es ya un nombre de autor: "como atestiguan niños y poetas, las letras individuales y las unidades de sonidos pueden cobrar valores y asociaciones simbólicas particulares. Cuando se es un ciudadano de la República cultural en el Occidente de mediados del siglo XX, la mayúscula K es casi un ideograma que invoca la presencia de Kafka o la de sus dobles".

Hay que advertir que Steiner habla de la mitad del siglo XX, pero que en pleno Imperio austrohúngaro y en medio de la cuestión judía la letra K no representaba a un ciudadano de Occidente, sino a casi todo lo contrario. Si Steiner se refiere a cómo estas iniciales se han trasmitido como ideograma es necesario buscar en otra parte. Es la diferencia entre la letra K de Kafka y el kakalandia de Musil. Un solo hombre remite a la condición judía y no necesariamente al aislamiento sino, como señala Kertész, un solo hombre es un judío, y no solamente porque cualquier judío en ese sentido estuviera solo, sino porque se trataba del exterminio de uno por uno, aunque los exterminios fueran masivos.

Franz Kafka es confundido con Josef K. En la película de Joseph Losey - El otro señor Klein -, un señor aristocrático llamado Klein es confundido con otro señor Klein, hasta que finalmente -a pesar de haber demostrado que entre sus antepasados no había raíces judías- es remitido a un campo de concentración. No olvidemos que los pasaportes de los judíos que eran enviados a los campos los sellaban con una K de Konzentration. El retorno de la inicial da un paso más, a lo que se agrega que, en este caso, el apellido Klein otorga la significación de poca cosa o cosita. Porque en ese universo no hay doble de Klein, sino que cada judío es el señor Klein; o, si se admite un mundo de dobles, en el régimen nazi todos los judíos eran Klein. Esta abolición de la identidad implicaba un sistema en el que un judío era intercambiable por cualquier otro judío -el grado más humillante de la condición humana- y era el fundamento mismo de la segregación.

En la Carta al padre, para ejemplificar acerca de un estado de humillación y de vergüenza, Kafka hace una referencia indirecta a J. K. No lo nombra directamente sino que dice: "escribí una vez certeramente acerca de alguien: ?Teme que la vergüenza le sobreviva'". [...].

En esa partida eterna que juega con el padre, un día tiene la posibilidad de jugar a las cartas con él y entonces se invierte la carga de la prueba (el padre tiene miedo del hijo), y Kafka dice: "Mi madre y mi hermana en Berlín. Está noche estaré solo con mi padre. Creo que tiene miedo de subir a casa. ¿Jugaré a las cartas (Karten) con él?". Y agrega: "Encuentro ofensiva la letra K, me repugna casi, y sin embargo la sigo utilizando, pues debe ser una característica mía".

Se lee en una anotación de los Diarios de Kafka: "La forma cómo Joine Kisch apagó las velas". Sin embargo, la oscuridad no alcanza a disimular la vergüenza. Aunque J. K. fue ejecutado como un perro, valió la pena porque la vergüenza debería sobrevivirlo. A veces, en determinados lapsos históricos, la filología suele orientarnos en la función que tienen ciertas letras para indicar cómo en un estado de lengua totalitario hay cadenas flotantes por las cuales pueden deslizarse los efectos de segregación de una época. Las iniciales J. K. son las letras en las que retorna un resto de vergüenza que siempre es propia, de cada uno, aun cuando se disculpe en el tópico: vergüenza ajena.

El epígrafe de Steiner habla de la soledad del escritor. Kafka parece coincidir en esa relación con el oficio: "y por eso, temblando de miedo ante cualquier perturbación, me mantengo abrazado al escribir, y no sólo al escribir sino también a la soledad correspondiente".

A veces, es necesario morirse de vergüenza. Este acontecimiento sucede muy rara vez. A J. K. le sucedió.


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 22/08/2014

Pablo De SANTIS/ El nacimiento de la fantasía heroica

El nacimiento de la fantasía heroica
Por Pablo De SANTIS

En Inglaterra el género apareció mezclado con las novelas para niños. Sus historias transcurren en mundos autónomos 

Game of Thrones (Juego de tronos) pertenece a ese género llamado fantasía heroica, que en ocasiones recibe también el nombre de "Espada y brujería". En Inglaterra nació mezclado con las novelas para niños y en Estados Unidos con los cuentos publicados en revistas como la extravagante Weird Tales. Lo que distingue al género es que sus historias transcurren en un mundo completamente autónomo, con vagos ecos de la Edad Media o de la antigüedad remota, pero sin un marco histórico o una geografía que podamos reconocer. Su lógica corresponde al dominio de lo maravilloso; es decir: la magia funciona y nadie se sorprende.

Tal vez el origen de esta tradición esté en las novelas de caballerías, cuyas hazañas enloquecieron al pobre Alonso Quijano. Después de una siesta de siglos, el género renació. No sólo sobrevivieron los bosques y castillos arquetípicos sino también la figura del mago Merlín, hechicero y sabio, que volvió bajo nombres diversos, como el Gandalf de Tolkien.

Aventuramos dos posibilidades para este renacimiento. La primera hipótesis es de orden histórico: las dos guerras mundiales. Al descubrimiento de la guerra inhumana, en la que se mata a distancia y anónimamente, con gases, obuses o, más adelante, bombardeos, se le opone, en la ficción, la idea de una guerra noble. Lanzas, escudos, espadas y rivales que se miran a los ojos.

La segunda hipótesis es que este renovado interés en asuntos de caballería estuvo motivado por el alejamiento de la novela contemporánea de toda forma de épica. El héroe quedó abandonado a la inmovilidad, la melancolía y la desesperación. En el siglo XIX los lectores podían jugar con la idea de ser Sandokán, que recorría incansable los mares, o Phileas Fogg, que daba la vuelta al mundo en ochenta días. Pero ya entrado el siglo XX, ningún lector soñaba con ser el Bloom de Joyce, la señora Dalloway de Virginia Woolf o Gregorio Samsa.

En su búsqueda de héroes, el género bebió en cuatro fuentes muy reconocibles: el caballero irlandés Lord Dunsany(1878-1957), el tejano Robert E. Howard (1906-1936), y los amigos J. R. R. Tolkien (1892-1973) y C. S. Lewis (1898-1963), ambos profesores en Oxford.

Dunsany fue autor de cuentos fantásticos muy admirados por Borges (en especial "Carcasona", que anticipa las esperas de Kafka y El desierto de los tártaros de Dino Buzzati). También escribió una novela de fantasía, La hija del rey de los elfos (1924), inspirada en el mismo folklore nórdico que luego visitaría Tolkien. En Dunsany ya aparece ese severo problema de salud que aqueja a los elfos: la inmortalidad.

Robert E. Howard, musculoso como sus personajes, es el autor de los cuentos protagonizados por Conan el cimerio, que transcurren en tiempos remotos y abundan en hechizos y bestias fabulosas: arañas y serpientes gigantes, un mono-momia, un dios con cara de elefante. Tenía poco más de veinte años cuando empezó a publicar sus relatos en la famosa revista Weird Tales: así surgieron sus personajes Solomon Kane, Kull de Atlantis y Conan. Todos sus relatos hacen convivir la aventura con el horror, y por eso entusiasmaron a Lovecraft, que lo sumó al vasto elenco de sus corresponsales. Howard tenía un vínculo demasiado estrecho con su madre; y cuando ella entró en un coma irreversible, el escritor no lo pudo soportar. Se sentó en su auto y se disparó. Tenía treinta años.

Tolkien le dio al género un acabado sentido de humanidad. Sus héroes son los hobbits, pequeños y menos poderosos que sus compañeros de ruta; si logran vencer no es por su fuerza, sino por su empeño y buena voluntad. Para Tolkien imaginar no es sólo contar historias, sino también convertirse en cartógrafo, en historiador, en antropólogo de su continente imaginario. Y también en un dios encargado de poner las cosas en orden: no podía tolerar la heterogeneidad imaginativa de su amigo C. S. Lewis. A partir de El león, la bruja y el ropero, Lewis pobló su Narnia con seres de tradiciones diferentes: animales parlantes de las fábulas y faunos y sirenas de la mitología grecolatina, junto a Santa Claus y Aslan (un león que es un Jesucristo apenas disimulado). Lewis incorporó una novedad: ese mundo no está completamente alejado del nuestro, sino que hay un umbral por el que se puede acceder a él. Ese umbral es un ropero lleno de viejos abrigos con olor a naftalina. En los años siguientes, muchos otros autores siguieron ese esquema de los mundos paralelos. Pero sin el ropero: un mueble siempre difícil de mudar.

En los años sesenta el género tuvo un nuevo boom, cuando se reeditaron en Estados Unidos las obras de Tolkien en ediciones de bolsillo. Las aventuras de Frodo encajaron a la perfección con la sensibilidad hippie, y eso se nota en muchos discos de la época. Pronto se agregaron las delicadas fantasías de Thomas Burnett Swann (El día del minotauro, 1966), Ursula K. Le Guin (Un mago de Terramar, 1968) y Peter Beagle (El último unicornio, 1968). De los dos primeros hay ediciones argentinas de Cuásar y Minotauro.

Aunque la literatura argentina prefirió el cuento fantástico al género maravilloso, algunos autores se animaron a construir sus propios reinos. El ejemplo más notable fue la saga iniciada con Los días del venado, de Liliana Bodoc, quien dio a su épica sutiles ecos sudamericanos. En los últimos años, varios jóvenes narradores escribieron sus propias fantasías: Victoria Bayona (autora de Camino a Aletheia), Pablo Nieto (La fortaleza oscura) y Clara Levin (Los siete nombres).

La fantasía heroica sedujo más a sus lectores en los momentos en que la ciencia ficción perdía su poder sobre el imaginario popular: sobre todo en la segunda mitad de los años sesenta (con la carrera por la conquista de la luna) y desde los años noventa a esta parte, con el dominio de las nuevas tecnologías. Frente al avance real de la ciencia, cede la ciencia su lugar en la ficción. Por eso los niños nacidos en tiempos de computadoras ya no leyeron historias de un futuro cibernético, sino de un pasado legendario.

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Placeres diversos
Por Dolores GRAÑA

Frente a la espectacularidad de su versión televisiva, las novelas de Canción de hielo y fuego proponen un minucioso tapiz narrativo

Aunque suene extraño, los placeres que engendran Canción de hielo y fuego (los libros de G. R. R. Martin) y Game of Thrones (la serie televisiva basada en ellos) son de naturaleza bastante distinta. Mientras que la serie es un espectáculo gigantesco, que nos deslumbra con sus magnéticos personajes, su retrato adulto de la naturaleza del poder y una narración que combina la épica de las batallas y duelos con los susurros de las intrigas palaciegas, las novelas son un trabajo minucioso y privado, un tapiz bordado con el cuidado y el tiempo requerido para construir una imagen compleja a través de millones de puntos.

Más allá de que sería imposible llevar a la pantalla chica todo lo que se cuenta en las novelas (y esta dificultad ha hecho que sus creadores deban optar por suprimir personajes y subtramas enteras y crear otras para apropiarse televisivamente de la historia), Canción de hielo y fuego atrapa por la posibilidad de sumergirnos por completo y durante días en un mundo tan violento y complejo como el nuestro -pese a la atmósfera feudal, los dragones y la capacidad de "secuestrar" el cuerpo de otras criaturas-. Esa inmersión es potenciada por el mejor recurso estilístico que esgrime su autor: la narración en primera persona. Cada uno de los capítulos de los libros está contado desde un punto de vista particular, casi cinematográfico, como si la cámara acompañara a un personaje individual y lo separara de la multitud. En algunos casos son los más conocidos, como Daenerys Targaryen, Arya Stark o Jon Snow, pero en otros toma la voz cantante un humilde criado que pierde la vida poco después por equivocarse en el orden en que debe servir la mesa. Y a veces, ni siquiera sabemos a través de los ojos de quién estamos viendo los acontecimientos (o qué estamos viendo en realidad, si quien ve no comprende lo que ocurre), misterio que se suma a los muchos con los que los lectores conviven felizmente a lo largo de los años.

Esa perspectiva, impregnada de subjetividad, del relato y el consiguiente trabajo de quien lee para intentar armonizar los testimonios conflictivos en un todo coherente y significativo, nos hace jueces y parte y -claro- fanáticos.

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Doble fenómeno
Game of Thrones: la fascinación del poder
Por Graciela MELGAREJO

Con tan sólo cinco libros publicados (más otros dos en camino, que por ahora no son más que una tentadora promesa) y cuatro temporadas por la televisión de cable premium, la historia de las guerras entre reyes de fantasía del escritor norteamericano George R. R. Martin ha logrado subyugar a lectores de todo el mundo y a una platea global, siempre a la búsqueda de encontrar, fuera del cambiante mundo tecnológico que todo lo invade, una respuesta a preguntas más permanentes.

La historia creada por Martin, Canción de hielo y fuego, fue bautizada como Game of Thrones (Juego de tronos) para la TV -el nombre del primero de los cinco libros- y su última temporada ya tiene diecinueve nominaciones a los premios Emmy 2014 (que se conocerán el lunes próximo), lo cual habla de un fenómeno arrollador, por lo menos desde el punto de vista de la gran industria; pero los infinitos puntos de encuentro y comunidades en Internet creados a la sombra de una vasta y omnipresente ficción muestran también otra cara de esta realidad: la necesidad de creer en algo, aunque ese algo esté hecho únicamente a base de palabras o de imágenes.

No es tarea sencilla resumir un relato que abarca varias generaciones de hombres y mujeres, guerras y escaramuzas en distintas ciudades de Norte a Sur, y alrededor de 4000 páginas en la edición en papel (a las que se agregarán, seguramente, otras 2000 como mínimo, cuando The Winds of Winter y A Dream of Spring sean publicados). En muchas de las infinitas reseñas críticas escritas a raíz de cada publicación en diferentes idiomas se relacionó la guerra entre las casas de los Siete Reinos por el Trono de Hierro con la Guerra de las Dos Rosas, la guerra civil medieval en la que las casas de Lancaster y de York se disputaron el trono de Inglaterra, entre 1455 y 1485, y de la que William Shakespeare tomó tema para varios de sus dramas.

Pero toda comparación que se haga entre esta larga, compleja y complicada historia con otras obras de la literatura universal será siempre injustamente parcial. Martin ha sido comparado, sucesivamente, sí, con Shakespeare y con Tolkien ("El Tolkien americano", lo saludó The New York Times), pero es hombre y escritor de esta época, y vale la pena estudiar el fenómeno en sí mismo.

UN AMABLE FARMER

Martin (1948, Nueva Jersey) no es en absoluto un parvenu de las letras. Se licenció, según rezan las solapas de sus libros, en periodismo en 1970, y publicó su primera novela Muerte de la luz (Dying of the Light) en 1977. Ganador de varios Hugo y Nebula (dos de los más importantes premios para obras de ciencia ficción y fantasía de los Estados Unidos), en los años ochenta se dedicó a escribir guiones de varias series de televisión -entre otras, La dimensión desconocida (The Twilight Zone), 1986, y The Beauty and the Beast, 1987-, al tiempo que seguía escribiendo cuentos cortos, una serie de antologías de historia sobre la Segunda Guerra Mundial y también una colección de relatos de ciencia ficción, Los viajes de Tuf (Tuf Voyaging, 1986).

En 1996 hubo dos cambios de vida muy importantes: Martin dejó Hollywood, se fue a vivir a Santa Fe (Nuevo México) y regresó al mundo de la literatura ese mismo año con la novela Juego de tronos, la que dio comienzo al ciclo de novelas Canción de hielo y fuego (Song of Ice and Fire).

A quien lo vea en fotos o en entrevistas (hay varias en YouTube, y en distintas universidades), siempre vestido de negro y con tiradores de coloridos estampados para las ocasiones especiales, puede llegar a recordarle esos cuáqueros silenciosos e impredecibles de Nathaniel Hawthorne o simplemente el personaje del cómic de Al Capp, Lil'Abner ("El chiquito Abner"), pero más envejecido y con sobrepeso. No hay que dejarse engañar; detrás de esa fachada de bonhomía y naturalidad, está un creador de mundos y personajes poderosos, que ha sabido mezclar con habilidad y técnica singulares la historia del poder y la política de los hombres con la literatura fantástica de dragones y caminantes que vienen del Más Allá (así, con mayúsculas).

En los agradecimientos a colaboradores y amigos de Juego de tronos (una práctica que se repite, de maneras distintas, en todos los libros de la serie), Martin advierte con ironía que "dicen que en los detalles está el demonio. Un libro tan largo como éste tiene muchísimos demonios, y hay que estar alerta para no caer en sus garras. Por suerte, yo conozco a muchísimos ángeles". He aquí develada también una de las claves de su escritura: compensar la multiplicidad de detalles y de situaciones terribles y crueles con contadísimas escenas de esperanza.

Como Homero en la Ilíada, Martin necesita sembrar su historia de "ayuda memorias" literarios: no será la inmortal Aurora de dedos rosados, pero sí algunos lemas, como éste que ya se está haciendo famoso fuera de la ficción, "Winter is coming", y que va a escandir todo el larguísimo relato:

Aquellas palabras le provocaron un escalofrío, como siempre. Eran el lema de los Stark. Todas las familias nobles tenían un lema. Y aquellas consignas familiares, piedras de toque, aquella especie de plegarias, eran alardes de honor y gloria, promesas de lealtad y sinceridad, juramentos de valor y fidelidad... Todos menos el de los Stark. El lema de los Stark era «Se acerca el invierno».

No es el único importante, por supuesto. También "Porque oscura es la noche y llena de terrores" -una verdad de a puño, como podrán comprobar los seguidores de Canción de hielo y fuego-, frase que deberá repetirse en voz baja y susurrante al oído, instala una lucha más: entre los antiguos dioses y el nuevo dios, el Señor de la Luz, tan impiadoso como los anteriores, pero que exige sacrificios y sangre fresca cada vez que su ayuda es invocada. La magia negra y la magia blanca entablan así su guerra personal en este campo de batalla.

DRAMATIS PERSONAE

La trama es tan compleja, transcurre al mismo tiempo en tantos lugares diferentes, que ha obligado a los sucesivos editores a ir agregando mapas al comienzo de cada libro -también hay símbolos heráldicos­- y socorridos apéndices con listas de los personajes intervinientes y de sus casas dinásticas (algo que recuerda, salvando las distancias, a listas semejantes, aunque pequeñas, de las novelas de Agatha Christie).

Los personajes de este conjunto de historias que se bifurcan una y otra vez son la piedra sobre la que Martin levantará su edificio interminable. De la casa de los Targaryen, los señores de los dragones y dueños del Trono de Hierro, queda como única heredera viva la khaleesi Daenerys, madre de tres dragones y decidida a recuperar lo que perteneció a su familia. De los tres hermanos Baratheon, sólo sobrevive Stannis, que llevará su guerra hasta el Muro -el que separa al mundo conocido del desconocido-, con el corazón ardiente del Señor de la Luz en su estandarte. En la casa de los Lannister se destacan Cersei, madre de reyes; su hermano mellizo Jamie, y su hermano pequeño ("little brother" no sólo de nombre), el enano Tyrion. Por fin están los Stark, Ned Stark, su esposa Catelyn, sus tres hijos y dos hijas -amén de un hijo bastardo, Jon Snow, importantísimo para la trama­-, una familia cruelmente despojada de la felicidad, cuyo emblema es un lobo gigantesco y alrededor de la cual se van desarrollando los hechos principales.

Como dice la periodista Dolores Graña en el recuadro que acompaña esta nota [ver], "las novelas son un trabajo minucioso y privado, un tapiz bordado con el cuidado y el tiempo requerido para construir una imagen compleja a través de millones de puntos", una acertada descripción de cómo estos personajes, que son decenas y decenas, van componiendo un verdadero e intrincado gobelino. Parafraseando al Borges de "El jardín de senderos que se bifurcan", esta obra puede ser también, y por momentos lo es, una infinita serie "de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos", con un autor que, a su manera, pretende abarcar todas las posibilidades.

Por algo, en abril de 2011, Martin escribía la siguiente "Aclaración sobre la cronología" para el último libro publicado, Danza de dragones (A Dance with Dragons):

Ha pasado mucho tiempo entre libro y libro, ya lo sé, así que quizá se imponga recordar unas cuantas cosas. El libro que tenéis entre manos es el quinto volumen de Canción de hielo y fuego. El cuarto fue Festín de cuervos, pero este libro no es una continuación en el sentido tradicional, ya que la acción es simultánea. Tanto Danza... como Festín... retoman la trama inmediatamente después de los acontecimientos narrados en Tormenta de espadas, el tercer volumen de la serie. [Danza... y Festín...] son dos libros paralelos, no consecutivos, que no se dividen por la cronología, sino por la geografía. Aunque sólo hasta cierto punto.

EN OTRO MUNDO

Traducir para la televisión esta serie infinita de acciones, personajes y dilemas morales acompañados lindamente de oportunas muertes a granel, parricidios, incesto, esclavitud, descuartizamientos y torturas sin distinción de sexos ni edades, y dragones, zombis y otros seres fantásticos, no ha sido fácil, pero sí fecundo. La llegada de Game of Thrones a las pantallas (la de la TV común y las digitales) ha inaugurado usos y costumbres nuevos, y ha reforzado los ya existentes. Por ejemplo, las fanpages de Facebook (reemplazo desde todo punto de vista más gratificante que el de los tradicionales clubes de admiradores), desde las que los participantes no sólo comparten preferencias y odios, sino que también hacen propuestas al autor con respecto a lo que vendrá. El mismo Martin acepta que no están mal rumbeados los que proponen una pareja entre Daenerys y Jon Snow, basados simplemente en la interpretación de las pistas que el autor ha ido dejando, como las migas de Hansel y Gretel, a lo largo de sus hasta ahora cinco libros.

Twitter, tan parecido a la trama de la serie por su multiplicación infinita en el mundo virtual, es también un elemento fundamental de difusión (casi valdría la pena llamarlo "polinización"). Basta que uno se decida a retuitear una quote (cita) de @GoThrones_BOT, para que, por ejemplo, @ThroneQuotes la retuitee a su vez, en un juego de espejos del que nunca se sabrá el final.

Porque los seguidores (y fanáticos) de esta creación de Martin están rezando para que el viejo y querido George deje a un lado todo lo que no sea escribir y les permita arribar al final de este largo folletín (antes lo hubiéramos llamado "folletín") en el que se ha permitido algunas transgresiones literarias interesantes, la menor de las cuales es matar a personajes principales sin ningún remordimiento por la sensibilidad de sus lectores.

Entre los seguidores de la serie habrá que diferenciar, por supuesto, a los que leyeron los libros y vieron las cuatro temporadas de HBO y los que no los leyeron y sí vieron la serie de TV. De los segundos, un testimonio tomado al azar, pero que resume bien qué es lo que puede encontrar un joven televidente en esta Canción. Dice Clara (porteña, 25 años, estudiante de Ciencias Económicas en la UBA):

Me gusta porque es una serie que transcurre en una era medieval pero también tiene fantasía. Lo que llama la atención es que a pesar de eso, la trama no gira en torno a la magia sino a las relaciones de poder. Es una lucha por el poder, por ser rey o estar en la cúspide social, y como consecuencia, otros personajes tienen que librar su propia lucha por sobrevivir (literalmente). La acción de uno genera una reacción en otro y una consecuencia en la vida de un tercero que ni siquiera conoce al primero. ¡Parece que todos están unidos por un hilo invisible, y eso es genial! También me gusta que no gire sólo en torno a un personaje central o a una familia: hay tantos personajes diferentes que uno se siente más identificado con algunos en especial, pero no hay garantía de que no los maten. Cualquiera puede morir? Y también me gusta que la serie use vocabulario acorde al estrato social del personaje y al estado de ánimo. No hay censura. Y es bueno que los personajes femeninos no sean todas damiselas en peligro; por lo general, son fuertes.

Ahora, para los que de una manera u otra, voluntaria o involuntariamente, nos hemos acercado a Canción de hielo y fuego sólo queda aguardar la publicación de The Winds of Winter. Contamos por lo menos con la promesa de Martin: "Espero que volvamos a temblar de frío todos juntos".


Articulo: www.lanacion.com.ar 17/08/2014

Julio CORTÁZAR/ Argentina festeja con numerosos eventos de su centenario

Argentina festeja con numerosos eventos el centenario de Julio CORTÁZAR

Durante la próxima semana exposiciones, jornadas, películas y la inauguración de un monumento recordarán al autor de "Rayuela".

BUENOS AIRES.- El centenario de Julio Cortázar será festejado intensamente en Argentina durante la próxima semana, con muestras, jornadas y películas que invitarán a transitar distintas facetas de su mundo literario, así como la inauguración de un monumento en honor del gran cronopio.

El martes 26 abrirá la exposición "Los otros cielos", coincidiendo con el nacimiento del autor de "Rayuela" hace exactamente un siglo en Bruselas y en el marco del "Año Cortázar 2014", con el que el Estado argentino le rinde tributo al escritor.

La muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Buenos Aires se propone atravesar vida y obra de Cortázar (1914-1984) a partir de su colección personal, integrada por material fotográfico y fílmico, correspondencia y documentación.

El concepto que subyace al armado de la exposición es el de la versatilidad de Cortázar. "Fue cuentista, novelista, viajero, agitador político, crítico de arte y poeta", señala a dpa el curador Juan Becerra. "Los otros cielos" aspira a "reconstruir una figura llena de matices que sigue hechizando a las nuevas generaciones de lectores".

"Si hay una idea general que pueda reunir en una sola órbita los planetas que componen la muestra es la idea de la inquietud. Cortázar es un escritor que se mueve como un aventurero, tiene algo de Guevara y de Tintín, y la muestra del MNBA se ha interesado por registrar esa dinámica", explica Becerra.

En la exposición que podrá visitarse hasta el 28 de septiembre estarán también los muebles del "rancho provenzal" de Cortázar en Saignon, adelanta el curador.

Ese mismo día se inaugurará además en el MNBA "Los fotógrafos: ventanas a Julio Cortázar", que se propone mostrar la figura del autor según la mirada de profesionales de la lente como el español Antonio Gálvez y las argentinas Sara Facio y Alicia D'Amico.

Entre lunes y miércoles las jornadas internacionales "Lecturas y relecturas de Julio Cortázar" en la Biblioteca Nacional buscarán desentrañar su universo literario, con más de 40 escritores, pensadores y académicos locales y del exterior, entre ellos el filólogo español Carles µlvarez Garriga, editor de textos cortazarianos, y los autores español Agustín Fernández Mallo y mexicano Gonzalo Celorio.

Asimismo participarán varios argentinos como el ensayista Saúl Sosnowski, los escritores Martín Kohan y Carlos Gamerro y el sociólogo Horacio González.

Discusiones y exhibiciones

A lo largo de tres jornadas y 12 mesas de debate los expositores disertarán entre otros temas sobre la política y el autor de "Bestiario", así como sobre sus lazos con Buenos Aires, el cine, la crítica, el boxeo, la traducción y la narrativa actual.

Y desde el martes Cortázar contará con un monumento en Buenos Aires. La obra, donada por la autora del proyecto legislativo Susana Rinaldi y realizada por la escultora Yamila Cartannilica, será inaugurada al mediodía en un jardín de la Biblioteca Nacional.

"La ciudad tendrá así la marca indeleble de quien fue no solo un escritor universal, sino también una personalidad de los derechos humanos", sostuvo la conocida cantante de tango y actual diputada Rinaldi.

También ese día abrirá sus puertas "RompeCortázar. Relatos para armar" en el Palais de Glace, donde se expondrán ocho historietas basadas en cuentos del escritor residente en París desde 1951, como "La noche boca arriba", "Reunión", "La autopista del sur" y "Axolotl", entre otros.

"En este rompecortázar, una banda de lectores activos que además escriben y/o dibujan proponen desusados armados a partir de las piezas sueltas -relatos desatados- que el Julio les dejó para que jugaran", señala Juan Sasturain, curador de la muestra que podrá verse hasta el 21 de septiembre.

Entretanto continúa exhibiéndose "Rayuela. Una muestra para armar" en el Museo del Libro y de la Lengua. La exposición rinde homenaje hasta mediados de noviembre al espíritu lúdico de la novela que hace poco más de medio siglo consagró a su autor a nivel internacional y se convirtió en obra emblemática del "boom" de la literatura latinoamericana.

Al igual que la novela que en 1963 desafió al lector a rechazar el orden cerrado del género, la muestra también convoca al visitante a seguir su tablero de dirección, integrado por 25 estaciones que se reparten desde la vereda hasta el segundo piso.

Y el cine también se sumará a los homenajes. El jueves se estrenará en Buenos Aires "Historias de cronopios y de famas", con guión y dirección de Julio Ludueña. El film recrea los textos a través de la animación de obras de arte de maestros de la pintura argentina como Carlos Alonso, Daniel Santoro, Antonio Seguí y Luis Felipe Noé.

Asimismo se proyectará "Esto lo estoy tocando mañana. Julio Cortázar y la música", dirigido por Karina Wroblewski y Silvia Vegierski. El documental reúne testimonios del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, la autora Liliana Heker, el músico Juan "Tata" Cedrón y Alvarez Garriga, entre otros, sobre el escritor que amaba la música clásica, el tango y especialmente el jazz.


Articulo : http://www.emol.com 23/08/2014

SKÁRMETA gano el Premio nacional de literatura 2014

SKÁRMETA ganó el Premio nacional de literatura de Chile 2014 

El autor de “Ardiente paciencia” fue galardonado por un jurado de cuatro miembros.

Por 4 votos a favor y una abstención, el Premio Nacional de Literatura 2014 recayó en el escritor Antonio Skármeta, según informó la tarde de este viernes el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre.

El jurado que decidió al ganador estuvo compuesto por el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi; el representante del Consejo de Rectores, Jaime Espinoza; representante de la Academia Chilena de la Lengua del Instituto de Chile, Pedro Lastra Salazar; y el Premio Nacional de Literatura 2012, Óscar Hahn Garcés. Este último actuó como ministro de fe.

El galardón fue otorgado a Skármeta "considerando la trascendencia de su obra en distintos géneros narrativos, la difusión de su obra por distintos medios, como el cine, la ópera, el teatro, la música y la literatura".

Además, se señala que su destacada presencia internacional "ha puesto la cultura chilena más allá de nuestras fronteras", dijo el ministro.

Óscar Hahn señaló, por su parte, explicó que el trabajo del jurado fue "muy difícil porque nos encontramos que había más de un autor con merecimientos" y que solamente se podía votar por una persona. Recordó la proyección de Skármeta con obras como "Il Postino" (versión cinematográfica del "Ardiente paciencia") y su papel en la película "No".

Hahn dijo que él, personalmente, propuso al jurado el nombre de la escritora Diamela Eltit porque entre los postulantes no había ninguna mujer, "cosa que me pareció inaceptable".

El ministro Eyzaguirre señaló que las votaciones del jurado, según la ley, son secretas.

ESCRITURA Y CÁMARAS

Esteban Antonio Skármeta Vranicic nació en Antofagasta, en 1940. Estudió Filosofía en la Universidad de Chile bajo la dirección del español Francisco Soler Grima.

Allí se convirtió en un intelectual de izquierda, y en los años de la Unidad Popular fue miembro del Movimiento de Acción Popular y Unitaria (MAPU). Después del golpe militar, Skármeta salió del país junto con el cineasta Raúl Ruiz, primero a Argentina, donde residió un año en el Barrio de Olivos y publicó su tercer libro de relatos: Tiro libre (1974).

Luego partió rumbo a Alemania Occidental, donde recibió en 1975 la beca del Programa de las Artes de la Academia Alemana de Intercambio Académico, gracias a la que pudo escribir su primera novela Soñé que la nieve ardía. A partir de 1979 trabajó durante tres años como profesor de Guion Cinematográfico en la Academia Alemana de Cine y Televisión en Berlín Oeste.

En 1989 regresó a Chile y al año siguiente fundó en el Instituto Goethe de Santiago un taller literario por donde han pasado gran parte de las nuevas generaciones de escritores nacionales. En 1992 creó ycondujo el programa de televisión "El show de los libros", emitido por Televisión Nacional (TVN).

En mayo de 2000, durante la Presidencia de Ricardo Lagos, fue nombrado embajador en Alemania, cargo que ejercería hasta febrero de 2003.


Articulo : http://www.lanacion.cl 22/08/2014

El Manifiesto de Pedro LEMEBEL

El Manifiesto de Pedro LEMEBEL:
“Yo no voy a cambiar por el marxismo que me rechazó tantas veces”

En plena dictadura Pedro Lemebel leía su Manifiesto (Hablo por mi diferencia).

Con tacos altos y una hoz pintada en la cara, recitaba en una concentración política en Estación Mapocho en 1986. Tras quedarse sin el Premio Nacional de Literatura, en The Clinic Online recordamos el emblemático texto del escritor nacional: “Peor que la dictadura/Porque la dictadura pasa/Y viene la democracia/Y detrasito el socialismo/¿Y entonces?/¿Qué harán con nosotros compañero?/¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos con destino a un sidario cubano?”

Manifiesto (Hablo por mi diferencia) 

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.


Articulo: http://www.theclinic.cl 23/08/2014