dimanche 29 septembre 2013

Javier RODRÍGUEZ MARCOS/ El amor, ese invento de los trovadores

El amor, ese invento de los trovadores
Por Javier RODRÍGUEZ MARCOS

El editor y medievalista Jaume Vallcorba analiza en un ensayo la influencia de la lírica provenzal en nuestro canon de belleza.

“Muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de perla, labios de rubí”. Jaume Vallcorba responde con la letra del famoso bolero de María Grever cuando se le pregunta por el modo en que la poesía de los trovadores ha marcado nuestro estándar de belleza. “Dientes blanquísimos, labios rojos… toda esa tipología viene de allí”, explica Vallcorba (Tarragona, 1949), medievalista y editor de Acantilado. En ese sello ha publicado De la primavera al Paraíso. El amor, de los trovadores a Dante, un ensayo que analiza la enorme influencia literaria y social de esos poemas cultos que, en lugar de en latín, se escribieron en lengua vulgar durante los siglos XII y XIII en el arco Mediterráneo. La geografía es clave porque, como señala irónico el estudioso, no deja de ser paradójico que el pelo rubio –de oro- fuera fundamental en un canon estético aunque hablase de mujeres del sur de Europa. Pero ahí está la fuerza de la poesía, que marcó ese canon hasta que en el siglo XX –“para desesperación de los dermatólogos”- Coco Chanel sustituyó la piel de blanco marfil por el bronceado.

Estos poemas se compusieron para ser cantados. Algunos fueron verdaderos hitsen la Edad Media. ¿Qué nos perdemos algo al leerlos sin música? Sin duda. Sobre todo porque la evolución de la música ha sido en occidente muy superior al de la literatura

El ideal físico y ciertas costumbres perviven -como besar la mano a la mujer, residuo del vasallaje-, el resto fue barrido por el Romanticismo, cuya defensa de la sinceridad terminó con ese código sentimental que Gaston Paris bautizó en 1883 como “amor cortés”, o sea, cortesano, feudal. El imaginario amoroso de la poesía trovadoresca, cuenta Vallcorba, atravesó triunfante los siglos gracias al papel divulgador que ejercieron las mujeres y a que “se sustenta en el deseo”. Otra cosa es que el deseo nunca se cumpla: su cumplimiento sería a la vez su muerte. En el fondo, todo se sustenta en una refinadísima técnica que conlleva una moral: el amor mejora al poeta y, de paso, a la sociedad. No es pues extraño que componer versos formara parte de la educación de los príncipes. Lo mismo que la música: “Estos poemas se compusieron para ser cantados. Algunos fueron verdaderos hits en la Edad Media. ¿Qué nos perdemos algo al leerlos sin música? Sin duda. Sobre todo porque la evolución de la música ha sido en occidente muy superior al de la literatura. Todas las reconstrucciones suenan extrañas, nunca sabremos de verdad cómo sonaban”.

Jaume Vallcorba, cuyo libro es también una antología comentada de autores como Bernat de Ventadorn, Jaufré Rudel o Arnaut Daniel, destaca otra de las aportaciones del género: con los relatos de las vidas de los trovadores nace la narrativa corta en lengua romance. Eso sí, esos relatos mezclan realidad e invención –autoficción lo llamaríamos hoy- y las mujeres a las que desesperadamente se dirigían los poetas eran imaginarias. “Ya dijo Georges Steiner que los auténticos reyes son los de Shakespeare y no los históricos”, explica. “La experiencia celebrada por la canción trovadoresca es también más precisa, auténtica y detallada que cualquier manual de comportamiento, educación, modales o psicología”.

El influjo de los trovadores fue tan grande que llegó hasta Dante, la cumbre de la poesía europea, que dudó incluso si escribir su poesía amorosa en provenzal. Vallcorba recuerda el revuelo que se produjo entre algunos de sus colegas cuando el año pasado expuso en el Collège de France esa teoría: “El respeto de Dante por Arnaut Daniel era tanto que en el Purgatorio es el único al que deja hablar en provenzal; los demás lo hacen en italiano. Además, la Vida nueva no es más que una vida como la de los trovadores”. No obstante, la influencia social del código trovadoresco sobrevivió a su influencia literaria. Autores como Ausiàs March o, sobre todo, Shakespeare –regodeándose en la piel oscura y el pelo de alambre de su amada- subrayaron el realismo de sus versos hasta dinamitar una convención que, aunque irónicamente, llega hasta nuestros días. “Por eso”, explica Vallcorba, “Gil de Biedma habla en su poema ‘Albada’ de los pájaros cabrones (no cantores) cuando amanece y tiene que dejar a su amante para ir a la oficina”.


Articulo: http://cultura.elpais.com 18/09/2013

Juan Carlos GALINDO/ Jo Nesbo: “Muchos se suben a la ola del éxito de la novela negra con libros malos”

Jo Nesbo:
“Muchos se suben a la ola del éxito de la novela negra con libros malos”
Por Juan Carlos GALINDO 

El escritor noruego que publica 'El muñeco de nieve' analiza la parte menos amable de su país y de cómo manejar el éxito. Nesbo augura un final para su detective Harry Hole y no se esconde a la hora de hablar de la parte menos amable de Noruega.

“Cuando tenía 17 años marqué mi primer gol con el equipo de fútbol de mi pueblo, una pequeña localidad en la costa oeste de Noruega. Siempre digo que es ahí cuando alcancé mi cima como celebridad: de repente todo el mundo hablaba conmigo y me invitaba a tomar algo y nada podrá nunca competir con eso. Desde entonces, he tratado de compensar esa pérdida y por eso empecé a escribir libros”. Entre la ironía y la melancolía, Jo Nesbo (1960, Oslo) aborda así su relación con el éxito, “algo con lo que es más fácil de lidiar que con el fracaso”, que disfruta desde hace años gracias a las novelas del detective Harry Hole, de la que se acaba de publicar en España El muñeco de nieve (RBA y Proa en catalán), séptimo libro de una serie que ha vendido más de 20 millones de ejemplares en todo el mundo. 

Nesbo no rehúye ningún tema y no tiene inconveniente en cargar contra quienes “se suben a la ola del éxito de la novela negra para escribir libros muy malos”, en reconocer que su país tiene heridas del pasado por afrontar y que la noruega es una sociedad exitosa pero en la que “los nuevos ricos creen que derrochar es una obligación, como los oligarcas rusos”. 

Puedo prometer a los lectores que Harry Hole no tendrá una vida eterna y que cuando muera no va a resucitar”

En un inglés pausado y con respuestas largas y meditadas, el autor de Némesis se muestra optimista sobre su país y la integración de los inmigrantes y sobre la responsabilidad de los que son muy ricos, “una especie exótica cuando yo era un niño”- en una sociedad que ha perdido parte del igualitarismo que le caracterizaba. Nesbo no cree que Breivik, el autor de los atentados de Utoya, represente a nadie y avisa: “No creo que Noruega sea una sociedad cada vez más violenta. La extrema derecha ha perdido poder. Habría estado menos sorprendido si los atentados hubieran ocurrido en los ochenta e incluso en los noventa. Tras el ataque, los noruegos nos dimos cuenta de si hay demasiada seguridad para defenderse de esas amenazas, igual creamos una sociedad en la que no sería muy deseable vivir”.

En un arranque de sinceridad, el autor de Headhunters muestra cierto cansancio cuando se le pregunta por el éxito del género negro, que no atribuye sólo a “su marcado carácter de crítica social” sino también a “la magia de la novela negra, en la que el lector pacta con el escritor y no solo conoce su mundo y su casa, sino que llega hasta la cocina y se sirve una copa”. Sin embargo, avisa: “hay muchos autores malos y muchos libros malos”. Metido de lleno en la literatura, el autor muestra su adoración por Jim Thompson - “sigue siendo el mejor”- y apuesta por tres autores noruegos fuera del género: “Un par de clásicos: Knut Hamsun y la Nobel Sigrid Undset, y un escritor nuevo y muy interesante,Karl Ove Knausgärd, autor de la serie Mi lucha, seis novelas sobre su vida, que es una vida muy normal, pero que ha descrito de una manera tan dolorosamente honesta que ha logrado convertir un experimento en un gran éxito”.

El brillo en los ojos que se puede percibir a través de las gafas de sol naranjas cuando habla de sus pasiones, vuelve al rostro de Nesbo cuando aparece Harry Hole. Un policía solitario, alcohólico, visceral, honesto e incapaz de no dejarse la piel para castigar el mal. Un personaje que, asegura, creó en el avión que le llevó de Oslo a Sidney para pasar cinco semanas en las que escribió su primera novela, The Bat. Hole es un comisario marcado por el dolor, creado a partir de Batman, un excéntrico entrenador de fútbol (Nils Arne Eggen) y partes “cada vez más, de lo bueno y de lo malo, para qué negarlo”, del propio autor. “Es interesante ver cómo la novela negra consiste en una manipulación del escritor a los lectores y una de las mayores manipulaciones que se pueden dar es la de conseguir que la gente ame a alguien porque sufre aunque caiga en el lado oscuro. Nunca intenté que la gente amase a Harry, pero lo hacen. Él sufre, los lectores le perdonan y siguen con él”, asegura.  "Nunca intenté que la gente amase a Harry Hole", añade. "En el primer libro tuvo sexo con prostitutas y cuando escribí esto dije: 'Vale, ahora a las mujeres no les va a gustar' y me parecía bien, porque quería que le odiasen un poco".

La magia de la novela negra, en la que el lector pacta con el escritor"

En El muñeco de nieve, su nueva novela. el lector siente desde el principio el miedo por la figura de un asesino en serie que no ve ni conoce. “Creo que el asesino en serie representa al monstruo. Y toda historia sobre un monstruo es un relato sobre la gente que lucha contra él y que temen también sus elecciones y su propia moral. Las motivaciones del asesino terminan reflejándose en el protagonista y dejándole huella”.

El futuro de Harry Hole

El autor no se esconde al dar pistas sobre el final de Harry Hole: “Cuando escribí Petirrojo escribí una línea de vida para Harry Hole. Y todavía no hemos llegado al final pero si siento que el personaje se acaba antes de llegar a ese final, me prometí que terminaría antes la serie.Tengo un plan para él. Puedo prometer a los lectores que no tendrá una vida eterna y que cuando muera no va a resucitar”. 

Nesbo, que fue líder de un exitoso grupo musical noruego antes de convertirse en escritor, es el productor ejecutivo de la adaptación cinematográfica de esta novela, proyecto detrás del que está Martin Scorsese. Aquel gol debió ser brutal para superar todo esto.


Articulo: http://cultura.elpais.com 21/09/2013

Winston MANRIQUE SABOGAL/ Sudáfrica, su literatura empieza la conquista del mundo

Sudáfrica, su literatura empieza la conquista del mundo
Por Winston MANRIQUE SABOGAL

Más allá de los dos Nobel sudafricanos, un grupo de autores trasciende el tema del 'apartheid' y utiliza las lenguas nativas

Desde hace cinco décadas, el mundo asiste al florecimiento escalonado de literaturas diferentes a la europea y estadounidense. Es el turno del África subsahariana, y, en especial, de las letras de Sudáfrica. Una creación continental que ensancha, aún más, el territorio literario después de que este empezara a mover sus fronteras entre los sesenta y setenta con los latinoamericanos; siguiera en los ochenta con los afroamericanos; en los noventa, tras la caída del muro de Berlín en 1989, con los autores de Europa del Este; desde comienzos del siglo XXI, con la multiplicidad de países asiáticos; hasta llegar hoy a la pluralidad de voces africanas.

La primera semilla de popularidad literaria africana global la puso a mediados del pasado siglo el poeta y narrador nigeriano Chinua Achebe (1930-2013). Precisamente Nigeria, con un premio Nobel como Wole Soyinca (1986), es junto a Sudáfrica la literatura más traducida. La presencia universal de esos autores coincide con las primeras independencias africanas cuyos países tienen básicamente una rica tradición oral. Por eso África vive un proceso de hibridación constante. Prosa y verso que reflejan una triple tensión: la conciliación entre lo tradicional y lo moderno; entre la esclavitud o sometimiento y la libertad; y la idiomática entre las múltiples lenguas maternas y las coloniales.

Esa polinización y evolución se aprecia muy bien en Sudáfrica, un país de 51 millones de personas, con un 15% de blancos, 11 lenguas nativas oficiales y poca tradición literaria escrita en la población no blanca debido, en parte, a la desventaja educativa recibida durante elapartheid.

Blancos, negros y mulatos, todos levantando una nueva cartografía de Sudáfrica en la que, además de su dramático pasado que culmina con el fin del apartheid en 1994, ganan protagonismo las propias y diversas experiencias étnicas que buscan encajar dentro de la multiculturalidad

Con dos premios Nobel, Nadine Gordimer (1991) y J. M. Coetzee(2003), las letras sudafricanas están en librerías de medio mundo. Junto a ellos empiezan a colocarse escritores menos conocidos que escriben la historia aún palpitante y el presente en plena ebullición cuyo recorrido se resume en esclavitud, colonización, apartheid, pos-apartheid y pos-pos-apartheid. Pero todos mirando al futuro en medio de una eclosión de autores que escriben en todos los géneros y desde la denuncia hasta el puro entretenimiento.

Blancos, negros y mulatos, todos levantando una nueva cartografía de Sudáfrica en la que, además de su dramático pasado que culmina con el fin del apartheid en 1994, ganan protagonismo las propias y diversas experiencias étnicas que buscan encajar dentro de la multiculturalidad, al igual que temas como la pobreza, los estragos del sida, la xenofobia, el desempleo, la homofobia, la falta de vivienda, la confusión moral, las grietas de la democracia…

“La desgraciada historia de Sudáfrica marca profundamente su literatura”, asegura Donato Ndongo-Bidyogo, periodista, profesor universitario y escritor de Guinea Ecuatorial, autor de títulos como Las tinieblas de tu memoria negra (El Cobre). Ndongo-Bidyogo sobrevuela rápidamente la historia literaria de Sudáfrica y su fresco es este: “El primer nombre destacable es Peter Abrahams, nacido en 1909, cuya primera novela, Tell me Freedom, de corte autobiográfico, apareció en 1940. Ezekiel Mphahlele es otro autor emblemático, cuyo inequívoco compromiso político contra la desigualdad racial impuesta por el régimen del apartheid sirvió de inspiración a las generaciones posteriores, determinando la senda multirracial de la creación literaria. El mismo pálpito transmiten los textos de mulatos como Alex La Guma, Zoé Wicomb, Bessie Head; los de negros como Mazisi Kunene, Sipho Sepamla, Wally Serote, Lewis Nkosi, Miriam Tlali, Ellen Kuzwayo oGibson Kente, y los de blancos como Nadime Gordimer, Alan Paton,John M. Coetzee, André Brink, Breyten Breytenbach o Bryce Courtenay, por citar solo algunos”. Para Ndongo-Bidyoga hay una gran originalidad, pero el nacionalismo cultural adquiere una dimensión diferenciada del resto del continente. “Superado el trauma del racismo oficializado —y su secuela más ingrata, la violencia institucional—”, agrega el escritor, “el reto para las nuevas generaciones de escritores sudafricanos es encontrar otros horizontes de expresión igual de fecundos. Todo indica que se está consiguiendo”.

La misma Nadine Gordimer destaca el surgimiento de una nueva generación que empieza a utilizar sus lenguas nativas que pueden ayudar a conectar con un público que tiene el inglés como idioma adoptado

La misma Nadine Gordimer destaca el surgimiento de una nueva generación que empieza a utilizar sus lenguas nativas que pueden ayudar a conectar con un público que tiene el inglés como idioma adoptado. Entre los valores cita a Sabata-mpho Mokae, Marita van der Vyver o Ken Barris.Un panorama literario abierto en el cual “hay espacio para jugar porque los diferentes géneros están explotando: desde la novela negra hasta elchick-lit, pasando por la histórica o las novelas de terror”, según Lauren Beukes, autora de Las luminosas (RBA), cuya novela fantástica llega a España acompañada de buenas críticas. El terror es otro campo fértil allí, sin perder la profundidad política y social. Al margen de Lasluminosas, que combina la fantasía urbana con escenas de pesadilla, destacan el dúo S. L. Grey —formado por Sarah Lotz y Louis Greenberg— con su feroz crítica al consumismo en The mall o la distopía zombi deLily Herne en Deadlands.

La realidad pos-apartheid sigue en busca del sueño de Nelson Mandela desde diferentes géneros. Deon Meyer, uno de sus autores de novela negra más populares con títulos como Safari sangriento (RBA), que escribe en afrikáans, la lengua de los sudafricanos blancos que dominaron durante el siglo XX, ha dicho en varias ocasiones que escribe en su lengua materna no solo porque la habla un buen porcentaje de la gente sino también como una retribución a su idioma natal y forma de preservarlo. En el campo del humor, John van de Ruit ha escrito obras como Spud.

El dramaturgo y narrador Damon Galgut es otro de los nombres que ha trascendido hace ya varios años las fronteras sudafricanas. Su novelaThe Good Doctor (2003), fue finalista del premio Booker y ganó el IMPAC, y En una habitación extraña volvió a ser finalista del Booker en 2010.

Casi veinte años después delapartheid, con una democracia multicultural en desarrollo, la pregunta recurrente es: ¿dónde están los escritores negros?

Casi veinte años después delapartheid, con una democracia multicultural en desarrollo, la pregunta recurrente es: ¿dónde están los escritores negros? Además de los citados por Ndongo-Bidyogo, como Mazisi Kunene, Sipho Sepamla, Wally Serote, Lewis Nkosi, Miriam Tlali, Ellen Kuzwayo o Gibson Kente, destaca Niq Mhlongo (su primera novela en 2004, Dog Eat Dog, tuvo un gran impacto), quien ha reconocido la gran presión que existe sobre los autores negros por esperar demasiado de ellos.

“Es una gran satisfacción saber que el público tiene la oportunidad de subirse a esta oleada de interés internacional que está generando la literatura sudafricana”, reconoce Santiago Martínez-Caro, director de Casa África en España. Insiste en que hay grandes autores y libros más allá de los dos Nobel, y cita, entre otros, a Achmat Dangor, con suTrilogía de Z Town (El Cobre), que ellos tradujeron en su colección. El ensayo es uno de los temas que más recomienda Casa África “por todo lo que tiene de enseñanza de la historia sudafricana”. Por ello está en proceso de traducción la autobiografía de Amina Cachalia When Hope and History Rhyme, “una gran mujer que falleció en enero pasado, cuyo libro muestra las vivencias y anécdotas de una luchadora contra elapartheid y su profunda vinculación personal con Mandela”.

El paisaje literario lo completa la literatura infantil. Alex Latimer ofrece títulos arriesgados como The boy who cried ninja y Penguin’s HiddenTalent; como Robin para Batman, esa es la labor de Katie en Sidekick,que se convierte en la superheroína que acompaña a un hombre capaz de parar el tiempo en Adeline Radloff. En un contexto más serio S. A. Patridge aborda lo juvenil con temas como el bullying o las relacionesonline, tema de Dark Poppy’s Demise.

A todos ellos los une la fuerza de la tradición oral, que llevan en el ADN, como lo refleja Nelson Mandela en su antología Mis cuentos africanos(Siruela), uno de cuyos cuentos del folclore zulú, De cómo Hlakañana burló al monstruo, es una especie de metáfora de Sudáfrica: “Hlakañana había abandonado a su madre y huido de casa porque le perseguían los guerreros. Emprendió un largo viaje a pie, sin nada con qué hacer música ni ninguna alegría sobre la que cantar. Estaba muy cansado y muy hambriento…”.

* Con información de Marta Rodríguez y Ángel Luis Sucasas.

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Nadine Gordimer habla de la decepción sudafricana
Por Marta RODRÍGUEZ 

A sus 89 años, Nadine Gordimer publica 'Mejor hoy que mañana' (Acantilado)
Tras dos décadas sin 'apartheid', Sudáfrica presenta “una impresentable brecha social”, asegura

Una casa de Parktown West, un suburbio de clase media-alta de blancos, a pocos kilómetros del ruidoso centro de Johanesburgo. Cruje el suelo de madera en el piso de arriba mientras un mayordomo vestido de calle coloca cuidadosamente un teléfono inalámbrico y una campanilla dorada encima de una mesa de café. Pasan pocos minutos de las 15.30, la hora de la cita, cuando aparece una mujer menuda que anda lentamente con la ayuda de un bastón, saluda amablemente y se sienta en una silla de madera en una habitación llena de libros, bustos de escritores y flores.

Lleva pantalones anchos grises y un jersey rojo que le queda también holgado. Es Nadine Gordimer, escritora sudafricana con 15 novelas y una docena más de relatos cortos. Galardonada y reconocida en todo el mundo, obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1991, “un año donde todo el mundo era optimista”. En su currículo es imposible obviar su activismo contra el apartheid y su compromiso “por devolver la dignidad a la población negra sudafricana”.

“Soy vieja, puede que con espíritu fuerte, pero carnes débiles. Mejor que hablemos de otra cosa”, dispara cuando se le pregunta cómo se encuentra. Gordimer tiene carácter seco y frena toda pregunta que entienda como “cuestiones personales”, educadamente, eso sí. “No hablo de la muerte como tampoco de mi vida amorosa. Todo lo que el lector debe conocer sobre mí está en mis libros”, se justifica. Así que escribir sus memorias “de blablablá” no está entre sus planes.

Publica en castellano su última novela, Mejor hoy que mañana (Acantilado), otra historia que escarba y radiografía el país de Nelson Mandela, figura “muy querida” para esta mujer que el próximo 20 de noviembre cumple 90 años. A pesar de estar de promoción, a la que puede muestra su “decepción” por la realidad del país.

No he sido nunca una escritora política, pero la política está en mis huesos, mi sangre, mi cuerpo en la entrevista no coge las gafas que tiene sobre la mesa y responde mirando a los ojos, sin prestar atención al fotógrafo que no para de buscar encuadres diferentes y a quien ha advertido que no le gusta que le hagan fotos mientras conversa. Si no fuera porque lo suyo es la ficción, Gordimer podría ser considerada como la notaria o cronista sudafricana porque su obra está amarrada de los problemas, miedos, deseos, retos del país. “No he sido nunca una escritora política, pero la política está en mis huesos, mi sangre, mi cuerpo”, apunta, por lo que se entiende ese empecinamiento en que sus personajes respiren y sufran por los momentos políticos del país.

Su última obra arranca en la Sudáfrica democrática, con unos líderes políticos entregados a la corrupción, que han defraudado y traicionado la vieja causa, en la que ella misma militó. El apartheid le prohibió tres libros (Mundo de extraño, La hija de Burger y La gente de July), pero Gordimer “nunca” pensó en el exilio, aunque pasó largas temporadas en el extranjero.

En medio de esta Sudáfrica libre, Steve y Jabu, un matrimonio formado por un químico blanco y una abogada negra, se mantiene en la lucha, pero de manera distinta a sus tiempos en la clandestinidad. Con el régimen supremacista blanco, ambos eran fugitivos que sabían lo que querían y quién era el enemigo, pero una vez se ha acabado con la institucionalización del racismo “les pesan sus pasados diferentes”. Uno reniega de su blanca familia, a pesar de que aceptan su relación con Jabu, mientras que ella se acerca aún más a su padre, un pastor anglicano que tras haberle abierto las puertas a una buena educación le reclama tradición.

En qué barrio vivir, cuántos hijos tener, emigrar o quedarse son “tensiones que desestabilizan a la pareja”, relata la autora, pero a diferencia de muchos camaradas ambos logran mantener integridad moral e ideales. “Yo no estoy en ninguno de mis libros, no me busquen en ningún personaje”, afirma.

Niega Gordimer que esos luchadores, con Mandela a la cabeza, pecaran de “ingenuidad” en los noventa. “Estábamos totalmente concentrados en devolver la dignidad a los negros, en los derechos humanos, en acabar con las leyes del apartheid y en evitar una guerra civil. Sabíamos lo que hacíamos, pero no vimos qué iba a ocurrir”, aclara. Lo que ha pasado en estos 20 años es que a pesar de la democratización y del “triunfo de la pequeña clase media negra”, Sudáfrica presenta “una impresentable brecha social”. En su punto de mira, el presidente Jacob Zuma, “un antiguo héroe ahora misteriosamente hambriento de poder y un absoluto corrupto”, que en su opinión ilustra los “desastres de la gestión de los líderes negros”. En la novela retrata a Zuma durante su juicio real por violación y del que salió inocente, no sin antes dejar perlas como que en la cultura zulú “la obligación de un hombre es dejar satisfecha a una mujer excitada”.

Para la escritora, el presidente Jacob Zuma es “un antiguo héroe ahora hambriento de poder y un absoluto corrupto” votante del Congreso Nacional Africano (ACN), la novelista admite que su “decepción” la obliga a reflexionar si se mantendrá fiel a las siglas en las elecciones de 2014. Gordimer recuerda que con “10 u 11 años” se dio cuenta de que “pertenecía a un mundo blanco opresor”. Una noche la policía irrumpió en su casa en busca de alcohol, prohibido a los negros, en la habitación de la criada. Lo que más le dolió a la niña Nadine es que sus padres permitieran a los agentes entrar sin pedir permiso. Con los años, ingresó en el ilegal ACN de Mandela, a quien conoció a finales de los cincuenta.

Se le ilumina la cara, surcada de arrugas, cuando pronuncia Mandela o Madiba. Lo admira. En esto hay que decir que no es nada original y se deshace en elogios por su “enorme personalidad y seguridad en sí mismo, pero sin vanidad, es una seguridad de ser negro y pertenecer a un grupo que tiene derechos”.

Estando Mandela cumpliendo cadena perpetua, su abogado George Bizos le hizo llegar un ejemplar de La hija de Burger y aquel, en agradecimiento, escribió una carta a Gordimer. Años más tarde, en 1990, cuando salió en libertad, la escritora fue una de las primeras personalidades en reunirse con él.

Cuenta que la última vez que lo vio fue “hace poco más de un año” y ahora desearía que “lo dejaran ir tranquilamente, después de habernos dejado un mundo mejor y habiendo hecho grandes sacrificios”. Otra vez “el maravilloso Bizos” fue su pasaporte a Mandela y los tres tomaron en la mansión de Madiba un “desayuno simple, pero abundante”. El expresidente ya estaba enfermo, con escasa movilidad e interesado en conocer novedades “de antiguos camaradas de la lucha”. Los tres compartieron la “preocupación” por los problemas sudafricanos.

Son estos los mismos retos ante los que sitúa a Juba y Steve, que asisten atónitos a cómo antiguos compañeros se dejan vencer por el dinero y el poder, que se desesperan por la pobreza o el desempleo que azota a los negros, por la epidemia del sida que durante los primeros años de democracia fue banalizada por el Gobierno o por la dicotomía modernidad y tradición tribal. No falta tampoco la llegada de inmigrantes de países africanos a Sudáfrica, víctimas de la xenofobia de los más desfavorecidos de la sociedad, los mismos que sufrieron las injusticias racistas del apartheid. Como tampoco la violencia, de la que la escritora fue víctima. Un ladrón la sorprendió a ella y a su “asistenta y amiga” Rebecca hace unos años. “Quería armas, pero solo consiguió un poco de dinero y cuando me arrancó mi anillo de casada y mi reloj, Rebecca rompió a llorar”, recuerda. Fue entonces cuando el joven golpeó brutalmente a la mujer y Gordimer acertó a reprenderle con un “podría ser tu abuela”. Consecuencia del robo son “unas horribles rejas eléctricas” que protegen la vivienda de dos plantas, cuenta resignada.

Con Mandela, Gordimer comparte haber sido escogida una de los 21 iconos (“odio esa palabra, como si fuéramos una estatua de mármol”, se queja entre risas) sudafricanos, en un proyecto del fotógrafo Adrien Stein. ¿Cómo espera ser recordada? “Jamás pienso en ello. Me gustaría que mis libros continúen leyéndose, aunque ¡cuántos autores han sido olvidados!”. Vuelve la sonrisa a sus labios.

Tú no decides ser escritora. Solo hay un camino, leer, leer, leer para que se despierte el don de la escritura

Gordimer nació en 1923 y se crió en una pequeña aldea minera cerca de Johanesburgo, hija de un judío letonio y una asimilada británica. Poca diversión más allá de ir los “sábados a la biblioteca” con su madre y coger prestados libros infantiles o actuar en la compañía de teatro de aficionados. Su estreno literario fue en 1949, con 26 años, con Face to face, y dos años después The New Yorker le publicó una historia corta. “Tú no decides ser escritora, simplemente naces con un impulso natural que no se aprende en las escuelas. Solo hay un camino, leer, leer, leer para que se despierte el don de la escritura”, subraya.

La lectura o, mejor, la falta de lectura le preocupa. “No hay bibliotecas en las escuelas en Sudáfrica, no sé qué pasa en Europa o España”; y los jóvenes, se lamenta, “prefieren mirar fotos o conectarse a Twitter”. No todos son malos presagios y ella misma se encarga de animarse. “Se continúa publicando, aparecen incluso editoriales valientes y en mi país surgen escritores infantiles en lenguas africanas que pueden ayudar a esa inmensa masa de lectores que son los niños negros que no tienen el inglés como lengua materna”.

Su residencia rezuma literatura y si alguien imagina la casa de un escritor, sin duda encontraría muchos detalles. No quiere fotos en su despacho —“pertenece a mi intimidad”— presidido por un ordenador de pantalla gigante. Continúa escribiendo “un poco” y se niega a dar pistas sobre qué. “Creo que trae mala suerte”, dice sin excusarse. De su obra, dice sentirse especialmente satisfecha de La hija de Burger (1979) y El conservador (1974), “que trata sobre a quién pertenece la tierra y no hay muchos libros que hablen sobre el tema”. Nada de lo que arrepentirse literariamente.

Escribir y leer, claro. Ahora está entretenida con autores chinos y árabes. “Leo mucha novela, pero me encantan los relatos cortos, como los libros de gente que ha vivido increíbles situaciones, especialmente de mi propio país o continente, África”, detalla mientras palpa la portada de color amarillo chillón de Suspended revolution (revolución suspendida). El libro lo firma “el valiente” Adam Habib, el vicerrector de la Universidad de Witwatersrand de Johanesburgo, conocido por no tener pelos en la lengua y que en esta obra reflexiona sobre cómo Sudáfrica ha llegado a esta situación que Gordimer califica de “decepcionante” y anima a las élites a dar un paso al frente para solucionar los problemas. La política, siempre.

Faltan tres meses para el cumpleaños de Gordimer. “No es nada, una casualidad que el cuerpo dure tanto”. Si por ella fuera pasaría una jornada sin más, pero teme que sus “amigos estén tramando algo”. Confiesa que lo que a ella le apetecería es “coger un avión hacia Francia”, donde vive la familia de su hija. Allí, chapurrea el francés, la única lengua extranjera que habla, y es la ouma (abuela en afrikáner) porque en inglés, grandmother, le disgusta.


Articulo: http://cultura.elpais.com 21/09/2013

Antonio JIMÉNEZ PAZ/ David ELROY RODRIGUEZ: “A la poesía nada de lo humano le es ajeno”

David Eloy Rodríguez:
“A la poesía nada de lo humano le es ajeno”
Por Antonio JIMÉNEZ PAZ 

Considera Miedo de ser escarcha uno de sus libros de poesía más importantes, publicado en 2000 y reeditado con su correspondiente actualización en 2012. Él es David Eloy Rodríguez, un poeta nacido en Cáceres en 1976 y que un buen día se trasladó a Sevilla, ciudad en la que fijó su residencia y desde la que despliega todas sus maneras de relacionarse con la escritura.

Y digo esto porque a la hora de dialogar con él uno va descubriendo con asombro que detrás del poeta hay un activista cultural capaz de convertir el agua en vino y la poesía en espectáculo. Tuve la ocasión de escuchar en su propia voz algunos de sus poemas en uno de esos actos al uso, convencionales para este tipo de eventos. Pero fue al día siguiente cuando más me sorprendió: había sido programada una intervención suya en un garito en compañía de Daniel Mata, un músico con su guitarra y sus propias canciones, en vivo y en directo. Y ahí lo vi de nuevo, esta vez subido a un escenario, declamando poemas suyos, transformado, sin miedo escénico, dejando claro a los espectadores que con la poesía se pueden hacer muchas cosas: “Esta es nuestra materia: / palabras como espacios condenados / que debemos resucitar”. Así empieza uno de sus poemas, el mismo punto de partida que da origen a esta conversación con David Eloy, habiendo espantando antes todos los males habidos y por haber.

Ante una persona como tú, implicada en tantos modos distintos de tratar con la literatura, me pregunto qué lugar ocupa, cuál la importancia de la poesía en medio de tanto ajetreo…

La poesía es quizás el centro de mis dedicaciones. Si escribo canciones o letras flamencas, o audiovisuales, si me dedico a la escena teatral o a la pedagogía de la literatura, incluso si escribo narrativa, tal vez es a partir de la poesía, de su irradiación e influjo.

¿Poesía como vocación?
Tuve la fortuna de publicar mi primer poemario muy joven, con 20 años (Chrauf, premio Universidad de Sevilla), y eso reafirmó un camino que yo ya vivía con pasión. “La poesía no es una vocación, es un veredicto”, que decía Leonard Cohen.

¿Es decir?
La poesía es una magia irreductible, inmarchitable. Comunicación y conocimiento, revelación y misterio. Compañía, encuentro, transformación… Agradezco poder vivir cerca de la poesía.

¿Está también en crisis la lírica?
La poesía incide, perdura, se extiende: se busca la vida desde siempre. Su estado permanente es la crisis: ser crisis, ponernos en crisis. El poeta descifra una escritura por venir tratando de ponerle nombres a las cosas. La poesía ejerce la resistencia de la dignidad de la palabra precisa, la palabra libre.

Tu escritura, ¿se diferencia o distancia de otras poéticas?
Como lector, procuro disfrutar de todas las poéticas. Me gusta aprender de toda oportunidad, en la vida y en los versos, donde aparece la poesía. Como autor estoy a la escucha de lo que me van enseñando los poemas. Cada día en búsqueda, cada día sorprendido. Mis libros están ahí, diciendo lo que puedan o sepan decir…

¿Qué nos cuentas de tus últimos poemarios?
Mis poemarios más recientes son Para nombrar una ciudad (Renacimiento, 2010, premio internacional Francisco Villaespesa), Lo que iba diciendo (ediciones Liliputienses, 2012), que es una recopilación de los textos que acaso con más frecuencia recito en los encuentros con el público, y Miedo de ser escarcha (Editora Regional de Extremadura, 2012), la edición revisada y actualizada del libro del mismo título que se publicó en 2000 en Qüasyeditorial, una obra que fue muy importante para mí. Se había agotado hace años, pero no dejé nunca de sentirlo vivo. Me gustó mucho que en la editorial extremeña hubieran pensado lo mismo y me propusieran la reedición y actualización. Y fue hermoso reto revisitarlo: publicar un libro que fuera el mismo libro y, a la vez, un libro distinto…

Fuiste uno de los incluidos, hace algunos años, en la antología Once poetas críticos en la poesía española reciente… ¿Sigue girando en torno a esta “etiqueta” tu poesía o ya es cosa del pasado? ¿Cómo es tu relación actual con este tipo de poesía calificada así? ¿Sigue siendo hoy en día necesaria?
Todas las etiquetas son una forma de acotar, y, por ello, también, de reducir, de “cenizar”, diría Lezama Lima. Son útiles, cuando lo son, como herramienta analítica, orientativa. Pero el autor no crea, no compone, desde una etiqueta, para justificarla o cumplirla, digamos… La vida, lo real, desborda cualquier etiqueta. Dicho esto, desde luego, me siento halagado y feliz de que se considere mi obra, y la de tantos y tantas compañeros/as en la poesía, cerca de los problemas de nuestro tiempo, que puede aportar en los cuestionamientos a este estado de las cosas y acompañar en los haceres de otros mundos posibles. Por ejemplo, como lo ha hecho recientemente Alberto García-Teresa, que incluye generosamente un recorrido analítico por mi trabajo poético en su exhaustivo estudio Poesía de la conciencia crítica (1987-2011), o como se puede leer en Canto y demolición. 8 poetas españoles contemporáneos, una antología bilingüe que acaba de aparecer en Italia y que ofrece una mirada semejante. Y la antología que comentas, Once poetas críticos en la poesía española reciente, me sigue pareciendo plenamente de actualidad e interés.

¿La primera y fundamental función de toda poesía es la comunicación? Hay quien pone esto en cuarentena… ¿Tú qué dices?
La poesía, pienso, comunica siempre (no una información, sino una aventura del conocimiento, el resultado de un proceso que es consecuencia del deseo de expresar), el poema es un hecho comunicativo (lo deseara o no el autor, digamos, comunique mejor o peor unas u otras cosas), y hay muchas formas de comunicación. Lejos de mi intención prescribir recetas en un ámbito tan diverso y continuamente abierto a la creación. Estoy con Juan Larrea cuando escribe “Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, / poema / es esto / y esto / y esto”. Como lector, por supuesto, cada cual decide qué le parece interesante y qué, por el contrario, no.

¿Consideras la poesía como un género válido para la denuncia de problemas sociales?
A la poesía nada de lo humano le es ajeno. Y, por supuesto, la injusticia, la opresión, la destrucción de la vida, el capitalismo y sus lógicas, la mentira de la Realidad… aparecen en muchísimos poemas. Los grandes poetas nos ayudan a mirar, a comprender, a vivir de veras, a transformar. La poesía es un espacio de toma de la palabra, un tiempo para vivir otros valores distintos a los de la mercancía, una ocasión para oponerse a la permanente construcción de un mundo injusto.

¿Cada libro tuyo de poesía publicado es una aventura independiente o por sus contenidos y estructura formal los consideras relacionados unos con otros, como un todo, una progresión manifiesta del poeta David Eloy Rodríguez?
Cada una de mis obras es una aventura independiente, engarzada en un trayecto de sentido.

Si no recuerdo mal llevas como unos quince años dedicado a la actividad pedagógica de la enseñanza poética. ¿Es posible “enseñar poesía”? ¿En qué consiste esta labor tuya?
Es posible compartir conocimientos, construir espacios y tiempos para el encuentro y la reflexión, con la poesía como fondo y forma. Es posible invitar a la imaginación, a la creación, a la acción; es posible vivir experiencias en común alrededor de la poesía, de sus artesanías y de sus magias; es posible acompañar críticamente y aportar en los trayectos estéticos… La pedagogía literaria, al menos como la concebimos (es lo mismo si para niños o para adultos, si en universidades, en bibliotecas o en prisiones, si en España o en otros países), intenta ayudar a mirar poéticamente, a comprender cómo funcionan los textos, a ampliar y enriquecer las posibilidades expresivas… desde las necesidades y el contexto de cada grupo. Se trata de ofrecer una vía para acercarse al hecho poético, o bien para profundizar en su conocimiento y práctica, en cualquier caso para aprender a disfrutar mejor la poesía como lector, como creador, como ciudadano. Y, por supuesto, pensar la poesía es también pensar las palabras, la identidad, el mundo… Mi experiencia con los distintos talleres de creación literaria especializados es muy prolongada, como dices. En cada uno de ellos propongo un viaje conjunto, un camino distinto. Viajan con nosotros en este itinerario los versos de poetas de todo tiempo y lugar, y materiales que preparo para propiciar la atención y el desarrollo de las lógicas poéticas, de la razón poética, diría María Zambrano.

¿Cómo resumirías tu satisfacción didáctica?
Amo la literatura y la vida, su exploración, y las pasiones son contagiosas. Me lo paso muy bien, y creo que la gente también, y crecemos juntos en cada proceso. Uf… Pienso ahora que, en todos estos años, han pasado por los talleres que he impartido aquí y allá una cantidad muy grande de gentes muy diversas. Es un privilegio que agradezco haber podido participar de su presencia y de su tiempo, de su talento, de su energía y vitalidad, de su confianza en nuestro criterio, en nuestro trabajo… Muchas cosas vividas, sin duda. Y las que me quedan, confío.

¿Piensas que hay colectivos sociales excluidos de la poesía o, mejor, que no se sabe por qué motivos parece que la poesía no está hecha para ellos, que esto de la poesía es para unos pocos elegidos?
La práctica de la poesía, nos cuentan los antropólogos, es universal: se da en todos los pueblos de la tierra, de una forma u otra: dicha, escrita, cantada, bailada… La poesía es un caso del lenguaje, un uso concreto, especial. El lenguaje está ahí, disponible, usado por todos constantemente, en ocasiones de forma muy creativa. ¿Por qué no intentar el poema? La poesía puede ayudarnos a vivir, aportarnos cosas decisivas, ¿por qué va a ser privilegio de unos pocos? Sería una lástima perdérnosla, no escuchar lo que tenga que decirnos… Leer y comprender la poesía lleva a admirarse de un patrimonio ingente de sabidurías, de sensaciones, que si entendemos y nos conmueven (por mucho que hayan pasado los siglos, si fuera el caso) es porque no nos resultan ajenas: desde el lenguaje vienen a convocarnos y a afectar nuestro cuerpo, nuestra vida. Cuando se escribe, cada cual puede intentar convertir su memoria, sus experiencias, sus deseos, sus propias sabidurías y sensaciones, en palabras precisas, vivas, duraderas, para compartirlas con la comunidad. Escribió René Char: “el poeta, conservador de los infinitos rostros de lo viviente”. Que a cada cual le sirva para lo que le sirva (desahogo, autoconocimiento, interrogación y comprensión del mundo, diversión…). No todo el que pinta, por ejemplo, puede, ni quiere, ni necesita, lo mismo en su relación con la pintura, pero sí que todos pueden encontrar momentos de revelación, hallazgos, en sus horas dedicadas a buscar, a ensayar, a practicar, a jugar…

También has escrito para niños…
La literatura infantil me interesa muchísimo. En este género he publicado Este loco mundo. 17 cuentos y, recién editado, Cosas que sucedieron (o no), ambos en la editorial Cambalache. Los dos libros, que nos están dando muchas alegrías, son una aventura compartida conMiguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero (juntos ideamos y escribimos los textos) y la ilustradora Amelia Celaya. Escribir para público infantil es una responsabilidad y un goce: nos invita a (re)descubrir nuestro niño interior, a bucear en sus idiomas y conflictos. Se trata, además, de lectores muy exigentes: no cabe en ningún caso el engaño, ni la simplicidad, ni la pedantería.

Quizás una faceta constante de tu trabajo, a lo largo del tiempo, ha sido la investigación en formas de acercar la poesía al público…
Sí. Trabajar, inventar, pulir, modos de comunicar y trascender el verso. De ahí mis colaboraciones con diversos escritores y artistas, de ahí las obras escénicas que conjugan la poesía de viva voz con la música, el videoarte, la pintura en directo.

Efectivamente, es la escenificación otro de tus territorios más queridos. Yo mismo tuve la ocasión de verte subido a un escenario. ¿En qué consisten los espectáculos?
En espectáculos como “Su mal espanta”, “Todo se entiende sólo a medias” o “¡Qué sabrá el reló de ná…!”, por decirte los tres en los que estoy implicado actualmente, discurren y se entrelazan en escena la poesía de viva voz (la de los autores de los textos, que aportan además su presencia) con la música y la pintura en directo, y videopoemas y otras creaciones audiovisuales realizadas al efecto. En estas obras tengo el placer de colaborar con queridos y admirados artistas de disciplinas diversas, con quienes resulta maravilloso trabajar y formar el equipo de la Compañía de Poesía La Palabra Itinerante (por ejemplo con músicos como Daniel Mata, Enrique Mengual, Juan Murube, José Luis Medina…, con artistas visuales como Patricio Hidalgo o María Cerón, con poetas como Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero…).

¿De dónde este interés tuyo por la escena y cuál la respuesta de sus diferentes públicos?
Me importa el cuidado del acto comunicativo: su intensidad, su verdad, que se convierta en tiempo vivo, emocionante… Empezamos en la poesía escénica hace quince años. Muchas cosas desde entonces, muchos viajes y actuaciones, muchos recuerdos. Nos hemos encontrado siempre atención, respeto y afecto en todas partes. La recepción en el extranjero, por ejemplo, ha sido hasta la fecha extraordinariamente acogedora. Hemos actuado con estos trabajos (cada uno con sus características concretas, con su propio concepto) en numerosos lugares de España y también en otros países (Rusia, Macedonia, Marruecos…), en festivales especializados en poesía, polipoesía, spoken word, oralidad, música, flamenco, arte contemporáneo, teatro… Resulta muy gratificante  escuchar corear las canciones con acentos del otro lado del mundo, sentir cómo los textos logran transmitir superando las fronteras culturales. Confrontar los versos en el directo con públicos diferentes es un proceso riquísimo. En la actualidad estamos ultimando un libro-disco sobre “Su mal espanta”, ilustrado por Patricio Hidalgo, que incluirá los poemas y las canciones del espectáculo. Esperamos que aparezca antes de que acabe 2013. Es un proyecto que nos ilusiona mucho.

Deduzco que entiendes la oralidad como una dimensión más de lo poético… ¿sí?
El libro de versos es ya una posibilidad extraordinaria de comunicación, suficiente de por sí; la dimensión oral es otra posibilidad que añade retos, búsquedas, aprendizajes, alcances, incidencias… El repertorio para los recitales y actuaciones incluye aquellos poemas de mis libros que considero más propicios para la comunicación en directo, más inmediatos, aquellos que escojo y preparo para escena. Hay innumerables caminos. A mí me arrastraron los poemas por esta dirección: probar, intentar, cómo darles nuevas vidas, vidas añadidas, más allá del papel. Esto ha supuesto una especie de laboratorio permanente de investigación, una aventura en marcha.

También eres parte integrante del proyecto editorial Libros de la Herida. ¿Podrías resumir su ideario, eso que la distinguiría de otras iniciativas similares?
En Libros de la Herida tratamos de ofrecer libros inolvidables. El último que hemos publicado hasta la fecha, en coedición con la editorial asturiana Cambalache, es De la poesía, de T. S. Norio, una auténtica delicia: una extensa investigación, casi quinientas páginas, acerca del sentido y la función de la poesía y los poetas a lo largo de la historia y en las diferentes culturas. Aporta una visión especialísima, tan lúdica como lúcida, en muchos niveles, sobre el tema. Además de este libro, un ensayo muy singular, hemos publicado poemarios de autores que nos fascinan: versos que son lumbre en el frío, versos-brújula, versos para tratar de entender lo que sucede, para confrontarnos…  Ahora estamos preparando —con mimo, como siempre— las próximas novedades de la editorial.

Y para acabar —si es que a un personaje como tú, visto lo visto, se le puede aplicar esta acción verbal—, muchos poetas se quejan de que la poesía no vende. Tú dirías que…
“La poesía no se vende / porque / la poesía no se vende”, que escribió Guillermo Boido. La poesía está siempre ahí, encontrando sus espacios y sus modos de hallar cómplices, de tender puentes, atravesando los años y los siglos. Leemos a Heráclito, a Li Po, a Jorge Manrique, a Juan de Yepes, a Rimbaud, a Antonio Machado, a Federico, a Juan Ramón, a Cernuda, a Larrea, a Vallejo, a Ramón, aEmily Dickinson, a Rilke, a Pessoa, a Juarroz, a Alejandra Pizarnik, a Huidobro, a Borges, aAlfonsina Storni, a Jaime Sabines, a Gonzalo Rojas, a Bukowski, a Ángel González, a Claudio Rodríguez, a Gil de Biedma, a Brossa, a René Char, a Gloria Fuertes, a Sophia de Mello, aAntidio Cabal, a Miguel Ángel Velasco, a Ory, a Agustín García Calvo, a tantas y tantos, por decirte solo, al caprichoso vuelo rápido de la memoria, algunos poetas ya fallecidos, y bien distintos entre sí… y sus versos siguen recién escritos y universales, y siguen encontrando quien los lea o relea, o repita de memoria, con gratitud, conmovido, aquí y allá, y así sucederá mientras la humanidad perviva. Siempre ha habido gente conectada a la poesía, esperándola, sintiéndola, recordándola, usándola en sus vidas. Necesitamos, como especie, la poesía, esas pocas palabras verdaderas, palabra en el tiempo. La industria cultural es otra cosa distinta, tan solo un episodio en la historia de la poesía.

¿Y cómo ves el panorama cultural actual en España?
La cultura es un bien público, esencial para la construcción social, para una vida mejor, para un mundo mejor. Las políticas privatizadoras y precarizadoras desean que entendamos la cultura exclusivamente como un asunto de negocios, uno más. Y la cultura es mucho más que eso, es otra cosa. La educación y los educadores, el teatro, la música, el cine… no parece que estén hoy entre las prioridades de los poderes, según se percibe como tendencia dominante, salvo para su depauperación, reducción y control, como si se los sometiera a un castigo por sus posibilidades de hacernos pensar, de ofrecernos inteligencia y sensibilidad, imaginación, esperanzas, libertad. Las consecuencias de estas políticas de abandono de su responsabilidad por parte de lo público, del deterioro de la importancia del arte, los saberes, la ciencia, son, y serán, si no lo evitamos, terribles.


Articulo: http://www.revistadeletras.net 17/09/2013

Azucena PLASENCIA/ Alcides IZNAGA: la soledad refugiada

LITERATURA
Alcides Iznaga: la soledad refugiada
Por Azucena PLASENCIA 

Tímido rayano en la patología, ocupado en pequeños empleos, muchas veces tuvo que pagar la edición de sus libros. Murió o se suicidió en el llamado 'periodo especial', en la soledad del verdadero maestro.

En tiempos irreverentes en que se sustituye el conocimiento por la información y se subordina la formación intelectual a la integración social, es hora de recordar al poeta, novelista y pedagogo cubano Alcides Iznaga (1914-1994), perteneciente a esa categoría esencial del otrora magisterio tradicional: la soledad del verdadero maestro.

Autor de una obra escasa, exigente y exquisita, si de poesía se habla, nos dejó también dos novelas, varios poemarios reunidos en La roca y la espuma, y otro inédito e inconcluso, La ciudad y el tiempo, que consideraba lo más logrado en este género. Nacido en Cienfuegos, el 19 de mayo de 1914, en el seno de humilde familia campesina, quiso ser sacerdote, pero no tenía recursos económicos para pagarse la vocación. Con gran esfuerzo de su familia y suyo propio, pudo estudiar la carrera de Pedagogía en la Universidad de La Habana, al tiempo que trabajaba en el central Pastora de San Juan de las Yeras, Las Villas, graduándose de doctor en 1941. Ese doctorado le garantizó ocupar durante 20 años aulas remotas en el campo de Matanzas y de su ciudad natal, Cienfuegos, como maestro rural.

Comienza a publicar en 1947, en colaboración con Samuel Feijoó y Aldo Menéndez, amigos entrañables y apasionados como él por las letras y el arte. Publica Soledad refugiada, poemas en concierto, a los que seguiría su novela Los Valedontes, escrita el mismo año, y publicada en 1953, en edición pagada de su propio bolsillo, de 500 ejemplares.

Los Valedontes concursaría sin suerte en el concurso anual que libraba el Ministerio de Educación de entonces, y contó con el solo voto de Onelio Jorge Cardoso, que la desautorizó a su vez como novela "creo que usted es uno de los autores de cuentos —no novela, en el caso de Los Valedontes— que más maravilla consiga del campo nuestro la atmósfera poética que le permite ser gustado en cualquier parte del mundo, si al traducirse a otro idioma le respetan el sabio lenguaje en que está escrito.(...) De todo aquello enviado al concurso, creo y sigo creyendo que lo único que acusaba un vuelo, una fuerza, una manera expresiva única para hablar del campo cubano era Los Valedontes. Yo lo leí dos veces, una fríamente, para dar una opinión y otra para gustarme de lo escrito”. (En carta dirigida a su autor, al diario La Correspondencia, 9 de noviembre de 1952).

Rumbos (¿1948?) y La piel de Felipe (1954), cuentos, se publicarían igualmente pagados de su propio bolsillo. A brazo partido con la miseria que le acompañó hasta bien entrados los años 60 del pasado siglo, Alcides Iznaga comienza tardíamente su itinerario poético. "Sin lecturas esclarecedoras, sin amigos lúcidos, sin conocimientos, con una suerte de turbación perpetua", así describe su situación.

A su timidez casi patológica, se sumaba la energía creadora disipada en "los empleos ásperos y enemigos (…) los mil y un empleíllos: carpetero, corrector de pruebas, practicante, tenedor de libros, etc.; etc.; llenos de avideces insatisfechas por la consabida miseria. Y llenos del asco por la política omnipoderosa, por los bribones que vejaban al país. Así la adolescencia, la juventud y la edad madura. Y cómo negar que todo ello pesó decisivamente sobre nuestra formación, con su carga abrumadora de ignorancia, antipoesía, agobio y angustia".

La revista Orígenes lo acogió en sus páginas, y Cintio Vitier en Lo cubano en la poesía. Como toda su generación, su influencia mayor le viene de la literatura norteamericana. Fue amigo de Hemingway, de Langston Hughes, entre otros. Martiano cabal, saludaría la revolución de 1959, como sus amigos origenistas, "como si se tratara de la creación del verídico Estado cubano" (Antonio José Ponte, El libro perdido de los origenistas).

En 1959 recibiría el primer premio del concurso de la Unión de Escritores de México por el poema Patria Imperecedera. En 1969 recibiría el premio de novela Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba por Las cercas caminaban, una novela mucho más elaborada que Los Valedontes, de igual temática —el latifundio—, aunque quizás con menos magia que la primera.

En 1961 dejaría Cienfuegos y su trabajo en el diario La Correspondencia para retornar a La Habana, esta vez casado con la que sería su compañera en la vida, hasta su muerte, la eminente pedagoga María de los Angeles Periú, artífice de la cartilla de alfabetización con la que se iniciaría la campaña masiva para enseñar a leer y a escribir en campos y ciudades de la nación.

Quienes visitaron a la pareja en su casa habanera recuerdan la enorme cantidad de libros que los rodeaban: invadían los rincones más insospechados, iban de la sala al comedor, al baño, al dormitorio, a los pasillos: asfixiaban todo espacio posible. Alcides Iznaga solía escribir sentado en un sillón (balance de caoba) sobre una tabla de igual madera, apoyada en los brazos del mueble. Nunca sentado tras su escritorio o buró, porque, claro, este se derrumbaba bajo los centenares de libros que solía tener encima.

Su poesía, de línea clara entre la melancolía y la esperanza, se resiste a las medidas, al número inflexible de sílabas, a las transacciones formales. Admirable, a la vez que conmovedora, su voz es una auténtica rareza en la historia de las letras cubanas.

¿El final? Idos los amigos, Aldo Menénez en España, enfermo, y Samuel Feijoó, cual fantasma andariego entre Las Villas y La Habana, sin apenas quitarse el sombrero "para que no se me vayan las ideas"; Alcides Iznaga muere abandonado, en medio de las carencias de los feroces años del llamado Período Especial. Meses antes había muerto su esposa, postrada tras una caída que le fractura la cadera. Escasos familiares −una hermana, una sobrina− venían a malatenderlos, hasta que un buen día no aparecieron más.

Él solía recorrer, desesperado, ansioso, los mercados agropecuarios cercanos a la casa, con la consabida jaba, como el mísero jubilado que era. Su muerte —¿suicidio?— queda inscrita en las nebulosas afectivas e insolidarias de aquellos años. A su muerte, la UNEAC, los familiares y el Poder Popular disputarían por sus libros y su casa.

Siguen dos poemas suyos.


Situación interior

Este refugio, mi lugar:
presidido de caos, de batalla y hechizo,
de claro terror y blanda duda.
Hasta las playas de la soledad
llega el chirrido del mundo;
( no deslumbra ese brillo; )
pero estoy herido,
de duro pensamiento, y certeza razón,
de implacable análisis y convencimiento.
En ese círculo desolado donde han ardido tantos,
sin evasión posible, de soledad herido.
Triste pavorosamente, maravillado triste.
El tiempo lento dobla su sombría campana:
martillea mi oído.
Hermético, sin adivinar salida a un agua devorante.


Suspenso

Todo en suspenso
en este recinto de silencio,
como torres, como raíces
como mar sereno
o sabana de inmóviles palmas
o arroyo de quieto cielo.
¡Sin memoria ni pensamiento,
el alma, Nada mismo!
¡Solo el Tiempo!

Articulo: http://www.diariodecuba.com 17/09/2013