dimanche 21 avril 2013

Javier CELAYA/ El futuro de las librerías en la era digital


Ya se sabe que, si escribir un libro es algo difícil, venderlo es sencillamente imposible. Y las cosas se pondrán peores para las librerías tradicionales. En este sacudidor dodecálogo sobre qué debería hacer un librero en esta era de transición, hay algo de ciencia ficción pero sobre todo una franca llamada de atención en la que, sin embargo, abunda el optimismo y el ingenio, elemento útiles para inventar el porvenir

El futuro de las librerías en la era digital
Por Javier CELAYA

El reto más importante que tienen que asumir las librerías es la rápida incorporación en sus tiendas físicas de una amplia gama de servicios online para atender mejor las necesidades de sus clientes, ya sean lectores en papel o digitales. Aunque parezca una incoherencia lo que acabo de manifestar, si se reflexiona con calma tiene mucho sentido. 

Si más o menos todos admitimos ya, aunque algunos lo hagan en voz baja, que internet ha cambiado radicalmente la manera en que los lectores buscan y encuentran todo tipo de autores y libros, ¿de verdad se piensa que las librerías pueden mantener su mismo papel en el siglo xxi sin asumir ninguna transformación? La sociedad está cambiando de hábitos de lectura y acceso a la información a un ritmo trepidante. Si las librerías no aceptan el reto de llevar a cabo una renovación profunda de los procesos de búsqueda, compra y lectura de libros, difícilmente sobrevivirán en la era digital.

Así como las editoriales han asumido que deben digitalizar todos sus libros para atender a los lectores que ya leen en todo tipo de pantallas, las librerías tienen que asumir lo antes posible que deben digitalizar los procesos de búsqueda y compra de los libros en sus propias tiendas físicas. Al igual que la “era Gutenberg” transformó radicalmente la manera de producir y comercializar los libros, la “era digital” renovará la forma en que descubriremos, compraremos y leeremos libros en el siglo XXI. En este contexto de cambio, las librerías físicas van a tener que redefinir su “papel” en la era digital.

Las librerías se encuentran en una encrucijada de la que resulta muy difícil salir. Sus problemas son múltiples y se remontan a mucho antes de la llegada de la actual crisis financiera, pero la irrupción de internet en el mundo del libro ha agravado y acelerado los mismos. En pleno tiempo de crisis, las librerías van a tener que redefinir completamente su función y modelo de negocio en la era digital. Desgraciadamente, no les queda otra alternativa. A lo largo de este artículo describiré doce ideas que espero que ayuden a las librerías a entender el proceso de transformación que van a tener que asumir para garantizar su futuro rol en la era digital. Las ideas propuestas van desde la simple venta de libros electrónicos en las propias librerías físicas hasta la incorporación de tecnologías de última generación como el reconocimiento facial o tecnologías sensoriales para prestar servicios únicos a los lectores de ebooks. Algunos profesionales del mundo del libro se preguntarán si tiene sentido atender las necesidades de los lectores de libros electrónicos en una librería física. Yo sinceramente creo que sí y que es un grave error no hacerlo. De la misma forma que en la era analógica las librerías atendían a todo tipo de lectores vendiendo libros de tapa dura, bolsillo, libros en diferentes idiomas, colecciones, etcétera, en la nueva era digital las librerías deberían ofrecer, lo antes posible, una amplia gama de servicios especialmente diseñados para atender las necesidades de los lectores de libros electrónicos. Es cierto que hoy en día representan un grupo minoritario de lectores, pero antes de lo que sospechamos serán la mayoría.

1. “TURISMO DE LIBRERÍAS”: DESCUBRE OFFLINE, COMPRA ONLINE

La rápida implantación de todo tipo de dispositivos inteligentes, como tabletas y móviles táctiles, está cambiando los hábitos de descubrimiento de libros de muchos lectores. Cada día es más común ver a personas haciendo fotos de portadas de libros en la mesa de novedades de una librería. Esa persona está descubriendo ese libro en una tienda física, pero tomará la de cisión de compra más tarde frente a la pantalla de su ordenador personal. Al llegar a casa, se descargará el primer capítulo del libro que acaba de descubrir para ver si le engancha, leerá los comentarios de anteriores lectores, comprobará si alguno de sus amigos en las redes sociales ha hecho algún tipo de comentario sobre este libro, etcétera.

Si alguno de estos procesos de acercamiento al libro le convence, entonces lo comprará, aunque probablemente lo haga en una plataforma de comercio electrónico ajena a la librería donde ha descubierto la obra. En otras palabras, la librería que ha pagado por el alquiler del espacio físico, así como las nóminas de las personas que trabajan allí, se ha convertido en el escaparate gratuito de las plataformas de comercio electrónico que se han llevado el pedido (posiblemente Amazon, Apple, Google Play o plataformas similares). La tienda física ha perdido la venta al no ofrecer in situ la posibilidad de comprar la versión digital de los libros que sus clientes están descubriendo en ese momento.

Si pensáis que esto es algo anecdótico, os recomiendo que leáis la prensa y los blogs especializados del mundo anglosajón donde veréis que se trata de una práctica muy extendida en estos mercados y que tarde o temprano también llegará al mundo hispano, donde no debemos olvidar que adoramos los móviles inteligentes.

Con el fin de evitar perder estos potenciales clientes y ventas, las librerías deberían “digitalizar” los procesos de búsqueda y compra de cualquier tipo de libro (papel o ebook) en sus propias tiendas. En vez de fotografiar la portada, la librería debería ofrecer al cliente la posibilidad de escanear un código qr o su correspondiente isbn para permitirle acceder a contenidos extra sobre el libro (descarga gratuita del primer capítulo, comentarios de otros lectores en Facebook o Twitter, reseñas publicadas sobre el libro, vídeo del autor…), así como ofrecerle en ese mismo momento la posibilidad de comprar la versión digital con el descuento apropiado.

2. CÓDIGOS QR PARA FOMENTAR EL DESCUBRIMIENTO Y LA COMPRA DE LAS VERSIONES ELECTRÓNICAS DE LOS LIBROS EN PAPEL

Si como hemos visto los dispositivos móviles están cambiando la forma de descubrir los contenidos culturales en internet, la nueva generación de códigos qr cambiará los hábitos de compra de todo tipo de contenidos culturales (libros, música, revistas, etc.).

Desde que fueron inventados en 1994 por una empresa perteneciente al grupo japonés Toyota, los códigos qr han agilizado diversos procesos de gestión en sectores como la automoción y el gran consumo. Su reciente llegada al mundo de la cultura supondrá una auténtica revolución en la forma en la que descubriremos nuevos libros y autores, como también tendrá un enorme impacto en la forma en que compramos estos contenidos, ya sea en formato papel o digital. Poco a poco iremos acostumbrándonos a ver estos pequeños “cuadros de Mondrian” en todas partes.

Hasta la fecha, el uso de este tipo de códigos en el mundo del libro se centraba básicamente en aportar a los lectores informaciones complementarias sobre el libro y algún que otro contenido extra. En los próximos meses veremos estos códigos en cualquier sitio: en los escaparates de las librerías, en el catálogo de una editorial, como complemento informativo a una inserción publicitaria, en la solapa de un libro o hasta dentro de una reseña de libros en periódicos. Su aplicación en el mundo del libro tiene muchas posibilidades. Imaginemos que una persona está leyendo la reseña de un libro en un periódico, suplemento cultural o revista literaria.

Tras leer la reseña decide que quiere comprarlo. Tan sólo tiene que escanear el código y accederá a una plataforma de comercio electrónico que le permitirá llevar a cabo la compra. Si quiere adquirir la versión electrónica, la plataforma le enviará un enlace desde el que podrá descargarse el ebook. Si en cambio quiere comprar la versión en papel, el lector indicará a la plataforma a qué dirección postal quiere que le envíen el libro seleccionado.

Este proceso de descubrimiento de nuevos libros y autores se puede multiplicar por mil dado que internet no tiene fronteras. Próximamente veremos estos códigos en las mesas de novedades de las propias librerías, que los utilizarán para agilizar procesos de compra de libros electrónicos así como para fidelizar clientes que prefieren leer en papel. Gracias al uso de estas nuevas tecnologías, las pequeñas y medianas librerías pueden hacer visible un mayor número de libros a sus clientes. Si por cualquier motivo se nos ha agotado un determinado libro, el librero puede imprimir la portada del mismo junto a un código qr y ofrecer a los lectores interesados la posibilidad de hacer el pedido online, ya sea para la versión en papel o digital. También los veremos en las bibliotecas, que los utilizarán para gestionar mejor los procesos de préstamo de libros. Pero lo más importante es que nos encontraremos con estos singulares grafismos en lugares insospechados y que permitirán a libreros, autores y editores dar a conocer sus libros más allá de los puntos de venta tradicionales. Así, nos toparemos con una extensión de la mesa de novedades de una librería en las paradas de autobús, en la cola del cine, a la salida de una obra de teatro, en una exposición de arte, dentro de un avión o viajando en tren.

3. LECTURA GRATUITA DE EBOOKS EN LAS LIBRERÍAS FÍSICAS

Las librerías que quieran tener un cometido en la era digital van a tener que reinventar la manera en que ayudan a descubrir y vender libros a los lectores de libros electrónicos en sus propias tiendas. Ya no basta con ordenar la mesa de novedades y el escaparte; los libreros tendrán que ofrecer a sus clientes una experiencia única en la tienda con el fin de estimular su decisión de compra, ya sea de libros en papel o digitales.

Si un lector de libros digitales entra en una librería física y surcando la mesa de novedades descubre un libro que le interesa, la librería debería ofrecerle en ese mismo momento la posibilidad de comprar la versión digital con el descuento apropiado.

En este sentido, la cadena de librerías norteamericana Barnes & Noble ofrece el servicio Read-In-Store (“leer en la tienda”) que permite leer gratis, hasta una hora diaria, cualquier libro electrónico mientras se está de visita en alguno de sus establecimientos.

Sin lugar a dudas, este tipo de servicios online en la propia librería es una excelente idea puesto que fomenta que los lectores de ebooks visiten las tiendas físicas para descubrir y leer nuevos libros. Además, no sólo promueven el descubrimiento, indirectamente incitan a la compra de más libros.

4. APOSTAR POR SISTEMAS DE RECOMENDACIÓN MÁS ALLÁ DE LA COMPRA

Las librerías físicas están “ciegas” en la sociedad digital. Desconocen el perfil de la mayoría de quienes visitan sus tiendas. No saben si son ávidos lectores o personas que están buscando un regalo para otro lector.

El verdadero valor añadido que aporta internet, más allá de la mera transacción comercial, es el conocimiento directo de tu cliente y su comportamiento en el proceso de compra, así como el análisis posterior del libro vendido. La compra de un libro no significa que le haya gustado al lector.

Muchas veces un libro se nos cae de las manos porque la trama pierde interés, el personaje ya no nos gusta o simplemente alguien nos regala un libro que nos engancha y dejamos de leer el anterior. Estos comportamientos de lectura tras la compra de un libro, que son más habituales de lo que sospechamos, son desconocidos por la mayoría de las librerías.

¿Cómo un librero va a recomendarme un buen libro si desconoce el grado de satisfacción de lectura de la anterior compra? Frente a las recomendaciones algo categorizadas e impersonales de las actuales tecnologías de sugerencias de otros libros relacionados, los futuros sistemas de recomendación de libros basados en la satisfacción real de lectura permitirán a los libreros recomendar libros de forma muy personalizada ya que conocerán las afinidades reales de lectura de sus clientes, así como el grado de satisfacción que han tenido con cada uno de sus libros. Estas nuevas tecnologías analizan si hemos leído un libro hasta el final o no, si lo hemos dejado a la mitad, qué capítulos nos hemos saltado o si releemos un determinado autor todos los años. También podrán analizar, siempre y cuando el lector lo permita, qué hemos subrayado y anotado, así como qué partes del libro (personajes, tramas, etcétera) hemos compartido con otros lectores en un club de lectura online o en una red social especializada en libros. Estos datos sobre el comportamiento y grado de satisfacción reales del lector, que en el mundo analógico eran imposibles de obtener, se convertirán en el principal activo y ventaja competitiva de las librerías en la nueva era digital. Con estos datos en su poder, las librerías tienen la posibilidad de reordenar la mesa de novedades para cada cliente, poniendo a la vista libros por los que anteriormente había expresado interés o recomendando libros siguiendo su historial de compra y lectura. Las nuevas tecnologías basadas en la geolocalización y la lectura social permiten este tipo de reordenación personalizada en los dispositivos inteligentes de los clientes que entran en la librería. Los resultados de esta redecoración a medida de la mesa de novedades pueden realizarse en las pantallas táctiles que describiremos a continuación o en los propios móviles de los clientes que han entrado en la tienda.

5. PANTALLAS TÁCTILES PARA ADENTRARSE EN LOS LIBROS

Las librerías no deberían tardar mucho más tiempo en incorporar la tecnología táctil en las mesas de novedades. Las pantallas táctiles —que ya se usan en muchos dispositivos inteligentes como las tabletas— permiten tocar los contenidos de un libro. Decir “tocar” significa interactuar o adentrarse en lo que estamos descubriendo. Su incorporación en las librerías permitiría a los lectores ver videoentrevistas de sus autores preferidos, buscar libros, bucear en sus páginas, ver booktrailers, imágenes o textos relacionados, escanear en la pantalla códigos qr para obtener más información de un determinado libro o para comprar la versión digital, etcétera.

Ya no basta con ofrecer un amplio abanico de novedades y fondo de libros a los lectores, hay que brindarles una nueva experiencia única con el apoyo del dispositivo móvil del usuario. En la era digital, el descubrimiento y compra de un libro en una librería física dejará de ser una actividad solitaria y analógica para convertirse en un proceso compartido con la tecnología. A los lectores de la era digital hay que ofrecerles una experiencia online, complementaria a su visita a una librería física, con el fin de estimular su decisión de compra.

6. ¿QUIÉN ERES, QUERIDO LECTOR? LA IRRUPCIÓN DEL RECONOCIMIENTO FACIAL

Las grandes empresas de internet, como Google, Facebook y Apple, entre otras, están apostando fuertemente por el desarrollo de nuevos servicios basados en el reconocimiento facial de las personas, así como en el reconocimiento visual de todo tipo de objetos, lugares, etcétera. El desarrollo de estas funcionalidades va tan deprisa que hoy en día estas tecnologías pueden identificar qué persona está en una fotografía con tan sólo comparar el rostro de esa persona con otras 14 muestras. En cada foto, la tecnología guarda en su base de datos muestras de los ojos, nariz y boca de cada usuario para identificar posteriormente, cada vez con mayor exactitud, quién es quién en cada nueva fotografía subida a una plataforma que alberga funcionalidades de reconocimiento facial.

Imaginad que entráis en vuestra librería de toda la vida que se ha modernizado instalando una cámara de reconocimiento facial. Al entrar pensaste que se trataba de una cámara de seguridad, pero tu estimado librero te explica que ha sido instalada para darte un mejor servicio en tus siguientes visitas. Al volver al cabo de unos días, la cámara ha reconocido tu cara dado que le diste permiso al librero para incluir tu ficha en la base de datos de la cámara con tu historial de compra, afinidades de lectura y demás datos personales relacionados con tus lecturas habituales. Tras reconocerte, una gran pantalla táctil te da la bienvenida con tu nombre y te destaca una serie de libros y actividades que considera que deberías tener en cuenta durante esta nueva visita a la librería. Las recomendaciones de la pantalla están basadas en el comportamiento grabado de otros lectores con tus mismas finidades que durante sus visitas hojearon y compraron los libros sugeridos.

Los servicios derivados de las tecnologías basadas en el reconocimiento facial no se limitarán a nuestras visitas a una librería física, sino que también disfrutaremos de sus beneficios desde el ordenador de casa. El desarrollo de estos avances tendrá un impacto directo en la consolidación del comercio electrónico en el mundo hispano ya que estas tecnologías nos reconocerán a través de la cámara de nuestro ordenador reduciendo la inseguridad online al eliminar la suplantación de identidad en todos los procesos de compra por internet. No obstante, esta evolución tecnológica será ampliamente cuestionada por todo lo que afectará a nuestra intimidad, privacidad y demás derechos como consumidores y ciudadanos.

7. AUGE DE LAS TECNOLOGÍAS SENSORIALES

Si la anterior apuesta tecnológica nos había parecido cercana al género de la ciencia ficción, la siguiente tampoco dejará indiferentes a muchos lectores. Aunque las tecnologías sensoriales son una de las tendencias que aún necesitan algunos años más de desarrollo, disfrutaremos no obstante en poco tiempo de las aportaciones de estas innovaciones al sector cultural.

Estas tecnologías ya son una realidad en otros sectores como el farmacéutico, donde se utilizan para prevenir infartos o derrames cerebrales registrando el estado anímico de las personas en relación con su vida diaria, dieta alimenticia, nivel de estrés, etcétera. Nuestros teléfonos móviles, tabletas, coches y ordenadores tendrán incorporado en su memoria un sensor, conectado vía inalámbrica a nuestra piel, que detectará nuestros diferentes estados de ánimo y nuestro tipo de consumo en cada uno de ellos. Dependiendo de si estamos tristes, alegres o cansados tras una larga jornada laboral, el sistema de recomendación de aquellas librerías que utilicen estas tecnologías podrá sugerir a sus clientes leer un determinado relato o libro, escuchar cierto audiolibro o leer determinada poesía.

Algunos de los lectores dirán que esta tendencia es un ataque a la intimidad de las personas, mientras que muchos libreros lo verán como una oportunidad para conocer mejor a sus clientes y recomendarle contenidos más ajustados a su estado anímico en función de su comportamiento de lectura en cada momento.

8. LIBROS QUE RECOMIENDAN OTROS LIBROS

Recomendación de un librero de toda la vida, sugerencias de lectura de nuestros amigos, la lista de los más vendidos en las librerías online, conversaciones sobre libros en blogs y redes sociales, algoritmos que generan recomendaciones según gustos… y ahora libros que nos recomiendan otras lecturas dentro del propio libro. En otras palabras: el libro se convierte en el algoritmo de búsqueda de nuevas lecturas.

Varias startups están desarrollando nuevos algoritmos de inteligencia artificial que analizan el contenido de un libro y proponen a los lectores una relación de lecturas complementarias dentro del mismo. No se trata de “si te ha gustado este libro, te recomiendo este otro”. Es mucho más preciso: si te ha resultado interesante un párrafo en concreto, te recomienda leer un extracto relacionado de otro libro. Y si te interesa, puedes comprártelo en un solo clic. Tal y como hemos mencionado anteriormente, la mayoría de las plataformas de venta de libros por internet recomienda a sus clientes la lectura de otros libros basándose en la variable “compra”: personas que han comprado un determinado libro también han comprado supuestamente estos otros libros que te pueden interesar. Los lectores saben que estas tecnologías basadas en la variable “compra” les han permitido descubrir muchos libros y autores que desconocían, pero también se quejan de la escasa inversión en nuevas funcionalidades e innovaciones que se está dando en este tipo de sistemas de recomendación.

En este contexto, la nueva generación de tecnologías de recomendación que se nutre de afinidades reales entre libros, más allá de la compra, se convertirá en la principal prescriptora en la red. El nuevo concepto de “libros que recomiendan otros libros” sofisticará la forma en la que descubrimos un libro, la compra del mismo y hasta la forma de leerlo. De una forma práctica, los lectores encuentran dentro de los libros que están leyendo párrafos relacionados con posibles futuras lecturas, así como reflexiones similares en contextos y tramas diferentes. Para los editores, esta nueva vanguardia tecnológica significa que podrán recomendar a sus lectores otros títulos de su propio catálogo de una forma mucho más útil y amable.

Cuanto mayor tamaño y diversidad tenga el fondo de una editorial, las sugerencias de lecturas relacionadas serán más variadas y completas.

9. OFRECER EN LAS LIBRERÍAS CONTENIDO GENERADO POR LOS PROPIOS CLIENTES

En la era digital, las librerías, además de vender libros en papel y ebooks, deberían convertirse en lugares donde sus clientes descubran los mejores contenidos generados por otros usuarios. La mayoría de los medios de comunicación, así como las editoriales y otras entidades de creación de contenidos profesionales, han restado importancia a los contenidos generados por los usuarios en internet (User Generated Content).

Cuando se habla del contenido generado por los usuarios en internet casi siempre se cuestiona su calidad. Este contenido tan cuestionado abarca desde el simple artículo publicado en un blog o una web personal hasta todo tipo de creaciones individuales y colectivas a través de vídeos, podcasts, fotografía y wikis. Es cierto que en la red existe un montón de “contenidos basura”, o irrelevantes, si queremos ser más políticamente correctos, pero si somos sinceros encontraremos la misma proporción de “contenidos basura” en periódicos o en las mesas de novedades de las librerías que en internet. El mero hecho de que un artículo haya sido publicado en un medio de comunicación o que un libro tenga tapa dura no incrementa la calidad de sus contenidos.

Al igual que en el mundo analógico los buenos libreros y bibliotecarios ofrecieron un gran servicio a los lectores separando “el grano de la paja” de todo lo que se publicaba en papel, en la nueva era digital deberían aportar este mismo servicio con los contenidos digitales. En la economía de la limitada atención en la que vivimos, los libreros deben entender que la lectura de un libro o una revista compite contra una inmensidad de contenidos generados por millones de usuarios, muchos de ellos de altísima calidad.

Los buenos lectores agradecerán este servicio de separación del grano y la paja digital, hasta algunos de ellos estarán dispuestos a pagar por el mismo, y les hará volver una y otra vez a esa librería ya que les ayudará a navegar por el océano que representa internet.

10. APUESTA POR LA AUTOEDICIÓN

Ante las nuevas oportunidades de negocio que representa el mencionado auge de los contenidos generados por los usuarios, varias librerías han decidido también apostar por la autoedición de los mismos como nuevas vías de ingresos complementarias a las ventas de los libros comercializados por el sector editorial.

Así como en la era analógica los libreros y editores miraban por encima del hombro todas las iniciativas de autoedición, en la nueva era digital han llegado a la inteligente conclusión de que puede convertirse en una extraordinaria vía de ingresos complementaria a la edición tradicional.

Gracias a la irrupción de plataformas como Lulu y Bubok, la autoedición ha ocupado un lugar destacado dentro del panorama del sector editorial. En términos de volumen, los libros de autoedición han supuesto entre un 3% y un 5% de ebooks en el mercado estadunidense, lo que representa cerca de 30 millones de dólares anuales.

En estos tiempos de vuelta al modelo del siglo xix (libreros que ejercían de editores), varias librerías como Amazon, Barnes & Noble o Kobo han tomado la iniciativa de crear plataformas de autoedición para atraer a autores y lectores interesados en estos nuevos modelos de publicación. Estas plataformas digitales no sólo facilitan el trabajo de creación de los escritores, sino que también les ofrecen servicios de promoción de pago (más vías de ingresos) para dar a conocer sus libros en las propias librerías. Varias de ellas están incluyendo estos nuevos títulos en sus mesas de novedades y sistemas de recomendación de libros.

11. CRECIENTE DEMANDA DE CONTENIDOS FRAGMENTADOS

En la nueva era digital, el lector ya no estará tan dispuesto a pagar por la totalidad de un periódico, una revista o un libro. No tiene tiempo o no le interesa leer todos los contenidos que se le ofrecen y además sabe que la tecnología permite a los libreros ofrecerle los contenidos que desea de forma fragmentada. Aunque la industria editorial esté intentando retrasar lo máximo posible su aplicación, cada día es más consciente de que una de sus principales vías de ingresos en la era digital serán los micropagos derivados de la venta de contenidos fragmentados.

Las cifras que recientemente ha facilitado Amazon indican que existe una creciente demanda de consumo de contenidos en formato breve o en modelo fragmentado. Según los datos aportados por la revista digital PaidContent, se calcula que Amazon ha ingresado más de un millón de dólares con la venta de dos millones de libros a través de su plataforma Kindle Singles. Una cifra nada desdeñable, más aún teniendo en cuenta que los precios de estos ejemplares oscilan entre los 0.99 y los 2.99 dólares.

La fragmentación de contenidos obligará a las librerías y editoriales a redefinir su modelo de negocio dado que actualmente su estructura de costes está basada en la venta unitaria de un libro o una revista. En muy poco tiempo, este modelo se quedará obsoleto y tendrá que ofrecer a los lectores interesados en sus contenidos un servicio de micropagos calculando el número de capítulos o páginas leídas. En otras palabras, los usuarios sólo pagarán por los contenidos que han consumido.

12. EBOOKS CON GARANTÍA DE LECTURA: SI NO LO TERMINAS, TE LO CAMBIO POR OTRO

En la era digital los libros pasan de ser un objeto que tocamos y compramos a convertirse en un simple servicio intangible que contratamos. En el siglo XXI los lectores ya no poseemos un libro, tan sólo contratamos un servicio que nos permite acceder a unos determinados contenidos durante un cierto tiempo y en unas condiciones específicas. Esta realidad debe ser entendida y asumida lo antes posible por los profesionales del mundo del libro puesto que transforma radicalmente la relación entre las editoriales, las librerías y los lectores.

El impacto más transcendente de este cambio de modelo de negocio es que las librerías dejarán de vender unidades (libros) para vender servicios alrededor de los contenidos. En este sentido, lo primero que deberían hacer las librerías es cambiar en sus páginas web el botón de “compra este libro” por “alquila este libro”, “accede a este libro”, “lee este libro en la nube” o alguna otra frase similar que describa realmente lo que el lector está adquiriendo. El botón “compra este libro” lleva a engaño ya que los lectores digitales no están comprando un libro, tan sólo están adquiriendo un servicio.

En segundo lugar, las librerías, en colaboración con las editoriales, deberían definir una amplia gama de servicios de acceso a los libros digitales con el fin de atender las nuevas modalidades de consumo de los lectores en pantallas. Ante la imparable y creciente oferta de todo tipo de contenidos en internet, las librerías deberían entender que obtendrán más ingresos de sus clientes a través de la puesta en marcha de una amplia gama de servicios online que por los contenidos vendidos.

¿Qué quiero decir con ofrecer servicios alrededor de los contenidos? Para entender correctamente este nuevo paradigma de librería digital lo mejor es describir un par de posibles servicios. Por ejemplo, los lectores del siglo XXI tendrán una estrecha relación con aquellas librerías que les permitan devolver un libro digital que se han comprado hace tres meses pero que no han podido leer por falta de tiempo. Imaginaos que estamos en una librería física y descubrimos en la mesa de novedades el libro de un autor que desconocemos. El texto de la contraportada nos sorprende, varios de mis amigos en Twitter me dicen que es un libro interesante, el booktrailer me engancha y sin pensarlo más decido descargarlo en mi dispositivo de lectura. De camino a casa hojeamos las primeras páginas en el autobús. Pero por diferentes motivos —descubro al día siguiente otro libro, un amigo me regala uno que me apasiona, tengo demasiado trabajo y no tengo tiempo para leer nada…— nunca llego a leer más del 10% de ese libro y se queda en la carpeta de “pendientes de lectura”… En la era digital, las librerías deberían ofrecer a sus clientes un servicio de garantía de lectura que permitiera a los lectores devolver un libro no leído por otro.

Más que “devolver el libro” estamos hablando de cambiar un archivo digital por otro. La idea de este nuevo servicio es muy simple: si un lector compra un libro electrónico con garantía de lectura, que lógicamente tendrá un precio más elevado que la versión sin garantía, podrá cambiarlo por otro libro en un plazo de tres meses en caso de que no haya leído más de un 10%.

Las nuevas tecnologías en la nube permitirán a la librería saber si el lector se ha leído el libro hasta el final o si se le ha caído de las manos en las 20 primeras páginas…Como complemento a este innovador servicio, las librerías pueden también ofrecer a los lectores la posibilidad de pagar sólo por el número de páginas leídas. En otras palabras: ¿que un lector sólo ha leído un 40% del libro?, pues paga el 40% del precio de venta al público; ¿que otra persona tan sólo ha leído un 10%?, pues paga el 10%; ¿que a otra persona le ha encantado el libro y se lo ha leído de una tirada?, pues paga la totalidad del precio. Pagar por lo que lees es un servicio ya implementado en algunos medios de comunicación y revistas, y que tiene toda la lógica de extenderse al mundo de los libros. En los próximos meses veremos grandes avances en el desarrollo tecnológico de estos nuevos servicios alrededor de contenidos para facilitar a los lectores la búsqueda y compra de los mismos.

Entiendo que ambos ejemplos transforman radicalmente el actual modelo de negocio de venta unitaria, y que ambas ideas deben matizarse antes de ser implementadas, pero las librerías tienen que asumir que la nueva realidad digital (venta de servicios en vez de productos) les obligará a redefinir de forma tajante su actual modelo de gestión. Sinceramente creo que no les queda otra alternativa que asumir esta transformación si quieren tener un papel relevante en la futura sociedad digital.

CONCLUSIÓN

Tras exponer las tendencias tecnológicas e ideas que he compartido en este artículo, vuelvo a preguntar a los lectores: ¿de verdad pensáis que el mundo del libro va a permanecer inmune a la transformación que está teniendo lugar en la sociedad? En mi opinión creo que la mutación va a ser mucho más radical de lo que sospechamos.

En este contexto de transformación constante, el futuro de las librerías físicas depende de la digitalización de la mayoría de los servicios que ofrecen actualmente a los lectores, independientemente de que lean libros en papel o en formato digital. Como hemos visto, ya no basta con ordenar la mesa de novedades y el escaparate de una librería. En la nueva era digital hay que ofrecer a los lectores una experiencia singular dentro de la tienda física con el fin de estimular su decisión de compra. Las librerías, al igual que las bibliotecas, deberían comenzar a tomar conciencia de las posibilidades que ofrece la incorporación de todo tipo de tecnologías en los propios establecimientos para dinamizar la venta de libros y fidelizar a los lectores.

Este artículo se publica bajo licencia Creative Commons 3.0 “Reconocimiento-No ComercialCompartir Igual”, se permite su copia y distribución por cualquier medio siempre que mantenga el reconocimiento del autor (Javier Celaya) y del medio publicado (La Gaceta del Fondo de Cultura Económica) y no se haga un uso comercial de la obra.
Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

Javier Celaya es socio-fundador del portal cultural Dosdoce.com.

Articulo: http://www.elboomeran.com 17/04/2013

Daniel FERMÍN/Juan Carlos MÉNDEZ GUÉDEZ: "La literatura es un espejo falso"


ENTREVISTA JUAN CARLOS MÉNDEZ GUÉDEZ, ESCRITOR
"La literatura es un espejo falso"
Por Daniel FERMÍN

Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967) volvió a tocar el exilio en su escritura. El autor venezolano, que lleva años residenciado en Madrid, publicó la novela Arena negra (editorial Lugar Común), una obra que aborda el tema desde un ángulo diferente al trabajado en sus otros libros: un español que deja a su familia al emigrar a Venezuela.

La nueva publicación del narrador es una novela sobre la distancia, lo que está lejos. La condición de migrante del larense se manifiesta de forma inconsciente en su literatura. "Es difícil saber por qué uno vuelve sobre ciertos temas. No tengo respuesta racional. Cada tanto, cuando se me atraviesan esas historias, me emociono particularmente. Y eso produce la escritura. Si no me emociono cuando escribo, no siento que esté haciendo algo que me interese (...). Creo que regreso porque me emociona la realidad de las personas que se quieren pero no pueden estar juntas, que están separadas por un océano", dijo el autor, que presentará el libro en mayo en España.

Arena negra es una historia sobre las ausencias que permanecen, que mezcla tres perspectivas narrativas en torno a una figura que ya no está: una hija que recuerda a su padre, una madre que espera un regreso, un escritor que podría ser el desdoblamiento del autor. Todo contado con trazos líricos, con una estructura fragmentaria en el que cada capítulo juega a ser una letra del alfabeto. Letras que se repiten, que faltan. Como los personajes. 

Hay quienes dicen que no se escribe para llenar vacíos; sino para marcar las pérdidas. Arena negra es una obra que trata de mostrar las claves que expliquen un abandono. "La narrativa casi siempre está escrita en pretérito porque tratar de evocar ausencias, elementos que se han alejado en el tiempo y en el espacio. Se escribe para señalar la ausencia, que tenga un valor mayor, un nuevo sentido", indicó el también cuentista, que escribió su libro en presente para acentuar la sensación de que la historia es una obra que se gesta en el momento, una ficción antes de ser ficción.

Méndez Guédez escribe para reconstruir la memoria. Ve la narrativa como una forma de volver a contar el pasado. "Y de inventarlo también. La maravilla de la ficción es que hace que esa memoria se reinvente, crezca, se eleve, tenga un espesor mayor que el que tuvo originalmente. Cuando escribes, comienzas a tener memorias que son propias. Esta novela me ha procurado la memoria de una mujer española un poco mayor que yo, que biográficamente no me corresponde pero que he adquirido".

Ya se ha hablado antes de la literatura como una oportunidad para vivir varias vidas. Una frase de Arena negra se refiere a la escritura como la corrección inútil de los libros leídos, de las vidas vividas. Méndez Guédez lo confirma. "Escribirmos porque no estamos conformes con lo que vivimos. La escritura es una forma de corregir la propia existencia, de hacerla más profunda", indicó el narrador, que cree que vale perder la vida en los libros: "Es que no concibo la vida sin la literatura como intermediario frente a la realidad. Lo que sería la vida normal sin los libros que se leen, que se escriben, me interesa muy poco. La vida permeada a través de ellos me parece más vida".

Uno de los personajes de la novela dice que los espejos son el engaño de la repetición. Y los libros, asegura el autor, nos reflejan a nosotros mismos. "La literatura es un espejo falso que finge copiar la figura que está al frente para distorsionarla, agregarle detalles, incorporarle colores, texturas. Es un espejo que trasforma, no que refleja", cerró Méndez Guédez. Su literatura también modifica aquello que no está.

Articulo: http://www.eluniversal.com 20/04/2013

Pablo ANTILLANO/ La quimera del norte


La quimera del norte
Por Pablo ANTILLANO

“Dado que la mayoría de los crímenes son actos de sonambulismo,  la moral consistiría en despertar a tiempo  al terrible durmiente”. Paul Valery

I

Un día brumoso observamos a Ben Fihman en Pont Neuf, ¿o sería en Pont Saint Michel?, que estaba envuelto en un gabán de paño fuerte, cuando se le acercó por detrás al hombre que nos esperaba. Lo saludó de manera austera, sin aspavientos, más bien lucía intrigante, a lo Peter Lorre. Era un tipo afable el que estaba parado allí, acompañado de una sombra mítica, Heráclito, con quien compartía una suave compasión por el Sena;  ambos –hombre con sombra y río– parecían haberlo visto todo, especialmente la humanidad fermentada. Y Ben me dijo sin alardes: “te presento a Cioran”.

Caminamos hacia el barrio latino con el héroe pop del nihilismo voluptuoso sin que los árboles desnudos dijeran ni una palabra. Un único alboroto tumultuoso  se había instalado con sordina entre mis orejeras invernales. El café y el calvados alentaron una larga tenida sobre uno de los aforismos del rumano, Emil Michel, en torno al arte de escribir. Nunca más pudimos leer los textos de Ben sin asociarlo a aquel texto que hoy buscamos en la biblioteca: “Una obra existe cuando se ha preparado en la sombra con la atención, con el cuidado con que el asesino medita su golpe. En ambos casos lo principal es la voluntad de acertar”.

El  “inconveniente de haber nacido” se tejió en nuestra cháchara sin atisbos de abatimiento, sino más bien en un inesperado pero gozoso coqueteo con la plenitud, la libertad, la lujuria y el culto al escarnio. Estas manías quedarían entretejidas, en nuestra mirada, a la pasión que atribuimos a Fihman por la escritura. Aunque  también y, por consiguiente, a la desafiante presencia de sus textos entre losscholars de su tiempo, presas de  inmoderados afanes por distinguir, clasificar y concluir.

Para el lector común quedó una suerte de apotegma: las suyas son obras modeladas al  amparo de la nocturnidad, con la cautela y sobreseguridad de un crimen premeditado.

II

A lo largo de  los inmodestos pasillos del modernísimo Oberoi corrió la noticia de que Ben Fihman estaba por llegar a Mumbai. Fuimos a buscarlo al Taj, un hotel clásico que sintoniza más con sus obsesiones literarias: escenografía cinematográfica, preferencia por la elegancia decimonónica y apego a las formas clásicas de las tradiciones más rancias.

No estaba, o no había pasado por allí esa vez. Había enfilado su brújula de aventurero hacia el Rahasthán. Sustituyó momentáneamente el tapizado de gobelinos, sedas y alfombras asiáticas del lujoso Taj Mahal Palace Hotel para recorrer las rudas arenas de Jaipur, para curiosear luego entre las rutilantes piedras  de Agra y beber de los misterios del Ganges.

A diferencia de Octavio Paz que durante mucho tiempo aborreció los hábitos sanitarios de la India, así  como la existencia servil y supersticiosa de sus muchedumbres –como quedó registrado en su intercambio epistolar con Alfonso Reyes–, Fihman encontró en las tierras de Rabindranath Tagore una atracción peculiar y sucumbió a su fascinación. Retorna una y otra vez a sus paisajes y a las escenas de sus ciudades esculpidas.

Podría pensarse que le atraen los vinos afrancesados de Pondicherry, o los infinitos manjares aderezados con chutney, curry, jengibre, ajo, hierbas y especies urticantes, pero seguramente habrá otra cosa que coincide, tal vez,  con sus otras obsesiones de escritor: la sublimación del deseo, su elevación al altar de lo sagrado.

Como es sabido, las  teogonías de ese subcontinente bañado por la Bahía de Bengala veneran, aún contra el laicismo de estos días globalizados, los rituales del deseo, a veces para contenerlo a veces para comprenderlo. O, como sentenciaría Fausto, el de Goethe, el conocimiento y el deseo son sinónimos. Es notorio que en la India las diversas versiones del tantrismo, especialmente hindú o budista, habitan desmesuradamente los relieves y monumentos de su larga historia,  mucho más allá de las imágenes crueles o bonachonas de Ganesh, Shiva o Vishnú. Son más bien esas imágenes de cuerpos acoplados las que ilustran la meditación, a través del sexo, sobre el estado de condición masculino y femenino. Son esas imágenes las que crean la ilusión de la comunión entre el hombre  y la divinidad. Podría decirse que el territorio todo es una suerte de templo consagrado a la meditación sobre el deseo.

¿Cómo no podría seducir este paisaje a un escritor cuyos relatos más conspicuos, modelados con nocturnidad, transpiran esa fatiga del anhelo vehemente, del impulso de la voluntad hacia el objeto inalcanzable, del ardor silencioso, de la persecución obsesiva, del apetito y la posesión? En los cuentos de este libro, el amor se percibe a sí mismo como una carencia; el amor se reconoce como tal mientras permanece así como deseo, buscando su conocimiento, sin conseguirlo... Uno de sus personajes se ufana de conocer el significado de la palabra irremediable, signo fatal del apetito que no puede ser saciado.

Ben ha regresado una y otra vez a la India, unas veces en avión y otras en su nostalgia. Algo parecido ya le había pasado con París. Se parece a la vivencia de un eterno retorno. Junto a Mircea Eliade, muchos podrían ver en esta circulación metódica del escritor, a través de paisajes ya transitados, la materialización de un ritual arcaico orientado a anular periódicamente la propia historia, a desvalorizarla y sustituirla por una nueva, la misma, la originaria, la única. Ya volveremos más adelante sobre esta idea.

III

A propósito, Ben Fihman parece considerar que todos los lugares del mundo son patria suya. De joven lo vimos convaleciente en Nueva York y conocimos a algunos de los personajes de la Quimera del Norte. Como también son reales los de “La Penitencia” que le acompañaron en París y en Roma. En general, eso tienen sus relatos más clásicos: retratan lugares y gente de carne y hueso que convive con ensoñaciones y con invenciones alevosas. Espacios remotos, viajes, la vida real como ficción, erudición y cosmopolitismo forman parte de sus imaginarios personalísimos.

El verano en el que los Gigantes de San Francisco perdieron el campeonato frente a los Marlins, la canícula se desesperezó para recibir en California, en su Silicon y en su Napa Valley, a los ansiosos periodistas del Caracas Press Club del que formábamos parte, y que todos los años se reunía con sus colegas extranjeros en las más apasionadas ciudades del mundo. Tras deambular frente a las mansas aguas de la bahía de San Francisco, de cara al  Golden Gate, lejos de las barras y los grupos de jazz de los anchos muelles de Fisherman Wharf, el grupo brindó, con Ben como maestro,  un Cabernet Sauvignon Reserve de los viñedos de Robert Mondalvi que habíamos visitado al mediodía en el luminoso Napa Valley.

No hacía un año habíamos compartido en  Monte Carlo, no sólo para conocer los casinos de la Societé des Bains de Mer y presenciar la legendaria carrera de los autos de fórmula, sino para probar, entre muchas otras cosas, los manjares de Paul Ducasse y, guiados por Ben, penetrar en las bodegas privilegiadas del gran Hotel París. No sólo visitamos  las cavernas de Moët & Chandon en la región de la Champagne, sino las rotativas del legendario Le Monde y los dulces manjares de los mejores restaurantes del planeta.

En los salones versallescos del Quai D’Orsay, sede de la cancillería francesa, Ben ya no era simplemente un miembro más del Club, sino el imponente protagonista de su propio filme. Parecía, en pocas palabras, el anfitrión, tal era su sapiencia y su comodidad en el interior de aquel traje y de aquella  personalidad tan francesa.

Episodios similares ocurrieron en Roma, en Barcelona, en Madrid, en Nueva York, en Washington, en las ciudades de La Coruña o del País Vasco. Todas ellas ya habían sido transitadas más de una vez por Ben, y de cada una de ellas poseía la erudición del viajero pertinaz. En los tiempos más recientes, desde que se instaló en París, visita asiduamente las ciudades del sudeste asiático tanto como las de sus vecinos del país gallego. Sin embargo, como en los grandes escritores, la exudación de ese cosmopolitismo, con toda su riqueza,  es vertido en una suerte de espacio único de obsesiones recurrentes.

Ya algunos de nuestros escritores habían tenido que lidiar con sabias herramientas para  instalar su cosmopolitismo en los relatos cortos  sin agobiar al lector atento, sin esquilmarle los mapas y detalles que sólo la novela ofrece y que los cuentos enmudecen.

Algunos  narradores venezolanos, que Ben visita con admiración en sus conversaciones, Renato Rodríguez, Julio Garmendia o Pancho Massiani, trajeron paisajes remotos a sus relatos con no poca frecuencia. En los dos primeros su cosmopolitismo hacía parte de la estructura formal de la trama, mientras que en Massiani desaparecía en el mugre de sus uñas existenciales, haciéndonos pensar –como dice el novelista Armando Coll– que su alma no se movió de La Florida y Sabana Grande. En todo caso, los personajes de estos tres astros de la narrativa, independientemente de la ciudad o el paisaje en que se mueven, están más concentrados en sus pesadillas o fantasías, en las lágrimas y en los restos de piel de sus amores,  que en las tabernas desde donde el autor llora su ausencia e intenta domeñar la crueldad del deseo.

Como en ellos, en la escritura de  Ben la contingencia del paisaje, el ámbito, el espacio en movimiento, el lugar donde el personaje se desplaza es parte indisoluble de la trama. Pero también lo es, de manera indisoluble muchas veces, el espacio desde donde habla el relato. 

A veces nos ha parecido que los paisajes de la biografía de Ben Fihman, como los de su abuelo, de sus antepasados, de sus amigos, así como los de su sabiduría cosmopolita, aparecen aquí, en los relatos de este libro, como personajes de un solo gran espacio psíquico, como fragmentos de un solo y único escenario interior. Algo parecido a lo que le pasa a los lectores del capitán Cook o de Maqroll el Gaviero.

Cuenta Álvaro Mutis que cuando al capitán Cook le preguntaron cómo era Francia, recordó un breve pasillo entre dos oficinas públicas… cuando le preguntaron cómo era Roma, descubrió una fresca cicatriz en la ingle... cuando le preguntaron si había visto el desierto, explicó con detalle las costumbres eróticas y el calendario migratorio de los insectos que anidan en las porosidades de los mármoles comidos por el salitre... cuando le preguntaron cómo era Bélgica, estableció la relación entre el debilitamiento del deseo ante una mujer desnuda... cuando le preguntaron por un puerto del Estrecho, mostró el ojo disecado de un ave de rapiña dentro del cual danzaban las sombras del canto... ¡Y así los lugares y paisajes del capitán Cook eran él mismo!

Cuando Ben escribe, podrían asociarse todas sus locaciones con ese espacio único, que resume todos sus  espacios, como es el Coney Island de Los Palos Grandes, el que marcó sus inicios en el arte del flirteo, donde aprendió a manejar los principales usos del escepticismo como provocación, donde aprendió los juegos del riesgo y, sobre todo, el arte de tramar posibilidades ilícitas.

No importa cual sea el paisaje con el que nos desafíe el relato de Fihman, percibiremos en él el vértigo de la montaña rusa, el miedo del túnel fantasma, las alucinaciones del tiovivo y la maceración de la inestabilidad y la ambivalencia como placer. Ya lo había acusado el sicoanalista Adam Philips cuando escribió que el flirteo es una primera versión de la experimentación infantil, de la irreverencia como parte integrante de la curiosidad.

El lector encontrará de manera explícita ese espacio, ese paisaje, en el cuento “Olor a plastilina”, pero si entrecierra los ojos podrá encontrarlo tras los bocetos de todas las otras escenografías plenas de referencias.

IV

Unos últimos párrafos para advertir al lector sobre la exageración y la  desmesura rabelesiana, esa que recorre casi todo el libro, y que se autodefine en el soliloquio de “El Corte”: “Su único, verdadero amor era la comida y, a través de ella, el vino. Leía y descifraba al mundo con el paladar”.

Algunos recordarán el episodio de Pantagruel adolorido por la muerte de Epistemón que es narrado por Rabelais en uno de los pocos momentos melancólicos que aflora en su obra más famosa, que por definición es alegre, orientada a los bebedores y más bien a quienes disfrutan con el comer, el beber y los placeres sin tasa ni medida.

Epistemón fue decapitado durante la batalla en la que Pantagruel venció a los trescientos gigantes armados con piedras de molino. Nuestro héroe asió al jefe Loup Garou por ambos pies y levantó su cuerpo en el aire como una pica. Haciéndolo girar sobre su cabeza fue golpeando con su cuerpo a los gigantes que se le abalanzaban cubiertos de piedras de molino. No quedó ninguno en pié. Pero cuando uno de ellos iba cayendo, una de las aristas de las piedras le cortó la cabeza a su amigo.

Para aliviar el dolor y las lágrimas de Pantagruel, el sabio Panurgo cosió de nuevo la cabeza al cuerpo de Epistemón. Pero este lamentó que Panurgo le hubiese vuelto tan pronto a la vida porque en el infierno y en los Campos Elíseos se había dado la gran vida. Había conocido a Lucifer y aseguró a todos sus amigos que los diablos eran buenos compañeros. En su reporte, expresión sin duda de un insospechado y temprano periodista, informó que en el infierno no se trata tan mal a los condenados como se suele pensar, pero que su estado cambia de manera muy extraña.

Reportó, por ejemplo, el resucitado, que había visto a Alejando Magno remendando calzas viejas para ganarse la vida, y a los caballeros de la Mesa Redonda como pobres remeros en los ríos Flegetón y Leteo cuando los señores diablos querían pasear por el agua, como los bateleros de Lyon y los gondoleros de Venecia, pero con menos recompensas. Los condenados eran muchos, y los oficios cada vez más insólitos. En su larguísima lista de condenados incluye Epistemón a Melusina, el hada mitad mujer mitad serpiente, transformada por obra de los diablos en ¡pinche de cocina!

Los venezolanos estamos asociados a Melusina y a esta historia Pantagruélica a través de Ben Fihman. Todos los domingos, durante varios años de la década de los ochenta, Melusina habitó la crónica gastronómica de Fihman. Ella fungía de novia platónica del cronista, representada como sueca de 16 años, de belleza y frialdad perturbadoras, y le acompañaba en sus recorridos insaciables por las fuentes de placer de Caracas y también de las provincias.

El estado glamoroso del hada legendaria encarnaba, en Los cuadernos de la gula, la metáfora rabelesiana de condenada pinche gastronómica que, al decir del simbolista Juan Eduardo Cirlot,  representa el “arquetipo de la intuición genial, en lo que esta tiene de advertidor, constructivo, maravilloso, pero también enfermizo y maligno”.

Ella acompañó ardorosamente a Fihman a los asadores de lisas de Santa Rosa en Maracaibo y a las sofisticadas catacumbas de Alain Ducasse del Restaurante Luis XV de Monte Carlo. De la mano de Fihman y Melusina, la cultura gastronómica de los venezolanos se tornó diabólicamente insatisfecha, diabólicamente exigente, diabólicamente ecuménica. Por todos lados se despertaron papilas, olfatos y visiones destinadas a descifrar los secretos de las viandas y de los vinos, convirtiéndolos en objetos de atención especial por mucha gente pues, como se sabe, antes esta era una virtud de especialistas y exquisitos.

En este libro de relatos encontraremos a Melusina, que le identificará literariamente como el Gaviero, Macondo o Comala, marcaron a sus inventores.

V

Las exageraciones de Ben Fihman no transcurren sólo entre líneas. En los primeros años de nuestra amistad le encontré acostado en el piso de una oficina repleta, no cabía uno más, de ramos de flores. Su larga y ancha arquitectura corporal expresaba, de esta manera inusual y desmesurada, su desesperación amorosa. La oficinista era una escritora de las nuestras, bella y sensible, cuya indecisión entre las risas y las lágrimas era similar a la de su corazón enamorado.

Si desmesurados han sido los gestos con los que Fihman vive sus amores contrariados, y desmesurado es su apetito por los buenos vinos y manjares, no lo ha sido menos el rigor que ha impuesto a su aventura en el terreno literario. Su juventud en el Moral y Luces, sus años de bohemia como estudiante de cine en Nueva York y su desgarrado postgrado enológico en el París de Cioran  están cosidos por puntadas literarias y arrebatos editoriales. Como todos saben fundó en París la legendaria revista de inclinación surrealista L’Oeil du Golem  y, posteriormente, fundó en Caracas la Revista Exceso que sobrevivió heroicamente los veinte años de existencia. El periodismo de Exceso exhibió rigor en la escritura y una impronta personal que envidian las revistas venezolanas de todos los tiempos. Podría pensarse que su periodismo se propuso hacer la crónica del infierno, como lo hizo el Epistemón de Rabelais

Los libro de relatos Mi nombre es Rufo Galo, Los recursos del Limbo, y Los cuadernos de la gula preceden  al que hoy tenemos entre las manos. En todos ellos puede percibirse que su personalidad y su obra narrativa poseen atributos similares: ven la historia con el ojo de los grandes clásicos, como un hilo continuo en el que se repiten acontecimientos fantásticos. Cultivan con placer la palabra escrita como travesura, como opción fantástica, meditada en la sombra con el cuidado del asesino. Asumen el deseo como virtud y reconocen el sentido de lo irremediable.

FICHA DEL LIBRO
La quimera del norte
Ben Amí Fihman
Monte Ávila Editores Latinoamericana
Caracas, 2011

Articulo: http://www.el-nacional.com 14/04/2013

Raquel SAN MARTIN/Ulrich BECK: "Europa siempre ha estado en crisis"


Ulrich Beck
"Europa siempre ha estado en crisis"
Por Raquel San Martin 

El sociólogo alemán, uno de los intelectuales más influyentes de la actualidad, compara a Angela Merkel con Maquiavelo y afirma que el mayor desafío para la región en el siglo XXI consiste en reinventar los viejos nacionalismos para dar cabida a una visión cosmopolita de la convivencia entre los pueblos europeos

Mucho más que un conflicto económico, el tiempo convulsionado que vive Europa es, para el sociólogo Ulrich Beck, una crisis tanto política como simbólica. Y, por eso mismo, no se saldrá de ella con recetas financieras, sino con nuevos significados. "Tenemos que discutir cómo debería ser una Europa para el siglo XXI", dice, y sugiere respuestas: una "Europa cosmopolita", con Estados que conserven su identidad nacional pero participen en nuevas formas institucionales con mirada global, una comunidad ya no diseñada desde las elites sino construida por ciudadanos que se sientan y vivan como europeos.

Beck, de origen alemán y uno de los intelectuales europeos más influyentes, se mueve en ese lugar donde la teoría social (en la que ha dejado ya su huella con conceptos como "sociedad del riesgo" y "segunda modernidad") se cruza con la intervención pública y crítica sobre el mundo. Así, ha denunciado repetidamente las consecuencias nefastas del neoliberalismo en cuestiones que van del trabajo y la pobreza a los problemas ambientales; junto con Daniel Cohn-Bendit, impulsó el año pasado el manifiesto "¡Somos Europa!", que enseguida consiguió las firmas de numerosos intelectuales, en el que se proponía "reconstruir una Europa desde la base". También critica con frecuencia las intervenciones de la canciller alemana Angela Merkel, a la que llama "reina informal de Europa", al frente de la resolución de la crisis europea.

Beck pasó esta semana en la Argentina, invitado por la Fundación OSDE, la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y la Universidad Diego Portales, de Chile. Tuvo, como suele pasar con las figuras intelectuales renombradas, una agenda apretada: conferencias, recepción de un doctoradohonoris causa en la Unsam, entrevistas, una reunión informal con investigadores jóvenes, la difusión de su último libro Una Europa alemana (Paidós), y a todo accedió con su estilo amable y su tono a la vez pedagógico y apasionado. El hilo conductor fue su mirada sobre el tembladeral en que se encuentra hoy la Unión Europea (UE). "Si el modelo europeo fracasa, no sólo será un fracaso para Europa, sino también para las esperanzas históricas en una civilización que pueda encontrar respuestas a los grandes riesgos globales", dijo a ADNCULTURA .

-¿Cómo explicaría la crisis europea a un extranjero? A distancia, solemos verla como una crisis económica, financiera, de la eurozona. ¿En qué medida es también política y hasta simbólica, una crisis de la idea de Europa?
-Europa siempre ha estado en crisis, Europa es un sinónimo de crisis. Pero hasta ahora, la crisis era el primer paso para una nueva forma de integración política; la crisis era la forma específica del progreso de Europa. La situación actual es bastante diferente. La crisis actual fue en su génesis, por supuesto, económica, una crisis bancaria global que no fue generada por la UE, pero esta crisis no es sólo ni mayormente económica.

-¿Por qué?
-Es en esencia una crisis política, porque por primera vez experimentamos que Europa puede romperse. Eso es todavía un shock y una amenaza seria. Puede romperse no por la guerra, como en el pasado, sino por la anticipación de una catástrofe que no fue tomada seriamente ni tuvo respuestas políticas. En el momento más agudo de la crisis, las instituciones políticas no estaban preparadas ni tuvieron recursos para dar ninguna respuesta, y entonces el poder volvió a los Estados; entre ellos, el más sólido económicamente fue Alemania y la canciller Angela Merkel. En mi libro Una Europa alemana , sostengo que hay una afinidad entre Maquiavelo y Merkel, lo que llamo "el modelo Merkiavelo", porque la naturaleza política y de personalidad de ella es la duda. No le gusta tomar decisiones, nunca dice claramente sí o no, dice claramente sí y no al mismo tiempo. Y esta clase de duda tuvo un doble efecto en la crisis: por un lado, no hubo soluciones y la situación se agravó. Por otro lado, demostró el nuevo poder de Alemania a los demás, porque vieron que dependían para su supervivencia económica del crédito alemán. Las instituciones son las mismas pero informalmente Alemania se convirtió en un imperio accidental. Nadie quería esto, no hubo un plan maestro para lograrlo, sucedió por los cambios en el paisaje político.

-En ese contexto, ¿está la identidad europea en riesgo de algún modo?
-No, no diría eso. No se puede entender Europa como una nación, no lo es, es un conjunto de naciones democráticas. Y nunca podría ser una nación porque eso implicaría que las otras naciones deberían desaparecer. Ésa es una imagen equivocada. Una nueva visión para una Unión Europea democrática podría ser lo que yo llamo una "Europa cosmopolita", en la que se puedan ser muchas cosas al mismo tiempo. Cada uno tiene que reconocer la importancia de la diferencia y de la permanencia de la diferencia. Europa no tiene una identidad sino muchas y no tiene un demoscomo base de la democracia, sino muchos demoi , en diferentes niveles. Hablamos mucho de Europa en términos económicos, pero la economía fracasó no sólo en relación con la crisis financiera global, sino también en batallas abstractas que no se adecuan a la realidad europea. Le doy un ejemplo: los análisis económicos tienen dos modelos, el nacional y el internacional, y Europa no entra en ninguno de ellos. Así, los economistas proponen que Grecia o Italia abandonen la UE para solucionar los problemas de Europa. La UE es hasta ahora un contrato de una sola vía. Hay condiciones para entrar pero ninguna para salir. Si alguien quiere salir, deberían inventarse una serie de procedimientos que no existen. Tenemos que alejarnos de los análisis puramente económicos. El progreso básico sería discutir cómo debería ser una Europa para el siglo XXI. Deberíamos preguntarnos por qué Europa. Hay cuatro debates sobre esta cuestión que no se han dado hasta ahora.

-¿Cuáles son?
-En primer lugar, Europa es una demostración del milagro de enemigos que se volvieron vecinos. Es una manera interesante de ir más allá de una historia de enfrentamientos militares, sobre todo si se miran otras zonas del mundo hoy, como Corea del Norte. La segunda cuestión es que Europa no debería perderse en la era global. Una Alemania, una Italia, una Gran Bretaña poseuropeas no serían nada en relación con los problemas globales que hoy enfrentamos. Desde una perspectiva global, Europa es un contrato que reasegura la importancia de las naciones europeas. El tercer debate es que la modernidad europea -esa combinación de Estados nación, progreso y capitalismo, que tan naturalmente pensamos como modernidad- ha demostrado ser un proyecto suicida. Cuanto más triunfa este modelo, más problemas aparecen. Problemas ambientales, cambio climático, crisis financieras? y no tenemos las instituciones para responder a eso. La primera modernidad estaba mucho más relacionada con el siglo XIX; en el comienzo del siglo XXI, con un mundo interconectado, esas instituciones no funcionan. Un propósito para Europa sería inventar una modernidad para el siglo XXI, en términos básicos: reinventar la política, las instituciones, el control de los capitales, de las crisis financieras, de los problemas ambientales. El cuarto debate es reconocer que cuando hablamos de Europa, en general no hablamos de los Estados nación. Europa es una mezcla de instituciones europeas y Estados. No hay uno u otro, sino ambos. Y tal como hoy se ve la crisis, el Estado nación se ha convertido en un obstáculo para la UE. Tenemos que pensar cómo reinventar o abrir la idea de Estado nación, que ha sido desarrollada mayormente en el siglo XIX, para un mundo global y cosmopolita. Tenemos que imaginar lo que llamo una nación cosmopolita.

-Pero el Estado nación sigue siendo importante?
-Sí, pero debe cambiar, debe abrirse. Lo que estamos experimentando en Europa muy claramente es que el viejo nacionalismo es el enemigo de las naciones europeas. Hay que reinventar el interés nacional en términos cosmopolitas y cooperativos, para enfrentar esos desafíos.

-¿Qué rol están teniendo los intelectuales europeos para impulsar discusiones como las que usted propone?
-Es sorprendente ver qué silenciosos se han quedado muchos intelectuales en esta crisis. Realmente extraño sus voces. No hay muchas. Una situación de crisis podría convertirse en una situación de oportunidades, como sucedió en el pasado. Pero hasta el momento, eso no está pasando.

-¿En su opinión, la crisis europea está afectando la manera en que se ve el futuro de la democracia en otras regiones del mundo, como América Latina?
-Creo que sí. Ahora estamos en un momento decisivo. La situación de riesgo actual abre la posibilidad de respuestas políticas ambivalentes. Una, la tecnocrática, es el camino por el que está yendo ahora Europa, según el modelo alemán; otra podría ser la democrática. Por supuesto que están relacionadas, y que en un momento de crisis tiene que haber alguna respuesta tecnocrática, pero es sumamente importante tener una visión de democracia que vaya más allá de los Estados, que hasta ahora tuvieron una suerte de monopolio de la democracia. La idea de una pluralidad dedemoi , en la que la gente pueda participar de distintas maneras, en diferentes estructuras legales, podría ser un modelo para los países, una forma de combinación y cooperación para naciones que no pueden actuar solas. Los problemas básicos hoy en Europa y en otros países, los desafíos del siglo XXI no se pueden resolver si los países permanecen atados a un nacionalismo estatal. Hay que abrir la democracia y las instituciones políticas y en ese sentido, si el modelo europeo fracasa, no sólo será un fracaso para Europa, sino también para las esperanzas históricas en una civilización que pueda encontrar respuestas a los grandes riesgos globales.

-Eso sería una Europa "de abajo hacia arriba", como usted escribió.
-Sí, ése es uno de los temas centrales, porque Europa hasta ahora ha sido un proyecto de las elites, que de alguna manera pensaron que la gente no estaba lista para hacerse cargo de Europa. Las elites económicas y políticas ganaron con Europa. Pero la mayoría de los ciudadanos, especialmente los trabajadores, son los perdedores de la integración europea, porque están amenazados por nuevas formas de competencia, pueden ser sustituidos por trabajadores más baratos en distintos países. Hay que pensar en Europa desde el punto de vista de los ciudadanos. Debería haber una Europa en la que la libertad de la gente vaya más allá del nivel nacional, debería haber un sistema europeo de seguridad social, y deberíamos pensar en nuevas formas para la democracia europea. Los ciudadanos tienen derechos formales en las instituciones pero no viven según esos derechos. Dependen mucho más todavía de una visión nacional de la ciudadanía. Tenemos una Europa sin ciudadanos europeos.

-¿Ve algún futuro en los movimientos de protesta, como el de los indignados?
-Sí, hay una sociedad civil que está creciendo, que toma sus libertades más seriamente que antes. El obstáculo básico de la crisis europea es que es una crisis de pensamiento, de definición de nosotros mismos. Estamos pensando todo en términos nacionales: democracia, identidad, parlamentos, derechos. Institucionalmente Europa es mucho más que eso, pero incluso los movimientos de protesta están presos de esta mirada nacional. Espero que llegue el día en que estén conectados, en un movimiento europeo con una visión de una Europa diferente. Hasta ahora existe una dicotomía entre Europa y el Estado nación, que es totalmente equivocada. Si tiene que haber una alternativa, si no queremos las instituciones de Bruselas, deberíamos pensar en una Europa cosmopolita. Y debería provenir de los movimientos sociales, pero también de las instituciones. Hay un proceso de aprendizaje que se está desarrollando. Cuanto más los líderes europeos miran la catástrofe a los ojos, más movilizan fuerzas para inventar nuevos tipos de instituciones. Si existiera una conexión entre los políticos que están inventando nuevas formas institucionales y los ciudadanos que protestan, lo que podría pasar fácilmente, la situación cambiaría profundamente.

-Es una cuestión de ideas.
-Sí, y de superar las barreras nacionales en nuestra manera de pensar. La crisis no ha terminado, no hay solución a la vista, todavía puede haber una ruptura en la eurozona y hasta en la UE.

-¿Por cuánto tiempo puede extenderse este estado de cosas?
-No sé. Si esto sigue como hasta ahora, y ya lleva tres años, la idea de Europa puede agotarse. Puede haber una Europa, pero sería una Europa entristecida, bajo presión, en la que nadie confiará en nadie, que reinventaría estereotipos nacionales. Sería la muerte lenta de Europa. Lamento decir esto, pero Alemania no tomó a Europa como la preocupación central, sino que Europa se definió en términos alemanes. Por nuestros antecedentes, en Alemania, "poder" es una palabra tabú. Tenemos el poder pero nadie lo dice, decimos que estamos "asumiendo la responsabilidad". Ser los que hoy guían a Europa es una buena sensación para Alemania, es pasar del pasado nazi a ser quienes pueden llevar a la UE a la salida de la crisis.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 19/04/2013