dimanche 10 mars 2013

Macarena GARCIA/ El Bolaño más intimo en exposición realizada por su viuda


A DIEZ ANOS DE SU MUERTE|Homenaje en Barcelona:
El Bolaño más intimo en exposición realizada por su viuda
Por Macarena GARCIA

“Archivo Bolaño” reúne libretas, fotos, cartas, apuntes textos inéditos y mas, un exquisito acceso a la trastienda del autor. Su viuda, Carolina López, dice que su principal motivación fue mostrar cuanto trabajo Roberto para convertirse en Bolaño.

Confiesa que esto la pone muy nerviosa. Hoy ha sido la primera vez que Carolina López se ha enfrentado a una conferencia de prensa. Dice que lo hace porque tiene que hacerlo, porque esta exposición fue su idea y les toca –mira a sus hijos, Lautaro (22) y Alexandra (11)-  dar la cara. Le toca. Hasta ahora solo ha hablado una vez con la prensa, en una entrevista a un diario catalán hace y a tres anos.

Pero la prensa –y el comidillo literario- si que han hablado de ella. Que si hace bien publicando los inéditos, que si la mueve el lucro, que si no estaban ya separados cuando él murió, que por qué cambio a Carmen Balcells –la agente de Bolaño de toda la vida- por Andrew Wylie –un agente que regularmente recibe el apodo de “el chacal”, un hombre temido por los editores-. López no sale a contestar, pero añade otra: “que si hay un negro que escribe los libros. Bueno, aquí están los manuscritos”.

Van diez años sin Bolaño. Diez años en que pasó de ser un gran escritor latinoamericano a EL gran escritor latinoamericano. Un nuevo Borges. “El autor por el que todo escritor latinoamericano debe pasar”, resume Juan Insua, el curador de la exposición.

Estuvo inédito hasta los cuarenta. A los 45 publico la laureada “Los Detectives Salvajes” y murió cinco años mas tarde, ad portas de la publicación de “2666” y de las traducciones al inglés que lo transformaron en el autor que todo lector dice haber leído. “La eclosión de Roberto en lengua inglesa nos cayo en un mal momento a mis hijos y a mi”, dice Carolina, “porque él no estaba y nosotros difícilmente nos podíamos”.

Bolaño se hizo mito. Sus novelas aparecieron con fotos de los 70 y se vendió la historia de un beatniks latinoamericano que habría viajado por tierra desde México a Chile para participar del socialismo de Allende, habría estado preso y anos mas tarde ingresaría en una clínica a rehabilitarse de una adicción a la morfina. El como se creo eso mito será madeja a desentrañar por sus futuros biógrafos.

“Archivo Bolaño” puede ser leída como una muestra contra el mito. “Me interesaba mostrar el trabajo. Reivindicar el esfuerzo y el trabajo, la pasión con la que entrego su vida a esto”, dice López. Dice también que contabilizaron más de 14 mil páginas escritas y que catalogar sus escritos le ha tomado siete años. “La gente piensa que Bolaño andaba por allí escribiendo con su mochilita, pero la realidad es muy distinta”.

La muestra se centra en su vida en Cataluña y se divide en tres etapas: los tres anos que vivió precariamente en Barcelona (en un departamento que no tenia ni ducha), los cuatro que paso en Genova, aislado de cualquier escena literaria, y los 18 últimos en el pueblo costero de Blanes, donde se caso y tuvo dos hijos.

Mucho se ha hablado –hablo Bolaño mismo- de la multitud de oficios extraliterarios que desarrollo antes de lograr asentarse como escritor. No habrían sido tantos. Fue, si vigilante nocturno de un camping, como su alter ego Arturo Belano, y se exhiben ahora las libretas que escribía por la noche donde dice que esta cabreado de que los turistas italianos le hablen en inglés. López dice que le conoció poco después que dejase ese trabajo, en 1981, y que desde entonces –aparte de dos días en los que intento ser mayordomo- solo trabajo en una tienda de bisutería que instalo su madre en Blanes. “No diré (que vivíamos) en pobreza, porque pobreza es hambre, pero si con poco dinero”.

Ella, en tanto, trabajada, y trabaja, como profesora. Insiste en ello. En que es una persona común y corriente que tuvo que pedir permiso en el trabajo para inaugurar la exposición. Que solo tiene 22 días libres al año y que le cuesta encontrar el tiempo que requiere gestionar el legado de Roberto. Que ella no es una viuda de escritor. “Mi trabajo es vocacional: ¡me gusta! Si hubiese sido otra mujer, Roberto no se hubiese casado conmigo. Roberto nunca, nunca tuvo como pareja a un florero. Si no ejerces de esposa de… tampoco ejerces de viuda de…”.

La exposición también intenta desmitificar a Bolaño porque en ella aparece la faceta intima del escritor en la que mucho mas que un apasionado poeta beatnik, es un padre de familia. Hay, por ejemplo, una foto de Bolaño cargando a su hija Alexandra en una de esas mochilas portabebés en Venecia (la lleva, si, como un padre inexperto, con los tirantes demasiado largos); otra, un ano mas tarde, con los dos hijos frente a la pirámide del Louvre, y otra con Lautaro delante del foro romano. Vacaciones de cuando ya podían permitírselo. Carolina dice que lo de exhibir fotos no fue idea suya, que los curadores de la muestra –Juan Insua del CCCB y Valerie Miles, coeditara de Granta- se lo pidieron. Ella en un principio se negó diciendo que esas eran fotos de la familia, pero después accedió.

Dice que en esto ha aprendido mucho. Que han aprendido mucho. Que han aprendido mucho, se corrige mirando a Lautaro, quien asiente. Hay unos cuantos textos  sobre él en la exposición. “Llegara el día en que no hagamos/tantas cosas como ahora hacemos juntos/dormir abrazados/cagar el uno al lado del otro sin vergüenza alguna/jugar con la comida a lo largo del pasillo/de nuestra casa de la calle Aurora/Este pasillo débilmente iluminado/que sin duda conduce al infinito”, aparece en una de las tantas, libretas expuestas, esta de 1992, cuando su hijo cumplió dos años.

El aprendizaje de Carolina parece ser el aprender a protegerse. Si en algo insiste ahora es en que no publicaran nuevos libros por el momento. En la conferencia de prensa explica que esperara primero a que se hayan hecho las traducciones a otros idiomas de los ya publicados.

Rato después, en conversación con Artes y Letras, dice que “una cosa es el tiempo de la vida y otra cosa es el tiempo de la obra. Las decisiones las he de tomar con ellos (los hijos), y ella (Alexandra) es muy pequeñita todavía”.

Lo mismo –y quizá mas- tendrá que esperar una biografía. “La vida de Roberto la tienen primero que conocer sus hijos y para eso tienen que crecer. ¿Tu crees que yo voy a ser capaz de explicársela a un biógrafo sin antes explicársela a mi hija?”.

FESTIN PARA BOLANOLOGOS

Juan Insua, curador de la muestra, dice que les movió hacer una exhibición no solo para “bolañologos o bolañistas”, si no también para un público general que se pueda interesar en el universo del autor.

No se cuanto la disfrutaran los segundos –mal que mal es una exposición de textos, de libretas, de apuntes-, pero para los primeros es un completo festín. Hay joyas como una vitrina en la que aparecen dos recortes de prensa chilena que Bolaño guardo –“un poeta chileno muerto de hambre por su mujer”, se titula uno –y paginas del cuento todavía inédito que escribió a partir de ellos.
Hay múltiples esquemas como un detallado mapa de Santa Teresa para “2666”, bocetos para los dibujos de “Los Detectives Salvajes” y una pagina en la que hace “dream teams” de poetas (los latinoamericanos, los españoles, los franceses y los gringos; Nicanor Parra juega con el 10, Vallejo con el 11 y Huidobro con el 9).

Hay también cartas, entre ellas una en la que le pide perdón a Jorge Herralde por copiar líneas de “La Literatura Nazi en América” en “Estrella Distante” –y que se exhibe acompañada de un fragmento en el que ha subrayado las líneas haciendo una contabilidad del autoplagió-. Hay numerosos “escritos de vida”, poemas, autorretratos escritos, apuntes para construir personajes o tramas.

Y esta, por supuesto, el “gancho” de los inéditos: 26 cuentos y cuatro novelas de los que exhiben fragmentos. López insiste en que los que se muestra es solo “la punta del iceberg”, que el archivo es al menos cinco veces mayor de lo que se puede ver y que todavía hay una serie de cuentos y poemas que han rescatado del computador de Bolaño que no han sido catalogados. Dice que esta es una primera aproximación al archivo y que el siguiente paso será una evaluación profunda del valor literario de estas piezas.
  
ARCHIVO BOLAÑO

“Archivo Bolaño” podrá verse hasta el 30 de junio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Después viajaría a Nueva York y más tarde a Madrid (hacia fines de 2014). A modo de catalogo, se ha editado un libro con textos de los escritores Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y Antoni García Porta; la poeta Bárbara Olvido García Valdès ; la critica literaria chilena Patricia Espinosa; la primera editora de Bolaño en inglés, Barbara Epler, y los curadores de la exposición Juan Insua y Valerie Miles. La muestra en Barcelona coincide con el festival literario Kosmopolis, que este ano acoge debates y actividades dedicadas a Bolaño. Entre ellas, destaca el estreno el próximo jueves de la película “Il futuro”, que la chilena Alicia Scherson hizo basándose en “Una novelita lumpen”.

Articulo: http://www.mer.cl 10/03/2013

Pedro Pablo GUERRERO/ De HUIDOBRO a SAFO, sacar a $ 500


SERIE POPULAR|Libros de poesía
De HUIDOBRO a SAFO, sacar a $ 500
Por Pedro Pablo GUERRERO

Hace dos años, Pequeño Dios Editores inicio una colección que difunde versos de autores clásicos y contemporáneos a un precio fijo. Ya han publicado seis títulos y acaban de ganar un fondo del Consejo Nacional del Libro para editar “Azul”, de Rubén Darío.

Miden apenas 12,6x17,7 centímetros, no llegan a las 100 paginas y sus tapas de color fucsia o amarillo captan el interés del lector mas desprevenido. Pero lo que realmente llama la atención es el precio fijo impreso en la contraportada: $ 500. Más barato que un pasaje de micro y la mitad de lo que vale un kilo de pan. Menos que un libro pirata. Menos incluso que la mayoría de los libros usados.

Hasta la fecha se han publicado seis volúmenes en la Serie Popular de Pequeño Dios Editores. “El espejo de agua” y “Ecuatorial” de Vicente Huidobro, fue el primero, en julio de 2011. Le siguieron, ese mismo años, “Entre dientes”, del poeta y traductor argentino Rodolfo Alonso (1934); “Perro de circo”, de Juan Cameron (Valparaíso, 1947); “El hombre invertido”, de Mauricio Barrientos (Osorno, 1960-2011), y “La novela terrígena”, de Mario Verdugo (Talca, 1975).

El libro mas reciente es “Ahora mientras dánzanos” (2012), una muestra de poemas de Safo en versión de Soledad Fariña (Antofagasta, 1943). Honesta, la poeta chilena aclara en la nota introductoria que su trabajo, iniciado a mediados de los 90, no es una traducción directa del griego, sino que nace del descubrimiento de la traducción al inglés de Mary Ethel Barnard: “Sappho: A New Translation” (Berkeley, 1958). Sin embargo, el resultado final tampoco sigue con fidelidad absoluta su versión.

“La musicalidad y el ritmo del idioma castellano dista mucho del que se consigue en inglés –advierte-. Es por eso que he tratado de indicar la cadencia, el ritmo y los silencios mediante espacios en blanco, escogiendo, en algunos casos, cada palabra y frase para situarlas en el lugar donde mejor se acomode a su musicalidad”.
Los versos recreados por Soledad Fariña son transparentes, sobrios, sugestivos, al alcance de cualquier lector. Una invitación a leer y saber más de la poeta griega que vivió entre los siglos VII y VI antes de Cristo.

Acercar los clásicos de todos los tiempos al presente es uno de los objetivos de la colección de poesía creada por Pequeño Dios Editores, sello que en su pagina web (http://www.xn--pequeodios-x9a.cl/publicaciones) ofrece una versión descargable en PDF, gratuita, de todos sus títulos. Este año la cas de publicaciones se adjudico $ 2.035.000 del Fondart para editar “Azul”, libro publicado en Valparaíso el año 1888 por el poeta nicaragüense Rubén Darío, fundador del modernismo en español y piedra basal de la lírica hispanoamericana del siglo XX.

“Nunca habíamos ganado un fondo. Perdimos la virginidad. Esperamos que el Consejo nos siga apoyando. El libro saldrá a la venta en abril”, anuncia el postulante del proyecto, Guillermo García González (Santiago, 1976), poeta avecindado en Talca y editor de Pequeño Dios junto a Pedro Montes, coleccionista de arte y director de la Galería Departamento 21, de Providencia.
La Serie Popular de poesía fue una iniciativa de ambos. “Se inspira en el modelo aplicado por Quimantú durante la Unidad Popular, que es muy similar al actual del gobierno cubano o a lo que implemento Hugo Chávez en Venezuela”, afirma García.

-¿Por qué un precio fijo y como consiguen que sea tan bajo?
-Los libros en Chile no se compran porque son muy caros. El tener un ejemplar de “Azul” de Rubén Darío mas barato que un pasaje de Transantiago es una revolución que rompe ese ciclo. Buscamos que el libro se compre con una moneda. Por eso fijamos su valor en $ 500. Para lograr el objetivo los tirajes son de 2.000 ejemplares y se imprimen al menos dos títulos cada vez. Usamos papeles de bajo costo, y, por supuesto, ediciones rusticas.

-¿Cómo ha sido la recepción de los libros? ¿Han encontrado resistencia de algunos libreros?
-Las ventas han superado nuestras expectativas iniciales. A las librerías tradicionales no les gusta este formato porque estos libros compiten con su propia venta y el margen que les deja no llega a $ 200 por ejemplar. Hay que destacar brillantes excepciones como esa isla llamada “Metales Pesados”, de Paula Barría y Sergio Parra.

-¿Por qué partieron con “El espejo de agua” y “Ecuatorial”?
-Pequeño Dios Editores se funda en el año 2002 como modesto homenaje a Vicente Huidobro. La Serie Popular no podía iniciarse con otro autor que no fuera él. En ese aspecto somos tan dogmáticos como Quimantú.

-¿Cuál es la idea de alternar poetas clásicos, es decir muertos, con autores vivos?
-Igual que en el futbol: se requiere juntar experiencia con juventud, consagrados con debutantes. Creemos que eso le da un equilibro a la serie. Por eso incluimos reediciones con nuevos títulos. Vamos a mantener esta línea. Como anécdota, te comento que cuando editamos a Mauricio Barrientos, él estaba vivo y hoy paso a la categoría de los muertos.

-La mayoría de los libros no tiene prólogos ni notas introductorias, salvo en el caso de los poemas de Safo. ¿Por qué esta opción?
-Tratamos de hacer ediciones lo mas cartas posible. No venimos a pontificar. Una foto del autor en blanco y negro sin PhotoShop, una breve biografía y a los leones. ¡Los poemas deben hablar por si mismo! Si el lector quiere notas introductorias, prólogos o estudios críticos, que use Internet o vaya a la Biblioteca Nacional.

Articulo: http://www.mer.cl 10/03/2013

mercredi 6 mars 2013

María Cristina JURADO/ El mundo intimo de Siri HUSTVEDT y Paul AUSTER


El mundo intimo de Siri Hustvedt y Paul Auster
Por María Cristina JURADO

Dos días después de la tormenta Nemo, los novelistas y ensayistas, juntos desde hace 32 años, abrieron su casa en Brooklyn para compartir su universo privado. En un delicado esgrima intelectual, Paul y Siri repasaron su método, sus días de pobreza, el éxito y la rivalidad, su pasión por la escritura y ese apego afiebrado por el otro, que tres decenios no han desteñido.

- ¿Quieres una copa de vino?
Paul Auster abre la puerta de su casa Brownstone en Brooklyn –que en 1892 nació como una mansión de ladrillos y ventanas angostas – y camina hacia la alacena. Deposita la botella de Sancerre blanco sobre su mesa de laca bermeja. No espera la respuesta: la descorcha, sin sonreír. Auster es alto, apuesto, con ojos de gato que penetran al interlocutor sin piedad. Un hombre bello que irradia fuerza, como su escritura, traducida hoy a más de 40 idiomas. Su presencia intimida, llena la pieza y todas las piezas de esta que ha acogido a muchas familias a través de un siglo.

Por la antigua escalera, se escuchan los pasos de su mujer desde hace 32 años, premiada con el Gabarron 2012 y autora de los libros que este verano fueron la lectura de Michelle Bachelet en Caburgua.

Muy rubia, estilizada como una gacela, Siri Hustvedt, descendiente de noruegos, ensayista y escritora y, últimamente, cotizada conferencista en seminarios científicos, sonríe desde el rellano.
Son las cuatro de la tarde en Park Slope, Brooklyn. Afuera cae la nieve y el aire se congela a once grados bajo cero.

 La tarde se desliza sobre los tejados decimonónicos. Cónsul bullicio y sus letreros de neón, Manhattan vibra a los lejos.
Muy pocas veces los Auster han accedido a conversar juntos. Brillantes ambos, activos en su ping-pong intelectual y emocional, a veces ácidos y otras, militantes, el discurso de los dos escritores se entremezcla, compite, colisiona o se deja llevar, placido, frente a alguna materia en que por fin están de acuerdo. Y es ella la que, al principio de esta tarde, da la clave:
-Estamos chocando continuamente. Es parte del encanto de nuestro matrimonio. No siempre estamos de acuerdo, y muchas veces nos cuesta, pero ahí residen el interés  y el placer en la otra persona. Muchas mujeres, abrumadas, dicen: “Quisiera tener una esposa que me cuide”. ¡Pero yo no quiero eso! ¡Quiero a alguien que me desafíe, que me lleve la contra! Un hombre con quien conversar profundamente, un compañero, mi equivalente intelectual. Alguien con quien debatir, si es necesario, toda la noche. Muchas veces con Paul hemos vivido conflictos, pero jamás nos han paralizado. Estar en desacuerdo y polemizar es lo que ha hecho entretenido este matrimonio, ¡y ya son 32 años!

Paul Auster, escritor prolífico –casi un centenar de títulos entre novelas, ensayos, guiones de cine, libretos de teatro, memorias, relatos y poemarios-, multipremiado internacionalmente y cineasta de culto, uno de los grandes nombres de la novela estadounidense del siglo veinte, va mas lejos. Sus palabras resuenan en el antiguo comedor donde se acoda don su mujer, mientras la nieve cae, incesante:
-Una vez dije que conocer a Siri me salvo. Salvo mi vida, porque descubrí a la mujer que amaba. Ella me dio, por primera vez, un sentimiento de unión con otro ser humano. Es verdad hasta hoy. Para mis estos 32 años han sido una aventura permanente. Cada día con ella es una aventura. Solo puedo decir, después de tanto tiempo, so far, so good.

Golpea tres veces con sus nudillos en la mesa roja bebe el Sancerre en su vaso vidriado. No toma en copa, no usa computador, no tiene email. Mira a Siri con sus ojos de gato, que brillan bajo la lámpara de cristales y dice:
-Es verdad, Siri, nunca he tenido un mejor amigo que tu.

El silencio que sigue a sus palabras retumba en el salón. Nadie se atreve a romperlo. Con sigilo, el equipo de fotógrafos alista sus telones, desplegados sobre el piso recién renovado de los Auster. Hay velas rojas y blancas, traídas de Noruega, repartidas por todos lados.
Parecen las velas de un barco.

Hubo un día en que Siri Hustvedt y Paul Auster no vivían en esta casa de techos altos, caobas y alfombras persas. No existía la lámpara Tiffany ni la colección de porcelanas antiguas –regalos de la madrina de Hustvedt- que hoy preside el comedor en un aparador que alguien instalo hace mas de cien anos. Tal ves, y a lo mas, a Paul lo acompañaba su fiel hilera de maquinas de escribir en miniatura que hoy, en este invierno furioso en Nueva York, se desperdiga en cada rincón de los tres o cuatro pisos que la pareja habita. Eran tiempos duros. Tiempos de pobreza. El novelista, que acumula una docena de premios internacionales, entre ellos, el Médicis de Francia y el Príncipe de Asturias, recuerda esos brutales días de carencia. Sin emoción. Sin compasión:
-Yo fui pobre y pasé apreturas demasiados anos, de niño, de adolescente, de adulto joven. Era pobre y, cuando me casé con Siri y después nació, en 1987, nuestra hija Sophie, vivíamos en un departamento diminuto. A veces me preguntan qué es para mí el éxito. Es una pregunta difícil, que me obliga a plantearme al frente de mi obra como escritor, a mirarla desde afuera. Porque el éxito refleja como los demás te ven, no como uno se siente. Uno solo hace su trabajo. Mi primera novela fue rechazada por 17 editores y ahora esta publicada en 43 idiomas. Fueron 17 editores que no la entendieron –porque nadie la entendía-, pero yo sabía que ahí había algo. Tenía razón.

Ahora la encuentran genial. No sé como se mide el éxito, porque, si te miden, te conviertes en objeto y yo me resisto. Para mí el éxito es contestarme estas preguntas: ¿Puedo hoy ganar suficiente dinero para seguir trabajando? Eso es todo lo que me interesa, por eso para mi el dinero fue un gran tema durante anos. Me marco, porque sentía que tenía que escribir y más de alguna vez despaché rápido un texto para poder conseguir unos dólares y comer o pagar el arriendo. Puedo decirte que, cuando no se tiene dinero, solo se piensa en él. Es el único pensamiento que llena tu mente. Hasta que tuve 40 o 41 años, luché para sobrevivir y, por eso, los últimos 25 anos de mi vida han sido muchos mejores que los 40 anteriores. Aprendimos con Siri que lo mejor de tener dinero es no tener que pensar en él. Para ella, la gran independencia económica que le ha dado su escritura ha sido un regalo.

Época dura los ochenta. Ella evoca: “Éramos dos escritores oscuros que casi no habíamos publicado y nadie conocía en Estados Unidos”. La autora de “La mujer temblorosa” y “El verano sin hombres” –con media docena de novelas traducidas a 30 idiomas, además de ensayos y poemarios- también era pobre: había llegado desde Minnesota a Nueva York para estudiar en Columbia. Sobrevivía con pequeños trabajos:
-En la universidad trabajé muy duro para subsistir. Fue difícil, hacia mil trabajitos, lo que llegara. O no comía. No olvido mi pasado y por eso sé que el éxito sirve para ser libre. Hoy tengo independencia financiera gracias a mi trabajo y eso me otorga libertad. El éxito me  ha hecho independiente y libre, también de Paul. Por primera vez, los dos trabajamos tranquilos, sin sobresaltos.

Al nacer Sophie, quien hoy es cantante y actriz y vive en Tribeca, al sur de Manhattan, Auster emigro de su casa para poder escribir. Mantiene el hábito:
-Era tan diminuto nuestro departamento que, ahora que éramos tres, ya no cabía yo cuando escribía. Era imposible concentrarme por falta de espacio, entonces arrendé un pequeño estudio para poder trabajar. Escribí ahí varios anos y, cuando nos pudimos comprar esta casa, me trasladé con mi maquina de escribir al subterráneo. Pero cuando la hermana arquitecta de Siri le remodelo su propio estudio de trabajo, creo que sentí envidia. ¡Era tanta la luz, tan claro el espacio, algo fascinante!

Con Siri Hustvedt instalada en el piso superior –un estudio tapizado de libros con una luz brillante que rompe el invierno- Auster abandono su subterráneo y el comedor, en cuya mesa trabajo por anos, y arrendó un estudio vecino. Se convirtió en su espacio. Desde allí capto la atmosfera multirracial de Brooklyn que, junto a Manhattan, constituye uno de los nervios centrales de su obra.

Auster pertenece a Nueva York. Hoy se toma largas pausas entre libro y libro, lo que no hace su mujer. En ellas sale poco, se ha vuelto muy casero, dice su mujer con una carcajada. Él la interrumpe. Alega que nunca tanto, que no ha visitado su estudio porque, desde Navidad, no han parado de viajar. No están de acuerdo una vez más.
Se ríen, cómplices.

-José Donoso y Roberto Bolaño fueron dos ejemplos de escritores que arrendaban estudios para escribir. ¿Es una cosa de hombres?
Siri Hustvedt salta. Responde con ojos flameantes:
-¡No! ¡Te olvidas de Virginia Woolf! Ella fue la primera escritora que identifico la necesidad de un cuarto propio y lo defendió en “A Room of one’s own”. Dejo establecido que los hombres se sienten con el derecho natural a tener su propio espacio para crear, mientras que las mujeres tenemos que pedir permiso y perdón. Virginia nos enseño que, para una escritora o pintora o escultora, tomarse el espacio y el tiempo necesario para la creación es un derecho fundamental. Lo es para cualquier artista.

A Siri Hustvedt el feminismo le brota. No es novedad; como escritora y charlista, ha sido casi militante.
-Nos han preguntado- sobre todo al principio, ahora mucho menos- si, a pesar de nuestro sólido matrimonio, hemos sido una pareja de creadores afectada por celos profesionales. El caso es que, íntimamente, somos muy buenos amigos y nos apoyamos en esencia. Fue así desde el principio. La irritación que a veces siento no proviene de nuestra relación, sino de afuera, por comparaciones de nuestra obra, de nuestra fama o por presunciones sexistas, visiones que nos ponen como antagonistas. Eso es muy irritante. Hay algo claro: Paul era un escritor absolutamente oscuro cuando lo conocí. Nunca fui una mujer que se impresionara con su éxito o celebridad, simplemente porque en esa época ni siquiera lo conocían en Estados Unidos. Durante anos escuché lo contrario y siempre me indigno, era una presunción sexista. Yo nunca fui la pobre estudiante que se encandilo con el escritor famoso.
Paul Auster:
-Cuando nos conocimos, en los inicios de los 80, yo no era famoso. Solo había publicado poemas, ninguna novela aun y, a lo mas, tenia cien lectores en el mundo. Después de anos de traducciones y poesía, terminaba mi primer trabajo en prosa “La invención de la soledad”. Eso si, no olvido que empecé a escribir prosa a los 15, para después pasar a la poesía. En ese tiempo, como Nathaniel Hawthorne dijo antes de publicar “La letra Escarlata” en 1850, yo era “el mas oscuro escritor de las letras norteamericanas”.

Son las seis y media. La botella de Sancerre esta vacía. En un rato los escritores comerán en el Pen Club de Manhattan. Para prolongar la conversación, que la oscuridad de la ventana ha vuelto mas intima, ella cancelo una cita. Él continúa hablando con un discurso magnético. Siri Hustvedt y Paul Auster reconocen puntos de referencia comunes en su método de creación. Por ejemplo, saben que nadie escribe por conveniencia: un escritor no elige, es elegido por su escritura. Espontánea y suelta, esta nórdica criada en Estados Unidos sube, con risas, al baño. Al regreso dice:
-Hay algo en lo que ambos coincidimos profundamente. Ningún creador escribe porque lo eligió, la escritura te ha elegido. Es una urgencia, una necesidad en tu vida. Si no escribieras, te faltaría algo desesperadamente esencial.
Por eso, compartir 32 años ha sido tan gratificante para Paul y para mi, porque tu sabes en qué esta el otro, aunque no te lo diga. Hay una comunicación real y espontánea.

Paul concuerda. “Me han preguntado cien veces si ser ambos escritores me dificulta o facilita vivir con Siri. Siempre respondo igual: no veo lados negativos, jamás ha sido un problema, al contrario. Tengo la suerte de vivir con alguien que comprende lo que hago, y por qué lo hago. Y tengo a la lectora más inteligente a que podría aspirar en mi propia casa. Es un lujo. Ni una sola línea mía sale de aquí sin la venia de Siri. Es la crítica de mis libros que mas respeto en el mundo. Al revés, yo le leo cada silaba. Los editores casi no nos editan. Cuando reciben el manuscrito, ya es una obra terminada”.
La sorpresa en la vida diaria es un ingrediente fundamental para los Auster de Brooklyn. Es con los ojos llenos de entusiasmo que el escritor de 66 anos ahonda en el tema:
-Uno de los grandes placeres que vivimos es que continuamente nos sorprendemos con nuestra escritura. ¡Es un proceso fascinante! Leo algo tengo que correr a preguntarle: “¿De donde sacaste esto, como se te ocurrió? No, sabia que tenias esto adentro tuyo”.

Siri explica esta sorpresa a través de la mente humana. En los últimos anos, su interés por la ciencia y el cerebro, además de ser un motivo en sus novelas, la ha llevado a reinventarse como conferencista científica. Con 57 recién cumplidos, se declara una estudiante perpetua. El tema de la mente es una de sus fascinaciones. Recibe invitaciones de grupos de psiquiatras, psicólogos y médicos que requieren su palabra. “No tengo dudas de que en el trabajo literario, aflora la parte subliminal de una persona, como si la personalidad y los pensamientos se volvieran material de literatura. Es por esto que Paul y yo nos sorprendemos tan seguidos, porque no conocíamos esa parte de nosotros mismos. No nos imaginábamos que existía”.

-¿Puede ser que uno no se conozca después 32 años?
-¡Claro! Hay que tomar en cuanta que no solo la otra persona es un extranjero en nuestras vidas también lo somos para nosotros mismos. Esa dualidad no puede olvidarse. Todo trabajo creativo, no solo la escritura, también la plástica, la música, las matemáticas, emerge a veces como algo totalmente ajeno a su creador.
La mente trabaja en forma secreta e independiente. Es fascinante y es la causa de nuestra sorpresa. Particularmente, y esto es muy importante, porque solo nos leemos al final de nuestra escritura, cuando el libro esta terminado. Jamás nos mostramos un trabajo en proceso.

Paul Auster detalla la formula que inventaron para calibrar su producción literaria:
-Jamás nos mostramos ni discutimos un libro antes de terminarlo. No hablamos del terna, ninguno tiene idea de lo que el otro esta escribiendo, no hay atisbos a la producción del día a día. Es un misterio que se revela solo al final, es mucho más interesante. Nos hemos acostumbrado a respetar el silencio y la total privacidad del otro en su acto de creación. Esta es una actividad tremendamente solitaria y, si no te gusta estar solo, dedícate a otra cosa. Como escritor pasaras la gran parte de tu vida en soledad.

Siri, atenta a que no se desvirtúe su propia visión de los hechos –actitud que preside toda su conversación- interrumpe: “Es verdad. Pero también es cierto, y creo que Paul concordara, que cuando ambos cerramos el lapicero, la maquina de escribir y el computador  y nos preparamos para disfrutar nuestra noche –la comida, nuestra conversación-, dejamos de ser escritores, ya no trabajamos. Admito que, a veces, los personajes de una novela siguen danzando alrededor mío y me hablan en la cama. Pero hemos aprendido a hacer un corte, la comida es la comida y mi marido es mi marido, no Paul Auster el gran escritor, y yo soy solo Siri”.

-Tienes que hacerlo. He aprendido con los años que, una vez que cierras la puerta de tu estudio, no debes pensar más en ese libro. Ahí es cuando se pone a trabajar tu inconsciente. Él trabaja mientras tú comes, ajeno a todo. Es una maravilla y funciona como reloj, dice Paul.

-¿Su mente sigue trabajando en su novela?
- (Sonríe) Estoy convencido de que el inconsciente soluciona muchos problemas en la creación. Hay que dejarlo, darle espacio. Muchas veces dejo mi estudio en la noche, bien complicado, sin saber como resolveré la situación. Cierro la puerta y me pongo a hacer otra cosa, como o hablo con un amigo. Después me voy a la cama con la mente en blanco. Al otro día, en el 80% de los casos, sé exactamente como salir del embrollo. Mi inconsciente trabajo por mí mientras yo dormía placidamente. Con Siri, quien hablo de esto en “La mujer temblorosa”, sabemos que el trabajo subliminal no para en la vida de un escritor. Es así para todos.

Siri interviene: “Una vez, hace tiempo, un amigo científico me contó que tenia un problema con una formula, llevaba días. Se fue a dormir y sonó que X e Y eran hermanos. Al otro día tenia la solución. No solo el sueno resuelve problemas creativos, también ayuda a calmarse: el relax tiene una función aclaradora. Moverse es también importante. No hablo de correr cien metros planos, sino de subir una escalera, dar vueltas en una pieza, prepararse un café. La actividad motora suelta las ideas. Cuando yo estoy atrapada en mi escritura, bajo y me pongo a doblar la ropa recién lavada. Y veo claro. Escribir es una acción muscular, de ahí sube la idea. Paul, que lo retrato muy bien en “Diario de Invierno”, su ultima novela publicada, ha dicho que, para él, escribir es como hacer música, y la música es parte del cuerpo. Me gusta mucho citar a Einstein, cuando explico que su trabajo nada tenia que ver con ciencias, lingüística o matemática. Que era un proceso visual, muscular y emocional. Es la base de todo trabajo creativo.

Mientras la tarde se hace noche, coinciden en que no tienen ceremonia especial ni amuleto antes de empezar un nuevo libro. Ni pulsan la primera tecla vestidos con un suéter azul ni observan una fecha, como hace la Premio Nacional de Literatura 2010 Isabel Allende, para quien el 8 de enero es sagrado. Auster irrumpe con una precisión:
-Aunque los dos empezamos un libro solo cuando hemos terminado el anterior, mis dos últimas obras fueron comenzadas, por casualidad, un 3 de enero. “Diario de Invierno”, el 3 de enero de 2011, y éste, que será publicado este ano, el 3 de enero de 2012. Conclui “Report from the interior”, en Navidad. Son trabajos gemelos. “Diario de Invierno”  habla de cosas y hechos físicos que me ocurrieron o me ocurren. Este nuevo es sobre aspectos espirituales, emocionales e intelectuales. Ambos libros se complementan.

Paul dice que sus libros mellizos retratan el despertar de la conciencia cuando niño y después como adulto joven. “Por ejemplo, ¿Cuándo fue la primera vez que me di cuenta de que era un estadounidense? ¿Cómo respondí en mi infancia a la conciencia de que era judío? ¿Cómo evoluciono mi pensamiento? Tiene que ver con el despertar de la conciencia, mi ideas políticas, mis ideas morales”. Curiosamente, el premiado novelista no los ve como autobiográficos.

-De ninguna manera y es extraño. No son autobiográficos en el sentido clásico. Primero, están escritos en segunda persona y, segundo, pueden tratarse de la vida mía o de la de cualquier persona. Quise retratar y compartir mi experiencia de los hechos más banales en la vida de un hombre, como un ejemplo de lo que se siente al estar vivo. Eso es todo. Creo que un lector puede identificarse o usar estos libros como un catalizador para reflexionar sobre su vida y si mismo. Son trabajos fragmentarios, como partituras de una música.

-¿La memoria y la imaginación son importantes?
-¿Acaso hay alguna otra cosa? Son fundamentales. No solo para un escritor, para cualquier persona. La memoria es la que hace ser quienes somos, tener conciencia de existir. Es la base de referencia de haber vivido.

Siri Hustvedt también inicia el 2013 con un libro nuevo. Se llama “The Blazing World” (El mundo ardiente o abrasador), tiene muchos personajes que hablan en primera persona y se centra en una artista visual muerta. Igual que su marido, la escritora y ensayista lo entrego al editor en Navidad.

Cuando se habla de creatividad, a Paul Auster no le alcanzan las palabras. Comenzó escribiendo prosa a los 15, paso a la traducción y a la poesía. En algún minuto se sintió atrapado en su poemas, “como paralizado en un rinconcito de esta mesa, sin poder desplazarme al resto del mueble”; retorno a la prosa y ahí encontró su verdadera vocación. Un proceso de muchos años que lo ha llevado a la celebridad y a la tranquilidad. Siri Hustvedt también comenzó en la poesía y fue derivando a la prosa. Su marido explica:
-En un momento supe que ya no podría escribir poesía, era un terreno limitado. Comencé a repetirme, de las cosas peores para un escritor. Me tomé una pausa de un año –creo que escribí una novelita de detectives porque necesitaba desesperadamente dinero-, y cuando volví, fue en prosa. Ya no pude parar. Hay algo en todos los artistas que nos conecta directamente con la infancia y el juego. Los niños inventan juegos todo el tiempo; es parte de crecer. Los artistas seguimos haciéndolo el resto de nuestra vida. Solo nosotros somos capaces de convertir esa vocación infantil en nuestra profesión y la aplicamos al proceso creativo. Esa es, finalmente, la gracia de esto, el placer de crear. Reconozco que a veces digo que la escritura es una enfermedad. Porque el arte puede ser y es un proceso doloroso. Es contradictorio, te da inmenso placer, pero, para hacerlo bien, tienes que investir mucho y tener una gran fuerza emocional. Un escritor mira al corazón de las cosas.

Siri Hustvedt redondea la idea y aclara, mientras los fotógrafos guardan sus equipos y la cortina de nieve cae, cerrada, en los vidrios:
-Para convertirte en artista es fundamental aferrarte a la idea de una grandeza adaptada, sentirla adentro, en tu corazón y en tu mente. Significa tener un sentido muy firme y claro de que hay algo adentro tuyo que es valioso y que vale la pena compartir con los demás. Ese es tu impulso creativo, el que te hace perseverar. Estar convencido es la clave, porque nadie, nunca podrá remecerte. Paul siempre recuerda a Ingmar Bergman, cuando decía “Mi trabajo como director de cine es convencer a mis actores de que su trabajo importa. Porque todo lo que hacemos es de mentira, no existe”.

Si Hustvedt se ha reinventado como conferencista científica, Auster se concentra en la escritura. Pero añora hacer películas y es considerado un cineasta de culto, después de sus incursiones de los últimos quinces años.
-Adoro filmar. Pero hacer cine es muy caro: necesitas un millón de dólares para una película. Y el tipo de cine que me interesa –obras pequeñas, modestas, fuera del mainstreams- no encuentran financiamiento. No me cierro a la idea de volver a tomar una cámara. Solo que escribir es mucho mas razonable, porque también me encanta hacer novelas, se distribuyen rápido y llegan a millones de lectores, después las traducen en 40 o 50 idiomas… entonces el esfuerzo creativo ha valido la pena. Pero con Siri decimos siempre que uno nunca sabe a donde lo llevara la vida. Si tú no hubieras conocido hace 25 años, sabrías que hoy somos los mismos, pero también somos otros.

Articulo: http://www.mer.cl 26/02/2013

Pedro Pablo GUERRERO/ Publican “El poeta anónimo”, libro póstumo de Juan Luis MARTINEZ


POETA CHILENO|Editado en Brasil
Publican “El poeta anónimo”, libro póstumo de Juan Luis Martínez
Por Pedro Pablo GUERRERO

La prestigiosa editorial brasileña Cosac Naify publico la obra en la que el poeta chileno trabajo hasta el día de su muerte, ocurrida el 29 marzo de 1993. El libro apareció en el marco de la 30ª Bienal de Sao Paulo – donde se exhibieron obras de Juan Luis Martínez-  y se presentara a fin de mes en el Parque Cultural de Valparaíso.

Corre 1991 y el psicoanalista francés Félix Guattari, coautor junto a Gilles Deleuze de El anti-Edipo, visita Chile, da una serie de conferencia y se reúne con Juan Luis Martínez, de quien ha leído La nueva novela (1977), libro-objeto en vías de transformarse en objeto de estudio académico y, al mismo tiempo, en objeto de culto para coleccionistas. Guattari morirá el ano siguiente; Martínez, en 1993.

Leída desde el presente, la conversación que sostuvieron revela indicios testamentarios. El poeta se muestra más apocalíptico que el filósofo. “Yo creo que las cosas se van a terminar”, dice, y manifiesta su convencimiento de que la cultura y Occidente con sus institucionalidades están quedando fuera. “He trabajado estos últimos quince anos en un libro que es muy extenso”, le confiesa de pronto a su interlocutor. “He pretendido que sea un libro intolerable. Así es que si no me encierran, es una casualidad”.

El poeta anónimo (o el eterno presente de Juan Luis Martínez) era ese libro intolerable, del que su autor se cuida de mencionar el titulo y dice no saber nunca si esta concluido. Postergara esa decisión hasta el límite, dejando las cosas en manos de una posteridad no menos incierta.

-Tres días antes de morir- recuerda Eliana Martínez, su viuda- él me pidió destruir todos sus escritos poéticos. Pero me dejo sus objetos poéticos, las pinturas, los grabados, las serigrafías, los collages. En este caso, El poeta anónimo si podía ser publicado, pero veinte años después de su muerte, que justo se van a cumplir este mes.

Así dicho, suena como un proyecto minuciosamente calculado, pero el camino fue mucho más azaroso de lo que se puede imaginar.

El galerista, el curador y el magnate

Todo partió cuando el coleccionista de arte Pedro Montes Lira, director de la galería Departamento 21, le llevo hace unos anos un ejemplar de La nueva novela al venezolano Luis Pérez-Oramas, poeta y curador de arte latinoamericano del MOMA de Nueva York. El interés que le produjo el libro lo decidió a visitar en 2010 la primera muestra dedicada en Chile a los trabajos visuales de Juan Luis Martínez. No olvido esa visita. Cuando lo nombraron curador de la 30ª Bienal de Sao Paulo –realizada entre septiembre y noviembre de 2012-, Pérez-Oramas decidió que el chileno seria unos de los artistas invitados.

En su viaje a Santiago para revistar las obras, Pedro Montes le mostró el original del libro que el poeta había dejado inédito.

Se lo había pasado Eliana Martínez junto con varias obras visuales. Guardado en un archivador de tapas duras, de esos que se usan en las oficinas, El poeta anónimo era un mamotreto de más de 300 hojas perforadas: fotocopias en perfecto orden, sin numerar, llenas de textos e imagines de la más diversa procedencia, organizados a la manera de collages. Una obra compleja, irónica y abrumadora en la que Martínez apenas incluye palabras de su autoria.

Ya le había dicho a Guattari: “Se ha producido el encuentro con una obra que podría ser interminable, lo cual es de mucho riesgo. Entonces hay que ejercer la voluntad de establecer un corte, cerrarla en alguna parte. Ahora mi mayor interés es la disolución absoluta de la autoria, la anonimia, y el ideal, si puede usarse esa palabra, es hacer un trabajo, una obra, en la que no me pertenezca casi ninguna línea, articulando en un trabajo largo muchos fragmentos. Son pedacitos incluso que se conectan. Es un trabajo de Penélope”.

Luis Pérez-Oramas quedo fascinado con el inédito. Supo de inmediato que debía publicarse aprovechando la bienal y le aconsejo a Montes llevárselo a Charles Cosac, uno de los propietarios de la editorial brasileña Cosa Naify, sello refinado y vanguardista dedicado principalmente el arte contemporáneo.

Poseedor de una considerable fortuna personal heredada de sus ancestros sirios, Cosac es un excéntrico –usa tunica, incrustaciones de piedras preciosas en los dientes y un collar con pequeños huesos de un abuelo muerto- que suele guiarse principalmente por su gusto, sin mayores consideraciones económicas.

Montes tuvo dos reuniones con el editor-mecenas, quien vive en un departamento de 400 metros cuadrados, alfombrado entero de rojo y repleto de obras de arte.

“Un tipo muy silencio y emotivo, que hojeo el libro disfrutándolo y engancho”, recuerda Montes.
Llegaron al acuerdo de realizar una edición facsimilar. Las páginas se digitalizaron en la oficina de Pedro Montes en Santiago, pero el libro se imprimió en Sao Paulo. El contrato fijo una tirada de mil ejemplares, 400 de los cuales se enviaran a Chile, donde Montes se reservo el derecho de distribuir y reimprimir la obra.

-Me preocupé de hacer un libro sumamente universal- dice el galerista-, manteniendo los originales y la portada sin ninguna intervención. Los textos de tapa están en mayúsculas, sin acentos de español ni portugués, cosa de no meternos en un tema de lenguaje. Quisimos hace un trabajo fino, pero sencillo, por lo que no usamos tampoco papel brillante.

Llama la atención que el libro no contenga ninguna clase de prologo.
-Lo pensamos- admite Montes- Yo no sé en Chile o afuera existe alguien que hubiera podido presentarlo. Nos estuvimos devanando los sesos un buen rato, y la verdad que fue Charles Cosac quien dijo: “No, esto se presenta tal cual como lo dejo Juan Luis Martínez”. Me parece que fue una decisión súper correcta no meternos con nadie. Es muy típico de Chile que los poetas presenten a otros poetas.

Libro túmulo

Por decisión de Cosac, El poeta anónimo tampoco tiene solapas con la biografía del autor ni un texto de contraportada sobre el contenido de la obra. “Es un libro hermético, un poema cifrado, una cabala”, escribió Luis Pérez-Oramas en un articulo publicado recientemente por Folha de Sao Paulo (ver recuadro). En vez de esos signos de autoria, el editor añadió una funda de cartón negro. Diego Maquieira, que fue invitado a exponer en la 30ª bienal y participo en la segunda entrevista de Montes con Cosac, opina que con este diseño el libro parece una tumba o sarcófago. La alusión del propio Juan Luis Martínez a su obra como un “trabajo de Penélope” es significativa en este mismo sentido: en la Odisea, la mujer de Ulises tejía un sudario.

Pérez-Oramas habla simplemente de túmulo. El Simbolismo de este monumento funerario se extiende a los materiales de libro: fotos que muestran tumbas de poetas notables, mascaras mortuorias, retratos de los asesinados García Lorca y Marat, los cinco revolucionarios ahorcados qui dibujo Pushkin, “los próceres y los mártires anónimos de Chile”, desde José Miguel Carrera a los detenidos desaparecidos.

Pedro Montes aporta un dato de interés al respecto: -Al principio no sabíamos si el libro estaba terminado, porque no había índice. Partía de una manera extraña, con la frase “Le tombeau de Baudelaire”. Incluso pensábamos que ese era realmente “El castillo de la pureza”, que es una página en blanco. Tiempo después Elianita Martínez encontró la portada, las páginas iniciales y el índice, todo diseñado por el mismo Juan Luis Martínez. El libro estaba completo.

¿En qué consistían los materiales hallados? A continuación de la pagina con el titulo del libro y el pie de imprenta (“Ediciones Archivo Santiago de Chile 1985”), viene una pagina con la frase “El durmiente del valle” (titulo de un poema de Rimbaud) y luego otras dos en las que se repite la misma expresión, pero en plural: “Los durmientes del valle”. Debajo de esta ultima, Martínez añade: (Lonquén, Chile)”, y una serie de pequeñas siluetas invertidas de animales que parecen terneros o algún otro tipo de ganado.

El índice anuncia ocho secciones correspondientes a los ochos trigamas (figuras de tres líneas) básicos del I Ching o Libro de los cambios: La tumba de Baudelaire (Khien); Poesía y prosa de ultramar (Tui); El profesor de historia (Li); El honor de los poetas (Kan); Los signos troquelados (Sun); El significante y el significado (Khan); La desolación de la quimera (Kan) y Epilogo: viene anos después (Khwan).

Por alguna razón, el autor repite el trigrama Kan unido a dos figuras distintas. ¿Error del original? ¿Despiste del autor? ¿Licencia poética? Difícil saberlo. Sorprende, en todo caso, ese interés de Martínez por el I Ching. Una de las escasas señales de ruta que el poeta dejo esta, nuevamente, en la conversación con Guattari: “Mi próximo trabajo tiene mucho que ver con China; con la China actual, incluso”.

Pedro Montes recuerda que los signos del I Ching también aparecen en otro proyecto visual en el que Juan Luis Martínez trabajo durante sus últimos años de vida, patrocinado por una beca de la Fundación Andes: una serie de 55 pictogramas que el Departamento 21 publico como Aproximación del Principio de Incertidumbre a un proyecto poético (2010), titulo tomado de un informe que el autor envío a la Fundación.

-Juan Luis Martínez estaba interesado en todo- recuerda Montes-, no solo en el I Ching, que era una herramienta más en este libro. Quizás le dio el ordenamiento para armar los capítulos o quizás había también algo mas profundo. Eso les toca a los críticos, a ver quien se atreve, quien se tira a la piscina con este libro tan complejo.

***
“Un libro que se ve mas de los que se lee”

Juan Luis Martínez, poeta chileno nacido en 1942 y fallecido en 1996, es la figura literaria que clausura, en la América Hispana, la gran tradición poética moderna iniciada por aquel golpe de dados de Stéphane Mallarmé que había sido implantada y transformada, precisamente en Chile, por Vicente Huidobro, a inicios del siglo XX.

Mallarmé, Huidobro, Martínez constituyen pues una genealogía fundamental dentro de la historia de la poesía moderna escrita en América, una poesía que deshace su canto en la mudez del espacio, o que se deshace de versos para hacerse arquitectura de palabras encontradas en el firmamento blanco y oscuro de la pagina, en la materia densa y leve del lenguaje.

En verdad, los espejos son paralelos: Juan Luis Martínez nace en 1942; Mallarmé, cien anos antes, en 1842; muere Mallarmé en 1898; Juan Luis en 1996, y por ínfimos dos anos su espacio de vida no se hizo idéntico, sobre nuestro siglo, a la sombra ilumínate de Mallarmé sobre el suyo. Aun más: en el delirio de su muerte, Mallarmé ordeno quemar su obra, como también lo hizo Juan Luis. En ambos casos, este espejo último del desvanecimiento se ha roto. Porque las obras son mas poderosas que las vidas, o que su ultima sombra, la muerte.

El poeta anónimo es un libro que se ve más de lo que se lee; o que se ve como si se lo leyera; o que se lee como si se lo viera. Poesía encontrada –Ready Made poético- en él no hay una sola frase escrita por Juan Luis Martínez, y si muchas, todas, por él halladas en el babélico laberinto de las lenguas: castellano, inglés, francés, alemán, italiano. Sus materiales –que no su materia- provienen de numerosísimas fuentes: cómics, obituarios, prensa negra, ensayo antropológico, teoría literaria, historia de la pintura antigua, plegarias, misceláneas, caricaturas, noticias, publicidad, felicidad de la nostalgia, y nostalgia de la felicidad –como se lee en un titulo de prensa estratégicamente convertido en verso de El poeta anónimo.

Articulo: http://www.mer.cl 03/03/2013

Juan Pablo BERTAZZA/ Michel HOUELLEBECQ: El pintor de la vida moderna


Michel HOUELLEBECQ:
El pintor de la vida moderna
Por Juan Pablo BERTAZZA

A los lectores de Michel Houellebecq no les habrá pasado por alto que en todas sus obras narrativas suele incluir un poema. No se trata de un gesto casual o aislado, ya que el escritor francés lleva publicados cuatro libros de poesía y según anunció, el próximo también lo será. Mientras tanto, Anagrama acaba de presentar Poesía, donde compila toda su obra del género conocida hasta ahora. Urbana, descarnada, escéptica, nihilista pero íntima y clásica, la poesía de Houellebecq es mucho más que un accesorio de su narrativa. Es su motor, y en gran medida un regreso a la fuente esencial de un escritor que se volvería célebre por ejercer una literatura de ideas en novelas que casi siempre han bordeado el escándalo.

Una de las irrupciones más fantásticas del lógico y estructurado juego de ajedrez se conoce con el nombre de “promoción” o “coronación”. Y tiene lugar cuando el peón recorre (paciente, sin prisa pero sin pausa), la totalidad del tablero hasta llegar al otro lado, transformándose en reina (también se puede optar por otras piezas, como caballo, alfil o torre), a tal punto que es factible que un mismo jugador pueda tener más de una reina a su disposición. En el final de La posibilidad de una isla, novela cumbre de Michel Houellebecq, hay también una coronación. Unico libro que le gustó a Iggy Pop en los últimos diez años, e incluso inspiró algunas de sus últimas canciones, La posibilidad de una isla imaginaba una comunidad científico-religiosa (quizás inspirada en la cientología), que, a partir de la creación de clones humanos, buscaba la superación del hombre y una inmortalidad de tinte budista con supresión incluida del deseo. A caballo entre un presente con aire a pasado y un futuro remoto, la novela galopaba entre dos mundos: el de Daniel 1, cómico de stand up millonario y exitoso pero con profundos problemas del corazón, y el de sus clones. Daniel 1 deja a su primera mujer, Isabelle, no bien advierte en ella los primeros rasgos de vejez para volcarse de lleno a Esther, joven modelo que, en perfecta simetría, terminaría dejándolo a él por viejo. Antes de suicidarse, Daniel 1 le escribe el siguiente poema a Esther: “Mi vida, vida mía, mi antiquísima vida,/ mi primer deseo mal curado,/ mi primer amor disminuido,/ has tenido que volver./ He tenido que conocer/ lo mejor que hay en la vida,/ dos cuerpos que disfrutan de su felicidad/ uniéndose y renaciendo sin fin./ En completa dependencia/ comparto el temblor del ser,/ la vacilación de desaparecer,/ el sol que azota el lindero./ Y el amor en el que todo es fácil,/ donde todo se da al instante:/ existe en mitad del tiempo/ la posibilidad de una isla”.

Este poema, que constituye, en muchos sentidos, una coronación —una metamorfosis del género de la novela al de la poesía, precisamente hacia el final del libro; una mutación temporal, un disloque en la historia del universo ya que ese poema entorpecerá todos los planes de la comunidad—, no logra ser interpretado por sus clones (tampoco entienden la risa ni el amor) pero genera en otro clon llamado Marie 23 el deseo de renunciar a esa inmortalidad sin deseo, sin amor y, por lo tanto, sin sufrimiento.

“Primero, el sufrimiento.” Esa es la premisa básica, según Houellebecq, para transformarse en poeta (las otras serán “desaprender a vivir” y “la timidez”). Esa es la puerta de entrada a Poesía, la flamante compilación de Anagrama que reúne sus, hasta ahora, cuatro poemarios publicados a lo largo de la década del noventa: Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento. No cabe llamarla poesía completa porque Houellebecq acaba de anunciar que su próximo libro será de poesía. Los urgentes títulos de los poemarios dan cuenta de lo que significa este género para Houellebecq, un novelista que no sólo empezó escribiendo poesía (gracias a su amigo, el editor Michel Bulteau, comenzó a publicar sus poemas en la Nouvelle Revue Française, en 1985, poco después de atravesar una temporada internado en distintos psiquiátricos) sino que fue incorporando poemas a lo largo de toda su obra narrativa. Es decir, y tal como afirmaba Leopoldo Marechal, Houellebecq logró llegar a ser un eximio novelista porque antes fue un verdadero poeta.

¿Qué función tiene un poema dentro de una novela? ¿Su autoría responde directamente al autor del libro o es sólo una función, un soldado raso —-un peón— dentro de la obra narrativa? ¿Por qué Houellebecq no incluyó en ninguno de sus poemarios el notable poema que cierra La posibilidad de una isla?
“La lucha entre poesía y prosa es una constante en mi vida. Si uno obedece el impulso poético, corre el riesgo de volverse ilegible; si se lo desobedece, uno está preparado para iniciar una carrera de honesto contador de historias”, explicó enigmático Houellebecq en una extensa entrevista concedida al Paris Review.

En otra ocasión dirá que “en la poesía no son únicamente los personajes los que viven, sino las palabras. Parecen envueltas en un halo radiactivo. Reencuentran de golpe su aura, su vibración original”.
Mezcla de Baudelaire y William Carlos Williams (primer experto en incorporar el habla coloquial a la poesía y también el concepto de adivinanza que retoma en sus poemas el autor de Plataforma), la de Houellebecq es una poesía auténtica y cotidiana, casi llana pero con un trasfondo complejo que indaga y desentraña una densa desesperación existencial. A diferencia de sus novelas, tan atravesadas por clones, sosías, dobles y multiplicidades, su poesía delinea el contraste entre un yo potente y unívoco (siempre al borde de la muerte, lejos de la vida real y cargando una resignación inefable) y un mundo urbanizado, descartable, cosmopolita e irremediablemente doloroso.

En todo caso, los personajes múltiples y plagados de bifurcaciones de las novelas de Houellebecq se traducen en sus poemas en las distintas formas clásicas que, desde joven, viene practicando: emplea alejandrinos, sonetos, octosílabos, poemas en prosa y en cada una de estas formas suele haber lugar también para la ruptura.
Escritor con inquietudes filosóficas, sus poemas citan a sus filósofos de cabecera: Schopenhauer, Kant y Pascal. Sin embargo, sus poemas transcurren, en general, muy lejos de los libros: merodean a lo largo de trenes (especialmente el TGV), barrios parisienses, espían a sus enigmáticas vecinas de edificio, experimentan una especie de suspensión para hablar de la soledad, se explayan acerca del cuerpo, el cuerpo sobre todas las cosas, el cuerpo es en la poesía de Houellebecq, al mismo tiempo, el último recinto de esperanza y la primera vía de la infelicidad), las guerras, el tiempo, los médicos, las bacterias, el supermercado (el mundo como supermercado), los caniches, los domingos (el sábado es la esperanza que, irremediablemente, se vuelve tedio un día después) y la emblemática cadena francesa Monoprix.

Aunque algunas temáticas parecen similares a las de sus novelas, la poesía de Houellebecq es clásica, mucho más clásica que sus novelas. No por las formas que emplea sino por un principio profundo que subyace a la condición por excelencia de la lírica: la verdad. En su obra narrativa, cualquier mención autobiográfica parecía destinada, paradójicamente, a distorsionar su propia imagen: el Michel de Las partículas elementales o el Houellebecq de su última novela, El mapa y el territorio, personaje que terminaba siendo salvajemente asesinado, asustando a los editores del escritor una vez que Houellebecq plantó a todos durante una presentación de su libro, desapareció unos meses y después apareció como si nada hubiera pasado. En su poesía, en cambio, a pesar de las recurrentes atmósferas oníricas y acaso patológicas, hay un yo claro, conciso, consciente, que no se escuda bajo ningún seudónimo, bajo ninguna sensación falsa, ni ninguna máscara. Aunque quizá se contradiga, es el mismo a lo largo de todos los poemarios, simplemente naufraga (y trata de vivir) en esa supervivencia a través de la cual se recorta como un moribundo arrojado por las olas del mar: un moribundo que, como la luz viva de las estrellas muertas, expresa la esencia literaria de Houellebecq. Una esencia que trasciende cualquier género, una esencia que es, al mismo tiempo, peón y reina. Esa esencia, que él mismo define hacia el final de uno de sus poemas, es su condición de viejo contemporáneo.

La poesía de Michel Houellebecq

Mi cuerpo es como un saco surcado de hilos rojos
La habitación está oscura, mis ojos brillan débilmente
Me da miedo levantarme, noto por dentro
Algo blando, maligno, que se mueve.

Hace años que detesto esta carne
Que recubre mis huesos. De superficie adiposa,
Sensible al dolor, levemente esponjosa;
Un poco más abajo, un órgano se tensa.

Te odio, Jesucristo, por haberme dado un cuerpo
Los amigos se esfuman, todo huye, deprisa,
Los años pasan, se escurren, y nada resucita,
No deseo vivir y la muerte me asusta


Sin reconciliarse

Mi padre era un imbécil bárbaro y solitario;
Ebrio de decepción, solo ante el televisor,
Rumiaba unos planes frágiles y muy raros,
Su mayor alegría era verlos fracasar.

Me trató siempre como a una rata a la que perseguir.
La mera idea de un hijo, creo, lo asqueaba.
No soportaba pensar que le aventajase un día,
Solo por seguir vivo cuando él reventara.

Se murió en abril, gimiente y perplejo;
Su mirada delataba una cólera infinita,
Cada tres minutos, insultaba a mi madre,
Criticaba la primavera, hacía bromas procaces.

Al final, justo antes de acabar su agonía,
Una calma breve recorrió su pecho.
Sonrió al decir “estoy nadando en orina”,
Y después se apagó con un ligero estertor.


La grieta

En la inmovilidad, el silencio impalpable,
Yo estoy ahí. Estoy solo. Si me golpean, me muevo.
Trato de proteger una cosa roja y sangrante,
El mundo es un caos preciso e implacable.

Hay gente alrededor, los oigo respirar
Y sus pasos mecánicos se cruzan sobre el enrejado.
He sentido, no obstante, el dolor y la rabia;
Cerca de mí, muy cerca, un ciego suspira.
Hace muchísimo tiempo que sobrevivo. Tiene gracia.
Recuerdo muy bien los tiempos de esperanza
E incluso recuerdo mi primera infancia,
Pero creo que es éste mi último papel.

¿Sabes? Lo vi claro desde el primer segundo,
Hacía algo de frío y yo sudaba de miedo
El puente estaba roto, eran las siete en punto
La grieta estaba ahí, silenciosa y profunda.


El amor, el amor

En un cine porno, unos jubilados cascados
Contemplaban, escépticos,
Los retozos mal filmados de dos lascivas parejas;
No había argumento.
He ahí, pensaba yo, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Algunos son seductores, y seducirán siempre,
Y el resto sobrevive.
No existe ni el destino ni la fidelidad,
Sólo cuerpos que se atraen.
Sin sentir ningún apego ni, desde luego, piedad,
Uno juega, y después destroza.
Algunos son seductores y por lo tanto muy amados;
Sabrán lo que es un orgasmo.
Pero hay tantos otros cansados y sin nada que ocultar,
Ni siquiera un fantasma.
Si acaso, una soledad agravada por la impúdica
Alegría de las mujeres;
Si acaso, una certeza: “eso no es para mí”,
Un oscuro y pequeño drama.
Con certeza morirán un poco desengañados,
Sin ilusiones poéticas;
Practicarán a conciencia el arte de despreciarse,
Será algo mecánico.
Me dirijo a todo aquel que nunca haya sido amado,
Que nunca supo gustar;
Me dirijo a los ausentes del sexo liberado,
Y del placer corriente.
No teman amigos, su pérdida es mínima:
El amor no existe en ninguna parte.
Sólo es una broma cruel de la que ustedes son víctimas,
Una jugada de experto.


Transposición, control

La sociedad es quien establece las distinciones
Y los procedimientos de control
Hago acto de presencia en el supermercado,
Interpreto muy bien mi papel.
Asumo mis diferencias,
Delimito mis exigencias
Y abro la mandíbula,
Mis dientes están un poco negros.
El precio de las cosas y los seres se tasa por consenso
Transparente
Donde intervienen los dientes,
La piel y los órganos,
La belleza que se marchita.
Ciertos productos con glicerina
Pueden constituir un factor de plusvalía parcial;
Decimos: “Es usted hermosa”;
El terreno está minado.
El valor de los seres y las cosas es generalmente de una precisión extrema Y cuando decimos: “Te quiero”
Establecemos una crítica,
Una aproximación cuántica,
Escribimos un poema.

***
La negación de la fiesta
Por Loreto Casado

Entendamos por fiesta la celebración de una sociedad que tiende a destruir a la persona, sosteniéndose en un sistema económico donde participa también nuestra cultura y detrás del cual muy pocos pueden tomar la palabra. Houellebecq lo hace, y es por eso que sus libros resultan polémicos. Acusado de depresivo y de reaccionario, las reacciones suscitadas por la actitud de Houellebecq permiten subrayar una serie de cuestiones que conciernen al rol de la literatura y en particular de la poesía en una época donde la novela es el género privilegiado de la lectura y de la edición.

Houellebecq es conocido, sobre todo, como novelista, pero también escribe poemas, algunos poemas bizarros que merecen ser escuchados. Su poesía está habitada por la presencia de un cuerpo marchito, por un corazón debilitado, por una serie de miembros hinchados y por una afirmación del mundo en su único reflejo posible: el iluminado mundo de las fiestas de primavera. El hombre, el lector parece excluido de eso. Participa, sí, de otra fiesta: de la danza existencial, simbolizada en lo bailes de salón de moda o de la disco, el baile cotidiano que rima con el pulso del engranaje social. En el universo esencialmente urbano, descarnado, funcional y tecnológico de las ficciones de Houellebecq, la posibilidad de escaparse del sistema constituye una misión muy difícil, si no imposible, al mismo tiempo que el deseo de que todo se detenga y nada funcione se pone de manifiesto.

Lo que sorprende en primera instancia en la poesía de Houellebecq es su recurrencia a la forma fija, sonetos perfectamente escandidos en que el ritmo marcado del verso expresa la angustia del sujeto como una trompada en el espacio imaginario y para agujerearlo no hace falta más que un instante, lo real.

¿Qué sentido se le puede dar al uso del alejandrino a fines del siglo veinte? Después de las vanguardias, la deconstrucción y declaración de la muerte de la literatura, ¿qué sentido se le puede dar a esa forma de lenguaje poético? ¿No parece una extravagancia? ¿Un lujo irrisorio?

La crítica literaria continúa etiquetando: Houellebecq es un escritor de ficción, y en tanto escritor de ficción interesan solo sus novelas. No se lo considera ni poeta ni ensayista. ¿Dónde se encuentra la fuerza poética de los poemas de Houellebecq? Es justamente en su rechazo al juego y la fiesta del lenguaje librado a sí mismo donde encuentra su mayor originalidad. Los versos medidos y rimados de su poesía no cultivan la versificación, pero apelan a la memoria. Su mundo es frío y sin deseo, un mundo que niega sobre todo la fiesta a lo Prévert: la poesía del cortejo, de las canciones, de las chicas lindas y de los juegos de palabras. El autor de El sentido de la lucha le reprocha al de Paroles su visión de mundo plana, superficial y falsa y la detesta sobre todo.

Dos principios de Rimbaud importantes conciernen a la poesía y, en general, a la literatura de Houellebecq: es necesario volverse vidente y hay que ser absolutamente moderno.

La ausencia de ilusión, de realismo mágico, de canto al mundo y de fiesta en las novelas y poemas de Houellebecq obedecen a una conciencia pesimista de nuestra realidad social y a la falta de perspectivas de la civilización occidental. Niega, en consecuencia, toda celebración, toda posibilidad de felicidad y afirma todas las formas de realidad tangible, material: el cuerpo, el espacio, el instante. Si una de las características de la diluida poesía del siglo veinte fue abandonar la pureza mallarmeana del lenguaje, dejando de reconocer a una cierta cantidad de palabras el valor poético, y mezclando el vino con el agua, lo que hace la poesía de Houellebecq no es, en definitiva, otra cosa que aguar la fiesta.

El surrealismo fue la última reivindicación colectiva dentro de la experiencia poética de nuestro siglo. Después de eso no hubo más que respuestas individuales. La poesía no ha modificado la vida como profetizaban los surrealistas. Las manifestaciones de hoy a favor de la poesía a duras penas logran sobrepasar la resignación o el pesimismo. El ensayo de Michel Maulpoix, La poesía a pesar de todo, es el mejor ejemplo de esa actitud resignada que afirma la poesía no como una forma de resistencia activa sino más bien como una forma de supervivencia en un mundo en ruinas, habitado por la ausencia y el desencantamiento. En ese tipo de manifiestos, la poesía alivia a los hombres de su pobre condición, es la compensación de una falta.

Houellebecq se desenvuelve libre en dos direcciones: cada vez más impiadoso y sórdido en la prosa, cada vez más luminoso y bizarro en la poesía.

Traducción del capítulo “La négation de la fête dans la poésie”, correspondiente a Ecrire, traduire et représenter la fête, Universitat de València, 2001.

Articulo: http://www.pagina12.com.ar 24/02/2013

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