samedi 24 novembre 2012

Paul AUSTER y J. M. COETZEE/Carta a carta


Amistad literaria
Coetzee y Auster, carta a carta
Por Paul AUSTER y J. M. COETZEE 

El estadounidense Paul Auster y el Premio Nobel de Literatura sudafricano J. M. Coetzee sacaron a relucir sus plumas y construyeron un notable epistolario en el que tocan los más diversos temas. La confraternidad, las experiencias personales, la escritura, incluso el deporte se pasean por las páginas de Aquí y ahora con la gracia de una prosa íntima e informal.
  
La literatura epistolar supo tener una larga prosapia, que se remonta a tiempos tan distantes como el siglo XVII. El gesto de J. M. Coetzee y Paul Auster en Aquí y ahora (que publican conjuntamente Anagrama y Mondadori, las editoriales españolas de cada uno de los autores) tiene algo provocativamente anacrónico. Cuando se conocieron en 2008 en el festival literario de Adelaida, en Australia, casi de inmediato surgió la idea de intercambiar cartas. La propuesta: tocar los más diversos temas al hilo de los azares que fuera proponiendo la correspondencia. No se trata tanto de nostalgia como de formular un tácito elogio de la lentitud. Porque, ¿cuál otra puede ser hoy la función de un escrito de estas características cuando existen fórmulas más veloces de comunicación? El intercambio epistolar se aviene bien, por lo demás, con el carácter de ambos. El Premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), creador de obras como Desgracia y Verano, es conocido por su laconismo y su renuencia a las entrevistas. El estadounidense Paul Auster (Nueva Jersey, 1947), un autor que todavía hoy borronea a mano y pasa en limpio sus novelas en una histórica máquina de escribir, es dado a las incursiones autobiográficas.
La selección que presentamos refleja sus consideraciones sobre la amistad, la infancia, el deporte, siempre con un ojo en la literatura.

14-15 de julio de 2008

Querido Paul:

He estado pensando en las amistades, en cómo surgen, en por qué duran -algunas- tanto tiempo, más tiempo que los compromisos pasionales de los que a veces se considera (erróneamente) que son tibias imitaciones. Estaba a punto de escribirte una carta sobre todo esto, empezando por la observación de que, teniendo en cuenta lo importantes que son las amistades en la vida social, y lo mucho que significan para nosotros, particularmente durante la infancia, resulta sorprendente lo poco que se ha escrito sobre el tema.

Pero luego me he preguntado a mí mismo si esto es realmente cierto. De manera que antes de sentarme a escribir he ido a la biblioteca a hacer una comprobación rápida. Y, oh maravilla, no me podría haber equivocado más. En el catálogo de la biblioteca había montones de libros sobre el tema, veintenas, muchos de ellos bastante recientes. Cuando fui un poco más allá y les eché un vistazo a aquellos libros, sin embargo, recuperé algo de autoestima. A fin de cuentas yo había tenido razón, o por lo menos la había tenido a medias: la mayor parte de lo que aquellos libros decían de la amistad no tenía demasiado interés. Parece ser que la amistad sigue siendo en cierto modo un enigma: sabemos que es importante, pero no tenemos nada claro por qué la gente traba amistad y la conserva.

(¿Qué quiero decir cuando digo que lo escrito presenta poco interés? Compara la amistad con el amor. Sobre el amor se pueden decir cientos de cosas interesantes. Por ejemplo: los hombres se enamoran de mujeres que les recuerdan a su madre, o mejor dicho, que al mismo tiempo les recuerdan y no les recuerdan a su madre, que al mismo tiempo son y no son su madre. ¿Es cierto? Puede que sí y puede que no. ¿Interesante? Ciertamente. Ahora miremos la amistad. ¿A quiénes eligen los hombres como amigos? A otros hombres más o menos de la misma edad, con intereses parecidos, por ejemplo los libros. ¿Es cierto? Tal vez. ¿Interesante? Para nada.)

Déjame que te haga una lista de las pocas observaciones sobre la amistad que recogí durante mis visitas a la biblioteca y que me parecieron realmente interesantes.

Una. Dice Aristóteles que no se puede ser amigo de un objeto inanimado (Ética , capítulo 8). ¡Pues claro que no! ¿Quién ha dicho alguna vez que sí? Pese a todo, es interesante: de repente uno ve de dónde sacó su inspiración la filosofía lingüística moderna. Hace dos mil cuatrocientos años Aristóteles ya estaba demostrando que algo que parecían postulados filosóficos no podían ser más que reglas de la gramática. En la frase "«Soy amigo de X"» nos dice, "«X tiene que ser el nombre de algo animado"».

Dos. Se puede tener amigos y no querer verlos, dice Charles Lamb. Cierto, y también interesante: es otro sentido en el que los sentimientos de amistad se distinguen de los apegos eróticos.

Tres. Los amigos, o por lo menos las amistades masculinas en Occidente, no hablan de lo que sienten entre ellos. Compárese este fenómeno con la verborrea de los amantes. De momento, no muy interesante. Pero cuando el amigo se muere, sale la pena a raudales: "«¡Ay, demasiado tarde!"» (Dice Montaigne de La Boétie, dice Milton de Edward King). (Pregunta: ¿acaso el amor es locuaz porque el deseo es por naturaleza ambivalente -Shakespeare, Sonetos -, mientras que la amistad es taciturna porque es algo sencillo y sin ambivalencias?)

Por fin, un comentario que hace Christopher Tietjens en El final del desfile de Ford Madox Ford: uno se acuesta con una mujer para estar en condiciones de hablar con ella. En otras palabras, hacer de una mujer tu amante no es más que un primer paso; el segundo, hacer de ella tu amiga, es el que importa; sin embargo, en la práctica hacerse amigo de una mujer con la que no te has acostado es imposible porque quedan en el aire demasiadas cosas sin decir.

Si realmente cuesta tanto decir algo interesante sobre la amistad, entonces se materializa otra idea: que a diferencia del amor o de la política, que no son nunca lo que parecen, la amistad sí es lo que parece. La amistad es transparente.

Las reflexiones más interesantes sobre la amistad vienen del mundo antiguo. ¿Y por qué? Pues porque en la Antigüedad la gente no consideraba la actitud filosófica como una actitud inherentemente escéptica, y por consiguiente no daban por sentado que la amistad tenía que ser algo distinto a lo que parecía ser; o bien, al revés, llegaron a la conclusión de que si la amistad era lo que parecía y nada más, entonces no podía ser tema para la filosofía.

Cordialmente,
John

***
Brooklyn, 29 de julio de 2008

Querido John:

Esa es una cuestión a la que he venido dando muchas vueltas a lo largo de los años. No diré que haya llegado a una postura coherente sobre la amistad, pero para contestar a tu carta (que ha desatado en mí un torbellino de ideas y recuerdos), quizá sea éste el momento de intentarlo.

Para empezar, me limitaré a la amistad masculina, a la amistad entre hombres, entre niños.

1) Sí, hay amistades transparentes, sin ambivalencia (para emplear tus términos), pero no muchas, según mi experiencia. Eso quizá tenga algo que ver con otra de las palabras que utilizas: taciturno. Estás en lo cierto al decir que los amigos (al menos en Occidente) "no suelen hablar de sus sentimientos mutuos". Yo daría un paso más allá, añadiendo lo siguiente: los hombres no suelen hablar de sus sentimientos, y punto. Y si no sabes cómo se siente tu amigo, ni qué es lo que siente ni por qué, ¿puedes decir en serio que es tu amigo? Y sin embargo la amistad perdura, a menudo durante muchas décadas, en esa ambigua zona del no saber.

Al menos tres de mis novelas tratan directamente de la amistad entre hombres, son en cierto sentido historias sobre la amistad masculina - La habitación cerrada, Leviatán y La noche del oráculo -, y en cada caso, esa tierra de nadie del no saber que separa a los amigos se convierte en el escenario donde se representan los dramas.

Un ejemplo de la vida real. Durante los últimos veinticinco años, uno de mis amigos íntimos -quizá el más cercano que he tenido en mi vida adulta- es una de las personas menos charlatanas que he conocido nunca. Es mayor que yo (me lleva once años), pero tenemos mucho en común: ambos somos escritores, estamos estúpidamente obsesionados con los deportes, los dos casados desde hace mucho con mujeres excepcionales, y, lo que es más importante y difícil de definir, albergamos cierta sensación inexpresada pero compartida de cómo hay que vivir: una ética de la madurez. Y sin embargo, por mucho cariño que le tenga a esa persona, por dispuesto que esté a partirme el pecho por él en momentos difíciles, nuestras conversaciones son casi sin excepción insulsas y anodinas, enteramente triviales. Nos comunicamos emitiendo breves gruñidos, volviendo a una especie de lenguaje taquigráfico que a un extraño resultaría incomprensible. En cuanto a nuestro trabajo (la fuerza motriz de nuestras respectivas vidas), rara vez lo mencionamos.

Para demostrar lo reservado que es este hombre, ahí va una pequeña anécdota. Hace unos años, estaban a punto de aparecer las galeradas de una nueva novela suya. Le dije que tenía muchas ganas de leerlas (unas veces nos enviamos los manuscritos acabados, y otras esperamos a las pruebas de imprenta), y me contestó que muy pronto recibiría un ejemplar. Las galeradas llegaron por correo a la semana siguiente, abrí el paquete, hojeé el libro, y descubrí que me lo había dedicado a mí. Me emocioné, desde luego, y profundamente, además; pero el caso es que mi amigo nunca me había dicho una palabra de ello. Ni la más mínima insinuación, ni el más leve guiño premonitorio, nada.

¿Qué es lo que intento decir? Que conozco a ese hombre y no lo conozco. Que es mi amigo, mi amigo más querido, a pesar de ese no saber. Si mañana va y atraca un banco, me quedaría horrorizado. Por otro lado, si me enterase de que engaña a su mujer, de que tiene una joven amante guardadita por ahí en un apartamento, me llevaría una decepción, pero no me horrorizaría. Todo es posible, y los hombres ocultan secretos, incluso a sus íntimos amigos. En el caso de la infidelidad conyugal de mi amigo, me sentiría decepcionado (porque habría defraudado a su mujer, alguien a quien tengo mucho cariño), pero también dolido (porque no habría confiado en mí, lo que significaría que su amistad no es tan íntima como yo pensaba).

(Una súbita y luminosa idea. Las mejores amistades, las más duraderas, se basan en la admiración. Ése es el sentimiento fundamental que relaciona a dos personas durante un prolongado período de tiempo. Se admira a alguien por lo que hace, por lo que es, por cómo se las arregla para andar por el mundo. Esa admiración lo ennoblece, lo realza ante tus ojos, lo eleva a una posición que, a tu juicio, es superior a la tuya. Y si esa persona también te admira a ti -y por tanto te ennoblece, te realza, te eleva a una posición que considera superior a la suya-, entonces os encontráis en condiciones de absoluta igualdad. Ambos dais más de lo que recibís, los dos recibís más de lo que dais, y en la reciprocidad de ese intercambio, florece la amistad. De los cuadernos de Joubert (1809): "No sólo debe cultivarse el trato con los amigos, también hay que cultivar su amistad dentro de uno mismo: conservarla con esmero, cuidarla, regarla". Y de nuevo Joubert: "Siempre perdemos la amistad de aquellos que pierden nuestra estima".)

2) Niños. La infancia es el período más intenso de nuestra vida porque lo que solemos hacer entonces, lo hacemos por primera vez. Poco tengo que aportar a esto salvo un recuerdo, pero ese recuerdo parece poner de relieve el infinito valor que atribuimos a la amistad cuando somos jóvenes, e incluso muy jóvenes. Yo tenía cinco años. Billy, mi primer amigo, apareció en mi vida de una forma que ya no alcanzo a recordar. En mi memoria es un extraño y alborozado personaje de opiniones firmes y un talento bastante desarrollado para las travesuras (cosa que a mí me faltaba en grado sumo). Tenía un grave defecto del habla, y pronunciaba las palabras de manera tan confusa, se le atascaban tanto en la saliva que se le acumulaba en la boca, que nadie llegaba a entender lo que decía; salvo el pequeño Paul, que le servía de intérprete. Gran parte del tiempo que pasábamos juntos lo dedicábamos a deambular por nuestro barrio residencial de Nueva Jersey en busca de animalitos muertos -pájaros, sobre todo, pero también alguna rana o ardilla listada- para enterrarlos en el parterre que bordeaba mi casa. Ritos solemnes, cruces de madera hechas a mano, prohibido reírse. Billy aborrecía a las chicas, se negaba a rellenar las páginas de los cuadernos para colorear que mostraran representaciones de figuras femeninas, y como su color favorito era el verde, estaba convencido de que la sangre que corría por las venas de su oso de peluche era verde. Ecce Billy. Entonces, cuando teníamos seis años y medio o siete, se mudó con su familia a otra ciudad. Congoja, seguida de semanas, si no meses, de añoranza de mi amigo ausente. Por fin, mi madre cedió y me dio permiso para hacer la costosa llamada de teléfono a la nueva casa de Billy. El contenido de nuestra conversación se me ha borrado de la memoria, pero recuerdo mis sentimientos tan vívidamente como me acuerdo de lo que he tomado para desayunar esta mañana. Eran los mismos que más adelante tendría de adolescente al hablar por teléfono con la chica de quien me había enamorado.

En tu carta haces una distinción entre amistad y amor. Cuando somos pequeños, antes de que se inicie nuestra vida erótica, no hay diferencia. La amistad y el amor son una misma cosa.

3) La amistad y el amor no son la misma cosa. Hombres y mujeres. Diferencia entre matrimonio y amistad. Una última cita de Joubert (1801): "Sóolo debes elegir por esposa a la mujer que escogerías como amigo, si fuera hombre".
Una formulación bastante absurda, supongo (¿cómo puede una mujer ser hombre?), pero se entiende lo que quiere decir, y en el fondo no se diferencia mucho de tu observación sobre El final del desfile, de Ford Madox Ford, y la caprichosa y divertida afirmación de que "uno se acuesta con una mujer para estar en condiciones de hablar con ella".

El matrimonio es sobre todo una conversación, y si marido y mujer no encuentran un modo de ser amigos, su unión tiene pocas posibilidades de subsistir. La amistad es un componente del matrimonio, pero el matrimonio es una discusión que no deja de evolucionar, una eterna obra inacabada, una continua exigencia de llegar al fondo de sí mismo y reinventarse en relación con el otro, mientras que la amistad pura y simple (es decir, la amistad fuera del matrimonio) tiende a ser más estática, más cortés, más superficial. Ansiamos la amistad porque somos seres sociables, nacidos de otros seres y destinados a vivir entre otros seres hasta el día de nuestra muerte, pero cuando se piensa en las peleas que a veces estallan incluso en el mejor de los matrimonios, los apasionados desacuerdos, los exaltados insultos, los portazos y platos rotos, se comprende enseguida que tal comportamiento sería intolerable dentro de los decorosos ámbitos de la amistad. La amistad significa buenas maneras, amabilidad, constancia en el afecto. Los amigos que se gritan rara vez continúan siéndolo. Los maridos y mujeres que se gritan suelen seguir casados; a veces felizmente casados.

¿Pueden ser amigos hombres y mujeres? Creo que sí. Con tal de que no exista atracción física en ninguna de las partes. Una vez que la sexualidad entra en escena, se acabó lo que se daba.

4) Continuará. Pero también es preciso tratar otros aspectos de la amistad: a) Amistades que decaen y mueren. b) Amistad entre personas que no comparten necesariamente intereses comunes (amigos del trabajo, del colegio, de la guerra). c) Círculos concéntricos de la amistad: el núcleo de íntimos, los menos íntimos pero bastante afines, los que viven lejos, los conocidos simpáticos, y así sucesivamente. d) Todos los demás puntos de tu carta que no se han tocado.

Con calurosos recuerdos desde la tórrida Nueva York,

Paul

***
Brooklyn, 2 de febrero de 2009

Querido John:

No creo que estemos en desacuerdo sobre esto. Mi carta de París era principalmente una respuesta a tus reflexiones sobre ver competiciones deportivas en televisión (asunto limitado, nada más que un pequeño subtema en la amplísima conversación sobre los deportes en general) y a la cuestión de que nosotros, hombres supuestamente hechos y derechos, decidamos desaprovechar toda la tarde del domingo siguiendo las actividades esencialmente insignificantes de unos jóvenes atletas en lejanos campos de juego. Un supuesto placer culpable, pero que muchas veces nos deja con una sensación de vacío y frustración cuando se acaba el partido.

Adoptando el punto de vista más amplio posible, se me ocurre que el tema de los deportes puede dividirse en dos categorías principales: activa y pasiva. Por una parte, la experiencia de participar personalmente en los deportes. Por otra, la de ver cómo los practican otros. Como parece que hemos empezado hablando de esta última categoría, de momento procuraré limitarme a esa parte del asunto.

El elemento ético a que te refieres es de fundamental importancia en los muy jóvenes. Veneras a tus dioses y deseas emularlos; toda contienda es asunto de vida o muerte. A mi avanzada edad, sin embargo, esos vínculos se han debilitado considerablemente, y suelo ver los partidos con una actitud mucho más distanciada, buscando "placeres estéticos" y no tratando de justificar mi propia existencia a través de actos ajenos. Para no cargar las tintas, dejemos de momento la aprobación del anciano. Volvamos al principio e intentemos recordar lo que nos ocurrió en el pasado remoto.

El empleo que haces de la palabra "heroico" es adecuado y sin duda crucial para entender la naturaleza de la obsesión, que inevitablemente comienza en los albores de la vida consciente. Pero ¿significa eso que debamos hablar de lo heroico en relación con la primera infancia? En el caso de los niños pequeños, creo yo, tiene que ver en buena parte con cierta idea de lo masculino, de identificación sexual, de prepararse para ser un hombre? y no una mujer.

Mientras criaba a dos hijos -chico y chica-, me fascinaba profundamente (y a veces me divertía mucho) ver cómo iba surgiendo su respectiva identidad sexual en torno a los tres años de edad. En ambos casos, empezó a través del exceso, mediante simulaciones sumamente exageradas de lo que supone ser hombre y de lo que significa ser mujer. Con el chico, todo giraba en torno a Superman, el Increíble Hulk y la incorporación de seres imaginarios que estaban dotados de una fuerza mágica, apabullante. Con la chica (que a los dos años preguntó si le iba a salir el pene y cuándo), se manifestó en zapatos de fiesta, tacones altos en miniatura, tutús, diademas de plástico y una obsesión por bailarinas de ballet y princesas de cuentos de hadas. Lo clásico, desde luego, pero como a los niños les lleva un tiempo comprender que son chicos o chicas, sus primeros pasos hacia la identificación sexual son necesariamente extremos, marcados por una fijación por los símbolos y distintivos externos de sus respectivos sexos. Una vez que la cuestión queda zanjada (¿en torno a los cinco años?), la chica que anteriormente insistía en llevar vestidos a todo trance se pondrá gustosamente ahora unos pantalones sin miedo a convertirse en un chico.

Como niño norteamericano a principios del decenio de 1950, empecé mis simulaciones de la vida masculina haciendo de vaquero. Una vez más, se trataba de los distintivos externos: botas, sombrero, revólveres ceñidos en su funda. Debido a que ningún vaquero que se preciara podría atender al nombre de Paul, siempre que me ataviaba con mi traje del Salvaje Oeste insistía en que mi madre me llamara "John"; y me negaba a contestarle siempre que se le olvidaba. (Por casualidad tú no habrás sido vaquero norteamericano, ¿verdad, John?)

Pero entonces -ya no recuerdo en qué momento, aunque seguramente fue entre los cuatro y los cinco años- una nueva pasión se apoderó de mí, una nueva serie de símbolos, un nuevo ámbito en el que afirmar mi masculinidad. Fútbol (en su reencarnación americana). Nunca había jugado un partido, apenas entendía las reglas, pero en alguna parte, de algún modo (¿a través de fotos de los periódicos, mediante partidos emitidos por televisión?), se me metió en la cabeza que aquellos jugadores de fútbol americano eran los auténticos héroes de la civilización moderna. Una vez más, se trataba de los distintivos externos. No es que quisiera jugar al fútbol americano tanto como vestirme de jugador, tener un equipo de fútbol, y mi madre, siempre indulgente, me concedió el deseo comprándome uno. Casco, hombreras y camiseta de dos colores, los pantalones especiales que llegaban a la rodilla, junto con un balón ovalado de cuero, lo que me permitió mirarme al espejo y aparentar que era un jugador de fútbol americano.

Incluso hay fotografías que documentan las imaginarias hazañas de aquel niño ataviado con un equipo impecable que nunca estuvo realmente en un campo de juego, que jamás se llevó fuera de los dominios del pequeño apartamento con jardín en que el niño vivía con sus padres.

Más adelante, por supuesto, empecé a jugar al fútbol americano; y al béisbol también. Con fanática devoción, cabe añadir, y cuanto más interesado estaba en hacer esas cosas, más me atraía emular las actuaciones de los grandes, los profesionales. En Portugal, te conté lo de la audaz y casi descabellada carta que escribí a Otto Graham (el mejor quarterback de la época, la estrella del campeón Cleveland Browns) invitándolo a la fiesta de mi octavo cumpleaños?, y la cortés respuesta que recibí de él, en la que explicaba por qué no podía asistir. Desde que te la mencioné, he seguido dando vueltas a esa historia, buscando más detalles, tratando de llegar a un conocimiento más hondo de los motivos que me impulsaron entonces. Recuerdo ahora una nítida fantasía en la que Otto Graham venía a mi casa y nos íbamos los dos al jardín a lanzar el balón. Ésa era la fiesta de cumpleaños. No había más invitados -ningún otro niño, ni siquiera mis padres-, nadie aparte de mi persona que pronto tendría ocho años y del inmortal O. G.

Ahora veo, ahora sé con la más absoluta certeza, que esa fantasía representaba un deseo de crear un sustituto de la figura paterna. En la Norteamérica de mi joven imaginación, se suponía que los padres jugaban con sus hijos a lanzar el balón, pero el mío raras veces hizo eso conmigo, casi nunca estaba disponible en ninguno de los sentidos en que los padres deben estarlo para sus hijos, de modo que invité a un héroe del fútbol a mi casa con la vana esperanza de que me diera aquello que mi padre me había negado. ¿Son todos los héroes sustitutos de la figura paterna? ¿Es ésa la razón por la cual los niños parecen tener mayor necesidad de héroes que las niñas? ¿No es toda esa obsesión por los deportes sino otro ejemplo del conflicto edípico que opera a nivel oculto? No estoy seguro. Pero la maniática intensidad de los entusiastas de los deportes -no de todos, pero en cualquier caso de un gran número de ellos- ha de surgir de alguna parte muy profunda del alma. En esto hay más cosas en juego que la diversión momentánea o el simple entretenimiento.

No pretendo sugerir que Freud sea el único que tiene algo que decir sobre el asunto, pero no cabe duda de que sí tiene algo que aportar a la conversación.
Caigo en la cuenta de que muchas veces respondo a tus observaciones con historias personales. Entiéndelo: no estoy interesado en mí mismo. Te estoy dando casos de estudio, historias sobre cualquiera.

Muchos recuerdos,

Paul

***
15 de marzo de 2009

Querido Paul:

Escribes sobre la fijación que siente el niño por los héroes deportivos y a continuación la distingues de la actitud madura que busca el elemento estético del espectáculo deportivo.

Coincido contigo en que ver deportes por televisión es en gran medida una pérdida de tiempo. Pero hay momentos que no son ninguna pérdida de tiempo, como por ejemplo los que tenían lugar de vez en cuando en la época dorada de Roger Federer. A la luz de lo que tú dices, examino esos momentos y los repaso en mi memoria; Federer haciendo una volea cruzada de revés, por ejemplo. Y me pregunto: ¿acaso es realmente la estética, o únicamente la estética, lo que da vida a esos momentos para mí?

A mí me parece que mientras presencio la jugada me pasan dos pensamientos por la cabeza: (1) si yo también me hubiera pasado la adolescencia practicando golpes de revés en lugar de lo que hice? entonces también habría podido hacer jugadas así y provocar que el mundo entero ahogara un grito de asombro. Y a continuación: (2) por mucho que me hubiera pasado la adolescencia entera practicando golpes de revés, jamás podría haber hecho esa jugada, mucho menos bajo el estrés de la competición y de forma voluntaria. Y por consiguiente: (3) acabo de ver algo que es al mismo tiempo humano y más que humano; acabo de ver algo que viene a ser el ideal humano materializado.

Lo que quiero reflejar en esta serie de réplicas es la forma en que la envidia levanta primero la cabeza y luego se ve sofocada. Uno empieza envidiando a Federer, de ahí pasa a admirarlo, y por fin termina ni envidiándolo ni admirándolo, sino exaltado ante la revelación de lo que puede hacer un ser humano, o por lo menos uno como él.

Y considero que eso se parece mucho a mi respuesta a las obras de arte a las que he dedicado mucho tiempo (de reflexión y análisis), hasta el punto de tener una buena idea de lo que contribuyó a su creación: puedo ver cómo se hicieron pero jamás las podría haber hecho yo, están fuera de mi alcance; pero fueron hechas por un hombre (de vez en cuando una mujer) como yo; ¡qué honor pertenecer a la especie de la que ese hombre (o de vez en cuando mujer) es representante!

Y llegado este punto ya no puedo distinguir lo ético de lo estético.

A modo de nota al pie a mis comentarios sobre la presente crisis de las finanzas, ¿puedo citar un comentario de George Soros que he encontrado? "El rasgo más sobresaliente de la actual crisis financiera es que no la ha causado un trauma externo? La crisis la ha generado el sistema mismo." Soros reconoce vagamente que en realidad no ha pasado nada, que lo único que ha cambiado son los números.

Muy cordialmente,

John

***
11 de mayo de 2009

Querido Paul:

Un apunte más sobre el deporte: la mayor parte de los grandes deportes -aquellos que atraen a masas de espectadores y despiertan pasiones multitudinarias- parecen haber sido elegidos y codificados de golpe alrededor de finales del siglo XIX y en Inglaterra. Lo que me llama la atención es lo difícil que resulta inventar y poner en marcha un deporte completamente nuevo (no sólo la variante de uno antiguo), o tal vez debería decir poner en marcha un juego nuevo (los deportes son elegidos de entre el repertorio de los juegos). Los seres humanos son criaturas ingeniosas, y sin embargo da la impresión de que sólo unos pocos de los muchos juegos posibles (hablo de juegos físicos, no juegos de la mente) resultan ser viables.

He estado leyendo el librito de Jacques Derrida sobre la lengua materna (El monolingüismo del otro, 1996). Parte del mismo es alta teoría, pero hay otra parte que es bastante autobiográfica y trata las relaciones de Derrida con el lenguaje en tanto que niño nacido en la comunidad franco-judía o judía francesa o judía francófona de la Argelia de los años treinta. (Él nos recuerda que a los ciudadanos franceses de ascendencia judía les quitó la ciudadanía Vichy, y que por tanto se pasaron muchos años sin tener un Estado.)

Lo que me interesa es la afirmación que hace Derrida de que, aunque él es/era un francés monolingüe (monolingüe según su criterio; su inglés era excelente y estoy seguro de que también lo era su alemán, por no hablar de su griego), el francés no es/era su lengua materna. Cuando leí esto me di cuenta de que podría estar hablando de mí y de mi relación con el inglés; y un día más tarde me di cuenta también de que ni él ni yo somos excepcionales, que muchos escritores e intelectuales tienen una relación distante o interrogativa con el idioma en el que hablan o escriben, y que de hecho referirse al idioma que uno usa como lengua materna ( langue maternelle ) es algo que ha quedado claramente desfasado.

De manera que cuando Derrida escribe que, aunque él ama el idioma francés y es un purista de la corrección del francés, no es un idioma que le pertenezca, no es el "suyo", eso me recuerda a mi propia experiencia con el inglés, sobre todo durante la infancia. Para mí el inglés no era más que una de mis asignaturas de la escuela. En la secundaria la lista era inglés-afrikaans-latín-matemáticas-historia-geografía; y de ésas el inglés era simplemente una asignatura que se me daba bien, igual que la geografía se me daba mal. Jamás se me ocurrió pensar que se me diera bien el inglés porque el inglés fuera "mi" idioma; ciertamente jamás se me ocurrió preguntarme cómo se le podía dar a uno mal el inglés si el inglés era su lengua materna (décadas más tarde, después de convertirme yo justamente en profesor de inglés y empezar a reflexionar un poco sobre la historia de mi disciplina, sí que me pregunté qué podía significar el hecho de convertir el inglés en asignatura académica en un país anglófono).

Por lo que recuerdo de mi forma de pensar en la infancia, el idioma inglés me parecía propiedad de los ingleses, una gente que vivía en Inglaterra pero que había mandado a algunos miembros de su tribu a vivir en Sudáfrica y también a gobernarla por un tiempo. Los ingleses inventaban las reglas del idioma inglés como les venía en gana, incluyendo las reglas prácticas (en qué situaciones había que usar qué locuciones del inglés); la gente como yo los seguíamos de lejos y obedecíamos las instrucciones que nos daban. Que se te diera bien el inglés era algo igual de inexplicable que el que se te diera mal la geografía. Era un capricho del carácter, un mero rasgo de personalidad.

Cuando a los veintiún años me fui a vivir a Inglaterra, fui con una actitud hacia el idioma que ahora me resulta completamente extraña. Por un lado estaba bastante convencido de que usando como criterio los libros de texto, yo podía hablar el idioma, o por lo menos escribirlo, mejor que la mayoría de los nativos. Por otro lado, en cuanto abría la boca delataba mi condición de extranjero, es decir, de alguien que por definición no podía conocer el idioma igual de bien que los nativos.

Aquella paradoja la resolví diferenciando entre dos tipos de conocimiento. Me dije a mí mismo que yo sabía inglés del mismo modo que Erasmo sabía latín, gracias a los libros; en cambio, la gente que me rodeaba conocía el idioma "íntimamente». Era su lengua materna pero no era la mía; ellos la habían mamado con la leche materna y yo no.

Por supuesto, para un lingüista, y particularmente para un lingüista de la escuela chomskiana, mi actitud estaba completamente equivocada. El idioma que uno interioriza durante los primeros años, que son los más receptivos, es su idioma materno, y no hay más que hablar.

Tal como comenta Derrida, ¿cómo puede alguien considerar que un idioma es suyo? Al fin de cuentas es posible que el inglés no sea propiedad de los ingleses de Inglaterra, pero está claro que propiedad mía no es. El idioma siempre es el idioma del otro. Adentrarse en el idioma siempre es una violación de la propiedad. ¡Y la cosa es mucho peor si se te da lo bastante bien el inglés como para oír en cada frase que sale de tu pluma ecos de usos anteriores, recordatorios de quién poseyó esa expresión antes que tú!

Cordialmente,

John

Traducción: Benito Gómez y Javier Calvo
Articulo: http://www.elcultural.es 23/11/2012

Vicente HUIDOBRO contra GARCIA LORCA, NERUDA & BUÑUEL


PUBLICADO EN ESPAÑA|Nuevo libro sobre el poeta
Vicente HUIDOBRO contra GARCIA LORCA, NERUDA & BUÑUEL
Por El mundo

Poesía y creación rescata una entrevista de 1939 en la que el chileno desprecio la literatura española posterior al Siglo de Oro. A la presentación del libro en Madrid asistieron el presidente del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha; el Premio Cervantes y embajador de Chile en Paris, Jorge Edwards; el secretario de la RAE, Darío Villanueva, y el autor de la antología, Gabriele Morelli.

Un Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 1883-Cartagena, 1948) esencial y desconocido protagoniza el ultimo volumen de la Colección Obra Fundamental que la Fundación Banco Santander acaba de presentar en el Instituto Cervantes. Bajo el titulo Poesía y creación, el hispanista italiano Gabriele Morelli recupera la figura y la obra del poeta chileno a través de sus poemarios, manifiestos y una nutrida correspondencia a personajes como Buñuel, García Lorca, Juan Gris o Larrea, entre otros. “He elegido un criterio que ponga en evidencia, a partir de su primeros libros, la presencia de la imagen creativa a la que mira toda la estética de Huidobro”, señala Morelli.

En palabras del académico, Huidobro era un “polemista irreductible”, al que su amigo Juan Larrea reconvenía diciéndole: “¿No podrás nunca, Vicente, anular con la comprensión ese aspecto de tu temperamento que te pone a merced de malquiera que te desafía?”.

La soberbia y el fuerte carácter del autor de Altazor quedan patentes en una jugosa entrevista rescatada en el libro, que Huidobro concedió al diario la Nación el 28 de mayo de 1939 (reproducida acá). En ella se despacha con buena parte de los poetas del momento, incluyendo a Pablo Neruda.

De este, Morelli señala que eclipso en parte la genialidad de Huidobro. Como confidencia personal, y reflejando su fascinación y conocimiento de Huidobro, Morelli cuenta que “a mi me resulta mas simpático Huidobro (a quien no conocí) que Neruda (que conocí en Milán, siendo yo muy joven, con quien he comido un par de veces y que además admiro mucho como poeta). Recuerdo que cuando Pablo vino a Milán (1972) a presentar su último libro Fin del mundo, los periodistas italianos le preguntaron que podía decir sobre la caída del estalinismo, tras la denuncia del último congreso. Él respondió (yo presente): “Yo siempre estaré al lado de los pobres”. Sin duda, eso no lo habría dicho Huidobro”.

Otra de las confesiones de Morelli, acerca del carácter del poeta, es la siguiente: “Huidobro fue un hombre rebelde y generoso, a veces capaz de superar sus sentimientos personales de rivalidad a favor de una causa común. Cuando en la Guerra Civil Española la Asociación Internacional de Écrivains pour la Défense de la Culture, en que Neruda y Huidobro militaban, preocupada por el perjuicio que podía causar la controversia entre los dos poetas, los invito a desistir de su polémica, quien acepta es Huidobro (tenemos su carta a Larrea que le comunica su aceptación). Neruda, en cambio, no contestara a la invitación”.

***
ENTREVISTA A HUIDOBRO, LA NACION, SANTIAGO, 28 DE MAYO DE 1939
“La poesía contemporánea empieza en mi”

-¿Cual es su concepto del a poesía?
-Pienso que la poesía es la síntesis de todas las potencias creadoras del hombre. La poesía es la suprema construcción del espíritu humano y algo así como el símbolo de todas sus facultades, de todos sus anhelos y de todas sus energías. Solo por medio de la poesía el hombre resuelve sus desequilibrios, creando un equilibrio mágico o tal vez un mayor desequilibrio. Aplastado por el cosmos, el hombre se yergue y lo desafía, el poeta desafía el universo. Por la poesía se iguala o supera al cosmos. Hace muchos años yo respondí en otra entrevista ante una pregunta semejante a esta: la poesía es la conquista del universo. Dar definiciones de la poesía es muy fácil y muy difícil; se pueden dar cientos y todas en el fondo son insuficientes. La poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone de pie. En realidad, la poesía nos hace ver todo como nuevo, como recién nacido, porque ella es descubrimiento, iluminación del mundo. Cuando sentimos que nos salen alas en la garganta y que todo nuestro cuerpo tiembla, estamos en presencia de la poesía. La poesía da vida a la muerte y más vida a la vida.

La poesía es la vida de la vida, por eso podemos decir que es el juego de la vida y de la muerte. Pero, en verdad, todas las definiciones son insuficientes y acaso una de las mejores seria decir que la poesía es aquello que queda fuera del alcance de toda definición. Lo que es evidente es que la poesía no es una entretención inofensiva como creen muchos, ni es tampoco un compuesto de relaciones irracionales como han dicho otros. Lo que hay es que la poesía tiene razones que la razón no conoce, tiene derecho a entrar en campos vedados, a construir su mundo con una lógica suya propia que no es la lógica habitual. Así su irracionalidad no es sino aparente. Ella es profundamente racional dentro de su razón de ser, de su intima realidad. Si la verdadera poesía contiene siempre en su esencia un sentido de rebelión es porque ella es protesta contra los límites impuestos al hombre por el hombre mismo, y por la naturaleza. La poesía es la desesperación de nuestras limitaciones, la poesía tiene hambre de infinito, de absoluto, de eternidad. A un el poema que os parece como mas sereno o mas risueño, esta lleno de ansias contenidas. No os fiéis de él, en cualquier momento pueden estallar sus dinamitas disimuladas y haceros mil pedazos. La poesía siente mas que nada el destino del hombre, y cuando creéis que esta cantando, ella esta llorando la libertad que es el paraíso perdido o, mejor dicho, el paraíso nunca hallado del ser humano. Por otra parte, debo declararle que pensar en la poesía como una catástrofe de la razón no me asusta, ni asusta tampoco a la poesía.

-¿Cuáles son, para usted, los valores mas altos que usted admira en esas escuelas pasadas?
-Baudelaire, Rimbaud, Lautrémont, Mallarmé, Jarry, Apollinaire. Pero si le he de decir la verdad, prefiero los poetas de mi tiempo a casi todos los pasados. Para mí, la poesía que mas me interesa comienza en mi generación y, para hablar claro, le diré que empieza en mí. Esto no quiere decir que no admire a las grandes figuras de otros tiempos, les admiro y respecto mucho, pero prefiero a los míos, a los que están mas cerca de mi pecho.

-¿Qué piensa de García Lorca?
-Que es un poeta muy mediocre. Para mi no tiene ningún interés. En general, los poetas españoles carecen de imaginación y de inteligencia poética. La literatura española esta aplastada por la retórica, esa terrible retórica del Mediterráneo, que mantiene ahogados bajo su lapida a todos los escritores de España, de Italia y muchos de Francia. Bueno, en realidad, Italia no tiene escritores sino escribanos, como el imbécil de Pitigrilli, el tonto furibundo de Marinetti y el tonto estético de D’Annunzio, con su cortejo de frases con miriñaques y crinolinas. Es increíble en el país del Dante, de ese genio cósmico, asombroso, que cada día me parece más admirable. Lo mismo sucede en España. ¿Cómo es posible que el magnifico impulso dado por los grandes poetas del Siglo de Oro no haya tenido continuidad? ¿Qué se hizo del genio español? Esto ha sido siempre, para mí, un motivo de misterio y de miles de conjeturas. Seguramente el descubrimiento de América desvío la imaginación española hacia la aventura vital de los exploradores y conquistadores, y la alejo de toda aventura intelectual; el español puso su acento en otra clase de conquistas que las espirituales. Y luego la retórica, la terrible retórica mediterránea, es como un casco apretando los sesos; una verdadera armadura de hierro. Fíjese usted que todos los españoles de hoy escriben con un tono engolado, que parece salido de otros siglos, en un estilo tieso, rígido, con carrasperas de fantasmas y frío de catedrales o humedad de cementerios. Escribir bien, para un español, es escribir como se escribía antes. Por eso la literatura española tiene tan poca vida. No han producido nada en una cantidad de ramas y subramas de las letras. No tienen un solo gran dramaturgo, ni un novelista de primer plano, ni un sicólogo, ni un gran pensador. No hay en España un Dostoievski, ni un Gogol, ni un Tolstoi, ni un Stendhal, ni siquiera un Proust, ni un Meredith, ni un Goethe, ni un Hölderlin, ni un Nietzsche, para no nombrar sino autores de todos conocidos. Lo mejor que ha tenido la literatura españolas en los últimos tiempos es acaso Valle-Inclán, a pensar de su voz engolada. No hubo en España un Víctor Hugo, un Musset, un Baudelaire, un Rimbaud, un Lautrémont, un Mallarmé, ni nada comparable. Mientras Inglaterra poseía un Byron, un Shelley, un Blake, España no tenia sino un Zorrilla, un Espronceda, un Núñez de Arce o novelistas como el señor Pereda, que todavía se atreven a editar los editores hispanos. Frente a esas montanas, unos tres o cuatro melones huecos. Desde el Siglo de Oro, las letras españolas son un desierto intelectual hasta Rubén Darío. Esta es la verdad, la muy triste verdad.

-¿Qué piensa de Pablo Neruda?
-¿Con qué intención me hace usted esta pregunta? ¿Es forzoso bajar de plano y hablar de cosas mediocres? Usted sabe que no me agrada lo calugoso, lo gelatinoso. Yo no tengo alma de sobrina de jefe de estación. Estoy a tantas leguas de todo eso.

-¿Cree usted que esa poesía que usted llama gelatinosa puede hacer escuela en América?
- Es posible, pero solo entre los mediocres. Es una poesía fácil, bobalicona, al alcance de cualquier plumífero. Es, como dice un amigo mío, la poesía especial para todas las tontas de América.

-¿Cuáles son los poetas jóvenes que mas le agradan?
-Desde luego, casi todos los que han colaborado en mi revista Total y algunos otros poquísimos, que no son muy conocidos. Me interesan altamente Teófilo Cid, Braulio Arenas, Enrique Gómez, Adrián Jiménez, Eduardo Anguita, Jorge Cáceres, Carlos de Rokha. Hay otros de los cuales he leído muy poco, y que parecen poseer un evidente talento poético, pero seria aventurado juzgarlos sobre la base de unas cuantas páginas.

-¿Qué piensa de la obra de Pablo de Rokha, la Mistral, Ángel Cruchaga, Max Jara y Pablo Neruda?
-De esos que usted me nombra, el que mas me interesa es Pablo de Rokha; Max Jara es un hombre inteligente, le aprecio mucho como amigo, pero en lo que respecta a la poesía no nos hemos podido entender jamás. Nos rechazamos como dos antiimanes, lo que no nos impide ser viejos amigos. Pero se olvida usted de Winétt de Rokha y Rosamel del Valle, que son dos verdaderos poetas, sin dulzainas gelatinosas ni barro verde.

POESIA Y CREACION
Gabriele Morelli
(antologador)
Fundación Banco Santander, 2012
335 paginas, €20

Articulo: http://www.mer.cl 18/11/2012

Mario VARGAS LLOSA/ Las huellas del salvaje


Las huellas del salvaje
Por Mario VARGAS LLOSA

Paul Gauguin asumió su vocación de pintor a una edad tardía, los treinta y cinco años, y casi sin haber recibido una formación técnica, pues tanto su paso por la Academia Colarossi como las clases que le dio su amigo y maestro Camille Pissarro fueron breves y superficiales.

Y es posible que con Pissarro hablaran más de anarquismo que de arte. Pero nada de eso le impidió llegar a ser el gran renovador de la pintura de su tiempo y dejar una marca indeleble en las vanguardias artísticas europeas. Así lo muestra, de manera inequívoca, la espléndida exposición "Gauguin y el viaje a lo exótico" que presenta el Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid.

Cuando lo dejó todo, para dedicarse a pintar, Paul Gauguin era un próspero burgués. Le había ido muy bien como agente de bolsa en la firma de Monsieur Bertin, vivía en un barrio elegante, sin privarse de nada, con su bella esposa danesa y sus cinco hijos. El futuro parecía ofrecerle sólo nuevos triunfos. ¿Qué lo llevó a cambiar de oficio, de ideas, de costumbres, de valores, de la noche a la mañana? La respuesta fácil es: la búsqueda del paraíso. En verdad, es más misterioso y complejo que eso. Siempre hubo en él una insatisfacción profunda, que no aplacó ni el éxito económico ni la felicidad conyugal, un disgusto permanente con lo que hacía y con el mundo del que vivía rodeado. Cuando se volcó en el quehacer artístico, como quien entra en un convento de clausura -despojándose de todo lo que tenía-, pensó que había encontrado la salvación. Pero el anarquista irremediable que nunca dejó de ser se decepcionó muy pronto del canon estético imperante y de las modas, influencias, patrones, que decidían los éxitos y los fracasos de los artistas de su tiempo y se marginó también de ese medio, como había hecho antes del de los negocios.

Así fue gestándose en su cabeza la teoría que, de manera un tanto confusa pero vivida a fondo, sin vacilaciones y como una lenta inmolación, haría de él un extraordinario creador y un revolucionario en la cultura occidental. La civilización había matado la creatividad, embotándola, castrándola, embridándola, convirtiéndola en el juguete inofensivo y precioso de una minúscula casta. La fuerza creativa estaba reñida con la civilización, si ella existía aún había que ir a buscarla entre aquellos a los que el Occidente no había domesticado todavía: los salvajes. Así comenzó su búsqueda de sociedades primitivas, de paisajes incultos: Bretaña, Provenza, Panamá, la Martinica. Fue aquí, en el Caribe, donde por fin encontró rastros de lo que buscaba y pintó los primeros cuadros en los que Gauguin comienza a ser Gauguin.

Pero es en la Polinesia donde esa larga ascesis culmina y lo convierte por fin en el salvaje que se empeñaba en ser. Allí descubre que el paraíso no es de este mundo y que, si quería pintarlo, tenía que inventarlo. Es lo que hace y, por lo menos en su caso particular, su absurda teoría sí funcionó: sus cuadros se impregnan de una fuerza convulsiva, en ellos estallan todas las normas y principios que regulaban el arte europeo, este se ensancha enormemente en sus telas, grabados, dibujos, esculturas, incorporando nuevos patrones estéticos, otras formas de belleza y de fealdad, la diversidad de creencias, tradiciones, costumbres, razas y religiones de que está hecho el mundo. La obra que realiza primero en Tahití y luego en las islas Marquesas es original, coherente y de una ambición desmedida. Pero es, también, un ejemplo que tiene un efecto estimulante y fecundo en todas las escuelas pictóricas de las primeras décadas del siglo XX.

Hay que felicitar a Paloma Alarcó, la comisaria de la exposición del Thyssen, y a todos sus colaboradores, por haber reunido ese conjunto de obras que, empezando con los expresionistas alemanes y terminando con surrealistas como Paul Klee y artistas no figurativos como Kandinsky y Robert Delaunay, muestran la enorme irradiación que tuvo la influencia de Gauguin casi inmediatamente después de su muerte, desde la primera exposición póstuma de sus cuadros que hizo en París, en 1903, Ambroise Vollard. El grupo de artistas que conformaron el movimiento alemán Die Brücke no solo adopta su colorido, las desfiguraciones físicas, el trasfondo mítico del paisaje y los contenidos indígenas, sino, asimismo, sus ideales de vida: el retorno a la naturaleza, la fuga del medio urbano, el primitivismo, la sexualidad sin trabas. Por lo menos dos de los expresionistas alemanes, Max Pechstein y Emil Nolde, emprenden también el 'viaje a lo exótico', como lo haría en 1930 Henri Matisse, y, aunque no los imita, Ernst Ludwig Kirchner, sin salir de Europa, se compenetra de tal modo con la pintura de Gauguin que algunos de sus cuadros, sin perder su propio perfil, aparecen como verdaderas glosas o recreaciones de ciertas pinturas del autor de Noa . En Francia, la huella de Gauguin es flagrante en los colores flamígeros de los fauves y ella llega, muy pronto, incluso a la Europa Oriental y a la misma Rusia.

Tal vez el aporte más duradero de Gauguin a la cultura occidental, a la que él decía tanto despreciar y de la que se empeñó en huir, es haberla sacado de las casillas en que se había confinado, contribuido a universalizarla, abriendo sus puertas y ventanas hacia el resto del mundo, no solo en busca de formas, objetos y paisajes pintorescos, sino para aprender y enriquecerse con el cotejo de otras culturas, otras creencias, otras maneras de entender y de vivir la vida. A partir de Gauguin, el arte occidental se iría abriendo más y más hacia el resto del planeta hasta abarcarlo todo, dejando en todas partes, por cierto, el impacto de su poderoso y fecundo patrimonio, y, al mismo tiempo, absorbiendo todo aquello que le faltaba y renunciando a lo que le sobraba para expresar de manera más intensa y variada la experiencia humana en su totalidad.
Es imposible gozar de la belleza que comunican las obras de Gauguin sin tener en cuenta la extraordinaria aventura vital que las hizo posibles, su desprendimiento, su inmersión en la vida vagabunda y misérrima, sus padecimientos y penurias físicas y psicológicas, y también, cómo no, sus excesos, brutalidades y hasta las fechorías que cometió, convencido como estaba de que un salvaje de verdad no podía someter su conducta a las reglas de la civilización sin perder su poderío, esa fuerza ígnea de la que, según él, han surgido todas las grandes creaciones artísticas.

Cuando fui a buscar las huellas que habían quedado de él en la Polinesia me sorprendió la antipatía que despertaba Gauguin tanto en Tahití como en Atuona. Nadie negaba su talento, ni que su pintura hubiera descubierto al resto del mundo las bellezas naturales de esas islas, pero muchas personas, los jóvenes sobre todo, le reprochaban haber abusado de las nativas pese a saber muy bien que la sífilis que padecía era contagiosa y haber actuado con sus amantes indígenas haciendo gala de un innoble machismo. Es posible que así sea; no sería el primero ni el último gran creador cuya vida personal fuera muy poco digna. Pero, a la hora de juzgarlo, y sin excusar sus desafueros con el argumento en que él sí creía -que un artista no puede ni debe someterse a la estrecha moral de los seres comunes y corrientes-, hay que considerar que en esta vida poco encomiable hubo también sufrimientos sin cuento, desde la pobreza y la miseria a que se sometió por voluntad propia, el desdén que su trabajo mereció del establishment cultural y de sus propios colegas, las enfermedades, como las terribles fiebres palúdicas que contrajo cuando trabajaba como peón en el primer Canal de Panamá y que no acabaron con su vida de milagro, así como sus últimos años en Atuona, su cuerpo destrozado por el avance de la sífilis y la semiceguera con la que pintó sus últimos cuadros. Hay que recordar, incluso, que si no hubiera muerto a tiempo, hubiera ido a parar a la cárcel por las intrigas y el odio que despertó entre los colonos de Atuona, sobre todo el del obispo Joseph Martin, junto al que -paradojas que tiene la vida- está enterrado, en el rústico cementerio de la islita que escogió para pasar la última etapa de su vida.

© Mario Vargas Llosa 2012.

Articulo: http://www.ultimahora.com 04/11/2012

Alberto BENEGAS LYNCH/ Recordando a Roy CHILDS


Recordando a Roy CHILDS
Por Alberto BENEGAS LYNCH

Como todo buen escritor, Roy A. Childs, Jr sigue existiendo entre nosotros porque están bien presentes sus obras que es en realidad lo sustancial que deja de una persona en su paso por esta tierra.

Quienes escriben quedan inmortalizados en el papel. Unamuno consignó la idea en conocidos versos: “Cuando me creaís más muerto/ retemblaré en vuestra manos/Aquí os dejo mi alma, libro/hombre, mundo verdadero/Cuando vibres todo entero/soy yo, lector, que en ti vibro”. Leonard Read solía decir que como la amistad verdadera y perdurable se basa en la comunión de ideales, uno no necesita haber conocido personalmente a alguien para sentirse su amigo, y Thomas Szasz, refiriéndose a Childs, escribió que “hay dos formas de conocer íntimamente a una persona. Una es convivir en el mismo espacio de vida durante un largo período, la otra es a través de un proverbial encuentro de mentes. Mi intimidad con Roy fue del segundo tipo”. Szasz lo conoció personalmente de modo fugaz a Childs, yo no tuve ese privilegio, sin embargo, siento que comparto la misma amistad a través de sus escritos. Somos nuestros pensamientos reza el dictum bíblico, de modo que nada mejor que conocer los pensamientos de alguien para conocer a la persona…y cuanto más se exprima sus pensamientos en todos los órdenes, más nítida resulta la radiografía.

Como todo buen escritor, Roy A. Childs, Jr sigue existiendo entre nosotros porque están bien presentes sus obras que es en realidad lo sustancial que deja de una persona en su paso por esta tierra. En este caso, envuelve a todos los que tienen acceso a sus trabajos y los que recuerdan a quien fue uno de los más destacados exponentes libertarios de los setenta y ochenta y el centro de atención de los jóvenes de esas generaciones, a pesar de su efímera vida entre los mortales puesto que murió a los 43 años de edad, en 1992.

Reconocer, recordar y resaltar los méritos y la fertilidad de quienes nos precedieron, no solo constituye un acto de justicia sino que forma parte del natural agradecimiento por los desvelos intelectuales de personas que han contribuido a convertir el mundo en algo mejor respecto a la situación que hubiera tenido lugar sin su presencia.

Como ha escrito Giovanni Papini en una ilustrativa metáfora, si a uno le abrieran el cerebro para espiar las influencias que ha recibido se encontrará con infinidad de cartelitos con los respectivos nombres. A Childs lo influyó especialmente Rose Walder Lane, Robert LeFebre, Ludwig von Mises, Tibor Machan, Floyd Harper, Murray Rothbard, Walter Block y Hans Sennholz. Enseñó en Rampart College y pronunció celebres conferencias en la Universidad de New York. Como relata Joan Kennedy Taylor en su jugoso escrito biográfico sobre este autor, era, además de su primordial interés filosófico, un apasionado de la música clásica (especialmente del compositor Sgambati y del pianista Bolet) y de la literatura de ficción y, en su métier, fue editor del Libertarian Review, colaboró en Cato Institute y en el Center for Libertarian Studies, fue comentarista principal de libros en Laissez-Faire Books, editó libros como National Economic Planning. What is Left? de Don Lavoie, mantuvo nutrida correspondencia con Milton Friedman y con su amigo Robert Nozick (quien, agregamos nosotros, hizo uso de la palabra en el funeral de Childs), pensador al que también criticó por un aspecto de su tesis en uno de sus afamados libros, y fue muy conocida y difundida su refutación a algunas de las reflexiones de Ayn Rand. En un artículo inconcluso, encontrado entre sus papeles cuando murió, parece retractarse de algunas de sus posturas, pero como dice la editora de esa publicación póstuma “nunca se sabrá” ya que no argumenta su cambio de posición.

En cualquier caso, es necesario reproducir algunas de las ideas que defendió en sus múltiples ensayos con maestría didáctica y convicción durante su corta y muy activa y prolífica vida. En esta nota periodística me circunscribo a dos de sus trabajos.

En primer lugar, escribe en su “Liberty against Power” que “no puede haber duda de que lado se ha ubicado el siglo veinte en el viejo conflicto entre la libertad individual y el estado respecto a los asuntos humanos. El siglo veinte es el siglo del poder, un siglo en el que la coerción estatal ha constituido un lugar común. Todas las formas concebibles de estatismo han sido aplicadas: fascismo, comunismo, social-democracia, estado corporativo y dictaduras militares. Los frutos de ese poder también se han puesto en evidencia. Hemos visto más miseria humana causada por el salvaje poder político, más crueldad y destrucción de vidas humanas que lo visto hasta el momento en nuestra historia.” Y luego de lo cual se refiere al desmoronamiento de la educación estatal, los elevados gastos públicos, deudas, déficit y aumentos siderales de impuestos junto con la quiebra de los sistemas estatales de seguridad social y el creciente desempleo, en cuyo contexto lo cita a Albert J. Nock quien consigna que “lamentablemente no se comprende bien que del mismo modo que el estado no tiene recursos propios, tampoco tiene poder propio. Todo el poder estatal es lo que la gente le otorga”.

En otro se sus ensayos Childs titualado “Big Buisness and the Rise of American Statism” afirma que la connivencia entre el poder gubernamental y las empresas prebenarias ha sido una catástrofe para la economía estadounidense y que las legislaciones de “antitrust” y “antimonopólicas” han constituido pantallas grotescas para proteger a empresarios ineficientes. Refiere como originalmente las empresas surgían de la eficiencia y la competencia hasta que irrumpió el aparato estatal, todo a contramano de lo que habitualmente se enseña en las historias oficiales y recomienda el gran libro de Gabriel Kolko que lleva por título The Triunph of Conservatism. A Reinterpretation of American History.

En ese mismo ensayo nuestro autor subraya un tema de gran trascendencia como el determinismo filosófico. En este sentido, explica que “el determinismo en sentido estricto es contradictorio. Si el proceso mental del hombre -específicamente su intención de razonar- no fuera libre, si estuviera determinado por su herencia y medio ambiente, entonces no hay manera de sostener que una teoría es verdadera y otra falsa ya que ningún hombre tendría manera de saber que su proceso mental no está condicionado a forzarlo a creer que una teoría es lógica cuando en realidad no lo es”.

He consultado de primera mano con personas que tuvieron la oportunidad de frecuentarlo a Childs y coinciden en su notable erudición, en su generosidad para compartir conocimientos, su espíritu siempre jovial y su muy atractivo y contagioso sentido del humor. Esta breve referencia periodística pretende rendir homenaje a este cultor de la libertad que tanto bien ha hecho por la condición humana. Si todos hicieran su parte en esta lucha por los valores y principios de la sociedad abierta, no estaríamos en los problemas en que estamos. No cabe endosar la responsabilidad a otros, cada uno es responsable por el establecimiento del necesario e imprescindible respeto recíproco.

En todo caso, conviene cincelarse en la memoria tres expresiones que remiten al mismo concepto y que recuerdan los enormes sacrificios para que tuviera vigencia, es decir, la libertad, cuyos usos originales fueron primero en Sumeria 2.500 años antes de Cristo: amagi, y luego eleutheria en la Grecia clásica y su contraparte libertas en el mundo latino, esfuerzos parturientos que representan bien la vida del contemporáneo Roy A. Childs, Jr.

Articulo: http://www.diariodeamerica.com  15/11/2012

Érik VELASQUEZ GARCIA/Todo en calma para el 4 Ajaw 3 K’ank’iin


LA GACETA

Estemos más que tranquilos, nos dice en este cuidadoso ensayo uno de los mayores epigrafistas del México contemporáneo, que aquí describe cómo la Cuenta Larga de los mayas alcanzará un momento singular el próximo 23 de diciembre, pero nada más. Al desmontar aquí toda posible profecía, Velásquez García (doctor en Historia del Arte, es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, de la UNAM) expone el fascinante modo de contar el tiempo entre los mayas y nos vacuna contra la charlatanería. Artículo publicado en La Gaceta.

Todo en calma para el 4 Ajaw 3 K’ank’iin
Por Érik VELASQUEZ GARCIA

Durante los meses recientes ha crecido una serie de mitos y creencias populares en torno a la existencia de una supuesta “profecía” maya para diciembre de 2012, concerniente a un imaginado límite de la Cuenta Larga, a un temido “fin del mundo” o, según una visión más optimista, a la llegada de una presunta “nueva era” de paz, fraternidad, entendimiento y conciencia superior entre los hombres.

En mi calidad de mayista y experto en la escritura jeroglífica de aquella civilización amerindia, desmentiré tales ideas, que en mi opinión no son sino extrapolaciones posmodernas al pasado mesoamericano, que nada tiene que ver con nuestros propios miedos, prejuicios, esperanzas o fantasías milenaristas, pues de hecho la cultura maya poseía una visión del tiempo y del futuro completamente ajena a la nuestra.

A manera de preámbulo necesitamos primero entender lo que es la llamada Cuenta Larga de los mayas,  un  cómputo  ininterrumpido  de  días  que  se hunde en las profundidades del pasado mítico y que al  mismo  tiempo  se  adentra  en  el  futuro  distante  y arcano. Este sistema de cómputo fue descubierto al menos desde 1886 por el gran bibliotecario de Sajonia Ernest Förstemann, al estudiar las páginas del Códice de Dresde. Él denominó tales fechas con el nombre de “números largos” y se percató de que respondían a una lógica vigesimal y posicional, además de que partían de una fecha base, que en ese códice estaba escrita como 4 Ajaw 8 Kumk’uh.1

 No obstante,  fue  apenas  en  1905  cuando  el  investigador  estadunidense Joseph T. Goodman, al reconocer que los “números largos” también estaban presentes en las inscripciones de piedra, formuló los cimientos de la correlación entre los calendarios maya y cristiano más aceptada por los mayistas. Dicha correlación tiene como punto de partida una “fecha ancla” que se encuentra escrita en la página 66 de un documento maya del siglo XVI, conocido como Crónica de Oxkutzcab, según la cual cierto día específico del año 1539 corresponde a 5 Ajaw 17 Sek. De acuerdo con Goodman, la base de los “números largos” descubierta por Förstemann, o sea 4 Ajaw Kumk’uh,  correspondía  en  el  calendario  gregoriano  al  9  de  agosto  de  3114  a.  C.,2 es  decir,  a  la  fecha juliana 584 280.3

Esta correlación fue revisada en 1926 por el mayista yucateco Juan Martínez Hernández, en 1935 y 1950 por el británico J. Eric S. Thompson y en 1978 por el estadunidense Floyd G. Lounsbury, quien a través de datos astronómicos procedentes de los códices mayas logró precisar que el día de arranque o “fecha era” no era el 9, sino el 13 de agosto, y que la fecha juliana más apropiada era 548 285.

La  base  de  la  Cuenta  Larga  es  un  día  entero  de 24 horas o k’iin, que en las inscripciones calendáricas mayas normalmente se escribía usando un punto. Dos puntos corresponden a dos k’iines, tres a tres de ellos y así hasta cuatro. Para escribir cinco k’iines se usaba una barra. Una barra con un punto significaba seis k’iines y así sucesivamente hasta diecinueve, representado mediante tres barras y cuatro puntos.

Para plasmar el veinte los mayas escribían un número “cero” y dejaban un espacio ortográfico en la parte superior del mismo a fin de colocar un punto. En esta segunda posición, un punto ya no tenía el valor relativo de 1, sino de 20 (1 × 20), mientras que la barra valía 100 (5  ×  20). Esta posición era conocida con el nombre de winal,  pero  lo  máximo  que  se  podía  escribir  no  eran  19 winales, sino 17, debido a lo siguiente: la lógica del sistema exigiría que un punto en la tercera posición tuviera el valor de 400 días (20  ×  20), pero en realidad no es así, pues los escribas indígenas desearon acercar el valor de esta posición a la duración del año. De este modo, un punto en la tercera posición tan sólo tiene el valor de 360 (20  ×  18), mientras que una barra equivalía a 1  800 días  (360  ×  5).  En  los  documentos  coloniales  escritos en idioma maya yucateco, el nombre de la tercera posición era tuun, “piedra”, pero gracias al avance de la epigrafía 4 hoy sabemos que los mayas antiguos del periodo Clásico (250-900 d. C.), quienes escribían en una antigua lengua cholana, lo llamaban haab’, “año”.

El máximo de haab’s que se podía escribir era 19. Al llegar a veinte  tuunes o  haab’s se completaba un  k’atuun,  que  era  el  nombre  de  la  cuarta  posición. El valor de un punto en esta última era de 7 200 días (360 × 20), mientras que una barra valía cinco k’atuunes o 36 mil días (5 × 7 200). La palabra k’atuun,  “atadura  de  piedra”,  era  tan  sólo  el  nombre que a este ciclo le daban los mayas yucatecos de la época colonial. En las antiguas inscripciones del Clásico dicho periodo recibía el nombre de winikhaab’, “veinte años’” Al llegar a veinte  k’atuunes  esta posición  se  completaba  mediante  un  “cero”  y  se  escribía un punto en la quinta posición.

En esta última, un punto equivalía a 144 000 días (7  200  ×  20), mientras que una barra valía 720 mil (5  ×  144  000).  En  los  documentos  mayas  yucatecos
del siglo xvi no existen vocablos para designar este ciclo, posiblemente porque en la época de la Conquista española estaba en desuso. Por tal motivo, los mayistas de principios del siglo XX lo bautizaron como  b’aak’tuun,  “cuatrocientas  piedras”.  En  años recientes los epigrafistas han podido determinar que el nombre antiguo de este periodo era pik, “ocho mil”, o más probablemente  pikhaab’,“ocho mil años”.

Esta  quinta  posición  se  volvía  a completar con veinte  b’aak’tuunes o pikhaab’s, momento en el que se convertía en un periodo de 2 880 000 días (144  000  ×  20), bautizado por los mayistas como  piktuun, “ocho mil piedras”, aunque su nombre antiguo jeroglífico por el momento es desconocido.El sistema de la Cuenta Larga permite múltiplos de veinte  piktuunes  (kalab’tuun, “ciento sesenta mil piedras”), de veinte  kalab’tuunes(k’inchiltuun, “tres millones doscientas mil piedras”), de veinte  k’inchiltuunes (alawtuun, “sesenta y cuatro millones de piedras”) y así ad infinitum. No obstante, se trata de nombres inventados por los mayistas 5 y de periodos muy inusuales, ya que una fecha maya por lo común requería tan sólo de cinco posiciones. Por ejemplo 9.17.5.0.0 quería decir 9  b’aak’tuunes  (9  ×  144  000), 17  k’atuunes (17  ×  7  200), 5  tuunes (5  ×  360),  0 winales (0  ×  20)  y  0 k’iines (0 × 1), es decir 1 420 200 días después de  la  “fecha  era”  4  Ajaw  8  Kumk’uh, que en el calendario juliano corresponde al día 2 004 485 (25 de diciembre de 775 d. C.).6

Es preciso advertir que, hasta donde  sabemos,  este  sistema  se  utilizaba exclusivamente para escribir fechas. También es importante decir que los datos arqueológicos hasta ahora conocidos sugieren que no fue inventado por los mayas, sino por sus vecinos que habitaban al poniente, en la región del istmo de Tehuantepec, quienes no eran hablantes de idiomas mayances, sino mixezoqueanos. Dicha cultura prehispánica, posiblemente descendiente directa de la olmeca, es conocida actualmente con el nombre de istmeña y a ella debemos los ejemplos de Cuenta Larga más tempranos: la Estela 2 de Chiapa de Corzo (7.16.3.2.13, 8 de diciembre de 36 a. C.) y la Estela C de Tres Zapotes (7.16.6.16.18, 3 de septiembre  de  32  a.  C.).  Aunque  por  el momento no se ha descubierto ningún ejemplo de Cuenta Larga istmeña que contenga expresamente la cifra “cero”, es justo mencionar que dicho signo, así como el valor posicional de los numerales, es condición  sine qua non para la existencia de semejante sistema de cómputo del tiempo.

Por contraste, la primera fecha de Cuenta Larga maya conocida de las tierras bajas centrales se encuentra grabada en la Estela 29 de Tikal (8.12.14.8.15, 8 de julio de 292 d. C.), mientras que del lado mexicano la inscripción con Cuenta Larga más precoz es la Estela 2 de Caandzibantun (8.18.0.0.0, 8 de julio de 396 d. C.), en el sur de Campeche. Este sistema estuvo vivo por lo menos hasta principios del siglo X, como lo testifica la fecha de Cuenta Larga labrada en el Monumento 101 de Toniná (10.4.0.0.0, 20 de enero de 909 d. C.), si bien en el manuscrito del siglo XV conocido como Códice de Dresde podemos hallar varias fechas de Cuenta Larga retrospectivas.

En  términos  de  la  Cuenta  Larga  la  “fecha  era” 4 Ajaw 8 Kumk’uh correspondía a la posición 13.0.0.0.0 (13 de agosto de 3114 a. C.), lo que en realidad equivalía, para cuestiones prácticas, a un hipotético 0.0.0.0.0, pues un día después sería 13.0.0.0.1 (14 de agosto de 3114 a. C.), uno después 13.0.0.0.2 (15 de agosto de 3114 a. C.), etcétera, mientras que un b’aak’tuun después de la “fecha era” no fue 14.0.0.0.0, sino 1.0.0.0.0 (15 de noviembre de 2720 a. C.). De tal modo que la “fecha era” 13.0.0.0.0 funcionaba de forma análoga a nuestro sistema para medir las horas, donde las 24 horas de un día equivalen a las 0 horas del siguiente.

De acuerdo con la correlación más aceptada, que coloca  la  “fecha  era”  en  el  día  juliano  584  285,  trece  b’aak’tuunes  se  completarán  nuevamente  el  día 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012,7 pero  nada  sugiere que se trate del fin de la Cuenta Larga o de una nueva llegada al hipotético 0.0.0.0.0, pues todo indica que la “fecha era” 13.0.0.0.0 4 Ajaw 8 Kumk’uh (13 de agosto de 3114 a. C.) es una posición única en la infinita serie del sistema, donde los  b’aak’tuunes se completaban en 13 por motivos numerológicos.

No obstante, la cuenta de los mismos proyectada hacia el futuro no se acaba en 13, sino que continúa hasta 20, siguiendo una lógica estrictamente vigesimal, lo que equivale de facto a un piktuun. Prueba de ello se encuentra en algunos textos jeroglíficos mayas, como aquel aniversario de la “fecha era” pintado  en  el  muro  norte  de  la  recientemente  descubierta Estructura 10k-2 de Xultún (17.0.1.3.0, 4 Ajaw 8 Kumk’uh, 1 de marzo de 3591 d. C.), en el Petén guatemalteco, o la completitud de un piktuun pronosticada en el Panel Oeste del Templo de las Inscripciones de Palenque (1.0.0.0.0.0, 10 Ajaw 13 Yáaxk’iin, 15 de octubre de 4772 d. C.). Ninguna de estas menciones futuristas contiene profecía alguna. Solamente son afirmaciones impersonales y predecibles por todo el mundo, como la del propio ejemplo de Palenque mencionado, que simplemente dice:  ju’n …pik uto’m, “un piktuun habrá terminado”. Conviene observar que tanto 3591 d. C. como 4772 d. C. ocurrirán mucho después del año 2012, lo que ya de por sí garantiza que los mayas nunca concibieron que su calendario se acabaría en este último año.

Prueba de que sólo en la “fecha era” la posición de los b’aak’tuunes se completó en 13, y que eso no volverá a ocurrir, pues en lo porvenir se completará en 20, se encuentra en la Estela 1 de Cobá, que contiene dicha fecha escrita de forma entera, con veinte posiciones de la Cuenta Larga superiores al k’atuun, pero todas completadas en el número sagrado “trece”: 13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.13.0.0.0.0 4 Ajaw 8 Kumk’uh, 13 de agosto de 3114 a. C. Se trata obviamente de una cifra con simbolismo numerológico, pues el 20 y el 13 son los múltiplos básicos del ciclo adivinatorio de 260 días (20 × 13).8
Tanto esta inscripción de Cobá, como otras varias del periodo Clásico, contienen versiones abreviadas de un mito cuya variante más completa se encuentra en  la  Estela  C  de  Quiriguá,  cuya  traducción  dice  lo siguiente: “[en] 4 Ajaw 8 Kumk’u’ el fogón fue sustituido; las tres piedras fueron atadas. Los Dioses Remeros hincaron la piedra; ocurrió en Nah Ho’ Chan; la  piedra  de  trono  de  jaguar.  Ihk’  Naah  Chak…  hincó la piedra; ocurrió en Kab’ Kaaj; la piedra de trono de tiburón. Entonces ocurrió la atadura de piedra de Itzamnaah Kokaaj Muut; la piedra de trono de agua. Ocurrió en la orilla del cielo; Lugar de las Primeras Tres Piedras. Trece b’aak’tuunes de terminaron por Wak Chan Ajaw.”

El sentido de este mito es que el mundo fue reordenado por los dioses. Dicho ordenamiento comenzó con la sustitución de un hogar o fogón de cocina que tenía la forma de tres piedras, pues al parecer el universo era homologado con una choza de campesinos, donde los cuatro horcones simbolizan los árboles sagrados que sostenían el cielo, representado a su vez por la techumbre tejida de la casa, hecha de palma. Cada dios o grupo de deidades se encarga de colocar una de las tres piedras del fogón en determinadas locaciones cósmicas, aunque al final se dice que el hogar completo se encontraba en la orilla del cielo y que el agente último de todo era el dios del maíz, llamado aquí Wak Chan Ajaw.

Otras versiones complementarias del mito asociado con la “fecha era” se encuentran en el Vaso de los Siete Dioses (k2796) y en la Caja de los Once Dioses (k7750),9 aunque todo indica que, a diferencia de la narrativa anterior, se trata de mitos locales o de la región de Naranjo, en la parte nororiental del Petén. De acuerdo con esas vasijas, una deidad anciana, señor supremo de la Creación anterior a la presente, conocida por los mayistas como Dios L, convocó en la oscuridad a una reunión de seres numinosos, quienes comenzaron a ordenar el mundo. El cruce de diversos datos procedentes de otros testimonios, tanto iconográficos como jeroglíficos, sugiere que el  universo  que  precedió  al  presente  fue  destruido por un gran diluvio o inundación que derribó el cielo sobre la tierra y todo lo desordenó, de manera que en estas vasijas asistimos al momento preciso en que los dioses se juntaron para reorganizar todo.

Es necesario advertir que la “fecha era” 4 Ajaw 8 Kumk’uh de ningún modo representa el inicio imaginario  de  la  Cuenta  Larga,  pues  existen  muchos textos jeroglíficos que se remontan miles e incluso millones de años hacia el pasado mítico. Algunos de esos cómputos descomunales hacia al pretérito se encuentran en las aún enigmáticas narrativas mitológicas de Quiriguá. Otras, mejor comprendidas, se ubican en el Altar 1 de Naranjo, que fecha la entronización del primer gobernante de la dinastía en una fecha que tuvo lugar 875 mil años en el pasado, pues en las crónicas y anales dinásticos de los mayas no se hacía distinción entre lo mítico y lo histórico. Ambas dimensiones,  la  divina  y  la  humana,  se  ubicaban  en un solo continuo temporal. Incluso en las llamadas páginas de los números de serpiente del  Códice de Dresde (pp. 61-62, 69) el epigrafista Carl D. Callaway ha podido identificar los mitos referentes a la formación de los grandes ciclos cronológicos de la Cuenta Larga, que fueron construidos miles de años en el pretérito profundo.

Pero, ¿qué hay de la fecha futurista 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’in, 23 de diciembre de 2012? Los epigrafistas más conservadores calculan que existen alrededor de 5 mil inscripciones jeroglíficas mayas. De todas ellas sólo dos contienen un registro explícito de semejante fecha, es decir, el 0.04 por ciento, dato que nos habla con elocuencia de la importancia que los mayas antiguos le otorgaron a la hoy famosa fecha de diciembre de 2012.

Durante décadas la única inscripción maya conocida que contenía esa fecha fue el hoy denominado Monumento 6 de Tortuguero, en el municipio de Macuspana,  Tabasco.  Un  fragmento  de  dicha  inscripción fue reportado por Heinrich Berlin desde 1953, mientras  que  en  1962  el  ya  mencionado  Thompson publicó las fotos de otros dos. En 1978 el epigrafista alemán Berthold Riese dio a conocer un dibujo completo de toda la inscripción conocida, hecho por el artista Ian Graham. Riese lo bautizó con el nombre de Monumento 6, argumentó que no se trata de una estela, sino de un panel o tablero que se encontraba empotrado en el muro interior de un edificio desconocido y, lo más importante, observó que contenía un aniversario o jubileo de la “fecha era”: 13.0.0.0.0 4 Ajaw, aunque no 8 Kumk’uh, sino 3 K’ank’iin.

A grandes rasgos puede decirse que el tema central de la inscripción son los ritos de consagración, dedicación o activación ritual del templo o edificio que alguna vez albergó a este tablero, llevados a cabo por el gobernante en turno de la ciudad, llamado B’ahlam Ajaw, el 16 de enero de 669 d. C. Dicho templo recibe el nombre de Wak Haab’ Naah, “Casa de Seis Años”, y buena parte de la inscripción se concentra en actividades ceremoniales que apenas comenzamos a comprender, ya que este género ritual, donde los dioses interactúan con los gobernantes en  su  propio  presente  narrativo,  es  un  ámbito  semántico poco entendido por los epigrafistas. Como es común en múltiples textos jeroglíficos mayas, los eventos contemporáneos centrales que celebran las propias inscripciones casi siempre son ritos de consagración de edificios o esculturas, cuya importancia se subraya al encuadrarlos en un relato donde son precedidos por diversos acontecimientos divinos y humanos, o sucedidos por eventos futuristas de final de algún periodo, aunque evitando de forma prudente todo tipo de pronóstico o profecía.

De este modo, el texto del Monumento 6 incluye la mención de otros sucesos del pasado, tales como la  propia  entronización  de  B’ahlam  Ajaw  (9  de  febrero de 644) y una serie de victorias bélicas que tuvieron lugar entre el 4 de junio de 644 y el 23 de diciembre de 649 d. C. Obsérvese que la fecha de este último triunfo coincide intencionalmente con la completitud de 13  b’aak’tuunes que tendrá lugar en 2012. Y no es casualidad, pues se trata de la guerra más importante que parece haber ocurrido en el reinado de B’ahlam Ajaw, cuyo enemigo fue la cercana ciudad  de  Comalcalco.  De  hecho,  en  el  Monumento 6 B’ahlam Ajaw celebra su victoria con una escalofriante frase: naahb’aj ch’ich’, witziij jol, “la sangre se convirtió en mar, los cráneos se hicieron montañas”.

Entre los acontecimientos del pasado homologados se encuentran dos que, aunque los epigrafistas no los han podido descifrar satisfactoriamente, evidentemente remiten a los mismos sucesos: uno ocurrió el 11 de marzo de 353 y el otro el 11 de diciembre de 647, ya dentro del reinado de B’ahlam Ajaw. Otro intento de este gobernante por afirmar que su proceder reafirma la conducta de los ancestros es su interés por mostrar que la colocación de esta misma inscripción dentro del templo (16 de enero de 669) se asemeja a otro acontecimiento igual, realizado por un ancestro suyo el 9 de diciembre de 510.

Acto  seguido,  la  narrativa  jeroglífica da un salto descomunal hacia el futuro, hasta llegar al jubileo o aniversario  de  la  Creación  del  mundo, que tendría lugar en 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’iin, 23 de diciembre de 2012. Pero no menciona ninguna profecía para esa fecha. Igual que en el ejemplo palencano antes mencionado, se trata de una afirmación ineludible, que todos conocen, semejante a algo como “el 31 de diciembre de 2100 el siglo XXI habrá terminado”, sólo que en esta ocasión está en cholano clásico: tzutzjo’m u[h]uhxlaju’n pik[haab’], Chan Ajaw k’in(?) Uhx Un[ii]w u[h] to’m, “el décimo tercer  b’aak’tuun habrá terminado, [el] día(?) 4 Ajaw 3 K’ank’iin habrá ocurrido”.

Tres cartuchos jeroglíficos erosionados y dañados cierran la inscripción  en  su  parte  final,  mismos que al parecer retornan a la fecha central  de  la  inscripción,  cuando ésta fue consagrada, es decir, al 16 de enero de 669, en lo que David S. Stuart ha llamado “boomerang” narrativo. La sección mejor conservada dice  yema[l] B’alun Ookte’ ta…, “es el descenso [del dios] B’alun Ookte’ a…” Aunque el nombre del lugar a donde baja el dios se encuentra muy dañado, puede apreciarse la presencia de un silabograma hi,10 lo  que  apoyaría  en  parte  la  idea  de Stephen D. Houston11 en  el  sentido de que el sitio a donde baja es el propio edificio que contenía la inscripción, tal vez porque de hecho era un templo dedicado a esta deidad, quien no coincidentemente se encuentra entre las que acudieron a la reunión convocada por el anciano Dios L en la “fecha era” a fin de reordenar el mundo, según se desprende de las vasijas de Naranjo antes mencionadas. No obstante, Sven Gronemeyer y Barbara MacLeod 12 sostienen una visión diferente sobre estos tres últimos cartuchos jeroglíficos, pues los ven como un pasaje que los mayas dejaron ambiguo de forma intencional, ya que se refiere tanto a la fecha de 669 como a la de 2012, aunque nunca lo contemplan como una “profecía” catastrofista, sino simplemente como la presencia de uno de los dioses supremos que participaron en la Creación (13.0.0.0.0, 13 de agosto de 3114 a. C.) en el aniversario de la misma (13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012).

Entre abril y mayo del propio 2012 fueron descubiertos los restos de una importante escalera jeroglífica  en  la  Estructura  13r-10  de  La  Corona,  sitio ubicado en el poniente del Petén guatemalteco y que está siendo investigado actualmente por los arqueólogos Marcello A. Canuto y Tomás Barrientos Quezada. En el bloque número v de ese monumento, conocido ahora como Escalera Jeroglífica 2,  el  ya  mencionado  epigrafista  Stuart descubrió, entre otras cosas, la segunda mención conocida en el corpus maya de la célebre fecha 13.0.0.0.0 4 Ajaw 3 K’ank’iin, 23 de diciembre de 2012.

El uso que los escribas mayas le dieron a esa fecha tiene grandes analogías en ambas inscripciones, pues mientras que en el Monumento 6 de Tortuguero se enlaza con la consagración del edificio y del propio panel  jeroglífico,  ocurrida  el  16  de  enero  de  669,  en el  Bloque  v  de  la  Escalera  Jeroglífica  2  de  La  Corona se liga con la activación ritual o consagración de la propia inscripción, que tuvo lugar el 3 de febrero de 696. De acuerdo con su texto jeroglífico, esta fecha fue elegida para coincidir con la visita a La Corona del poderoso gobernante de Calakmul Yuhkno’m Yihch’aak K’ahk’, un suceso verdaderamente notable para Chak Ak’ach Yuhk, señor local, en virtud de que Calakmul era por entonces la ciudad más poderosa y hegemónica de las tierras bajas mayas.

Del mismo modo que B’ahlam Ajaw de Tortuguero enfatizó la importancia de la consagración de su edificio y la inscripción que contenía, trayendo a colación sucesos del pasado a fin de legitimar e insertar este acto en la tradición de sus ancestros y en el gran orden cósmico del calendario, Chak Ak’ach Yuhk de La  Corona  ligó  la  activación  ritual  del  Bloque  v  con acontecimientos pretéritos mencionados en la propia inscripción, que tuvieron para él gran importancia política: 1] una lid en el juego de pelota de Sak Nikte’ (nombre antiguo de La Corona), que tuvo lugar el 16 de febrero de 635 y donde participó el legendario gobernante  Yuhkno’m  Ch’e’n  de  la  dinastía  Kanu’l, artífice y fundador de la hegemonía de Calakmul (ca. 636-736 d. C.); 2] el posible establecimiento de la dinastía  Kanu’l  en  Calakmul,  acaecido  oficialmente el 11 de abril de 635, dado que esa familia de gobernantes mayas probablemente procedía del sur de Quintana Roo;14  3]  un  acontecimiento  de  naturaleza  desconocida,  pues  el  jeroglífico  de  su  verbo  está totalmente erosionado en la misma inscripción del Bloque v, si bien conservamos la fecha, que convertida al calendario gregoriano es 12 de abril de 635.

Asimismo, igual que le ocurriera a B’ahlam Ajaw de Tortuguero, quien asoció la consagración de su edifico (Wak Haab’ Naah) y su texto jeroglífico con la fecha futurista y aniversario de la Creación 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012, Chak Ak’ach Yuhk de La Corona ligó la activación ritual del Bloque v con dos importantes cierres de b’aak’tuun que aún no habían ocurrido y estaban lejos en el tiempo: 10.0.0.0.0, 15 de marzo de 830, y 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012.

Y del mismo modo que B’ahlam Ajaw de Tortuguero, luego de hablar de la fecha de 2012, ejecutó un “boomerang” narrativo, pues aparentemente vuelve a referirse a su propio presente (669 d. C.): Chak Ak’ach  Yuhk  de  La  Corona  sólo  menciona  la  fecha futurista de 830, pero no dice nada sobre ella, pues lo que viene a continuación es la frase i yuxul k’an tuun tahn ch’e’n Sak Nikte’ Chak Ak’ach Yu[h]k ajaw yi[taaj] Yu[h]k[no’m] [Y]ihch’aak K’ahk’, uhxlaju’n winikhaab’ ajaw, “entonces el señor Chak Ak’ach Yuhk labró la piedra preciosa en el centro de la ciudad de Sak Nikte’ con [el gobernante] Yuhkno’m Yihch’aak K’ahk’, señor de trece k’atuunes”, lo que obviamente tuvo lugar en su propio presente (696 d. C.).

Una última analogía entre ambas inscripciones reside en que cuando se refieren al jubileo de la Creación que tendría lugar en 13.0.0.0.0, 23 de diciembre de 2012, ninguna contiene profecía alguna. En el caso del Bloque v de la Escalera Jeroglífica 2 de La Corona sólo se menciona lo siguiente: ha[l]jo’m u[h] to’m  ta  Chan  Ajaw  k’in(?)  Uhx  Un[ii]w, “un tiempo largo habrá sido, habrá ocurrido en el día(?) 4 Ajaw 3 K’ank’iin”.

¿Por qué los mayas desearon asociar la construcción de sus inscripciones y edificios con importantes cierres de k’atuun y de b’aak’tuun que tendrían lugar en el futuro? Parte de la respuesta parece residir en las ya mencionadas páginas de los números de serpiente del  Códice de Dresde, donde la creación de los grandes ciclos calendáricos fue designada con el mismo verbo pat, “formar” o “construir”, que en las inscripciones se usaba para consignar la edificación de estructuras arquitectónicas y monumentos de piedra. Según parece, los antiguos mayas veían el orden calendárico de la misma manera que concebían el espacio organizado a través de la acción de sus escultores y arquitectos. Más aún, conviene tener en cuenta que sus edificios e inscripciones  eran  de  piedra  y  que  este  material  fue concebido como la encarnación del tiempo, pues en las mitologías del mundo “la piedra se considera un lugar eterno, durable, capaz de soportar inundaciones, vientos y terremotos”.15

Pese a no existir ninguna profecía sobre el fin del mundo para diciembre de 2012, conviene decir que los mayas de la época colonial, al igual que casi cualquier sociedad, tuvieron sus propias ideas sobre la forma como se destruiría el espacio en el que habitaban, dando lugar a un nuevo proceso de regeneración, si bien no especificaron fecha alguna. Así, por ejemplo, entre 1555 y 1559 fray Bartolomé de las Casas refiere que, entre los q’ekchi’s de Verapaz, “había […] noticia de un diluvio y de la fin del mundo, y llámanle Butic, que es nombre que significa diluvio de muchas aguas y quiere decir juicio, y así creen que está por venir otro Butic, que es otro diluvio y juicio, no de agua, sino de fuego, el cual dicen que ha de ser la fin del mundo, en el cual han de reñir todas las creaturas”.16

Semejante al anterior es un pasaje contenido en la Relación geográfica de la ciudad de Mérida (1579), el cual confirma la creencia de los mayas yucatecos en diluvios sucesivos de agua y fuego, como también  en  un  caimán  que  simbolizaba  la  inundación y la tierra: “Tuvieron también noticia de la caída de Lucifer y del Diluvio, y que el mundo se había de acabar por fuego, y en significación de esto hacían una ceremonia y pintaban un lagarto que significaba el Diluvio y la tierra, y sobre este lagarto hacían un gran montón de leña y poníanle fuego y, después de hecho brasas, allanábanlo y pasaba el principal sacerdote descalzo por encima de las brasas sin quemarse, y después iban pasando todos los que querían, entendiendo por esto que el fuego los había de acabar a todos.”17

Para terminar este artículo, sólo deseo agregar que en los textos legados por los mayas antiguos sí existe una curiosa profecía sobre el fin del mundo, misma que incluso fija una fecha precisa, aunque nada tiene que ver con el año 2012. Ésta se encuentra en el folio 41 anverso del Chilam Balam de Ixily fue escrita en 1658: “en ciento veintinueve años se  acabará  el  mundo,  así  lo  dijo  Beroso  por  el  incremento  [de  la  población]  del  mundo.  En  1787  se acabará por lo mucho que aumentará la descendencia en la tierra.”18

Hasta donde sabemos ningún cataclismo de dimensiones apocalípticas tuvo lugar en 1787. Si esta profecía maya jamás se cumplió, ¿por qué habríamos de creer lo que sostienen los modernos “iniciados” de la posmodernidad  new age, nada apegados, por cierto, a los testimonios mayas antiguos?


Érik Velásquez García, doctor en Historia del Arte, es investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, de la UNAM.

1[1] 4 Ajaw es la fecha correspondiente en el calendario adivinatorio de 260 días, mientras que 8 Kumk’uh es su equivalente en el año vago de 365 días. La combinación de ambos tipos de fechas, como por ejemplo 4 Ajaw 8 Kumk’uh, se repetía cada 52 años y recibe el nombre de Rueda de Calendario.

2[1] En algunas publicaciones sobre la cultura maya el lector podrá encontrar esa fecha como –3113. La razón de esta aparente discrepancia es que 3114 a. C. representa el cómputo histórico, sistema donde nunca existió el año “cero” (3 a. C., 2 a. C., 1 a. C., 1 d. C., 2 d. C., 3 d. C., etcétera), mientras que –3113 es el cómputo astronómico, que sí admite un año “cero” (–2, –1, 0, 1, 2, 3, etcétera). Luego entonces, debemos entender que en realidad 3114 a. C. y –3113 es el mismo año.

3[1] Toda fecha juliana es el número de días que han transcurrido desde el mediodía del 1 de enero de 4713 a. C., o –4712, momento establecido en 1582 por el sabio francés Joseph Justus Scaliger de Leiden, quien, con base en el estudio de la historia antigua de Babilonia, Egipto, Israel y Persia, logró fi jar el principio de una cuenta de tiempo continua.

4[1] La epigrafía es el estudio de las inscripciones jeroglífi cas, cuneiformes o alfabéticas de cualquier cultura del mundo, aunque en el caso de los mayas el término se ha extendido al estudio no sólo de las inscripciones, sino de los textos pintados sobre cuevas, muros, vasijas o códices, por considerar que se trata de un mismo sistema de escritura, de tipo logosilábico, con independencia de su soporte o plataforma.

5[1] Nuestros conocimientos vigentes sobre la escritura jeroglífi ca maya sugieren que el nombre antiguo del  k’inchiltuun era  utzutzpik, “completitud del ocho mil”, y el del  kalab’tuun era simplemente  tzutzpik,“completitud-ocho mil”, mientras que el del  alawtuun pudo haber sido …k’anhaab’, “años preciosos…”.
6[1] 29 de diciembre de 775 d. C. en el calendario gregoriano.

7[1] El mito popular insiste en que esa fecha es el 21 de diciembre de 2012, usando una fórmula juliana para ubicar la “fecha era”. La razón de emplear semejante día juliano en vez del que es más socorrido por los mayistas académicos obedece simplemente a que el solsticio de invierno cae el 21 y no el 23.

8[1] El trabajo etnográfi co realizado por Iván Canek Estrada Peña entre los k’ichee’s contemporáneos, quienes aún utilizan el calendario adivinatorio de 260 días (cholq’ij), sugiere que los números sagrados 20 y 13 tenían un fundamento antropométrico, pues 20 correspondía a la suma de los dedos de las manos y los pies, mientras que 13 a las coyunturas principales del cuerpo.

9[1] Fotos de ambas vasijas se encuentran disponibles en línea, en la página del fotógrafo Justin Kerr: research.mayavase.com/kerrmaya.html.

10[1] El silabograma hi puede intervenir en la composición de la palabra naah, “casa” o “estructura arquitectónica”.

11[1] Stephen D. Houston, “What Will Not Happen in 2012”, en Maya Decipherment. A Weblog in the Ancient Maya Script, 2008, disponible en línea: decipherment.wordpress.com/2008/12/20/what-will-not-happen-in-2012.

12[1] “What Could Happen in 2012: A Re-Analysis of the 13-Bak’tun Prophecy on Tortuguero Monument 6”, en Wayeb Notes, 2010, disponible en línea: wayeb.org/notes/wayeb_notes0034.pdf.

13[1]  Cfr. David S. Stuart, “Notes on a New Text from La Corona”, en Maya Decipherment. A Weblog in the Ancient Maya Script, 2012, disponible en línea: decipherment.wordpress.com/2012/06/30/notes-on-a-new-text-from-la-Corona.

14[1] Muy posiblemente de Dzibanché, tal como he argumentado en algunos artículos que publiqué en la década pasada;  cfr. Érik Velásquez García, “Los posibles alcances territoriales de la infl uencia política de Dzibanché durante el Clásico temprano: nuevas alternativas para interpretar las menciones históricas sobre la entidad política de Kan”, en Rodrigo Liendo Stuardo (ed.), El territorio maya: memoria de la Quinta Mesa Redonda de Palenque, México, inah, 2008, pp. 323-352.

15[1] Mircea Eliade, Tratado de historia de las religiones, traducción de Tomás Segovia, 11ª ed., México, Era, 1996, Biblioteca Era, p. 201.

16[1] Bartolomé de las Casas,  Apologética historia sumaria cuanto a las cualidades, disposiciones naturales, policías, repúblicas, manera de vivir e costumbres de las gentes destas Indias Occidentales y Meridionales cuyo imperio soberano pertenece a los reyes de Castilla, editado por Edmundo O’Gorman, México, iih (unam), 1967, vol. ii, p. 507.

17[1] Mercedes de la Garza Camino (coord.), Relaciones histórico-geográficas de la Gobernación de Yucatán, México, cem (iifl, unam), 1983, vol. I, Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya 1, p. 72.

18[1] Laura Caso Barrera, Chilam Balam de Ixil. Facsimilar y estudio de un libro maya inédito, México, Artes de México-inah-cnca, 2011, p. 237.

Articulo: http://www.elboomeran.com  15/11/2012

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