dimanche 24 janvier 2010

Pedro Pablo GUERRERO/Las vanguardias chilenas vienen volando


Llega a Chile Nueva publicación
Las vanguardias chilenas vienen volando
Por Pedro Pablo Guerrero

Vicente Huidobro, Juan Emar, la revista Ariel, Rosamel del Valle, Eduardo Anguita, Pablo Neruda, María Luisa Bombal, el grupo Mandrágora, Nicanor Parra... todos ellos tienen en común el haber vivido el entusiasmo de las corrientes vanguardistas que llegaban de Europa en la primera mitad del siglo pasado. Un impulso que no se agotó ahí y que pudo proyectarse.

Bernardo Subercaseaux recuerda en el primer artículo del volumen Las vanguardias literarias en Chile que la voz "vanguardia" tiene su origen en el campo militar, y alude al que va adelante del cuerpo principal, liderando el ataque. En Francia, informa Waldo Rojas, la aplicación al campo artístico de la locución adverbial d'avant-garde caracterizaba hacia fines del siglo XIX a quien pretendía jugar un papel precursor en sus audacias. Salió de la jerga periodística y cristalizó en la expresión artistes de l'avant-garde , asociada a una heterodoxia estética, antiburguesa y heredera del romanticismo. El término sirvió más tarde, en la época de entreguerras, para cobijar en esta tradición de ruptura al movimiento Dadá, el cubismo, el futurismo y el surrealismo.

En Chile, Vicente Huidobro es "la figura epónima de la vanguardia" (Subercaseaux). Desde su célebre manifiesto "Non serviam" (1914), base del creacionismo, el poeta se aventura, solo, en desventaja, "heroico", a la sensibilidad dominante en el Chile del Centenario: criolla, rural y nacionalista. No es casual que el centro de gravedad del libro Las vanguardias... lo ocupen los trabajos dedicados a Huidobro por Ana Pizarro, Cedomil Goic y Waldo Rojas.

Por definición, entonces, la vanguardia es un movimiento -siempre plural- de avanzada, búsqueda y tanteo. Trabaja por ensayo y error. Explora territorios desconocidos, y algunas de sus patrullas se pierden para siempre en la escabrosidad de una geografía llena de farellones, acantilados y espesuras, como los paisajes de Max Ernst. ¿Qué habrá sido de los runrunistas de Benjamín Morgado, por ejemplo? ¿O de los adherentes al manifiesto Agú del malogrado Alberto Rojas Jiménez?

Desaparecidos en acción. Pero los sobrevivientes regresaron y recibieron honores, a veces perdurables; otras, pasajeros. Todos saben, más o menos, qué es el surrealismo; incluso hay quienes se declaran todavía sus herederos. ¿Pero quién sopesa, con justicia crítica e histórica, el legado de los mandragóricos? ¿O el trabajo pionero de Pablo de Rokha?

Respuestas estimulantes, categóricas o provisorias, abiertas al debate, ofrece el volumen Las vanguardias literarias en Chile . En uno de los "Diez puntos-manifiesto", emulando el tono, el uso del conteo regresivo (9, 8, 7...) y hasta la tipografía moderna de las proclamas vanguardistas, se afirma: "Rechazamos como insuficiente y anticuada la idea de que las vanguardias literarias luso-hispánicas de la primera mitad del siglo veinte fueron experimentaciones estériles y derivadas que no tuvieron ningún impacto sobre el desarrollo posterior. Al contrario, aseveramos que esas vanguardias deben ser apreciadas como expresiones artísticas valiosas, expresiones que al mismo tiempo funcionaban como preparación para la notable producción literaria de la segunda mitad del siglo".

Este mismo valor proyectivo es recogido por los editores chilenos del volumen, Patricio Lizama y María Inés Zaldívar, en la ingeniosa y clara filiación que llaman "Señas de identidad de este tomo". Tras completar los datos de nombre, fecha de nacimiento (alrededor de 1914), domicilio, etc., anotan en el lugar correspondiente a fallecimiento: "Nunca es definitivo, parecía que agonizaba alrededor de 1945, pero vuelve a revivir con Nicanor Parra y Gonzalo Rojas en los cincuenta, y de nuevo levanta cabeza en los ochenta... y seguimos. Tenemos para rato". Así lo comprueba, por lo demás, el artículo final que Miguel Gomes dedica a la postvanguardia de ambos autores.

La primera parte del volumen contiene una bibliografía de más de 200 páginas acerca de Emar, Huidobro, Bombal, Neruda y Mistral, entre otros consagrados, y autores menos conocidos, como Olga Acevedo y Juan Marín. Un total de 2.813 entradas que remiten a manifiestos y revistas (Claridad, Ariel, Dínamo, Agonal...). Materia prima de nuevas tesis, pensarán los investigadores. Pero también una brújula para que el neófito no se pierda en la selva de los ismos y pueda disfrutar de un viaje por el tiempo en el anexo final del libro: "Imágenes de la vanguardia chilena", con fotos de la bohemia, portadas de revistas y de primeras ediciones de libros inencontrables. Un álbum familiar en el que se mezclan rostros jóvenes y maduros demostrando que el rupturismo de las vanguardias no implica ausencia de genealogías.

Bien lo sabe Jaime Concha, quien ve en tres libros de Pedro Prado, editados entre 1908 y 1913, los primeros pasos de una vanguardia local. Hipótesis que avalaría la idea de quienes consideran al grupo de Los Diez, perteneciente a la Generación del Centenario, una "protovanguardia" o "puente" entre el modernismo y la vanguardia. Prado y D'Halmar, basta recordar, eran sus figuras centrales.

Remontando las raíces del pensamiento alemán -desde los poetas románticos a la trinidad Hegel-Freud-Marx- de Mandrágora, Orlando Jimeno-Grendi observa en sus autores un afán de síntesis de los contrarios, una alquimia fusionante del todo y sus partes, tan difícil de conseguir como la piedra filosofal. Carmen Foxley describe el sublime fracaso de Eduardo Anguita, resignado a la imposibilidad de restaurar la unidad original.

Luego de una nueva inmersión en las bóvedas de la memoria documental, Patricio Lizama rescata la revista Ariel y su valor "desinfectante" de los ojos y oídos de la crítica de su época: mediados de los años veinte. Ésa era al menos la intención de sus creadores: Fenelón y Homero Arce, Gerardo Moraga, Juan Florit, Rosamel del Valle y el pintor Efraín Estrada. Esfuerzo paralelo al de Emar en sus "Notas de Arte", publicadas en La Nación con el mismo propósito: impulsar una nueva crítica para formar el gusto y crear un público. Algo de lo que, por carencia de redes sociales y la publicación de obras intolerables para los críticos de su tiempo, no pudo hacer Pablo de Rokha, como señala Nómez al demostrar la temprana filiación vanguardista del poeta: desde sus primeros versos aparecidos en las revistas Selva Lírica (1916) y Claridad (1920), así como en su libro Los gemidos (1922). Un autor, acusa Nómez, relegado al olvido y "borramiento" por parte de los estudiosos de la literatura chilena y latinoamericana.

Una omisión parecida sufrieron, por décadas, las escritoras. Lucía Guerra insiste, con nuevos argumentos, en la construcción que hace María Luisa Bombal de un discurso resistente al orden patriarcal. Sin concesiones, la investigadora combate la manera en que los vanguardistas leían e incluso celebraban su obra desde su propia concepción de "lo femenino". Concepción de la que no se libró su contemporánea Winétt de Rokha, como señala María Inés Zaldívar al rescatar la obra y la figura de la poeta, quien renunció a su clase social y fue eclipsada por el marido a pesar del apoyo que éste siempre le dio a su labor creativa. Un hallazgo notable de Zaldívar es la carta abierta de Winétt (transcrita en un anexo) al escritor polaco Witold Gombrowicz, después de que éste expresara su desprecio por la poesía.


Guerra de trincheras

Como toda guerra -con su carga de exaltación, heroísmo, miserias y dolor-, la que impulsaron los vanguardistas contra la Academia y la crítica de comienzos del siglo XX, para conquistar el campo literario, permitió el desarrollo de nuevas tecnologías y la adopción de recursos, técnicas, imágenes, tópicos e incluso percepciones de mundo incorporados por los vates canónicos en sus obras mayores. El vanguardismo fue, en este sentido, una industria de material destructivo reconvertida, tras la conflagración, en una industria de maquinaria productiva. ¿Cuánto deben Neruda y Mistral a las vanguardias? Grínor Rojo y Paula Miranda niegan que Gabriela Mistral sea vanguardista, lo que no les impide advertir trazas de vanguardismo en Tala (1938). Luis Vargas Saavedra, en cambio, reconoce su vanguardismo, pero lo atribuye a una religiosidad heterodoxa, suspensión inestable de catolicismo, budismo y lecturas teosóficas tan comunes en esa época.

Con respecto a Neruda, sobre todo al de las Residencias , Selena Millares deja en evidencia sus contradictorias relaciones con las poéticas de vanguardia que, inevitablemente, lo permearon. El amor-odio del poeta es comprensible, considerando diatribas como la de Enrique Gómez-Correa en su prefacio a un libro de Rubén Jofré: "Manteneos puro, penetrad en el misterio. Huid de los concursos, de los premios literarios, de la lepra y de Neruda".

Sarcasmo despiadado tan propio de la guerra de trincheras de la vanguardia.


Los editores de "Las vanguardias literarias en Chile"

Cinco años tardaron Patricio Lizama y María Inés Zaldívar en publicar Las vanguardias literarias en Chile. Bibliografía y antología crítica , que se presentará el martes 19 de enero, a las 12 horas, en el Centro de Extensión de la Universidad Católica.

El libro nació de una iniciativa de los profesores Merlin H. Forster (Brigham Young University); K. David Jackson (Yale University) y Harald Wentzlaff-Eggebert (Friedrich-Schiller-Universität Jena), quienes han impulsado una colección acerca de la vanguardia que incluye países tales como España, Portugal, Argentina y Paraguay. La serie "Las vanguardias literarias. Bibliografía y antología crítica" aparece bajo el prestigioso sello alemán que dirige Klaus Dieter Vervuert.

María Inés Zaldívar, poeta y profesora del Instituto de Letras de la Universidad Católica, responde a las preguntas sobre el volumen y la serie a la que pertenece.
-¿Cuál es la finalidad de la colección?
-Permite tener acceso a un panorama de la vanguardia en la literatura, tanto acerca de la bibliografía en la materia como de la reflexión de especialistas. Una lectura de estos libros en su conjunto posibilita estudios comparativos, por ejemplo.

-¿Por qué asumieron usted y Lizama la tarea de editores?
-Merlin Forster, que vive en Estados Unidos, averiguó acerca de quiénes podrían hacer el tomo Vanguardias-Chile, y le dieron el nombre de Patricio Lizama, quien desde hace muchos años se ha dedicado a la investigación de este tema, en especial acerca de Juan Emar y las revistas de la vanguardia. Patricio, con quien somos colegas en la Facultad de Letras de la Universidad Católica desde hace más de diez años, me invitó a participar en el proyecto. Imagino que lo hizo por mi interés acerca de la poesía chilena, y en especial por mi inquietud acerca del papel de la mujer como poeta en la vanguardia. Forster viajó a Santiago y el proyecto quedó sellado a comienzos del 2004.

-¿Cómo eligieron a los autores de los 21 artículos que integran la segunda parte del libro?
-Los autores y autoras de los artículos fueron elegidos en relación a los temas y autores que habíamos definido previamente. Buscamos a las personas que consideramos eran las apropiadas por su especialidad.

-¿Cuál fue la principal dificultad que enfrentaron?
-Pienso que acotar nuestro objeto de estudio. Esto significó definir qué entenderíamos por vanguardia. Luego de establecer que trabajaríamos fundamentalmente entre los años 1920 y 1945, uno de nuestros desafíos fue seleccionar autores y autoras de manera representativa, sin exclusiones imperdonables. Nuestra dificultad tuvo paradójicamente que ver con la cantidad y calidad de autores con que contamos en la vanguardia chilena.

-¿Es un libro para especialistas o para cualquier interesado en el tema?
-Quizá la parte que contiene la bibliografía sea de mayor utilidad para los especialistas, aunque también puede servir como una guía para alguien que quiere iniciarse en la materia. Con respecto a los estudios críticos, creo que perfectamente pueden ser leídos por cualquier persona que esté interesada en el tema. La profundidad y riqueza del análisis no tiene nada que ver con la oscuridad de la escritura. Fue uno de nuestros desafíos.

Articulo :
http://diario.elmercurio.com 17/01/2010
Ilustracion: Vicente HUIDOBRO

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