lundi 27 juillet 2009

Jorge EDWARDS/Descubrimiento personal de César VALLEJO

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Testimonio Lectura clave
Descubrimiento personal de César Vallejo
por Jorge Edwards

La publicación de César Vallejo Una lectura desde Chile , antología realizada por Pedro Lastra y en la que Edwards participó junto a otros seis escritores -incluido el propio Lastra-, motivó al Premio Cervantes y reciente ganador del Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras a recordar la influencia del poeta peruano sobre él y sobre su generación.

Pedro Lastra, poeta, crítico, profesor, les pidió a seis escritores chilenos de diversas generaciones, todos ellos conocedores y frecuentadores de la obra de César Vallejo, que anotaran en una lista sus poemas preferidos del autor de Poemas humanos . El resultado es una antología colectiva, donde se produjeron notables coincidencias y hasta unanimidades, y una lectura desde Chile, como reza el subtítulo, del gran poeta peruano. Por ejemplo, los siete chilenos hemos coincidido, entre muchos otros, en escoger "Piedra negra sobre una piedra blanca", título enigmático para un texto clásico de la vanguardia en lengua castellana. Todos descubrimos ese poema en algún momento decisivo, en épocas de definición literaria, y casi todos lo sabemos de memoria hasta hoy mismo.

Por mi parte, recuerdo las circunstancias casi exactas en las que leí esos versos y me quedé intrigado, pensativo, desconcertado. Salí una tarde del Colegio de San Ignacio de la calle Alonso Ovalle, allá por 1946, y compré una revista en el quiosco de la esquina, Pro Arte. Años más tarde conocí al verdadero héroe de Pro Arte y hasta me convertí en colaborador ocasional, pero entonces, cuando hice la compra por pura intuición, no sabía nada ni de César Vallejo, ni de Enrique Bello, ni de las dificultades endiabladas de la vida del arte y de la literatura en Chile. Sé que era un día de invierno, que ya estaba oscuro, y que caminaba por ahí cerca, como de costumbre, un caballero de polainas grises que solía escribir en el conservador y católico El Diario Ilustrado y que además editaba el vespertino El Imparcial.

En la primera página de Pro Arte figuraba el poema de Vallejo, y los versos iniciales, leídos a la luz de un farol cercano, me dejaron embargado, boquiabierto, conmovido:

"Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy, de otoño".


Mi primera sorpresa fue el desafío a la lógica, a lo verosímil, practicado, sin embargo, con un lenguaje claro, ajeno al hermetismo y a las escrituras del surrealismo que ya empezaba a conocer fuera de mis estudios. Aquí no había oscuridad conceptual ni nada que se pareciera al dictado automático. En forma lúcida, tranquila, perfectamente controlada, el poeta nos aseguraba que ya tenía, es decir, que había empezado a tener, el recuerdo del día de su muerte: habría aguacero, en París, y esto ocurriría talvez en un jueves otoñal. Se podría aventurar un ensayo sobre los días jueves de la poesía latinoamericana de aquellos años ("un día sin orígenes, jueves"), pero el tema nos llevaría por otros caminos. Lo que me detuvo, lo que me produjo una sensación comparable a lo que se llamaba entonces una epifanía (James Joyce), fue la imposibilidad de aquella memoria, puesto que no podremos, por definición, recordar el día de nuestra muerte, y a la vez su enorme fuerza poética, su triunfante irracionalidad. En las aulas ignacianas de las que acababa de salir hacíamos largas prácticas de silogismos y leíamos a poetas como Núñez de Arce, Campoamor, Gustavo Adolfo Bécquer. El padre Walter Hanisch, historiador, especialista en el barroco latinoamericano, hombre amable y curioso, me había prestado un clásico de la crítica contemporánea: Literaturas europeas de vanguardia , de Guillermo de Torre. Pues bien, Vallejo estaba más cerca de nosotros que futuristas, dadaístas, surrealistas, pero también, andino, extraño, exiliado voluntario en París, llegaba más lejos. Era la vanguardia nuestra, ajena, precisamente, a los sistemas que describía Guillermo de Torre.Pocos años después, ya en los tiempos de la Escuela de Derecho y de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en los del antiguo Pedagógico de la Alameda abajo, en los de interminables conversaciones en el Parque Forestal, conocí a poetas para quienes Vallejo ocupaba un sitio especial, único, legendario: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Alberto Rubio. Rubio, que acababa de darse a conocer con La greda vasija , tenía una forma de forzar el lenguaje, de substantivar, de adjetivar (como ya se notaba en su título), que era de clara línea vallejiana. Por admiración, por deseo de identificación, por lo que fuera, había llegado a adquirir un parecido físico notable con el poeta de los Andes peruanos. Vallejo hablaba de los burros serranos, de las piedras, de "la pura yema infantil innumerable" de los bizcochos que fabricaba su madre en la infancia perdida, y parecía que Alberto Rubio, en versión chilena, en un tono quizá menos áspero, menos dramático, hacía variaciones sobre lo mismo. Ver ahora que un nieto suyo, Rafael Rubio, también poeta, participaba en la selección y explicaba en público su visión de la obra de Vallejo, me pareció una vuelta de la rueda del tiempo. Hasta conservaba, pensé, el parecido de su abuelo con el poeta de Santiago de Chuco.

Pocos años después, en el París de la primavera de 1962, conocí al joven Mario Vargas Llosa antes de que fuera conocido en la literatura, puesto que aún no había publicado su primera novela. Hablamos largamente, en interminables caminatas de los días domingo, de la poesía de Vallejo, del Neruda de Residencia en la tierra , de Octavio Paz, de un nuevo poeta del Perú que se llamaba Carlos Germán Belli. Eran meses de discusiones literarias desatadas, de sorpresas y conocimientos. Julio Cortázar vivía a la vuelta de la esquina, lo mismo que Roberto Matta o Miguel Ángel Asturias, y los jóvenes artistas y aspirantes a escritores de América española y portuguesa desembarcaban en París a cada rato.

Cuando leí al final de ese año La ciudad y los perros , uno de los primeros hitos de la nueva narrativa latinoamericana, sentí el eco particular del Vallejo de Trilce , de Poemas humanos , casi en cada página. En la prosa narrativa había entrado un aire, un ritmo, que no era enteramente lógico ni exclusivamente informativo, que tenía una relación no explicada con esa manera de escribir poesía. Cinco años más tarde, en uno de los primeros ejemplares de la edición de Sudamericana de Buenos Aires, leí Rayuela , otro hito novelesco, otra ruptura con la tradición narrativa, y me encontré con una atmósfera, inconfundible para mí, del Neruda de primera y segunda Residencia en la tierra . Se lo comenté a Julio Cortázar y no lo negó en absoluto.

Era una generación de narradores que leía poesía y que leía, a la vez, con insistencia obsesiva, a novelistas y cuentistas que se podrían llamar poéticos, como Faulkner, Proust, Joyce, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges o Juan Carlos Onetti: prosistas que no se quedaban en la esfera exclusiva de lo narrativo, que estaban contaminados por la concisión, el misterio, la ambigüedad de sentido de la poesía. El fenómeno, por lo demás, coincidía con otro opuesto y convergente. La obra de los poetas anteriores de América Latina escapaba de la noción aceptada y tradicional de lo bello. Entraba en lo cotidiano, en lo coloquial, en lo convencionalmente feo:

"y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al
mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero
muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo".


Pablo Neruda explicó esta estética mejor que nadie en un texto de Madrid del año 35, "Sobre una poesía sin pureza", y César Vallejo, quizá, sin terminar de explicarla, la practicó mejor, con una mezcla de modestia, de rabia, de audacia:

"Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el
tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardío!".


Fueron años en que nadie hablaba de derechos de autor, de best sellers , de premios literarios, aun cuando ya existían en alguna parte. La literatura era una vocación, no una profesión. En la pintura había algún dinero; en la literatura, un orgullo, una manera de vivir, una pasión compartida. Vivíamos de sorpresa en sorpresa: las ilusiones eran formidables y no faltaban las ingenuidades. Ahora no sabemos si la revolución, su leyenda, su idolatría, sus confusiones, tuvieron algo que ver con todo esto. Es muy probable que sí, y pagamos las consecuencias de alguna manera. Pero ahí, en una vuelta del tiempo, se encuentra esa época irrepetible: atrabiliaria, frenética, desaforada y, muchas veces, desconsolada. Entrar a la Coupole, en Montparnasse, como antes, en nuestra prehistoria, habíamos entrado al café Bosco, en la Alameda, y ver a Samuel Beckett, con su cara cetrina, cortada a cuchillo (parecida a la de Vallejo), y observar como buscaba alguna mesa de amigos; divisar a Eugenio Ionesco devorando un plato de tallarines con movimientos expertos; asistir a la entrada en masa de los artistas franceses, españoles, iberoamericanos -Antonio Seguí, Gironella, Antonio Saura, Eduardo Arroyo, Corneille, Tinguely-, que regresaban del Salón de Mayo, sedientos, era completamente inolvidable. "Me moriré en París con aguacero", había escrito Vallejo, frecuentador del mismo café en épocas de preguerra mundial, y todos podíamos decir lo mismo. El gran peruano nos interpretaba. El Hotel des Écoles, en el Barrio Latino, seguía funcionando, "y todavía compran mandarinas", como cantaba en el poema a su amigo Alfonso. Uno, por ejemplo, se sentaba en las mesas del Dôme, y sabía que en una de ellas se habían sentado Vallejo, Neruda, Alejo Carpentier, Acario Cotapos, Henriette Petit, Pilo Yánez. Era pura mitología, pero nadie podía vivir sin mitología. Vallejo, además de fantasma, de maestro desaparecido, era mito puro, conmovedor: "¡Mecánica sincera y peruanísima,/ la del cerro colorado!/ ¡Suelo teórico y práctico!". El tiempo se tragó casi todo, pero Vallejo, de repente, resucita. Alguien me cuenta que su tumba en Montparnasse es una tumba solitaria, sin flores, barrida por un viento frío. A mí me parece muy suyo: esa piedra tumbal es muy vallejiana. Hemos visitado la tumba de tantos otros, desde Baudelaire a Óscar Wilde, desde Wilde a Jean-Paul Sartre. En adelante buscaremos la piedra solitaria, desprovista de flores, de Vallejo, clave de tantas cosas.

Lectores chilenos eligen lo mejor de Vallejo

Como una "antología consultada", define Pedro Lastra su reciente trabajo sobre César Vallejo (1892-1938) para el cual, efectivamente, acudió a su propio juicio y a las opiniones de seis escritores chilenos de probado conocimiento y admiración respecto de la obra del autor peruano: los poetas Óscar Hahn, Diego Maquieira, Gonzalo Rojas y Rafael Rubio, y los narradores Jorge Edwards y Jorge Guzmán.

El método fue pedirles a los convocados que cada uno marcara sus poemas preferidos en un índice de las Obras Completas de Vallejo. Los textos elegidos variaron entre 40 y 75 y revelaron notorias coincidencias: once poemas fueron seleccionados por los siete consultados, mientras que otros tantos recibieron seis votos, un número mayor, cinco, y algunos más, cuatro.

Con todo este material, Pedro Lastra le dio forma a una necesaria y atractiva selección de la obra de César Vallejo, muerto tempranamente en París, tal como lo escribió en su poema "Piedra negra sobre una piedra blanca".

César Vallejo. Una lectura desde Chile
Editorial Universitaria, Colección El poliedro y el mar, Santiago, 2009, 90 páginas, $6.500.
Antología


Articulo :
http://diario.elmercurio.com 19/07/2009

dimanche 26 juillet 2009

Capital Cultural/Omar CID: Literatura chilena y cambio social. Un caso de desarrollo frustrado


Capital Cultural
Espacio de crítica,difusión y servicios literarios
www.capitalculturalservicios.blogspot.com

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Literatura chilena y cambio social. Un caso de desarrollo frustrado
por Omar Cid

La necesidad de un nuevo marco de referencias

Un número no despreciable respingará la nariz y tendrán la delicadeza de subrayarme que la era de los meta-relatos, las vanguardias, los ensayos sociales y culturales de cualquier tipo son material de archivo. Para ellos, lo importante es el texto “la producción en sí”. Con todas esas objeciones a cuestas, escribir sobre literatura chilena y cambio social, proponiendo un eslabón distinto de análisis capaz de superar o al menos desplazar las categorías de sujeto-objeto, son razones suficientes para que cualquier lector entendido, cambie de página.He querido evitar el vocablo paradigma, sin embargo en estos largos años de lector -tanto pasivo como activo- de antologías nacionales, he ido percibiendo y a estas alturas atragantándome, con casi los mismos textos, no importando los compiladores. Una de las razones que explican dicho estado de cosas, radica en los sustentos teóricos que justifican tales trabajos, todos tienen un norte, la pretensión de ser capaces de ordenar “lo bello” entendido como placer para la vista y los oídos o en un nivel superior identificándolo con su estado trascendente y espiritual (Platón).

El paraguas metodológico y epistémico de Feyerabend en su ya célebre tratado “Contra el método; esquema de una teoría anarquista del conocimiento” propone frente al fenómeno estético lo siguiente “La actividad de la razón es crecimiento y en ese crecimiento tiene un papel central la imaginación. Cada símbolo es una cosa viva, en un sentido muy estricto y no como mera metáfora. El cuerpo del símbolo cambia lentamente, pero su significado crece de modo inevitable, incorporando nuevos elementos y desechando otros viejos". En Chile, este dinamismo, esta puerta abierta a otras visiones se encuentra cerrada, más allá de las pretensiones elaboradas desde las corrientes semióticas, estructuralistas que refrescaron en su momento el panorama cultural, finalmente, han sido reproductoras del mismo principio de orden, generando un discurso social de la belleza, donde “el arte por el arte” no es otra cosa que el fácil tránsito de la elaboración literaria a los círculos de producción y mercado.

Plantearse entonces un nuevo orden referencial en el lenguaje, implica sumarse entre otros a Felix Guattari, en su cuestionamiento de los paradigmas estéticos, subvirtiendo la unidad de producción de valores capitalistas, se trata del principio de la alteridad y por tanto de la recuperación de la ética, como elemento de análisis y de redescubrimiento de la importancia de la creación, de la auto-fundación y del compromiso ético que conlleva. (Ver Guattari, El paradigma estético, entrevista con Fernando Urribarri, nov. 1991) .

Una segunda mirada que puede aportar a la elaboración de una nueva y rejuvenecida perspectiva estética, la aporta el ideario cínico que asoma en el contexto del descrédito de las utopías, bajo el desencanto del modelo estético neo-liberal y proponiendo un punto de fuga a su capacidad de reproducción y alienación, optando por el camino autárquico, antes que el dormitar embrutecido del imperio del consumo. Autores como el propio Diógenes y muy especialmente Peter Sloterdijk, filósofo alemán de connotada trayectoria son referencias para este camino. Para ambas corrientes de opinión, la historia juega un papel determinante, uno de los grandes vacíos que se expresa en las antologías y en general en los trabajos de esa índole, es la ausencia del factor histórico, en el proceso creativo.

Algo de historia

Los procesos independentistas, tuvieron en la pluma un fuerte aliado, las cartas de los libertadores, la alianza temprana entre una estética racionalista resumida en los colores patrios, la música, los uniformes, más un organismo de difusión como la “La Aurora de Chile” desembocaron en una corriente crítica por supuesto ligada a la elite criolla.

En 1860, “La lira popular” era un instrumento donde los poetas y los cantores populares - comentaban con su mirada- se trataba de pliegos sueltos, destinados a comentar los hechos de cierta relevancia de la vida nacional, con el objetivo de venderlos en mercados y lugares concurridos.

Allí el humor, el ingenio y la crítica social eran una herramienta discursiva de vital importancia. Hasta 1920, ocupó un lugar en la memoria del pueblo chileno, el historiador Maximiliano Salinas, realizó un trabajo de investigación en torno a la influencia de lo literario popular, en el ámbito de lo sacro, como de construcción de conciencia social, publicado en revista Araucaria (1986) y titulado “El bandolero chileno del siglo XIX. Su imagen en la sabiduría popular”. De ahí se extrae este texto.

Los Húsares de la muerte
fueron creados por él
y en Maipo peleó sin hiel
pero con gloriosa suerte;
después aquel brazo fuerte
por carrerista sincero
fue de un modo traicionero
muerto por un argentino.
y así murió el jefe fino
que humilló al godo altanero.


Puede que esté lejos de ser un verso bien logrado, puede que no cumpla con todas las formalidades que el decálogo de los poetas exige, lo más probable es que no se encuentre a la altura de compartir, hojas con nombres como los de Huidobro, Parra o Zurita, pero las diez líneas anónimas citadas, son la fotografía de un momento histórico, son el grito de los condenados a muerte de la historia y en ese sentido trascienden tanto o más que cualquiera de los poetas públicamente reconocidos.

A principios del siglo XX, autores como Víctor Domingo Silva, Cosme Damian Lagos, conformaron un sustento valioso al movimiento obrero naciente, acompañando a Recabarren en el nacimiento de la prensa obrera.La llamada literatura social de Baldomero Lillo, Nicomedes Guzmán, son un aporte desde el momento que el sujeto a retratar era el obrero, en sus alegrías y pesares, ingresando a la vedada mina, como al dormitorio de su casa.Sin embargo, la valoración estética de estos autores siempre estuvo en tela de juicio, como “El Canto General” de Neruda y la producción literaria de la generación de los ochenta, marcada por la existencia de la dictadura. Frustración y estancamiento, son palabras acordes cuando se intenta retratar la situación de la literatura y su vinculación con el cambio social, frustración porque; la elaboración discursiva que da cuenta o propone desde su estrategia, alguna sensibilidad que escape a la de los placeres, los sufrimientos inconmensurables por la falta de una cerveza o la página en blanco, son rápidamente tachados de panfletos, de propaganda, o sea, pseudo-arte.Bajo esa misma premisa, los autores de la diáspora, por el solo hecho de pertenecer a ese registro, se encuentran sancionados, primero por quiénes en un arrebato de pureza, los pasan y repasan por el filtro de la evaluación a-social de sus textos, luego por quiénes cuidan el negocio y sus pequeñas trincheras de supervivencia, para todos ellos, abrir nuevas posibilidades de análisis, podría significar validar ámbitos de competencia innecesaria.

El estancamiento intelectual entonces, tiene sus raíces en la búsqueda de una seguridad y el mantenimiento de un orden -que se puede de vez en cuando atacar- para que todo continúe del mismo modo, la analogía que retrata de mejor forma este momento, es el largo proceso político de post-dictadura, donde los poderes fácticos han logrado salir airosos, en desmedro de las demandas democratizadoras de la gran mayoría del país, del mismo modo, en las esferas de los comentarios literarios y de la crítica periodística del rubro, los avances son casi nulos, las voces se han multiplicado, pero los sustentos teóricos que permiten sus elaboraciones, no dan cuenta ni de las discusiones filosóficas actuales, ni mucho menos de las nuevas miradas al fenómeno estético, donde en algunos casos, la vuelta al sujeto y a su entorno, son elementos de importancia a la hora de configurar y validar un producto, un esfuerzo creativo.

Pablo PANIAGUA/¿Qué es la Literatura Indie?



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Pablo PANIAGUA Sobre
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¿Qué es la Literatura Indie?
Por Pablo Paniagua

El concepto “indie” se aplica a toda manifestación artística realizada de manera independiente y fuera de las modas establecidas por el mercantilismo, y en lo que respecta a la literatura se refiere a los libros publicados por fuera de la corriente principal o al margen de la industria editorial, y que, además, de alguna manera en ellos se aborda o hace notar el desencanto del hombre ante la Época Supermoderna.

En Argentina, Chile y México, principalmente, algunos autores publican su obra de manera personal, gracias a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de impresión. Está claro que las adversidades económicas de los países donde este tipo de publicaciones están surgiendo, agudiza la inventiva de los escritores para propiciar dicha vía y ganar la partida, de inicio, a escritores de otras latitudes, como los españoles, que se acostumbraron a la estabilidad de un sistema social aburguesado.

Estos nuevos escritores independientes asumen el riesgo que supone la aventura de publicar por cuenta propia, para vender sus libros por las calles, plazas, cafés y bares de su ciudad, y despreciar editoriales tipo “Bubok.com” o “Lulu.com”, que no son nada más que un directorio donde los autores y su obra quedan perdidos en el anonimato. El escritor independiente, al menos, tiene un libro entre las manos: es algo real, un producto cien por ciento genuino: escrito, diseñado, publicado y vendido por su autor. Ahí, en ese libro, está la impronta del artista, no es un producto genérico, es el sueño de alguien que apostó su intelecto y sus energías para sacar adelante el proyecto de vida: la permanencia por medio de la palabra.

Pero esta “palabra” no debe caer en el discurso condescendiente y vacío, porque la “literatura indie” va más allá de ver una obra impresa. Es la visión alternativa de un nuevo escritor que, sabiéndose inmerso en una época de decadencia social, la del consumismo y la adoración desmedida del Becerro de Oro, de una Humanidad que camina hacia la distopía, no duda en tratar, ya sea de manera directa o sugerida, todo aquello que determina el fracaso de nuestra civilización, el absurdo y sus contradicciones (y ahora Franz Kafka se me aparece como un visionario, y también Roberto Bolaño con estas palabras: “Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka veía arder el mundo”)...

El escritor indie, como ser pensante, ha de enfrentar de manera crítica la inercia de una Humanidad avocada en el fracaso, y rechazar, con inteligencia, cualquier atisbo de banalidad. Es recuperar la palabra asociada a la idea, el discurso que profundiza en ella, para buscar el fondo que permanece en toda obra que aspira a la inmortalidad. No basta, como pretende Juan Marsé, con contar una historia de manera creíble y quedarse en la mera fachada, en el contenido, porque el intelecto ha de estar al servicio de ese conjunto de ideas que se deben desarrollar. El escritor indie no rechaza ser un intelectual, porque de otra forma abandonaría esa visión crítica tan necesaria para analizar el mundo que le rodea, para encontrar las claves que darán solidez y consistencia a su trabajo. Ya son muchos, demasiados, los escritores que se dedican a la literatura del entretenimiento, esa mácula de lo banal que caracteriza nuestra sociedad de consumo, escritores que ven y se conforman con plasmar la realidad del espejismo, de lo ilusorio, para no saber estar en su tiempo, mirando desde afuera de ese mismo tiempo, con la distancia necesaria de una mirada crítica que cuestione el fracaso del hombre ante su Historia.

La literatura indie es la palabra en rebeldía, la resistencia del intelecto ante lo banal, la obra de arte frente a la simulación, la irreverencia ante la hipocresía, la voz disconforme y alternativa que se alza en contra del aluvión de literatura consumible que inunda el mercado editorial. La literatura indie es, a fin de cuentas, una apuesta para impedir la muerte de la literatura.

Mariano ESTRADA/ Iniciación


Mariano Estrada Vázquez Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado Justel. Es natural de Muelas de los Caballeros (Zamora) y ha publicado los poemarios «Mitad de amor, dos cuartos de querencias» (1984), «El cielo se hizo de amor» (1986), «Tierra conmovida» (1987), «Trozos de cazuela compartida» (1991), el ensayo «Paco Llorca, semblanzas del arte» (1993) y «Azumbres de la noche» (1993).Ha publicado en papel los poemarios "Desde la flor del almendro" (1995), "Hojas lentas de otoño" (1997) y "Amores colaterales".

Por otra parte, algunos libros que han sido parcial o totalmente publicados en Internet, como "Vientos de soledad", "El limón hespérico" y actualmente escribe "Gotas de hielo" y también un ensayo titulado "Aguablanca, caminos de ida y vuelta", otro titulado "La patrias de dulcinea", junto ha algunos cuentos y numerosos artículos de variada índole

Sitio :
http://www.mestrada.net/
E-mail : maritos@telefonica.net

Sobre
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Iniciación
Por Mariano Estrada
Del libro “Las orillas del mar”

1
De forma imperceptible
-y hasta puede que involuntaria-,
dejo a un lado el camino
por el que voy todos los días
al encuentro gozoso con el mar.

El sendero elegido
-desdibujado por momentos,
casi reminiscente-
me conduce a un paraje solitario
donde abundan las rocas.
Una de ellas presenta una hendidura
por la que accedo a un pasadizo y
finalmente a una cueva.

Es verdad que me tiembla el corazón,
pero descubro con asombro
que mi curiosidad
es superior a mis recelos,
siendo éstos muchos.

Y de pronto me veo
-casi diría que me intuyo-
en un pequeño espacio
que, de manera insospechada,
viene a ser el vestíbulo
de una experiencia singular,
desconocida, casi delirante.
La historia es breve:

Cuando mis ojos se acostumbran
a la mermada luz del interior,
consigo descifrar este letrero
cincelado en la roca:

“Prohibido el paso”

Y debajo, con letra diminuta,
se añade esta curiosa explicación,
que es más bien un enigma:

“Si transgrede la prohibición
y cruzas ese hueco
de elemental oscuridad,
hacia el que miras con asomos
de incontinencia,
sabrás más de ti mismo
y entenderás mejor el mundo,
pero nunca podrás, a cambio,
revelar la naturaleza
de tus descubrimientos.

En realidad,
tan sólo habrá una forma
humana de saber
si has burlado el mandato
o lo has obedecido.

Y no tú, otros
serán los que lo sepan,
los que te harán saber un día,
casi de forma imperceptible
y, desde luego, silenciosa,
que, como tú,
están en el misterio”

2
Y no recuerdo más.
Cuando cesó la luz
mi mente quedó a oscuras
y ya no hubo conciencia ni energía
que guardara un destello en la memoria.

Dicho de un modo más humilde:
No sé cómo ni cuándo
abandoné la cueva.
Tampoco sé la forma
en que salí de aquel lugar
para llegar a casa.

Sólo puedo decir
que, al recobrar la lucidez,
el alba se posaba sobre el mar
y el horizonte ardía.


Epílogo

¿Si me he vuelto a acercar
al escenario de los hechos?
Claro, me acerco con frecuencia.
Tomo el mismo camino,
llego al mismo paraje y busco,
busco con toda intensidad.

Pero es buscar en vano,
porque jamás he vuelto a ver
la mágica hendidura
de la roca, por la que un día,
cayendo ya la tarde,
penetré en las arterias del subsuelo.


Posdata:

Me siento mal. Ignoro
lo que pudo ocurrir en esas horas
de absoluto vacío
de la conciencia.
¿Ha cambiado mi vida? No lo sé,
pero mis ojos, desde entonces,
no paran de buscar en las miradas
inescrutables de la gente
un guiño de complicidad,
una confirmación cuyo deseo
me satisface y me horroriza.

Ian WELDEN/Milagro: la Coleccionista


IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
Ian.welden@mail.dk

Ian Welden sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Ian+WELDEN

MILAGRO
La Coleccionista
Por Ian WELDEN

"Aunque camine por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno porque tu estás conmigo"
Salmos 23: 4


La conocí una tarde de lluvia fina saliendo del Cine Andersen donde había visto una película oscura y polvorienta de Ingmar Bergman.
"Me duelen los huesos" me gritó y succionó su cigarrillo como si se tratara de oxígeno puro. Mi reacción fue ignorarla pero ella no aceptó mi rechazo. Me siguió por la calle húmeda y me detuvo en una esquina donde los semáforos estrafalarios lanzaban rayos multicolores al pavimento.
"Tú! Me duelen los huesos! Haz algo pues".

Su rostro groenlandés, su pelo negro agresivo y luminoso y sus ojos azules y tormentosos me vencieron. Me fascinaron.
"Qué quieres que haga?"
"Cómprame huesos nuevos. Tu pareces tener harto oro..."
"Eres puta?"
"Puta? Ja ja ja! No. Soy astronauta. Vengo llegando del planeta Marte donde desenterré osamentas de marcianos que murieron hace millones de años. Y tú? Qué cosa eres? Maricón? Ja ja ja. Cómprame una cerveza por favor".

Su súbita humildad me enterneció.

El Café Ciré bullía de bebedores compulsivos, humo, transpiración y música de Lilly Allen. Nos sentamos a beber y a mirarnos. Ella tranquila, sumisa, me clavaba sus ojos húmedos y legañientos, goteando rimel viejísimo por sus pómulos poderosos como icebergs solitarios o iglúes deshabitados. Bebía su cerveza a sorbos pequeños, haciéndola durar, calentándola con sus manos impecablemente pardas como si fuera whisky o coñac. Sentí la emancipación de la vejez en mi cuerpo desgastado. O sería el descalabro de la poca juventud que me quedaba?
"Qué edad tienes mujer?"

A manera de respuesta me mostró un documento a punto de deshacerse.
"María Jeremíasen, 14.12.80 -Uunuk, Groenlandia..."
"Si, a ver el tuyo?,
"Ian Welden, 14.12.48 -Santiago, Chile... Hola abuelito! Ja ja ja".
"Hola, hija... María..."

Un poco ebrios subimos las escalas de un edificio que se mantenía en pié gracias a algún milagro. La basura se amontonaba por los corredores sin luz y ratas y cucarachas se desparramaban despavoridas a nuestro alrededor. Sin embargo un dulce aroma a cilantro, ajo y frutas frescas recién cortadas nos acarició el olfato. Su pequeña morada consistía en un sólo cuartito, una cama en el suelo y una ventana misteriosa. El baño era un tarro de arvejas con etiqueta GREEN GIANT. Y el gigantesco ropero, por supuesto.
"Aquí vivo yo, viejo".
"Si, me doy cuenta".
"Qué te parece?
"Mal pues!"
"Me imagino que tu vives en un palacio, no?"
"No. Pero mi casa es distinta. Tienes algo para comer?"
Sacó una lata de sardinas portuguesas, un pan rancio casi verde y se despojó de la chaqueta húmeda, los pantalones y la blusa. Tenía un tatuaje en un seno, SHHHH... Y cenamos sardinas saladas con las manos y en silencio

"Qué hay en ese ropero?"
"Osamentas humanas"

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Intuí que era verdad. Se puso de pié y abrió las puertas del mueble. Una cascada de huesos cayeron al suelo. Calaveras blancas, amarillas y oscuras con sus clásicas sonrisas de piratas detenidos en el tiempo nos observaron curiosas entre las tibias, costillas, fémures y peronés. En el ropero habían esqueletos balanceándose cual mimos blancos colgados de ganchos para la ropa. Observó mi mirada de estupor y me hizo cariño en el pelo, tranquilizándome.
"No tengas miedo, viejito. No soy una asesina."
"Qué es todo esto?"
"Son seres marginados y solitarios que me regalan los cuidadores de los cementerios de la ciudad. No, no estoy loca abuelito. Fui estudiante de medicina una vez en Groenlandia a pesar de que entiendo si no me crees, siendo quién soy ahora, una mendiga cualquiera que pide huesos por las calles de Copenhague."
"Y qué haces ahora con ellos?"
"Los cuido pues, les hablo y les canto canciones de cuna a la hora de dormir. Los lavo, los seco y los acurruco contra mi pecho. Los consuelo en las noches de tormentas.
"Pero aquí también hay quijadas de burros, de bueyes y cocodrilos!"
"Por supuesto. Eran sus bestias de carga, sus fuentes alimenticias... Tienen todo el derecho de estar junto a sus amos".
"Y así me dices que no estás loca!"
Guardó silencio un instante. Afuera de la ventana llovía con saña..

"Y qué haces tú con tu vida, señor tan cuerdo?"
"Era arqueólogo".
Su mirada burlona me hirió.

"Tienes nietos y nietas? Una esposa guardadita por ahí en algún ropero?"
"Tenía una hija de tu edad, murió en un accidente. Mi esposa me espera en casa".
Me hizo tocar las osamentas y recordar esa textura suave tan particular, ese diseño ingenioso y resistente al tiempo que nosotros los seres humanos con toda nuestra ciencia jamás hemos logrado imitar.

"Tu sabes harto de esto, señor arqueólogo. Te da nostalgia? Ternura?"
"Siempre me impresionaba encontrar huesos en mis excavaciones. Huesos de dos o tres mil años o más, con restos de vestimentas bizarras. Seres llenos de pasiones, orgullosos, codiciosos, inteligentes o estúpidos reducidos a esta modesta materia que nosotros llamamos hueso".
"Solo te falta decir: `to be or not to be ´... También eres filósofo?"
"Hace un frío horrible, porqué no cierras esa ventana?"
"Porque por ahí entran las almas de estos huesos a reconciliarse con sus muertes pues, viejo loco. O no crees en el alma?"
"Alma?"
"Sácate la ropa mojada y métete aquí a la cama conmigo que te vas a resfriar, necesito a un padre esta noche".

Puso su cabeza en mi hombro, olía a peces y osos polares. Le acaricié su cabello inmundo. Yo necesitaba a una hija. La ventana permaneció abierta y nos dormimos en paz. Sin embargo desperté sobresaltado a medianoche para encontrarme con una multitud de hombres, mujeres, viejos y niños de diversas razas hincados ante María. Murmuraban al unísono algo que parecía un rezo o una plegaria. Gente entraba y salía del cuarto como si fuera la calle principal de una gran ciudad. Por la ventana trepaban soldados conduciendo a prisioneros vendados y esposados y del inmenso ropero brotaban cadáveres, insectos y bestias salvajes que vomitaban refrigeradores, computadoras y televisores. Del techo descascarado apareció una mano gigantesca que me sacó de la cama de una sola bofetada y mi levantó en el aire con su dedo índice y pulgar, como quién retira una mosca de la sopa, y me depositó cuidadosamente a la salida del Cine Andersen donde recién había visto una oscura y polvorienta película de Ingmar Bergman.

Julio 2009 Montaje fotográfico de Ian Welden.
ian.welden@mail.dk

Maite ARMENDARIZ AZCARATE/Documental revela la intimidad de Nicanor PARRA


Adelanto Avant première de Artes y Letras:
Documental revela la intimidad de Nicanor Parra
por Maite Armendáriz Azcárate

A pesar de su oposición a las cámaras, Parra fue filmado entre 1997 y 2008 gracias a la persistencia del cineasta Víctor Jiménez. El filme muestra el diario vivir del esquivo poeta, comunica sus más profundos pensamientos, amores y también mordaces críticas sobre el Chile de hoy.

Casa de Las Cruces, 1998. Colombina Parra le corta las uñas de los pies a su hijo en la salita de estar. Mientras, Nicanor lee un texto en inglés. "-Papá, ¿no te salieron más esos callos que te salían". -Nunca más, le responde Nicanor. "Porque antes yo te cortaba los callos", le replica ella. -Es que eran los zapatos estrechos, descubrí que eso era todo..., dice el poeta nominado al Premio Nobel de Literatura.

Con esta escena íntima parte el documental "Retrato de un antipoeta"; pero el espectador, segundos antes ya es cómplice de todo cuanto vendrá más adelante cuando ve a un Parra muy enojado enfrentándose al camarógrafo al descubrir que lo están filmando adentro de su hogar.

Desde que en 1997 le tocó al cineasta Víctor Jiménez Atkin realizar un registro de Nicanor Parra, el personaje lo cautivó a tal extremo que lo persiguió como una obsesión durante los últimos 10 años.

En el filme se respira la ambientación que rodea al escritor en los últimos discursos, premios e hitos de su actual vida, pero tal vez lo más conmovedor es lo que ocurre en sus casas en La Reina, Isla Negra y sobre todo en Las Cruces, donde el vate vive desde hace algunos años. En ese entorno, el poeta, próximo a cumplir 95 años, va relatando sus más íntimos pensamientos, como su pasión por Shakespeare; en una escena le lee a su nieto algunos fragmentos de Hamlet, pero también en el mismo puerto de San Antonio se desata comentando de ecología: "Ya no hay esos choros deliciosos de antaño"; habla de frentón de política con palabras elocuentes sobre Salvador Allende y hasta de Pinochet; aparece en su célebre discurso en la Feria del Libro de 1998 frente a cientos de jóvenes en plena efervescencia por la reciente reclusión en Londres del Capitán General, y donde parte diciendo: "Qué sería del mundo sin los ingleses...".

Ningún sector político se salva de sus dardos: "PC: Politically Correct. UDI: Unión dictadura indefinida. PR: Pura razón. RN: Revolución, nica. DC: Divina comedia. PPD: Pepe Donoso. PS: Proyecto sustentable en bicicleta a la sociedad sin clases".

A través de inéditas imágenes se revelan sus costumbres y hábitos como un sencillo vaso de vino que le acompaña junto a sus libros y lámpara de lectura; su regreso con las verduras del mercado; cuando sacude varias veces sus pies en un fiel paño que luego guarda siempre en el mismo espacio a un costado del zaguán de su casa. Confiesa la impresión que le causa ver crecer a su nieto Cristóbal Ugarte: "cada fin de semana es otro niño y todavía no se desintegra, porque cuando entran (los niños) a la convención, lo que se llama el Manual de Carreño, al logos, no sale nada más de ellos..."

Llama a vivir la "economía mapuche de la subsistencia" y por ello aconseja acostarse al caer el sol tal como lo hacía junto a sus hermanos Violeta y Lalo de pequeños en Chillán, cuando una vela debía durar una semana. No obstante, frente a una cortés moción invitándolo a que circule frente a las cámaras, Parra vuelve a arremeter y entre otras palabras dice: "Hay que bailar la cueca del consumismo. Con un cheque aquí, adelante, yo me paro de cabeza".

Y así como también analiza la corrupción, traspasa su íntimo desasosiego frente a Dios y hasta se explaya en sus sentires frente a la mujer. Notable es el momento en que recuerda qué le ocurrió cuando le propuso matrimonio a la que califica como su gran amor, "es la mujer imaginaria":
-Cómo quieres que me case contigo, viejo huevón, me dijo (yo tenía 64 y ella 32). Eres viejo, roto y comunista; y, además, Premio Nacional de Literatura. Mi familia te perdonaría las tres primeras, pero no la cuarta -aludiendo a que nadie se hace rico dedicado a la literatura.

De pronto la cámara sigue al poeta en sus acostumbradas caminatas junto al borde costero. Apoyado de su bastón, enfundado en su gorro y chaquetón toma asiento frente al océano y un dramático primer plano habla de esa reflexión tormentosa, de esa búsqueda intentando digerir todo cuanto va pasando por su mente cual metralleta que debe decantar para luego intentar dejarlas encerradas en la palabra.

Su gustos musicales, particularmente su impresión sobre Bob Dylan, es sin duda otro de los aciertos del filme dirigido y producido por Víctor Jiménez.

Cámara en acción

"En sus apariciones públicas la audiencia de la película podrá recordarlo en acción y además podrá ver la intensa y excitante interacción que Parra es capaz de ejercer al público. ¿Quién logra esto hoy día? En cuanto al retrato de su vida privada para mí como cinematógrafo fue un placer filmarlo en cine, pues todos podrán apreciar su particular fisonomía e histrionismo, además de sus espacios cotidianos y sus típicos objetos", asegura Jiménez, el realizador.

-¿Qué desafíos debieron sortear para infiltrarse en su vida privada?
"El principio de incertidumbre de Heisenberg. Cuando Parra veía cámaras o micrófonos se sentía tremendamente incómodo. Un día no aguantó más y enunció este principio que en pocas palabras dice que el sujeto al ser observado deja de ser el sujeto y pasa a ser "el sujeto alterado"; es decir, con la presencia de las cámaras su voz se imposta, su pensamiento se imposta. Sale una mentira. Nicanor nunca estuvo dispuesto a actuar frente a cámaras. El me decía: ¿cómo no va a ser posible que me registren sin que yo me dé cuenta? ¿Cómo no va a ser posible que la tecnología permita esto?".

"Confieso que Nicanor y su gran exigencia me empujaron a encontrar dentro de mí a un cineasta que de otra manera jamás hubiese aflorado".

-¿Qué episodios fueron los más álgidos durante la filmación?
"Para su discurso de la Estación Mapocho, que fue masivo, yo me había conseguido algunas latas de película para filmarlo y sobre todo me interesaba captarlo recitando el poema 'El hombre imaginario'. Varias veces le pedí a Nicanor que me contara el programa de su discurso, lo que no hizo. Sabía que duraría al menos una hora y yo tenía 30 minutos de película". Agrega que aquel episodio fue delirante, todo era memorable, el público ardía después de cada palabra y Jiménez filmaba con mucho cuidado. Después de casi una hora y media, Nicanor se despide y nada... "aún me quedaban algunos minutos que de haber sabido que no lo recitaría feliz hubiese rodado. Sin embargo, de repente se gira y dice 'una más... una más...' Y partió con 'El hombre imaginario'. Casi me muero. Corre cámara... el público absolutamente en silencio disfrutó de ese increíble e irrepetible momento que está en la película y que es un regalo para todos".

-¿Parra asume la poesía como salvavidas del hombre contemporáneo?
"Después de 10 años de trabajar en esta película me di cuenta de que la antipoesía es un faro para nosotros en los tiempos que corren. Todos sabemos que se derrumbaron los grandes ideales y que para las personas comunes y corrientes se nos hace muy difícil existir sin moldes o estructuras".

Agrega que el poeta con su obra da ciertas pistas que permiten descubrir un camino no explorado:
"En la película, por ejemplo, nos sugiere que no hablemos desde ninguna parte, que podemos usar distintas máscaras, es decir, nos invita a no etiquetarnos, a no casarnos con dogmas".

Recuerda que en una oportunidad, Nicanor le dijo: "Víctor, el secreto consiste en no hacer sufrir a nadie. Esto es esencial, es como si nos recordara que las respuestas están en nuestro instinto. Nuestra identidad no es un plato de cazuela, una empanada o un garabato, nuestra identidad está en nuestro punto de vista y cada cual tiene su punto de vista. Los puntos en común y los divergentes son nuestra identidad. No un objeto o una forma".

-¿La poesía salvó la vida de Parra, tanto desde el punto de vista emocional como material?
"Nicanor asumió su rol en esta época. Muchas veces lo escuché decir que la palabra escrita está muerta. '¿Quién lee poesía hoy en día?', repetía".

-¿De qué modo nacen las ilustraciones en tinta china que se incluyen en la película ?
"Hay partes de la película en donde tenía construida la banda de audio, pero no tenía imágenes. A Quena Navarro, productora de diseño y arte de la cinta, se le ocurrió hacer secuencias tipo Story board , como dibujos de revistas para ilustrar lo que el poeta decía".

-¿Cómo se financia este filme?
"Todo el rodaje fue costeado por Jiménez Navarro. De hecho, mi empresa quebró financiando esta película. Sin embargo, alcancé a rodar todo lo que consideraba relevante para comenzar la post-producción".

Agrega que la post-producción fue financiada por la Universidad Tecnológica de Chile, Inacap, que vio en el contenido y forma de la película un enorme valor educativo, sobre todo en vísperas de la celebración del Bicentenario. "Me acaba de llegar un documento del Ministerio de Educación en el que son patrocinadores del filme".

"Retrato de un antipoeta" se estrenará con 7 copias en Santiago y luego comenzará el recorrido por regiones.

-¿Qué dijo Parra al ver el film?
"Me felicitó por la paciencia y me regaló un artefacto que dice: "Por fuera soy así...OJO...por dentro todo lo contrario".

-¿Asistirá a su estreno?
"Con Don Nicanor you never know".

El director

Víctor Jiménez actualmente es director de la Escuela de Cine de la sede Pérez Rosales de Inacap, trabaja en un guión para un largometraje de género fantasía, cuyo tema central es la evolución de la conciencia.

Nació en Valparaíso, donde vivió hasta los 18 años. En 1994 se tituló del Centro Sperimentale di Cinematografía di Roma, Italia. Su maestro fue Giuseppe Rotunno, cinematógrafo que trabajó estrechamente en películas con Federico y Luchino Visconti.

Entre 1994 y 1997, trabajó en CNN internacional en la ciudad de México, "pude conocer en profundidad la realidad social-política y económica de todos los países de Latinoamérica". En 2003 realizó un magíster en producción de cine en la Universidad de Bristol, UK. Entre otras producciones nacionales, se encargó de la cinematografía y look de la película "Kiltro" (primer filme chileno de artes marciales) y de la cinematografía del documental "Aquí se construye". Conoció a Nicanor Parra hace 11 años en Las Cruces, en la que era entonces la casa de verano de la familia de su mujer, los Navarro, y donde hoy vive el poeta.

Articulo :
http://diario.elmercurio.com 19/07/2009

A la sombra de buenos libros

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A la sombra de buenos libros
Más de 50 apuestas seguras, negro sobre blanco

Si no los ha leído, éste es el momento. El momento de disfrutar de esas apuestas seguras, clásicos y modernos, que nos esperan desde hace meses. De los relatos más negros, las mejores aventuras, los viajes que no saben de demoras. Se suman a la tripulación álvaro Pombo, que nos regala un relato sobre su clásico preferido, El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hyde, mientras Francisco González Ledesma discute el crimen perfecto y Montero Glez nos embarca en su viaje particular. ¡Feliz travesía!

Cuentos Completos
Truman Capote
Quinteto. 336 pp., 7,95 euros

El autor de A sangre fría o Desayuno en Tiffany's fue también un cuentista persistente, pero no torrencial, provocador y sentimental. En este volumen, que incluye un cuento inédito, podemos disfrutar del Capote más íntimo, a veces marginal pero siempre deslumbrante.

La mascarada de la muerte roja
Edgar Allan Poe
Alpha Mini, 2009. 50 pp., 5 euros

Nada como celebrar el bicentenario de Edgar Allan Poe (1809-1849) con la lectura de uno de sus cuentos más célebres, especialmente oportuno en estos tiempos de epidemias, crisis y gripes, en excelente versión de López Guix.

Estuche Benedetti
Mario Benedetti
Alianza, 2009. 3 vols., 26 euros

Los cuentos de Benedetti, una antología poética y La tregua son el mejor homenaje a uno de los creadores más populares del último medio siglo, el mismo que confesó: "mi pesadilla es siempre el optimismo / [...]no me lo digan cuando despierte"

Nuestra poesía en el tiempo
Antonio Colinas
Siruela. 405 pp., 23,94 euros

La poesía también es para el verano, sobre todo si el antólogo es Antonio Colinas, y en el prólogo nos enseña a disfrutar de la música callada de los mejores versos de nueve siglos, del Cantar de Mío Cid a Eugenio Montejo, pasando por Manrique, San Juan de la Cruz, Rubén Darío, Juan Ramón y Gil de Biedma.

After Henry James
Varios autores
451 Ed. 528 pp., 12 euros
La osadía a veces tiene premio: Andrés Barba, Margo Glantz, Vicente Molina Foix, Javier Montes, Soledad Puértolas, Colm Tóibín y Juan Villoro se han atrevido a terminar los relatos que Henry James dejó bosquejados. No lo duden, estas propuestas, cargadas de talento y humor, valen la pena.

Un día de cólera
Arturo Pérez-Reverte
Punto de Lectura. 405 pp., 7,95 euros
Como explica el propio Pérez-Reverte, "este relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto". Pero es, en palabras de Santos Sanz Villanueva, "el libro más influyente de todos los publicados recientemente sobre el 2 de mayo". Historia y literatura, trepidantemente de la mano.

El ocaso de los dioses de la estepa
Ismail Kadaré
Alianza. 240 pp., 8 euros
El último premio Príncipe de Asturias ha puesto el foco en la obra de un narrador fascinante, el albanés Ismail Kadaré. Y nada como este Ocaso de los dioses, retrato de la persecución de los escritores ajenos al realismo socialista, para saber por qué.

Un médico rural
Franz Kafka
Impedimenta. 160 pp., 17,50 euros
Este volumen reúne 30 extraordinarios relatos de Kafka, desde el que le da título a "Informe para una Academia”, o “El deseo de ser piel roja", en una incursión desesperada por las miserias de la condición humana.

2666
Roberto Bolaño
Anagrama, 2008. 1128 pp., 20 euros

El éxito del montaje teatral que Àlex Rigola ha puesto en escena sobre esta descomunal novela póstuma, que son cinco en una, su complejidad y belleza, así como la incesante popularidad de Bolaño seis años después de su muerte, hacen imprescindible esta recomendación. ¿Se la van a perder?

El Don apacible
Mijail Sholójov
RBA. 448 pp., 24 euros
Si el año pasado no se atrevió con los cuatro tomos de El Don apacible (Debolsillo), ahora puede disfrutar del clásico de Sholojov -sólo es comparable a Guerra y paz según Gorki-, a través de su primera parte.

Orgullo y prejuicio
Jane Austen
Alianza. 264 pp., 9,90 euros

Si no lo ha leído todavía, no sabe cuan afortunado es: le esperan unas páginas casi bicentenarias tan trepidantes que secuestran al lector más actual. No falta nada, ni una sociedad hipócrita y desalmada, ni prejuicios de clase, ni amores tan ciertos como desdichados.

Saber Perder
David Trueba
Anagrama. 528 pp., 12 euros
Como explicó Ricardo Senabre, Saber perder es una novela "compleja y excelente, un magnífico regalo" que el lector avisado no debe perderse, aunque sólo sea para bucear en unos personajes derrotados por la vida y hundidos en la resignación.

Salambó
Gustave Flaubert
Alianza. 495 pp., 9,90 euros
Aviso para navegantes: los amantes de la novela histórica no pueden dejar de leer este clásico en que el padre de Madame Bovary narra los amores prohibidos de Salambó, hija de Amílcar de Cartago, con el gran enemigo de su pueblo.

Anatomía del miedo
José Antonio Marina
Anagrama. 264 pp., 9 euros

En verano parecen aflorar con más frecuencia que el resto del año emociones negativas como el miedo, la angustia, la violencia o el terror. A todas ellas dedicó Marina un ensayo que es un tratado sobre la valentía.

Un guión para Artkino
Fogwill
Periférica. 172 pp., 16 euros

Desopilante novela sobre un infeliz llamado Fogwill que escribe el guión de su vida en una imaginaria Argentina que forma parte de la URSS, bebe vodka, pero sigue amando y sufriendo con acento porteño.


Con aplicación a las anfetas: Jekyll sobre Hyde
Álvaro Pombo
Aquel yo de entonces no era más sabio ni más prudente que el de ahora. Sólo que aquél estaba más seguro que el de ahora de que nada valía tanto como una repentina transformación del yo que había en otro que no había, pero que podía, sin embargo, en su irrealidad, ser contemplado, ser, sobre todo, deseado. Y lo deseado era un yo más enérgico y puro, más concentrado, menos tembloroso, más acerado y consistente incluso que los acerados textos de filosofía tomista y sartreana que leíamos la juventud entonces. Al descubrimiento de que el yo que yo era estaba en dos, uno consistente y otro inconsistente me condujo a una droga milagrosa, que no era, como en el relato de referencia, un cristal disuelto en un líquido de variables colores, sino una simple estructura química, un sulfato, que me permitía separar lo doble en dos y dejar que funcionara lo uno, lo firme, a expensas de lo otro, lo infirme durante cuatro horas largas, casi cinco. Una vez al día, cada tarde, tomada la toma, mi cuerpo, el yo, quedaba en suspensión, asexuado, tenso como un resorte, contenido y locuaz al mismo tiempo. Algunos poemas de ese tiempo aún brillan como agujas en el henar de la mirada de mis libros. Y mientras duraba, me sentía más joven, más ligero, más feliz, consciente de una facundia transformante, que iba del fondo al fondo de mí mismo, tras convertirse en textos rutilantes. Una desconocida aunque no inocente liberación de mi alma.

***
Millenium
Stieg Larsson
Destino. 3 vols. 544 pp., 20 euros

Si hay un libro (una trilogía) casi tan imprescindible este verano como el protector solar es Millenium, en la que Stieg Larsson utilizó a un periodista de investigación condenado por difamación y a una excéntrica investigadora privada para denunciar, desde el pasado, los horrores y violencias cotidianos.

Muerte en la clínica privada
P. D. James
Ed. B. 464 pp., 20 euros

La Reina Madre de la novela policiaca ha vuelto, tras diez años de ausencia, con un relato que no da tregua al lector y en el que lo de menos es quién es el asesino de la periodista en la clínina de cirugía estética, porque lo que descubre del mundo que la rodea es aún más siniestro.

No hay que morir dos veces
Francisco González Ledesma
Planeta. 388 pp, 24,90 euros

Como un disparo. Así es esta novela, en la que confluyen terroristas islámicos, pederastas, asesinos..., hasta que el veterano comisario Méndez encaje las piezas. El mismo, más joven pero no menos escéptico, que en La dama de cachemira (RBA) persigue una silla de ruedas.

Las alas de la esfinge
Andrea Camilleri
Salamandra. 217 pp., 17 euros

Mientras la vida personal del comisario Montalbano se está desmoronando, aparece el cadáver desnudo de una joven. La única pista sobre su identidad es un pequeño tatuaje en la espalda, una mariposa nocturna llamada esfinge.

La mujer de verde
Arnaldur Indridason
RBA. 297 pp, 17 euros

Unos niños encuentran, mientras juegan en unas excavaciones de Reykiavik, una costilla humana en lo que fue un campamento angloamericano durante la II Guerra Mundial. La investigación de este crimen de hace 50 años desvela la cara más atroz de la violencia doméstica.

El tercer disparo
Luis Herrero
La Esfera. 344 pp., 19 euros
A veces la vida da malas cartas. Por ejemplo, puede pasar que un fotógrafo en prácticas retrate sin querer un atropello tras el que se oculten las deslealtades y las ambiciones de algunos dirigentes de un partido en la oposición. Una ficción sospechosamente disfrazada de realidad.

Aurora boreal
Asa Larsson
Seix Barral. 217 pp., 17 euros

Cuenta la leyenda que esta novela mantuvo despierto toda una noche a Stieg Larsson. Nada sorprendente, cuando se descubre el cuerpo mutilado del predicador más famoso de Suecia, y su hermana se convierte en la principal sospechosa.

Pero sigo siendo el rey
Carlos Salem
Salto de página. 346 pp., 21,95 euros

Lo último del argeñol (mezcla de argentino y español) Carlos Salem es esta divertida novela negra, de aventuras y humor que arranca cuando D. Juan Carlos I desaparece dejando esta nota: "Me voy a buscar al niño". El detective Arregui, experto en disfraces y melancolías, será su compañero de viaje.

Las hijas del frío
Camilla Lackberg
Maeva. 480 pp., 20 euros

¿Qué ocurre cuando la muerte accidental de una niña de 7 años en el mar resulta un asesinato, ya que fue ahogada en una bañera, y alguien le hizo tragar cenizas...? ¿Y si pocos días después otro niño es atacado y todo un pueblo es sospechoso?

El protocolo sigma
Robert Ludlum
Umbriel. 672 pp., 22 euros
La sombra del nazismo es realmente alargada. Tanto que provoca el secuestro del hijo de un coloso de las finanzas que sobrevivió al Holocausto, y conecta la muerte de once personas en todo el mundo a una misteriosa clave, Sigma, vinculada con la II Guerra Mundial.

Noches en Hollywood
James Ellroy
Ed. B. 285 pp., 18 euros
Hay bromas que es mejor no hacer, sobre todo si quien tiene la ocurrencia de autosecuestrarse es Dick Cotino, un acordeonista fracasado. ¿Lo mejor? Que el suyo es sólo uno de los seis relatos del libro, ambientados en Los ángeles de los años 50.

Tom Ripley
Patricia Highsmith
Anagrama. 1276 pp., 24 euros

Para celebrar los primeros 40 años de Anagrama, su editor, Jorge Herralde, se ha regalado este volumen que reúne las cinco novelas protagonizadas por ese asesino inquietante y amoral llamado Tom Ripley.

Luna caliente
Mempo Giardinelli
Alianza. 168 pp., 18 euros

La culpa, una vez más, fue de la luna, una luna caliente y maldita que enloqueció al protagonista de la novela hasta violar a la hija de 13 años de unos amigos, en una noche de locura que acaba en asesinato. Y la niña decide salvarle.

Oscar Wilde y el club de la muerte
Gyles Brandreth
Plata/Urano. 435 pp., 18 euros
Si lo hubiese sabido, Óscar Wilde jamás les hubiese propuesto a sus amigos del Club que escribiesen el nombre de la persona a la que querrían matar. Porque los catorce elegidos comienzan a morir, y sólo él y Conan Doyle podrán desenmascarar al asesino.

La trampa
John Grisham
Plaza & Janés. 456 pp., 22,90 euros
A la última novela del perfecto urdidor de bestsellers judiciales no le falta ninguno de los elementos que le han hecho famoso: el protagonista: un joven e idealista abogado, un oscuro episodio del pasado, un chantaje y un poderoso y maligno bufete.

Contrarreloj
Eugenio Fuentes
tusquets. 236 pp., 18 euros

¿Mera coincidencia? En el año del Tour más sucio y traicionero, el detective Cupido y su ayudante Alkalino deben investigar, contrarreloj, el asesinato del favorito, ganador de las últimas cuatro ediciones y demostrar la inocencia del ciclista acusado... español, por supuesto.

La tercera virgen
Fred Vargas
Punto de lectura. 479 pp., 9,50 euros.

El comisario Adamsberg debe enfrentarse en esta ocasión al caso más sorprendente y fantasmal de toda su carerra, aunque sólo sea porque la principal sospechosa de los crímenes que aterrorizan la ciudad es... La Sombra, una monja sangrienta del siglo XVIII que asesinó a siete mujeres antes de morir a manos de un curtidor.

¿Crímenes perfectos?
Francisco González Ledesma

Hace poco, un grupo de escritores nos reunimos para discutir si existe o no el crimen perfecto. Por supuesto, éramos gente más bien indocumentada y sin buenas referencias. Llegamos a la conclusión de que no existe, o existe sólo en un caso. Por ejemplo, el veneno deja tales indicios que nunca debe ser útil para el que aspire a la impunidad. Mis estancias en lugares más bien dados a la melancolía, como las salas de autopsia, me han demostrado que todos los venenos dejan su voz y su huella. Claro que grandes películas y grandes novelas nos han enseñado que el crimen podría ser, en efecto, una de las bellas artes, y siempre han idealizado el asesinato por encargo, en especial cuando se trata de eliminar a un cónyuge que da la lata. Todos recordarán un gran filme en el que una señora tenía que ser asesinada en su casa por un sicario mientras el marido -el que pagaba- estaba en una reunión social llena de testigos. No sé si algún crimen parecido ha quedado impune, pero lo dudo, porque siempre queda la pista del dinero. El último caso ocurrió en el Ritz de Barcelona, cuando una dama encargó a un sicario que acabara con su marido, un hindú cuyo dinero no servía de mucho mientras estuviera vivo. Pero ni la dama ni el sicario llegaron a disfrutarlo. Otro posible sistema es el accidente en el metro. Un desconocido se sitúa detrás de la víctima y en el momento justo le empuja a la vía o le hace caer con la presión de un paraguas o un bastón. Lo malo para el asesino es que la gente tiene ojos y los andenes, cámaras.

El único crimen perfecto parece éste: el garrotazo profundo por la espalda en una calle sin luz, siempre que el sicario use guantes y unos zapatos con al menos dos números por encima de los que gasta habitualmente. Es decir, el único crimen perfecto posible no es el más inteligente sino el más burro, el más elemental y labriego. Vaya desengaño.

Articulo:
http://www.elcultural.es 18/07/2009

Amelia CASTILLA/Entrevista Laura RESTREPO


ENTREVISTA: LIBROS - Entrevista Laura Restrepo
Amor y militancia
Por Amelia CASTILLA

Ficción y realidad. Laura Restrepo publica Demasiados héroes, una novela en la que ajusta cuentas con su propio pasado y en la que narra una historia política contada desde el punto de vista del drama personal. "En el momento en que a las personas las pones a funcionar en el tablero del ajedrez particular de la ficción se te vuelven personajes"

A medida que avanzaba la escritura, Laura Restrepo (Bogotá, 1950) se fue enamorando de uno de los personajes. No quería escribir una novela sobre la convivencia con el horror que escondía una dictadura como la argentina, aunque ahí se encuentre el telón de fondo de
Demasiados héroes (Alfaguara). Desde el principio tuvo claro que para describir una historia de militancia y amor debía huir del tono panfletario o nostálgico. En esa lucha rehizo hasta siete veces el manuscrito. Así que según caían los borradores iba ganando protagonismo la figura de Mateo, un muchacho descreído y sin ideología al que se le puede colgar la etiqueta de generación Nintendo. "Al contraponer la voz del muchacho con la de su madre, Lorenza, una antigua militante con la que podía identificarme plenamente, encontré el tono narrativo", cuenta la escritora.

Restrepo, que ahora vive entre México y Bogotá, viajó hace unas semanas a Madrid, una ciudad que conoce bien y en la que ha vivido en diferentes momentos de su vida. Tan simpática como divertida, la escritora trabaja ya en una nueva novela, pero se marcha de España con la maleta llena de libros sobre los años de la transición, un periodo que le interesa especialmente y que podría abordar literariamente en el futuro. La autora acaba de regresar de Buenos Aires, donde presentó "con miedo" su nueva novela. Se ha encontrado con un país en plena tormenta ideológica, donde desde las propias filas de los montoneros se critica la lucha armada. Y en ese marco la novela de Restrepo encajaba muy bien. Demasiados héroes desmenuza con detalle cómo funcionaba la resistencia pacífica, desde las citas clandestinas, con "el minuto" -así se denominaba la búsqueda de una coartada que justificase una reunión de dos o tres personas por si irrumpía la policía-, hasta la dificultad para llevar un periódico ilegal hasta un extremo de la ciudad de Buenos Aires. "Se ha escrito mucho sobre la lucha armada, pero muy poco sobre la desarmada, más invisible, más paciente e igual de peligrosa. Lo cierto es que había muchos gestos de rebeldía que, por la relación cotidiana con el terror, se escapaban", añade. "Pero mi novela la salvó Mateo porque él siempre está preguntando, si hubiera llegado con la historia de Lorenza sobre cómo era la militancia hubieran dicho, ¡qué aburrido! ¡ésta ya me la contaron!". En Colombia lo tuvo más fácil. La novela ya copa las listas de libros más vendidos.

Demasiados héroes está contada como si se tratase de una novela de aventuras. Restrepo recurrió al diálogo para narrar el drama interior de los tres personajes en torno a los cuales transcurre el relato: "Un 90% del texto se lee como un diálogo. Era la mejor manera de romper el lenguaje estereotipado de las novelas de acción política, esas que también encajan dentro de un cierto patrón, con tintes más o menos heroicos. Como escritora, el diálogo me permitía contar una vieja historia de forma nueva, con el lenguaje que te proporciona una conversación de todos los días y una conversación que pretende no ser formal. La retórica literaria sin lugar para la adjetivación o la metáfora te deja en plata blanca".

Demasiados héroes relata la historia de Mateo, un adolescente que tiene que crecer en la ausencia del padre y que carece de memoria que le permita buscar elementos que le dejen poner cara al hombre que le abandonó. Para conseguirlo recurre a los recuerdos de su madre, lo que le provoca un constante mal genio porque esos recuerdos están teñidos de un lenguaje que no es comprensible para el muchacho. Cuando le pregunta por su padre, ella le cuenta una historia de héroes y el muchacho no quiere saber nada de eso. Para Mateo, los superhéroes se encuentran en la play-station o en cualquier otra pantalla. De su padre necesita saber cómo era el hombre de carne y hueso y, sobre todo, dónde se encuentra. Le suenan a chino palabras como subversivo, clandestinidad o dictadura sanguinaria que su madre usa constantemente. Todo eso se corresponde con un lenguaje ajeno. El muchacho tiene pendiente la construcción de una intimidad y su madre pertenece a una generación "tan retada por una situación exterior que los amenazaba" que no había tiempo para la intimidad. "Lorenza, como yo y las militantes de la época, estaba imbuida de una fuerte dosis de sectarismo que, en cierto modo, le obligaba a anularse, pero mi personaje no se corresponde con esas personas cerradas que sólo usan el lenguaje de las convicciones sino con alguien que consigue mirar de una manera crítica, no desencantada, porque eso no lo siento y no quería que mis personajes lo sintieran tampoco". En uno de los párrafos el chico le dice a la madre: "¿Por qué cuando hablas de ese tiempo usas el nosotros?, pareces el diablo en la película El exorcista, no eres tú, eres legión".

¿Héroes o payasos? A medida que el personaje del hijo crecía y se iba haciendo protagonista de la novela siempre parecía más inclinado a ver su propio papel más cerca del payaso, identificado éste con el de la persona que no se integra fácilmente. Y es que, finalmente, el heroísmo también tiene algo de absurdo o de tragicómico. "No soy yo quien elige a los héroes, aunque la construcción del héroe siga funcionando activamente en la sociedad actual. ¿Qué vamos a encontrar cuando se le busque la cara detrás del héroe que han creado con Obama?".

Como en anteriores trabajos literarios, las páginas de Demasiados héroes van cargadas de tintes autobiográficos. "En el momento en que a las personas las pones a funcionar en el tablero del ajedrez particular de la ficción se te vuelven personajes y eso funciona como una lógica que ya no es la de la vida, sino que se corresponde con la casa de muñecas de la ficción donde colocas tus muñequitos", añade. "La diferencia entre realidad y ficción se podría comparar a la que separa la realidad y el juego: el escenario se reduce y la temporalidad se altera puesto que los episodios históricos relatados fueron sometidos a una compactación del tiempo". La realidad es que fue en Madrid donde la propia Restrepo se hizo trotskista, un marco de referencia ideológico que enmarca dentro de un triángulo que le sigue funcionando en el siglo XXI: antiimperialista, antifascista y antiestalinista. Pero volviendo al pasado, en Madrid se alistó como combatiente contra la dictadura del general Videla. En España se vivía entonces en pleno franquismo, pero la dictadura permitía ciertos desahogos, impensables en otras latitudes. Así la capital se convirtió en refugio de "exilados" de toda Latinoamérica. En Madrid -"aquí mismo, en la calle de la Virgen de los Peligros"- se encontraba la oficina donde se reclutaba a la gente que iba a combatir a la dictadura argentina. En esa oficina se recogían los datos sobre los desaparecidos y desde ahí se lanzaban por Europa las campañas para realizar denuncias que hoy parecen evidentes, como la existencia de los chupaderos, como se denominaba a los sótanos de los edificios donde había centros de tortura clandestina. "Conviene recordar que la dictadura argentina tenía el apoyo de Estados Unidos y de Kissinger", apunta la escritora.

Parte de la tarea de investigación de esta novela eran cosas que Restrepo conoció. A ella también le quitaron a su hijo y lo recuperó. Para escribir el libro, necesitó regresar a Buenos Aires. A semejanza de Lorenza, que se marcha a Bogotá cuatro años antes de acabar la dictadura, Restrepo no vivió el paso a la legalidad de la gente del partido. Parte de la vuelta fue para buscar a los compañeros de militancia a los que sólo conocía por sus nombres de guerra. No tenía ni una dirección, ni un teléfono, y el reencuentro se produjo en un acto público con ocasión de la presentación de otra de sus novelas. "Estaba en el escenario y el moderador me pasó un papelito que decía: '¿Mariana (ése era mi nombre de guerra), tienes un momento para tomar un café con tus viejos compañeros?'. El corazón me dio un salto". Por eso ahora, para la presentación de Demasiados héroes le dijo a la editorial que quería hacer un encuentro con sus viejos compañeros. El partido podía tener más de 2.000 cuadros que en la transición se hicieron mil pedazos, pero consiguieron juntar, en un viejo bar del centro de Buenos Aires, a unos 200. "Fue de lo más interesante, todos canosos y viejos subversivos. Un reencuentro con viejas épocas, aunque fue bonito comprobar cómo todos siguen dando la pelea en la vida, algunos incluso militando".

Ahora, con la distancia que permite haber sobrevivido a la dictadura argentina, a algunos años de franquismo y a mil aventuras en Colombia con negociaciones con la guerrilla de por medio y amenazas de muerte que la obligaron a abandonar el país, Restrepo reconoce que las dictaduras acaban por contaminarlo todo y su legado puede impregnar a varias generaciones. Dice Restrepo que el pasado que no ha sido amansado con palabras no es memoria, es acechanza, y que por eso cada generación debe buscar su propio lenguaje. "Las dictaduras marcan a la generación que las vive y dejan una mella profunda que pasa también a las nuevas generaciones, aunque sea más invisible y no tenga palabras". Los personajes de Demasiados héroes acaban por copiar los mismos mecanismos que la dictadura usaba para reprimir. El hecho de que el padre rapte a su hijo reproduce lo que la dictadura hacía con las personas aunque con otro signo y la propia pareja acaba por convertirse en enemigo uno del otro. "En esa lucha interna, se reproducen los mecanismos que la dictadura usaba para reprimir. Empezando por lo que en ese tiempo se denominaba nombre de guerra, el que debían usar los militantes en la clandestinidad para evitar caídas masivas. Lorenza era Aurelia y Ramón era Forcás, pero cuando el niño se entera del apodo del padre, dice: 'Qué buen nombre, pero para un perro".

Sin duda, la vida de Laura Restrepo da para muchas e interesantes novelas. Durante una de sus estancias en Madrid vivía en el mismo piso que Yolanda González, asesinada el 2 de febrero de 1985. La joven, que militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores, el mismo de Restrepo, fue sacada del domicilio a la fuerza y su cuerpo fue encontrado en una cuneta. "Aquello hizo desaparecer la célula y su muerte nunca se aclaró del todo", recuerda. "Eran años de euforia y de destape, pero los últimos coletazos del franquismo fueron terribles. Estábamos en la calle hasta el amanecer y las manifestaciones acababan en la plaza Mayor con un desayuno de chocolate con churros. Fue una etapa muy curiosa, al mismo tiempo que se construía la democracia se apagaban las movilizaciones populares. Viví el desmonte de las bases del PSOE, el cierre de las casas del pueblo y la pérdida de influencia de las asociaciones de vecinos. Luego llegaron los Pactos de La Moncloa y los acuerdos que se hacían por arriba y las bases por fuera. Me gustaría escribir sobre esa época. Es un proceso parecido al de Colombia, que Uribe tiene el visto bueno de la opinión publica internacional y de gran parte de la nacional porque concurre a las elecciones y detrás hay un aparato militar espantoso, con terribles vínculos con el poder".

Empieza a leer Demasiados héroes. Laura Restrepo. Alfaguara. Madrid, 2009. 164 páginas. 18.50 euros.

Articulo:
http://www.elpais.com 18/07/2009

La Voz y la Memoria/Lanzamiento & Critica de Juan CAMERON


El Alba volante
de Jorge ETCHEVERRY
http://albavolante.blogspot.com/
E-mail : jorgeetcheverry@rogers.com
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Lanzamiento de "La voz y la memoria"

El Dorado los invita cordialmente al lanzamiento del libro La voz y la memoria, publicado recientemente en Chile por la Editorial Ril. Este libro, compilado por los autores Luciano Díaz y Luis Torres, incluye selecciones de diez poetas chilenos residentes en Canadá. En esta oportunidad leerán los autores incluidos en la muestra Carmen Contreras, Luciano Díaz, Claudio Durán, Jorge Etcheverry y Erik Martínez. El crítico Fernando Veas hará una presentación del libro, más información sobre el cual aparece en:
http://www.rileditores.com/index/detalle.asp?27/86

Este evento tendrá lugar en la Universidad de Ottawa, en la sala 226, del Edificio Simard (SMD), dirección 60 University, el viernes 31 de julio a las 8:00 P.M.

Carmen Contreras. Ganó el Primer Premio en un concurso literario en la escuela secundaria. Comenzó a escribir poesía en Canadá Ha publicado dos poemarios: Paideuma, seguido por Chimichurri, Ottawa 1998. Su poesía ha aparecido en la revista literaria Alter Vox y en Boreal - Antología de Poesía Latinoamericana en Canadá, publicadas por Verbum Veritas y La cita trunca..

Luciano Díaz tiene estudios de literatura española en las universidades de Carleton y Ottawa. Poeta, cofundador del Taller Cultural El Dorado. Entre sus obras destacan los poemarios Las Estaciones De Un Tren Fantástico/The Stops Of A Phantom Train (Ottawa: Girol Books, 1990), The Thin Man And Me (Ottawa: Split Quotation, 1994) y las antologías Symbiosis: An Intercultural Anthology Of Poetry (Ottawa: Girol Books, 1992), Symbiosis In Prose: An Anthology Of Short Fiction (Ottawa: Split Quotation, 1995).

Claudio Durán Profesor de la Universidad de York desde 1974. Entre sus publicaciones poéticas se cuentan Homenaje (Santiago, 1980), Más Tarde que los Clientes Habituales/After the Usual Clients Have Gone Home, Underwich Editions, 1982, Después del silencio/After the Silence, con Jaime Gómez Rogers (Jonás), el libro-poema Santiago (Santiago, 1988), La infancia y los exilios, Editorial Cuarto Propio, Chile, 2007 y "La Infancia y Los Exilios/Childhood and Exile, Split/Quotation-La cita trunca, Ottawa, Canadá, 2008. Ha merecido reconocidos premios académicos.

Jorge Etcheverry. Doctor en Literatura, poeta, prosista, traductor, crítico y coeditor de Split Quotation. Poemarios: The Escape Artist/El evacionista, Cordillera, 1981; The Witch, Split Quotation, Ottawa, Canadá 1985; La calle Ediciones Manieristas, Santiago, 1986; Tánger, Documentas/Cordillera, Santiago, 1990; versión en inglés en Cordillera, Ottawa, 1997; A vuelo de pájaro, Verbum Veritas, Ottawa,1998; Vitral con pájaros, Poetas Antiimperialistas, Ottawa, 2002; Reflexión hacia el sur, Amaranta, Canadá (2004).

Fernando Veas fue catedrático en la Universidad de Chile hasta 1973. Luego obtuvo una maestría y un doctorado en estudios hispánicos en la Universidad de Laval de Quebec. Enseñó cursos y seminarios en las universidades de Carleton y Ottawa. Es autor del libro Los cuentos en primera persona de Juan Rulfo, editado por la UNAM. Ha dado cursos sobre cuento hispanoamericano y escritura creativa en la ESECA.

Erik Martínez: Crítico, traductor, poeta, magíster en Literatura Española, Queen's University, Canadá (1979). En 1985, Ediciones Cordillera publicó en Ottawa su libro Tequila Sunrise. Tiene obra en numerosas revistas y antologías. Tradujo al castellano Kaddish, de Allen Ginsberg, sobre la cual expuso en la ATA 44th Annual Conference, (Phoenix, 2003 ). Participó en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (Santiago, agosto 2008) con una ponencia sobre Altazor de Huidobro y un Comentario a Reflexión hacia el Sur, de J. Etcheverry.

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Nota de Juan Cameron sobre "La voz y la memoria"
Antología de Poetas chilenos en Canadá
Por Juan Cameron

En una recopilación hecha por Luis A. Torres y Luciano Díaz, La voz y la memoria, entregada recientemente por RIL editores, de Santiago, se muestra la obra de diez poetas chilenos con residencia en Canadá. La bipolaridad que obliga a enfrentar el hecho del exilio, primero, y de la integración, después, es el motivo que cruza en forma constante el imaginario de estos autores. La muestra resulta un tanto parcial y el lector reconoce entre aquellos a Jorge Etcheverry, Blanca Espinoza, Erik Martínez y Jaime Serey.

Canadá fue sin duda uno de los destinos importantes para el exilio chileno luego de la tragedia de 1973. El país, como tantos otros, fue primero el escenario del destierro y de la lucha para convertirse, con el transcurso de las décadas, en el país elegido y en la nueva casa desde donde se proyectó la vida. Este cambio repentino y paulatino a la vez fue marcando el espíritu de estos inmigrantes, situación que los poetas pueden registrar con mayor precisión.

Así lo consideran, al menos, Luis Torres y Luciano Díaz, autores e integrantes a la vez de esta nueva muestra de poetas chilenos que contribuye a la difusión de sus nombres y al establecimiento en la historia literaria local. «Los poemas que presentamos en esta antología -nos dicen- se enfrentan a las trabas personales y sociales que acabamos de identificar (los idiomas, el aprendizaje, los chilenismos, etc…) pero ellos también delinean un cuestionamiento de lo que hemos llamado adaptación e integración».

En una primera lectura destacan los nombres de aquellos ya conocidos o recibidos en el ambiente literario nacional: Blanca Espinoza y Jorge Etcheverry y, en cierta medida, Jaime Serey y Erik Martínez. Pero hay ausencias, también: Ludwig Zeller, Gonzalo Millán, Naín Nómez y Alfredo Lavergne, entre varios, bien podrían aparecer en estas líneas.

Blanca Espinoza Cáceres nació en Valparaíso, en 1951. Hija del escritor Manuel Espinoza Orellana, es M.A. por la U. de Lovaina. Ha publicado Ojos de agua (1985) y Tango (Montreal, 2001), más un par de recientes trabajos no registrados aquí, en idioma francés. Espinoza destaca entre los contribuyentes al volumen por un mejor manejo formal y una notoria cercanía hacia la palabra y su uso. Lo femenino y lo formal son tópicos recurridos por la autora: «Heme aquí/ desde mi claridad de palabras agotadas/ perfectamente inútiles/ acomodando el rincón de tus recuerdos/ y digo/ que ya puedo reiterar/ la poesía».

Jorge Etcheverry Arcaya tiene una producción bastante extensa en variados registros y formas. Residente en ese país a partir de 1975, ha publicado The scape artist/ El evacionista (1975), La calle (1986), Tánger (1990), A vuelo de pájaro (1998), Vitral con pájaros (2002) y Reflexión hacia el sur (2004), además de libros y textos en otros géneros literarios. Miembro de un grupo de muchachos que se auto proclamaban como la Escuela de Santiago, la escritura de Etcheverry pronto se va destacando por su fuerza y su precisión: «Nos dijeron que se iban/ que muy pronto volverían (…) Ellos habrán de echar sus raíces lejos/ fuera de nosotros (…) Vedlos ahora remontar el vuelo/ como una bandada de pájaros espantados/ por el perdigonazo del cazador»; retrato que en el tiempo presente cobra otro cariz: «Enrabiados, enajenados/ recorriendo las calles de las ciudades con un pucho sin filtro/ colgado de la comisura del labio, la barba a medio crecer».

Este aire de generación perdida aparece con frecuencia también en Erik Martínez, el otro miembro de la Escuela de Santiago. Nacido en Santiago (no se indica fecha) estudió pedagogía en Castellano y es autor de Tequila Sunrise (1985)

Jaime Serey nació en Viña del Mar en 1951. Es miembro del taller literario Sur de Montreal y de la revista québécoise Artmage. Ha publicado Soledad casi culpable (1994), Vivir por beber y escribir (2003), Aguacero de Palabras (2005) y Poemas de una edad (2006).

Obtuvo los premios Renacer y de los Padres Maristas, en Limache. Serey incorpora al texto recursos gráficos en uso -como arroba, signo de copyright y la y comercial- al tiempo de buscar y experimentar con fórmulas de otros autores que va citando en los mismos textos. Pero en cierta medida su discurso no alcanza la perfección semántica y muchas veces queda en el territorio objetivo: «La ampolleta descubierta por Edison,/ no nos ha servido en absoluto de nada, ni para alambrar nuestros ojos ciegos,/ ni nuestros escarpados senderos de la imaginación».

La muestra también incorpora el trabajo literario de dos profesores eméritos con larga residencia en el país del norte. Uno de ellos es Jorge Neff (Santiago, 1942), con doctorado en Santa Bárbara y autor de La región perdida (1997). El otro, Claudio Durán (no señala nacimiento), con publicaciones en su país. Ha sido profesor de Filosofía y Ciencias Sociales en Toronto y es autor de Homenaje (1980), Más tarde que los clientes habituales (1982), Después del silencio (con Jaime Gómez Rogers, 1986) Santiago (1988) y La infancia y los exilios (2006). Dos mujeres completan este recorrido. La una, Carmen Rodríguez, natural de Valdivia, es profesora de Inglés por la Universidad de Chile y tiene estudios de post grado en Canadá. Actualmente ejerce la docencia universitaria. En poesía ha publicado Guerra prolongada (1992). Carmen Contreras, en cambio, nació en New Haven, Estados Unidos, y estudió en el Liceo Manuel de Salas en la capital chilena. Ambas poesías abordan con menor o mayor intensidad la cuestión de la mujer, problema que se suma conceptualmente a las dificultades propias del destierro.

Incompletos resultan los fichajes presentados por los autores. No indican, entre otras menciones, los datos de nacimiento, lo que impide la ubicación de aquellos para su estudio. Luis Torres, profesor de francés, italiano y castellano en Calgary, ha publicado en poesía El exilio y las ruinas (2002), texto que obtuvo una mención en Casa de las Américas un par de años antes. Luciano Díaz, nacido en Santiago, estudió literatura española en Carleton y en Ottawa. En poesía ha publicado Las estaciones de un tren fantástico/ The Stops of a Phantom Train (1990) y The Thin Man and Me (1994) y es autor de varias publicaciones antológicas sobre el mismo tema

Leer Poesía de los Poetas :
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http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2009/07/luis-torres-luciano-diazla-voz-y-la.html

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