dimanche 29 mars 2009

Ricardo SINABRE/Especial 200 años con de LARRA



Los dos siglos de Larra
Especial 200 años con de Larra
Por Ricardo Sinabre

A veces, dos siglos no son nada. Cambian los nombres de los políticos y los burócratas, pero las miserias (“Vuelva usted mañana”, “Aquí yace media España. Murió de la otra media”) son las mismas. Se desvanecen los figurones de antaño, pero la impostura permanece (“Escribir en Madrid es llorar. Es buscar voz sin encontrarla...”). A veces dos siglos no son nada. No hay ejemplo mejor que el de Mariano José de Larra (1809-1837), de quien el próximo martes, 24 de marzo, se celebran los 200 años. El Cultural homenajea hoy al periodista, al dramaturgo y al narrador, “un escritor de permanente actualidad, infinitamente más vivo que muchos coetáneos nuestros”, escribeRicardo Senabre, pues supo convertir “la estampa costumbrista en instrumento de opinión para sacudir las conciencias amodorradas”. El historiador José Luis Corral pone en suerte la España de Larra, “miserable, oscura, gris, destartalada y en ruinas” y Arcadi Espada reivindica el realismo desolado del escritor romántico por excelencia, y su supuesto suicidio patriótico. El Larra amante, el afrancesado, el dramaturgo y el romántico piden también paso en unas páginas que celebran la obra asombrosa de un precursor que murió con 28 años, “hijo del genio” y aristócrata “del talento”.

La única fórmula para saber por qué un escritor -y, en general, un artista- se convierte en clásico, esto es, en modelo irrenunciable y canónico, exige antes de nada dejar que pase el tiempo. únicamente los años podrán ofrecernos la perspectiva suficiente que permita apreciar los caminos que el escritor abrió, los motivos y recursos que sirvieron posteriormente a otros autores como dechados incitadores para ensanchar las sendas nuevas y proseguir la exploración iniciada. Jorge Manrique, Petrarca, Cervantes, Shakespeare o Velázquez son clásicos porque ni la poesía, ni la novela, ni el teatro o la pintura pueden ser ya lo mismo que eran antes de su contribución, y es necesario tenerlos presentes -para emularlos servilmente, para rechazarlos o para aprovechar y enriquecer sus innovaciones-, porque forman ya parte de ese repertorio inmenso e insoslayable de formas sobre las que cada artista moldea su propia creación. Pues bien: los dos siglos que han transcurrido desde el nacimiento de Larra proporcionan los elementos de juicio suficientes para incorporar al autor, sin la más mínima reserva, a la nómina más selecta de nuestros clásicos. El bicentenario es una magnífica ocasión para reflexionar sobre este asunto y para preguntarse por qué un escritor fallecido en 1837 mantiene hoy plenamente su vigencia entre nosotros.

COSTUMBRISMO Y PERIODISMO

La obra de Larra, interrumpida tempranamente por su trágica muerte, se desarrolla a lo largo de tan sólo nueve años, y, dejando aparte algunas incursiones en la novela y el teatro -que no figuran entre lo más apreciado de su producción-, se centra esencialmente en el género literario de moda: el artículo de costumbres. Con una diferencia esencial, que separa a Larra del costumbrismo coetáneo cultivado por autores como Mesonero Romanos y, algo más tarde, por Estébanez Calderón y otros: Mesonero pinta escenas y tipos tomados “del natural”-como se dirá pocos años después-, y hay en su contemplación cierta indisimulada complacencia, cierto regusto nostálgico ante un mundo y unas costumbres que se hallan en trance de desvanecerse. La mirada de Mesonero, como la de casi todos los escritores costumbristas, es una mirada retrospectiva: registra lo que ve como residuo de lo que ya ha desaparecido, como testimonio de lo que perdura resistiéndose a la implacable erosión del tiempo. El punto de partida de Larra se encuentra a una distancia abismal. Formado en el espíritu reformista dieciochesco y educado en Francia, Larra contempla su entorno y apenas encuentra nada memorable, sino una sociedad arcaica, anclada en costumbres y valores fosilizados, atenazada por la parálisis y la inacción, envuelta en estériles contiendas dinásticas -la sangría de las interminables guerras carlistas- que no sólo empobrecen el país, sino que frenan decisivamente su necesaria modernización. Comprende que su misión radica en mirar a su alrededor, en no perderse en disquisiciones sobre el pasado y en abrir los ojos a sus compatriotas acerca de la necesidad de una transformación social indispensable.

Para ello cuenta con un género naciente, destinado a llegar a un número considerable de lectores: el artículo periodístico. Allí, renunciando a pergeñar tipos pintorescos de una sociedad que le parece rechazable, creará el moderno periodismo de opinión, caracterizado por la atención crítica a los problemas acuciantes de la actualidad -el periodismo será actualidad o no será nada-, sin omitir ningún asunto: las costumbres, los espectáculos, el tea-tro, los toros, la caza, la pena de muerte, la opresión política, la incultura general, la censura y la falta de libertad, la mala literatura, el empecinamiento del carlismo más montaraz… Estas reflexiones, animadas por la denuncia incesante de situaciones y conductas, por un afán reformista que parece anunciar el regeneracionismo finisecular, encuentran en el breve espacio de unas pocas páginas, preludio de los artículos de fondo y las columnas del periodismo contemporáneo, su hábitat adecuado, su acomodo natural, y por ello sientan las bases de los discursos ensayísticos posteriores, muchos de ellos nacidos también al amparo del artículo periodístico, como sucede en los casos de Unamuno, Ortega y Gasset, Manuel Azaña, Pérez de Ayala y otros autores.

El ESCRITOR

Esta actitud inconformista y rebelde, esta conversión de la estampa costumbrista en instrumento de opinión para sacudir las conciencias amodorradas, fue sin duda lo más atractivo de la obra de Larra para los hombres del 98 -Baroja y Azorín, sobre todo-, para sus inmediatos sucesores -Ortega, por ejemplo, menciona en alguna ocasión las “páginas egregias” de Larra- y para los ensayistas y periodistas de hoy. Pero nada de esto habría tenido la misma eficacia en los lectores si Larra no hubiera sido el brillante escritor que fue. Su prosa, cuya variedad y riqueza hacen pensar a veces en cierta propensión al exhibicionismo lingöístico, es un monumento de ironía y mordacidad, merced al uso de numerosos recursos expresivos. A veces, una afirmación queda humorísticamente anulada por otra posterior: “Ahora se puede hablar claro y sin rodeos todo lo que se piensa, cuando se piensa”. El procedimiento puede combinarse con la ruptura de un cliché expresivo: “Sabía dónde le apretaba el zapato, si bien no lo gastaba”. Abunda los juegos de palabras: “[Los facciosos] clamaban: ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hemos de hacer? ¿Qué haremos? ¿Qué nos harán? Ahora se andan en las conjugaciones. Mejor les fuera contentarse con declinar”.

En el artículo “¿Qué hace en Portugal su majestad?”, que es un modelo de sarcasmo difícilmente superable, se juega con las diversas acepciones del verbo hacer: “Hace castillos en el aire, hace tiempo, hace que hace, hace ganas de reinar, hace la digestión, hace antesala en Portugal, hace oídos de mercader, hace cólera, hace reír, hace fiasco, hace plantones, hace mal papel, hace ascos a las balas, hace gestos, hace oración, se hace cruces”. Las comparaciones jocosas de los carlistas con plantas en “La planta nueva, o El faccioso” tienen un lugar de honor en la mejor literatura satírica de nuestra lengua.

Artículos como éstos, o como “El reo de muerte” -donde el tono grave sirve de vehículo expresivo a la escalofriante denuncia de un problema que aún perturba las conciencias- y “El castellano viejo”, que, apoyándose en una sátira de Boileau para sobrepasarla ampliamente, ofrece una envoltura humorística para atacar la tosquedad de las costumbres tradicionales, hacen de Larra un clásico, un escritor de permanente actualidad, infinitamente más vivo que muchos coetáneos nuestros.

***
Las cuatro caras del escritor

El Romántico

Por la intensidad de su vida y de sus pasiones, por su desencuentro con el provincianismo político, cultural y moral de la sociedad española, y por su rebeldía ante el mundo que le había tocado en desgracia vivir, Larra fue EL romántico por excelencia, explica Enrique Moradiellos, que destaca cómo, mientras el resto de los románticos europeos veía en España un símbolo casi oriental de inocencia, Larra intentó desesperadamente mejorar todas sus lacras.


El Amante

Larra alternaba -señala Lourdes Ventura- la desesperación con momentos de euforia amorosa. La amante de su propio padre, su esposa, Pepita Wetoret -hermosa pero necia- o Dolores Armijo, su último amor, eran mujeres cuya conquista le daba cierta superioridad ante un mundo hostil. El abandono de Armijo fue el detonante de su suicidio, pues el amor propio del escritor, muy tocado “por la indiferencia de unos, la envidia de otros y el rencor de muchos”, recibió el golpe final.


El Afrancesado

Según Leonardo Romero Tobar, Larra tuvo que emigrar con cinco años a Francia porque “su padre sí era afrancesado, pues había ejercido como médico al servicio del ejército francés entre 1808 y 1814. La familia Larra pasó en París varios años, tiempo en el que el futuro escritor aprendió francés. Su dependencia de la cultura francesa le viene de esta afectiva circunstancia familiar pero también de la función mediadora que representó la lengua francesa para los españoles cultos de la época. Para Larra, París y la sociedad gala eran escaparates de modernización vitales. Por ejemplo, él, fundamentalmente periodista, tuvo siempre muy presente las prácticas del periodismo francés contemporáneo y admiraba la potente industria editorial del país vecino, pues es la comparación de la producción y el consumo literarios de París con la de la capital de España la que le hace afirmar que “escribir en Madrid es llorar”.


El dramaturgo

Dramaturgo de éxito, Larra adaptó una veintena de obras de autores franceses como Scriben, pero su gran aportación fue un centenar de críticas teatrales implacables. Tanto que, como recuerda Andrés Amorós, los actores llegaron a suplicar a Fernando VII que se le impidiera ejercer la crítica. Jamás dejó de ridiculizar la falta de verosimilitud de los montajes o la nula adecuación de los actores a los papeles, aunque, como en todo lo que intentó en la vida, la política o el amor, también fracasó en el teatro.

Articulo:
http://www.elcultural.es 18/03/2009

Ilustracion: Grau santos

María Teresa CARDENAS/Entrevista a Wendy GUERRA


Entrevista Poeta y narradora cubana
Wendy contra el olvido
Por María Teresa Cárdenas

Después del éxito de Todos se van, su primera novela y con la que ganó el Premio Bruguera 2006, esta "nieta de la Revolución" ha vuelto a extraer material de sus diarios y ahora publica Nunca fui Primera Dama, un homenaje a su madre, a la mítica Celia Sánchez y a todas las mujeres cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre".

"Palabras contra el olvido" se llamaba el programa radial que Albis Torres, poeta y artista, mantenía al aire en los años 80, rescatando los sones de su tierra, las voces de esa vieja música cubana que hoy el mundo conoce a través de Buena Vista Social Club. Albis nunca publicó un libro, pero guardó rigurosamente los de sus amigos que partían, forrándolos con papeles inocuos, escondiéndolos en una singular biblioteca de doble fondo. Albis Torres no quería olvidar, pero el mal de Alzheimer dijo otra cosa. Veinte años después, es su hija quien recupera esa memoria, valiéndose de sus propios diarios, de los textos de Albis y también de la ficción.

Alentada por su madre a escribir diarios, no fue sino hasta después de su muerte, en 2004, que Wendy Guerra (La Habana, 1970) se encontró con los que había escrito desde los ocho años y que Albis había guardado y, cómo no, olvidado. Así surgió su primera novela, Todos se van. Poeta y diplomada en dirección de cine, radio y televisión, la figura menuda de Wendy no pasa inadvertida en la isla: durante años estuvo en las pantallas familiares, conduciendo un programa para niños. Con su novela salió al mundo, a ocupar un lugar entre sus pares latinoamericanos. Jorge Volpi, Guadalupe Nettel y Alejandro Zambra son los que ella destaca.

Pero Wendy siempre vuelve. "Como Cuba queda en Cuba y no pueden llevársela a otro lado, aquí regreso yo", escribe en Nunca fui Primera Dama (Bruguera), en cierto modo una continuación de su primera novela, aunque en ésta explora nuevos y más riesgosos terrenos.

"Desde el punto de vista gráfico, visual e histórico, sí, vienen como de una misma matriz -reconoce-, pero son fábulas disímiles con patrones semejantes. Una mujer narra lo que le fue silenciado. Viene siendo un texto de suspenso "made in revolución".

"Madre Cuba"

Después de encontrar a su madre, que padece Alzheimer y vive en Moscú, la protagonista de Nunca fui... logra llevarla de vuelta a Cuba. Su único equipaje es una misteriosa caja negra y los siete libros forrados que trae en la cartera. La búsqueda de una novela perdida sobre Celia Sánchez -figura emblemática de la Revolución- y la necesidad de reconstruir la historia de su madre y la propia, empujan a la protagonista, Nadia, a revisar cada uno de los papeles que contiene la caja y a escuchar una grabación dirigida a ella. Pasajes conmovedores en los que Wendy Guerra no deja de lado el humor ni la ironía. Aunque no pretenda distanciarse del dolor. "Si algo me mantiene viva, es mi humor -afirma-. Con él, no conozco límites".

Autora, además, de tres libros de poesía y de Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anais Nin (2000), reconoce cuánto ha encarnado a esta escritora francesa de padres cubanos. "¿Te cuento un secreto?: terminé una relación que me importaba mucho tras la siguiente sentencia: 'O Anais Nin o yo'. Lo intentamos. Pero Henry Miller es irresistible".

-¿Cómo has sobrellevado el mito, de tu país y de tu madre?
-"Madre Cuba" se llama la traducción al francés de esta novela que lanza la prestigiosa editorial Stock en París. Con eso respondo absolutamente a la "fusión de almas" entre patria y madre. Lo que hay de utopía en mí, se encuentra en el respeto a los ideales iniciales de mi madre, un poco antes de su desencanto y olvido. Si tengo una deuda es con su espíritu creativo, delirante y talentoso. A ella le debo todo lo que soy. Sospecho que estamos juntas siempre.

-¿Por qué le atribuyes la misma frase, "Nunca fui primera dama", a Celia Sánchez y a la madre?
-Esta novela las encuentra, hoy y ahora, deseaba verlas juntas y humanizadas, comiendo con el plato en la mano, descalzas, fumando, discutiendo. Ponerme a prueba ante ellas, porque nosotros pensamos que todo es y ha sido solemne, eso es una gran mentira. Quise hacerlo verosímil. Mi generación piensa en los héroes como estatuas de mármol. Para mí los verdaderos héroes son los padres que sostuvieron todo lo que hoy se nos ha vuelto mármol.

-¿Ese es el "problema con la imagen del héroe" que tiene la protagonista?
-Siento que, en mi generación, hablar de héroes es también hablar de nietos e hijos de guerrilleros involucrados literalmente con la historia real de estos años. Es parte de la sangre de muchos compañeros de escuela. No estoy usando una metáfora. Apellidos muy conocidos, soledades muy compartidas crecieron a nuestro lado. El libro se ha escrito en primera persona porque no deseo hablar en nombre de un país, pero por lógica, por la fecha de nacimiento, pertenecemos a una época donde aún están sin responder muchas preguntas de esos "hijos de la patria".

-¿Quisiste reconocer también con esta novela a todas las cubanas, "primeras damas confundidas con la muchedumbre"?
-El capítulo "Qué es una cubana" lo escribí en Santiago, luego de ver a Daisy Granados interpretando a Elena, en "Memorias del subdesarrollo". Esa noche apagué la luz y vi a miles y miles de cubanas con muchos rostros. Pensé en todas esas mujeres que en este país se dedican a cocinar con lo que no hay, vestirse con lo reciclado, querer desde donde ya no están sus amores, parir, llorar, luchar, seguir, callar o explotar entre cuatro paredes. ¿Primera dama? Me dije en medio del insomnio: ¿Por qué nunca fuimos primeras damas? ¿Por qué nos tocó seguir a los hombres en el liderazgo esencial? Se me hizo todo un tema y bajé a mi estudio para anotar, mientras afuera nevaba, porque era aquel octubre de 2007 cuando la calle se hizo blanca y mi cabeza atolondrada esquiaba en la computadora, también blanca, hasta redondear la idea.

-¿Qué significado tiene para ti el rescate de la memoria de tu madre?
-Un artista visual dijo delante de mí a los 16 años: "Si perdiera la memoria, qué pureza". Mi madre entró en un estado de pureza indefensa. Me pregunto, luego de vivir con ella años y años en blanco, por qué debemos aceptar este vacío. Por qué los hombres no cuelgan sus armas para reconducir ese dinero en investigaciones, qué pasa que el olvido ha sustituido el recuerdo. El repaso de la memoria histórica se inicia con el recuerdo diario de tus gestos personales. El estar al lado de mi madre me hizo heredar sus "rencores pasados", sus maravillosos poemas, la historia del país que me perdí por nacer en los 70. Heredé lo que le dio tiempo a revelarme. El personaje es otra mujer que no vivió en La Habana, como mi madre, pero sí, claro que este homenaje se aproxima demasiado a su doloroso olvido.

-¿Escribes también para que otros no olviden?
-Escribo para alimentar la memoria.

-¿Por qué pintas en estas dos novelas a un padre tan diferente: el primero, castigador y ausente; el segundo, presente y noble?
-Acepto mi problema con la categoría "Padre". El padre perdido-el padre recuperado-el padre colectivo que se nos pierde en la muchedumbre-a quien me parezco-el rumor sobre quién es o no fue mi padre, la verdad sobre el padre es un gran tópico y me expongo en él hasta el incesto. Voy a terapia. Por cierto, mis mejores amigos chilenos son tres terapistas maravillosos. Gracias a ellos, pude escribir toda esta primera parte en Santiago de Chile. Mi padre y sus rostros aparecen reinventados en las novelas, en la poesía, en mi epistolario. La mejor terapia es que el drama quede en la imprenta. Eso me despoja del dolor.

-Así como en "Todos se van" registrabas la partida, en este libro parece que muchos vuelven. ¿Ves una apertura real en tu país?
-Es una apertura no oficial. Es un regreso personal a lo perdido o a lo que nos esperanza. Volver en sueños, volver anticipadamente. Hace poco escribí: "Si no vienen, salgo a buscarlos". Ahora espero que no sea demasiado tarde, el viaje resulta interminable.

-"La biblioteca forrada" es un capítulo conmovedor en defensa del libro, los autores y la libertad de expresión. ¿Sigue censurada tu primera novela?, ¿podrá circular ésta?
-Mi poesía está editada en Cuba desde la adolescencia. Las novelas, no. Siempre digo que no tengo noticias sobre la suerte que van a correr estas dos obras en Cuba. Nadie puede saberlo, nadie te dice directamente lo que les pasa a mis novelas. ¿Quién es el censor realmente? Pues, no lo sé. Si lo descubro, le daré la lista de lo que hay que editar antes de mí. Algunos se han vuelto clásicos de la literatura cubana.

-¿Cómo enfrentas esa situación?
-Regalando libros, escribiendo otros, viviendo aquí aunque a veces mis notas digan: Me dueles, Cuba.

-¿Has sentido incomprensión de parte de escritores y artistas cubanos que viven afuera?
-Casi todos mis grandes amigos y amores viven afuera. Eso tiene que quedar muy claro. Como en los buenos boleros, en esta isla dilatada al exilio existen incomprensiones. Aquí mismo, entre nosotros, también existen muchísimas diatribas, que no salen en los periódicos, o que, cuando salen nos dejan asombrados. En esa "controversia guajira" vivimos hoy. Pero como dice Silvio: "La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga".

-Chile fue el país invitado a la Feria del Libro de La Habana, en febrero, ¿qué te parece que algunos autores no hayan querido ir precisamente por la prohibición y la censura de los libros?
-Creo que todo el mundo tiene derecho a determinar sus acciones. De eso se tratan también mis libros: la libertad de elegir.

-¿Has leído "Persona non grata", de Jorge Edwards, y "Nuestros años verde olivo", de Roberto Ampuero? ¿Qué opinas de esas aproximaciones a Cuba y a Fidel Castro?
-Son historias derivadas de nuestra propia historia. Derivadas de lo real, del mito y la propia experiencia que nos expuso al mundo, somos un tópico recurrente. Carne de autores y alimento de lectores.

-¿Qué ha significado para ti vivir en un país tan expuesto?
-Tengo un poema donde digo que soy una actriz que vive en un país que posa para el mundo. Quisiera dejar de posar en blanco y negro para empezar a vivir en colores.

-En la novela registras el momento de la renuncia de Fidel Castro y tu intuición de que "aquí no va a pasar nada por el momento". ¿Cómo ves ahora a tu país, en el que, según escribes, "todos los caminos conducen a Fidel"?
-Bueno, resulta curioso cuando las personas muy mayores hablan en tiempo pasado y rectifican rápidamente el tiempo presente sobre la figura de Fidel. Nos estremeció, algunos para mal, a otros para bien, la vulnerabilidad del mismo presidente por cincuenta años. Seguramente, éste seguirá siendo un referente histórico inevitable. ¿O es que cincuenta años no es nada?

-¿Sientes que con esta novela has logrado dejar en paz el fantasma de tu madre, y encontrar tu propio papel?
-Creo que he encontrado el rol del tiempo que me toca vivir en Cuba. Aunque me cierren muchas puertas, aunque no me publiquen las novelas, aunque fabriquen fantasmas para deshacer los puentes con todas mis Cubas, hoy conozco a mis lectores y ése es un modo de explicarnos juntos la vida de esos fantasmas que han muerto tan jóvenes.

Todos se van - Bruguera, Barcelona, 2006, 288 páginas, $9.900.
Nunca fui primera dama - Bruguera, Barcelona, 2008, 290 páginas.


Poema inédito: Aquí no hay escondite posible - Vanidad y espejo - Estructura nítida traslúcida A pequeña escala límpida y desierta


UNA CASA EN EL CUERPO

De un racionalismo incómodo
Equilibrio japonés de rota seda
Balance injusto y gélido
Sin altares ni flores sin fotos sin familia
Sitio de paso e insomnio
Patrimonio de artificio


UNA CASA EN EL CUERPO

Nadie ha vivido aquí
Ni hijos
Ni hombres
Ni ideas
Te ruego me rescates de este espacio
donde ya yo no vivo.

Articulo:
http://diario.elmercurio.com 22/03/2009

Jinre/Lluvia en verano


“Jinre" Guevara Díaz, Perú, nací el 24 de Marzo de 1968 en el distrito de Breña, Lima, pero toda mi vida radiqué en San Martín de Porres. Soy hijo de padres, abuelos y bisabuelos Cajamarquinos, tierra bella que llevo en la mente y el corazón, junto a la patria toda.

E-mail:
jinrejinre@gmail.com
Sitio: http://jinre-jinre.blogspot.com/

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Jinre%22+Guevara+D%C3%ADaz


Lluvia en verano
Por "Jinre" Guevara Díaz
mañana del 13.Feb.2009

La misma Luna esperaba a lo lejos
reservando en el alma de su reflejo tu recuerdo… nunca tu nombre

tiempos de ausencia,
de presencia constante sin evocaciones,
con tu imagen instalada,
refugiada en el claroscuro de mis trincheras... ahí estabas…

incrustada en la mirada que evoca rabias justas,
en el sentir que no requiere protocolos
en las manos que dibujan indignaciones…

como hojas de libros tiradas por el viento…
detenidas …llegando, partiendo…

detrás de los bosques altos que la vida interpone,
a pesar del tiempo
y la espera que fatiga los ojos,
de la esperanza con sabor a hiel,

te encontré…

afirmando a la patria,
con tus pioneros incansables
danzando al ritmo de cintos de colores llevados de la mano por el viento…

son otros años… es la misma Luna,
reflexiono, dudo, palpo,
afirmo junto a ti
el parche plateado que en el cielo un día cobijó reyertas
ilumina como antes, como antes las esperanzas…

envueltos, con ira contenida por lo que debe ser,
sin horarios, te veo partir…

Johanna Marcela ROZO/Poesía


Revista Lamás medula/Colombia
de Johanna Marcela ROZO
http://www.revistalamasmedula.com.ar
www.corporacionculturalrayuela.blogspot.com
www.lenguajedemujer.blogspot.com
E-mail: mujerdeniebla29@yahoo.es


Una gata en el tejado

La primera vez que oí de Beatriz como poeta, fue en mi natal Pamplona, precisamente en la Universidad donde ella adelantó estudios de Licenciatura en Lingüística y Literatura. Comentaba una docente de aquella facultad, sobre algunas palabras que compartió con Beatriz, acerca de la neblina incomparable de la ciudad; sobre todo como motivo de inspiración para escribir.

Abriendo las piernas a la carne fue su primer poemario. Con él logra no solo darse a conocer en las letras colombianas de la poesía joven, sino representar la poesía femenina. Con este poemario convence a mujeres y hombres de que la mujer tiene el derecho y el deber de sentir placer. Y lo dice descarnadamente. Con la pasión de una mujer convencida de la libertad de amar y sentir. Convencida del poder del universo femenino, claramente expresado en el poema que da título al libro “ yo /la flor que de par en par/a tus ansias /sus pétalos esparranca…/ Tú, /el colibrí/ del sediento y penetrante pico/ que una y otra vez me taladras/ haciéndome imitar/ el canto de las noctámbulas/ gatas en los tejados.

En estos versos consigue mostrar las ideologías íntimas de la mujer frente a su compañero: el amor, el desamor y el ardor que en su cotidianidad guarda. “Adoro el desorden/ porque sólo existe/cuando estás conmigo”. Y en la fineza de sus versos tropezamos con el desengaño en una bella imagen poética “Contra las estáticas flores del mural/ el colibrí / sufre su primera decepción de/ amor.

Y el poema que perturba es aquel que retrata con dulzura y dolor la soledad y la ausencia, Recordando a Penélope, cuya lectura destroza el corazón de aquellas y aquellos que aman intensamente y para toda la vida, si es que esto es posible. “No sé por qué/ pero la poquita gente/ que amo siempre/ siempre está/ deseando partir hacia algún lado…/ O tal vez sí sé: / sucede que yo/ tierna espectadora de mis vigilias/ siempre siempre / estoy dispuesta a esperar…/ alcahueteando ausencias.

Esta es Beatriz, que con su poesía construyó un espacio diferente para la mujer, una visión amplia y profunda de su esencia, un retrato que expone sus sentimientos, que se refleja alejada de miedos, prejuicios y secretos.

Beatriz Vanegas Athias nació en Majagual, Sucre, Colombia, en 1970. Poeta y cronista. Ganó el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia en 1993, con el libro “Abriendo las piernas a la carne” (Editorial Lealon, de Medellín-1994). Obtuvo también el Premio Departamental de Poesía, Fondo Mixto de Sucre, con “Galería de perdedores”, publicado por la misma editorial en 2000. Y fue finalista en el Tercer Concurso de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca, 2006. Se desempeñó como cronista y reportera de los suplementos culturales en los diarios Vanguardia Liberal, El Meridiano de Sucre y Córdoba. Trabajos poéticos suyos han sido publicados en antologías de poesía departamental y nacional y en las revistas “El Túnel” de Montería, “Puesto de combate” de Bogotá, revista “S” de Bucaramanga, y “Semana”, entre otras. En 2006 publicó el libro de poemas “Los lugares comunes” (Editorial Sic, de Bucaramanga). En la actualidad vive en Bucaramanga y prepara un libro de crónicas y reportajes titulado “Voces que apagan la oscuridad”, además del poemario “La herida de la hiena”. Coordina el Taller de Lectoescritura “Sara Malacara” donde promociona la literatura infantil y juvenil. Es candidata a Magíster en Semiótica de la Universidad Industrial de Santander.


FUGA

He de fugarme de este barrio:
Iguana gigantesca y burlona
Que conoce
Hasta el color de mi pijama.


MEMORIA DEL TRASTEO

Cada vez que sucede el trasteo
Coleccionas un incendio en tu vida.
Nada queda:
Sólo una galería de recuerdos enfermos
Que no tuvieron tiempo de sanar.
Cansancios que no alcanzaron a descansar.
Amores mal hechos, comedor sin calor.
Habitación decorada a medias.
Intentos de biblioteca, cocina sin olor propio.
Puerta en la que no encontraste
Las piezas para completar
El rompecabezas de tu ser.
Nada queda:
Ventanas anhelantes y bocina desesperada
Que anuncia tu única compañía:
El viento de la carretera
Azotando sin pudor tu mirada.


BINOMIOS

El arma blanca y el arma de fuego.
La súplica y el silencio.
La viuda y las declaraciones.
La ciudad engorda.
El poder también.


MEMORIA DEL REGRESO

Habitas el día como leona encarcelada.
No hay parque, poema, bar o conversación
que apacigüe al ejército de hormigas
que marcha por tu sangre.
La tarde es una sentencia a muerte.
La ventana un altar
ante el cual suplicas el milagro.
Cuando la noche llega y quien esperas no,
sucumbes a la ira
y las paredes y los fetiches
soportan tu rabia.
Cuando la noche llega y quien esperas no,
desciendes por el agujero de la inquietud
hasta caer en un sueño turbio y expectante
Hasta que unos golpes a la madrugada
te anuncian ésa sonrisa, ésos ojos,
unos brazos que se abren
y ante los que no tienes más remedio
que desbordar una buena bienvenida.


VICTORIAS DE JOSEPH

Los judíos dejan el rostro
En las barracas.
Los judíos pronuncian silencios.
Con su
andar de topos
Ya no acuden a la piedad.
Un judío,
Un fantasma.


CONSUELO

Por las huellas
que no dejaste
me aproximo al recuerdo
que no fundamos.
Sólo la lluvia
cortina transparente
e imprescindible al poema
te reivindica.


ESPERANZA

No espera más
Que
a visita de la noche
Y de la culpa.


TODO LO QUE QUIERO ES UN BALCÓN PROPIO

Un balcón propio
Con persianas de madera
Y cortinas fragantes
Para ver a las mujeres lindas
Pasear su tristeza maquillada
Y a las mujeres feas
Conformes con su andar
Y amargadas con su sal.
Un balcón con persianas de madera
Para ver a los hombres cansados
Con el peso del amor inexpresado.
Un balcón propio
Para ver la mecedora balancearse en la luna
Y las redes aferrarse al azulejo
Y al asesino pasear con los bolsillos
Plenos de dinero adolorido.
Todo lo que quiero es un balcón propio
Para descorrer la lluvia
Y encarcelar al aire
Y acariciar la gota que se amañó
En la hoja del almendro
Y soportar a distancia
La lucha del hombre con el ancla;
Y sonreír con la dejadez
Del que sólo espera la noche y el bocado.
Y una tarde sin premura
Tomar tu dulce mano pequeña
Tocar como ciega tus ojos punzantes
Saborear tu
sonrisa confiable
Y dibujarle a la noche
Los colores del escándalo.

Juan Carlos GOMEZ/ Witold GOMBROWICZ & Cecilia BENEDIT DE DEBENEDETTI

Witold Gombrowicz y Cecilia Benedit de Debenedetti


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

Juan Carlos GOMEZ sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=GOMBROWICZIDAS+


GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & Cecilia BENEDIT DE DEBENEDETTI
Por Juan Carlos Gomez

"Precisamente en la casa de los Berni conocí a Cecilia Debenedetti en su casa de avenida Alvear donde hacía reuniones con un grupo de personas bohemias. Cecilia vivía dentro de una especie de halo brumoso: conmovida, embriagada, espantada por la vida, se despertaba de un sueño para sumirse en otro sueño aún más fantástico, luchando a la manera de Charles Chaplin con la substancia misma de la existencia... no, era incapaz de soportar el hecho de existir, se trataba de una mujer de cualidades eminentes y excepcionales, un alma muy noble de aristócrata"
Gombrowicz había conocido a la Condesa en las recepciones que hacía en su casa de la avenida Alvear. Reuniones de bohemios, bailarines y chicas monísimas en las que Gombrowicz se recuerda siempre con una copa en la mano.

"¿Conoces a aquellas dos chicas de allí, de aquel rincón?; –Son hijas de la señora que está hablando con La Fleur. Te diré lo que cuentan de ella: se llevó dos chicos de la calle a un hotel; para excitarlos les puso una inyección..., pero uno de ellos tenía el corazón débil y se murió. ¡Ya puedes imaginarte! Una investigación, la policía..., pero estaba bien relacionada, echaron tierra sobre el asunto, ella se marchó un año a Montevideo"
Los jóvenes eran para Gombrowicz víctimas propiciatorias de la muerte y del sexo en sus formas más intensas. El orden social descansaba sobre esos esclavos, que apenas adolescentes eran tomados por el cuello para el servicio militar, obligados a jurar obediencia ciega, preparados para matar y dejarse matar.

Gombrowicz consideraba a la juventud como un valor por debajo de los otros valores, sin embargo, también como un valor cruel que destruye a los otros valores, un valor que se bastaba a sí mismo, y hasta llega a decir que entre Dios y el joven se quedaba con el joven. Pero los jóvenes de sus narraciones, por lo general, están en apuros.
Cecilia era una dama de los tiempos de su prehistoria argentina, debería correr todavía mucha agua para que la Condesa, esa dama que había "resultado ser un báculo de virtudes y un calor de encantos, a pesar de la neurastenia que la perseguía", le abriera paso a la resurrección de Gombrowicz apoyando la edición argentina de "Ferdydurke".
Cuando a fines de 1945 Gombrowicz anuncia en el café Rex que va a regresar a la literatura con la traducción de "Ferdydurke", sus amigos se proponen ayudarlo. Era preciso asegurarle la subsistencia para que se dedicara exclusivamente a la traducción.

"En lugar de buscar un mecenas habíamos tenido la idea de reunir a una docena de amigos de buena voluntad cuya contribución sería de cien pesos cada uno, lo que nos permitiría reunir mil doscientos pesos, o sea una subvención de trescientos pesos por mes.
Se precisaba que no se trataba de un regalo sino de un préstamo, pues los cien pesos le serían devueltos a cada contribuyente cuando se cobraran los derechos de autor. Era una especie de fondo nacional para las artes... Pero en esta ocasión, como en tantas otras, la solución vino de parte de Cecilia Benedit de Debenedetti a quien Gombrowicz dedicó la edición argentina de ‘Ferdydurke’ (...)"
Cuando Gombrowicz traduce "Ferdydurke" al español, los miembros del comité de traducción se empiezan a entusiasmar, de este entusiasmo Gombrowicz deduce algo que anota en sus diarios mucho tiempo después.

"Era, pues, un libro universal. Era uno de esos pocos libros, poquísimos libros polacos capaces de conmover realmente a los lectores extranjeros de la mejor categoría. ¿Y en París? Me di cuenta de que la carrera mundial de ‘Ferdydurke’ no era algo que perteneciera sólo al dominio de los sueños, cosa que ya sabía de antes, pero se me había olvidado"
Pero también hace una referencia a la indicación que le da a los lectores en el prefacio para que se toquen la oreja derecha, la izquierda o la nariz según fuera el sentimiento que les hubiera despertado el libro.
"Con esta ligereza, incluso frivolidad, introduje a ‘Ferdydurke’ en el mundo argentino; y lo hice así porque ante este segundo debut mi postura era aún más intransigente con respecto al lector y a su aceptación o su rechazo"

En las vísperas de la aparición de "Ferdydurke" Gombrowicz se refiere a la Condesa en su casa de Salsipuedes pensando en millones de pesos.
"(...) estoy muy bien, en un lindo chalet con buena cocina y en compañía de la Condesa. Ocurre que mi estadía aquí puede ser muy fructuosa y la Condesa es tan amable conmigo que quiere presentarme a su prima que tiene dos millones y a varios otros miembros de su familia que suman alrededor de diez millones, pero tengo que mantener a toda costa mi prestigio y dignidad (...) ¡Qué culta, qué inteligente, qué fina es esta mujer!"
La Condesa estaba deslumbrada con Gombrowicz y posiblemente también algo enamorada.

"Nos veíamos a menudo en casa de los Berni; después Witold vino a nuestra casa. Quería que abriera un salón: –No sea perezosa, Cecilia, celebre reuniones intelectuales en su casa, la vida social es una obligación y no un placer (...)"
"A veces me invitaba al Rex y jugaba al ajedrez. Yo me quedaba sola sentada a una mesa esperándolo. Esperaba, esperaba... y cuando había terminado de jugar, me acompañaba a casa. En ocasiones, por la noche, íbamos a cenar al Sorrento de la calle Corrientes, y cenábamos tranquilamente, contentos de nosotros mismos. Era un gran amigo (...) En la calle Venezuela tenía colgado un cuadro que había pintado yo, era un desnudo colgado al revés, quizás trataba de disimular el hecho de que le había gustado.
En el banco polaco le hacía creer a los empleados que yo era una condesa (...)"

"En mi casa de Salsipuedes, después de cenar, nos sentábamos en el porche a charlar. Durante aquellas largas veladas se hablaba de todo (...)"
"Cuando terminábamos de conversar se iba al garaje donde estaba su habitación, yo veía cómo se alejaba completamente solo. Todas las veces tenía la misma extraña impresión al verle la espalda, se repetía todas las noches. Siempre de espaldas alejándose completamente solo"
Seis años después de la legendaria traducción de "Ferdydurke" Bondy lee esta versión argentina y escribe una nota, la primera aparecida en Europa Occidental después de la guerra, una nota que le va abriendo el camino a Gombrowicz para su entrada triunfal en París.

"Se trata de las aventuras de un hombre maduro, reintegrado por la fuerza a la adolescencia y a la escuela, que se convierte en objeto de diversas empresas de infantilización y de adultización. Publicaremos próximamente algunas páginas características con la esperanza de que los amantes de Jarry se alegrarán de descubrir a un Gombrowicz que, con una tradición eslava y gogoliana, payasesco, desafiante e irónico, crea una obra que llega a ser hasta genial, en todo caso de una sorprendente extrañeza"
Bondy no le pierde pisada a Gombrowicz y sigue escribiendo sobre "Ferdydurke" hasta que, finalmente, la editorial Julliard le abre las puertas a un mundo que en Polonia y en la Argentina le había sido hostil.

El restaurante Sorrento, donde acostumbraba a comer con Cecilia, se convirtió para Gombrowicz en una especie de santuario gastronómico. Allí recibí enseñanzas sobre los modales de la mesa: el cuchillo sólo se utiliza si no se puede prescindir de él, nunca para una omelette, una tarta, con el tenedor alcanza; la cuchara debe ingresar de costado a la boca, nunca de punta; el caldo se debe absorber en silencio; no se deben tomar los alimentos con las manos; lo que ingresa a la boca no puede salir por la boca: –¿Y los carozos y las espinas?; –Arréglese, hay que sacarlos antes; jamás usar mondadientes y mucho menos llevarse una mano a la boca para ocultar las maniobras que se hacen con él.
Basta decir que Gombrowicz violaba una por una todas estas prohibiciones: –¿Qué hace, Gombrowicz?; –Vea, Gómez, una vez que se sabe, está permitido.

Y es el Sorrento el que le da una idea sobre la que escribe un pasaje célebre en las páginas de los diarios en el que convierte a la comida en un mecanismo que baila al son de una música metafísica.
"A derecha e izquierda, burguesía. Las mujeres se meten en sus orificios bucales trozos de carne mortecina y mueven la bocacha –eso les pasa al esófago y después al aparato digestivo–, todo ello con cara de sacrificio, y de nuevo abren el orificio para llenarlo...
Los hombre se valen de cuchillo y tenedor; entre otras cosas, sus pantorrillas embutidas en las perneras se nutren aprovechando el trabajo de los órganos digestivos..., ¿sería francamente extraño abordar la actividad de la gente aquí reunida como la nutrición de las pantorrillas...? (...)"

"Pero el mecanismo de sus movimientos está fijado en los más mínimos detalles, todas estas operaciones están definidas y formadas desde hace siglos: alargar la mano para alcanzar el limón, untar los trocitos de pan, conversar entre dos tragos, llenar los vasos o servir los platos al margen de una conversación, con una sonrisa oblicua –una uniformidad de movimientos casi como en los conciertos de Brandeburgo–; se ve aquí la humanidad que se repite a sí misma sin descanso. La sala, rebosante de comilona, se manifiesta en una infinidad de variantes, como una figura de vals repetida por los bailarines; y la cara de esta sala concentrada en su eterna función era la cara de un pensador"

Jóse Agustín GOYTISOLO/Palabras a 10 años de su muerte


Palabras para Jóse Agustín Goytisolo a 10 años de su muerte

Un congreso y la publicación de su poesía completa y una selección de sus trabajos periodísticos conmemoran su legado

Son ya 10 años los que han pasado desde que José Agustín Goytisolo se precipitó desde una de las ventanas de su domicilió barcelonés. De aquella caída, el 19 de marzo de 1999, resultó su muerte. Las circunstancias nunca quedaron esclarecidas de manera definitiva. ¿Hubo voluntad suicida? Esa es la cuestión que todavía gravita en torno a aquella despedida. Algunas personas de su círculo íntimo afirmaron que el poeta atravesaba una de sus crisis depresivas, por lo que el accidente parecía quedar descartado. Sin embargo, algunos de sus familiares negaron rotundamente esa posibilidad. Advertían que era un hombre muy preocupado por el orden doméstico y que su en el momento del percance no hacía otra cosa que intentar arreglar la ventana desde la que se despeñó. “Estaba muy ilusionado con los recitales que preparaba junto a Paco Ibáñez”, explicaba entonces Pedro Valicur, casado con Julia Goytisolo, la hija a la que dedicó el célebre poema Palabras para Julia.

Gracias a este cantautor la obra de Goytisolo alcanzó una tremenda popularidad. Aunque no fue el único que musicó sus versos. También lo hicieron Amancio Prada y Rosa León. Dejó un legado literario compuesto por más de 20 títulos en los que, con un lenguaje desprovisto de florilegios líricos, alternó temas urbanos y de compromiso político (él mismo se llegó a denominar un “francotirador de izquierdas”) con otros de corte más íntimo, marcados por un poso melancólico casi omnipresente en todo lo que escribía.

En primer libro, El retorno (1955), ya apuntó el camino de inconformismo que pretendía recorrer en el futuro. Su crítica contra un entorno social hostil y grisáceo se hizo patente en Salmos al viento (1958) y Claridad (1960), que se reeditarían en 1961 bajo el título Los años decisivos. Esa vertiente comprometida de su poética se agravó en los años siguientes, tal como atestiguan Algo sucede (1968) y Bajo tolerancia (1977). En 1981 publica el poemario que seguramente mayor notoriedad pública le proporcionó, Palabras para Julia. Luego siguieron Final de un adiós (1984), El rey mendigo (1988), Novísima oda a Barcelona (1993), El ángel verde y otros poemas encontrados (1993), Como los trenes de la noche (1994), Cuadernos de El Escorial (1995) y Las horas quemadas (1996). En estos últimos sus recaídas anímicas se filtran con toda su crudeza. Todos estos libros han sido compilados por Lumen, aprovechando el aniversario de su fallecimiento. También Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores ha editado un selección de sus trabajos periodísticos, que saldrá a la luz los próximos días con el título de Más cerca.

Difíciles relaciones entre hermanos

Nació en Barcelona 1928, en el seno de una familia burguesa. Su madre, Julia Gay, murió en 1938, durante un bombardeo franquista contra la ciudad condal. Su desaparición le marcó de por vida. Una huella de dolor quedó grabada en su conciencia y en la de sus hermanos, los también escritores Luis y Juan. Con ellos mantuvo unas relaciones tensas, marcadas por cierta competitividad, que se dirimía tanto en el seno familiar como en el plano literario. El propio Juan reconoció en el libro de Miguel Dalmau Los Goytisolo que José Agustín fue una especie de hijo destronado por su padre. Y es que al morir el mayor de los cuatro hermanos, Antonio, a causa de la meningitis en el 27, fue puenteado por su padre, que jamás le trató como al primogénito.

Las complicadas relaciones entre los hermanos escritores serán algunos de los aspectos objeto de análisis en el Congreso que se dedicará a su figura. El escritor y miembro de la Real Academia Española Luis Goytisolo rememorará por primera vez públicamente, durante el V Congreso Internacional José Agustín Goytisolo, su entorno familiar y ofrecerá material de primera mano sobre la relación que mantuvo con su hermano a lo largo de los años.

Esta es una de las conferencias más destacadas de un congreso, que se celebrará en Barcelona entre el 24 y el 26 de marzo, en el que participarán los más importantes especialistas de la obra y la personalidad del poeta barcelonés, fallecido hace ahora diez años.

La directora de la Cátedra Goytisolo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y organizadora del evento, Carme Riera, ha opinado hoy en rueda de prensa que una década después de su muerte "queda su obra completa y un hombre transformado en sus palabras, un poeta de verdad que nos aporta soluciones para la vida".

Durante tres días, los participantes en estas jornadas recordarán a una de las figuras primordiales de la poesía castellana de la segunda mitad del siglo XX, autor de textos imperecederos como Palabras para Julia.

Paco Ibáñez y Julia Goytisolo

Además de la participación de Luis Goytisolo, que el día 25 pronunciará una conferencia bajo el título de La invención del entorno familiar, también llama la atención del programa de actividades el diálogo que mantendrá el día 24 el cantautor Paco Ibáñez con Julia Goytisolo, hija del autor homenajeado.

Para Riera, es otro acto inédito en el que se verá a un músico que versionó de la obra de Goytisolo títulos como Palabras para Julia o "érase una vez un lobito bueno" junto a una mujer muy influenciada desde pequeña por estos temas.

Otra mesa redonda a remarcar es la que se ha organizado para el día 26 de marzo con el crítico literario Josep Maria Castellet, la hermana mayor del escritor, Marta Goytisolo, y su viuda, Asunción Carandell.

La inauguración del Congreso se celebrará en la facultad de Filosofía y Letras de la UAB el día 24, con la presencia, entre otros, del delegado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Martí, el director de la Institució de les Lletres Catalanes, Oriol Izquierdo, y la escritora Carme Riera.

Aprovechando la celebración del congreso, la mayoría de cuyos actos tendrán lugar en el barcelonés Palau de la Virreina, con entrada gratuita, se presentará la edición crítica de la Poesía completa de José Agustín Goytisolo, así como sus artículos publicados en la prensa.

También se organizará una exposición en la Fundación Círculo de Lectores sobre José Agustín Goytisolo, más cerca. Uno de los actos más curiosos es el que prepara la compañía de teatro Ex-libris para la biblioteca Guinardó-Mercè Rodoreda, en el que ofrecerá, el día 2 de abril, la obra érase una vez...Goytisolo.

Carme Riera ha indicado que el Congreso, que por primera vez se celebra en la ciudad natal del escritor, después de haberse organizado en anteriores ediciones en ciudades como Oviedo y Sevilla, quiere llegar a todos los interesados por la obra de José Agustín, "con conferencias que queremos académicas, pero que puedan divulgarse de una forma llana".

Por otra parte, Riera ha agradecido la disposición del ayuntamiento a la hora de adherirse al congreso y ha apostillado que si hubo en los últimos años un poeta vinculado a Barcelona éste fue José Agustín Goytisolo, autor de la Novísima Oda a Barcelona, en catalán y castellano.

ELCULTURAL.es

***
Poesía completa
por José Agustín Goytisolo. Lumen

José Agustín Goytisolo es uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, además de uno de los más populares, leídos y musicados de su generación. En su obra, a lo largo del tiempo, se ensayan distintas tonalidades, desde la ironía y la crítica social hasta el intimismo, la poesía amorosa, el canto urbano, el poema civil, la sordina moral o la parodia. Miembro del llamado grupo poético del 50, Goytisolo fue uno de los poetas más versátiles, agudos y memorables de su tiempo.

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

De Palabras para Julia. 1980


MIEDO AL ESPEJO

Igual que el vaho en un espejo
así haces tú. Siempre encubriendo
lo que eres: un temeroso
y atrasado sentimental;
un lobo sin garras ni dientes;
un desastre como persona.
Si no ocultaras tus carencias
nada te ocurriría. Pero
tú no temes lo que otros piensen
sino verte en un claro espejo.

De Como los trenes en la noche. 1996


LLEGA EL LITIO

Mucha tristeza nunca le humilló
pero temía el hondo pozo oscuro
que él envolvió en sus aguas cenagosas.
Mucho haloperidol; pinchazos de antabús
probó electroterapia veinte veces
y salió disparado hacia una vida
que ahora ya no recuerda: quince años
hasta que llegó el litio: quince años
perjudicando a todos los que amaba
pues gastó su dinero y el ajeno
en alcohol en viajes y en delirios.
Pero el litio llegó y está en su sangre
y ahora es su compañero de por vida
hasta la oscuridad o la luz total.

De Las horas quemadas. 1996.

Articulo:
http://www.elcultural.es 18/03/2009

Alberto MANGUEL/José Agustín Goytisolo: El poeta que regalaba palabras


PERFIL: LIBROS - Perfil José Agustín Goytisolo
El poeta que regalaba palabras
Por Alberto Manguel

José Agustín Goytisolo, el poeta de lo cotidiano, murió hace ahora diez años. La publicación de su poesía completa y una exposición recuerdan la figura y la obra "milagrosamente inspirada" del escritor.

Fue Jorge Luis Borges quien inició, al menos en el Río de la Plata, el desprecio de las letras españolas modernas. Su estadía en España a fines de la Primera Guerra Mundial, antes de volver a la Argentina en 1921, lo decepcionó. Los intelectuales españoles no compartían sus lecturas y entusiasmos, y le parecieron al joven Borges, por lo general, engreídos y banales: "Se habían propuesto renovar la literatura", contará en su Autobiografía, "una rama de las artes de la cual poco sabían". De los poetas españoles, casi sin excepción, se burlará más tarde con variable ingenio: de Federico García Lorca dirá que era "un andaluz profesional"; de Antonio Machado, "¡ah, no sabía que Manuel tuviese un hermano!"; de Gerardo Diego, "en qué quedamos ¿Gerardo o Diego?"; de Juan Ramón Jiménez y su asno Platero, "eran almas gemelas". Mi generación aceptó su veredicto. Sólo cuando empezaron a aparecer en Buenos Aires los nuevos poetas en Losada y los nuevos novelistas en Seix Barral, nos atrevimos, tímidamente, a contradecir al maestro.

Mis compañeros de clase y yo descubrimos a José Agustín Goytisolo en una antología de poesía española contemporánea que uno de nuestros profesores nos incitó a leer. Creo que los poemas elegidos pertenecían al libro Claridad que Goytisolo publicó en 1961, poemas que recobraban la infancia del niño-poeta y su temprano descubrimiento del "amor / de lo perecedero": la madre tan amada de cuya muerte no se consolaría nunca, el padre que lo hacía sentir como un intruso, la escuela en la que los maestros "predicaban miedo" convirtiéndolo así en "un niño / solo; mentido / y solo; amordazado / y frío buceando / en el pozo". (Décadas más tarde, en uno de sus mejores libros, Como los trenes de la noche, de 1994, repetirá la confesión: "Viste que nada era durable / desde muy niño... Pero tú / aprendiste de la flor única / el amor de lo que perece / y la herida de lo que ha muerto").

Para nosotros, adolescentes, los versos de Goytisolo definían un estado de ánimo bien conocido, esa entrada al mundo adulto que simultáneamente anhelábamos y temíamos. Nuestro también era su imposible deseo:

¡Ah, si todo pudiera

comenzar otra vez
de un solo golpe; de una sola
pura y simple palabra!


Pero fue con la aparición de Algo sucede en una descolorida edición de Ciencia Nueva que el poeta intimista que nos gustaba púdicamente se nos reveló (o más bien, imaginamos que se nos revelaba) camarada de aquellos otros que recitábamos en torno a las fogatas de campamento: Miguel Hernández, Rafael Alberti, Blas de Otero. Goytisolo no se convirtió nunca, para nosotros, en un clásico como Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma, pero fue, a lo largo de nuestras vidas lectoras, una voz amiga, un poeta que nos daba palabras para nombrar ocasionales desazones y epifanías. "Devolvamos / las palabras reunidas / a sus dueños auténticos", era una versión militante del "renovar las palabras de la tribu" que sin duda hubiese sorprendido a Mallarmé. Aun los versos más leves nos llamaban la atención, ya que leíamos en ellos un anunciado llamado a las armas:

Por mi mala cabeza

yo me puse a escribir.
Otro por mucho menos
se hace Guarda Civil.

Como en sus libros futuros, ya en éste Goytisolo demostraba un cierto gusto por la palabra pedestre y al mismo tiempo, milagrosamente inspirada. Decir: "Se amaban en silencio / como cumpliendo un gran ritual. / Sus vidas eran diferentes. Pero / algo muy fuerte los unía: algo / que quedaba cumplido en sus abrazos" es de una simplicidad casi inútil. Y sin embargo, la noción del amor ritualizado, del abrazo como ceremonia, es una revelación que un cierto pudor poético parece impedir cuajar en palabras más enérgicas. Esta disputa entre expresión e iluminación (constatamos luego) es frecuente en toda la obra de Goytisolo.

Es quizás en el célebre Palabras para Julia de 1980 que Goytisolo alcanzó la mayor maestría de su voz. El poema que da su título a este volumen elegiaco trata, como se sabe, de la trágica muerte de su madre. "Tu destino está en los demás", le dice, ofreciéndole la consolación que siempre damos a quien amamos y perdemos. A la elegía por su madre siguen poemas que tildábamos hace dos décadas de "comprometidos" y que sin embargo nos conmovían. "La libertad hay que inventarla siempre", leíamos del otro lado del Atlántico, sabiendo perfectamente cuáles son las consecuencias de no seguir esta advertencia. Y un poema escrito casi veinte años más tarde, en 1996, Las horas quemadas (que es también su último libro), insiste con implacable lucidez: "Lamentar el pasado nada cambia: / ni el olvido ni el daño ni el rencor".

En 1978, un año después de publicar Taller de arquitectura, Goytisolo cumplió cincuenta años y de hacedor de versos familiares y políticos pasó a ser poeta de la naturaleza, del mundo que llamó, con adjetivo exacto, "permanente". Montes y carreteras, palomas y codornices, lechuzas y gavilanes, la hierba y el agua, el otoño, poblarán su geografía poética. Y siempre, por encima de todo, siguió escribiendo poesía amorosa de una extraordinaria y original delicadeza. El lector del Goytisolo maduro sospecha que el poeta propone y puebla el paisaje para luego perseguir en él su propia persecución amorosa. "En lugares perdidos / contra toda esperanza / te buscaba... / Y cuando el desaliento / me pedía volver / te encontré". Más tarde, el terreno de caza será también su ciudad, Barcelona, a la que dedicará en 1993 una Novíssima oda a Barcelona.

La edición de la poesía completa de Goytisolo que ahora, con la gratitud de sus lectores, propone la editorial Lumen, es ejemplar. Carme Riera y Ramón García Mateos han cumplido no sólo una labor crítica impecable, corrigiendo errores ortográficos y erratas de impresión de los que pecaban las ediciones anteriores, y cotejando minuciosamente las diversas versiones de los poemas (Goytisolo fue hasta el fin un revisador irredimible), sino que también han sabido presentar al poeta de forma cabal, iluminadora y convincente. No hay en su prólogo ni el más tímido dejo de teoría académica: la lectura que hacen ambos eruditos es la de historiadores que no condescienden al chismorreo, y de inteligentes amantes de poesía cuya intuición crítica les permite aclarar pasajes difíciles y sugerir interpretaciones de útil originalidad. También han decidido sabiamente cerrar este inmenso volumen de casi mil páginas con dos textos escritos por Goytisolo para el cantante Paco Ibáñez. El primer verso de La voz y la palabra resume, a pesar de la desilusión y la tristeza que destilan casi todos los poemas precedentes, lo que sospechamos fue la íntima, última, verdadera convicción del poeta: "Tienes tu parte en la felicidad". Sin duda alguna, los lectores de José Agustín Goytisolo así lo creen. –

J. A. Goytisolo. Edición y prólogo de Carme Riera. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2009. 360 páginas. 29 euros.

La exposición – José Agustín Goytisolo, más cerca - se exhibirá en el Círculo de Lectores de Barcelona del 26 de marzo al 30 de abril. Poesía completa. J. A. Goytisolo. Edición de Carme Riera y Ramón García Mateos. Lumen. Barcelona, 2009. 1.248 páginas. 39,90 euros. Más cerca. Artículos periodísticos. El V Congreso Internacional José Agustín Goytisolo se celebrará en Barcelona entre el 24 y el 26 de marzo.


Articulo:
http://www.elpais.com 21/03/2009

Maritza ÁLVAREZ/Poesía


Maritza Álvarez, Villa Alemana, Chile. Nacida en la ciudad de Valparaíso, Chile, sentí siempre esta cercanía con las letras. Mi expresión manifiesta se fue dando tanto en las palabras como en la pintura. La adolescencia fue época fructífera para eso. Más tarde estudié Dibujo Gráfico Publicitario en Inacap, de Viña del Mar, y me incorporé en cursos de fotografía en el Foto Cine Club de Valparaíso. Actualmente, muy motivada con la escritura nuevamente, me seduce la poesía mayormente. Me considero pasional y muy sensible a los sentimientos.

E-mail:
maritza_alvarez_vargas@hotmail.com

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Maritza+%C3%81lvarez


Dedicatoria breve
Por Maritza Álvarez

En estas mañanas, ya otoñales, guardo en mi pensamiento, que quiere sujetarse, tus trazos y tus pensamientos, es sólo una composición breve, para saber que aún conservo tus delirios en mi alma, y esperar que el señor tiempo se lleve la resaca, de ti…

Al árbol que encontré maravilloso
Por tu desmesurada culpa…
Y sus hojas secas, que gusté pisar embelesada
A las pretensiones de amor, que siempre vi
En tus delirios…
A la manipulación constante de un corazón
Apabullado
A todos los placeres que me trajiste
Cuando sentado apareciste en mi ventana oblicua
A lo que siempre veo en ti, a lo que manifiestas y lo que no…
A las inseguridades y egolatrías
Que brotan manifiestas en tus telas
A lo que tapas con canciones, a lo que cubres en distancias
A lo que nadie puede acceder, porque nadie toca
Ese músculo latente, que guardas en un cofre
El que le entregaste un día a una doncella
Y si bien, la tarde se cansa,
Dejaste, olvidando las promesas
Y las obligaciones…

Que se lleve el otoño con el viento
Con la fuerza que viene improntada con él
Esa que barre lo que encuentra a su paso
Mezcla de tierra, hojas y recuerdos
Tus manías y conjuros
La tarde que pesa
Las mil y una noches
En que alimentaba con pobres sustentos
La esperanza de vida
Que se acumulaba dentro…


Podría, pero no hoy…
Por Maritza Álvarez

Podría detestar el tiempo
Y reclamarle
Reclamarle por ejemplo
El no haberte conocido antes…
El no haberte conocido antes
Y haber alojado tu siembra
Tu siembra que germinaría
Para un día de septiembre
Amanecer llena de todo…
Llena de ti
Llena de ti y de esperanza
Esperanza embarazada
Y germinando
Embarazada y que en los bosques
En los bosques añejos de encinas calientes
Se purificara el amor mío
Y que tu hijo
El hijo nuestro
El hijo tuyo y mío
Fuera la concreción de cada día de amor
Fuera la concreción y la fuga
A tantas noches vacías
A tantas vidas sin beneficios
Beneficios que la rabia
La rabia que se muere
Se lleve esta jornada
Jornada de pájaros en mi alma
Y en mi patio

Podría reclamarle milagros
Milagros que escribes
Milagros que aún esperan
Milagro que hoy por fin hacemos
Hacemos juntos cada día
Bendito pan de cada día
Benditas manos tuyas, amor
Amor de lejos, amor enfurecido
Amor enfurecido
Y la mañana
La mañana que deja los rastros
De una noche perdida
Noche perdida que hoy naufraga
Sola y triste
Velando tu imagen…

Benditas manos tuyas porque son creadoras
Porque fueron toques de amor
Toques de amor que acercaron cuerpos
Y te diseminaste
Ahora esparcidas y crecidas
Revolotean por el mundo
A la brisa nueva y joven
Les abren sus esperanzas
Les abren afanes y desvaríos

Bendito tu cuerpo y tu alma
Ese que un día se sentó a recibir un simple elogio
Un elogio del otro lado del mundo
De tu patria vieja
De tu añoranza
En donde se forjó la carta
Vieja carta-enlace
Que aún no se se cierra
Que aún no se escribe completa

Podría reclamarle sí
Reclamarle a la vida
Pero hoy no quiero…
No está en mi talante hacerlo
Estoy plasmando
En el papel escrito
Y en el papel dibujado
Todo lo que siento en este instante
Instante supremo
De nubes y canciones
Que alteran el alma mía


Haciendo Almas/Luis Felipe SAMADA BATISTA




Haciendo Almas sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=www.haciendoalmas.cult.cu

Poemario “Ronda, ruidos, risa”, del súper abuelo Luis Felipe Samada Batista, de “Alas de Colibrí” , Ciego de Ávila. Cuba, dedicados a los más pequeñines de nuestra acción comunitaria y para todos los príncipes enanos que nos llegan como rayos de sol.

Primavera
Por Luis Felipe Samada Batista


Croando y saltando
Iba Doña Rana
Entre charco
Y charco.

Tocando el violín
Estaba Don Grillo
Alegrando el jardín.

El colibrí liba goloso
En el dulce jazmín

Y la mariposa
Sonríe dormida
Posada en la rosa.

Todos están alegres
¡Llegó la primavera
Con su traje verde!


Colibrí
Por Luis Felipe Samada Batista

El colibrí
Parece una joya cara
Por el brillo tornasol
Que da el batir
De sus alas.

Se alimenta
Con el néctar de las flores
Y al hacerlo va llevando
De una a otra
El fértil polen.

El zunzuncito cubano
Es el colibrí más chiquito
Pero sin dudas
Entre todos
Es el más bonito


Pinocho Goloso
Por Luis Felipe Samada Batista

Pinocho goloso
Comió biscocho
Y no solo uno,
Ni dos, ni tres,
Fueron ocho
¡y quería diez!

Pepito Grillo
Lo regañó
Cuidado amigo
Con la digestión
Además es feo
Ser tan glotón.


Tamborilero
Por Luis Felipe Samada Batista

Un titiritero tamborilero
Tamborileaba en su tambor
Pan parin pan pan
Pan parin pan pon.

Con su repicar
A todos despertó
Pan parin pana pan
Pan parin pan pon.

Por un fuerte golpe
Se rompió el tambor
Y ya no se escucha
Ni el pan parin pan pan
Ni el pan parin pan pon
Y el pueblo tranquilo
De nuevo durmió.


La ranita y el sapito
Por Luis Felipe Samada Batista

La ranita y el sapito
Son feos, pero muy buenos
¡pues ambos comen mosquitos!

Ian WELDEN/Milagro: Tu mano en la ventana del tren



IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
charlesrobeson@gmail.com ; ian.welden@mail.dk

Ian Welden sobre Azul@rte:



Milagro
Tu mano en la ventana del tren
Por Ian WELDEN

Iba apuradísimo por el andén, abriéndome paso entre la muchedumbre con los codos, comportándome como una bestia incivilizada y agresiva cuando apareció una mano por la ventana de uno de los trenes a punto de partir. Era una mano tranquila y anónima, blanca como una paloma mensajera elegante y sofisticada.

No pude evitar el impulso de tocarla. Y ese contacto que no duró ni medio segundo me cambió la vida para siempre. Perdí mi tren y quedé ahí de pie en el andén, atónito, dejándome llevar y traer por la muchedumbre apurada, como si fuera un espantapájaros sin más voluntad ni itinerario en mi vida.

Un soldado armado me sujetó del brazo.
"¿Usted! Yo lo vi. Le tocó la mano, no?"
"No entiendo... Sí, le toqué la mano..."
"¡Lo siento mucho señor!"
"¿Qué?¿ Que pasa? ¿Porqué lo siente?"
"Mejor váyase a su casa señor. Yo lo puedo acompañar si lo desea."

En realidad era buena idea irme a casa. Extrañamente mi trabajo ya no tenía importancia. Nada lo tenía. Abandoné la estación de trenes y me fui confundido y tambaleando hacia El Café Ciré. Pedí un vodka doble y luego otro y otro. Me di cuenta que había perdido mi computadora y mi maletín con los contratos y cartas de mis clientes. No me importó.

El dueño del café se sentó a mi mesa.
"Buenos días señor. Lo noto nervioso.¿La tocó?"
"Si... la toqué. ¿Porqué me pregunta? ¿Qué sabe usted de todo esto?"
"Es mejor que se vaya entonces señor..."

En ese momento entraron cuatro soldados en sus llamativos uniformes color naranjo y el logotipo del Ejército Bancario Escandinavo (EBE) en sus pechos; metralletas automáticas en sus manos.
"¿Es usted quien la tocó? ¡Vamos andando! Lo vamos a escoltar a su casa. ¡Por favor no resista señor!"

Ya en mi casa me dejaron en paz. Me tendí en mi sofá sintiéndome profundamente intrigado por la dueña de esa mano. Jamás me había sucedido algo así. En mi vida he sido bendecido con muchos amores pero esto que de pronto se introdujo en mi cuerpo y en mi alma como un virus enigmático era sumamente inverosímil. Y las circunstancias tan hostiles de la dictadura mas poderosa de la Unión Europea era una barrera impenetrable, odiosa, en la vida cotidiana de los ciudadanos.
"Toqué tu mano en la ventana del tren. Un pequeño roce y has dejado tu poderosa señal en mi para siempre..."

Y me dormí profundamente.

A la mañana siguiente no me lavé ni afeité. Mi ropa estaba sucia y arrugada y hedía a transpiración y a alcohol. Me dirigí apresuradamente a la estación de trenes. Los guardias me observaron y hablaron secretamente entre ellos. Los ignoré y me acerque a los trenes buscándola en cada ventanilla. Tuve que luchar con pasajeros violentos para no dejarme arrastrar hacia la salida de la estación. Perdí la compostura totalmente y grité e insulté y abofeteé a cuanta persona se cruzaba a mi paso.
"¡Mujer de la mano! ¡Mujer de la mano en la ventana del tren!"

Grité desesperado y lleno de pánico perdiendo el equilibrio y azotándome contra el cemento del andén. Los EBE me pusieron de pié y con voces amables pero con sus armas clavadas en mi espalda me urgieron salir del recinto y acompañarlos a su cuartel en la ciudad.

Ya en sus oficinas me sentaron en una silla mientras lloraba como un niño. Entró un viejo teniente en su flamante uniforme amarillo acompañado de tres soldados naranjos y me miraron con compasión y simpatía.
"Señor Welden" me dijo el oficial mientras que sus subordinados apuntaron sus armas hacia mi. "¿Qué podemos hacer por usted? ¡Mírese, por Thor! ¡Si parece un pobre indigente! Usted que es un director de reputación mundial, poderoso, intachable en su conducta como ciudadano e impecable en su moral, desde ayer se ha comportado como un adolescente sucio rebelde y enfermo de amor".

Uno de los soldados me dio un golpe en la cara con la culeta de su arma. Caí de la silla. Otro me levantó a puntapiés y todos me pidieron disculpas.
"Yo no entiendo, estoy confundido y no sé que es lo que me sucede ni porqué estoy aquí. ¡Déjeme en paz señor teniente! ¡Se lo ruego!"
"Pero por supuesto señor Welden. Uno de mis hombres lo conducirá a su casa. Mucho gusto de conocerlo y recuerde, desde ahora lo vamos a cuidar como se lo merece..."

Los meses siguientes viajé locamente en cientos de trenes a cientos de pueblos y ciudades del país con la infantil esperanza de verla, rozarle la mano nuevamente. Dormía algunos minutos en los bancos de las estaciones y subía al siguiente tren no sabiendo a dónde iba pero si sabiendo porqué. Usaba mi poco dinero en pasajes y comía de los basureros.

Los EBE me observaban desde lejos pero no interrumpían mi conducta extravagante y febril. Ni siquiera cuando corría por los andenes gritando "¡Mujer de la mano en la ventana del tren! ¡Mujer de la mano en la ventana del tren! ¡Manifiéstate! Déjame tocarte...por favor..."

Desesperado, volví finalmente a mi casa. Me duché y afeité. Me pusa ropa limpia e impecable y fui nuevamente a subirme a trenes, esta vez para rozar levemente las manos de todas las pasajeras.

Habré rozado miles de manos de todos los tamaños colores y edades durante tres semanas. Muchas veces algunas de las mujeres ya rozadas me reconocían y me saludaban amablemente con grandes sonrisas. Y debo confesar que en medio de mi locura, obsesión y soledad, llevé a casa a algunas de estas mujeres dulces y también solitarias, buscadoras no de una mano, como yo, sino de un alma.

El EBE apareció en mi casa un día en que yo estaba solo y atribulado, no sabiendo si poner fin a mi búsqueda con un tiro en la boca. El teniente de uniforme amarillo y un solo soldado naranjo con metralleta vinieron "... a protegerlo de si mismo con consejos y sugerencias porque usted es un suicida potencial y un peligro para la seguridad moral del país".

"¡Pero qué saben ustedes de mí, payasos ridículos, matones y asesinos!"

El teniente se sentó en mi sofá, encendió un cigarrillo y miro al soldado, sonriendo. Este, un hombre joven gigantesco, me puso una mano en el cuello y me propinó una bofetada en la boca. Luego me tomó en sus brazos, me dio un beso en la frente y me dejó caer en mi único sillón cual saco de papas.
"En el Ejército Bancario Escandinavo estamos muy preocupados señor Welden. Sepa que le tenemos un profundo respeto y cariño. Pero simplemente no podemos dejarlo autodestruirse por culpa de su obsesión con esa mano. Le sugiero respetuosamente que se deje internar en El Hospital. Estamos al tanto también de su desastrosa situación económica y El Banco está dispuesto a hacerle un préstamo muy favorable. Considérelo señor Welden, como una legítima preocupación del EBE por su bienestar y reputación".

Y se fueron.

Mi ansiedad y necesidad por tocar, simplemente "tocar" esa mano y a su dueña eran ya insoportables. Tan trastornado estaba que pensé que tal vez el EBE tenía razón... Debía aceptar la ayuda que me estaban ofreciendo. Ellos tenían sus macabras razones ideológicas pero yo había perdido la razón. Y lo hice. Me interné.

Dos meses han transcurrido ya desde entonces y me siento como nuevo. No más» mano en la ventana del tren". He recuperado a mis viejos clientes y me estoy haciendo obscenamente rico nuevamente. He pagado el préstamo bancario y el EBE me ha dejado en paz.

Hoy tengo una entrevista importantísima con el director del Ejército Bancario Europeo, y por fin, ahí viene mi tren. Me abro paso a codazos e insultos entre la multitud de conmutadores. Me siento al lado de una mujer que lee el periódico. Ella se vuelve hacia mí.
"¡Creo que has andado buscándome!"

Y me tendió la mano.

Ian Welden. Invierno 2009 Valby, Copenhague.
Ilustración de Maritza Álvarez. Verano 2009. Villa Alemana, Chile.
E-mail Ian Welden=
charlesrobeson@gmail.com
maritza_avarez_vargas@hotmail.com




samedi 28 mars 2009

Hipocampo Editores/Fredy AMILCAR RONCALLA: Taka & Viaje a la China




Fredy Amílcar Roncalla nació en Chalhuanca en 1953. Es autor de Escritos Mitimaes: hacia una poética andina postmoderna. Barro Editorial Press. New York 1998. Y de Canto de Pájaro o Invocación a la Palabra. Ithaca Buffon Press, 1984. Tiene publicados artículos, poemas y traducciones del quechua en diversas revistas. Desde hace un par de décadas reside en el Quinto Suyo Neoyorkino.

Para Fredy Roncalla, vivir en una ciudad cosmopolita y multicultural como Nueva York, donde ha recalado por un momento largo de su vida, ha significado simplemente trasladar sus demonios íntegros de peruanidad y búsqueda dentro de una comunidad más amplia y donde confluye la diáspora intelectual de todos los rincones de un mundo global.

Roncalla es un escritor que mantiene vivas las raíces de la patria andina y latente la bella suavidad de la herencia castellana en su narrativa. Es una mezcla dialéctica que nos traslada a un universo de tierna composición y precisa ficción. HIPOBLOG, publica estos dos relatos para que irradian más luz sobre su hacedor:



TAKA

Taka nació para ser libre y correr entre vientos, ichu y extensos pajonales. Por eso, cuando vivió con nosotros en las apretadas quebradas de Huaraqo, mas abajito que Chalhuanca, no había cerco ni lazo que lo sujetara pese a ser taka al cuadrado: pequeño potrillo negro chiwillo y con la cola cortada. Era toro matrero que jalaba a los laseadores cual simples charamoscas, pero en el fondo tenía la travesura de un chivato, y el corazón tan grande como el del Pawkila, de Perlascha, y el del burro Azulejo, sobre los cuales los niños podíamos sentarnos en mancha.

Cuando vivíamos cerca al cielo solíamos hacer largos viajes por cabeceras de ríos, queñuales, nubes cercanas y bosques de piedras, desde donde un sol de cara redonda y sonriente podía saludar como amigo a un niño extraviado en el infinito. Pero fue en otro viaje, tras visitar un layme con wachus de papas subiendo una ladera empinada, que regresaba junto a mis padres y al tío Lolo montado a pelo en un burro chusco. Los burros son más vivos que un zorro y en un pim, parampampam, se meten bajo una rama o se avientan a un abismo para sacarte de encima. Tampoco les gusta las sequias y saltan sobre ellas así no tengan agua. Fue ahí que mi padre me prometió un potrillo si lograba mantenerme encima del burro que ya iba en viada.

Dicen que lo trajeron desde donde las vicuñas adornan el horizonte y los toros matreros arrastran largas colas sobre pasto y piedra. De allí el brío de sus patas levantadas al aire tratando de librarse de los lasos de los domadores cuando lo vi por primera vez. Lo jalaban de un lado para otro para cansarlo corriendo en círculos, pero a los dos días aun nadie lo había montado. Sería por eso que le cortaron la cola y en su lugar creció un gran penacho de Taka distinguido. Jamás en esos lugares hubo potrillo de cola parada como gallo ajiseco.

Cuando bajó a las quebradas andaba suelto en laymes y pastizales. Dicen que las yeguas lo adoraban y que alguna lo vino a ver cruzando el río Chalhuanca desde la otra banda. Y que tanto abigeos como arrieros de Pampachiri intentaron vanamente llevárselo. Así conozca a su dueño y este le hable dulcemente, lo guíe a toqllas, o lo corretee con lazos, un caballo a campo abierto demora en cogerse. Mucho más un Taka rebelde y veloz. Por eso fueron pocas las veces en que lo vi montado y mi orgullo de dueño solo asomaba cuando escuchaba sus historias.

Pero hubo una vez que Taka andaba tranquilo, se dejó montar, y estuvo en el corral por unos cuantos días. Era el momento de hacer migas y una tarde me lo llevé cuesta abajo, amarrado con una soguilla, camino a Wanchuni. Me siguió tranquilo y lo vi comer su buen pasto en un viejo andén. Al momento de regresar, decidí subir montado a pelo. Caminó tranquilo un buen trecho, pero he aquí que a un chiwaco se le ocurre salir volando justo en sus narices. Taka se asustó y dió un brinco adelante. Yo que andaba pensando en las musarañas caí desprevenido y fui a dar de nuca sobre una piedra inmensa.

No sé cuanto estuve privado. Tampoco sé si todo era negro o si habían círculos dando vuelta en embudo. Pero cuando desperté tirado encima de las piedras y en medio de las patas traseras de mi caballo, vi que el famoso chúcaro no se había movido ni un paso, sabiendo acaso que si lo hacia me rompía las costillas o algún otro hueso. Suficiente tenía con el chichón de la nuca que dentro del sombrero me crecía como una cabeza de yapa. Cuando logré levantarme sin que trastabille y empecé el camino arriba jalándolo de la soga, comprendí que acaso fue una imprudencia montarlo. Pero jamás hubiese sabido que la nobleza de un caballo rebelde siempre protege a sus seres queridos.

Quizás esa vez estuvo con nosotros sólo para darnos aquella caminata por Wanchuni, porque al poco tiempo se escapó y nunca supimos de él. Pueda que los arrieros de Pampachiri le trajeran una yegua especial, o que lo llamaron los campos abiertos de la puna alta. Mi caballo nació para ser libre y llevarme con su trote más allá del horizonte.

Kearny, junio 7 de 2006


VIAJE A LA CHINA

Estaba convencido que el mundo era chamu y chamu. Y que sentarse en el patio viendo la lluvia avanzar tras los cerros a coro con el hondo sonido del río Chalhuanca te llevaba lejos. El mundo arrugado tenía la ventaja de ver la neblina subir, pasar por tu casa, y seguir hacia arriba para dejar al cerro con el rostro enjuagado y con una sonrisa más amplia que el mediodía. Aunque uno debía esperar que el sol fuera alejando las sombras de la noche en la quebrada, hasta llegar a ti y darte un calorcito de mate de yerba buena o leche recién ordeñada.

Pero en esos raros momentos que prestaba atención a las clases, la maestra me contó que la tierra era redonda. Y que justo al otro lado estaba la China. De ese lugar sólo sabía que el chino José brillaba como un lunar entre los cholos Chalhuanquinos. Pero no me tinkaba que la tierra y los inmóviles cerros dieran vueltas.

Como siempre dudaba de mis profesores, decidí comprobar el asunto con mis propias manos. Saqué una pala y un pico de la despensa y desalojé a las gallinas de su vano oficio de buscar piedritas y semillas en el patio. Decidí cavar un hueco hasta el otro lado del mundo para conocer la misteriosa China.

Mi bisabuela me dejó tranquilo y el perro apenas abrió medio ojo para ver qué onda. Sólo el layqa Sotelo dijo algo y se fue ladera abajo. Inmutable, empecé a cavar. Pasada la capa apisonada de chapitas, las botellas rotas y el cascajo menudo, me encontré con unos pedrones. Pero sabía que lo mejor era ir llevando el hueco por los lados. Lo mismo con las raíces del eucalipto y los alisos. Moviéndose de un lado a otro el túnel avanzaba a ritmo seguro.

Bajando hasta la altura de un sauce donde los gavilanes iban a descansar tirándose en picada, quise saber dónde estaba y doblé el túnel a la superficie. El layqa Sotelo ya estaba ahí. Dijo que llegaría a la China mucho después y se fue de nuevo. Como el oficio del layqa era asustar a los niños no le hice caso y continué con mi hueco.

A la altura de Wanchuni el riachuelo ya era un torrente sonoro y estaba bordeado de grandes helechos. Adentro la tierra se hacía húmeda y amenazaba con llenar el túnel de agua. Doblé hacia la derecha como buscando pase. Pero este se demoraba y tuve que seguir un buen trecho.

Poco a poco la tierra se hacía más clara y había como una luz que brillaba tras las piedras. Cavé más rápido y llegué a una serie de cascadas tras las cuales vi unos hermosos cuartos y columnas doradas, con el piso y el aire de vapores blancos y celestes. Era un lugar tranquilo, acogedor, casi conocido de mucho antes. Pero no había a quien preguntarle si éste era un recinto escondido de la Ciudad Prohibida. Lo más probable es que fuera uno de tantos pueblos que los antiguos dejaron conectados con hermosas chinganas que recorrían el mundo. Fuí cuarto tras cuarto buscando por donde conectar mi túnel rumbo a China, pero al final me ganó el cansancio y estuve a punto de dormirme. Entonces el layqa pasó por mi lado y me tiró unas hojas de coca sin decir nada.

Cuando desperté las gallinas picoteaban lombrices en el suelo revuelto, pero el perro no movió ni una pestaña.

Con los años supe que la ciudad al lado de Wanchuni era la morada a la que habría de retornar en muchos sueños. Y que la nostalgia de esa luz me haría buscarla en la Cueva de los Pavas de Tingo María, en los Baños de la Juventud en Churín, en las cascadas de Ithaca, y en varias partes del norte, donde escribir es volver a los hondos caminos.

Aun no he llegado a la China, pero le cuento a mi esposa cómo quise conocerla abriendo un hueco a través del planeta. Se alegra y me dice que algún día iremos juntos. Ella nació al norte de Beijing, que es a donde pudo llegar mi túnel.

Kearny 8 de mayo 2006

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