mercredi 31 décembre 2008

Juan Carlos GOMEZ/ Witold GOMBROWICZ & la forma




GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & la forma
Por Juan Carlos Gomez

Quienes sigan atentamente las aventuras de estos gombrowiczidas habrán leído con algún provecho "Witold Gombrowicz y la Inmadurez", le ha llegado el momento entonces, pues la inmadurez ya debe estar más o menos digerida, de darle lugar a la forma.

La Argentina fue para Gombrowicz un gran campo de maniobras, en este lugar neutral, como si fuera la mesa de un café, intentó establecer los límites al problema de poner en claro si el par dialéctico inmadurez-forma, una intuición que planea sobre toda su obra, era una verdadera reducción ontológica del hombre o tan sólo una perogrullada o una tautología.
La concepción de la forma no es para Gombrowicz un problema conceptual, como lo es para la filosofía, sino un problema práctico.

"Pero el hecho de que mi madre no quisiera ser lo que era, que no quisiera reconocerse a sí misma, terminó vengándose de ella, porque nosotros, sus hijos, le declaramos la guerra (...) Y fue allí, seguramente, donde comenzaron mis dolorosas contorsiones con la forma polaca, que producían en mí un efecto parecido al de las cosquillas: uno se troncha de risa, pero no resulta agradable (...)"

"Mi sensibilidad respecto a la forma, que demostré desde mi más temprana infancia, me permitió más tarde hallar mi propio estilo literario y crear un género que va consiguiendo poco a poco derecho de ciudadanía en el mundo (...) Una cosa era cierta y yo me daba cuenta: mis primeras tentativas literarias manifestaban una fuerte oposición... oposición a todo... su tono era rebelde... Si entro en esta Cámara de los Lores, me decía, será como Byron, para sentarme en los bancos de la oposición"

La realidad no puede ser abarcada tan sólo por la forma pues la forma no está acorde con la esencia de la vida. El intento por definir esta insuficiencia de la forma es un pensamiento que se convierte en forma, y que confirma tanto su impotencia para aprehender la existencia como nuestra inclinación por ella.

La realidad surge de asociaciones de una manera indolente y torpe en medio de equívocos, a cada momento la construcción se hunde en el caos, y a cada momento la forma se levanta de las cenizas como una historia que se crea a sí misma a medida que se escribe, introduciéndose de una manera ordinaria en un mundo extraordinario, en los bastidores de la realidad. Gombrowicz descompone el mundo en elementos de la forma, pero también recrea la reacción del hombre frente a ese proceso de descomposición, de modo que es de nuevo el hombre y no la forma quien se halla en el centro de la obra.

Entre el yo de Gombrowicz y lo otro siempre había un mediador, un mediador al que finalmente le puso un nombre: forma, y la forma era el origen de sus archidolores que como un puñal se le hundía en la carne y lo hería una y otra vez. Su conciencia se puso a disposición de su inmadurez y entre ambas entablaron un combate a muerte con las formas, y las formas son las máscaras con las que nos aparecemos ante los demás y ante nosotros mismos, una deformación interhumana del ese "yo mismo". Gombrowicz explica muy claramente cómo asomaban la cabeza los dolores emergentes de esa lucha."(...) ignoro cuál es mi forma, lo que soy, pero sufro cuando se me deforma. Así, pues, al menos sé lo que no soy. Mi ‘yo’ no es sino la voluntad de ser yo mismo (...)"Como la escritura es también una forma en sí misma, Gombrowicz se refiera a ella como una ultractividad de su propia naturaleza, por lo menos para su propia obra.

Existe un ascenso desde los primeros elementos individuales que crecen mientras se escribe, siguiendo la ley de la acumulación formal, hasta la visión general que cierra el conjunto. Una clase de esos elementos son frases sueltas y situaciones excitantes, de los que sobreviven unos pocos. Esta función de control que el autor ejerce, eliminando buena parte de los primeros miembros de un conjunto que se va formando, es muy importante y está presente en todo el proceso.

Las frases y los elementos en estado caótico le impondrán al autor, por la propia necesidad interna de la forma, una representación más amplia: escenas y una trama en estado de nacimiento que sólo deben satisfacer las necesidades de la imaginación. En este segundo momento, el caos inicial se reduce y aparecen con alguna claridad las asociaciones y los elementos excitantes y misteriosos cuya acción se amplía; un repiqueteo que el autor debe buscar siempre.

También aquí es necesaria la actividad de eliminación. Mediante este proceso de control, el autor debe contrastar siempre el resultado con el sentido interior de su vida que, sin embargo, no conoce.
Los miembros de este conjunto, si es que la creación se realiza de esta manera, es decir, si el autor evita la intervención pesada de las líneas de realidad, adoptan un comportamiento que define su naturaleza y sus funciones. Es aquí donde aparecen las escenas claves, las metáforas y los símbolos que ya apuntan en una dirección determinada ante la que no se puede exclamar: –¡Elimino! Del caos inicial, por una acumulación de forma, se pasa a las escenas, a los personajes, a los conceptos y a las imágenes que el proceso de control ya no puede eliminar, y lo ya creado dictará el resto.

"Tu principio debe ser el siguiente: no sé dónde me llevará la obra pero, me lleve donde me lleve, tiene que expresarme y satisfacerme".

El sentido interior de la vida es el ángel de la guarda que toma la palabra para confrontar constantemente la imaginación con la realidad y para mediar en la lucha entre la vida y la existencia.

"(...) cuanto más loco, fantástico, intuitivo, imprevisible e irresponsable seas, tanto más sobrio, responsable y dueño de ti mismo debes ser".

Resulta útil ver cómo Gombrowicz pone en funcionamiento esta concepción de la forma aplicada a la actividad de escribir en su propia obra. En uno de los primeros intentos que hizo en los diarios, al que podríamos considerar como un intento metaliterario, Gombrowicz se las arregla para desvincular a la forma de sus ataduras y darle vida propia echando mano a Creta.

Todo ocurre un día en que va almorzar a la casa de un ingeniero que tiene una industria en la localidad de Acassuso. A medida que ponía atención se iba dando cuenta que la casa, la mesa del comedor y los platos eran demasiado renacentistas, mientras la conversación se centraba también en el Renacimiento, una adoración por Grecia, Roma, la belleza desnuda y la llamada del cuerpo. La conversación giró alrededor de una columna de Creta, y a Gombrowicz se le pegó el cretino, leitmotive de toda la narración, pero no de una manera renacentista, sino totalmente neoclásica y cretínica. Llegado a este punto le advierte al lector que él sabe que no debería escribir sobre esto.
De vuelta en la ciudad se dirigió al café Rex pero, de repente, desde el café París, le hacen señas unas señoras conocidas que aparentemente estaban sentadas a la mesa comiendo bizcochos que mojan en la crema.

Pero era una mistificación, la verdad es que estaban sentadas a un tablero cubierto de esmalte apoyado sobre cuatro barras de hierro torcidas, y la acción de comer consistía en meterse una cosa u otra por un orificio practicado en la cara, al tiempo que sus orejas y sus narices despuntaban. Cháchara va, cháchara viene, Gombrowicz pide disculpas y se marcha alegando falta de tiempo.. El hecho de que estuvieran ocurriendo cosas demasiado cretinas como para ser reveladas, era la razón que lo obligaba a relatarlas pues tenían un exceso de cretinismo.
Al salir del café París se dirigió al café Rex. En el camino se le acerca una persona desconocida, le dice que hacía tiempo que quería conocerlo, lo saluda, le da las gracias y se va.

Cuando iba a ponerlo de vuelta y media al cretino, se da cuenta que no es cretino, puesto que sólo quería conocerlo y lo había conocido. Se empiezan a encender las luces de la noche, pasan los coches, caminan los transeúntes, mientras tanto Gombrowicz mira las casas. En el balcón de un séptimo piso le están haciendo señas Henryk y su mujer. Él también les hace señas. Henryk y su mujer hablan y hacen señas. Coches, tranvías, gente, bocinazos, Gombrowicz les responde con señas. De pronto repara en que Henryk, más que hacer señas, enseña..., ¿pero qué es lo que enseña? Se está enseñando a sí mismo como si fuera una botella.

"Yo hago señas. De repente ella (pero no, yo no puedo hacer el cretino; sin embargo, si tengo que desenmascarar al Cretino debo hacer el cretino); entonces ella le enseña hasta que él se asoma y ella le enseña con saña (pero qué es lo que enseña?), después de lo cual los dos se ensañan ligeramente, y uno hacia aquí, el otro hacia allá, y, ¡puff!... (¡Esto sí que no puedo decirlo, está por encima de mis fuerzas!)"


mardi 30 décembre 2008

Ian WELDEN/Milagro:“Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero... ¡Ingrato!”



IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
Ian.welden@mail.dk

Ian Welden sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Ian+WELDEN


Milagro :
“Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero... ¡Ingrato!”
Por Ian Welden

Para Maritza, musa maravillosa.
Y para Silvio Rodríguez, por supuesto.


4
Una esqueleta herida, vestida con una túnica negra, despechada y solitaria como una estrella perdida por ahí, viene a la Isla del Olvido a gritar con furia y violencia "Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero... Ingato!".

Desde la otra orilla, la Isla de la Soberbia, no hay respuesta. Ingrato ya no está.

3
La alquimia de la pasión y del odio comenzó a engendrar en su alma un feto enfermizo y venenoso. Aun minúsculo, una célula.

2
La primera vez que la mujer fué a la isla a rogarle compasión a Ingrato, estaba convencida de que volvería a ella. Le enviaba mensajes de amor en botellas de cristal verde, barquitos de papél, señales de humo.

No lo comprendía. Un amor que debería haber durado años.

Se había vestido de blanco cuan novia, virgen. Se había cepillado su cabello mil veces y lo adornó con claveles.

Cantó El Himno a la Alegría pero Ingrato no escuchaba. Estaba muy lejos amando con fruición a otro amor y ella lo percibía en su corazón.

Y sinténdose despechada, desató una pequeña tormenta de nieve sobre la Isla de la Soberbia. Y sorprendida ante su enigmático poder, tramó más venganzas para la próxima vez.

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La próxima vez, llegó a su isla desnuda. Su cabello larguísimo y negro flotaba en el aire. Llamó a Ingrato y se sentó en la arena a esperarlo en vano. Sintió su soledad en los huesos y lloró las pocas lágrimas que le quedaban.

Esperó así diez años. No durmió ni se alimentó y su otrora maravilloso cuerpo parecía ahora un esqueleto amarillo y polvoriento.

Pero conservaba con mucha fuerza su amor por su hombre y su poder sobre el agua, la tierra, el aire y el fuego.

Y desató con violencia y maldad estos elementos sobre la Isla de la Soberbia, dejando caos y destrucción.

Ingrato, al otro lado del planteta, se remeció en su acto de amor y pedió su potencia. Su nueva mujer, decepcionada, lo desdeñó, ridiculizó y abandonó para siempre.

En la Isla del Olvido la mujer sonrió por primera vez en tantos años.

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La penúltima vez, la mujer llegó a su isla vestida como adolescente. Una faldita corta y calzetas blancas hasta las rodillas, y anteojos de sol. Cantó viejas canciones rock fumando marihuana. Llamó a Ingrato con una voz lánguida y nostálgica.

Sus vestimentas colgaban de sus huesos como ropa en un ropero y súbitamente se dió cuenta de que era una imágen triste, patética. No seductora.

Espero cincuenta años sentada en la arena y luego se levantó, causó un terremoto grado ocho en todo el planeta y volvió a su casa a dormir cien años.

Ingrato, como siempre al otro lado del mundo, sufrió las repercuciones del sismo. Cayeron sobre él toneladas de ladrillos, paredes y techos de cemento, carreteras, letreros luminosos, caballos, perros, juguetes, y murió sin quererlo, para siempre.

El final
Una esqueleta herida, vestida con una túnica negra, despechada y solitaria como una estrella perdida por ahí, viene a la Isla del Olvido a gritar con furia y violencia "Hoy viene a ser como la última vez que te espero... Ingrato!".

Desde la otra orilla, la Isla de la Soberbia, no hay respuesta. Ingrato ya no está.

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ & Milan KUNDERA

Milan Kundera


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ Y Milan KUNDERA
Por Juan Carlos Gomez


Entre los hombres de letras que conocen a Gombrowicz, hay algunos que lo admiran abiertamente, los otros se dividen entre los que buscan la diversión sin preocuparse de otra cosa, y los graves, los graves a secas y los graves ofendidos. El checo Milan Kundera pertenece sin duda al grupo de los que lo admiran abiertamente. Después de la guerra se contaban historias de los checos y de los polacos.
Dos perros, uno checo y el otro polaco, se encuentran en la frontera, el perro checo está bien alimentado y va camino de Polonia, al perro polaco se le ven las costillas y va camino de Checoslovaquia: –¿Adónde vas?, pregunta el perro checo; –Voy a ver si puedo comer algo, ¿y vos?; –Voy a ver si puedo ladrar un poco.
Es probable que sí, que los polacos se hayan convertido en unos maestros del ladrido, Copérnico fue uno de los primeros en ladrarle al geocentrismo de Tolomeo, y Gombrowicz fue unos de los primeros en ladrarle al modernismo.

Sesenta años después que Rimbaud hiciera el llamado a la modernidad Gombrowicz no estaba tan seguro de que este llamado fuera necesario.
En el medio de un mundo de hombres paralizados a Gombrowicz se le ocurre ponerse en contra del lema del romanticismo polaco que convocaba a los jóvenes a medir las fuerzas por las intenciones y no las intenciones por las fuerzas, y escribe "Ferdydurke" con un propósito restringido, pero la obra se le va de las manos, le sale el tiro por la culata y se pone en línea con la "Oda a la juventud" de Adam Mickiewicz.
Kundera contabiliza algunos elementos de "Ferdydurke" que vale la pena anotar pues están relacionados con la familia y con una transformación del mundo a la que se llamó modernidad.

"La familia está dominada por la hija, una ‘colegiala moderna’. A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes una llave inglesa que sostenía en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura (...)"
También su madre es moderna; es miembro del ‘comité para la protección de los recién nacidos’; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; ‘ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete’, del que sale ‘más altiva de lo que ha entrado’; a medida que envejece, la modernidad se vuelve para ella indispensable como único ‘sustituto de la juventud’. ¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y a su mujer"

La idea de Kundera es que Gombrowicz captó en "Ferdydurke" el giro fundamental que se produce en el siglo XX. Hasta entonces la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo.. En el pasado el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, de repente la historia se empezó a mover bajo sus pies como una cinta transportadora sobre la que también viajaba el statu quo. Por fin se podía ser a la vez conformista y progresista, equilibrado y rebelde. El sillón de la historia empieza a ser empujado hacia delante por todo el mundo.
"Los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como todos los luchadores contra la pena de muerte y todos los miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno (...)"

"Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna"Kundera trata de persuadir al lector de que la novela es un arte que nos permite comprender en su totalidad la naturaleza humana. Kafka, Musil, Broch, Gombrowicz... eran unos solitarios, sin embargo, su obra expresa una teoría estética similar: eran todos poetas de la novela, apasionados por la forma y por su novedad; cuidadosos de la intensidad de cada palabra, de cada frase; seducidos por la imaginación. Pero a la vez impermeables a toda seducción lírica: hostiles a la transformación de la novela, alérgicos a todo ornato de la prosa; concentrados por entero en el mundo real, concibieron toda la novela como una gran poesía analítica"

Gombrowicz, en cambio, trata de persuadir al lector de que la novela no nos permite comprender en su totalidad la naturaleza humana. En los diarios analiza las protestas de algunos escritores polacos que se estaban quejando de la literatura de postguerra porque no había sido capaz de agotar el tema de la guerra, que de ese abismo infernal no se había extraído todo lo que sobre el hombre se podía extraer.
Estos escritores se pusieron a hablar de los cuerpos torturados creyendo que la inmensidad del sufrimiento los proveería de alguna verdad, de un nuevo saber sobre nuestros límites, pero sólo descubrieron que la cultura de los estetas intelectuales no es más que espuma.
"Cuando te acercas con la pluma en la mano a las montañas de sufrimientos de millones de seres, te invade el miedo, el respeto, el horror, la pluma te tiembla en la mano, y tus labios no son capaces de emitir más que un gemido"

Gombrowicz era un terrateniente de origen noble, una herencia poderosa para los polacos, la historia de una familia que había tenido cuatro siglos de bienestar.
Los terratenientes, no importa cuál sea su origen, tendrán siempre, a juicio de Gombrowicz, una actitud de desconfianza hacia la cultura, y una naturaleza de señor."Pues bien, yo, aunque traidor y escarnecedor de mi ‘esfera’, pertenezco a pesar de todo a ella (...) muchas de mis raíces deben buscarse en la época de mayor depravación de la nobleza, el siglo XVIII (...) Pero no solamente era eso. Yo, que tenía un pie en el bondadoso mundo de la nobleza terrateniente y otro en el intelecto y la literatura de vanguardia, estaba entre dos mundos. Pero estar ‘entre’ es también un buen método para enaltecerse, puesto que aplicando el principio de divide et impera puedes conseguir que ambos mundos empiecen a devorarse mutuamente, y entonces tú puedes zafarte y elevarte ‘por encima’ de ellos"

Gombrowicz estaba pues, según la manera de pensar de Kundera, establecido en una modernidad antimoderna, y era por esa razón un ilustre heredero de Rimbaud, y según la mirada del mismo Gombrowicz, seguía teniendo algo del perfume de esa flor pegada a la piel de cordero del abrigo de un campesino polaco. Las campañas pro Gombrowicz que emprendía Kundera no siempre tenían éxito.
"Hablo con un amigo, un escritor francés; insisto en que lea a Gombrowizc. Cuando vuelvo a encontrármelo está molesto: –Te he hecho caso, pero, sinceramente, no entiendo tu entusiasmo; –¿Qué has leído de él?; –‘Los hechizados’; –¡Vaya! ¿Y por qué ‘Los hechizados’? ‘Los hechizados’ no salió como libro hasta después de la muerte de Gombrowicz. Se trata de una novela popular que en su juventud había publicado, con seudónimo, por entregas en un periódico polaco de antes de la guerra. Hacia el final de su vida se publicó, con el título de Testamento, una larga conversación con Dominique de Roux. Gombrowicz comenta en ella toda su obra. Toda. Libro tras libro. Ni una sola palabra sobre ‘Los hechizados’. –¡Tienes que leer ‘Ferdydurke’! ¡O ‘Pornografía’!, le digo. Me mira con melancolía: –Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor"

dimanche 28 décembre 2008

Ian WELDEN/Joe



IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
Ian.welden@mail.dk

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Milagro:
Joe
Por Ian Welden

Un hombre agobiado por sus horribles errores y pecados mortales caminaba llorando por los fiordos de Las Islas Faro.

Enfurecido tambien con Dios, levantaba los brazos al cielo y rugía maldiciones. Hastiado de la hermosa naturaleza, daba mordizcos a gaviotas y pinos y con su fuerza bélica derribaba y destrozaba todo lo que encontraba a su paso causando caos y derramando sangre.

Se sentó en la nieve y puso la cabeza entre sus gigantezcas manos, intentando detener el oceano de pensamientos que lo torturaban. Pensó en el suicido al fin. Y se lanzó hacia el acantilado en silencio.

Lo rescató Joe, su ángel de la guarda.

Joe era un ángel profesional, simple y de palabras directas. Había cuidado al hombre desde su nacimiento, y ahora ya estaba hastiado de él. Siempre dándole consejos, salvándolo de accidentes cuando niño, sacándolo de las cárceles cuando joven y dándole coartadas para sus sangrientos asesinatos. Era el peor caso que le habían asignado en su larguísima carrera.

Tenía ardientes deseos de renunciar y dejarlo morir ahí en los acantilados y desaparecer entre las estrellas y encontrar alguna otra ocupación.. Pero siendo como era lo puso en tierra firma donde fue encontrado por la policía y llevado ante un tribunal.

Joe lo acompañó y cuidó los diez años que estuvo en prisión.

Ya en libertad, el hombre se sintió desamparado pero encontró trabajo con la ayuda de Joe. En Ferrocarriles del Reino Faroense, cargando y descargando. Encontró una pequeña habitación en las cercanías de la Estacion. Y conoció a una mujer que se enamoró de su apariencia salvaje y de su fuerza bestial.

Joe le susurró al hombre " Escúchame; tienes ahora cuatro elementos que pueden darte una vida tranquila -has pagado tu deuda a la sociedad, tienes un trabajo, un techo y una mujer que te ama. Porfavor cuidalos".

Pasaron los años y la mujer y Joe lograron domarlo y domesticarlo. Se puso viejo y dulce. Había logrado ser Jefe de Departamento de Ferrocarriles y jubiló sin haber faltado un solo día a su trabajo.

En la vejéz, el hombre caminaba por los fiordos alimentando a las aves y juntando flores para la mujer. Subia los brazos al cielo y daba las gracias a Dios. Cantaba viejas melodias faroenses con su voz ya no tan poderosa y se sentaba en la nieve con las manos sobre sus piernas y admiraba el paisaje de los profundos acantilados. Murió sonriendo y en paz, y su mujer murió junto a él.

Joe se dijo "AL FIN", abrió sus gigantezcas alas y se fué volando y silbando hacia La Oficina Central de Angeles de La Guarda, a cobrar y comenzar sus merecidas vacaciones.


Ilustracion: alberto giacometti - http://www.electroasylum.com/giacometti/

samedi 27 décembre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ & Jerzy ANDREZEJEWSKI

Jerzy ANDRZEJEWSKI


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & Jerzy ANDRZEJEWSKI
Por Juan Carlos Gomez

Gombrowicz desconcertaba tanto a los polacos como a los argentinos, el deseo permanente de descolocar a los demás lo fue convirtiendo poco a poco en un actor. El café Zemianska de Varsovia fue su lugar preferido de para realizar estas maniobras.

Bien, Stefan, díganos qué impresión le causa el señor Jerzy Andrzejewski; –Jerzy es muy inteligente, tiene un gran simpatía y es sincero; –No, por favor, ahórrenos las virtudes y concéntrese en los defectos, suelen ser mucho más interesantes"

Andrzejewski, en lugar de contestar con una broma, se ensombreció y se puso rígido, entre él y Gombrowicz se estableció una distancia glacial, el sentido del humor no era desde luego su fuerte, aunque hay que reconocer que Gombrowicz era un provocador profesional.

La capacidad histriónica que Gombrowicz mostró en Tandil lo ayudó a cautivar a los jóvenes de los que se hizo amigo.
"Desconcertaba mucho a los adultos, era un tipo que vestía un arrugado traje de poplin y una gorra que llevaba en el bolsillo, casi podría decirse que se parecía a Jacques Tati. Era cómico, pero al mismo tiempo tenía como una especie de dignidad aristocrática, un orgullo. Creo que había asimilado en sus gestos mucho del cine mudo. Un día le pidió prestada la bicicleta a uno de los muchachos y se puso a andar, logró andar cada vez a menor velocidad hasta dejarla casi detenida y como el piso era de arena iba dibujando cuadrados en vez de círculos con una lentitud cercana a la inmovilidad. Era un perfecto corto de cine mudo y nosotros llorábamos de la risa (...)"

"Su partida de Tandil fue también payasesca. Recuerdo que mientras lo saludábamos en el andén él estaba parado majestuosamente en el estribo del tren con su traje, su paraguas y su pipa. Parecía un conde. Tan rara era su imagen, que provocó una situación también rara: se le acercó un hombre que estaba caminando por el andén y sorpresivamente le preguntó: –¿Y usted, qué es?–, y se fue"

La falta de seriedad que Gombrowicz mostró con Andrzejewski tuvo sin embargo un final feliz pues fue justamente gracias a Jerzy Andrzejewski que el Niño Ruso se convirtió en el traductor de buena parte de la obra de Gombrowicz.
"Un día el cartero me entregó una carta procedente de Vence, una población del sur de Francia (...)"

"La firmaba Witold Gombrowicz. ¿Se trataría, acaso de una broma? Me resultaba difícil creer que fuera auténtica. La mostré a algunos amigos polacos y se quedaron estupefactos. ¡Una carta de Gombrowicz recibida por un joven mexicano residente en Varsovia! ¡Qué exceso, qué anomalía! Yo asentía y me regocijaba. ‘Como todo en la vida de Gombrowicz’, me decía. En la carta me explicaba que alguien había puesto en sus manos la traducción al español de Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski, y que le había parecido satisfactoria. Tanto, que me invitaba a colaborar con él en la traducción de su Diario argentino..."

Andrzejewski había sido anatematizado antes de la guerra como un escritor que nunca lograría ser dramático porque nunca dejaba de ser dramático.

El verdadero horror de la vida se revela no a quien lo busca sino más bien a quien se defiende de él y lo experimenta contra su voluntad. A juicio de Gombrowicz Andrzejewski necesitaba de una ideología para escribir, era un moralista de principios.
"Ese hombre tenía realmente necesidad de Dios, ya que no estaba hecho para vivir en un mundo desordenado. Pero la falta de espontaneidad tomó venganza en él, haciendo que su arte fuera demasiado rígido, algo artificial, restándole originalidad"

Gombrowicz alcanzó en "Pornografía" una de sus creaciones artísticas más logradas con el tema de la guerra, y Jerzy Andrzejewski la alcanzó con el mismo tema en "Cenizas y diamantes"

Gombrowicz estaba rompiéndose la cabeza con una novela a la que primero llamó Acteón y después "Pornografía".

Nos decía que a veces le gustaría mandarlo todo al diablo, que para escribir había que tener una paciencia de santo y él no la tenía, que no estaba hecho para escribir. Cuando ya llevaba a cuestas una buena parte de las páginas del libro hace unas reflexiones en los diarios.
"Esta novela (es difícil llamar a mis obras novelas) se me da mal. Su lenguaje, demasiado rígido, me paraliza. Me temo que todo lo que llevo escrito hasta ahora –ya va por las cien páginas– sea una terrible porquería. No soy capaz de apreciarlo, porque cuando se trabaja duramente largo tiempo en un texto, se pierde el sentido crítico, pero tengo miedo..., algo me pone sobre aviso... ¿Tendré que tirarlo todo a la papelera, todo el trabajo de meses, y empezar de nuevo? ¡Dios mío! ¿Y si he perdido el talento y ya nunca más nada..., al menos nada a la altura de mis obras anteriores? (...)"

"Me he inventado un tema fascinante, excitante, una realidad cargada de terribles revelaciones, y la obra está ya en estado de ebullición, estimulada por numerosas ideas, visiones e intuiciones. Pero hay que escribirlo. Me falla el lenguaje. Me he metido en un lenguaje de un género demasiado tranquilo, demasiado poco enloquecido"

El Príncipe Bastardo le había sugerido a Gombrowicz que cubriera con el lenguaje, por lo menos un poco más, la legibilidad de "Pornografía", y le dice que podía recurrir a dos técnicas diferentes: el sistema de la grilla que se aplica sobre un texto legible para hacer surgir un código, o el sistema del pintor que primero hace un cuadro realista y después cubre su legibilidad. Sobre la verosimilitud de la descripción de la ocupación alemana que Gombrowicz hace en "Pornografía" le confirma que sí, que así era Polonia en aquella época, como él la imaginaba, pero que esa realidad no tenía importancia, lo que sí tenía importancia era la forma en que él la veía.

Pero la materia prima del lenguaje es la palabra, las palabras tienen una importancia fundamental para Gombrowicz, tanto en el arte como en la vida.
"Las palabras se alían traicioneramente a espaldas nuestras. Y no somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, traiciona (...) Las palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean... crean los vínculos reales entre nosotros"

Gombrowicz estaba en condiciones de llevarnos de paseo por el lenguaje y por la palabra.
"De modo que el escritor debe cuidar no solamente el lenguaje, sino encontrar en primer lugar una actitud apropiada ante el leguaje.. Una actitud apropiada quiere decir que, si es posible, no sea vinculante (…)"

"Quien deja que le echen en cara sus propias palabras es un estilista de poca monta, como lo es quien, al igual que algunas mujeres, se fabrica la fama de no pecador, puesto que entonces el mínimo pecadillo se convierte en un escándalo (...)"

El estilista contemporáneo debe tener un concepto del lenguaje como algo infinito y en continuo movimiento, algo que no se deja dominar. Tratará a la palabra con desconfianza, como algo que se le escapa.. Esta relajación de la unión del escritor con la palabra supone una mayor desenvoltura en el uso de las palabras (...) Con las palabras hay que intentar alcanzar a la gente y no a las teorías, a la gente y no al arte. Mi lenguaje en este diario es demasiado correcto"

A Gombrowicz le echaban en cara que por no haber estado presente apenas tenía una débil noción de cómo había sido la transición en Polonia del capitalismo al comunismo.

A Jerzy Andrzejewski, en cambio, lo conocemos sobre todo por Cenizas y diamantes, un estremecedor fresco sobre los últimos días de la ocupación nazi en Polonia y la inmediata llegada del comunismo al poder.

La novela tiene lugar durante los últimos tres días antes de la capitulación alemana. La Polonia nacionalista y la socialista pugnan por ocupar el poder del nuevo Estado. La grandeza de Cenizas y diamantes reside, sobre todo, en la autenticidad histórica que destila: la desorientación de los protagonistas, la desmoralización unida a la esperanza, el pasado que se intenta borrar a toda costa, la lucha cotidiana por sobrevivir, las camarillas de jóvenes que se juntan para defender unos ideales, los oportunistas de todo pelaje, la ausencia de cordura.

Incluso el bien y el mal, el idealismo y el cinismo, se reparten en partes casi iguales entre los distintos bandos. Como trasfondo aparecen las cenizas en las calles de Varsovia hechas de las ruinas de la guerra mundial, y los diamantes y el lujo del Hotel Monopol, donde la decadente aristocracia polaca vive sus últimos días entre matones y facciones políticas.

vendredi 26 décembre 2008

Ian WELDEN/Milagro: San Boi


IAN WELDEN Valby, Copenhague, Dinamarca. Nació en Santiago de Chile en 1948.

Estudió Comunicación de masas y gráfica en la Universidad Técnica del Estado. También estudio cine en la Escuela de Cine de la Universidad Técnica de Santiago. En 1974 viajó a Barcelona donde, aparte de escribir toneladas de poemas y cuentos que jamás publicó, trabajó como interprete y radiooperador a bordo de un barco que buscaba petróleo a 15 millas de la costa de Barcelona.

En 1975 viajó a Dinamarca donde clavó su bandera chilena para siempre. Aquí trabajó en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja, donde, entre muchas otras tareas, coleccionó poemas y relatos de refugiados de casi todos los rincones del mundo. También inauguró una exposición de gráfica titulada "GUERRA MUNDIAL - TERCERA FASE", acerca de la guerra civil en la otrora Yugoslavia.

Ahora, disfrutando su ocio, escribe poemas y relatos cortos que él llama "milagros".

E-mail:
Ian.welden@mail.dk

Ian Welden sobre Azul@rte:
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Milagro:
San Boi
Por Ian Welden

Cuando yo era jóven, casi un como un potrillito, tuve que abandonar mi patria y mi madre.

Cruzé la Cordillera de los Andes y el Oceano Atlántico en un destartalado Lan Chile -Linea Aerea Nacional- y llegué a un pueblito llamado San Baudilio del Llobregat conocido en la region como San Boi -norte de España- y muy cerca de Barcelona, la capital de la formidable Cataluña.

San Boi era un pueblo de pocos habitantes; un cerrito en la mitad -que me hacia pensar en Santa Lucia de Santiago- y un río oscuro y lodoso llamado Río del Llobregat. Yo iba a pasear mi soledad por el cerro y el río echando de menos a mi juventud y a mis amores en Santiago.

LLobregat, fuiste tan dulce conmigo. Llobregat, me viste llegar una tarde (tipo extraño -no - de - aquí) y sin embargo me tendiste tu alfombra roja y me cuidaste como una madre cuida a su hijo enfermo en las noches angustiosas.

Me acurrucaba en las tardes calurosas bajo la sombra de tus árboles estériles y polvorientos y dormia siestas a la chilena mientras a mi alrededor caminanaban pastores con sus cabritas y chivos y campanas. Nos hicimos amigos y guardaste mis secretos con discreción y fidelidad: a orillas del descomunal muro de tu inmenso Hospital Psiquiátrico del Municipio, Monserrat y su lengua poderosa. Y entre las basuras del destartalado río, Constanza.

Y Dolores, la mujer mas linda de Cataluña, empleada de supermercado local.

YO: cien gramos de jamón por favor.
DOLORES: jamón dulze o jamón ahumado?
YO: cual es la diferencia?
DOLORES: puez... vaya! que si te apeteze te doy
Un millón de gramoz del jamón maz dulze que hayaz
conozido en tu vida... Vale?

Esa noche nos fuimos al Cementerio Municipal y entre muertos envidiosos y tumbas y huesos escandalizados intercambiamos regalos y quedamos sorprendidos. Sorprendidos ante tanto placer cariño y satisfacción que dos seres desconocidos pueden entregarse.

Al salir del Cementerio (a cuya entrada estaba escrita la siguiente advertencia: "Los que aquí se acuestan jamás saldrán caminando") proclamamos eufóricos de oporto y de amor el acercamiento entre los pueblos hispanoamericanos.

Te traicioné.

A vegades no saps perque
et deixas emportar com lagua dun riu..

y da sobta racordas
que la main feillugas
tanan al timon a duas pasas *

Un día de julio tomé un tren cualquiera en la Estación Central de Barcelona y trepé hacia el Norte de Europa, hacia la oscuridad y el Hielo de Escandnavia en pos de una mujer rubia de ojos azules.

Dejé atrás tus cabellos y ojos negros. Y tu Sardana de trecientos ocentaycinco pasos, tus pititos y tus pañuelos en tu cabeza.

San Boi, muchos años mas tarde volví ya viejo, a visitarte.

Estabas silencioso como siempre con tu cerrito que parecia una joroba situada en el centro del pueblo y tu río tan poco talentoso y lleno de viejos refrigeradores oxidados y aparatos de televisón ya muertos y colchones olvidados.

Grité por tus calles en la noche y le pedi compasión al descomunal muro de tu Manicomnio Municipal: Monse, Constanza, Dolores! Dónde están?
Jamón dulce! Jamón dulce!

La Guardia Civíl me sorprendió con mi botella de oporto ya vacía.

No entendieron mi historia pero me trataron con amabilidad.

Chao San Boi...
Macachis en la mar salada.
Eso matesh. Com va so?
Adeu su au!

* a veces te dejas llevar
como el agua de un río.
Y de pronto te acuerdas
de que tienes el timón a dos pasos...


Valeriá Pullol

jeudi 25 décembre 2008

Harol GASTELU PALOMINO/Cuento de Navidad

Harol Gastelú Palomino, Huancavelica (Perú), 1968. Profesor de arte y literatura por Universidad La Cantuta. Ha publicado el libro de cuentos “Historias urbanas” (Derrama Magisterial, 2005). Sus textos han recibido los siguientes galardones: Premio Nacional de Educación Horacio 2004 en cuento, finalista en novela en el Premio Nacional de Educación Horacio 2005, Premio Cuentos Ciudad de Trujillo 2007, mención especial en novela en el Premio Nacional PUCP 2007. Acaba de obtener una mención de honor en el área de Mitos y Leyendas Populares en el Premio Nacional de Educación Horacio 2007. Textos suyos han sido publicados en las revistas digitales Azularte, Yoescribo.com, Remolinos, Destiempos, Palabras diversas, La puerta azul, Letralia, Ciberayllu, Exquioc, Misioletras y Las filigranas de perder.

E-mail:
gcolinacoma@yahoo.es

Harol GASTELU PALOMINO sobre
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Cuento de Navidad
Por Harol Gastelú Palomino

¿Qué me vas a regalar en Navidad, tío Agustín? –preguntaba a cada rato Ximenita.
–Todavía no lo sé, Ximenita.
–Le he pedido a Papá Noel una muñequita que canta y que baila –dijo la niña, con una luz de esperanza en sus bonitos ojos.
–Pobre Papá Noel, se va a arruinar: esa muñeca debe costar una fortuna.
–No seas exagerado, tío Agustín, esa muñequita no cuesta tanto.
–Eso dile al viejito pascuero.
–Ya pues, tío Agustín, dile a Papá Noel que no sea malito; dile que por gusto no me he portado bien todo el año.

¿Portado bien todo el año? Si tuviera que contar todas las travesuras que hizo Ximenita durante los últimos doce meses, por lo menos necesitaría mil páginas… solo para el primer tomo.
–Eso tienes que decirle tú, Ximenita, no yo.
–Acuérdate que Navidad es perdonar y olvidar todas las travesuritas –decía la niña, llenándome la cara de besos.
–Yo solo sé que me has dado dolores de cabeza hasta por gusto, Ximenita.
–Anda, di que sí, tío Agustín. Cómprame esa muñequita, ¿sí? Porfa.
–Voy a pensarlo, Ximenita. Todavía falta mucho para Navidad.
–Ya pues, tío Agustín, di que sí. Para Navidad esa muñequita ya no habrá. Si me lo compras, te prometo que nunca más me portaré mal.
–¿Prometido?
–Prometido, tío Agustín.
–Bueno, te lo compraré.
–¡Yupi! –exclamó Ximenita, saltando en un pie de contenta–. Eres el tío más bueno y más lindo del mundo.

Mi sobrina y Ximenita II (así bautizó a su muñeca) se convirtieron en uña y mugre: jugaban juntas, veían la televisión juntas, dormían en la misma cama, etc. Parecían siamesas, pues hasta para ir al baño no se separaban:
–Es que Ximenita II también quiere hacer el uno y el dos porque ha comido todo su comidita –decía la niña a favor de su muñeca.

Ximenita II empezó a ser utilizada como chivo expiatorio de las travesuras que perpetraba la Ximenita de carne y hueso:
–No seas injusto conmigo, tío Agustín. ¿Por qué me castigas a mí nomás si fue Ximenita II quien se limpió el pompis con tus dibujos?

Hasta me convertí en tío de una muñeca:
–¿Te gustó el cuento de La caperucita roja que nos contó el tío Agustín, Ximenita II?
–Sí, me gustó bastante –decía Ximenita II–. Ahora cuéntanos todas las aventuras de Pinocho, porfa, tío Agustín.
–Por hoy es suficiente, niñas. Ya es hora de dormir.
–¡Queremos más cuentos, queremos más cuentos! –pedían las Ximenitas a coro –. Sino no nos vamos a dormir, tío Agustín.

Las dos me iban a sacar canas de todos los colores.
–Pero es el último, ¿ya, niñas? Me duele la garganta de tanto leer.

Todo marchó sobre ruedas hasta la víspera de la Navidad. Cuando fui a buscar a las niñas para que almorzaran, las encontré chapoteando en la piscina como si fueran las hermanas de Sirenita.
–Es que Ximenita II también sabe nadar –me respondió la niña cuando le pregunté por qué había metido su muñeca al agua.
–Sácala inmediatamente antes de que se malogre.
–Primero juguemos al salvavidas, tío Agustín: tú ahógate y nosotras te salvamos como en Baywacht, ¿sí? Te tomas bastante agua, porfa.
–¡Te he dicho que saques a esa muñeca inmediatamente!

La sacó, pero demasiado tarde. Ximenita II ya no bailaba ni cantaba. Probablemente había “muerto” ahogada al cruzársele los circuitos internos. Le cambiamos las pilas, la exprimimos como a un limón para sacarle hasta la última gota de agua, pero nada, la pobre no daba señales de vida.
–¿Por qué no lo arreglas con tu alicate y con tu desarmador, tío Agustín? –sugirió mi sobrina como último recurso.
–¿Y si lo malogro más? Yo nunca he arreglado muñecas, por si acaso.
–Acuérdate que cada vez que se malogran la tele y la computadora, tú los arreglas con tu alicate y con tu desarmador y vuelven a funcionar mejor que antes.
–Bueno, ya que insistes, qué me queda.

Lo único malo es que se me olvidó pedirle a Ximenita que me firmara un papel eximiéndome de toda responsabilidad si la “operación” fallaba.
Y por supuesto que falló: cuando terminé de suturar a mi paciente, me sobraban piezas y la pobre estaba peor que antes.

Ximenita y yo empezamos a culparnos mutuamente de la muerte de Ximenita II:
–¿Por qué no me dijiste que no podías arreglarlo, tío Agustín?
–Claro que te lo dije, pero tú me insististe. ¿O no te acuerdas?
–No debiste de haberme hecho caso, tío Agustín. ¿Si te digo que te tires al río, tú te tiras?
–¿Y a ti quién diablos te mandó que te metieras al agua con todo y muñeca, ah?
–Tú, tío Agustín. Tú me dijiste, y yo solo te obedecí. ¿No te acuerdas?
–¿Yooo? ¿Estás loca? ¿Cuándo, ah?

Según Ximenita, antes de bañarse me preguntó si Ximenita II también podía hacerlo y yo le dije que sí.
–La verdad es que no me acuerdo, Ximenita.
–Tú me dijiste, tío Agustín. Tú tienes la culpa.
–¿Ah, sí? ¿Y por qué me obedeciste, ah? ¿O sea que si yo te digo que te tires del techo, tú te tiras, ah?

Ximenita no supo qué replicarme.
–Bueno, una muñeca es una muñeca. Así no cante ni baile, igualito puedes seguir jugando con ella. Y pueden bañarse todo el tiempo que quieran.

La niña seguía callada.
–Si quieres, la otra Navidad te compro una muñeca mejor que esa, ¿ya?
Pero Ximenita había congeniado tanto con su tocaya, que al verla así perdió todo el espíritu navideño y se encerró en su cuarto. Desde allí reclamaba que le devolviera sana y salva a Ximenita II:
–Que Agustín (cuando ella se molesta conmigo me llama Agustín a secas) me devuelva sanita a Ximenita II. Él me dijo que lo meta al agua, él lo ha malogrado con su alicate y con su desarmador.

No cesaba de llorar a moco tendido, y viendo que no conseguía nada con sus lágrimas, decidió endurecer su posición:
–Si Agustín no me devuelve sanita a Ximenita II, juro que me voy a tirar de mi ventana para abajo y me voy a morir cuando me chanque mi cabeza en el suelo.
–Déjala que se tire si quiere –dijo Karem Geraldine–. Está haciendo puro teatro para salirse con la suya.

¿Puro teatro? Pensábamos que Ximenita estaba bromeando, pero cuando la vimos parada en el alféizar de su ventana, nos asustamos.
–Ximenita, te prometo que para la próxima Navidad…
–¡No quiero nada para la próxima Navidad, Agustín! ¡Yo solo quiero que me devuelvas a Ximenita II antes de que me tire para abajo y me muera cuando me chanque mi cabeza en el suelo!
–Ximenita, ahora estoy sin un centavo, pero te prometo que…
–Voy a contar hasta diez, Agustín, y si no me devuelves sanita a Ximenita II, me tiro para abajo.
–Ximenita, te prometo que…
–Uno, dos, tres…
–Ximenita, te prometo que…
–Cuatro…, cinco…, seis… –Ximenita sacó un pie fuera de su ventana.

Yo estaba a punto de sufrir un infarto.
–Siete…, siete y cuarto…, siete y medio…, siete y tres cuartos…
–¡Ximenita, por favor! –suplicaba yo, casi de rodillas.
–Ocho…, ocho y cuarto…, ocho y medio…, ocho y tres cuartos…
–¡Ximenita, te prometo que para tu cumpleaños! –me puse de rodillas, no tenía otra opción.
–Nueve…, nueve y cuarto… –Ximenita se balanceaba en el aire–. Nueve y medio…, nueve y tres cuartos y…
–¡Por Dios, Ximenita, no te juegues así!
–Y…, y…

Dios mío, esta niña es capaz de cumplir sus amenazas. ¡Si no la conociera yo!
–Está bien, Ximenita, ganaste.

Ximenita volvió a sonreír.
–¿No dije yo que era puro teatro? –dijo Karem Geraldine.
–¿Ahora sí feliz y contenta? –le pregunté a la niña cuando tenía en sus manos a Ximenita III.
–Sí, tío Agustín. Muchas gracias.

A las doce de la noche, mientras los artefactos pirotécnicos iluminaban el cielo de La Realidad anunciando el nacimiento del niño Jesús, Ximenita me hizo una pregunta:
–¿Qué pasaría, tío Agustín, si a Ximenita III le pongo mil cohetes en su cintura? ¿Crees que llegue a la Luna?
–Supongo que sí.
–¡Entonces cómprame mil cohetes, tío Agustín!
–Ni lo sueñes, Ximenita, porque si esta muñeca se te malogra, no te compro otra así amenaces con tirarte del puente Villena. ¿Entendido?

Ximenita se limitó a sonreír.


mardi 23 décembre 2008




¡Feliz Navidad & Prospero Año nuevo 2009 a todos!




Estimados lectores, poetas, escritores

Les envío por intermedio de esta Revista virtual de todos nuestra el más cariñoso saludo navideño & al instante los mejores deseos para todos vuestros futuros, amores y destinos.

Espero que todos sus proyectos sean cumplidos en este nuevo año 2009, que se nos vino veloz como un relámpago.

Mis grandes agradecimientos humanos a nuestros seguidores de los cuatros continentes, donde junto a la Web hemos podido llegar con Azul@rte y su pagina literaria con la tenacidad que entregan las palabras, con la bondad que también nos ofrece el espíritu, que todo lo puede y lo alcanza y con la plena esperanza de que la unión hace la fuerza y el amor, las silabas dejadas a través de los tiempos por cantidades de artistas de las letras muchos ya desaparecidos y que jamás fueron en vano sus esfuerzos por pensar en otras órbitas.

Un abrazo tremendo y universal de mi compañera y vuestro servidor.



Jaime SEREY
Poeta & Editor

lundi 15 décembre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ & Czeslaw STRASZEWSKI


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

Juan Carlos GOMEZ sobre Azul@rte:
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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ & Czeslaw STRASZEWSKI
Por Juan Carlos Gomez

Las observaciones que se pueden hacer en un laboratorio tienen una diferencia insalvable con las que se pueden hacer en la vida, en el laboratorio se pueden repetir más o menos exactamente las condiciones iniciales, en la vida no se pueden repetir ni siquiera aproximadamente.
Es por esta razón que no podemos saber cómo hubiese sido la obra de Gombrowicz y aún Gombrowicz mismo, si no hubiera venido a la Argentina, pero en todo caso podemos suponer que algo distintos hubieran sido.
Sea como fuere debemos decir que el viaje de Gombrowicz a la Argentina debe tener una causa y un momento de nacimiento, vamos a hablar entonces en este gombrowiczidas de quién fue el responsable de darle el empujón en Polonia y también de qué cómplices tuvo en la Argentina.

El primer conocimiento que teníamos sus amigos de cómo se vino a la Argentina aparecía en un relato que él mismo hacía en el café Rex. El relato del viaje era el primer plato de la conversación con Gombrowicz y fue escuchado por todas las personas que se acercaban al autor de "Ferdydurke" en aquellos años.
Nos decía que en el barco era invitado de honor, que almorzaba en la mesa del capitán con el que sostenía conversaciones filosóficas y al que le daba consejos místicos. Repetía hasta el cansancio que no le había gustado Río de Janeiro porque su vegetación era demasiado verde y porque los morros eran muy dudosos, y tantas veces como lo de la vegetación, repetía que no había regresado a Polonia por los intensos estudios del alma sudamericana que había iniciado el día anterior a la partida del barco.

Por qué se fue Gombrowicz de Polonia y no volvió es un misterio que nadie sabe explicar, ni él mismo lo entendía con claridad. Todo empieza en un café, como tantos otros asuntos de Gombrowicz.
Un día, en el Zodiac, un café de Varsovia, se encuentra con un amigo escritor, Czeslaw Straszewicz: –Me voy a Sudamérica; –¿Cómo es eso?; –Dentro de un mes, el nuevo transatlántico polaco Chrobry leva anclas para Buenos Aires, será su primer travesía. He sido invitado como escritor para publicar algunos artículos en los periódicos; –Oiga, ¿y no podrían invitarme a mí también?; –Podemos probar. Les propondré su candidatura. ¿Quién sabe? Quizá resulte.. Siendo dos el viaje sería más agradable.

Después de sortear algunos inconvenientes de último momento Gombrowicz se embarcó en el Chrobry, y la compañía de su amigo Czeslaw le resultó de veras agradable."Straszewski es un noble del campo que cree ser el segundo después del rey –algo muy polaco–, descendiente de Rej y Potocki, nieto de Sienkiewicz, aunque también primo de Wiech– un parentesco que inspira confianza en los amplios círculos de sus admiradores (...) Cuando llegamos a Buenos Aires la situación internacional parecía distenderse. Pero al día siguiente de nuestra llegada, los telegramas de Moscú y de Berlín que anunciaban el pacto de no agresión entre Alemania y Rusia cayeron sobre el mundo como un cañonazo. ¡Era la guerra! Una semana más tarde, las primeras bombas alemanas caían sobre Varsovia (...)"
"Seguía viviendo en el barco con mi amigo Straszewski. Al enterarse de la declaración de la guerra, el capitán decidió regresar a Inglaterra (ya no se podía pensar en llegar a Polonia). Straszewski y yo celebramos un consejo de guerra. Él optó por Inglaterra. Yo me quedé en la Argentina"

Mientras Straszewski se embarca en el "Chrobry" de regreso a Europa Gombrowicz se queda flotando en el agua del puerto de Buenos Aires como una tabla en el mar después de un naufragio, de allí lo rescata el cómplice de la Argentina en esta aventura increíble: Jeremi Stempowski.
Este polaco ilustre desarrolló a lo largo de su vida una gran cantidad de ocupaciones que lo distinguían en todos los ambientes que frecuentaba: primer secretario de la Embajada de Polonia, director de la compañía marítima Gydnia America Line en la que viajó Gombrowicz, director fundador de la biblioteca polaca de Buenos Aires, presidente del Club Polaco...

"Witold estaba muy nervioso. Dudaba entre regresar o bien permanecer en la Argentina a la espera del fin de las hostilidades. Yo no sabía que aconsejarle, aquí, en Buenos Aires, no se sabía nada de la auténtica situación, entonces acompañé a Witold al puerto. Hizo que le subieran el equipaje, se despidió y embarcó. Yo me quedé en el muelle, diez minutos más tarde sonó la sirena anunciando la partida, y en ese momento vi que Gombrowicz cruzaba la pasarela con sus maletas y bajaba rápidamente al muelle. Era el único momento en que podía tomar una decisión y la tomó. Temblaba: –No lo sé, se trata del momento más trágico de mi vida"

El estilo diplomático y ambiguo de Stempowski le vino muy bien al espíritu sarcástico de Gombrowicz y entonces lo convierte en un vecino de sus primos en Polonia en el relato de "Transatlántico"

Cuando el barco de "Transatlático" se aleja del Puerto de Buenos Aires Gombrowicz pronuncia una blasfemia terrible contra Polonia y se interna en la ciudad. Estaba desorientado y sin dinero así que visita a un compatriota que había sido vecino de sus primos en Polonia para pedirle opinión y consejo. Pero este hombre empieza a decirle que aprobaba y que no aprobaba su decisión de quedarse, que había hecho bien y tal vez mal, que él no estaba tan loco como para opinar en estos tiempos o como para no opinar, que tenía que presentarse enseguida en la embajada o no presentarse, que era igual si se presentaba o si no se presentaba, que se podía exponer o no exponer a graves riesgos. Y, en fin, que hiciera lo que le pareciera oportuno o que no lo hiciera.
Como la legación polaca no quería ayudarlo Gombrowicz amenazó con instalar a la entrada del edificio un cajón de lustrabotas para limpiar zapatos.

No quiso alistarse en el ejército a pesar de la insistencia de todo el mundo, especialmente de un emisario especial llegado de Londres para agitar y reclutar, pero Gombrowicz no le hizo caso.
Sin saber a qué santo encomendarse con este Gombrowicz tan difícil Stempowski decide presentarle a algunos polacos de la colectividad y también a algunos escritores argentinos como Manuel Gálvez, Arturo Capdevila... pero ésta es harina de otro costal.
Cuando apareció "Transatlántico" los caminos de Straszewski y de Gombrowicz empezaron a separarse aún más de lo que ya se habían separado en el puerto de Buenos Aires. Para Straszewski la patria estaba por encima de todas las cosas así que después de la aparición de "Transatlántico" consideró a Gombrowicz como a un traidor.

Para Gombrowicz, en cambio, tanto el arte como la patria sólo tenían significado cuando a través de ellos el hombre se unía a los valores más esenciales y más profundos de la existencia..
"El patriotismo emocional que representaba Straszewicz nos ha causado los peores perjuicios, ha pesado de una manera destructiva sobre toda nuestra política y, lo que es peor, sobre nuestra cultura. No oculto que, al igual que Straszewski, tenía miedo. Quizá no tanto del ejército y de la guerra, cuanto del hecho que, a pesar de mi mejor voluntad, no podría estar a la altura. No estoy hecho para esto. Mi campo es diferente. Desde la edad más temprana mi desarrollo tomó otra dirección. Como soldado sería un desastre. Sería una vergüenza para mí y para vosotros (...)"

"¿Creéis que patriotas como Mickiewicz y Chopin no participaron en la lucha armada únicamente por cobardía? ¿O quizá porque no querían hacer el ridículo? Y supongo que tenían derecho a defenderse de aquello que superaba sus fuerzas. Pero tal vez estas confesiones sean innecesarias y torpes. Tal vez sería suficiente decir que en el momento del estallido de la guerra tenía la categoría de inútil parcial, y luego, cuando me presenté ante una comisión médica en la legación polaca en Buenos Aires, me clasificaron como perteneciente a la categoría de inútil total... Prefiero poner los puntos sobre las íes"Después de que Stempowski lo pusiera en las manos de Manuel Gálvez y de Arturo Capdevila corrió mucha agua bajo el puente hasta que llegó a nosotros, pasaba de mano en mano como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguna se la queda.

El Esperpento que lo conoció en el segundo período de su estada en la Argentina, y el Asno que lo conoció en el último, se refieren a Gombrowicz para sumar y cerrar su relación con él de una manera llamativa.
"¿Su influencia? Es una cuestión mal planteada, Gombrowicz me ayudó personalmente y todavía me ayuda. Pero si debo hablar de su influencia, puedo decir que fue negativa. Siempre negativa, pues Gombrowicz para mí ha sido un límite absoluto. Me encontraba ante él como delate de un muro"
Esta idea del Esperpento no es igual a la que tenía el Asno aunque algún parecido tienen. La atracción que Gombrowicz ejercía sobre nosotros era absorbente, a veces molesta, pero siempre muy intensa.

"Lo que he llegado a ser en el plano cultural no hubiera sido posible sin Gombrowicz y sin esa lucha ambigua entre, por una parte, el afecto y la admiración que siento por él y, por otra, la necesidad de encontrar mi propio camino. El Gombrowicz de los cafés de Tandil era un maestro paradójico y no un escritor que buscaba alguien a quien influir. En esa pequeña ciudad clara y limpia que era Tandil no pasaba nunca nada, estábamos convencidos de que nuestra misión era conseguir que pasara algo, y nos pasó Gombrowicz. Si Gombrowicz no hubiera existido hubiéramos sentido la necesidad de inventarlo nosotros"

Tanto en el caso del Esperpento como en el caso del Asno Gombrowicz se presenta como una dificultad que ellos tienen que sortear para encontrar de ese modo su propio camino. A decir verdad a mí no se me presentó esa dificultad pues nunca quise encontrar mi propio camino, ni siquiera tengo la sensación de que hago mi camino al andar como le ocurría a Machado, soy como el tercero excluido, ése que jamás pudo encontrar ni el mismísimo Aristóteles.

vendredi 12 décembre 2008

Juan Carlos GOMEZ/Witold GOMBROWICZ, Noe JITRIK & Horacio SACCO

Noe Jitrik


juan carlos g{omez
junacagomz@yahoo.com.ar

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GOMBROWICZIDAS
Witold GOMBROWICZ, Noe JITRIK & Horacio SACCO
Por Juan Carlos Gomez

No es tan fácil encontrar entre los rostros de los gombrowiczidas alguno que represente el espíritu festivo de estos días, un rostro en el que aparezca especialmente una bondad feliz.
"Los medios literarios de todas las latitudes geográficas están integrados por seres ambiciosos, susceptibles, absortos en su propia grandeza, dispuestos a ofenderse por la cosa más mínima"

Si el juicio de Gombrowicz se hubiera ajustado totalmente a la verdad yo no podría haber encontrado ese rostro benevolente pues la cara es a menudo el reflejo del alma. Sin embargo, a pesar de todas las prevenciones que tenía Gombrowicz contra la mezquindad de los hombres de letras, buscando con algún detenimiento encontré dos rostros que se ajustan cumplidamente a mi deseo, a saber: el del Benevolente y el del Gran Ortiba, dos gombrowiczidas con formaciones diferentes.

La inclusión de Gombrowicz en "Historia crítica de la literatura argentina" que llevó adelante el Benevolente venciendo la resistencia que le opuso una buena parte de la intelectualidad local es una de las señales más conspicuas que aparecen sobre la existencia de un Gombrowicz argentino.

A pesar de su rostro bondadoso y feliz el Benevolente es un tanto anfibológico pues en menos de lo que canta un gallo me escribió algunas palabras que se muerden la cola.
"(...) pero tengo un problema: el material de los gombrowiczidas es tan abundante que no tengo tiempo de leerlo pues cada día llega una nueva entrega (...) Lo siento, pero mis límites son esos; sólo me quedaba advertírselo para que usted no creyera que me estoy dedicando a Witold Gombrowicz y no le comento la originalidad de su pensamiento y su prosa (...)"

"(...) Además, y no es poco en mi caso, he leído algunos de los grombrowiczidas, muy divertido. Me prometo cuidar mis elogios, se me pueden volver en contra y no debe haber nada peor que eso suceda a fin de año (...)"

Hay hombres que piensan observando el mundo, y otros que piensan después de leer un libro. Una de las ocupaciones principales que tienen los hombres de letras es la de leer, pero acostumbran a decir que leen más de lo que en realidad leen. Gombrowicz hizo experimentos memorables en Polonia y en la Argentina para demostrar que esta afirmación es cierta.

En dos momentos distintos y no muy lejanos entre sí, uno de los escritores más importantes de Polonia, Jan Lechon, escribía sobre Gombrowicz cosas contradictorias

Que era loco, sórdido y hediondo, y poco tiempo después, que su obra era excelente y que le producía mucho placer. ¿Por qué cambió de opinión? Gombrowicz descubre que cambió de opinión porque nunca la tuvo. ¿Y por qué nunca la tuvo? Porque no lo había leído, o porque lo había leído así nomás, echándole un vistazo, que es lo mismo que había hecho Gombrowicz con los poemas de Jan Lechon. De este modo concluye que ésta es la razón por la que existe una mayor orientación en las lecturas que hacen los estudiantes obligados a leer, que en muchos literatos profesionales que hablan con maestría de textos que no conocen.

Dediqué horas enteras a estudiar el tipo de las relaciones que me vinculaban con los editores, comparé a las editoriales con cajas negras y analicé el comportamiento de los editores y de esos auxiliares que tienen llamados lectores a los que motejé de pulgones.

Asocié los extremos de su conducta al comportamiento de los asesinos seriales y de los rufianes melancólicos y determiné que su naturaleza sólo alcanza un desarrollo que no va más allá del nivel de los protoseres.

Dividí en cinco grupos las técnicas que utilizan los editores para contrariar a los autores y por fin, estos personajes vinculados a la actividad de escribir desde hace tantos siglos, terminaron por hacerme perder la paciencia y el humor.

El muro impenetrable que levantaron a mis escritos no me desalentó pues estaba protegido por el club de gombrowiczidas, y seguí escribiendo como si tal cosa con la esperanza de que algún día podría vivir del trabajo acumulado como le había ocurrido a Gombrowicz.

Los dos casos tienen, sin embargo, aspectos materiales bien distintos, pues el trabajo que tengo acumulado es de cuatro años solamente y no de treinta años como lo tenía acumulado Gombrowicz, y yo, por una gran fortuna para mí, no vivo de lo que escribo.

Mientras corrían los días, las semanas, los meses y los años fui incorporando miembros al club de gombrowiczidas valiéndome de una variedad de recursos, especialmente del conocimiento personal, más recientemente también de las páginas de internet.

Y de repente una mano poderosa derribó el muro. El Gran Ortiba, uno de los príncipes del club de gombrowiczidas, empieza a publicar todo mi trabajo acumulado no editado en la Argentina, pero decide ir más allá y termina publicando también lo ya editado. La revista El Ortiba se ha convertido para mí en un hogar y el Gran Ortiba en un afectuoso benefactor.

Yo estoy un poco aturdido por estos acontecimientos recientes y me han asomado inesperadamente unos sentimientos religiosos sólo comparables con los que se tienen en la primera comunión y en las proximidades de las fiestas que necesitan de rostros parecidos a los que se ven en las fotos que forman parte de este gombrowiczidas.

Una sensación parecida a la que puede producir un trastorno del cosmos se apodera de mí cuando algún editor publica lo que escribo. Este fenómeno cultural increíble se ha producido en todo lo que me concierne cuando escribo sobre Gombrowicz y el Gran Ortiba, comandante en jefe de la revista "El Ortiba", empezó a publicar desde el mes de marzo todo lo que llevo escrito, todo lo que estoy escribiendo y, si Dios lo permite, todo lo que escribiré en el futuro.

Yo pasé una sola Navidad con Gombrowicz, en Piriápolis, en la casa de los Swieczewski en el año 1961. En el momento del brindis a mí se me ocurrió decir "prosit", una ocurrencia bastante extraña en una reunión de polacos. La cuestión es que Gombrowicz exclamó al instante y en voz alta: –Dijo "closet". Como era un asunto que no se podía aclarar me puse colorado como un tomate, y sentí que Gombrowicz me estaba descolocando.
"Aullidos de sirenas, pitidos, fuegos artificiales, descorchar de botellas y el vasto murmullo de una gran ciudad en gran agitación. En este instante hace su entrada el año nuevo, 1955. Camino por la calle Corrientes, solo y desesperado. Delante de mí no veo nada... ninguna esperanza"

Finalmente, el trabajo de oficina en el Banco Polaco lo había aplastado, no podía escribir nada aparte de los diarios. Se sentía un forastero en todo el universo. Sin embargo, pasados unos días después de las fiestas le cambia el humor y escribe en una página del diario cómo en un café de la calle Callao había puesto una inscripción en la puerta de un baño.
"A señoras y a señores, para nuestro beneficio, no lo hagan en la tapa, háganlo en el orificio"

En seguida le advierte al lector que había dudado antes de confesar esta manía, pero le había resultado tan fascinante que se lamentaba de haber perdido tanto tiempo sin conocer un placer tan barato y desprovisto de riesgo.
"Hay en esto algo..., algo extraño y embriagador... debido probablemente a la terrible evidencia de la inscripción unida al absoluto ocultamiento del autor, al que es imposible descubrir. Y también al hecho de que se trata de algo absolutamente inferior al nivel de mi creación"


mercredi 10 décembre 2008

Abel GRAU/Las 30 lecturas más recomendables para Navidad


Las 30 lecturas más recomendables para Navidad
Por Abel GRAU

Larsson, Chesterton, Maupassant, Saviano, Rembrandt, Allen, 'manga'... Elpais.com te ofrece una selección literaria para las fiestas navideñas

ELPAÍS.com te ofrece una selección de lecturas para Navidad con algunas de las novedades más destacadas en narrativa, ensayo, historia, reportaje, arte, cine, música y cómic.


NARRATIVA
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson (Destino)

La arisca Lisbeth Salander, hacker de metro cincuenta y temperamento volcánico, es la protagonista absoluta de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, la segunda entrega de la trilogía Millennium, de la que su autor, el fallecido periodista sueco Stieg Larsson (1954-2004), ha vendido cerca de 7,5 millones de ejemplares en todo el mundo. Tras Los hombres que no amaban a las mujeres (300.000 ejemplares vendidos en España), en la que el reportero Mikael Blomkvist formaba equipo con Salander para resolver una misteriosa desaparición y denunciar una gran estafa empresarial internacional, la pareja protagonista vuelva a reunirse un año después. Ahora es Salander la acusada de un triple asesinato, incluido el de un reportero que investigaba una trama de tráfico de jóvenes del Este obligadas a prostituirse en Suecia. Poco a poco, las pesquisas van relacionando de manera inesperada a la cúpula de la organización criminal con el turbulento pasado de la propia Salander. Si en la primera novela Larsson hilvanaba una impecable investigación detectivesca, en esta compone un thriller centrado en el origen de Salander y en un secreto de Estado en el que resultan implicados periodistas, asistentes sociales, miembros de los servicios secretos suecos y hasta ex espías soviéticos.

Stieg Larsson, un imprevisto fenómeno editorial

Los relatos del padre Brown, de G. K. Chesterton (Acantilado)

El padre Brown, el clérigo capaz de meterse en la piel de cualquier criminal gracias a su buen conocimiento del alma humana, regresa en un volumen que reúne por primera vez en español todos sus casos. Considerado una paradoja andante (un religioso que recurre a la razón para investigar crímenes), el padre Brown ha escuchado cientos de confesiones de arrepentidos y conoce palmo a palmo el corazón humano. Sabe que por sobrenatural que parezca cualquier crimen, siempre hay una explicación lógica. Las aventuras del padre Brown, hermano literario de Auguste Dupin y Sherlock Holmes, transcurren en una cincuentena de relatos, publicados entre 1910 y 1935. En esta colección se reúnen los canónicos (editados originalmente en cinco recopilaciones) más tres recuperados posteriormente, traducidos todos ellos de nuevo por Miguel García Temprano. Buena ocasión para releer esos casos tan espléndidos que deleitaron a Kafka, Hemingway y Burgess, entre tantos otros. Relatos como, por ejemplo, 'El puñal alado' y 'El cartel de la espada rota'.

Los meticulosos casos del Padre Brown

Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek (Galaxia Gutenberg)

El bonachón soldado Svejk decide alistarse en el ejército del Imperio Austrohúngaro poco después de enterarse de la muerte de un tal Francisco Fermando, archiduque para más señas, asesinado a tiros e Sarajevo. Desarmante en su ingenuidad (aunque quizá no lo sea tanto), Svejk camina alegremente hacia el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Clásico de la literatura europea, Las aventuras del buen soldado Svejk, del periodista, narrador y humorista checo Jaroslav Hasek (1883-1823), es una sátira mordaz contra el militarismo de la Europa de principios del siglo XX y es también uno de los alegatos antibelicistas más eficaces del resto de la centuria. Vertido por primera vez al español directamente del checo por la traductora Monika Zgustova, el volumen se presenta acompañado con las hilarantes caricaturas de Josef Lada que ilustraron la edición original.

Cuentos esenciales, de Guy de Maupassant (Mondadori)

Gran maestro del cuento, el francés Guy de Maupassant (1850-1893) exhibe su talento en esta voluminosa recopilación que reúne buena parte de sus mejores relatos. Seleccionados por Marie-Helèn Badoux, son más de 110 textos publicados entre 1879 y 1891 y recién traducidos por José Ramón Monreal. Discípulo y protegido de Gustave Flaubert y próximo a la órbita naturalista de Ivan Turguéniev y Émile Zola, Maupassant cautivó al público lector francés (y sobre todo al parisino) con su destreza para la construcción de tramas y para hallar detalles iluminadores (acompañados con ilustraciones de Ana Juan). Aquí figuran cuentos tan aplaudidos como 'Bola de sebo' (1880), ambientado en la guerra franco-prusiana y con el que alcanzó un reconocimiento unánime, 'Las joyas' (1883), y el inquietante 'El Horla' (1887), crónica enfebrecida de lo que parece un desdoblamiento de personalidad (y en el que algunos han querido ver una prefiguración de la manía persecutoria que llevó al propio Maupassant a la locura y al intento de suicidio). Considerado uno de los padres del cuento moderno, Maupassant también brilló en la novelística, con trabajos como Bel-ami, pero seguramente fue su habilidad para concentrar trozos de vida en los breves relatos lo que le ha hecho perdurar.

Crepúsculo, de Stephenie Meyer (Alfaguara)

El otro fenómeno editorial de la temporada es un romance vampírico; el amor imposible entre la joven Bella y el no muerto adolescente Edward, que no tiene colmillos y ha renunciado a la sangre humana. La novelista debutante Stephenie Meyer (Connecticut, EE UU, 1973), mormona, casada y madre de tres hijos, ha construido una trama adictiva que reinterpreta la tragedia de Romeo y Julieta en clave transilvana con las dosis justas de romanticismo gótico y malestar púber de instituto estadounidense. Crepúsculo es la primera entrega de una tetralogía novelística que ya ha vendido 17 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido traducida a 37 idiomas. La adaptación cinematográfica ha conseguido una taquilla considerable, con una recaudación de más de 70 millones de dólares en EE UU.

El mordisco editorial de Stephenie Meyer


ENSAYO
Comediantes y mártires, de Juan José Sebreli (Debate)

¿Cómo se construye un mito? El pensador argentino Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930) describe las claves de cuatro mitos contemporáneos: el cantor de tangos Antonio Gardel, la actriz y política Evita Perón, el líder guerrillero Ernesto Che Guevara y el futbolista Diego Armando Maradona. Cuatro figuras surgidas de las clases bajas (excepto Guevara) que ascienden a la cumbre del éxito y acaban siendo adorados por las masas. Provisto de una extensa documentación, Sebreli separa la persona real del mito construido a su alrededor y muestra así a Gardel como un buscavidas surgido del lumpen de Buenos Aires atento a edificar su propia leyenda; a Evita como una dirigente contradictoria obsesionada con su propia imagen; al Che Guevara como un aventurero poco dotado para la política y a Maradona como un ídolo excesivo tendente al fraude y el escándalo. Primer Premio Debate-Casa de América, el intelectual argentino (autor de El olvido de la razón, crítica de la filosofía antiilustrada) emprende una tarea implacable (y seguramente polémica) de desmantelación de cuatro iconos contemporáneos.

Deconstrucción del Che y Maradona

Por qué no podemos ser cristianos, de Piergiorgio Odifreddi (RBA)

El matemático italiano de la Universidad de Turín Piergiorgio Odifreddi (Cuneo, Italia, 1950) escribe un alegato razonado contra la religión cristiana, a la que muestra como radicalmente incompatible con la razón. Odifreddi, autor de Las mentiras de Ulises, lleva a cabo una lectura minuciosa de las Escrituras provisto de sus profundos conocimientos de lógica. Así, pone en tela de juicio uno por uno los dogmas del cristianismo. "Si leyeran bien la Biblia, dejarían de creer", señaló el matemático en una entrevista reciente con El País. Se trata de un ensayo que ha competido en las listas de ventas con Jesús de Nazaret, del papa Benedicto XVI, y que ha despachado más de 200.000 ejemplares en Italia.

Entrevista con Piergiorgio Odifreddi

Lecturas de mí mismo, de Philip Roth (Mondadori)

Mapa para adentrarse sin miedo en la vasta y densa obra de Philip Roth (Newark, Nueva Jersey, 1933), considerado uno de los mayores (si no el mayor) novelistas estadounidenses vivos. Recopilación de artículos, ensayos y entrevistas publicados desde 1959 y a lo largo de 25 años, Lecturas de mí mismo presenta un material valioso para entender la poética del autor de Pastoral americana (que se completa con la otra gran recopilación ensayística rothiana: El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras (Seix Barral). Conocido por sus obsesivas reflexiones sobre la creación literaria, él mismo desentraña aquí su relación con sus álter egos (Lonoff, Portnoy y, sobre todo, Zuckerman) y advierte de que su obra no debe leerse como una obvia recreación autobiográfica ('Entrevista para Le Nouvel Observateur'). El autor de Elegía desgrana algunos referentes clave de sus novelas, como su relación con la ciudad de Newark, en Nueva Jersey, su afición por el béisbol y su obsesión por el sexo. Al tiempo que reflexiona sobre su posición como escritor judío ('Escribir sobre los judíos') y estadounidense ('Escribir narrativa norteamericana'), el propio Roth ofrece glosas sobre algunos de sus títulos más destacados, como El lamento de Portnoy, Nuestra pandilla, La gran novela americana y Mi vida como hombre. Roth explica a Roth.

'Strip-tease' literario de Philip Roth

Obra selecta, de Edmund Wilson (Lumen)

Quizá nadie como Edmund Wilson (1895-1972) ha ejercido mejor la tarea asignada comúnmente al crítico literario: un árbitro del gusto literario. En Obra selecta, el editor Aurelio Major ha reunido una parte sustancial (900 páginas) de la producción crítica del erudito estadounidense que reúne sus certeros análisis sobre la obra de Lewis Carroll, Gustave Flaubert, Charles Dickens, James Joyce, Ernest Hemingway, T. S. Eliot, Francis Scott Fitzgerald, además de parte de su correspondencia con Vladímir Nobokov y John Dos Passos, entre otros. Dueño de una vasta cultura, una escritura clara y un criterio independiente, Wilson se alzó como una de las voces de referencia de la crítica estadounidense. "Su celebridad se cimentaría en su periodismo literario y crítico, de precisión judicial, erudito y concentrado, atento a los hechos, presentado con una de las prosas más atractivas y elegantes de sus contemporáneos, lo que le confirió una autoridad (...) sin parangón", señala Major. Una buena aproximación a la obra del que ha sido considerado "el mayor hombre de letras de la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos", según indica Major en el prólogo.

100 escritores del siglo XX, coordinado por Domingo Ródenas (Ariel)

Cartografía literaria tentativa del pasado siglo. Los grandes autores de las letras universales, agrupados en dos volúmenes dedicados al ámbito internacional y al ámbito hispánico, son analizados con vocación divulgativa por varios especialistas coordinados por Domingo Ródenas, profesor de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Del vigor creativo de Marcel Proust, James Joyce y William Faulkner a los juegos con el azar de Paul Auster y el divertimento de Witold Gombrowicz, de la poesía hermética de Paul Celan al nuevo periodismo de Truman Capote, pasando por los épicos periplos marítimos de Joseph Conrad, y el teatro de Tennesse Williams y Luigi Pirandello. Una amplia panoràmica a las letras de un siglo fecundo glosado en ensayos concisos que combinan el rigor académico con la voluntad de llegar al lector medio.

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REPORTAJE
Gomorra, de Roberto Saviano (Debate)

Un libro que ha valido una condena a muerte lanzada por el crimen organizado. El periodista Roberto Saviano (Nápoles, 1979) se adentra en las entrañas de la Camorra napolitana, también conocida como el Sistema, una organización criminal sustentada en el comercio de mercancías frescas (videojuegos, relojes, ropa de marca) y mercancías muertas (residuos químicos tóxicos y basuras diversas) que llegan de toda Europa para ser vertidas en los alrededores de Nápoles. Saviano documenta el funcionamiento del Sistema, un gran complejo empresarial que mezcla las operaciones financieras con los delitos de sangre, y sus ramificaciones internacionales. Sus miembros, muchos de los cuales se inspiran en películas como El padrino o El precio del poder, han amenazado de muerte a Saviano tras el éxito de ventas del reportaje (más de dos millones de ejemplares vendidos), que ha sido llevado a la gran pantalla por Matteo Garrone, con éxito de público y crítica.

Entrevista con Roberto Saviano

Operación Masacre, de Rodolfo Walsh (451 Editores)

Obra cumbre del prestigioso reportero y dramaturgo argentino Rodolfo Walsh (1927-1977), fundador de la agencia Prensa Latina, asesinado durante un tiroteo en Buenos Aires y oficialmente desaparecido por la Junta militar de Jorge Rafael Videla en 1977. Considerado como uno de los primeros reportajes de nuevo periodismo (siete años anterior a A sangre fría, de Truman Capote), Operación Masacre narra el asesinato en Argentina, en 1956, de una decena de opositores (entre ellos el líder rebelde Juan José Valle) al gobierno militar del golpista Pedro Eugenio Aramburu, que depuso al presidente legítimo, Juan Domingo Perón, e instauró la llamada Revolución libertadora. Walsh describe la persecución de los peronistas que se desató tras la llegada de Aramburu al poder.

El zarpazo antifascista de Rodolfo Walsh


HISTORIA
El Mediterráneo, de John Julius Norwich (Ariel)

De Gibraltar a Oriente Próximo y de la Antigua Grecia a la Segunda Guerra Mundial. El erudito británico John Julius Norwich (Inglaterra, 1929), autor de documentales para la BBC, traza un exhaustivo recorrido geográfico e histórico por el mar en el que nacieron tres de las civilizaciones más fascinantes de la Antigüedad: Egipto, Grecia y Roma, y las tres mayores religiones: judaísmo, cristianismo e islam; un territorio con un clima único y puente entre tres continentes: Eruopa, África y Asia. "El Mediterráneo es un milagro", escribe Norwich en el primer capítulo. "si hacemos el esfuerzo de mirarlo con objetividad en seguida nos damos cuenta de que allí hay algo totalmente único, una masa de agua que podría señalarse, deliberadamente, como cuna de culturas más que ninguna otra del planeta". Un viaje apasionante a un mar único de la mano de uno de los más experimentados divulgadores de Europa.

Vida y tiempo de Manuel Azaña. 1880-1940, de Santos Juliá (Taurus)

Buen conocedor de la figura de Manuel Azaña, último presidente de la Segunda República, el historiador Santos Julià (Ferrol, 1940) aborda la faceta menos explorada del estadista. Tras seguir su trayectoria como jefe de Estado en Azaña. Una biografía política (1991), Juliá se centra ahora en los años de aprendizaje del líder republicano, sus estudios en Francia, sus tareas de administración de la herencia familiar y su acción política durante la Guerra Civil. El apoyo de Italia y Alemania al bando insurgente lo desanimó desde el principio de la contienda y ya nunca creyó posible la victoria. Uno de los políticos más influyentes del siglo XX, junto a Felipe González y Francisco Franco, según Juliá, Azaña es el "símbolo de la gran expectativa y la gran derrota".

Entrevista con Santos Juliá

Juan March, de Pere Ferrer (Ediciones B)

Considerado como el último pirata del Mediterráneo, el mallorquín Juan March (1880-1962), comerciante y traficante de tabaco y armas, fue uno de los poderes fácticos de España y de Europa durante la primera mitad del siglo XX. Campó sus anchas amasando una fortuna durante el reinado de Alfonso XIII pero todo cambió con el ascenso de la Segunda República. Fue procesado y encarcelado. Pero consiguió fugarse y puso en marcha todo su poderío económico para acabar con la República. Se convirtió en el principal financiero de la rebelión contra el Gobierno legítimo (pagó el transporte aéreo de las tropas coloniales del norte de África hacia el sur de la Península). E incluso sufragó el Dragon Rapide, el aeroplano que trasladó al general Francisco Franco desde las Islas Canarias a Marruecos, en la maniobra que detonó el golpe de Estado y condujo a la Guerra Civil. El historiador mallorquín Pere Ferrer (Alaró, 1949) documenta el ascenso del oscuro March, que trabajó al servicio del espionaje británico para evitar que España entrara en la Segunda Guerra Mundial y que tras la contienda llegó se ser uno de los diez hombres más ricos del mundo, cuyo poder se extendía a la banca, compañías de energía eléctrica, periódicos e incluso partidos políticos.

La guerra de Troya, de Barry Strauss (Edhasa)

El historiador estadounidense Barry Strauss (autor de la exitosa La batalla de Salamina) recopila los más recientes hallazgos arqueológicos para constatar que la Ilíada, de Homero, lejos de ser una completa fantasía, ofrece un retrato bastante aproximado de la sociedad del levante mediterráneo del siglo XIII antes de Cristo. Dejando el Olimpo y sus dioses a un lado, Strauss expone las tácticas de guerra de aqueos y troyanos, la construcción de navíos, la arquitectura militar, la plausibilidad de la estratagema del caballo de madera, y, en definitiva las razones geopolíticas del ataque heleno contra Troya; poco relacionadas con el rapto de Helena y más ligadas al valor de Troya como estratégico puesto comercial en la ruta que unía el Mediterráneo con el Mar Negro.


POESÍA
Correspondencia. Paul Celan-Gisèle Celan-Lestrange (Siruela)

Poeta hermético y profundamente golpeado por el Holocausto judío (perdió a sus padres en el campo de exterminio de Auschwitz), Paul Celan (1920-1970) es autor de los versos que testimonian la tragedia irreparable de la Segunda Guerra Mundial. Imágenes oscuras y de un pesimismo desolado pueblan su poesía (reunida en Obra completa (Trotta), con la que contrasta la correspondencia con su mujer, Gisèle, que se publica ahora en una recopilación de 737 cartas, traducidas por Mauro Armiño. En esta relación epistolar, de más de 1.000 páginas, los Celan muestran una convivencia estrecha y feliz que permite acercarse a la cotidianidad doméstica de una de las voces poéticas más singulares del siglo XX.

Poesía completa, de Sylvia Plath (Belacqva)

Toda la producción poética de la escritora estadounidense Sylvia Plath (1932-1963) se recopila en un volumen bilingüe editado por su marido, el también poeta Ted Hugues. Ensombrecidos por la atormentada vida de Plath (sus depresiones la llevaron a suicidarse metiendo la cabeza en un horno), sus versos muestran una voz precisa y tremendamente dotada para la metáfora. "Se puede escribir de todo en la vida si tienes la agallas para hacerlo y la imaginación para improvisar. El peor enemigo para la creatividad son las propias dudas", escribió Plath. Autora de la famosa novela La campana de cristal y ganadora del Premio Pulitzer póstumamente por su obra poética, Plath se ha situado como una de las poetas más prominentes de la literatura contemporánea.

Vida y obra de Sylvia Plath


VIAJES
El infinito viajar, de Claudio Magris (Anagrama)

El erudito italiano Claudio Magris (Trieste, 1939) reúne aquí 39 crónicas de viajes publicadas en el periódico milanés Corriere della sera entre 1981 y 2004, en las que traza un recorrido que no sólo le lleva por la amada Mitteleuropa (Alemania, República Checa, Austria), cuya fecunda historia ya cartografió exhaustivamente en El Danubio, sino que le embarca además en un periplo mundial desde Canarias y la Castilla de Cervantes hasta Australia, pasando por Reino Unido, Noruega, Suecia hasta llegar a Irán y China. Su escritura pródiga en referencias literarias e históricas brilla una vez más, bien sea desde un pueblo de la Alemania interior que asiste impasible a la caída del muro de Berlín o extasiado ante la inmensidad oceánica en una playa de Australia.


ARTE
Rembrandt. Pintor de historias. Alejandro Vergara y Teresa Posada (Museo del Prado)

Con motivo de la amplia retrospectiva sobre Rembrandt (1606-1669) en el Museo del Prado (hasta el 6 de enero), la pinacoteca madrileña publica un lujoso catálogo que recoge las pinturas y dibujos expuestos del gran maestro holandés del siglo XVII, autor de la Ronda de noche y La lección de anatomía del doctor Tulp. Las dos grandes telas del holandés no se exponen en el Prado pero sí otras muy destacadas como Sansón cegados por los filisteos y El banquete de Baltasar, dos escenas que condensan dos episodios bíblicos de una gran intensidad. Acompaña las reproducciones un estudio de Mariët Westermann (Rembrandt intemporal: la Antigüedad como fuente para el pintor de historia de la Edad Moderna). Una buena oportunidad para contemplar una visión panorámica de la obra de uno de los autores cumbre de la pintura universal.

Klimt, de Alfred Weidinger (Electa)

Deconstrucción del mayor pintor austriaco del Modernismo, Gustav Klimt (1862-1918). El director adjunto del Albertina Museum de Viena, Alfred Weidinger, emprende un análisis pormenorizado de la obra de Klimt en este lujoso volumen que incluye reproducciones de gran formato de las composiciones más célebres del genio vienés. Weidinger recoge en ensayos monográficos las más recientes investigaciones académicas (como el hallazgo de unos frescos en una iglesia de Istria, en Italia) y comenta desde la relación de Klimt con las mujeres hasta la inspiración que generó en el ámbito del diseño y la moda.


MÚSICA
The Clash, VV. AA. (Global Rhythm)

Biografía oficiosa de la banda punk británica The Clash, firmantes del influyente London calling. Volumen eminentemente gráfico, alterna fotografías del grupo (Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon y Topper Headon) con textos de diversa procedencia, como entrevistas y reseñas. El recorrido pasa de puntillas por las cuestiones más conflictivas (como el alcoholismo de Strummer) pero aun así permite repasar la trayectoria de un grupo que, en oposición a la desfachatez nihilista de los Sex Pistols, proponía un punk progresista, con conciencia social y atento al latido de la clase obrera.

La gran farsa de The Clash

Dylan sobre Dylan. 31 entrevistas memorables, de Jonathan Cort. (Global Rhythm).

Recopilación de entrevistas con Bob Dylan (Duluth, Minessota, 1941), el cantautor de Blowin' in the wind y The times they are a-changing, publicadas desde los años sesenta hasta la actualidad y seleccionadas por el periodista Jonathan Cort, colaborador de The New Yorker y autor de una biografía crítica del autor de Like a rolling stone. La antología incluye las seis extensas entrevistas con Rolling Stone, la conversación con Nat Hentoff en 1966 (Playboy), la que Sam Shepard convirtió en diálogo teatral en 1987 (Esquire) y el encuentro marciano con el cantante A. J. Weberman, autoproclamado ministro de Defensa del Frente de Liberación Dylaniano, en 1971 (East Village Other).


CINE
Conversaciones con Woody Allen, de Eric Lax (Lumen)

Las confesiones de un genio del cine. El temperamento inquieto y socarrón de Woody Allen (Nueva York, 1935) aflora poco a poco a través de los cientos de conversaciones que ha mantenido con el periodista Eric Lax a lo largo casi cuarenta años. El libro "ofrece una imagen clara de su transformación desde sus inicios en el cine hasta convertirse en uno de los directores más aclamados del mundo, y de lo que ha aprendido a lo largo de su trayectoria profesional", escribe en la introducción en mismo Lax, autor de una biografía sobre el director de Manhattan. Distanciado de los neuróticos personajes que ha interpretado en la gran pantalla, Allen se presenta a sí mismo con un tipo serio, un trabajador disciplinado al que le interesa la literatura, el cine y el teatro. Siete capítulos ordenados según las fases de producción de una película, de la idea al montaje musical, jalonan "un amplio autoexamen del trabajo de una vida". Son páginas por las que discurre un Allen que habla de su devoción por Chaplin, Welles, Bergman y Fellini y que comenta su admiración por sus intérpretes favoritos, de Marlon Brando y Diane Keaton a John Cusack y Scarlett Johansson. Un Allen que hace gala de su talento para la comedia y confiesa su preferencia por el drama, y que, en definitiva, rememora su vida, la de un apasionado artesano del séptimo arte.

Respeto para los chistes de Allen

Las mujeres de Hitchcock, de Donald Spoto (Lumen)

Las rubias gélidas eran su obsesión. Alfred Hitchcok (1899-1980), maestro del suspense, sufría debilidad por muchas de las actrices con las que trabajó en sus obras maestras; de Tippi Hedren (Los pájaros) a Kim Novak (Vértigo), pasando por Vera Miles, Doris Day, Ingrid Bergman, Janet Leigh y Grace Kelly. Su relación con ellas no fue sencilla. Abusaba de su autoridad en los rodajes para imponer su voluntad caprichosa, entreverada con un erotismo malsano. El gran biógrafo de las estrellas del Hollywood clásico Donald Spoto bucea en la vertiente más turbia del creador de Psicosis para revelar una de las conocidas facetas del cineasta británico que quizá no han sido lo suficientemente exploradas.

Yo, Fatty, de Jerry Stahl (Anagrama)

Recreación de la vida del actor Roscoe Fatty Arbuckle (1887-1933), astro del cine mudo caído en desgracia tras ser acusado de violar y asesinar a la joven Virginia Rappe. El jurado del caso lo absolvió por unanimidad pero la prensa no fue tan benevolente. Su carrera ascendente (llegó a ser el primer actor que cobraba un millón de dólares al año) se truncó inevitablemente y Fatty nunca volvió a ser quien fue. Tras recopilar todo tipo de documentación sobre la vida del intérprete y sobre el proceso judicial, Stahl narra la decadencia de la estrella desde el propio punto de vista de Arbuckle, que asiste impotente a su destrucción por parte de unos medios de comunicación sedientos de casos escabrosos.

Un gordo chivo expiatorio


CÓMIC
Will Eisner. El espíritu de una vida, de Bob Andelman (Norma)

Will Eisner (1917-2004) es el gran patriarca del cómic estadounidense, creador de la serie The Spirit, en los años cuarenta, con la que revolucionó la narración de la historieta (y que acaba de llevar al cine el historietista Frank Miller). Ya en los setenta firmó álbumes como Contrato con Dios que ganaron el prestigio para el noveno arte de forma definitiva. El periodista Bob Andelman, tras recoger cientos de conversaciones con Eisner, traza la vida de un inquieto joven judío de Nueva York que gracias a su talento para el dibujo (y su visión para los negocios, ya que siempre conservó los derechos de sus creaciones) influye en toda una generación de autores: de Jack Kirby, creador del universo Marvel junto a Stan Lee, al estandarte del underground Robert Crumb, pasando por el pulitzer de novela Michael Chabon, el dibujante Matt Groening (padre de Los Simpson) y el cineasta Steven Spielberg. El mejor acercamiento a la vida del Orson Welles del noveno arte.

Mil años de manga, de Brigitte Koyama-Richard (Electa)

La milenaria historia del manga (cómic japonés) se despliega en este estudio de Brigitte Koyama-Richard, profesora de literatura comparada en la Universidad Musashi de Tokio, que se remonta hasta las pinturas murales religiosas de finales del siglo VII en Japón (como las de los templos Shôsôin y el de Hôryûji) para situar los orígenes de la historieta nipona. Un milenio después llegaría el manga de Hokusai, del siglo XIX, y el florecimiento del siglo XX, con la llegada del patriarca del manga moderno, el ilustrador Osamu Tezuka (padre del fundacional Astroboy) y la propagación incontenible de tendencias, corrientes y subgéneros: mecha (robots pilotados por humanos), gekiga (similar al realismo sucio), shôjo (para chicas), etcétera. Un amplio recorrido por la trayectoria de las viñetas niponas y su conquista de Occidente.

Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons (Planeta de Agostini)

Justo cuando se acerca el estreno de la adaptación cinematográfica, este clásico del cómic se reedita en una volumen de lujo de gran formato. Ambientada en unos años ochenta de guerra fría al borde del Holocausto atómico, los vigilantes han sido prohibidos. Un grupo de ellos se ve obligado a regresar a la acción cuando alguien empieza a ejecutarlos uno a uno. La obra que crearon en 1986 el guionista Alan Moore y el dibujante Dave Gibbons refundó el concepto de superhéroe, abriendo en canal la psique del justiciero enmascarado. Una historia densa, con varios niveles de lectura, que suponen la aproximación definitiva (no superada hasta la fecha) a la esencia del individuo que se disfraza para tomarse la justicia por su mano.

Berlín. Ciudad de humo, de Jason Lutes (Astiberri)

La segunda entrega de la epopeya berlinesa del estadounidense Jason Lutes (Nueva Jersey, 1967) muestra una capital alemana durante el tumultuoso periodo de la República de Weimar, que asiste al ascenso imparable del partido nazi hacia el poder. La tensión cruza la ciudad: entre comunistas, socialistas y nazis, entre judíos y gentiles... Los protagonistas, Marthe Müller y el periodista Kurt Severing, entrevistan a los supervivientes de la masacre de la manifestación del 1º de mayo de 1929. La relación entre ambos, sin embargo, se deteriora al mismo tiempo que Berlín se desmorona. Exhaustivamente documentado, Lutes prosigue el retablo de la cambiante capital alemana durante el periodo de entreguerras iniciado con Berlín. Ciudad de piedras y muestra una urbe dominada por el fatalismo poco antes de su devastación durante la Segunda Guerra Mundial.

Articulo:
http://www.elpais.com 23/12/2008