dimanche 20 avril 2008

Gordon BOWKER/ Malcom LOWRY: una vida entre comillas


En unos días saldrá a las calles la biografía Perseguido por los demonios. Vida de Malcolm Lowy (FCE), de Gordon Bowker. Ya sabemos que el autor de Bajo el volcán construyó su leyenda a golpes de whisky, exilio y talento. ¿Pero sabemos acaso dónde terminaba su propio yo y comenzaba el de los otros? ¿Hasta qué punto su vida fue su mejor obra de arte?

Malcom Lowry: una vida entre comillas
Por Gordon Bowker

Tratar de seguir la vida de Malcolm Lowry es como internarse sin mapa en un laberinto de callejones perdidos, lejos de la civilización. El propio laberinto es un salón lleno de sombras y de espejos deformantes, rotos algunos de ellos. En la penumbra a veces logramos ver una figura con diferentes disfraces, que nos atrae como un fuego fatuo que apareciera primero en un lado y después en otro. La búsqueda se vuelve más confusa todavía por la intervención de otras, que van en dirección opuesta y ofrecen consejos contradictorios sobre el camino que debe tomarse. Danza alegre, a veces agotadora, pero siempre estimulante. No es de extrañar que uno de sus primeros críticos predijera que Lowry sería la desesperación de su biógrafo.

Lowry fue, sin duda, el inventor de la ficción más compleja y terminante de la época moderna, y su vida, en ocasiones, parece el invento ficticio más complejo y terminante de todos. Es muy probable que esto se pueda atribuir a su idea juvenil de que él de algún modo era diferente de sus contemporáneos, un hombre con un llamado, aparte de los demás, y predestinado al sufrimiento por virtud de sus extraordinarios dones de creador, con tal de producir gran literatura. Con miras a esta meta centró todo su esfuerzo imaginativo alrededor de sí mismo y se expuso a los peligros más extremos, tanto físicos como psicológicos, para poder decir algo original sobre la condición humana. Por tanto, los personajes principales de sus novelas y sus cuentos proceden siempre del propio Malcolm Lowry, disfrazado de una manera o de otra.

Así, no nos sorprende que la ficción tendiera a apoderarse del ser humano y a transformarlo en un mito. Suele ser difícil separar al Lowry real del Lowry mítico, ya que él mismo se esmeró en borrar la diferencia. Se creó un pasado romántico y, como el Viejo Marino, pareció tener la capacidad de convencer a todos sobre los que fijaba sus brillantes ojos azules de que las leyendas que tejía alrededor de sus experiencias eran verdaderas. De hecho, hay una nota de autoconvicción incluso en sus declaraciones más exageradas. Por ejemplo, cuando se refiere en Ultramarina a su héroe autobiográfico, Dana Hilliot, como a “un niño pequeño perseguido por las Furias”, se puede reconocer su sensación de haber sido elegido por dioses de su propia invención para recibir castigos crueles, tema recurrente en toda su poesía y en su ficción y que se confirmó por muchas experiencias dolorosas.

Tal vez nunca creció, y lo notable es que el pequeño, perseguido sin tregua por agentes del destino vengativo, sobreviviera hasta llegar cerca de los 48 años. En realidad, huyó de sus primeros años, tratando de refugiarse de sus terrores personales en el mundo imaginativo de la literatura romántica y en la condición irreal del olvido a través del alcohol. Empezó a beber a los 15 años, y a los 17 se escapó al mar, pero le fue imposible liberarse de lo que llamó “la tiranía del yo”. A los 24 se marchó al exilio, comenzando así un viaje que lo condujo a innumerables bares de mala muerte, a dos matrimonios inestables y a entrar y salir de cárceles e instituciones para enfermos mentales en tres continentes. Todo lo consignó. La huida incesante significó también un interminable camino de dolor y de placer donde las imágenes y las palabras sirvieron para transformar todo en arte por medio del lenguaje.

El dolor y el terror abarcaron muchos miedos dominantes: el miedo a las mujeres y a que lo rechazaran, al sexo y al peligro de contraer sífilis, el miedo a la autoridad y sobre todo a la policía, y a que lo espiaran, y el miedo a ser denunciado como plagiario. Algunas de sus imágenes más elocuentes para expresar estos dolorosos miedos surgen de otras obsesiones más intelectuales. Le obsesionaban la leyenda de Fausto, el cine expresionista alemán, los espejos y la magia, las ideas metafísicas sobre el tiempo y la naturaleza inventiva de la vida humana. Pero quizá su obsesión más dominante tomó la forma de una crisis de identidad de tales proporciones que, según Conrad Aiken, su mentor, su única manera de sentir que existía fue adoptar la identidad de otros escritores y vivir, en palabras de Aiken, “entre comillas”.

Esta sensación de carecer de identidad propia lo condujo sin duda a “apropiarse” de otros escritores: Melville, Conrad, Eugene O'Neill, Nordahl Grieg y más que nadie el propio Aiken. Pero llegó también a identificarse, en gran medida, con sus propios personajes, con Dana Hilliot de Ultramarina, con Bill Plantagenet de Lunar Caustic y sobre todo con Geoffrey Firmin de Bajo el volcán. Al crear estos personajes inventó Lowry para sí una serie de alter egos aparentemente condenados, como el Judío Errante, a vagar sin rumbo por territorios hostiles y desconocidos: por el interior lunático del pabellón psiquiátrico, por el paisaje infernal de México, por el Jardín del Edén del que su expulsión es inevitable. Y este elegido inframundo del yo se convierte, a su vez, en una prisión y un purgatorio del que no se puede escapar y donde queda condenado a morir. Es como si las confesiones que se arranca a sí mismo nos brindaran la poesía y la ficción que hoy son su epitafio. Es ésta la imagen que percibimos de él en Bajo el volcán, como si llegara desde la tumba, en una carta del cónsul Geoffrey Firmin a su esposa, descubierta un año después de su muerte: “Es así como a veces pienso en mí mismo, como un gran explorador que descubre un lugar extraordinario del que nunca puede regresar para darle al mundo su conocimiento; pero el nombre de ese lugar es infierno”. Esto representa a la vez el inframundo del poeta Orfeo, el mundo de pesadilla expresionista del doctor Caligari y la visión apocalíptica del condenado doctor Fausto. Se oyen también aquí ecos de los sombríos mundos ficticios y amenazantes de Kafka: los interiores desorientadores del imperio burocrático, donde el individuo se enfrenta solo a la atroz incertidumbre de los poderes arbitrarios.

La metáfora más fuerte de la vida que presenta la ficción de Lowry es la del recorrido por un mundo laberíntico de sombras amenazantes, de ilusiones peligrosas y de desastres impredecibles a los que está condenado el temerario viajero una vez que abandona su entorno y el camino seguro, recto y ortodoxo. Esta visión cobra mayor importancia por la obsesión de Lowry por el mar y por el título que eligió para la gran compilación de todas sus novelas: The Voyage that Never Ends. Parece decirnos que el destino del hombre moderno es viajar peligrosamente, sin llegar nunca a su destino.

Lowry, en la vida real, naturalmente, como muchos otros de su generación que llegaron a adultos a comienzos de los años treinta, intentó librarse del asfixiante mundo en el que nació, de posesión de propiedades de clase acomodada y moral victoriana cargada de culpa. Pero mientras otros escritores como Orwell, Spender y Auden se propusieron encontrar otra sociedad por medio de la acción política organizada, Lowry se embarcó, de manera solitaria y al parecer sin dirección, en la búsqueda de otra identidad en la literatura y a través de ella. En tanto que los rebeldes de la corriente principal, motivados e inspirados por una ideología, buscaban una sociedad que reflejara su imagen, Lowry, lobo solitario, motivado e inspirado por la poesía y el alcohol, buscaba un yo que verdaderamente lo reflejara.

La obsesión por el yo se refleja tanto en su vida como en su arte. Un viejo amigo de Lowry, el cuentista James Stern, recordó la gran fascinación que ejercían sobre él los espejos, y hay otros que dicen haberlo visto con la mirada fija en su propio reflejo. En Ultramarina, Dana Hilliot se muestra a veces más interesado en su propia actuación que en la de sus compañeros marinos: “Deposité el vaso ruidosamente, luego volví a cogerlo y miré tristemente mi propio reflejo. Narciso. Bollocky Bill el Marino… aspirante a escritor, arrancado mágicamente del huerto de las musas por Poseidón”. Pero Bollocky Bill fue sólo una de las muchas imágenes que creó de sí mismo. John Davenport, amigo de Lowry de la época de Cambridge, ha señalado la manera en que Lowry presentaba rostros diferentes a distintos grupos de amigos, y su traductora al francés, Clarisse Francillon, recordó el hábito de Lowry de mirar disimuladamente la reacción de los demás cuando se portaba escandalosamente.

De las muchas fotografías que existen de él, algunas captaron y congelaron sus poses: el poeta que toca el ukelele, el genio borracho aferrando su libro y su botella de ginebra, el tipo rudo con una enorme expansión de tórax, el payaso chaplinesco con los pantalones flojos, la víctima desvalida y sin remedio de un mundo cruel, el hippie precursor y el sabio visionario fundido con la naturaleza en su cabaña a la orilla del mar en la Columbia Británica. Hay, incluso, una fotografía donde aparece sosteniendo un espejo en el que se mira mientras lo retratan.

Su prosa también tiene una cualidad parecida al espejo, que no sólo refleja la vida, sino más bien presenta una vida que se refleja a sí misma junto con el mundo que la rodea. Para cuando escribió Bajo el volcán, su personalidad se había vuelto verdaderamente caleidoscópica, así como su prosa. “Si miras hacia abajo —escribió uno de sus primeros críticos— nunca verás el fondo, pero los reflejos son fascinantes”. Esta calidad insustancial, de cambio constante, que descompone y evade y que compartió con sus textos narrativos, es la que da mayor significado a su obsesión por el yo. La imagen que surge, resulta tan desdibujada que podría ser la de Cualquiera:

Me veo como toda la humanidad encarcelada
Me veo como toda la humanidad encarcelada
con manos tendidas hacia linternas en el océano
me veo como toda la humanidad en espejos
balbuciendo amor mientras el horror surge a su
espalda.


Algunos de sus críticos más sagaces consideran que la realización más profunda de Lowry es esta notable capacidad de proyectarse hacia el mundo y de dar después la vuelta, reflejando al mundo sobre sí mismo. El intenso tono irónico de su incesante escrutinio personal le permite expresarse con malicia en cuanto a la condición humana. Stephen Spender, en su análisis de Bajo el volcán, comenta el modo en que Lowry recoge el claro simbolismo de los conflictos políticos y sociales de las décadas de los treinta y de los cuarenta, para crear el mundo interior de su héroe, Geoffrey Firmin. Anthony Burgess llega todavía más lejos; traza un paralelo con el Fausto de Goethe y argumenta que el genio de Lowry está en su capacidad de transformar el sufrimiento de un alcohólico de los treinta en una parábola de significación universal.

Sin embargo, esta vida en el arte, cuyo reflejo se le devuelve en las reacciones de sus contemporáneos, con todas sus referencias trágicas y apocalípticas, jamás constituyó una historia persistente de tristeza y sufrimiento. A pesar de que él mismo creó de manera deliberada las condiciones de su destrucción, siempre tuvo plena conciencia de lo que hacía, y en toda su ficción, en su poesía y en sus cartas se escucha la nota recurrente de burla a sí mismo, la risilla disimulada que evita que su obra caiga en sentimentalismo y autocompasión. Éste es Lowry el narrador, el comentarista crítico que, al igual que el Hugh Person de Nabokov en Transparent Things, parece estar mirando siempre por encima del hombro para juzgar.

Así, hay dos versiones de la vida de Lowry, dos aspectos tan diferentes como complementarios. Hay un Malcolm en el País de las Maravillas, cargado de condenas y lleno de fantasmas, y otro Malcolm que se refleja en el Espejo Oscuro y Retorcido. Como Alicia, siempre tuvo a la mano alguna poción mágica (whisky, tequila o mezcal) con la cual podía transformar su entorno y su persona, convertir la suciedad y la desolación del manicomio en la visión de una ciudad lunática, hacer del paraíso infernal de México el escenario de la gran novela moderna sobre la lucha de la humanidad contra las fuerzas del mal.

Lowry mismo reconoció haber creado en gran medida los horrores y los terrores que lo inspiraron y que le permitieron asumir el papel de Cualquier hombre moderno, enfrascado en su lucha interna por la sobriedad y la cordura. Aunque cuando estaba todavía en Cambridge le informó despreocupado a su asesor, Hugh Sykes Davies, que estaba condenado, más tarde aprendió de Ortega y Gasset que todos somos novelistas y creamos la ficción de nuestra propia vida. Y hay muy pocos escritores cuya obra sea el centro de la vida, y en que la vida se entreteja de manera tan profunda y deliberada con la obra. Sus dos tiranos, a decir de Lowry, eran la pluma y la botella, pero nadie acogería a sus verdugos con más entusiasmo que él. Se dedicó a ambos, compulsivo y sin tregua. La pila de botellas que dejó tras de sí y el montón de manuscritos que produjo, atestiguan el arduo trabajo de su vicio principal y de su mayor virtud. Vivió y escribió sin cesar; abandonó manuscritos, los perdió, los recuperó y los reescribió. Tuvo una enorme renuencia a terminar cualquier cosa. Una vez puestas las palabras en el papel, dejaban de ser suyas, y al reescribirlas lograba poseerlas de nuevo. Del mismo modo, siempre estuvo reescribiendo su vida pasada, reinterpretándola, a la luz de Freud o de Jung, de la cábala o de la filosofía de Ortega y Gasset.

Al igual que el Lowry ficticio (el escritor mítico que él mismo creó), existió desde luego el de carne y hueso, que nació el 28 de julio de 1909, murió el 26 de junio de 1957, se casó dos veces, estuvo siempre estreñido, fue propenso a los accidentes, se autoexilió, sifilofóbico que llevó una vida marginal de alcohólico en Londres, París, Nueva York y México, y que pasó catorce años en la oscuridad de la Columbia Británica a expensas de su padre. Sin embargo, hay partes importantes de esa vida física que no se consignaron. Detestó a la sociedad con sus buenos modales, y su profundo sentimiento de marginación lo alejó mucho de la corriente principal de la vida literaria, donde hubieran podido observar y describir sus movimientos los amigos, los admiradores y los testigos críticos. Incluso estando casado se desaparecía durante días enteros en borracheras que después le era imposible recordar. Y quizá su muerte se encuentre más velada por el misterio que la de cualquier otro escritor inglés de su estatura. A pesar de todo, la vida física nos proporciona una estructura sinfónica en muchos movimientos, y el mito incongruente nos ofrece las variaciones sobre los múltiples temas que se distinguen: el exilio, la marginación, la búsqueda de identidad, el coqueteo faustiano con la condenación, la compulsión de cambiar el yo a través del alcohol y al mundo a través de la literatura.

A partir de este cambio constante de nuestra narrativa entre el hombre y el mito, entre la realidad y la leyenda de ida y de regreso, surgirá la historia con su significado. Tal vez el laberinto no revele sus secretos más recónditos, la sinfonía discordante podrá seguir confundiéndonos, pero el camino y la lucha por comprender nunca carecerán de fascinación.

Bowker. Autor de numerosos libros y ensayos, entre los cuales destaca Inside George Orwell.
Articulo:
http://www.eluniversal.com.mx – Confabulario 19/04/2008

Juan Carlos CONDE SAUNÉ/Poesía


Breviario del Ocelote
de Juan Carlos Conde Sauné
http://breviariodelocelote.blogspot.com/
E-mail: jccondesaune@gmail.com.ar

Juan Carlos Conde Sauné - Nací en la Ciudad Autónoma de B.A., Febrero 1938. Estudié en el "Instituto de Lenguas y Culturas" y en la "Alianza Francesa". Hice traducciones del francés para algunas revistas y libros de la Editorial Abril. Publicaciones: Antología de cuentos "Solos" -Editorial Goyanarte (1962).Antología de cuentos y poesías -Editorial Pórtico Azul (2004 y 2005)y Antología de cuentos -Editorial Parábola (2006). Integré la revista literaria "Cero" ,donde aparece mi cuento "Tríade" que fuera muy elogiado por Julio Cortázar (1964). También estuve en la revista cultural "Rumbo" (1965). En 1990 colaboré en el programa "Metro jazz club" por Radio Municipal (hoy de la Ciudad). Entre 1991/93 conduje por la FM Imperio de Avellaneda el programa de jazz "Vuelo ascendente". También en 2005, mi cuento "Descripción de una tarde de otoño" logró el 3er.premio en un concurso literario de la Fundación Travesía", publicándolo en su página web.

En este blog voy alternando, lo anterior inédito y lo que voy creando. Secciones de mi blog: Breviario/Todo poesía/Aquí relatos/Cronopiando/Joyas en mi arcón

E-mail : jccondesaune@gmail.com.ar


Poema Nº 8 ( Cuaderno I )
Por J. C. Conde Sauné

En la sutil singladura de la tarde,
Robert Schumann se me aparece.
Trae sus partituras debajo del brazo,
las extiende, mira hacia ambos lados
y levantando la cabeza
da comienzo a su concierto.
Sus manos dibujan en el aire,
pequeños scherzos
de reminiscencias olvidadas.
En el desliz acústico
de tanto sonido vano,
que hoy nos taladran los oídos,
sus sueños hechos a la tibieza
de lejanos paraísos perdidos,
me hacen feliz, si por feliz se entiende,
acariciar los acordes pausados
del crepúsculo o de doblar,
cuidadosamente, las notas del maestro
hasta el próximo concierto.


Poema Nº 47 ( Cuaderno I )
MIDI
Por J. C. Conde Sauné

En los aros del mediodía
rumbeaban voces;
el patrón solar comía sombras
sobre un mantel de cúmulo.


Poema Nº 50 ( Cuaderno I )
CRISTO (SEGÚN DALÍ)
Por J. C. Conde Sauné

Crucificado en el espacio,
fuera de los tic-tac del tiempo,
cuelga del estallido de un trueno.
Emerge de una tierra irredimible.
Volcánica de sombras.
Fantástica en su nada.


Poema Nº 61 ( Cuaderno I )
(Al Manquito)
Por J. C. Conde Sauné


se buscó hacia atrás
en la infancia de inútil miseria.

correteando en los paredones
con ratas
se palpó el corazón agrandado
de vibrar hambre.

su mano gira todavía
en las ruedas de los trenes
(cinco petardos sin sangre)

"oiga me da una moneda"
creció varios años
con lo hostil
como pan
de cada día.

sin letras
le remataron
una vida.


Poema Nº 3 ( Cuaderno II )
LOCA BOHEMIA
Por J. C. Conde Sauné


Anduvimos en la miseria espontánea,
robando murmullos a los silencios.
Regresamos, hoy lo dice tu mueca,
y jugamos las tardes borroneadas.

Mudamos, ésta, tu cara
por aquélla: la fuga neutra;
el espejo ha cambiado
su plateado contorno,
el andamiaje joven.

Somos sólo ese espejo,
un tango mal cantado,
labios que huyen lo perdido.


Poema Nº 4 ( Cuaderno IV )
Por J. C. Conde Sauné

Noche: milagro viviente
de eternas estrellas.
Vuelve tu silencio tan
hecho de ternura.
Recorre tus largos campos oníricos,
la mansedumbre de tu lento brincar.
He merecido tu navegar
de lunas por mis ojos,
tu rocío de pana salvaje,
tu aletear esperando mis ausencias.


Poema Nº 15 ( Cuaderno IV )
Por J. C. Conde Sauné

Deambulando de madrugada,
se cristaliza el aire.
Algún sueño parturiento
viene de siglos anteriores.
Todo huele a misterio,
a suicidio sin lejanía.
Como un solitario recién nacido
voy penetrando en la aurora.


Poema Nº 20 ( Cuaderno IV )
Por J. C. Conde Sauné


Creemos
que en una tarde,
como esta,
murió César Vallejo,
acribillado
por gotas de agua
melancólica...

Abril 1970


Poema Nº 28 ( Cuaderno IV )
Por J. C. Conde Sauné

a través de la semipenumbra
el cielo se achica
hay un concierto de acero
en los durmientes
el rápido de las dos
de la mañana
se acerca

sentado en el molinete
miro el río
su rumor no alcanza
mi caparazón
está lejos su brillante
agua sucia

sólo cuenta en mis sentidos
el cimbrar de los rieles
abriendo sus brazos en
un dejo de suicidio.


Poema Nº 57 ( Cuaderno IV )
Por J. C. Conde Sauné

tiempo:
retirada infalible
imán inapelable

.

Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/

Miguel Á. VILLENA/ Una biografía descubre las claves del genio poético de CERNUDA


Una biografía descubre las claves del genio poético de Cernuda
Por Miguel Á. VILLENA

"La poesía de Luis Cernuda es la que mejor ha envejecido entre los autores de la generación del 27. Su poesía amorosa, por ejemplo, ha demostrado con el paso del tiempo un carácter universal". Estas afirmaciones del escritor y traductor Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) están avaladas por más de una década de estudio de la vida y la obra de Luis Cernuda (Sevilla, 1902-México, 1963) y por el XX premio Comillas de biografía que otorga Tusquets y acaba de publicarse.

A juicio del autor de Luis Cernuda. Años españoles, tres claves explican la grandeza y el talento poético del escritor sevillano. "Está claro", comenta Rivero, "que su condición homosexual, el compromiso social y político con la República y una entrega sin límites a la poesía definen a Cernuda. Sin aspavientos, el poeta no ocultó su homosexualidad y convirtió a los hombres en sus objetos amorosos. En segundo lugar, su implicación con la causa republicana lo llevó a rechazar los valores conservadores de su familia y a acercarse a una España humilde y oprimida. Ahí está su entusiasta participación en las misiones pedagógicas para demostrarlo. Ahora bien, por encima de todo Cernuda se volcó en una poesía moral, meditativa e intimista que procura hablar a los lectores de uno en uno".

Rivero ha preferido dividir su biografía de Cernuda en dos libros porque considera que en 1938, cuando el poeta sevillano marcha al exilio, se puede establecer un ecuador. Tras la guerra, Cernuda viviría y trabajaría en Inglaterra y en Estados Unidos, donde se impregnaría de la tradición literaria anglosajona. En 1963 murió en México uno de los poetas españoles que se siguen leyendo de generación tras generación.

***
REPORTAJE
Cernuda, o el sentido moral de la poesía

Tras décadas de investigación sale a la venta el primer volumen de la biografía canónica del poeta andaluz Luis Cernuda, además de ser uno de los poetas más importantes del siglo XX, "dotó de sentido moral a la poesía y la hizo insobornable". Esta es una de las conclusiones que que extrae Antonio Rivero Taravillo, tras décadas investigación, y que ahora ha plasmado en "Luis Cernuda. Años españoles 1902-1938". Un libro con el que obtuvo el pasado mes de setiembre el premio Comillas, que ya está en la calle editado por Tusquest, y que constituye el primer tomo de la biografía "canónica" del gran poeta sevillano de la generación del 27.

Escritor, traductor y también sevillano, Rivero Taravillo (1963) ha explicado hoy a Efe, que su fascinación por Cernuda le viene de tiempos de adolescencia. "Me interesó de él, su soledad y autenticidad, su personalidad enigmática, su hermetismo y ese deseo que tenía, desde jovencito, de salir de Sevilla porque se sentía asfixiado". Y así, tras una un "rastreo documental y la ordenación rigurosa de varios aspectos de su vida", Taravillo ha creado la biografía de Cernuda "más completa hasta la fecha", según el jurado del premio y la editorial Tusquest, que publicará también el futuro segundo tomo, que abordará todo el exilio de poeta, desde 1938, hasta su muerte en México, tras pasar por Inglaterra y Estados Unidos, en 1963.

La infancia del autor de "La realidad y el deseo", sus amistades, el entorno escolar y la figura de su padre, un militar que estuvo destinado en las islas Baleares durante años, y "cuya ausencia constante y su severidad marcaron al escritor, al igual que su entorno avasalladoramente femenino", precisa Rivero Taravillo, ocupan buena parte de las páginas de este libro. "Yo me atrevería a decir, sin querer meterme a psicoanalista, que esta ausencia constante del padre tienen mucho que ver con la opción sexual del poeta", precisa el biógrafo." Pero otro de los aspectos que Taravillo aborda en este libro es el deseo constante del autor de "Los placeres prohibidos" de salir de Sevilla.


"Harto de Sevilla"

"Cernuda quedó harto de Sevilla, quería venir a Madrid, ser diplomático y viajar. Y así, en estas páginas el poeta deja escrito: "una constante de mi vida ha sido actuar por reacción contar el medio donde me hallaba. Eso me ayudó a escapar al peligro de lo provinciano...", dice. Unido a la generación del 27, aunque siempre "conservando su mascara", Cernuda fue gran amigo de Lorca, y no se llevó mal con Alberti, quien dijo de él que era "el cristal capaz en un instante de romperse", ni con Damaso Alonso, Guillen o Salinas, que escribió de él que era "difícil de conocer. Delicado. Pudorosísimo, guardándose su intimidad para él solo, y para las abejas de su poesía que van y vienen trajinando allí dentro".

Pero para Taravillo, "al margen de que sus poemas fueran dirigidos mayormente al genero masculino", Cernuda es el poeta "romántico por excelencia porque es el que mejor escribió sobre el amor, el deseo, la soledad y el sufrimiento. Transcendía toda la realidad, era sublime".

Y aunque este biógrafo se atreve a "predecir, con todas las reservas", que Cernuda hoy estaría mas contento y adaptado a la moderna sociedad española "seguramente tendríamos un hombre con más bienestar interno pero peor poeta, porque -recuerda-, el poeta sevillano era elegíaco y su grandeza era siempre sublimar ese sentimiento de pérdida y soledad", concluye.

Articulo:
http://www.elpais.com 16/04/2008

SECH/Cuento: Doña Mati de Bartolomé PONCE CASTILLO


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
Fonos (56-51) 227275 (56-51) 243198
Celular 90157729
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La Serena – Chile



Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=SECH

Cuento:
Doña Mati*
por Bartolomé Ponce Castillo

La destartalada "volanda" no rodaba, volaba sobre los brillantes rieles empotrados en la primera corteza de la pampa; buscaba, con su vertiginoso traqueteo, alcanzar la vieja estación ferroviaria de Pueblo Hundido.
-¡Frénale un poquito, gringo 'e moleera, mira que no son na animales los que llevai aquí arriba...!

Alfredo Araya, un fornido arriero-campesino botado a trabajador pampino, le punzaba las costillas, con un revolver, a un rubio gigantesco quien conducía el pequeño vehículo ferroviario.
-¡Tacatac, tacatac, tacatac...!

El sonido monocorde de las ruedas al tocar las junturas de los rieles, estaba acunando el cansado letargo en que se había sumido doña Mati. El viento del desierto empujaba sus trenzas diaguitas hacia el norte y acariciándole el moreno rostro, le traía los recuerdos de aquella última jornada en la naciente estación de Altamira, ubicada en el mismísimo corazón de aquel reseco territorio.

El rudo capataz, guardaespaldas del no menos violento mister Harry, la había sacado a empellones, de la miserable pieza que habitaba en la parte posterior de un inmenso barracón, sitio donde) funcionaba "la cantina". En aquel improvisado comedor ella alimentaba a una cincuentena de obreros quienes, trabajando para el desalmado gringo, colocaban durmientes y clavaban rieles dándole vida al naciente Ferrocarril del Norte.
-¡Tacatac, tacatac, tacatac...!

Los postes del telégrafo se desplazaban a gran velocidad, siguiendo el trazado de la acerada vía. Le parecía, a Matilde Castillo, verlos correr en perfecta fila india, frente a sus ojos y a la volanda detenida en el medio de la pampa, semejando chasquis quienes, con sus quipos parlantes, llevaban las noticias hacia el norte.
-¡Te lo dije, tírale un poco más las riendas a este caballito..., ahora soy yo el que está mandando...!

Alfredo Araya tenía totalmente controlada la situación y se hacía obedecer apoyando el revolver, esta vez, sobre la nuca del improvisado maquinista.

Doña Mati, ensimismada, perdía su mirada en el paisaje agreste y reseco de los cerros colorados. Después de permanecer largas e inquietantes horas sentada sobre una pila de durmientes, a todo sol, sin comer ni tomar agua, el viaje le parecía la culminación de un sueño casi imposible de realizar, en medio de la vorágine de acontecimientos ocurridos durante aquellas inacabables últimas horas.
-Y..., ¿cómo te jue, Alfredo...?

Araya se acercaba al sitio donde ella lo estaba esperando, a la vera de la vía ferroviaria; en su rostro se hacía carne la impotencia.
-¡Harto mal me jue poh..., el gringo crestón no nos quiere pagar..., no hay como cobrarle..., tiene el revolver sobre la mesa y metido entre las tablas, ese tremendo cuchillo...; pa'más peor, ese carajo del Rufino no se despega de su lao...!
-¡Tacatac, tacatac, tacatac...!

Tres meses de salario les adeudaba el gringo Harry. Alfredo se había descrestado clavando rieles, cuero pelado, desafiando los voraces rayos del inclemente sol pampino; ella las había oficiado de "cantinera"... Era un trabajo harto duro dar de comer a esos hambrientos trabajadores.
-¿Qué vamos a hacer ahora, viejito...?

Alfredo Araya la miró, desconsolado. El era un roto corajudo, jamás se había dejado pisotear por ningún desconsiderado patrón pero, a pesar de su valor a toda prueba, nada podía hacer frente a esos dos ladrones bien armados.

Doña Mati tenía sangre aborigen. De su abuela Peta había heredado la altivez de sus ancestros, quizás por eso, después de un breve instante de silencio, se acercó a su hombre y le propuso un arriesgado e inteligente plan:
-¡Mírame, Alfredo, escucha bien esto: ahora voy a entrar yo a ese barracón... Seguramente, por ser mujer, no me van a hacer mucho caso... Cuando me veai cerca de la mesa, entrai tú haciendo toda la alaraca que podai...!

La pequeña Matilde Castillo, simulando un sometimiento totalmente ajeno a su sentir, abrió la gruesa puerta de la barraca-oficina y con los ojos fijos en el piso de tierra, avanzó hasta donde estaba su patrón; iba dispuesta a recuperar su dinero y el de su marido.
-¡Con su permiso mister Harry…, discúlpeme...!

Mientras musitaba palabras inconexas, se acercó a la mesa donde los embrutecidos jefes estaban bebiéndose una chuica de vino.
-¡Ahora tú..., ya le dije a tu hombre no haber mes money..., okey...! -el gringo movía los brazos como aspas de molino.

Doña Mati, encorvándose un poco para poder capear la avalancha de palabras que se le venía encima, siguió acercándose hasta rozar el tosco mesón donde se acodaban aquellos dos bandidos.
-¡Yo no lo quiero molestar, mister, pero...!

Ahí estaba el revolver, al alcance de su mano, pero éste era acariciado por los velludos dedos del malvado gringo, mientras el Rufino jugueteaba con el pesado cuchillo carnicero.
-Si a todos les pagó..., ¿por qué no a nosotros...?
-¡Ya dije..., no haber más plata..., oyiste India...!

Mister Harry, en un exceso de confianza ante la insignificante presencia de aquella mujercita, dejó de acariciar el acerado pistolón; en ese mismo instante, en una acción perfectamente calculada, abriendo la puerta de un violento puntapié, entró Alfredo Araya quien, agitando un descomunal garrote, hizo el amago de abalanzarse sobre ellos. Ante la inesperada entrada de su enfurecido trabajador, el gringo terminó por perder de vista su revólver, esa era la fracción de segundo anhelada por doña Mati para culminar, con éxito, su arriesgado plan; de un manotón, mejor dicho, de un felino zarpazo agarró el revólver por el cañón y se lo arrojó a su marido...
-¡ Ahora yo mando, ño Harry...! -Araya había peloteado el arma, en el aire, y la apuntaba al corazón del estupefacto gringo.

En aquella solitaria escena de la vida, los dominadores habían pasado a ser los dominados. Doña Mati, en el último movimiento de su genial actuación, se abalanzó sobre el cuchillo y empujándolo contra las tablas en donde se encontraba envainado, le quebró la hoja mientras exigía a viva voz:
-¡Ahora mismo nos vai a pagar re'too lo que nos debí...!

Estaba feliz de haber logrado su objetivo pues, desde ese mismo instante, se comenzaba a hacer justicia.
-¡Y tenis que ir a dejarnos a Pueblo...! -agregó, Alfredo Araya-.

Vaciando sus bolsillos, sacando algunos billetes de un cajón y quitándole todo el dinero al amurrado capataz, mister Harry logró juntar el total requerido para pagarle los tres meses de sueldo a aquel indomable matrimonio.
-¡Tacatac, tacatac, tacatac...!

El pequeño vehículo ferroviario estaba entrando a Pueblo Hundido. Cuando Araya terminó de bajar el equipaje, doña Mati, quien se había quedado vigilando al gringo, saltó a tierra y afirmando el revólver sobre uno de los rieles, lo golpeó con un freno del ferrocarril, reiteradamente, hasta dejarlo totalmente Inservible; después, con gesto desafiante, se acercó a la volanda y tirándole los inútiles trozos de metal al derrotado gringo, le gritó al momento de darle la espalda para ir a reunirse con su Alfredo:
-¡Mejor te compra! uno nuevo y..., nunca más lo usí pa'robarle la plata a tus trabajaores…!

*del Libro “Calle Arriba”

Ilustracion: Cogniet


SECH/Cuento: La oscuridad y la luz de Diego MUÑOZ VALENZUELA


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
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Sobre Azul@rte:
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Cuento:
La oscuridad y la luz*
por Diego Muñoz Valenzuela

Hállase en la oscuridad sin haber tenido jamás conciencia de ella, pues desconoce la luz desde siempre. La oscuridad no existe para él porque es el medio donde ha nacido y crecido. Tampoco la soledad es una noción que pudiese establecer, ya que ignora la posibilidad de la compañía. Talvez mitigan su abandono aquellas confusas ideas que se agolpan revoloteando en su mente sin más sometimiento que el de hostigarse y contradecirse entre sí en un combate perenne, infinito. Es una suerte de diálogo y, por ende, de compañía. Daña quizás su espíritu aquella permanente batalla interior, pero al mismo tiempo cura su alma de la subliminal conciencia de la unicidad y el aislamiento. De hecho carece de ideas precisas respecto de cualquier aspecto o fracción de su universo que se le pudiese cuestionar. Sus conceptos están formados por muchas nociones difusas, incluso contrapuestas. Uti1izarlos es como liberar una bandada de aves ciegas y desesperadas. Pero la precisión no es parte de su mundo, al menos como nosotros solemos concebirla. Ese coro de voces que domina su ser no lo lleva a la destrucción ni a la zozobra sino que -al revés-es la clave de su subsistencia. A veces juega a denominar aquellas voces diversas dándoles cierta existencia, dotándolas de objetivos, de ciertas convicciones coherentes. Naturalmente esas existencias pronto alcanzan su destrucción, cuando el juego las pone frente a alguna condición donde es imposible su desenvolvimiento. Ni siquiera una alteración de su sistema constitutivo de ideas puede salvarlas: en general no perciben el momento ni la causa de su final, se extinguen con la inocencia y fragilidad de una llama soplada. Algunas de ellas, muy pocas, sirven como base de juegos posteriores, pero esto no aminora las consecuencias del exterminio indoloro que podría ser es el sentido del juego. La desaparición de aquellas existencias posibilita la aparición de otras nuevas, distintas. Y su serse nutre de aquella recreación constante, de la futilidad de aquellos sistemas, más allá de los éxitos o fracasos que pudieran atribuírseles a lo largo de sus vidas que sólo poseen sentido dentro del juego. En repetidas oportunidades ha procurado dotar a las existencias de sistemas de creencias más amplios - a su semejanza - sin lograr más que mesianismo o intrascendencia total. Siempre hay millones de ideas que permanecen fuera de sus invenciones, y ésta es la razón de su extinción inevitable.

La amplitud de sus creaturas puede ser sistemática, dotada de claros objetivos y nítidas convicciones. Esto conduce a sistemas voluntariosos, intransigentes, incapaces de adaptarse a cambios fundamentales o de aceptar conceptos que no forman parte de sus propias estructuras. En otros casos, las existencias contienen ideas casi al borde de la oposición excluyente; esto disminuye su solidez y su capacidad de accionar para transformar su entorno. Aumentan, eso sí, sus posibilidades de supervivencia al acomodarse a las condiciones cambiantes. Sin embargo, suele ocurrir, en virtud de las leyes del juego, que una situación involucra dos principios opuestos, de modo que el sistema debe definirse por uno de ellos. Si la existencia contiene a ambos, se extingue en la niebla de la indefinición. Si simplemente desconoce uno de los polos, puede perecer al escoger el conocido, sin alcanzara comprender su error, más aún, sin siquiera llegara inferir que había hecho una elección. También pueden apagarse por la obra de otro sistema mesiánico. De este modo su mente puede ser descrita en términos de una galaxia en forma de espiral vertiginosa, donde los astros resplandecen para morir al instante siguiente en una dimensión de tiempo próxima a la eternidad. Sólo que aquella galaxia debe considerarse como un único ser solitario y ajeno a la noción de luz, etéreo, incomprensible, lejano a las más sofisticadas concepciones, más allá de las posibilidades del lenguaje.

La oscuridad, la carencia de cuerpos cercanos que poder tactar, la falta de necesidad de actividad física, aquella extraña forma de alimentarse a partir de sus juegos, lo lleva a una especie de incorporeidad que es más bien ausencia total del concepto de espacio y de materia. Podría definirse a sí mismo como una nube de dimensiones inconmensurables, un plasma ocupando todo el volumen existente. Sin embargo, ese retrato requeriría que aceptase no sólo la noción de nube, sino también la de espacio. Y ya sabemos que el espacio es un concepto de escaso valor para él. Pudiera acaso definirse también como un punto infinitamente pequeño, carente de dimensiones, donde estuviese concentrado ese ilimitado poder de imaginar, enfrentar, destruir, crear. Ambas imágenes, las de punto y universo, son absurdas para concebirlo, puesto que él las desconoce, así como a la luz. Si algo es ajeno a la luz, no se le puede definir en función de ella; tampoco se le puede definir en función de la oscuridad. Ni siquiera puede decirse que viva o conozca una u otra experiencia; incluso puede contener a ambas sin saberlo, sin darle importancia, porque en realidad para él carecen de sentido. Es decir, la noción no es exterior, sino solamente ajena, carente de importancia, porque forma parte elemental y tautológica de sí mismo. Quizás valga la pena aclarar que, talvez, entonces no estaba solo ni hundido en la oscuridad, sino inundado de luz y pleno de contacto con miríadas de seres finitos productos de su juego. Pero esta imagen sería tan incorrecta como la primera visión de oscura soledad.

Tan difusa y tan errónea como la aproximación de su anatomía a un reducido punto casi desprovisto de existencia o a una nube concebida como totalidad desmesurada e inconcebible. La solución tampoco parece ubicarse en un punto intermedio que compatibilice los dos polos, puesto que ese eclecticismo no define nada, se aproxima más bien a la idea de esas amorfas fichas de su juego sometidas a la duda y condenadas de manera inexorable a la nulidad. Es posible que nos hagan falta otros polos que posibiliten una explicación cierta; una tercera alternativa a la disyunción punto-universo, luz- oscuridad, soledad-compañía. ¿Pero qué pudiera ser ajeno a la progresión entre punto y universo? ¿Qué ser podría ser ajeno a la noción de tamaño? El. Tan ajeno como el punto. O el universo. Quizás ambos polos signifiquen lo mismo, a fin de cuentas. Una noción no existe sin la definición de su contrario; hay una íntima ligazón entre lo que algo y lo que no es. No ser es ser, y viceversa. Para describirlo a él, sirve tanto la idea de oscuridad como la de luz, siempre que se entienda que ambas nociones le son ajenas (no exteriores) y que la simultaneidad es lo que más se aproxima a su definición, a falta de un tercer polo que para nosotros no existe, pero cuya existencia podemos llegar a establecer por la vía de la intuición. El es la soledad y la compañía a la vez, pero no lo sabe, ni le interesa saberlo, ni tiene sentido siquiera pensar que pudiera saberlo alguna vez, porque todo forma parte de él. El no necesita saber: él es, él lo contiene a todo. Su sabiduría y su pensamiento son actos que residen en una dimensión diferente a la nuestra, fuera del alcance de nuestra imaginación. Y los polos no son más que una sola noción presentada engañosamente como una dicotomía descriptora del mundo, un pobre remedo de su forma de conciencia que todo lo incluye y todo lo contiene. Una falsa dicotomía que deja fuera opciones y oculta la unidimensionalidad, así como las empleadas por las precarias piezas de su juego interminable. Y la posibilidad de comprenderlo en base al hipotético tercer polo desaparece en cuanto la mencionamos, porque deja fuera miles, millones de opciones que jamás conoceremos. Porque él vive el luminoso abandono de su sueño incorpóreo, la oscura compañía de su juego interior, la infinitud de sus existencias condenadas a la destrucción y a la vida, el diálogo con la eternidad carente de dimensiones. Porque él siempre será aquella noción que escapa al entendimiento, la opción irreductible a palabras, la difusa existencia que escapa como agua o arena o tiempo entre los dedos de nadie.

* del libro “Lugares Secretos”

Nuria AZANCOT/ Editores en crisis

Editores en crisis
Por Nuria AZANCOT

A pesar de haber sido testigos de tantos años de crisis editorial, ahora que la burbuja inmobiliaria ha reventado y sus efectos comienzan a sentirse en todos los ámbitos de la vida, son ellos, los editores, los primeros y más sorprendidos. El Cultural quiere conocer hoy, de boca de sus protagonistas, responsables de 10 sellos de muy distintos presupuestos, dimensiones y ambición, si están sintiendo los efectos de la recesión y qué medidas van a tomar. Si, por ejemplo, disminuirá el número de novedades o las tiradas, o si piensan continuar esa carrera hacia adelante que hizo que el año pasado superásemos las 70.000 novedades. Jorge Herralde (Anagrama), Gregori Dolz (El Andén); Pepo Paz (Bartleby); Javier Fernández (Berenice); Ymelda Navajo (La Esfera); Ana Rosa Semprún (Espasa); Pote Huerta (Lengua de Trapo); Carmen Fernández de Blas (MR); Carlos Reves (Planeta) y Santiago Tobón (Sexto Piso) tienen la palabra.

En un negocio como el editorial en el que imaginación y talento se combinan a menudo con presupuestos millonarios y bastante vanidad, no resulta sencillo que un editor reconozca abiertamente que el panorama pinta mal. Esta vez, sin embargo, son mayoría los editores consultados que reconocen abiertamente el problema. Así, Pote Huerta (Lengua de Trapo), admite que "está afectando de manera considerable; el libro es muy sensible a la crisis: se abandona pronto, al entenderse como un bien de ocio. Paradójicamente, resulta más económico quedarse en casa leyendo un buen libro que salir a tomar algo". A fin de cuentas, apostilla Gregori Dolz (El Andén), "el sector editorial sufre por el menor poder adquisitivo de los ciudadanos, la gente ahora se lo piensa dos veces a la hora de gastarse 20 euros en un libro".


Bien de consumo no primario

Ymelda Navajo (La Esfera de los Libros) da un paso más, descubriendo otro factor clave: "Yo creo -dice- que la crisis puede afectar de manera importante al sector, igual que ha ocurrido en otras ocasiones. Por un lado, a las pequeñas librerías y, por otro, al descenso de las ventas en general. Bajarán las ventas medias y habrá más devoluciones".

A fin de cuentas, remata Carmen Fernández de Blas (Martínez Roca), "las crisis siempre afectan al sector editorial porque el libro es un bien de consumo no primario y por tanto es en lo primero que se ahorra. De todas formas creo que es un sector acostumbrado a las crisis y que lleva años en una tendencia que se acentuara más con la crisis y es que se venden más determinados libros y se venden mucho menos todos los demás. Si no tienen ninguno en los que se venden más las medias bajan y por tanto te afecta".

Otros, como Santiago Tobón (Sexto Piso) reconocen que aún no saben cómo va a afectar al libro, aunque "lo obvio es que en medio de una crisis económica se reduzca el consumo de productos que no son esenciales, y ahí entran los libros para casi todo el mundo. El sector editorial se dice en crisis desde hace mucho tiempo y eso hace también que ya no sepamos interpretar la situación."

Nada que ver, claro, con la claridad de ideas del último mohicano del mundo del libro, Jorge Herralde, que adelanta su previsión: "Sin duda afectará, pero nada que ver con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, particularmente insensata. Aunque todo diagnóstico es provisional, ante las incertidumbres económicas actuales: una ecuación con demasiadas incógnitas. Pero es evidente que la orgía de novedades, ocupando y desbordando todos los nichos (desde la literatura más sofisticada y exigente al bestseller más desacomplejado), tendrá un castigo y no sólo para los más imprudentes".


Un sector estancado

A fin de cuentas, señala Javier Fernández (Berenice), el sector "ya de por sí se encuentra estancado en los últimos tiempos. Aunque quizá sí se esté notando una mayor precaución por parte de los libreros a la hora de realizar sus compras, no sé si como resultado de la crisis global o de la enésima crisis del sector. Las tendencias sectoriales como la concentración o la desaparición del fondo o de los negocios más tradicionales, por poner algunos ejemplos, nos llevan acompañando desde mucho antes de la crisis económica".

Otra cuestión son las consecuencias concretas. Pepo Paz (Bartelby) constata "en el mercado de la edición de poesía la dificultad para acceder a las grandes superficies con nuestros libros, la casi inexistencia de reposiciones y una marginalización creciente de la poesía en los pocos espacios de venta a los que llega. Todo eso se traduce en un descenso de las ventas de muchos de los títulos editados. Pero no es algo aparentemente vinculado con una crisis del consumo".

Quizá porque, como decía el clásico, los hombres tienden a creer aquello que les conviene, Carlos Revés (Planeta) niega la mayor... a medias: "Venimos -explica- de un primer trimestre en el que ha habido algunos títulos que han vendido como nunca antes y, en cambio,otros han obtenido resultados tal vez menores de los inicialmente previstos. En cualquier caso, lo que se produce son las confirmaciones de tendencias ya apuntadas tiempo atrás, cuando, por cierto, las perspectivas económicas no eran ni de lejos las que hoy manejamos, es decir, un crecimiento lento, casi vegetativo del número de lectores global, pero, en paralelo, un creciimiento exponencial de la venta de algunos títulos". Aún más optimista es Ana Rosa Semprún (Espasa), que destaca el periodo de crecimiento y de ampliación a nuevas áreas editoriales de su sello.

Pote Huerta, por su parte, apunta que "en las editoriales pequeñas, donde la horquilla de ventas es más estrecha, es posible que el descenso de ventas no sea tan pronunciado. O quizá podría decirse que los lectores de los sellos independientes son más fieles".


Medidas de urgencia

Quizá porque son cientos las editoriales que a lo largo de la historia se vieron obligadas a cerrar tras confiar ciegamente en esa supuesta fidelidad, los editores estudian las medidas de urgencia a adoptar, que van desde "una reducción drástica de novedades a publicar anualmente. Sin embargo, este cambio de estrategia responde más a la estrategia del nuevo equipo editorial de El Andén que a una respuesta a la crisis económica" (Dolz) A "disminuir las tiradas y el número de novedades a medio plazo. De hecho, creemos que este sería un buen momento para que todos los editores realizaran ese esfuerzo por la situación evidente de saturación del mercado, denunciada por muchos de los agentes del sector. Nuestros libreros seguro que lo agradecerían, y quizá también los propios lectores" (Pote Huerta). También se apuesta por "editar títulos más atractivos para los lectores e invertir más en marketing, aunque parezca una paradoja" (Ymelda Navajo) y "ajustar el número de novedades y en cuanto a las tiradas intentamos ser prudentes porque la devolución es el peor mal del sector y con la crisis puede agravarse aún más" (Fernández de Blas).

Otros, en cambio, justifican la huida hacia adelante, entre otras razones porque, según Reves, todas las editoriales del Grupo Planeta trabajan con un diseño que, a grandes trazos, fue ya efectuado en septiembre del año pasado por lo que respecta a los respectivos planes editoriales para 2008. "Ni la decisión de publicar unos determinados títulos ni su correspondiente previsión de tirada están hechos en primera instancia en función de la existencia o no de una bonanza económica, sino en razón de parámetros como nichos de mercado, tipología y gustos lectores, bondad literaria y similares. Lo que sí es preciso extremar, en cambio, son aspectos como el de la absorción, es decir el ratio que mide la relación entre el número de ejemplares impresos finalmente y la venta real. Los peores períodos en el sector editorial, siempre empiezan con la saturación de los almacenes". (Reves). También Anagrama seguira "con la misma velocidad de crucero de los últimos años. Y como siempre haremos las tiradas de acuerdo con las previsiones de ventas (y con los inevitables desajustes). Si se produce una contracción significativa de ventas en España, puede quedar compensada con las exportaciones a América Latina, cada vez más consolidadas e in crescendo, pese a la subida del euro"


¿Y el Estado?

Si por el momento aún no existe una respuesta solidaria del sector, sí coinciden en las medidas que el gobierno y las distintas autonomías deberían adoptar. A fin de cuentas, y como destaca Herralde, se trata de "lo de siempre, es decir lo que se hace de forma insuficiente: apoyo al fomento de la lectura, medidas fiscales para las librerías".

Carlos Revés apunta que "desde un punto de vista más estructural, creo que queda pendiente conseguir que en todas las etapas de la educación, y en especial entre los más pequeños, la lectura se asimile a un acto lúdico y no a imposiciones y perspectivas de obligación y aburrimiento". También Pepo Paz añade otras propuestas: "una política más activa de adquisiciones para las bibliotecas públicas, que la dotación de bibliotecas se haga través del sector de librerías, aunque el acuerdo marco entre gobiernos central y autónomicos no se está cumpliendo en todo el Estado. Y, por supuesto, todos los esfuerzos que se hagan para fomentar la lectura, en especial en los niveles educativos, nunca serán suficientes". Y, por su parte, Ana Rosa Semprún apuesta por "una mayor presencia de los libros en los medios de comunicación públicos sería de gran ayuda".


Peticiones para el Día del Libro

Mientras llegan esas soluciones públicas y privadas, mientras escampa la tan temida crisis, los editores lo esperan todo del próximo Día del Libro. Para empezar, un ruego unánime, "que no llueva" (Herralde) para que "la gente participe y se deje llevar por la magia de las palabras y la imaginación" (Pepo Paz) y hacer ese día "y como siempre buena parte de la facturación anual en Cataluña" (Ymelda Navajo). Sí, "que la fiesta se repita y la calle se llene de gente para comprar libros... Es el día más bonito del año" (Ana Rosa Semprún).

Lo será aún más si el 23 de abril san Jorge derrota a la crisis y los malos augurios armado tan solo de un libro y una rosa, y acompañado por miles de escritores y lectores. A fin de cuentas, es su día. El del Libro.

Articulo:
http://www.elcultural.es 17/04/2008

Héctor CEDIEL/ Tango del Dolor o delirio de un Enamorado


Héctor “El Loco” Cediel o “El Perro Vagabundo” como le dicen algunos, es hijo de la costa, del Tolima y de Cundinamarca; nació en el año 1951. Publicista de profesión y escritor de corazón, vinculado a la Casa de Poesía Silva, desde hace más de 20 años…El Loco regresó 4 veces del infierno y 4 veces lo devolvió el averno de sus fauces; luego escribió Poesía Prohibida de un perro vagabundo, Palabras de amor de un perro vagabundo, Cartas y otros poemas de un Perro Vagabundo y Andanzas de un perro Vagabundo…que fueron un éxito editorial: ¡Todos se los robaron! y los pocos que se salvaron, se los regaló a conocidos…ahora tiene listo para editar: Cartas de Amor de un perro Vagabundo y para Internet, para una página de erotismo, acaba de escribir cartas extensas sobre El Diván Rojo…Palabras…Conjurando…
La melancolía…Testimonios…Cenizas…buceando…
El libro rojo de un diván rojo…que será su primer e-book…

E-mail:
hcediel@yahoo.com hcediel1@hotmail.com

Hagamos la historia a un lado y dejemos que el siguiente texto nos dé una descripción más detallada…

¿Quién es Héctor Cediel?
A mi amigo «El Loco» o «El Perro vagabundo»…
Por Manuel Rivas

Loco, soñador, audaz
Vertiginoso torrente de energía
Trepador de montañas
Conquistador libidinoso de doncellas
Violador de preceptos
Y de esquemas cotidianos
Emprendedor de historias
Y negocios millonarios
Padre putativo
De los damnificados de Armero
Soñador viajero
Del agente del tiempo y del espacio
Escultor de bronces brillantes
Fotógrafo de gigantescos genitales
Amante de mujeres solitarias
Educador de impúberes
Guía espiritual de señoras hipocondríacas
Vendedor de imposibles
Mago, hechicero, alquimista
Poderoso, dandy
Buscador, militante, fanático
Prosélito, armador, pastor
De una islita subterránea
Donde se cambia el alma a quién lo pide

El Loco nació en luna llena
Por eso ríe siempre
Era verano cálido
Y la primera mujer que miró
Desde su cuna:
Le alborotó sus sentimientos

El Loco recorre
El laberinto de la búsqueda
Él, hijo del siglo XX
Habla con la velocidad del rayo
Arma y desarma astilleros imaginarios
Proyecta al universo
Sus descabelladas historias
Comulga con la diaria
Elección de la vida
Llora, se canjea, se vende
Entierra sus tristezas
Y resucita inesperadamente
Un día cualquiera
En las puertas del universo

Mi paz
Mi energía
Mi plenitud
Con profundo aprecio



Soy Cediel. Héctor Cediel

Soy cediel. Héctor Cediel
He vivido para mis versos
y por eso brota sangre turbia
por entre las comisuras de mi corazón
Soy la sonrisa de las historias viejas
El poeta a quién se le mueren los sueños
y se le derrumban los castillos de azar
Soy un sobreviviente de la guerra sucia
Aún me acecha el hambre de los buitres
Los amigos ya no tocan a mi puerta solo me rodean extraños desde que despierto
No sé que germinará de la tierra mañana
Ni imagino al mundo engendrado por el odio
Mis amigos del alma se han silenciado…

Ahora invento a la Primavera
Hace Sol, pero son tiempos invernales
Las manos e nuestras almas se ensuciaron
Con la sangre de la inocente indiferencia
Las herraduras de la muerte tallaron
Un camino infame hacia la vergüenza
La patria da bandazos como un ave herida
Abandonada a la deriva por la cobardía

Todo mi dolor y heridas son poesía
Hasta el amor fue despiadado
mordiéndome los labios
o arrancándole placer a mi piel con las uñas

No soy viejo ni joven, pero contemplo
Desde las ruinas el umbral de la muerte-vida
Me desnudo. Me despojo hasta de la última prenda
Y le grito al amor que no se muera

Soy Cediel. Héctor Cediel

***
Tango del Dolor o delirio de un Enamorado
Por Héctor CEDIEL

A Juan Manuel Roca, mi Maestro
y al Diván Rojo de Alejandra Quintero



Sin saber para quién,
Envío esta carta puesta en el buzón del viento…
No sé a quién pedirle que abra su ventana
Para que entre esta carta puesta en el buzón del viento


Juan Manuel Roca – Luna de Ciegos –


Nos unió la misma soledad, que nos desunió con su fuego; como el canto que nos permitió navegar, el mismo sueño. Como todo naufrago he reinventado una manera de amor, robándole versos a algunas pieles con estas manos impuras; capaces de saquearle la sonrisa, a los corazones de las enamoradas. Nunca conseguí dejar de amarte; jamás me sedujo tu belleza, sino la limpidez de tu alma y la moralidad de tus sentimientos. Nunca pretendí ser tu Dios, ni que tu mundo girara alrededor de mi miseria; desde que te conocí, te llevo como una espina clavada en el pie. Tu amor gime, como las voces altas de las cuerdas vocales de mi guitarra gitana. Sin ti, estas paredes se transforman en colmillos; siempre supe que por mis balances en rojo, que te iba a perder; el amor se desvanece como una mancha, como el miedo cuando aclara el día o la primavera cuando se limpia, un grano de arena de los ojos. Nunca te ofrecí ningún paraíso, con mis cartas de amor; solo eran versos taciturnos y pasajeros, que con la magia encantadora de su lámpara, revivían flores marchitas. Para amarnos, solo tenemos que desnudarnos, como los monjes y los habitantes de Nudelot, en el siglo XIV, si mal no recuerdo… inspiraron el resurgir del naturismo, que hoy libera al hombre de los prejuicios textiles; pero para robarte noches cálidas, apasionadas y donde la piel ondule con la música embalsamadora de los besos; solo se necesita ron, vino, brandy o unos tragos de whisky… y unas buenas ganas rojas para que crepites como una mujer joven, con el polen que fecunda sueños y derriba las distancias que enfrían a las pasiones. Sin ti, me siento derribado por la tristeza; mi cuerpo esta de plantón con la misma ansiedad, que mi alma aguardaba una carta tuya. La música doliente de mis versos, irrumpe dentro del mundo del amor, como un epígrafe impuro o un beso insólito y corrompedor. Quiero arrebatarle el dolor a las lágrimas que derramaste por culpa de ese amante, que incendió tu sangre como un ángel equivocado, un ángel demonio; un vampiro de joyas y un pirómano con besos. ¿Será el sentimiento que sentimos palpitar, solo un amor genital? No me sonroja el mendigarte amor, pues mi nostalgia es la de un corazón cansado de vagar, de pedir nombres y coordenadas; como si el sexo fuera, la rosa de los vientos de la felicidad. Me enamoré con el rojo de tus besos y las sonrisas de tus ojos, de esa doncella silvestre que se aferra como una parasita, al espejismo que le ofrezco. Tus besos gritan con desesperación, para que los acaricie y consuele con mimos soeces. Si Dios existiera, no coexistiría el fuego amoroso, con el dolor en el desencanto. Déjame besar al pecado entre tus piernas e invadir sin permiso alguno, la fronda que aprieta al nido ciego; déjame imaginar palpitantes resplandores o abriéndote como un arado, las piernas. Vibra como la dulce canción del lirio cuando madura, sin golpes en el alma.

Nunca creas en los versos de mis palabras amorosas, ni en los besos que te desnudan como un torbellino dorado, con la sed del espíritu de un espanto; sé que no voy a morir, porque de amor nadie ha muerto; porque los enamorados mueren suicidados y nunca de pena. Sé que suspirando jamás vamos a recuperar, al paraíso perdido; a propósito: ¿No recuerdas si eras la manzana o la serpiente venenosa, en ese morboso cuento que prostituyó a la inocencia, de nuestra conciencia? Estoy cansado de tenerte y no tenerte, como esas estrellas fugaces que se ausentan y después de un tiempo, vuelven y aparecen; mi amor es transparente, como el azabache de tus cabellos o el suspiro de una piedra enamorada. Tu piel es ardiente como la carne de la Antártica y tu lindeza es como un navío, que viaja hacia la eternidad; como los cuerpos de las muchachas que se queman soñando perversidades o imaginando a su esqueleto, realizando fantasías, con dos o tres amantes a la vez. Tu orquídea no era negra, era roja, verde, azul o rosada; llegué a creer que el corazón camaleón, siempre ve con diferente óptica a sus mujeres. Eres como una azaleia o una bermeja rosa con aroma escarlata. Eres como la llave de la puerta del infierno; ese fulguroso caracol dorado, de esa ostra pájaro, de esa paradisíaca ave carroñera, que tildamos Cóndor; que cuando extiende las alas abrazando el cielo a 10.000 metros de altura como el relámpago mitológico de un silencio o como la propuesta indecente de un espantapájaros, que se exhibe sin impudicia cuando el viento le abre el gabán y lo hace lucir como un buen poeta cantándole a la vida, con una hermosa imagen de piltrafa maldita.

¿Quién escrituró o dividió la tierra? ¿Quién le impuso reglas absurdas al amor? ¡Déjame levantarte la falda, para comprobar la calidad de tu madera o el añejamiento de tus deseos! ¡Permíteme me rogarle a tu juventud, un pedacito de tu carne! Apruébame jugar al pájaro carpintero, o al martín pescador, empuñando un tridente tolon y tolon… Me cansé de aguardar un momento de felicidad infinita, para pirograbar tu nombre sobre la piel del árbol de tu jardín; el mismo árbol que sobrevive como una alcachofa o la lápida dosel que identifica el lugar donde sepultamos a nuestros recuerdos, dentro de un ataúd, fabricado con silencios. ¡Por ti aprendí a ver!... y por ti aprendí: ¡a amar!.. y a sufrir… y a llorar… por ti aprendí a gritar en silencio, como las enamoradas mesuradas o las amantes discretas; o como las putas que ya no se estremecen, cuando las empalan o las aparean como bestias. Hoy tu recuerdo se transforma en una espesa neblina. Estoy maltratado por culpa de los amores ariscos; me siento como un pájaro sin frutas, para merendar en el comedero; a veces me pregunto: ¿Para que añoro más tiempo o si el vivir no es más, que el cumplirle una cita a la muerte? Estoy cansado de recibir besos negros sin deseo, ni pasión; besos venenosos e indispensables para sobrevivir, como las caricias que se roba la ingratitud de los gatos. Los deseos que se expresan en voz alta, nunca dicen lo que piensan los silencios. No te escondas más, de mi amor carnicero; no te escondas como las novicias hermosas, de las miradas maliciosas de la oscuridad o de los comentarios morados, de la felicidad pustulenta. No sé si los pobres, podamos acceder a un espacio digno en el cielo; los pobres podemos soportar mejor el infierno, porque ya estamos acostumbrados al fuego. Mi mayor culpabilidad como amante, fue el haberme enamorado. Los amantes deberíamos ser como esos navíos que van de puerto en puerto, de vagina en vagina, escribiendo epitafios amorosos. Mis ojos recuerdan con amor, a la belleza de tu cuerpo; la lluvia furtiva de tu otoño desolado y la concha abierta como unas piernas engañadas o alucinadas por las promesas prodigiosas de las mentiras que fluyen, como un río de azúcar morena.

Fuiste como la ventana por donde se asomó mi ceguera; tu cuerpo cálido siempre fue un detalle que embellecía al paisaje invernal, de mi oscura vigilia. Mi amor te rebusca en el mercado en donde las esclavas se ofrecen al mejor postor, así sea su muerte en vida. Nunca te tornes en rumor o en el recuerdo hermoso de un canto de juventud; no pierdo la esperanza, ni la fe en la validez de un amor tardío; me cansé de aguardar y derribé a las alambradas de púas. Las lagrimas calientes, siempre son sospechosas; pero el sentimiento que siento por ti, me hace sentir vivo. Estoy cansado de los besos de mujeres brilladas, por tanto manoseo. ¡Mujeres sin patina! ¡Mujeres con el cerebro en el pubis! ¡Vaginas que se confunden con las nalgas, cuando se aman! ¡Sexos que gritan, como las sábanas que el fuego nunca destiende! Me encanta el sexo loco con mujeres extrañas, mujeres que vuelan y desaparecen para siempre, como pájaros muertos por flechas invisibles. Me encantan los manicomios, porque son lo más parecido, al mundo de los amantes.

El mundo es como un barco de turistas, veraneantes esclavas que se remataran en el mercado de encadenadas. No dejemos que el amor muera, desaparezca ¡bailemos! ¡bailemos para que el amor sobreviva! El amor de día, el amor de noche… mi amor crece como el susurro de tu sombra. Por ti lo dejaría todo, porque el enamorado rompe todo tipo de cadenas. “Existe vida, después de la muerte” me dijo una enamorada, que regresó del infierno. El mundo esta lleno de ilusiones, como las floristerías con huevos de pascua o los bosques con seres fantásticos. Quiero que mi voz se pierda y copule con el licor, hasta rascarle el culo a la última botella. Me siento helado como el frío del patio centenario o el pavor que arrastra el miedo, por los pasillos de las cárceles. Creo en la sabiduría de los versos insensatos; en las mujeres que se depilan el pubis y las axilas, por si el amor toca a sus puertas y les toca salir a dar guerra. Dudo de la dulzura de Dios, cuando escucho las noticias o cuando veo llorar desconsolado a mi corazón. Me encantan las almas embellecidas por la madurez; las mujeres que nunca le impiden a sus dedos incursionar sobre la piel que sea, sin importarles el sexo; como las mujeres delicadas que saben comer pasta, como la que almuerza en frente a mi en “la vie en rose”, no se si se fastidiaría si le pregunto sobre la figura o la posición preferida en el sexo ¡Los caminos en la vida están sembrados, con absurdas minas!

Me preocupa que la fantasía virtual, desyerbe al realismo mágico; que el amor o el sexo se digite y que la Web se transforme en un masturbadero mental. Añoro la química que se daba en los sentimientos puros, en las miradas, en el roce leve de una piel. No quiero imaginar al zoológico infernal, en el que se convertirá el mundo en 30 años. Me aterra el poder destructor que nos amenazó en los 80s, en manos de la demencia de unos absurdos científicos y laboratorios con tecnologías casi paleolíticamente absurdas, sobre todo las soviéticas. Definitivamente: todo lo que la vida necesita es ¡bastante amor! Me encantan las mujeres que piensan, actúan y gozan del sabor y aroma de un buen café caliente. No quiero imaginar a las familias o a los padres, sustituidos por redes sociales. Ya nace la generación suicida; unos por tenerlo todo y otros por nacer aferrados con cadenas, a la pobreza absoluta. Crecimos creyéndonos dioses y la vida terminó, masticándonos sin piedad. El consumismo esta esfumando a los maestros que sobrevivieron; siempre estuve seguro que los salvavidas no alcanzarían para todos y que la nave de la vida seguirá sobreaguando por un buen tiempo, pero ya esta herida de muerte.

Me encanta el tinte de tus labios carnosos y la violencia como responden, a las propuestas indecentes de mi dedo del amor ¿o es ese pájaro, el dedo del nido? Soplo como agosto la gruta de la floresta, quemo las naves del recato para embelesarme con tu belleza, desnudos como nacimos para fecundar con nuestras lágrimas, a la inocencia ardida de otras amadas. El espejo del cuarto se transforma, en un teatro nocturno de absurdos. Mi corazón es una puerta giratoria, deshecho por el azufre de las hembras de hielo. Deja que el azul de tus besos me roce, para embriagarlo con el rojo de mis besos o las estrellas perturbadoras de mis caricias. Es urgente que internemos al amor, en una unidad de cuidados intensivos. Las noches contigo sin luz, siempre son hermosas, si después de robarle los secretos a tu desnudez, encendemos como cirios a las estrellas. Ayúdame a armar una fiesta con las palabras que escuchas, que son como los dulces que escondo en los bolsillos, para robarle un si a un sexo en el momento preciso. No blasfemes si hundí sin piedad mi lindo don, como un manjar en tu boca. Te desposeíste por creer en las mentiras piadosas, de un perro vagabundo; como cualquier vulgar transeúnte, abofetee hasta hacer sangrar a la orquídea, que sobrevivió medio muerta. El amor muere y renace, como el perfume cuando se entristece. Desde que te conocí, solo respiro besos y saboreo el pezón nocturno, de esa otra orilla de la vida, que a veces contemplamos inaccesible. No sé si melancolía sea tu nombre de guerra o es la imagen que traduzco, de las cicatrices de tus besos. Tu cuerpo es un hermoso mapa, lleno de lugares secretos o casi fantasmales por descubrir. Rujo como un cántaro al que se le acaba el tiempo, como una ciudad que nunca duerme; como un gocetas que pone a bostezar a la muerte, mientras aguarda por la osamenta de los desencantos. No soporto el color de los amores de pasatiempo; la profundidad de los abismos a los que descendemos, por culpa de los desarrimos o las tensiones sinfónicas, a las que nos sometemos impasibles los amores felinos.

No quiero imaginar un adiós de tus pechos, ni el aroma que deja en el viento, el sudor de tu cuerpo; como ignorar esos ahogos en la locura, en noches de muertes y resurrecciones; donde apagamos una a una, las llamas de nuestros deseos. Todas las respuestas del desierto, las hallé en tu cuerpo; siempre me embriagué con el resplandor del crepúsculo y con las formulas coperas de las féminas, que me rescataban del apasionado fuego. A veces hablas como la ruiseñor que me despertó a la vida; me siento como la naturaleza, hablándole a hembras virtuales. Soy la bestia que habla para otras épocas y expresa lo que rescata de la arqueología de las cenizas. El pecado siempre me incita a escoger lo mejor del árbol prohibido; déjame soñar cuando te ame, para no enfriarme como una carta puesta en el buzón del olvido. Déjame lloverte sin parar, como cuando el invierno le abre los grifos, al mar de los desencantos. Solo me ofreces una senda desunida de la realidad, el hastío de un corazón pateado, lacerado por las circunstancias que prostituyen al amor sincero. No imagino un paso más sin amor ¡Una vida tan solitaria! Estoy cansado de convivir con la gelidez de una mujer, que se conforma con los latigazos silíceos de las cenizas y el miedo a la soledad, que es el mal del nuevo siglo. Ansío una hembra que se derrita entre mis dedos y que me arroje a la vigilia resplandeciente que engendra deliciosos pecados, sobre un diván rojo como el de Alejandra. Te coroné con una corona de hielo, porque así coronamos los pobres a nuestras reinas. No llores nunca más, para de sufrir; después de mí vendrá otro y después otro y así sucesivamente, hasta el epilogo de tu vida. El amor en la intimidad siempre será un loco carnaval, un ardoroso jardín de temblores; un sepulcro para las ilusiones de los falos. Vivimos cansándonos con otra persona, que en muy pocas ocasiones es el gran amor de nuestras vidas; porque los amores en contravía, siempre son suicidas. Perdóname amor por tener secretos contigo, pero mi gran secreto es que aun aguardo, a un amor dorado que no llega. Por ti he cometido pequeños robos y hemos compartido momentos demenciales; pero por culpa y miedo a tus celos de víbora, elegí a los labios carnosos de una desconocida, que se esconde entre la bruma de mis versos. Mi amor de poeta, no es perpetuo como mis versos. Amémonos con la misma pasión de las fieras que se aparean más de lo imaginado, por cualquier ser humano al día y durante todos los días, hasta que se devoren nuestra carne, los gusanos carroñeros. Juguemos al amor que avergüenza, al amor de los que no se respetan y rebuscan la pasión en lolitas o puticas… o como las que se consienten con palmadas dulces y palabras soeces. ¡Eres y serás hasta siempre: mí amada y adorada putica!

He llorado con sentimiento de añoranza, por el sexo de algunas amigas, que desaparecieron sin despedirse, para ir en busca de sus fantasías ¡Solo lograron, que les partieran el sexo como sandias! Me atormenta ver triste a mi piel, mirando con añoranza hacia el infierno. Mis huellas se han disuelto, como el aroma inspirador de la yerba marihuanera. No nos inmolemos más por culpa de nuestra soberbia ¡Perdóname! ¡Olvida! Regresemos las manecillas de los años y no confundamos más a la muerte, con el vino de la vida. No quiero desear nunca más a la mujer del prójimo, ni a la madre que me ofrece irónicamente el murte, porque desconfío de la palabra de las ratas y del color de sus intenciones. El afán de la vida acabó con la magia del cartero, ahora enciendo con ansiedad el ordenador, para confirmar si aún sobrevives. Quiero que seas el último bolero de mi vida y bailar con la pasión caribeña del vallenato, cada verso. Quiero patinar con besos, las inseguridades de tu piel. A veces me siento derrotado y busco desesperado, el exilio; estoy cansado de vivir en el infortunio y de beber vinos baratos, envejeciendo dentro de tu sexo y amándote como un conejo. Maldigo cuando no me alcanza la munición para poseerte 4 o 5 veces; porque una mujer insatisfecha, siempre nos exorcizará, para que nos pudramos en el infierno. Te besé el sexo, creyendo que eras una rana encantada y desperté con una hembra, en vez de una fría y trivial princesa. Me encantan los versos sin sentido, para sentir mis manos limpias, para no concebirme como un asesino de ilusiones. Hasta ayer creía que era víctima del infortunio, hoy estoy seguro que soy el infortunio y a veces el mismo demonio. Ámame al ritmo de la música lenta, déjame embriagar a la tristeza, para que me regale su asterisco. No creo en los amores, que puede arrastrar el viento. Me fastidia la resignación de esas mujeres que conviven con esposos grises, con celosías enfermizas, con polvos sin furia, sin la magia del hippismo o de las canciones de los Beatles.

Me encantan las melodías de The Doors, para danzar como el fuego; quiero escuchar contigo a Joao y Astrid Gilberto, Vinicius de Moraes, Roberto Carlos, Sinatra… Aznavour, Donovan, la Piaf… el jazz de los 40s… de los 50s…

Juguemos el ajedrez amoroso, hasta que nos devore la realidad de la vida, una vez más. Me encanta el olor turbio de tu carne, esas entregas sin preámbulos necios e incondicionales, hasta que se corrompe la magia. A veces me siento tan solo, que la soledad se abochorna por sentirse como una verduga inquisidora.¿Será que se justifica que compartamos más tiempo los dos, amor mío?¿Será que fue buena idea, incendiar las naves? Déjame regalarle tu dolor, a mis besos carroñeros. Sé que he dicho monstruosidades, como son las verdades que expresamos los ebrios. Me encanta descorporizarme como Dylan Thomas, cuando bebemos arena como si fuese vino. ¡Déjame embriagarme, con las cerezas de tu cuerpo!

Todo lo que tenía para decirte, te lo dije con los últimos besos que te di. No sé si me pueda volver a enamorar; sé que lo tengo que hacer, si deseo escribir un par de poemas o cartas de amor, con pasión, con brillo, con sabor a piel. Se nos acaban los días de primavera; nos marchitamos como las rosas que nos estremecieron con su belleza y observarlas era escuchar, silenciosas palabras de amor. Mas que desencantado, me siento agobiado por la tristeza. Quiero que seas el último crepúsculo que vea en vida. Nunca pude ser el amante que quise ser, por llegar tardíamente a tu vida; alcancé a robarle hermosos versos a tu piel, que me han demandado un mar de tinta. Sé que me recuerdas en el subsuelo de tu corazón y que maquillas muy bien tus ojos, después de recordarme. No sé como acabar esta carta, que si no es de amor, entonces no sé que es una carta amorosa. Un adiós tiene que ser algo más que pedir un taxi. He desnudado mi alma y he encontrado convertidas en cenizas a nuestros recuerdos. Sé que hablar de matrimonio o de una relación de pareja, después de un tormentoso fracaso, nunca seria afortunado; pero te convido a que le abramos una ventana, a esa vida que se pasea como una vagabunda. Ya no sé que me podrá excitar en la vida, si te vas. Sé que la mala imagen de la que gozo, te hizo creer que mi lujuria era mezquina. He puesto al azar cartas a navegar, para que lleguen algún día a las manos que deberían haber llegado, desde hace tiempo… no voy a romperme más la cabeza, buscando un amor perfecto. Mi amor se ha secado, como si me hubieras arrancado un beso con tus manos, ignorando el calor menstrual de tus sentimientos. Te recordaré como el rostro más hermoso del viento; creí que porque conocías el mundo, ibas a conocer por fortuna el sosiego y a soportar los pasos lentos de mi vida. Estoy cansado de crujir como una locomotora, desesperada por alcanzar la cima de una montaña… estoy cansado de golpear y de encontrar cerrada la puerta de tu corazón. ¿Crees que existen enamorados, eternamente felices? ¿Crees que fuimos o que podríamos volver a ser felices? Si el torturarme era tu venganza, ya te has vengado lo suficiente ¡Yo solo quise ponerle un poco de música a las paredes de tu cuarto, en las noches frías! No voy a callar más y por eso, envío cartas y cartas al azar, hasta encontrarte. ¡Ojala no se las devore el fuego, ni el mar, mientras ellas te buscan! Sueño que me besas con la locura de una hoguera ¡Mírame mi adorada tormenta! ¡Mira como me tienes con tanto flagelo! Sé que merecía una agonía, por haber sido insensato en demasía, pero ¿Tanto, amor? ¿Tanto por saciar mi hambruna con la mujer, que encendía con brasas mi apetito?

¡Me voy al mar! ¡Me voy a beber vino, a llorar! Voy a ahogar a mi tristeza en noches de copas; y si aprendió a nadar, le amarraré una bala de cañón napoleónico con una cadena al cuello. Amén y amen.

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
2008-04-18

Leonardo TARIFEÑO/Narrar el presente


Literatura Opinión
Narrar el presente
Por Leonardo Tarifeño

Los traumas del presente no son tabúes narrativos. La literatura puede reflexionar sobre el hoy sin por ello tener que remontarse a lo ocurrido varias décadas atrás. Al menos esa es la lección que por estos días brindan ciertos autores en lengua inglesa, enfrentados a la pesadilla del terrorismo en sus nuevas novelas.


De El hombre del salto (Seix Barral), de Don DeLillo a Terrorista (Tusquets), de John Updike, pasando por The Second Plane , de Martin Amis, The Good Life , de Jay McInerney y Extremely Loud & Incredible Close , de Jonathan Safran Foer (estas tres, inéditas en español), la ficción anglosajona sugiere que las mejores aventuras narrativas están en las zonas más oscuras del presente, y que justamente allí es donde el talento, la fuerza y la lucidez de un escritor se ponen en juego.

En esa línea, tal vez el mayor ejemplo sea el neoyorquino Ken Kalfus, quien en Un trastorno propio de este país (Tusquets, de próxima distribución en la Argentina) construyó la novela más ácida sobre el horror del 11 de septiembre. Su historia es la siguiente: Joyce y Marshall, una pareja en vías de divorcio, estuvieron al borde de la muerte durante el atentado contra las Torres Gemelas. Marshall escapó del derrumbe de una de las torres, Joyce perdió uno de los vuelos secuestrados. Y a los dos les encanta la posibilidad de que su ex haya desaparecido de una vez y para siempre detrás de una cortina de polvo. El problema es que la realidad no hace regalos, y enseguida vuelven a encontrarse en su casa, para mantener una rutina de odio que ni siquiera el impacto de una catástrofe consigue amortiguar.

Con la mirada puesta en la literatura argentina actual, el rigor y la valentía que palpitan en los libros de Amis, DeLillo, Updike y Kalfus arrojan la sombra de una duda. Los últimos libros de algunos de nuestros mejores narradores -Kohan, Pauls, Caparrós, entre otros- ponen la lupa, reiteradamente y con genuino interés, sobre los años setenta, en un gesto que podría explicarse por las dificultades concretas que durante mucho tiempo imposibilitaron la reflexión sobre los enigmas de esa época. Dicho eso, y a sabiendas de que por supuesto cada uno escribe lo que quiere y sobre lo que desea, tal vez valga la pena preguntarse si el activo compromiso con lo sucedido hace treinta años no termina por convertirse en una manera de evitar el compromiso con lo que ocurre hoy. O, también, con la durísima crisis de 2001, apenas tratada por unos pocos escritores nacionales. Los desafíos -históricos, sociales, científicos, políticos- que plantean la década del 70 y el siglo XXI son muy distintos, y dejar la literatura estacionada en una época podría significar que no arranque en la otra. ¿No se habrá hecho de los años 70 un nuevo escapismo, que deja la conciencia tranquila del lector y el autor, pero a miles de años luz de la imprescindible mirada sobre la contemporaneidad?

Quizás Amis, DeLillo, Updike o Kalfus y McInerney ayuden a crear esa respuesta. En la literatura argentina, por ahora, hay que sentarse a esperar.

Articulo :
http://adncultura.lanacion.com.ar 20/04/2008
Ilustracion: Jay McInerney - Martin Amis - Ken Kalfus -Don DeLillo - Jonathan Safran Foer - John Updike

Migé S.APARICIO/Poesía



Migé S.APARICIO, nacido el 29 de abril de 1945, en Vélez, Málaga, ANDALUCÍA. Estudios 0, es decir ni el Certificado de la Enseñanza Primaria. He participado - entre otras - en las siguientes Listas: Fantasía de Almería, Xanadú de Argentina, Canto Poético de Puerto Rico, Poetas Zaguán Argentina, Palavreiros ( de Brasil ), El Baúl España, Andalucía Comunidad Virtual, Café Vida de Argentina, Mequedalapalabra de Argentina, Belisana, Delobelisco de Argentina, Compartiendoentreamigos de Uruguay, Utopoesía de Argentina y otras más.Hay temas en las Web de Poesías: El Ebro unos 444 temás = * en los últimos del 2006 hay unos 10 VISUALES *
http://www.tinet.org/~davidp/poe/segovia/segovia0.htm
Mis escritos, Poetas por la Paz, Dos Islas dos Mares, La Voz de la Cometa, Breviario Musa, Poesía Satírica ( Trazegniés, con autores de todos los tiempos ), Poetas2000, Claustro Poético de Jaén, POETAS POR LA PAZ de Almería, Poetas Antiimperialistas, Semillero Azul, TextoNautas. En papel: 5ª, 6ª y 10ª edición, Nueva Poesía Hispanoamericana- Del Poeta LEO ZELADA se pueden ver las portadas enwww.agustinespina.com/hispanoamericana.htmlEditorial Poetas AntiImperialista en Canadá, La Antología CANTO A UN PRISIONERO, seleccionado uno de los 94 seleccionados de entre 486 autores presentados;-http://www.presos.com/turquia/libros/acta_8.shtml - motivo por el cual fui invitado con todos los gastos pagados por los Gobiernos de Quebéc y el central del Canadá, a través de POETAS ANTIIMPERIALISTAS DE AMÉRICA - a leer en Paris del 16 al 20 de diciembre del 2005.Virtualmente hay una antología de Rejuntes de Letras, que me fue regalada el día del Libro 23 de abril del 2005 www.bibliotecavirtualbrisa.com/ .Los días 14 y 15 de octubre del 2006, en Campillos, MÁLAGA, asistí a la III Hunta d´Ezkritorez en LENGUA ANDALUZA, en el libro de Actas han puesto una decena de temas míos, de páginas 141 a 156. http://www.galeon.com/huntaehkritoreh/ahtahiii.pdf 2007 Septiembre: El taller del Poeta - en Pontevedra - del poeta \ editor Fernando Luis Pérez Poza, publica el primer libro entero en papel; llamado MI ALMA ANDALUZA (el dolor de la emigración), http://www.eltallerdelpoeta.com/

E-mail:
velezmalaga@ono.com

Sobre
Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mig%C3%A9+S.APARICIO


Culpable sin delito
Por Migé S.APARICIO

Culpable sin delito;
ni físico, y mental mucho menos.
Pero la percepción errada,
condena,
cuales inocentes corderitos, en el ramadán.

Todos amaestrados,
en la posesión de los demás;
sin reconocer hay algo indominable,
como el vapor del volcán.

Este
no tiene culpa;
de su naturaleza.

Por ello a su pesar;
rompe constantemente,
el candado.


Es incoherente
Por Migé S.APARICIO

Es incoherente;
porque va contra nuestra naturaleza,
de Homo-Sapiens.
Creer en tantas cosas,
que no se ven.

Sería lo correcto,
científicamente hablando.
Solo creer en aquello que tocamos.
Solo lo que reproducir podamos.

¿ dónde está el fallo ?.
Que nos lleva a comportamientos,
in-inteligentes.

Al “ necesitar “ dioses y...
De ganados conductores;
nos indiquen las cañadas.


Odio lo anfótero
Por Migé S.APARICIO

Odio a todo aquello,
que es maleable;
como los líquidos;
que se adaptan por inercia.

La vida es dinámica
no es lo veletero.
Que es inculcado por el capitalismo.
Nuestra amorfocidad es su ganancia.

Es menos malo, tener criterios;
aunque no siempre,
sean acertados.

Desde que nacemos,
nos cultivan con agroquímicos;
para que seamos transgénicos.


Se puede escribir
Por Migé S.APARICIO

Se puede escribir,

en cualquier lengua.
Del presente o pasado;
se pueden copiar,
sus caracteres gráficos.

De ninguna manera;
se puede tener el alma de “ ese pueblo “.
Que esa tipografía,
con sus espíritus modelaron.

Al igual pasa,
con las concepciones de la vida;
cuando se está cerca del invierno.

Se rompe el alma creadora.
Cuando se obliga a sembrar,
raíces al aire y las hojas en la tierra.
.
.
Ilustracion: Siegfried WOLDHEK - http://woldhek.nl/