dimanche 30 mars 2008

Carta del Editor,




Carta del Editor


He constatado que se me ha incluido dentro del ojo del huracán, quiero decir en las diferencias ideológicas que tiene el ámbito intelectual Argentino.

Mi neutralidad en este caso se debe únicamente al respeto que tengo y tenido por vosotros escritores y poetas en general del otro lado de la cordillera. Como editor de la revista Azularte, he jurado entregarme por entero ha mantener la voz y las silabas latinoamericanas, pues, es aquello lo que debemos salvar sin olvidarnos de nuestras culturas. Comprendo fehacientemente vuestra situación actual, ya que también mi nación ha sabido de dictaduras y atropellos. Me duelen enormemente sus divergencias porque estoy conciente del valor de vuestros pensamientos, en esto me refiero al alto grado intelectual y artístico de ambos contendores, que tanto han ayudado a sobrevivir a la revista gracias a sus obras.

Para terminar reitero mi más enorme pesar por lo que les acontece y solo me resta esperar que las musas olvidadas por los rencores de los nuevos siglos, vuelvan a producir la magia espiritual, que tanto nos falta y hagan volver aquellas libertades de expresiones hoy desaparecidas de la gente por las censuras elitistas. Todos tenemos derecho a pensar una cuota de verdad.

Cuales sean sus debates seguiré abriéndoles las paginas a ustedes hermanos hispanoamericanos sin ningún rencor...


Jaime SEREY,
Poeta Chileno

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http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2008/03/oscar-portelacarta-abiert-los.html
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2008/03/aldo-novellirespuesta-la-carta-de-oscar.html
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samedi 29 mars 2008

Juan José RODRIGUEZ/El vuelo de Saint-Ex


Ante las declaraciones de un piloto de la Luftwaffe, la misteriosa desaparición de Antoine de Saint-Exupéry ha vuelto, después de 64 años, a ser noticia. Las líneas que siguen recorren la compleja personalidad de un hombre capaz de sobrevolar el desierto en un aparato rudimentario y de inventar a un pequeño príncipe que cuida de una rosa.

El vuelo de Saint-Ex
por Juan José RODRÍGUEZ

Antoine de Saint-Exupéry inició y terminó su vida adulta con una paradoja. Al día siguiente de cumplir diecisiete años —la edad a la que eran enviados los jóvenes al frente—, concluyó la Primera Guerra Mundial. Menos de tres décadas después, su avión fue derribado poco antes del fin de la Segunda Guerra. Si un oficial amigo suyo hubiese conversado con él una noche antes de despegar, la mortal misión habría sido cancelada.

Quienes han leído sólo El Principito tienen dificultades para visualizarlo como un hombre de acción. Es un héroe nacional de Francia e incluso su retrato aparecía en el hermoso billete de 50 francos, ya retirado de circulación. En el abismo histórico que representan la aplastante derrota gala y el colaboracionismo de Vichy, su figura refulge casi solitaria.

Saint-Ex regresaba de tomar fotografías de la Francia ocupada a la base aérea de Córcega, su sitio de operaciones. Ya había sobrepasado la edad máxima para ser piloto de guerra, pero gracias a influencias de alto nivel —no olvidemos que tenía el derecho de usar el título de Conde, cosa que le desagradaba— fue asignado a esa escuadrilla. La leyenda dice que a veces se demoraba en sus incursiones observando el castillo donde pasara su infancia, castillo cuyos jardines jamás llegó a conocer por completo.

Afirman sus compañeros que un alto oficial iba a comentarle sobre la inminencia del desembarco en Normandía con un solo propósito: salvarle la vida, ya que a los pilotos enterados de esa estrategia se les prohibía volar para evitar el riesgo de que revelasen bajo tortura la posibilidad de dicho ataque, en caso de ser derribados. Pero Saint-Ex se le escabulló a este oficial, sin permitirle que le revelase el secreto, dejándolo con la palabra en la boca.

Él decía que para derrotar a los nazis no bastaba con darles golpes con una máquina de escribir, así que abandonó su refugio en Nueva York para hacer lo que mejor sabía: volar una máquina de guerra. La máscara de oxígeno le hacía sentirse conectado a la nave, como si ambos fuesen un solo ser en mitad de la batalla por el firmamento.

Sus críticas al alto mando francés fueron muy duras. A su criterio, valiosas tripulaciones aéreas se sacrificaron erróneamente en los primeros días de la defensa de Francia, criterio compartido por Winston Churchill en sus memorias. Con De Gaulle nunca pudo entenderse. Tampoco con la comunidad gala refugiada en Nueva York que hizo de su exilio una extensión festiva del Barrio Latino. Así que mejor se devolvió al campo de batalla.

Existen varias teorías de la causa de su muerte. Ahora que un ex piloto de la Luftwaffe afirma ser quien lo derribó, el enigma vuelve al imaginario colectivo de sus lectores. Habrá que revisar la hoja de servicios de este ulano del aire y adivinar porqué, hasta hace apenas unas semanas, creyó pertinente informarle al mundo sobre esta sorpresiva incursión al ruedo de la historia. De ser cierta su versión —y sobre todo, de estar consciente del alcance de la dimensión humana y heroica de Saint-Ex—, este ciudadano alemán quizás mejor hubiese preferido guardar silencio. No hay gloria en cegar la vida de un escritor, aunque fuese en el marco de un supuesto sentido del deber, y más si la víctima actuaba en defensa de una nación atrozmente invadida.

Hombre de pluma y de acción

La complejidad de la personalidad de Saint-Ex es más reveladora si se analiza en su contexto: en aquel tiempo, los pilotos eran vistos con la misma admiración que hasta hace poco reservábamos a los astronautas. Había que ser muy valiente para subirse a un frágil artefacto de motor primitivo, aun en épocas de paz, hecho de varillas y tela estirada. No contaban con sistema eléctrico; se encendían a golpe de hélice y los medidores tenían partículas de radium para brillar de noche. Sumémosle que Exupéry, durante su servicio en la compañía Aeropostal, voló por regiones tan inhóspitas como los Andes o el Sahara, afectadas por los más repentinos cambios de clima. Correo aéreo equivalía entonces a internet.

Los títulos de los libros de Saint-Ex fueron siempre mal traducidos. El Principito en realidad debe llamarse “El pequeño príncipe”, traducción que implica otro significado. Tierra de hombres en realidad debe ser “Tierra de los hombres”; libro que narra su estancia en el desierto de África y cuya mala interpretación insinúa alguna bravucona canción mexicana. En sus estancias en Marruecos, Mauritania y el Sahara español fue donde templó su carácter literario y personal.

Saint-Ex estuvo asignado en Cabo Juby, hoy Tarfaya, en el límite justo de Marruecos con el Sahara Occidental. La pista de aterrizaje y la cabaña en la que vivía ya no existen. Ni siquiera el fuerte español que registra en su libro. Además, Antoine tocó tierra ahí en los años veinte y es dudoso que sobreviva algún bereber que jure haberlo visto en la pista lleno de grasa, tomando té con los saharahuis o domesticando zorros del desierto. Fue muy respetado por el hecho de comprar a un esclavo anciano y enfermo tan solo para liberarlo y que muriese tranquilo. Pagó un precio desmedido y lo mandó a vivir a otra ciudad para que no le secuestraran y volviesen luego a ponerlo en oferta.

En ese tiempo cubría la ruta de correo Dakkar-Cabo Juby-Casablanca y por lo general permanecía en el punto medio. Dormía en una cama pequeña que hizo ampliar con una caja. Consuelo Suncín, su descontenta mujer salvadoreña, decía en París que su marido era el único cartero del mundo perteneciente a la realeza.

En Tierra de hombres menciona diversos puntos del Sahara Occidental, especialmente Cabo Juby y la antigua Villa Cisneros, cercanas al de Río de Oro, que era una referencia importante en la navegación aérea. A diferencia de Europa, de noche el Sahara se apaga y no es fácil hallar luces de aldeas o faros que ayuden a orientarse, según se quejaba Saint-Ex en su diario, escrito en tiempos anteriores a la magia satelital o la radio de alto alcance. La tiniebla era tan envolvente que podían confundirse las estrellas con barcos, o pueblos remotos, así como creerse que se viajaba por un sitio distinto al señalado. Además, en esas condiciones no era extraño volar de costado o bocabajo, imperceptiblemente, hasta estrellarse de súbito con una duna. Y tampoco había forma de adivinar el aluvión de tormentas que podían irrumpir con su carcajada repentina en medio de la travesía.

Varias veces, él o sus amigos enfrentaron accidentes y permanecían aislados en el páramo del mismo modo que el narrador de El Principito. Eran rescatados por las tribus de la zona, aunque también padecieron ataques de bandidos, ansiosos de bolsas de dinero ocultas entre la correspondencia.

Quizás aquí fue donde Saint-Ex comenzó a escuchar su voz interior y alucinó en medio de la noche sahariana con la figura de su hermano menor, muerto durante la infancia. Ese fue su único y verdadero amigo, solía confesar en privado.

Su avión de carreras era un Simoun, nombre con que también se invoca a uno de los más demoníacos aires del Sahara. Obsequio de una multimillonaria admiradora cuyo nombre aún desconocemos, con ese avión estuvo a punto de matarse en el desierto de Libia, participando en una carrera previa a la Segunda Guerra Mundial.

Consuelo Suncín, quien estuvo casada con el diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo y que afirmaba ser la auténtica rosa de El Principito, le provocó muchas incomodidades, ya que a su regreso a Francia y a la vida, Exupéry la encontró demasiada metida en su papel de viuda famosa, papel que ya había representado a la perfección con la muerte de su primer esposo.

Hasta hubo un malentendido con André Breton, de quien se dijo que Suncín fue su pareja ocasional. Vale comentar que Exupéry siempre quiso aclararlo, en el sentido de que no deseaba perder la amistad del padre del surrealismo, a pesar de los dimes y diretes que circulaba en Nueva York. Breton confesó que él no tenía ánimos de retomar esa relación, pero el poderoso argumento de Saint-Ex, propio de un hombre de acción, lo cimbró por completo: “He perdido más de diez amigos en esta guerra. Entiéndame: no puedo darme el lujo de perder uno más. Casi todos están muertos”.

¿Suicidarse o morir en la cima?

Hay quienes sostienen que Exupéry se suicidó en su último y fantasmal vuelo. El hecho de que su avión no revelase impactos de bala reforzó esa teoría. Aquellos que lo conocieron lo creen imposible porque tenía un compromiso demasiado alto con el deber. Para autoinmolarse, habría usado un cómodo revólver y no sacrificado un precioso avión que tanta falta hacía a su patria, sobre todo en la hora cumbre del conflicto.

Algo que marcó el ímpetu de lucha en Exupéry, antes de la guerra y su terrible accidente en el desierto de Libia, fue la desaparición de su gran amigo y compañero de alas, Guillaumet, en la cordillera de los Andes, experiencia retomada en sus libros.

Perdido en una zona demasiado lejana de la civilización, Guillaumet caminó cinco días entre la nieve con la sola intención de continuar, hasta desfallecer presa del cansancio y confiando en toparse con algún campesino. Los guardias chilenos habían declarado que difícilmente alguien sobreviviría una sola noche a ese invierno. Al momento que Guillaumet decidió rendirse a la ventisca, el piloto perdido descubrió que no podía derrumbarse entre la nieve, sino que debería ascender una colina para morir en la cima. Esto obedecía a un propósito práctico: si no se encontraba su cadáver en los próximos cuatro años, el seguro de vida tardaría ese tiempo en llegarle a su viuda e hijos.

De esa manera, Guillaumet ascendió con las últimas energías para que su cadáver fuese encontrado por sus compañeros pilotos al llegar el verano. Cayó en cuenta de que estaba emprendiendo algo que un animal no haría: luchar por el sitio en el cual morirse para legarle un bien a sus familiares. Al llegar a la cima descubrió con sorpresa que al otro lado del valle terminaban las montañas nevadas, augurándole una esperanza más, por lo que sacó fuerzas supremas para descender y seguir el camino. En efecto, logró salvar la vida y, al narrarle su odisea a Exupéry, éste la tuvo muy presente cuando en el desierto de Libia tuvo que realizar otra proeza similar. Caminar y caminar, sin esperanza y sin agua, pero con el propósito de al menos morir en el intento. Por supuesto, Saint- Exupéry fue rescatado en esa ocasión por un grupo de beduinos. Lo dieron por muerto durante varias semanas.

Creemos que alguien que haya pasado por esas experiencias extremas no se suicidaría en pleno cumplimiento de una misión. Guillaumet, al igual que Exupéry, murió en la línea del deber en la Segunda Guerra Mundial. Otro detalle: el campesino chileno que encontró a Guillaumet fue condecorado en su momento por el gobierno de Francia con la Legión de Honor. Desconocemos qué fue de los beduinos que salvaron a Saint-Ex en medio del Sahara.

La rosa y el volcán

Podría pensarse que un hombre tan curtido en experiencias sería una persona fría y llena de amarguras. Nada más contrario al espíritu de Saint-Ex, buen charlista que, cuando conversaba en un café con sus amigos, provocaba que la gente de las mesas vecinas guardara silencio: arrobada por su encanto. Dominaba varios trucos de prestidigitación y alguien que lo conoció de cerca decía que bien podría haberse ganado la vida con dicha habilidad.

Su matrimonio fue difícil. La volcánica Consuelo Suncín gustaba de usar el título de condesa, actitud que entristecía al legítimo aristócrata. A pesar de sus defectos humanos, es indiscutible su papel de musa de El Principito. Sus defensores argumentan que los abundantes volcanes del minúsculo asteroide son un guiño metafórico a El Salvador, país natal de su problemática amada. En cambio, los baobabs fueron conocidos por Exupéry en sus estancias africanas. El zorro del desierto original posee las exageradas orejas que el poético aviador le dibujó en su libro. Y las verdaderas rosas del desierto son en realidad unas rocas de silicato, apreciadas por los coleccionistas, cristalizadas en forma de pétalos.

Saint-Ex también tuvo suerte con los millonarios: en vida una mujer le obsequió un avión para una carrera y, después de muerto, otro millonario norteamericano gastó miles de dólares en rastrear con un submarino el área donde, presumiblemente, había caído en combate. El descubridor sería el buzo profesional Luc Vanrell, quien también está involucrado en la reciente aparición de su repentino y orgulloso victimario.

Saint-Ex hoy

La reciente declaración del ciudadano alemán Horst Rippert tiene las luces de un intento de apropiarse del aura del autor francés. Incluso el semanario de extrema derecha Minute, sostiene haber revisado los archivos alemanes detectando varias falsedades en la carrera de Horst Rippert, quien por cierto, acaba de desenmascararse como hermano secreto del cantante Ivan Rebroff, fallecido por estas fechas.

Los otros opositores a la credibilidad de Rippert son el antiguo piloto de caza Christian-Antoine Gavoille —ahijado de Antoine Saint-Exupéry—, el historiador Hervé Brun —ex responsable del servicio histórico del Ejército del Aire Francés—, el diario online Crítica y el ABC de Madrid.

Hervé Brun remata la postura de Rippert con un argumento: las patrullas alemanas en Provenza fueron registradas con meticulosidad y no hay ninguna acción anotada en ese día.

La teoría más lógica que flota sobre el avión de El Principito es la posibilidad de un desvanecimiento durante su vuelo final. Era un hombre de 44 años que había maltratado su osamenta con múltiples accidentes y el jornal de los pilotos incluía un ritmo extenuante. No veo nada denigrante en esa posibilidad que nos recuerda la humanidad de un personaje —vale decirlo— cargado de humanismo.

La vida y al muerte de Saint-Ex son un misterio. Lo único seguro en él era aquello que no quería ser. Nunca un burgués inmóvil o un intelectual criticando a Hitler y a De Gaulle desde la comodidad de Nueva York. Murió en la línea del deber, seguro de quien era y hacia donde iban su existencia y su literatura. Pocos artistas pueden conseguir ambas cosas. Vivir al mismo tono de sus creencias y al vuelo de su pluma como en una firme e incandescente obra maestra.

Rodríguez. Escritor y editor. Autor de Mi nombre es Casablanca (Mondadori) y La casa de las lobas (Plaza y Janés).

Articulo:
http://eluniversal.com.mx – Confabulario 29/03/2008

SECH/Homenaje a Julio MIRALLES y cuento de Walter GARIB


Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
Fonos (56-51) 227275 (56-51) 243198
Celular 90157729
luiseaguilera.57@gmail.com
luiseaguilera02@gmail.com
www.luiseaguilera.blogspot.com
La Serena – Chile



La Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Gabriela Mistral de la región de Coquimbo, comunica el sensible fallecimiento del destacado joven escritor del norte de chile, Julio Miralles, quien pereció en la Ciudad de Iquique, a los 36 años de edad

Este domingo 23 de marzo en un hospital de Iquique y a penas cumplido los 36 años dejó de existir en la ciudad de Iquique el destacado poeta, escritor, dramaturgo y escultor Julio Miralles González, tras sufrir de una larga y penosa enfermedad.

Sus restos mortales fueron sepultados ayer martes en el cementerio municipal de Vicuña, luego de un oficio religioso efectuado en la Iglesia Adventista donde fueron velados desde la noche del lunes.Su funeral estuvo marcado por las emociones donde amigos y familiares resaltaron sus cualidades humanas, su talento y sus virtudes. Durante el oficio religioso uno de sus tíos, Rubén Miralles, interpretó una hermosa pieza musical en violín y durante su exequias en el cementerio local algunos amigos y agentes culturales ofrecieron hermosos discursos de despedida.

Julio Miralles nació el 26 de septiembre de 1971 en la nortina ciudad de El Salvador, pero toda su infancia y juventud la vivió en la ciudad de Vicuña por lo que siempre se consideró un Elquino de corazón.Cursó sus estudios básicos y medios en Vicuña y en 1994, después de participar activamente en actividades culturales en la Ciudad de La Serena, partió rumbo Iquique donde se radicó hasta sus últimos días; Aquí continuó desarrollando una fructífera y exitosa vida intelectual y artística (poesía, obras de teatro, plástica). Fue premiado por el Ministerio de Cultura debido a sus innumerables premios obtenidos en concursos de poesía y cuento. A la fecha de su deceso ocupaba el cargo de secretario del Consejo Regional de la Cultura de la Primera Región.

Publicó dos libros: “De astros y confabulaciones” (1992) y “La fórmula secreta de la soledad” (1999). No alcanzó a publicar un tercer libro que estaba preparando y que llevaría por título “Los ángeles prohibidos del amanecer”.

Fue miembro del Centro Cultural y Artístico “Elquialmar”; Participó activamente en la SECH Regional, cuando se encontraba radicado todavía en la ciudad de Vicuña, desde donde viajaba permanentemente las actividades guturales, lo que se grafica claramente en secuencia de fotografías: fue distinguido por el Municipio de Vicuña como persona destacada de la comuna en febrero de 1994 con ocasión del 173º aniversario de la ciudad y entre sus varios premios obtuvo el tercer lugar en los Sextos Juegos Florales de Vicuña en diciembre del año 1997con su obra “Fragmentos del tatuado”.

Nuestra institución SECH entrega a sus familiares y amigos su sentir, creemos que la literatura nacional ha perdido a unos de los más promisorios escritores. Poeta Julio Miralles, nos encontraremos en otros astros y confabulaciones, buscando la fórmula secreta de la soledad.

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Cuento
De noche en el parque forestal
Por Walter GARIB
Del libro «No recomdable para señoritas»

Al escritor Luis Magaña y Luisa

Siempre que Gregorio Monteverde cruzaba en la noche el Parque Forestal rumbo a casa, veía a un hombre parado junto a la estatua de Rubén Darío. El individuo permanecía ahí en actitud vigilante, soportando con resignación las inclemencias del tiempo. Era alto, delgado y siempre vestía de negro, quizá para adecuarse a la noche.

Aunque Gregorio intentaba verle el rostro a la distancia, el extraño parecía ocultarlo. Quién sabe si aguardaba a alguien, acaso podía ser un creyente orando frente a la escultura. Se comenta que el poeta es milagroso y muchos afirman haber recibido favores de él. ¿O era un malhechor a la espera de la víctima ocasional? En más de una oportunidad habían sido atacadas mujeres en el sector, y aún no se resolvía el crimen de un conocido anticuario, arrojado sin cabeza y extremidades, a las cercanas aguas del río Mapocho.

Cuando llovía, la figura del extraño se desdibujaba haciéndose borrosa, pero continuaba impertérrito en el lugar de siempre. Esa actitud movía a sospecha, a suponer que cumplía una obligación misteriosa, acaso vinculada a algo imposible de explicar. Gregorio Monteverde, dominado por una fuerza irresistible, decidió un día desentrañar el enigma.

La presencia del hombre le empezaba a fastidiar, a molestar, a ser un estorbo en su vida. Un viernes, cerca de la medianoche llegó al Parque Forestal, cuando el cielo se cubría de nubes amenazantes y soplaba un aire tibio de tormenta. El extraño, permanecía en su sitio predilecto. Gregorio Monteverde lo observó largo rato, desde distintos ángulos. No podía seguir tolerando ni un día más, aquella presencia que incluso le restaba horas de sueño.

Se empezó a acercar sin lograr vencer el temblor creciente en las piernas y cierta inestabilidad de borracho. ¿Y si le preguntaba alguna intrascendencia, así como la hora, o dónde se hallaba una calle del sector? Parecía ser lo sensato, si iba a enfrentar a un desconocido. Como a esa hora no había nadie en el Parque Forestal, sintió miedo.

Nunca se sabe — pensó— cual puede ser la reacción de un desconocido, a quien se perturba sin razón.

Comenzaba a llover. El viento y el agua hacían vibrar las hojas y ramas de los árboles centenarios, produciendo una melodía tétrica. Igual, Gregorio continuó su marcha, sin importar las gotas que golpeaban su rostro y se colaban por entre su ropa.

Cuando estuvo cerca del enigmático fulano y pensaba con qué palabras iniciar la conversación, descubrió sorprendido, que era la sombra del personaje de la propia escultura, que se proyectaba sobre el muro blanco del edificio colindante.

A punto de reír a carcajadas se alejó desencantado. Tantas aprensiones por nada, no tenían justificación. Al voltear la cabeza para enfrentar de nuevo a la sombra, ésta lo seguía.

www.semanariotiempo.cl

Jacinto ANTÓN/ Memoria del soñador de apocalipsis


REPORTAJE
Memoria del soñador de apocalipsis
Por Jacinto ANTÓN

J. G. Ballard publica su autobiografía y revela que padece un cáncer sin curación

Piscinas vacías, carreteras desiertas, aeroplanos enterrados en el barro, ciudades sumergidas, eriales de cemento, automóviles rotos, selvas que cristalizan... Es en los reinos de la desolación y la melancolía -con toda su maravillosa atracción, su enfermiza belleza y su misterio- donde ha fructificado la imaginación del británico J. G. Ballard, uno de los grandes escritores fantásticos de nuestro tiempo, heredero de los surrealistas, autor de relatos extraños e inquietantes y de novelas igualmente perturbadoras (insanas, han dicho sus críticos) como El mundo sumergido, La sequía, Crash -llevada al cine por Cronenberg- o El día de la creación. Conocido popularmente por su novela El imperio del sol, en la que relataba su infancia en Shanghai y a partir de la cual Spielberg rodó la película del mismo título, Ballard ha publicado este año su verdadera autobiografía, Miracles of life. Shanghai to Shepperton (Fourth Estate, 2008), un libro conmovedor y revelador en el que repasa su vida. Y que cierra desvelando que padece un cáncer más allá de la curación.

Es la de Ballard, al que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) dedicará en junio una gran exposición comisariada por Jordi Costa, una autobiografía formalmente muy sobria, casi aséptica, pese a que explica la vida extraordinaria de un creador con mayúsculas y a que está recorrida por una profunda humanidad que pone a menudo al borde de las lágrimas. Es literariamente más plana que El imperio del sol y su secuela La bondad de las mujeres, sus dos novelas autobiográficas, pero tiene el aliciente de que aquí no hay ficción que vele la realidad, además de su calidad casi testamentaria.

James Graham Ballard, la mayor parte de cuya obra ha publicado en castellano Minotauro (Berenice acaba de editar su último libro de cuentos, Fiebre de guerra), nació en 1930 en Shanghai, donde sus padres formaban parte de la élite colonial británica. En esa ciudad "extravagante pero cruel" se enraíza su mundo literario. Es ahí donde, por ejemplo, le conmociona la visión de una piscina seca, símbolo emergente de lo desconocido que habría de convertirse en una de las imágenes más poderosas de su narrativa. Muchas otras de sus obsesiones, explica, nacieron mientras recorría en bicicleta la Shanghai ocupada, visitaba campos de aviación abandonados, casinos y night-clubs desiertos o contemplaba los esqueletos de dos submarinos varados en la playa de Tsingtao como dinosaurios herrumbrosos. Su primera degustación de surrealismo. "Aprendí que la realidad misma es un estado que puede ser desmantelado en cualquier momento, no importa cuán magnífica pueda parecer".

Tras Pearl Harbour, los japoneses internaron a Ballard y su familia en el campo de Lunghua, donde, escribe, pasó una de las épocas más felices de su vida, pese a las penurias. El joven Ballard observaba, entusiasmado ante la letal belleza tecnológica, pasar los cazas estadounidenses Mustang -"¡Cadillacs del cielo!"- desde la pagoda del campo. El escritor aprecia mucho la forma en que Spielberg plasmó la escena en celuloide. De esa época, Ballard describe un acontecimiento brutal en un apeadero ferroviario, donde presenció la tortura de un joven chino por soldados nipones.

El descubrimiento de Freud y de los pintores surrealistas (De Chirico, Ernst, Dalí, Magritte, Delvaux), cuando estudiaba en Cambridge, fue un hito en su vida y le impulsó a escribir. "Aún pienso que el psicoanálisis y el surrealismo son una llave para la verdad acerca de la existencia. Ofrecen una ruta de escape, un corredor secreto, a un mundo más real y con más significado". El arte es un hilo conductor en la vida de Ballard, que vivió la conmoción del pop art, fue amigo de Paolozzi y organizó la famosa exposición en The Arts Lab de automóviles destrozados en choques y presentados como esculturas. Una joven en top less recogía las reacciones del público. La experiencia sirvió de base a la no menos polémica novela Crash, cuya adaptación por Cronenberg en 1996 Ballard juzga "elegante".

Interesado en la psiquiatría, Ballard estudió Medicina. La disección de cadáveres, práctica a la que dedica un apartado de sus memorias, le abrió el mundo "vasto y misterioso" del cuerpo humano. Dejó los estudios para trabajar en una agencia publicitaria mientras trataba de ordenar sus impulsos literarios. En 1954 se alistó en la RAF en alas del vehemente interés por el vuelo y los aviones que le perseguía desde niño. Fue enviado a una base de la OTAN en Saskatchewan (Canadá) y allí, en los descansos de las prácticas en su aeroplano Harvard T-6, descubrió apasionado la ciencia-ficción. Pero le interesó el género como ingenio visionario, exploración no del espacio exterior, cósmico, sino del interior (acuñó el término "inner-space").

Tragedia y ternura

En 1955 se casó con Mary Matthews. En un autor entregado a extrañas visiones de apocalipsis y mórbidas realidades enajenadas, sorprende el grado de amor y ternura con que escribe de su esposa y sus tres hijos. A estos últimos les dedica la autobiografía. Ballard los sacó adelante solo en su casa del suburbio de Shepperton tras el fallecimiento en 1963 de su esposa a causa de una neumonía en Alicante durante unas vacaciones. El relato de ese episodio es tristísimo. "Le estuve diciendo que la quería hasta el final". Ballard pasa de puntillas la época de "desesperada promiscuidad" en que trató de olvidar a su mujer (en la biografía hay poco del sexo, a menudo malsano, de sus ficciones). El autor habla de una experiencia con el LSD -"una rejilla al infierno"- que le confirmó en su adicción al whisky con soda.

Ballard escribe que sus últimos años han sido felices hasta que en junio de 2006 le diagnosticaron un cáncer de próstata extendido a la columna y costillas. Los médicos le han quitado los dolores, pero han sido francos con él, así que no se hace ninguna ilusión sobre el fin. Y cuando uno lee esas frías palabras no puede dejar de percibir su eco en todas las piscinas vacías, estancias desiertas y lugares yermos que Ballard ha conjurado, libro a libro, en nuestras almas.

Articulo:
http://www.elpais.com 29/03/2008


Paisajes Literarios/Mariano ESTRADA VÁSQUEZ - Se me pone el alma

Paisajes Literarios
http://paisajes.blogcindario.com


Mariano Estrada Vázquez Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado Justel. Es natural de Muelas de los Caballeros (Zamora) y ha publicado los poemarios «Mitad de amor, dos cuartos de querencias» (1984), «El cielo se hizo de amor» (1986), «Tierra conmovida» (1987), «Trozos de cazuela compartida» (1991), el ensayo «Paco Llorca, semblanzas del arte» (1993) y «Azumbres de la noche» (1993).

Ha publicado en papel los poemarios "Desde la flor del almendro" (1995), "Hojas lentas de otoño" (1997) y "Amores colaterales".

Por otra parte, algunos libros que han sido parcial o totalmente publicados en Internet, como "Vientos de soledad", "El limón hespérico" y actualmente escribe "Gotas de hielo" y también un ensayo titulado "Aguablanca, caminos de ida y vuelta", otro titulado "La patrias de dulcinea", junto ha algunos cuentos y numerosos artículos de variada índole.

Sobre Azul@rte:


Se me pone el alma: historia de un poema
Por Mariano Estrada Vázquez

Este poema no ha sido premiado, pero casi. Fue en Santomera, Murcia, hace ya mucho tiempo, tanto que apenas lo puedo precisar ¿Lustro más o menos? Más de tres. Me llamó el secretario del jurado, para comunicarme que había obtenido el primer premio. Y añadió:
-¿Qué relación tiene usted con Santomera?
-Ninguna –respondí, tal vez precipitadamente.
-Alguna debe de tener, porque las bases dicen…
-Lo siento, no leí las bases, sólo un recorte de periódico.
-Pero usted habrá estado en Santomera alguna vez, supongo
-No, no he estado nunca.
-Entonces no podemos darle el premio.
-Qué le vamos a hacer, el que venga detrás quizás se alegre.

Se notaba –o lo noté yo-, que quería darme el Premio, pero no pudo. La verdad es que podía haber sido de otro modo, como me hizo saber luego Paco Llorca, cuando se lo conté:
-Pero Mariano –exclamó-, ¿tanto te costaba haber cogido el coche y haber ido a visitar Santomera aquel mismo día? Está sólo a una hora. Para cuando te dieran el premio ya hubieras cumplido con las bases…

Vaya, podía haberle dicho al secretario que me llamara por la noche, que acababa de coger una indisposición momentánea: “Por favor, me ha dado un jamacuco, llámeme después de la publicidad”. Pero, bromas aparte, lo cierto es que Paco Llorca le tenía un gran cariño a este poema, no en vano lo recitó tantas veces a lo largo de ocho años: la penúltima en el teatro De Rojas, Toledo, el 26 de diciembre de 1991.

Algún tiempo después, y a causa de un catarro famélico, Paco moría en Benidorm, estando yo en Cazorla con mi familia. Entre los muchos homenajes que le hicimos, destaca el tributado por el maestro José Garberí, ilustre músico alicantino que, además de poner en solfa el poema, le dio una espléndida voz en la persona de su yerno José Manuel Navarro, un joven barítono que cantaba a sus órdenes en la Peña Lírica Alicantina.

Hace sólo unos meses, nuestra entrañable amiga Mar, tal como nos tiene acostumbrados y sólo ella sabe, recreó fantásticamente este poema. Ya sabéis, dedicación, sensibilidad, imágenes y música. No importa que el material sea prestado: ella lo manipula y lo transforma. Porque ella es auténtica.

Por último, a diecisiete años de que lo hiciera el maestro Garberí (Veintitrés desde que fue escrito el poema), un formidable músico asturiano, Marcelino García Sal, ha vuelto a vestirlo de música. Una música que, en este caso, tiene la misión de crear un ambiente adecuado para su declamación o lectura, ya que para eso fue concebida, tal como me ha dicho el autor ¿Música al servicio del poema? Eso, zapato a medida de su horma.

En fin, que, a pesar de los pesares, queda mucha generosidad en el mundo, ¿no? Marcelino fue compañero de Colegio, en la Virgen del Camino, León (De colegio, que no de curso, ya que él es unos años más joven). Y, por supuesto, desconocía la intrahistoria de este poema que, de uno u otro modo, habla del tema de nuestro tiempo y, mira tú por donde, de los estados del alma.

Un abrazo


Se me pone el alma…
Por Mariano Estrada Vázquez
A Paco Llorca

Se me pone el alma
solitaria y triste,
descreída y vieja,
porque nadie admira,
porque nadie escucha,
porque nadie sueña.

Porque nadie sabe
mantener el fuego
con aquella leña
que nos dio calores
que nos dio esperanzas
que nos dio creencias

Y la vida pasa
como pasa el hombre
que no tiene señas:
sin dejar constancia,
sin hacer ovillo,
sin hacer madeja.

Sin dejar tampoco,
como deja el aire,
como el agua deja,
una marca honda,
una huella firme,
una firma cierta.

Pues si fuimos fuentes
con el agua limpia,
con el agua fresca,
ahora somos pozos
con el agua turbia,
con el agua negra.

Ojalá los hombres,
ojalá las cosas,
ojalá las bestias,
me trajeran sueños
de la Edad de Bronce,
de la Edad de Piedra.

Donde hubiera arraigo,
donde hubiera calma,
donde el tiempo fuera
el reloj callado
de las grandes horas,
de las horas muertas.

Pero nadie sabe
de ese pauso sueño
que nos da paciencia,
porque todo urge,
porque todo empuja,
porque todo aprieta.

Y el aprieto agobia
y el agobio mata
y la muerte entierra
los amores hondos,
los quereres dulces,
las sonrisas tiernas.

Pues las ansias mueren
y
as glorias pasan
y las prisas dejan
a los hombres solos,
entre sueños vanos
y palabras hueras.

Que los pies se cansan
y los cuerpos sufren
y las almas quedan
como el alma mía,
solitaria y triste,
descreída y vieja.

Liz PERALES/Entrevista a Mario VARGAS LLOSA


Mario Vargas Llosa
“Las buenas novelas nos convencen de que sus mentiras son verdad”
Por Liz PERALES

La verdad de las mentiras es el título con el que Mario Vargas Llosa publicó en los 90 las críticas de sus lecturas preferidas, precedidas de un prólogo en el que habla del valor de la literatura para transformar la existencia. Aquel libro ha inspirado el espectáculo teatral de título homónimo protagonizado por el propio autor. En compañía de la actriz Aitana Sánchez Gijón y dirigido por Joan Ollé, Vargas Llosa conduce al público por algunas de las “mentiras” más convincentes de la Literatura universal. Se presenta el 3 de febrero en el teatro Español de Madrid.

Mario Vargas Llosa sentó sus reales en la novela y, desde ahí, ha tratado otros géneros literarios, otras disciplinas artísticas. Ensayista literario y político, en el ruedo periodístico se ha erigido como una voz singular emparentada también con la mejor tradición del intelectual ilustrado que busca el testimonio directo viajando al Irak posbélico (Diario de Irak) o a la conflictiva Palestina (Israel, Palestina, Paz o guerra santa). El cine tampoco le es ajeno, codirigió en los 70 su obra Pantaleón y las visitadoras y pronto, el 3 de marzo, se estrena la adaptación de su novela La fiesta del chivo (dirigida por Luís Llosa).

Pero su campo de acción en los últimos meses han sido los escenarios, a los que, según confiesa, pensó en dedicarse cuando era joven; no encontró en la Lima de sus años universitarios ninguna corriente o grupo que le animara a seguir por el camino del teatro y temía convertirse en un dramaturgo silente. Ya novelista consagrado, sí ha frecuentado el género, como pone de manifiesto la reciente edición de Alfaguara de sus cinco obras dramáticas (La señorita de Tacna , Kathie y el hipopótamo, La Chunga, El loco de los balcones y Ojos bonitos, cuadros feos). Su acercamiento a los escenarios también se ha manifestado a través de La verdad de las mentiras, suerte de cuentacuentos en el que el autor hace de sí mismo para contar cinco de sus “mentiras” literarias predilectas. Acompañado de la actriz Aitana Sánchez Gijón y dirigido por Joan Ollé, este juego escénico se estrenó el año pasado en Barcelona y se ha representado también en México y Perú y probablemente recorra otras ciudades suramericanas. A partir de mañana y hasta el día 5, el público del Teatro Español de Madrid podrá disfrutar con este excepcional y hechizante contador de cuentos.

–Los textos que lee en La verdad de las mentiras difieren según el lugar donde se representa. ¿Qué cambios ha introducido para su actuación en Madrid?
–Para esta presentación en Madrid hemos añadido un cuento de Francisco Ayala, Diálogo entre el amor y un viejo, y otro del mexicano Juan Rulfo: ¡Diles que no me maten!. La idea ha sido ofrecer un pequeño panorama de la literatura contemporánea, y, además, rendir un homenaje a Francisco Ayala en su vigoroso centenario. (Los otros fragmentos son A rose for Emily, de Faulkner; El infierno tan temido, de Juan Carlos Onetti, y El Aleph, de Borges.)

Feliz y muerto de miedo

– ¿Cómo se siente haciendo de Vargas Llosa en el escenario? ¿Es distinta su actuación a la de cuando, por ejemplo, da una conferencia?
–En el escenario, contando historias y representándolas junto a Aitana Sánchez Gijón, me siento feliz y muerto de miedo al mismo tiempo. Claro que es muy distinto contar historias y representarlas que dar una conferencia. El conferenciante es uno mismo. El contador de cuentos se multiplica, se desdobla, se encarna en otros personajes. Vive la ficción de una manera tan intensa y auténtica como si hubiera reencarnado en los personajes de sus historias. Es una experiencia maravillosa, imposible de describir.

–Aunque ha escrito obras de teatro, usted renunció a ser dramaturgo.
–Es verdad. Si en la Lima de los años 50 hubiera habido un movimiento teatral, probablemente habría sido un autor de teatro antes de ser novelista. El teatro fue mi gran pasión desde que vi, en el viejo escenario del Teatro Segura, a la Compañía de Francisco Petrone, montando La muerte de un viajante de Arthur Miller. Durante semanas estuve hechizado, bajo el efecto de esa historia vivida de manera tan persuasiva y conmovedora sobre las tablas. Pero casi no había posibilidad de ver representadas las obras de un joven escritor en esos años. Eso hizo que escribiera sobre todo cuentos y luego novelas. Pero el amor al teatro nunca desapareció del todo. La prueba es que he escrito varias obras teatrales y este espectáculo, La verdad de las mentiras, es una fusión de mis amores: por el teatro, por la literatura y por el antiquísimo arte de los contadores de cuentos. Quiero agradecerle una vez más a Aitana Sánchez Gijón al apoyo que me prestó. Sin su talento y su generosidad este espectáculo jamás hubiera sido posible.

–Dice en el libro homónimo que ha servido de inspiración para el espectáculo que los hechos sufren una profunda modificación al traducirse en palabras, pero tras su experiencia escénica ¿cómo opera el lenguaje escénico, a diferencia de la novela, con esas palabras?
–En una novela las palabras lo son todo. En un escenario, las palabras son sólo parte de la historia. Además, importan el gesto, la entonación, los silencios, los movimientos. Una historia escrita tiene una permanencia, una estabilidad de las que un espectáculo teatral carece. En el teatro las cosas ocurren como en la vida: una sola y definitiva vez. (No hay dos representaciones que sean idénticas).

–Añade que el teatro y la poesía es más propio de culturas religiosas, mientras la novela lo es de culturas en crisis. ¿Cuál es entonces la mejor conyuntura cultural o política para que se dé el mejor teatro?
–El teatro se puede dar en cualquier coyuntura si es que sabe echar raíces en un público. Desde luego que hay ciertas ciudades o países donde el teatro ha echado raíces profundas y mantenido un público fiel como Londres, Buenos Aires o Nueva York. Pero el teatro es una forma de arte y puede conectar con todos los públicos y ser refinado y popular al mismo tiempo, como lo ha sido gracias a Shakespeare, a Molière o a Lope de Vega. Probablemente es éste el espectáculo que más intensamente puede hacer vivir a un público la problemática en la que está inmerso y, al mismo tiempo, distraerlo y sumirlo en un mundo mejor, de “mentiras”, es decir, de fantasía y de sueños. Como una regla sin excepciones, el teatro en particular y el arte en general, se dan mejor y son más creativos en sociedades profundamente insatisfechas de la vida que llevan. En las sociedades conformistas, el arte suele ser adocenado y efímero.

No soy un crítico objetivo

–Muchos escritores (Italo Calvino, Amis, Manguel, Piglia ...) han ordenado en libros sus lecturas preferidas ¿Es una necesidad del escritor ?
–La crítica literaria ha sido siempre para mí lo que Octavio Paz llamaba “un ejercicio de la imaginación”. Sólo hago crítica sobre autores o libros que me apasionan y la hago, como escribo mis historias: metiendo las vísceras en mis opiniones y utilizando esas obras sólo como una materia prima para construir algo distinto a una estricta interpretación. No aspiro a ser un crítico “objetivo” ni mucho menos.

–Aunque el libro es de 1990, sus lecturas preferidas son mayoritariamente de autores anglosajones. ¿La novela del siglo XX habla preferentemente en inglés?
–La razón de que en La verdad de las mentiras, el libro de ensayos de 1990, haya sobre todo escritores anglosajones, se debe a que esas novelas, que yo elegí para una colección del Círculo de Lectores, debían evitar las de lengua española ya que había otra colección de la misma serie dedicada a la ficción española e hispanoamericana. Por eso, en la revisión, he añadido ensayos sobre otros libros que no figuraban en la primera edición. Pero, creo que es justo decir que en la novela moderna hay grandes escritores de lengua inglesa: Joyce, Faulkner, Dos Passos, Virginia Woolf, por ejemplo.

La inseguridad del mundo

–Y el boom de la literatura histórica ¿Es una moda pasajera?
–Creo que la literatura histórica tiene una robusta tradición y que nunca ha pasado de moda. Tal vez contribuya a explicar el auge que ahora tiene lo inseguros que nos sentimos sobre el futuro del mundo. Por eso miramos hacia atrás para ver si encontramos un terreno más seguro en qué apoyarnos.

–La fidelidad a la verdad distingue la literatura del periodismo o de la historia. Pero los límites no están claros: algunos lectores de La fiesta del chivo pueden pensar que Trujillo era y hacía exactamente lo que usted cuenta.
–Las buenas novelas nos convencen de que aquéllo que cuentan es verdad, aunque nos cuenten fantásticas mentiras y las malas novelas nos parecen siempre falsas aunque se ajusten a la verdad histórica. El criterio de verdad y mentira funciona en una novela de una manera muy distinta de cómo lo hace en el periodismo o en la historia porque la verdad de una novela no depende de un cotejo con una realidad exterior y anterior a ella. Depende sólo del poder de persuasión de la propia novela. Dicho esto, hay que añadir algo muy importante: en las mentiras y embauques que las buenas novelas nos hacen tragar, hay una verdad profunda y escurridiza que aparece siempre, y que sólo la literatura es capaz de transmitir: aquella verdad que está detrás de las mentiras que la gente se inventa a sí misma para defenderse del sufrimiento y de la frustración, para vivir mejor de lo que vive. Gracias a Tolstoi entendemos mejor el fracaso de los ejércitos de Napoleón en Rusia y en las páginas del Quijote vivimos con más autenticidad el Siglo de Oro que en los más eruditos testimonios históricos.

–Y ahora, ¿qué obra le mantiene ocupado?
–Pronto saldrá Travesuras de la niña mala, mi última novela, en la que he trabajado los últimos dos años. Es una historia de amor que dura cuarenta años y que transcurre en Lima, en los años 50, París en los 60, en Londres en los 70 y termina en Madrid de los 80. Ahora trabajo en Odiseo y Penélope, una versión minimalista de La Odisea, para ser contada y representada en un escenario por los dos personajes del título.

Vargas Llosa sube a escena
Entrevista con Aitana Sánchez Gijón
Articulo: http://www.elcultural.es 28/03/2008

Migé S.APARICIO/ En la bañera



E-mail:
velezmalaga@ono.com

Sobre
Azul@rte:http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Mig%C3%A9+S.APARICIO


En la bañera
Por Migé S.APARICIO

En la bañera,
una vez más me dormido me quedé.
Intuí, había llegado una alada sirena.
Abrí los ojos, y, allí estabas tú.

Chapoteabas el agua suavemente,
sonrisa espléndida;
diamantes entornados, para no evaporar
de golpe, el líquido que nos separaba.

Picaresca se tornaba la sonrisa,
mientras lentamente te sumergías.
Ellas no necesitaban flotar.

Hacia a mí apuntaban,
tus pies tocaban los míos.
"ellas " imanaban mis dedos.





Ilustracion: Ingres

Juan GOYTISOLO/Escritora a secas


CRÍTICA: Escaparate
Escritora a secas
Por Juan GOYTISOLO

La literatura escrita por mujeres no es algo nuevo: existe a lo largo de los tiempos -bastaría con citar los ejemplos de Safo y de las mujeres-relato de Sahrazad-, pero conservó su carácter minoritario y excéntrico hasta mediados del pasado siglo.


Si nos ceñimos al ámbito de nuestra lengua, las excepciones al monopolio masculino -Teresa de Ávila, María de Zayas, sor Juana Inés de la Cruz- revelan la extraordinaria energía rupturista de quienes osaron adentrarse en un territorio hostil. Conducta impropia de su sexo, dirán algunos sesudos varones. Peor aún: anomalía condenada al silencio, como muestra el admirable ensayo de Octavio Paz sobre la autora de Primero sueño.

Por fortuna, las cosas han cambiado un tanto: después de la novela y poesía "femeninas", objeto primero de burla y luego de condescendencia, la irrupción de la literatura feminista propulsada por Simone de Beauvoir y el Women's Liberation Front aguzó de nuevo al filo de las críticas, antes de digerida y normalizada por la institución literaria europea y norteamericana. En la segunda mitad del siglo XX se trazaron nuevas fronteras y se delimitaron nuevos campos. La novela, la literatura y el pensamiento crítico podían ser específicamente "femeninos" (y mirados, claro está, por encima del hombro) o feministas (ciertamente incómodos, pero tolerados con paternalista resignación). Quedaban no obstante a la intemperie, en tierra de nadie, algunas figuras que no encajan en tal esquema. ¿Dónde situar a María Zambrano, Rosa Chacel, Ida Vitale, Blanca Varela, Ana María Matute y otras voces poéticas o narrativas reacias a toda normativa o clasificación? ¿Son, pueden ser, representativas de la supuesta alma femenina? Obviamente, no. Entran, como en la atera o coso de la política, en un espacio de durísima competencia. Han de abrirse camino en un gremio celoso de sus privilegios, "frente a pequeñas mafias", dirá Nuria Amat, "en posición de ataque contra una literatura que jamás podrá pertenecerles".

La autora de Deja que la vida llueva sobre mí -que acaba de publicar también Poemas impuros- no escribe obras femeninas ni reivindicativas. Tampoco novelas de temática previsible ni productos de venta fácil. No asume identidad alguna, ni siquiera la del "segundo sexo". Sus fuentes de inspiración habrá que buscarlas en Virginia Woolf y Emily Dickinson, cuya poesía tradujo mientras componía el libro. Nuria Amat quiere ser, y es, escritora a secas. Su última novela -como La intimidad o El país del alma- contiene numerosos elementos autobiográficos, pero no es una autobiografía novelada sino una propuesta literaria que afronta el reto de la novedad y en la que el pasado vivido o imaginado se integra en el conjunto del libro como un componente más. Las contradicciones no asustan a la autora. Si afirma que "escribir es un desafío a morir", admite también que "contar es traficar con la verdad". "Embarazada de su mesa de trabajo", se autodefine "peregrina de la letra" y prosigue su "cruzada en solitario".

La cita que abre el libro, la respuesta de Hannah Arendt a una pregunta de Heidegger -"nunca me he sentido mujer alemana y, desde hace tiempo, he dejado de sentirme mujer judía. Me siento como aquello que soy, ni más ni menos: como una persona en tierra extraña"-, nos da la clave de su escritura en cuanto proceso de desidentificación. El rechazo de las identidades fijas, establecidas de una vez para siempre, ya sean nacionales, ideológicas, religiosas o sexuales en la medida en que excluyen lo ajeno y niegan la preciosa diversidad del ser humano, le conduce al contrario de los márgenes de lo consensuado, a esa periferia desde la cual la realidad puede ser vista en toda su complejidad, como un rompecabezas de difícil reconstitución. Así será "mujer, divorciada, hijastra, huérfana y escritora". En suma, desterritorializada, como lo fue la autora de Orlando.

La propuesta de Deja que la vida llueva sobre mí, no reitera lo ya dicho y repetido hasta la saciedad. En una época en la que la letra tiende a convertirse en sierva de la imagen -de ahí el afán de parir novelas adaptables a la pequeña o gran pantalla- resulta tónico leer: "El televisor se ha convertido en un mueble sospechoso. Oculto y mudo como un general sin mando en el centro de un desierto". El público lector puede escoger aún, no sé por cuánto tiempo, entre la propuesta literaria enriquecedora y el producto de consumo destinado al mueble sospechoso que le encandila con su ventanita abierta a la inanidad.

Articulo:
http://www.elpais.com 29/03/2008

Ilustracion: Charles Mengin - «Sapho»

“Jinre" GUEVARA DIAZ/ Desearía de ti…


“Jinre" Guevara Díaz, Perú, nací el 24 de Marzo de 1968 en el distrito de Breña, Lima, pero toda mi vida radiqué en San Martín de Porres. Soy hijo de padres, abuelos y bisabuelos Cajamarquinos, tierra bella que llevo en la mente y el corazón, junto a la patria toda.

E-mail:
jinrejinre@gmail.com
Sitio : http://jinre-jinre.blogspot.com/

Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Jinre%22+Guevara+D%C3%ADaz
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Desearía de ti…
Por “Jinre" Guevara Díaz

desearía de ti…

que tus reflexiones puedan encontrar eco en mi ser.
que tu necesidad de compañía pueda ser reconfortada con mi mano

...tu necesidad de dialogar, encontrara una charla agradable con mis palabras.

que tus motivaciones sobre la vida se encontraran con las mías... andar juntos... y brindar lo mejor…

que tu necesidad de soledad e independencia sea asumida sabiendo que cuentas siempre con mi apoyo…

que la mujer toda que habita en ti pudiera entregarse estremecida, teniéndome a tu lado... siendo el compañero de tu vida.


Comments and History,comentarios e Historia/ Herrera Angel Eulises ORTIZ


Comments and History,comentarios e Historia
http://cunday.blogspot.com

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Poesias Para una despedida (poetries for a farewell)
GÉNESIS ABORTADO

5.
“Trata de llegar a las estrellas. Nunca llegaras pero no terminaras con las manos embarradas”. Leo Burnet

No basta volar hondo /Hasta un cielo privado/Y después,/Irse de casa, /Ebrio de cometas,/A poblar caminos.

Las huellas en la playa /Siempre las borra el agua.
Despierta.
Crecer también significa pudrirse,/Hacerse ausente;/Arrimarse a hogueras /Que calcinen delicadas fibras.
Despierta.
Ningún canto puede desatarnos.
Película pasada de moda o eolitos.
Despierta.

(Poesias para una despedida. Partir es crecer un poco, valorar más lo ido por parte de quien se queda, valorar más lo dejado por parte de quien se va. Partir puede doler pero irónicamente sabemos que enseña mas el dolor que la alegría, la carencia que la abundancia. Cómo la arquetípica Débora, despierta Diana, despierta)

6.
“Hay legados para dejar a los hijos; el primero, raíces; el segundo, alas”.
Miguel de Unamuno.


Se trata de emprender el penoso ascenso,/Eliminando los vestigios delatores/En tu caminata hacia los astros.
Que ninguno sepa.
Que el día de la quema, tosan,/Por el picante humo que tu boca exhale.
Y cuando logres asir el pétalo/Más tenue y cristalino,/Cuando la onda trivial ya no te toque/Ni te consuma,/Piensa en nosotros,/Esclavos voluntarios de la redondez y la lujuria,/Viles gusanos que no seremos mariposas.


BLUE
1.
Arreboles al fondo,/Del brazo de un cantar que te evoca,/Muchachita bella,/Plagado de versos amarillos y pajaritos Consentidos.

Y aunque el poema evolucione en tacto,/Y de tu código transite a éxtasis distintos,

En procura del aroma exacto/Que extravié en la fuente,/Habrá siempre auroras/Para gestar relatos,/Que refresquen los últimos/Peldaños de tu ida.

(Poesías para una despedida. Todo vuelve a su fuente y acaso tal vez las palabritas, aunadas a lo intenso de todo lo vivido a su lado, permitan cimentar lo que sigue entre nosotros, Diana)
.
WHITE LIGHT

El firmamento es Traspasado /Por un foso/Blanquecino y cegador.
Hay una rotura/En la red,/Hay una fuga.
Allí te amo.

(Poesías para una despedida. El amor alimenta tanto la sugestión y la fe entre los enamorados que parecen no haber imposibles. Diana, ¿y si le damos una cruenta guerra al olvido? ¿si le arrebatamos a los mares interpuestos toda la esencia de lo nuestro?)

TONADA
.
Los cardos retoñaran en brevos,/Puedo anticiparlo.
Y hasta es posible que su voz se escape:/Bálsamo mestizo de durazno y menta;/Paliativo de un alma tartamuda y marginada.

Y las penumbras del altar coincidirán,/Concebirán su nombre,/Amasara su greda y le darán a ella,/El cetro de este reino venido a menos,/Magnifico caos primordial/Donde resucitan y giran/Los retos de genealogías y relojes.

(Poesías para una despedida. En ultimas el veredicto es que estoy atrapado, mujer. Ya sos mi Matilde, Helena,Beatriz y Dulcinea del Toboso, todas a la vez; sos ideal pero tambien humana)

CARTA DE AMOR
1
Eres acorde de romanza lejana,/Ritmo de infancia palmoteando añoranzas,/Meta y principio/De sinuoso sendero.

Amo tu voz/Como al trozo del buque hundido/Que me permitirá vivir.Pasaran crecientes, viaductos/Y torrentes de orquídeas,/Lava regenerativa Emprenderá un origen.

Nada derribara tu venerada imagen,/Cristal de mi espejo.

El hado iracundo proferirá denuestos/Contra tu carcaj y mi saeta,/Hasta que tú conjunto y el mío,/Intersecten en un plano atemporal,/Acolchado de gladiolos,/Henchido de efluvios,/Eléctrico y creativo, /Como deidades Curiosas /Imaginando alternativas sin Par.

(Poesías para una despedida. Quienes surfean saben que debemos esperar el momento justo para treparnos a la ola y superarla,Diana, la cazadora, "todo tiene su tiempo")
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APOCALIPSIS

Al tronar la solemne trompeta/Y ululen las sirenas,/Te quiero anclada en mis abecedarios;/Junto a mí, apurando el cáliz /Del sabor que corresponda.

Para que partamos agitados, sonrojados /Y sonrientes a desintegrarnos/En atomitos de perenne afecto,/A contravía y despecho del evento.

Te tornarás en juicio y resurrección,/En semilla que germinará y poblará /Los pastizales,

En abrevadero y rito/De un despertar agradecido.


Poesias Para una despedida, tomados de ORTIZ Herrera Angel Eulises.
Puros cuentos,canciones de Amor.
Ilustracion: Siegfreid WOLDHEK - http://woldhek.nl/

Luisgé MARTÍN/ Los libros muertos

CRÓNICA
Los libros muertos
Por Luisgé Martín

Mi padre, cuando yo era niño, compraba libros, los hojeaba vagamente y los guardaba luego en la biblioteca que teníamos en el salón mientras repetía una frase ritual: "Para la jubilación". Yo crecí creyendo, así, que los libros eran uno de esos tesoros que se van acopiando poco a poco para ser gastados luego con paladeo. Crecí creyendo que la recompensa que traía la vejez era ésa: la placidez de un tiempo interminable en el que poder leer.

Cuando por fin se jubiló, mi padre no leyó ninguno de aquellos libros, pues algunos hábitos necesitan adiestramiento. Yo, sin embargo, seguí creyendo que en la edad provecta encontraría ese paraíso: días sin fin ocupados con la lectura. Hasta los treinta años estuve convencido de que, salvo que muriera joven, tendría tiempo a lo largo de mi vida para leer todo lo que me interesaba. Por eso gastaba mucho dinero en comprar libros que no podría leer de inmediato pero que, en esa jubilación dorada o en alguna vacación, tendría ocasión de disfrutar.

Luego empecé yo mismo a publicar libros, a conocer a escritores y a tener tratos con editoriales de todo pelaje. Comenzaron a llegarme a casa novelas, ensayos, volúmenes de cuentos y tomos misceláneos que había que sumar a los que yo seguía comprando meticulosamente. Y llegó un momento en el que me di cuenta de que, como muchas otras cosas cardinales, aquel asunto tenía una formulación dolorosamente matemática. A causa de mis obligaciones laborales, de los tratos con amistades y familia, de mi pasión por el cine y del desafuero de la vida urbana, solía leer al año entre 40 y 60 títulos. En ese mismo periodo, mi biblioteca, haciendo números redondos, se engrosaba con unos 250, de los cuales me apetecía leer al menos la mitad. Es decir, que cada año mi saldo negativo engordaba en 75 libros, a los que yo de vez en cuando acariciaba el lomo diciendo: "Para la jubilación".

A los cuarenta años me hice construir en mi dormitorio una pequeña biblioteca para acoger los libros pendientes, pero se llenó enseguida. A los cuarenta y tres, aprovechando una mudanza, me hice fabricar otra con muchas más estanterías y purgué los títulos con un criterio exigente: guardé allí sólo aquellos por los que sentía verdadero deseo y trasladé a la biblioteca ordinaria o regalé los que habían dejado de interesarme poderosamente. Redoblé además el rigor con el que abandonaba a medio leer los libros que no me seducían lo suficiente, procurando así vaciar con mayor rapidez los estantes hacinados. A pesar de todos mis esfuerzos, sin embargo, siguieron llenándose sin remisión.

He calculado que a este ritmo llegaré a la edad de jubilación con 2.000 libros pendientes de lectura. Suponiendo que viviera veinte años más con buena salud y que el ritmo de engordamiento anual de mi biblioteca fuera en ese tiempo menor (descartados ya los clásicos), debería engullir unos cuatro libros cada semana para morir en paz literaria, todo ello sin darme ocasión a releer ni una sola página. Es decir, debería dedicar mi vejez a leer sin desfallecimiento, obsesivamente, lo que resulta una tarea imposible y desagradable. Por eso cuando entro cada día al dormitorio y me paro frente a los anaqueles a mirar los libros sin abrir, veo las sombras de la muerte. Trato de averiguar cuáles de aquellos volúmenes mansos irán quedándose allí año tras año. Qué personajes o qué aventuras. Qué palabras del laberinto. –

Luisgé Martín (Madrid, 1962) es autor de Los amores confiados y El alma del erizo, ambos en Alfaguara.

Articulo:
http://www.elpais.com 29/03/2008
Ilustracion: Ricardo Peláez

Andrés ORTEGA/Efectos sin causas


CRÍTICA: LIBROS
Efectos sin causas
Por Andrés ORTEGA

"La religión es una creación del ser humano". Cabe coincidir con el punto de partida de Christopher Hitchens -que se define además de como ateo como "humanista secular"- en este libro ameno aunque no exento de trivialidad. Incluso se le puede acompañar en la nada novedosa afirmación de que la religión ha matado, y mata. Aunque más correcto sería decir que mucho se ha matado en nombre de la religión.

Hitchens no parte de una definición válida de religión, aunque quizás sí de su origen vanidoso. Incluye a Buda entre los dioses, lo que muchos budistas considerarían un disparate. Incluso cabe cuestionar si el budismo es una religión, que en todo caso sería una religión sin dios. Y califica el sintoísmo de "pseudo religión". Lo que nos lleva a otra crítica de partida: el autor confunde dios y religión, y no separa suficientemente la idea de dios de la idea de una vida después de la muerte. Ni las religiones de sus instituciones. Al menos Richard Dawkins, en El espejismo de Dios, (más interesante al venir de un científico), descarta desde un principio al "dios de Einstein", alejado de toda concepción supranatural y mística. Aunque la teoría científica no necesite de la suposición de que existe un dios (o varios) el ateísmo de Hitchens acaba resultando demasiado primario.

Su objetivo con este libro no parece situarse entre los grandes del debate teológico o ateo, sino hacer una crítica directa de la religión -sobre todo de las tres monoteístas del libro: el judaísmo, el cristianismo y el islam- para un público esencialmente norteamericano, donde, por ejemplo, el debate sobre el creacionismo, o su fase superior, el llamado "diseño inteligente", que como él mismo recuerda no llega siquiera a ser una teoría, frente a la de la evolución. Afirma que "se puede vivir una vida ética sin religión", lo que parece verdad, pero no resulta evidente para muchos, aunque las neurociencias, que toca de pasada, están haciendo aportaciones muy interesantes al respecto.

Si la religión es un invento humano, cabría esperar una explicación, al menos sociológica e histórica, de por qué ha tenido tanto éxito, de por qué ha importado y vuelve a importar tanto. Puede que Hitchens viera este regreso de la religión mucho antes del 11 de septiembre de 2001, entre otras cosas por su relación personal con Salman Rushdie, el autor condenado por una fetua del ayatolá Jomeini tras la publicación de sus Versos satánicos. Y por otros muchos síntomas que recoge. Pues es un libro lleno de vivencias personales, aunque no llega al nivel de los de V. S. Naipaul en sus viajes por países islámicos. Pero no acaba de explicar.De un autor como él cabía esperar una explicación, sin duda compleja, de por qué hay un regreso de la religión, o al menos de dios. De hecho, tiene interés pensar por qué ha tenido tanto éxito en Estados Unidos y en el Reino Unido el libro de Hitchens, y cómo refleja un renovado interés por el ateísmo.

Éste es un libro sobre efectos, no sobre causas de las religiones. Y entre estos efectos, el eje central es que "la religión lo emponzoña todo". Los ejemplos que da sobre la violencia que desata la religión, "la crueldad inspirada por la religión", son verdaderos, pero quizás le falta una mayor profundidad histórica, pues todo esto no es nuevo. Cuando considera que "por lo que sé, hoy en día no hay ningún país en el mundo en el que se practique todavía la esclavitud sin que la justificación proceda del Corán", se olvida de Haití y otros lugares. O cuando señala que el cristianismo está "demasiado reprimido como para prometer sexo en el paraíso", se olvida del muy terrenal Cantar de los cantares.

La afirmación de que "parte de estas tempestades de odio, de fanatismo y de sed de sangre han pasado ya" no responde, desgraciadamente, a la realidad, aunque algo hayamos ganado respecto a un pasado no tan lejano. "La religión dijo sus últimas palabras inteligibles, nobles o inspiradoras hace mucho tiempo", señala. Hitchens en su crítica a las religiones se aferra demasiado a la textualidad de los textos religiosos, casi como un antifundamentalista fundamentalista. Aunque haya gente que crea a pies juntillas lo que dicen algunas escrituras, Hitchens olvida la fuerza del mito, muy presente, bajo nuevas o viejas guisas en nuestros tiempos, y que son parte de la realidad.

"Todo funciona sin esa suposición" que sería dios. "Se puede creer en un agente divino si se desea, pero da exactamente igual, y entre los astrónomos y físicos la fe se ha convertido en algo privado y bastante común". Bien. Pero en una gran parte del resto de la humanidad, la religión sigue muy fuerte, y pese a que lo más privado sean las reflexiones de cada cual frente a la muerte y mucho más público, social, que privado.

La traducción es correcta aunque incide en algunos errores. Los evangelicals no se deben traducir por evangelistas sino por evangélicos. Los reborn christians tampoco por los "vueltos a nacer", sino por los renacidos.

Hacia el final argumenta cómo terminan las religiones. Y claro, como toda obra del hombre, terminan. Aunque sorprende la capacidad de resistencia de algunas, desde el judaísmo al cristianismo y el islam, entre las monoteístas, pasando por el hinduismo y otras. Pero si lo que buscaba Hitchens era provocar, en parte lo ha conseguido. –

Articulo:
http://www.elpais.com 29/03/2008

Maritza Luza CASTILLO/ Involución

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Maritza Luza Castillo, Perú, Periodista y Escritora. Seudónimo: La Condesa de P de Monte. Seleccionada entre las 10 obras finalistas en el certamen organizado por Civilia”, “Relato hiperbreve “de la Fundación Derechos Civiles. Certamen “Todos Somos diferentes” Nombre del cuento impreso en la colección “Cansiano”. Nombre del ejemplar publicado el 6 de Julio del 2004 “Libertad bajo palabra”

SobreAzul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Maritza+Luza+Castillo+


Involución
Por Maritza Luza Castillo

En este universo hay dos culturas paralelas. Figuras que comprende por un lado, un lugar preponderante y otro aplacado. Este contexto opera como un espacio destinado a sublimar las relaciones de poder, influencia y la cultura. Mientras que subyace para la otra orbe, esa orbe oscura aforismos equivalentes a la muerte lenta. Vale decir, la involución humana

Dicha involución es un método bien sabido y mejor aplicado por la clase política y por todos aquellos quienes ostentan el poder en algún sector del escenario social revestido de relevancia. Relevancia tomada en cuenta solo estadísticamente cuando la minoría cognoscitiva necesita su participación popular para perennizarse en sus torres de mármol

A estos pobres, que se dice, qué ponerse, comer y beber ahora se le ha agregado ingredientes subliminales que van destinados a permanecer en la mente de los que son mas pero que a la larga valen menos. Y son bombardeados con programas chatarra como Talk Show, o programas cómicos de un nivel rasante con el alcantarillado.

Quién garantiza la sobrevivencia de estos segundos? ¿Quién se encarga de llenar los estómagos vacíos con mucha degradación visual?

Tanto la televisión como el cine están generando, voluntaria o involuntariamente una cultura de la incultura. Una retahíla descabellada de producciones deliberadamente formadas para dañar. No se puede atacar a los sentidos, menos a la inteligencia con mensajes nocivos a la intelectualidad, anti lectura, anti educación anti valores porque ese cuadradito que se enciende en la casa a diario se dedica a manifestarse contra todas la cuantías morales y mientras mas rastreros mejor rating, y mientras mas inverosímil, se traduce en mas atractivo

A diario, el niño se levanta entre una mortaja de comics crueles ó el tan afamado pero letal “Chavo del Ocho”, personaje, identificado con la orfandad infante en toda Latinoamérica y que se las arregla día a día para llenar el estomago. Sin embargo, el niño sin padres plagado de tristeza, rencores y malos habitos esconde sus defectos tras un barril. Así mortal pero elevado a la potencia mil, se eleva por encima de la humanidad “Los Simpson”, disfuncionales, torcidos y jocosos van sembrando una falsa realidad que a muchos padres poco o nada les importa, mientras los chicos se queden callados, cualquier cosa llegara a sus sentidos.

Esos niños de ayer, hombre de hoy, que les gusta los capítulos repetidos de “Los Bondy” y otras tantas atrocidades seriales muy ranqueadas en el extranjero son la carne de cañón preparadas para perder, porque solo hay espacio para la cultura chatarra, para involucionar y saben que la fama se alcanza cuando mas raro o disfuncional eres

En este mapa funcional se vive. No obstante, a las condiciones insolentes en que se pretende hundir a la humanidad la gracia del conocimiento y la selectividad tocara a sus puertas. Esta en los adultos, supervisar los contenidos a los que exponemos a nuestros hijos y los que nosotros consumimos. Siempre hay tiempo para comenzar de nuevo, y hagamos de cada día, un nuevo comienzo donde las cadenciosas olas del saber nos inunden y renueven los mensajes con acciones que no queden solo en la piel
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Ilustracion: Margarita Yancheva - http://www.irancartoon.com/

Edmundo PAZ SOLDÁN/ Cuando periodismo y literatura se alían


CRÓNICA: CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA
Cuando periodismo y literatura se alían
Por Edmundo Paz Soldán

Revistas de perfil cultural como Etiqueta Negra, El Malpensante, Gatopardo, Letras Libres o La Mano dan prueba de que en América Latina existe un espacio para el periodismo, ante todo, bien escrito. El novelista boliviano Edmundo Paz Soldán hace un repaso a estos medios que han ido ganando prestigio

Algún día, cuando se escriba la historia literaria de la América Latina de principios de este siglo, se tendrá que reconocer que las grandes innovaciones de la prosa latinoamericana vinieron de la mano de los editores, de los cronistas, de los periodistas, de los escritores de non-fiction. En esa historia por contar se verá el notable papel de algunas revistas: Gatopardo (creada en Colombia, editada hoy en México), la peruana Etiqueta Negra, la colombiana El Malpensante, la chilena The Clinic, la mexicana Letras Libres, la brasileña Piauí, la argentina La Mano.

Una de las características fundamentales de estas revistas es su flexibilidad temática y formal. Si bien Julio Villanueva Chang, director fundador de Etiqueta Negra, menciona que la revista no es periodística ni literaria, lo cierto es que es ambas cosas a la vez; como dice Toño Angulo Daneri, uno de los periodistas de la primera etapa, Etiqueta Negra es "un bastión fundamentalista del periodismo narrativo". Andrés Hoyos, editor de El Malpensante -revista que se mueve cómodamente en el periodismo literario y sus diferentes géneros-, llega a aseverar contundente: "Nos interesan los textos bien escritos sin que importe mucho de qué hablan". Martín Pérez, integrante del consejo de dirección de La Mano, dice de esta revista de "cultura rock": "Aunque parezca que cultura y rock son dos palabras que no se llevan bien juntas..., en Argentina el rock siempre fue entendido como algo más que escuchar música: también tiene que ver con qué libros leer, qué películas ver y toda una forma de mirar el mundo". Letras Libres, por su parte, es una revista más ensayística, más de reflexión.

Estas revistas abrevan en tradiciones locales -Expreso Imaginario, para La Mano; la legendaria Vuelta de Octavio Paz, en el caso de Letras Libres-, pero la tradición anglosajona es sin duda más influyente: Vanity Fair, Mojo, Rolling Stone, Esquire, The New Yorker, Harper's, The New York Review of Books, Prospect. El ejemplo anglosajón aparece en todas partes: en la edición muy cuidada y la amplia extensión de los textos, en la extensa investigación que se hace para escribir las crónicas. El crítico Rafael Gumucio llega a sugerir que si para el boom los escritores norteamericanos importantes eran Faulkner y Hemingway, los que hoy cuentan no son escritores como Jonathan Franzen o David Foster Wallace, sino periodistas-ensayistas-cronistas como Janet Malcolm, Susan Orlean o Jon Lee Anderson. La renovación de la prosa latinoamericana tiene como punto de partida al nuevo periodismo norteamericano.

Mario Jursich, subdirector de El Malpensante, señala que una de las claves de la revista es su espíritu cosmopolita y el rechazo al "espíritu provinciano, sobre todo al considerar el inmenso protagonismo que éste ha tenido en un país de magra cultura como es Colombia". La paradoja de este cosmopolitismo es que los compartimentos estancos en los que se mueve la cultura de América Latina hacen que, en general, estas revistas sólo puedan ser conseguidas en sus respectivos países de publicación (las suscripciones internacionales son prohibitivas de tan caras). Gatopardo es la que más esfuerzos ha hecho por distribuirse en todo el continente: llega a quince países. En cuanto a la internacionalización, la gran mayoría o ha fracasado o ni se lo plantea; Letras Libres es una de las excepciones en este panorama, pues tiene una edición que se publica en España, con artículos y reseñas que no aparecen en la edición mexicana. Letras Libres también coloca toda la edición impresa en su sitio web, y tiene blogs, además de archivos muy completos, incluida toda la colección de Vuelta; lamentablemente, la mayoría de las revistas publica pocos artículos de la edición impresa y no ofrece mucho material propio; hay todavía miedo a que la competencia digital pueda devorar al papel.

Lo normal para estas revistas es tener un tiraje de entre 5.000 a 10.000 ejemplares. La Mano supera los 10.000; El Malpensante llega a casi 20.000, y Letras Libres a 38.000 en sus dos ediciones; Gatopardo es la más vendida: sus tres ediciones (mexicana, andina y pan-regional) llegan a 200.000 ejemplares. Debido al costo del papel, las revistas suelen ser caras y llegan sobre todo a los segmentos de la clase media, media-alta y alta. Esos costos hacen que sea de destacar cuando una revista cultural sobrevive un par de años en América Latina. Lo extraño, sin embargo, es que pese a que no todas estas revistas son comerciales, los anunciantes las apoyan. Daniel Titinger, nuevo director editorial de Etiqueta Negra, cree que lo que apoyan, en el fondo, es la continuidad.

En un continente tan inestable, el gran logro para muchos parece ser persistir, y durar. Los editores de estas revistas, por suerte, no parecen interesados en convertir la continuidad en un fin en sí mismo. Siguen arriesgando cada mes (o cada cuarenta y cinco días, en el caso de El Malpensante), con lo que es casi seguro que en un tiempo no todas seguirán con nosotros. Habrá malas noticias y contratiempos en esta historia, pero lo fundamental es que las bases están construidas para que se pueda hablar ya de una nueva gran tradición latinoamericana.

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) enseña literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell (Nueva York). Su novela más reciente es Palacio Quemado (Alfaguara, 2007). Ha coeditado con Gustavo Faverón, Bolaño salvaje, un libro de ensayos sobre Roberto Bolaño que Candaya publicará a principios de abril.

Articulo:
http://www.elpais.com 29/03/2008

Nicolás HIDROGO NAVARRO/Aunque sea de Profesor... Un trabajito, por favor


CONGLOMERADO CULTURAL
Promoviendo integración de creadores
Lambayeque-Perú

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“AUNQUE SEA DE PROFESOR… UN TRABAJITO, POR FAVOR”
Por Nicolás Hidrogo Navarro
(
hacedor1968@yahoo.es - Docente-padre de familia y narrador)

A raíz de los predecibles y catastróficos resultados del examen nacional tanto censal (2007) como de nombramiento (2008), con todas las bullangas y renuencias, pataleos y berrinches, más han opinado sutepistas, abogados, ingenieros, funcionarios políticos regionales, periodistas; que los propios alumnos y padres de familia. Es obvio que el tema de la evaluación magisterial se ha politizado con gran cálculo de réditos de votos para la oposición; mientras tanto, la defensa de la calidad de la educación ha sido pulverizada. Todos hablan de dos cosas antipódicas: El pésimo rol del Estado para gestionar la política educativa nacional con inversión y atención adecuada y la vapuleada y agónica imagen crucificada del docente, al ser evaluado. Pero nada se ha dicho de los miles de niños y jóvenes –casi 12 millones- que precisamente no tienen en sus docentes a los mejores de “la clase”.

El docente ha sido puesto como el mesías flagelado o el Esteban apedreado. Se ha culpado a todos del fracaso escolar: al Estado, al gobierno de turno, al Ministerio de Educación, a los funcionarios de las UGELs/DREs, a los bajos sueldos, a la precaria infraestructura, deficientes medios y materiales educativos, a la deficiente capacitación de maestros -y por extensión al alumno flojo o desnutrido, al padre despreocupado que con no llegar a las reuniones mensuales, no le interesa la educación de sus hijos ni los quiere-, pero el docente incólumemente ha sido la gran víctima, todos son culpables activos y pasivo, menos él.

La educación es un asunto de cualidad, capacidad, competencia, actitud y personas: sin vocación no hay educación, sólo mera transmisión bancaria y paporretera de conocimientos. Cómo un docente acostumbrado todos los días a evaluar –y hasta utilizar este mecanismo evaluativo con fines represivos o correctivos-, pretenderá tomar exámenes y exigir estudio esforzado, sin predicar con ejemplo. Si cuando le toca ser evaluado se resiste contumazmente a ser medido en su capacidad y destrezas cognitivas y cuando se le evalúa sale reprobado. Con qué ejemplo, hoy más de 180,000 maestros ex -candidatos a docentes, que resultaron reprobados -que seguramente dentro de unos días, parte de ellos, estarán en aulas contratados, por la pena y la presión política y coyuntural de quedarnos desabastecidos de docentes-, podrán predicar y ejercitar calidad, evaluación y rendimiento académico entre sus pupilos, si ellos mismos no hicieron bien la plana. ¿Acaso no daría pie a la rebelión justificada –con el mal ejemplo precedentes de sus docentes- de los alumnos a no dar sus exámenes y a ser promovidos alegremente en el grado y el área y culpar al maestro por su propio fracaso escolar, cuando se le obligue a dar una prueba? ¿Se podría seguir sosteniendo que cuando se evalúa a un alumno es para tomar decisiones en la mejora de su formación; y, cuando se evalúa a un maestro es para ridiculizarlo?

Si bien no es lo mismo un tercio superior de una universidad pública que una privada; un tercio superior de una universidad capitalina que una provinciana; un tercio superior de un estudiante de Medicina que uno de Educación; un tercio superior de un profesor egresado hace 20 años que uno egresado el año pasado; un tercio superior alcanzado con mucho esmero, empeño y diligencia que uno logrado con franeleos al docente y de politiquero; un tercio es la punta del iceberg para empezar a revalorar la meritocracia ¿O es que es más fácil creer que un docente que fue deficiente desde la escuela, pasando por “aguas calientes” por el colegio y “rayando en onces” en la universidad/instituto se haya convertido por obra y gracia de la vida en competente; que, un docente que fue buen estudiante durante toda su formación básica y especializada se convierta en un pésimo profesional en su ejercicio?

En el Perú, con un sistema de 320,000 docentes (180,000 nombrados y 40,000 contratados; con otros 180,000 con títulos bajo el brazo y unos 150,000 en curso de ser docentes dentro de unos años más) se ha venido vendiendo un discurso elegante y moderno de “calidad y excelencia” desde los años 90, en un permanente engaño que ha desencadenado en fracaso que hoy todos constatamos oficialmente. Es obvio que primero fueron las evaluaciones a los alumnos con (PISA, desde el 2003 en razonamiento matemático y comprensión lectora– vergonzosamente últimos y penúltimos respectivamente-), los que dieron la clarinada de un fracaso de alumnos, pero hasta entonces no se hablaba de un fracaso del docente. Premunido, ese grueso de 180,000 nombrados, de la estabilidad laboral, pasaba a vegetar y fungir de docente sin ningún reparo por invertir ni dinero ni tiempo para capacitarse ni prepararse a conciencia para sus clases. Esto ha dado origen a que una estafa masificada de proporciones nacionales se destape con el último examen. Los profesores en los últimos 50 años de queja y letanías han hecho como que son docentes por horas a cambio de un estipendio; y, el Estado ha venido fungiendo como que les está pagando lo que puede, pero no lo que debe. Profesional y Estado, se han estado haciendo los zuecos, que les ha importado y preocupado la calidad y gratuidad de la enseñanza, pero en realidad han sido cómplices de una estafa masiva de unas 40 promociones escolares de los últimos tiempos con bajas cualificaciones valóricas, cívicas, ciudadanas, creativas y competencias educacionales.

Profesores de ocasión sin vocación. Profesores con perfil monologante de auditorio. Profesores pasivos y conformistas en su propia actualización. Profesores con actitud nula por la investigación pedagógica. Profesores desarticulados de la misión y visión institucional, han saturado el mercado y han desacreditado esa inmensa y sublime vocación y nominación de maestro. “Profesores de pacotilla, baratos y del montón”, es lo que contuberniamente ha generado el sistema educativo, para mala herencia de nuestros niños y jóvenes de hoy y de dentro de unos décadas más, sino no se hace nada ahora Y así fácilmente esa imagen de paradigma desacreditado, han dado pie a una corruptela donde los contratos anuales se venden de entre tres o cuatro sueldos mensuales y por adelantado. Docentes pedófilos que han encontrado un suculento parvulario reunido para dar riendas sueltas a sus bajos instintos. Docentes que fingen enfermedades y lo justifican con certificados médicos falsos. Docentes que creen que su imagen de ejemplo debe ser de la puerta de la escuela/colegio para adentro. Profesores que se agencian de certificados, títulos y documentos falsos para justificar lo que en el aula no pueden demostrar. Ser docente avergüenza a muchos decirlo en público y no a pocos les duele su ignominiosa condición de ser uno más del montón y no los artificies activos del cambio y transformación social.

Hay una realidad acumulada y sistemática en el Perú de tremendo fracaso escolar donde todos tenemos parte de culpa. Los ingresantes a la carrera profesional de educación (sea Universidad o Institutos Pedagógicos, públicos o privados), en un 92% no fueron necesariamente los mejores en su primaria y secundaria. Cansado de no ingresar a otras carreras profesionales más exigentes –Medicina, Derecho, Ingenierías-, presionado por la propia familia, accedieron a ser “aunque sea maestro”, por lo menos allí sí se consigue trabajo. A un docente nombrado no le viene por iniciativa autocapacitarse, deberá ser una contundente directiva para asistir a una capacitación, a regañadientes y a ser sólo un “asistente” que bosteza en cursillos asistémicos de entre 40 y 50 horas pedagógicas que capacitan y descapacitan. Del 100% de “los capacitados”, sólo un 8% utilizan esos conocimientos o actividades metodológicas y estratégicas en su aula. El docente contratado es el que más acumula certificados asistiendo a eventos cuando se aproximan los contratos o nombramientos o comprándolos post-eventos en las propias UGELs o DREs. Y nuestros capacitadores o son profesores jubilados que ya dejaron el trabajo pedagógico o en aula y quieren trasplantar realidades ideales en mentes ajenas o son profesores universitarios que sin conocer la realidad educativa, sin haber estado jamás dictando una clase modelo en la realidad, pretenden con terminología sofisticada y enfoques idealizados, sembrar sus propias elucubraciones que ni él mismo los ha puesto en práctica. Vivimos de tumbo en tumbo en los enfoques: cognoscitivista, constructivismo, pragmatismo, escuela nueva, escuela crítica. Por la mañana vino un capacitador de 50 años y dice una cosa; por la tarde viene un capacitador de 30 años y reprueba al de la mañana y le da una machacada de viejo retrógrado y desfasado.

Es posible que los 350 institutos pedagógicos, las cerca de 50 Facultades de Educación con sus 300 filiales a distancia, aún no sepan que tienen mucha responsabilidad por andar alegremente repartiendo títulos profesionales de educador a nombre de la Nación, sólo porque le es un pingüe negocio. Ni que hablar de las ya “famosas maestrías” que se han convertido en tremendos bolsones masificantes de profesionales sin investigación sostenida ni aplicada: es posible que el nivel de un magister o doctor egresados de universidades provincianas en el Perú, sea la de un alumno del bachillerato en países europeos. Es posible que si les obligara a acreditarse en este momento a las instituciones formadores de profesionales en el Perú, fácilmente podríamos contarlos con los dedos de los pies.

Cuando un docente está contratado hace todo lo posible por hacer méritos (prepara concienzudamente sus clases, elabora sus materiales educativos motivadores, llega más puntual que el reloj, no falta a ninguna reunión, quiere dar más de tiempo en su trabajo del establecido, se propone voluntario para cualquier actividad, se esmera, suda la camiseta hasta rayar en el figuretismo) por mantenerse en su trabajo; pero cuando logra su nombramiento hace hasta lo imposible por despreocuparse y buscar en el sutep su escudo protector, para que esconda sus remolonerías. Cuando más lejos esté una escuela de la ciudad, la calidad de sus educadores es más paupérrima. Los educadores en la zona rural llegan al aula el martes muy cansados de su viaje y salen el jueves muy descansados de su trabajo, como la zona es muy lejos no hay tiempo para preparar clases ni justificación para llevar libros por lo efímero de su estancia y es improbable que un supervisor llegue a evaluarlo mientras revisa los cuadernos y las tareas en el aula para quemar tiempo.

De las 24 horas pedagógicas (18 horas cronológicas) semanales que el docente está obligado a prestar servicio, tres días con jornadas legales de 8 horas diarias, el docente gasta un 10% encuadrando teóricamente la clase (su real aporte laboral), un 5% haciendo OBE, 10% tomando lista, un 60% escuchando la exposición de los alumnos, un 5% revisando en el aula cuadernos “al día”, un 10% evaluando (prueba oral-escrita-objetiva). Probado está que el trabajo extracurricular del docente es mínimo en preparación de sus clases –a excepción en llenado y entrega de registros y revisión de trabajos, a fin de bimestre/trimestre/semestre- .

Las universidades, con anuencia y facultades otorgadas por el propio Ministerio de Educación y la Asamblea Nacional de Rectores, han implementado “programas especiales” de formación flash y se ha convertido en fábricas masificadoras y clonadoras de docentes en ciclos intensivos y reductores: se han especializado en reductores de cinco días a la semana de los alumnos del regular, en sólo dos días de sábado y domingo, de medio turno partido o clases de un tirón de insufribles 8.00 a.m. a 3 p.m. No hay nota mínima de ingreso selectivo y “los exámenes de ingreso” son sólo farsas justificadoras. “No debe haber rigor ni desaprobaciones realistas, pues los programas se quedarían desiertos”. De las tres opciones para titularse (Clase Magistral, Informe Técnico Profesional y Tesis) la Clase Magistral es la estrella con 98% de preferencia y los 2% repartidas en el informe y la tesis. Nuestras tesis de pre-grado en las Facultades de Educación son trillados diagnósticos o clonadas correlaciones de “Influencia de (La Desnutrición/Autoestima/Inteligencia Emocional/Familia/Métodos de Estudio/Estilos de Aprendizaje) en el rendimiento escolar en la I.E. XX”.

En conclusión nuestros maestros no fueron ni son los mejores, ni como estudiantes ni como profesionales. El Estado no invierte lo necesario en Educación. El padre de familia cree que la escuela o el colegio es un depósito de sus hijos para evitar que por un lapso de cinco horas le hagan la vida imposible en el hogar. No podemos seguir evaluando por pena: pasando de grado alumnos porque son hijos de agricultores y no necesitan mucha severidad en la evaluación, ni a los docentes porque se les pague poco o se les capacite deficitariamente.

Se ha sostenido que lo que gana un docente es misérrimamente algo ridículo: Cronológicamente un docente de educación secundaria hace un trabajo efectivo mensual de 72 horas cronológicas y se la abona S/ 1,100, es decir S/ 15.27 por hora, es poco lo que gana porque es poca la cantidad de horas que trabaja. Si trabajaran las 150 horas mensuales que debiera, podría fácilmente ganar los S/ 2,300. En la empresa educativa pública un docente por hora pedagógica efectiva puede ganar entre S/ 3.00 – S/ 5.00, allí no se puede hacer huelga ni reclamar iracundamente nada, allí no se puede faltar ni llegar tarde, allí las programaciones deben ser innovadoras cada año y su entrega oportunamente, allí las comisiones de aniversario o participación del calendario cívico no son pagadas,… sencillo… hay 30 reclamando ese puesto ¿cómo es eso que el Estado paga poco?

El maestro peruano tiene un síndrome de profesional marginal: maltrajeado, con bajos niveles de autoestima, quejoso eterno y con ese perfil de “mal pagado” ha hecho el jueguito de que llegar, firmar la asistencia y permanecer en el aula unas cinco horas es haber cumplido su función. Todo docente o candidato a doce sabe y ha escuchado a sus predecesores que nunca nadie se ha enriquecido en el magisterio ¿cómo es que masoquistamente nos liamos en esa nefasta herencia de dolor y desasosiego? Sin con capacidad, esfuerzo y autoexigencia podemos ser médicos con clínica, abogados con bufet, ingenieros con edificios, periodistas con radio propia, administradores con hotel, ¿porque seguimos tercamente martirizados por los alumnos en el aula, la sociedad en su desvalorización y el propio Estado en su abandono social, moral y económico?