dimanche 23 décembre 2007

Róger E. ANTÓN FABIÁN/ Navidad, la celebración de la pobreza


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Navidad, la celebración de la pobreza
Por Róger E. Antón Fabián

"Por la puerta abierta de la antesala, se ve un mozo
con un árbol de Navidad y un cesto.."
Casa de Muñecas
Henrik Ibsen.

"Ven a mi casa esta Navidad."
Muletilla de fiestas navideñas.


La primera Navidad que recuerdo es cuando recibí un regalo diferente para mí; estaba entre una ruma de obsequios realizados por unos padrinos. Es la primera de la que me acuerdo y es también la que más recuerdo. No por la ofrenda, sino porque ese día los regalos dividieron el mundo en dos. El miserable donativo que me pertenecía fue abandonado en su lugar quietecito junto al árbol navideño y aún debe seguir esperando mi emoción feliz. Yo pensé que era lo más natural, que de vivir aquello siempre que llegara un veinticinco de diciembre los niños harían lo mismo que yo en toda la tierra: una navidad injusta no podía ser bendecida por nadie. Desde mi lejana infancia siempre fue una característica de supuesta paz, perdón y solidaridad casi ostentosa en donde el más pudiente y solvente daba su computada ofrenda al desposeído, amén de "purificar su espíritu"; llegadas las bienaventuranzas aquel podría recibir quizá el descargo de la injusticia o el premio por el sufrimiento impuesto. "¡Dios mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen!", rezaba un párrafo de la Biblia, que no leían.

Bien se podría decir, casi eufemísticamente, que quien vive en pobreza es predicación viva de un Cristo que simboliza nervio e impulso, liberado de esa esclavitud material, lejos de la avaricia, ligero de equipaje en este mundo efímero, sabio descendiente de Dios, prototipo vital, un ser consciente de que la sujeción material también está impuesta a la ley de la muerte, llamado a la expectativa de la resurrección a una vida eterna. No, no hay que dejarse engañar. Muchos feligreses en estas fiestas al escuchar al párroco de su iglesia decirles que se alegren de ser pobres porque es una manera de ser "elegidos" -que la pobreza a la que se refiere el evangelio es la de ellos ya bienaventurados y seguros de vida eterna y predilección divina-, no se creen ese cuento que ya huele a neptalina o formol del siglo pasado. La pobreza no es ningún don ni prueba celestial sino más bien producto del desorden social, el desequilibrio económico y una muy injusta distribución del poder que encarna una lacerante opresión inmerecida e indigna.

Vivir la "pobreza evangélica" quizá sería proclamar esa esperanza auténtica, silenciosa pero dinámica, una opción digna de vida y debida. Aquella a la que se refirió Jesucristo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos." Es la de quien se abandona a la capacidad de acoger incondicionalmente al género humano. Todo cristiano debería reconocer esa relación divina como gracia propia y no prédica de un Cristo crucificado sino lleno de vida, esperanza, fuerza y sabiduría.

Hace algunos años un alumno un tanto irreflexivo haciendo alusión a la opulencia navideña de su familia deseaba a otro que pasara en soledad las fiestas navideñas. La estolidez de la pubertad, la vacuidad de conciencia era no menos que el reflejo de su indefendible sosería espiritual familiar. Estos niños-bien dados a la irracionalidad no tienen necesidad de hacer frente a la penuria, la inseguridad o la insatisfacción de las necesidades elementales; pero en este valle de lágrimas donde miles de jóvenes de su edad que no tienen un padre solvente y mueren literalmente de hambre hay también niños estoicos o cínicos que sin saberlo viven con esa sonrisa de felicidad que no otorgan las posesiones personales de alarde, así y todo no sufren muchas de las consecuencias de ciertas carencias del pudiente. Viven como si fueran ricos dando forma voluntaria y bien intencionada a esa "pobreza" durante toda su vida. Y hasta cierto modo a veces es un privilegio pues ello da lugar a una racionalidad meritoria y sensible constituyendo sin duda un pilar de acceso a las aspiraciones humanas superiores. Pero igual, no hay que dejarse engañar.

Hay quienes sienten llegar la Navidad con recelo y esa extraña sensación de catástrofe, y, también es verdad que otros enfatuados en una enorme manipulación consumista y comercial en el mundo entero embargan sus preocupaciones en conseguir clandestinamente el más estruendoso fuego de artificio, algún juguete chino o americano, pequeñas linternitas de colores, el más sabroso pavo o pollo horneado, tarjetas musicales, campanitas graneadas de oro, guirnaldas relucientes para los enormes árboles llenos de esferas coloridas, y, papel satinado de verde, cerámicas de becerritos y Reyes Magos para el más llamativo nacimiento ante el fondo musical de repetitivos villancicos o la risa sarcástica de Papá Noél que no restan las angustias por conseguir dinero para solventar la fiesta más apocalíptica del año que llena las calles de borrachines que providencialmente celebran lo que no creen o no han creído nunca, en una festividad que resarce a los desplazados: la abuela a la que ya nadie escucha, el huérfano a quien jamás se invita a casa; esa hipocresía a flor de piel que no es extraño que al día siguiente los noticieros den cuenta de un estruendoso número de muertos por riñas ni tampoco que los niños en quienes se patrocinan las celebraciones terminen por abominar la Nochebuena.

La Navidad no era -¿Y usted qué dice? ¿Ahora ya lo es?- fruto de la fe ni de la esperanza, sino más bien una suerte de ligereza de equipaje, la exaltación de un día de pobreza y riqueza, ambas un tanto insulsas, aunque una más que otra. Después ya la pasamos solo mi madre y yo, mi madre lloraba y sus lágrimas parecían imitar los estridentes estallidos de los cohetones que coloreaban nuestro cielo de la algarabía chimbotana. Yo creo que lloraba de lo felices pero pobres que éramos, porque nosotros éramos pobres-pobres de solemnidad y conmemoración en aquel Chimbote de regalos externos por familias ricas a familias pobres como la mía, que vivía sin alfombras, pero feliz entre tanto cariño y panes benditos. Luego ya prósperamente preferimos los tamales o pierna de puerco preparados por la vecina Jova, yo las conversaciones con mi abuela Juana, mi madre la mirada tierna a ambos, y, no pudimos escapar a cada júbilo real de aquel presente vertiginoso evocado hoy en este día a este lado del mundo en conmemoración. Felizmente ya no le creo al párroco de la abandonada iglesia de infancia allá en Chimbote como cuando en plenos años ochenta frente a un árbol navideño -resplandeciente de guirnaldas, bolas, velas y estrellas luminosas que en nuestras casas no teníamos- canté cándido y 'creyente' alguna remota noche previa a la Navidad. Ahora al cabo de los años yo sí me atrevo a escapar, y, en estos días de consumismo frenético he decidido ir con mi mujer de vacaciones.~



Ilustracion: http://www.xmasresistance.org/

Jack FARFÁN CEDRÓN/ Cuando la Navidad recrudece


El aguila de zaratustra
De Jack Farfán Cedrón


Jack Farfán Cedrón, Piura, Perú, 1973. Ha publicado Pasajero Irreal y Vironte, en 2005; en 2006, Cartas, parte del libro inédito La Hendidura del Vacío y selecciones de los libros La Luz de la Certeza, Ángeluz, Series Absurdas y Antisueños (también inéditos), en apariciones mensuales de la serie de plaquettes Al Castor; y en 2007, Ángel, Las Ramas de la Noche y El Leve Resquicio del Amor. Reside en Cajamarca, desde donde esporádicamente publica artículos, cuentos, reseñas y poemas, en sus blogs: Pasajero Irreal, El Águila de Zaratustra y Cuadrumano en "La Comunidad" de El País; además trabaja en un decimoctavo libro de poesía y edita la Revista Exquioc. 12 libros por publicar.

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Cuando la Navidad recrudece
Por Jack Farfán Cedrón

Que El Redentor viera la luz, alumbrado, bendecido por la estrella que guió a los tres reyes magos hasta su pesebre, que así como las campanadas que atraen a los fieles a la misa de gallo para recordar la melancólica Navidad, así vago solo sin poder dormir ni abrazar a los míos, los unos cuantos que quedamos, el padre ausente, los recuerdos de que él era quien abría la botella de champaña que estallaba en risas, y yo, niño, era el primero en recoger el corcho que guardaba como a un objeto preciado, símbolo de esa cena con dulces y pavo y nueces, castañas y luces de bengala que me recuerdan y apaciguan la melancolía que significa la Navidad, la Navidad que atonta y pone tristes a las vagos que huyen del hogar para reunirse con sus patas a beber vino hasta que por fin llegan a casa borrachos, los ojos brillosos de recordar que sólo nos abrazaremos esta noche, y luego el olvido. Vagos que piensan, sólo esa mágica noche piensan, que son ellos también los que han nacido a las campanadas de la misa de gallo, al ver a su amor que de tan lejos ha llegado a verlos nacer como a Jesús. Apenas aparece la estrella lejana que guía los pasos de los fieles que en lenta procesión hacia sus hogares, se dirigen a abrazarse cálidamente, como si se tratase del secreto mejor guardado esto del nacimiento de Cristo, el secreto mejor guardado en la calidez de los hogares tocados por el mayor milagro del universo, que al abrazarnos se difunde, perfume del amor que sólo por ese día, que sólo por ese melancólico día ablanda nuestras gargantas a noche cerrada, luego del abrazo y la cena que nos ha dicho todo, todo, menos que somos los salvados, los salvados por quienes nació Jesucristo, para que el amor siga su curso y así no se cierre el ciclo de lo capaz que somos de sentirnos, de advertirnos que afuera, mientras llueve, no nieva ni todo está tan bien que digamos, que los árboles de Navidad son inventos de occidente, que el viejo gordinflón que trae regalos, aquí en este lado del mundo, es un misio tercermundista cetrino y pezuñento y demasiado joven como para emular la prominencia ventruda que debería abultar Santa Claus, papi Noel de mercadillo tercermundista que se gana los frejoles sudando, disfrazado de gordinflón americano y dejándose jalar las barbas blancas por los pequeños mierdas con papis que les compran regalos, de esta parte del trópico, no de ese otro mundo, el de la “blanca Navidad” que solemos recordar aquí, alienadamente aquí, en donde no existe puta nieve ni renos, ni siquiera chimeneas, ni regalos manufacturados, ni IPods, o como mierda se escriba. Hay alguien solo afuera de la casa que se ha aproximado a besar la escena de la familia dentro de la casa iluminada de niños abriendo sus regalos, emocionados de vivir ese momento que viven, no sabiendo que Cristo está naciendo al dolor que nos agobia, a los pasos que arrastramos como al final de una edad que ya casi cumple su ciclo vital apagándose, vela roja que pervive a la noche, a los restos de pavo y migas y chispitas de luces de bengala ya extinguidas, recuerdos desperdigados en las mesas cuya escena es fotografiada por los ojos de alguien que sólo ha bebido en Nochebuena, y está hambriento, ya sin parientes para que su ruta siga, largo y flaco estudiante celebrando un éxito al final de ciclo en la universidad, recordando que la Navidad siempre llega, como si se tratase de un recuerdo al menos en la sombra que arruga en la hora en que rezos y gallos parpadean en el eco de un templo con niños que asienten el titilar de luces de colores, ya que Diciembre es así, colorido y con pompas de detergente, no de jabón, nunca pude hacer pompas de jabón, Diciembre de encuentros gratos con los que vienen de visita desde una ciudad ausente sin ellos. Otro es el suceso de la ausencia de la Navidad, otra la escena de una vela nítida alumbrando los restos de la noche anterior con bengalas quemadas y dobladas, cables doblados en las arterias urbanas que conducen la energía a las casas que celebran, mientras los cables de la ciudad retuercen de frío su flacura, mientras allá arriba la estrella guía el camino de las calles heladas goteando ya sus últimas aguas. No nieve, no Mc Donald’s ni maniquíes que han ido de shopping, mientras allá, en lo afuera del mundo, pirañitas en el infierno del terokal, mareados, atrasados y hambrientos, venidos al caos de la cuidad que cunde en abrazos y almuerzos y jaranas y un “feliz navidad” para todas las máscaras emitiendo un gesto maquinal de compromiso, cuando Jesús ya no volverá a nacer más por el resto del año, en ciudades que devoran nuestro amor.

Manuel ACOSTA OJEDA/Canción de Fe


Canción de Fe
Valse peruano
De Manuel Acosta Ojeda

Yo creo que algún día
la espina se hará rosa
y se hará luz la duda
y el hambre se hará pan

si, yo creo, que algún día
se morirá la muerte
y será la moneda
de amor y de verdad

Ese día el hombre
será de color alma
y el odio arrepentido
querrá volverse amor

Los niños tendrán risas
los hombres tendrán paz
Dios se volverá hombre
y así se quedará

samedi 22 décembre 2007

Maritza Luza CASTILLO/ Alquilando Infancia


Maritza Luza Castillo, Perú, Periodista y Escritora. Seudónimo: La Condesa de P de Monte. Seleccionada entre las 10 obras finalistas en el certamen organizado por “Civilia”, “Relato hiperbreve “de la Fundación Derechos Civiles. Certamen “Todos Somos Diferentes” Nombre del cuento impreso en la colección “Cansiano”. Nombre del ejemplar publicado el 6 de Julio del 2004 “Libertad bajo palabra”

Sobre Azul@rte:


Alquilando Infancia
Por Maritza Luza Castillo

En la última década en Latinoamérica, los derechos y responsabilidades humanas, han sido tomadas por asalto cuando la autoridad central se muestra miope frente el uso y abuso de infantes, los mismos vienen siendo alquilados por adultos inescrupulosos bajo el pretexto de pobreza extrema

A diario, las principales calles Limeñas se ven pobladas de hombres, mujeres y jóvenes que cargan un menor en el hombro como si se tratase de un morral. Un morral de carne y hueso que pesa y estorba pero que rinde monedas en el acto.

Este fenómeno, lamentablemente se ha extendido en los vecinos países de Colombia, Venezuela, Ecuador, etc. revierte semanalmente entre 40 y 60 dólares que son usufructuados por los padres de los infantes en la mayoría de los casos. Tan solo una minoría son parientes o tutores con moral de hiena para rentarlos por horas a sus ocasionales clientes sin saber el desenlace que pudiera tener rentar un alma humana

A diario, se ve subir a los vehículos públicos, con intervalos de apenas unas cuadras, una cantidad de personas con un lactante en brazos, mal cargados, dejando la piel a la intemperie en pleno invierno. Sin siquiera importarle la comodidad de su objeto preciado, ofrecen de asiento en asiento, lapiceros, agendas, lupas, chocolates ó galletas, con la finalidad expresa de conmover al viajero y chantajearle unas cuantas monedas. Unas cuantas monedas, siempre jugando al juego de la piedad, humanidad forzada, caridad, para un parasito que se nutre alquilando su vida.

Mientras el grueso lactante felizmente disfruta de un hogar, si bien es cierto no como lo manda Dios pero si como pueden los apoderados, por lo menos hay un techo que los respalda y calor de hogar aunque sea detrás de un mostrador ambulante, pero con la satisfacción intrínseca de ser cobijados por sus progenitores.

Hasta cuándo, y hasta dónde los seres humanos se van despersonalizando reduciendo su supervivencia a una manera fácil de obtener dinero generando lástima. Dinero muchas veces recibido a cambio de usarlos como barricada contra desalojo de comerciantes del Mercado Mayorista de Santa Anita en Lima

La conformación de una mesa de dialogo con el gobierno tan solo trajo un comando femenino para su protección y así desvirtuar los 50 soles que les costo alquilarlos contra la destitución

Es necesario, llamar la atención de las autoridades pertinentes y abrirle los ojos frente al fenómeno comercial que trae como consecuencia la depredación infantil en su conjunto y la vulneración de sus derechos humanos. Esta entonces, en la sociedad denunciar el comercio abusivo para lograr no un gesto quebrado, sino una sonrisa.


Juan VILLORO/ Cuento: "Yo soy Fontanarrosa"


Cuento
"Yo soy Fontanarrosa"
Por Juan Villoro

¿Tolstoi, Joyce y Kafka, compañeros de Roberto Fontanarrosa en un equipo de fútbol? La imaginación del mexicano Juan Villoro crea ese encuentro insólito en este cuento brillante, compilado en el libro La hinchada te saluda jubilosa (Ross), que anticipamos. El humor y la ironía del relato son un homenaje al creador de Inodoro Pereyra

-Te van a expulsar, pendejo -me dijo Kafka.
Yo llevaba años sin tocar un balón y de pronto enfrentaba el pésimo humor de Kafka y los consejos de Chéjov, que de nada servían.

Chéjov jugaba de medio escudo, no porque tuviera facultades, sino porque quería estar en el centro de la cancha, donde hay más gente para dar consejos. Desde el silbatazo inicial, gritó cosas apasionadas que nadie entendió. Como si hablara en ruso, el muy mamón. Por ahí del minuto 14 hubo una pausa (la pelota se fue a la cancha de al lado, donde un delantero anotó con ella un golazo inútil); mientras, Chéjov me recomendó marcar al extremo izquierdo a dos metros de distancia. Luego dijo:

-Te va a fundir.

Esto ya no era un consejo sino una negra hipótesis. No lo insulté porque yo no estaba en condiciones de discutir. Jugábamos en un potrero con más hoyos que pasto, no lo digo para disculparme -todo el mundo sabe que las condiciones del terreno afectan por igual a los dos equipos- ni porque tenga mucho toque, pero intenté pases finos, de corte europeo, que fueron desfigurados por un hueco. Era como patear pepinos. Todos deslucían en ese campo, pero el pinche Kafka consideraba que yo jugaba peor. Cuando me preguntaron cuál era mi posición dije que lateral derecho. Siempre jugué de extremo derecho, pero he fumado demasiado y rebajé mi puesto.

Carezco de fuelle y el dribling es una habilidad proletaria que desconozco. Me faltan potencia y picardía. Mi estilo es europeo, pero del tipo portugués. Ni muchas carreras ni muchos desbordes. Pases elegantes, alguna que otra pared, un fútbol de clase que no siempre se aprecia.
Por desgracia, yo parecía un portugués en Angola. Todas las canchas populares de México están en África. Había que oír esos gritos y ver esa tierra agrietada: una contienda inter-tribus donde cada encontronazo hacía que una espiral de polvo subiera al cielo como una plegaria primitiva. ¡Y así querían que marcara al extremo izquierdo!
Cuando conocí al equipo, me impresionó el porte de uno de los centrales, Tolstoi. El tipo parecía La guerra y la paz. A su lado estaba Ben Okri. Tenía facha de basquetbolista y terribles ojos color carbón.
No sé quién es Okri. Soy escritor pero leo poco porque no quiero influenciarme. Supongo que es un africano. En el fútbol está de moda tener africanos. Además, esa cancha era perfecta para un prófugo de los leones.
Al otro lado, de lateral izquierdo, se movía el inquieto Kawabata. Un zurdo natural que disparaba diagonales imprevistas. Tampoco he leído a Kawabata, pero vi una película supercachonda basada en un texto suyo.
Nuestro 10 era Cortázar. La verdad, era el único con idea de lo que hacía. Tocaba el balón como si hubiera nacido en Argentina. Un crack. Lo malo es que sus pases iban a dar a Joyce, un presuntuoso que se sentía hecho a mano. Cortázar le puso el balón en bandeja y Joyce disparó a las nubes, o al cielo gris donde debería haber nubes. Luego sonrió como si sus errores fueran geniales.
Aunque los demás también se equivocaban, desde el principio se ensañaron conmigo. Por ahí del minuto 28, el extremo izquierdo me rebasó con facilidad, siguió de largo y Tolstoi y Ben Okri le salieron al paso. Los centrales demostraron lo que puede la fuerza bruta ante un jugador habilidoso: lo hicieron sándwich. El árbitro decretó pénalti.
Así nos metieron el primer gol. 28 minutos sin gol podía ser visto como una proeza para nuestro equipo, pero Hemingway, que solo se animaba cuando había un conato de bronca, me vio con esos ojos que en las canchas reglamentarias significan: "nos vemos en los vestidores" y en las canchas donde no hay vestidores significan: "te voy a partir la madre", sin que haya que precisar el escenario.
En la siguiente oportunidad en que el extremo izquierdo se quiso lucir, traté de meterle una zancadilla pero me salió una patada. Vi la tarjeta amarilla. Entonces fue cuando Kafka me dijo que me iban a expulsar por pendejo.
...l era nuestro capitán. Siempre he respetado los códigos del fútbol, pero no me gustaba que un tipo con pelo de roedor (de hámster, para ser exacto) pusiera en entredicho su autoridad haciéndole caso a Chéjov, que me ordenaba como si fuera Johan Cruyff:
-¡Abre la cancha!
¿Sabía él que dos horas antes yo estaba fumando mi quinto cigarro del día? ¿Que la coca y el trago me ayudan a vivir, siempre y cuando eso no implique correr? ¿Que la barriga me pesa como si fuera de otra persona? ¿Que la última vez que visité a mi ex mujer el elevador estaba descompuesto, tuve que subir por la escalera y llegué arriba con una cara tan preocupante que ella se abstuvo de insultarme?
Obviamente no sabía nada. ...l era Chéjov, instructor de inferiores. A su lado, Kafka parecía dispuesto a enviarme a una colonia penitenciaria.
Jugaba por mi libertad, como todos los hombres de palabra verdadera, según dice el Subcomandante Marcos. Pero yo enfrentaba un desafío superior: estaba arrestado en la cancha.
Nuestro equipo llevaba nombres de escritores en los dorsales. Eso era especial. Más especial era que mis diez compañeros trabajaban en la policía.
Alguna vez le dije a mi ex esposa (entonces mi novia) que el fútbol significaba un estado de ánimo. He llorado con los goles del Cruz Azul y mi única fractura se debió al fútbol (pateé el refrigerador cuando nos eliminó el Santos). Afición no me falta. Cada vez que atravieso un parque y veo niños jugando, anhelo que se les vaya la pelota para devolvérselas con un toque que considero maestro, aunque le pegue al carrito de algodones de azúcar.
Lo que me molesta es correr. El organismo se degrada con ese desgaste disfrazado de ejercicio. Correr envilece y correr en el trópico o a dos mil metros de altura envilece dos veces. Los mexicanos debemos caminar.
El problema, mi problema, es que ese partido podía ser la salvación. El fútbol regresaba como el peor estado de ánimo: la angustia del hombre acorralado.
La mañana empezó mal. Abrí el periódico y vi el marcador del narcotráfico: cuatro ejecutados, dos en Zamora, mi ciudad natal, y dos en Guadalajara, donde estudié la universidad. Las ejecuciones se habían convertido en mi horóscopo. Si las víctimas caían en sitios que tenían que ver conmigo, el día era atrozHe omitido un detalle que no me queda más remedio que decir. Cuando los policías me detuvieron, les ofrecí un billete de cincuenta pesos. Me vieron con el rencor de un pueblo especialista en sacrificios humanosser mi salvación. El fútbol regresaba como el peor estado de ánimo: la angustia del hombre acorralado.
La mañana empezó mal. Abrí el periódico y vi el marcador del narcotráfico: cuatro ejecutados, dos en Zamora, mi ciudad natal, y dos en Guadalajara, donde estudié la universidad. Las ejecuciones se habían convertido en mi horóscopo. Si las víctimas caían en sitios que tenían que ver conmigo, el día era atroz.
A pesar de las señales en contra, salí a la calle, y no solo eso: salí con el Mecate. Me pidió que lo acompañara a Ciudad Moctezuma a ver a un mecánico baratísimo.
El coche del Mecate revela que ya consultó a un mecánico baratísimo, pero necesitaba otro, a 15 kilómetros de donde estábamos, para cambiar el claxon que sonaba como si tuviera gripe.
Todo esto resulta indigno de figurar en una historia, pero cuando uno se siente en deuda hace cosas indignas de figurar en una historia. El Mecate enseña Educación Física en una secundaria donde las tres maestras de Español están enamoradas de él. Gracias a eso, recomiendan mis libros juveniles y una vez al año me invitan a un auditorio donde reúnen a mil lectores cautivos. Entonces siento un poder magnífico. Con el Mecate iría a la Patagonia.
Hicimos hora y media de camino. En el desayuno, yo había bebido una cafetera completa. Cuando pasamos junto a la Cabeza de Juárez, me estaba orinando. Apenas pude disfrutar la vista de ese horrendo monumento, el cráneo colosal del Benemérito de las Américas montado sobre un arco que lo hace ver aún más alucinatorio. Aunque no advertí toda la fealdad en su espectacular detalle, la imagen resultó profética.
Entramos a un inmenso conglomerado de casitas de dos pisos donde la planta baja es ocupada por un negocio y la azotea por perros, antenas y tinacos. Cuando llegamos al taller, me pellizcaba la mejilla para que el dolor me distrajera.
Minutos después oriné sobre un montón de piedras. El taller mecánico estaba junto a un sitio donde hacían lápidas para cementerios y figuras de yeso.
Un hombre desesperado puede orinar entre futuras tumbas. Un hombre muy desesperado puede orinar sobre una estatua de Benito Juárez. Fue lo que hice.
Me gusta contar el tiempo en las orinadas largas. Mi récord son dos minutos. Iba en el segundo 98 cuando alguien me tocó la espalda. Me volví y oriné los zapatos de un policía.
-Mira nomás, pendejo -el policía señaló sus pies; luego señaló lo que yo había tomado por una piedra. ¿Ya viste?
-¿Qué? -¡Measte a Juárez!
Me acuclillé para ver la piedra y comprobé que, en efecto, se trataba de un busto en miniatura del Benemérito de las Américas. A su lado estaban Morelos con su pañuelo en la cabeza, Carranza con sus barbas, Allende con sus patillas. ¿Cómo no los había distinguido? Cuando me incorporé, un pelotón rodeaba al policía. Me vieron como si mis orines hubieran apagado la flama del Soldado Desconocido.
Los policías estaban ahí para escoger una lápida en memoria de un compañero acribillado. La ocasión era solemne. Eso me lo dijeron después. En ese momento solo criticaron lo que yo había hecho. Orinar una propiedad privada (ajena) es delito. Mancillar un símbolo patrio es un delito peor.
Los policías de Ciudad Moctezuma llevaban un uniforme algo distinto al de los del D. F. Pero eso los distinguía menos que otro detalle: eran juaristas convencidos. Mi suerte había sido pésima: la cabeza de Juárez es la que más se parece a una piedra redonda.
El celo histórico de los uniformados se confundía con el abuso de autoridad, pero un sexto sentido me indicó que decirlo podía ser nocivo para mi salud.
Me llevaron a la patrulla sin que pudiera despedirme del Mecate. En el camino a la delegación, politizaron mi arresto. Me recordaron que la izquierda mexicana es juarista y que Ciudad Moctezuma está regida por la izquierda. El gobierno federal no le perdonaba a Juárez haber separado la Iglesia del Estado, ni haber sido indio.
-La derecha es discriminatoria -dijo un policía.
-Yo no discrimino a nadie -me defendí.
-¡Te measte en Juárez!
-Fue un accidente.
-No hay accidentes, solo hay consecuencias -contestó otro policía.

Pensé que era una cita. Luego me pareció discriminatorio suponer que si un policía dice algo raro es una cita. Guardé silencio para no parecer antijuarista.
No fuimos a la delegación porque hubo un 28 y un 04. Eso dijo el radio. La patrulla se desvió primero a una licorería que había sido asaltada y luego a una escuela donde encontraron una mochila con mariguana "que no era de nadie". Vi trabajar a los policías durante hora y media con dedicación. Esto resquebrajó algunos prejuicios que tengo sobre las fuerzas armadas.
La siguiente sorpresa vino cuando me preguntaron a qué me dedicaba.
-Soy escritor.
-¿Le gusta el fútbol? -preguntaron, como si hubiera relación entre las dos cosas. -El fútbol es un estado de ánimo -dije, para demostrar que soy escritor.
La frase no les interesó. Uno de los policías me escrutó como si buscara mis obras completas en el nacimiento del pelo:
-A ver: ¿quién escribió La vorágine?

Estaba muy nervioso y aún no me acostumbraba a respetar a la policía. Cuando el uniformado dijo "La vorágine" pensé que, en su condición de iletrado, malpronunciaba un título francés, algo así como La vorange. Como no sé francés, no quise ser pedante ni arriesgarme en falso con un autor:
-No sé.
No creyeron que fuera escritor.
El operativo 28 y el 04 retrasaron a la patrulla en su principal meta del día: un partido en cancha grande.
No les daba tiempo de dejarme en una celda y tuve que acompañarlos.
En el trayecto sonó el radio:
-"Houston, tenemos un problema".
Luego siguió una conversación que la estática volvió incomprensible.
-Llevamos un elemento -el policía que iba al volante dijo en su radio.
Fuimos los últimos en llegar al campo. Los demás ya estaban vestidos, con camisetas a rayas azules y negras, como el Inter de Milán.
-Nos falta un jugador -me explicó el policía que me había arrestado.
Fue así como me entregaron la camiseta de Fontanarrosa.
-Para ponértela, tienes que aprender esto -me dieron una tarjeta.
El ayuntamiento izquierdista había lanzado un peculiar programa de promoción de la lectura entre los policías. Les daba uniformes a condición de que portaran nombres de escritores. Para vestir la camiseta, había que saber quién era el autor que la respaldaba. Después del partido se celebraba una velada literaria.
Leí mi tarjeta: "Roberto Fontanarrosa fue un humorista que ayudó a pensar en serio. Dibujó la series de Boogie el aceitoso y El renegau. Hincha del Rosario Central, escribió inmortales cuentos de fútbol. Su libro Una lección de vida resume en su título lo que dejó a sus lectores. Cuando murió, las barras pidieron que el estadio de Rosario llevara su nombre. Se reunía a hablar con los amigos en el Café Egipto. Ahí, una taza no deja de echar humo, por si el Negro regresa".
Hace años escribí una nota un poco displicente sobre Una lección de vida. Quería mostrarme como escritor sofisticado y no me pareció correcto elogiar a un caricaturista. Ahora, la camiseta con su nombre podía congraciarme con los policías. Me la puse como una segunda piel.
El policía que había conducido la patrulla resultó ser Chéjov. Justo cuando pensaba que un buen rendimiento en el partido podría salvarme se acercó a decir:
-Estás arrestado. Vas a jugar, pero arrestado.
¿Puede alguien sobreponerse a semejante presión? Tenía tantas ganas de hacer las cosas bien que las piernas me temblaban.
He omitido un detalle que no me queda más remedio que decir. Cuando los policías me detuvieron, les ofrecí un billete de cincuenta pesos. Me vieron con el rencor de un pueblo especialista en sacrificios humanos. Entonces les ofrecí cien, pensando que había un problema de cotización.
-No aceptamos sobornos: esto no es el D. F.
Había caído en un andurrial donde la norma era inflexible. Cuento esto para que se comprenda mi angustia en la cancha: esos policías no me iban a perdonar así nomás. Todo les parecía grave. Eran fanáticos juaristas que no se corrompían y esperaban que yo frenara al extremo izquierdo.
Me apliqué en la marca, como si me entrenara el dictatorial Lavolpe, pero fui rebasado, metí el pie en un agujero, tropecé con Tolstoi, la pelota me rebotó en la espalda y el enredo se convirtió en un pase para el centro delantero rival: 0-2.
En el segundo tiempo la vista se me nublaba de cansancio pero no me rendí. En algún minuto impreciso recibí un balón elevado, lo maté con el pecho y chuté con efecto. El balón salió como un planeta en miniatura, girando sobre su eje, y fue a dar al rincón donde anidan las arañas. En caso de contar con redes, aquello se hubiera visto como un golazo. El único problema es que esa era mi portería.
Hemingway llegó dispuesto a matarme.
-"Los valientes no asesinan" -cité la frase con que Guillermo Prieto salvó la vida de Benito Juárez.

Debo reconocer que los policías juaristas respetan sus principios: Hemingway me perdonó la vida.
Se podría pensar que el marcador de tres goles en contra, las condiciones del terreno y mi escasa capacidad de respirar en ese aire cuajado de polvo podían desanimarme, pero no fue así. Corrí por mi libertad, me barrí aunque no fuese necesario y fracturé al extremo izquierdo.
El árbitro fue sádico: en vez de sacarme la segunda tarjeta amarilla y luego la roja, me sacó directamente la roja para enfatizar mi torpeza.
Ya dije que en Ciudad Moctezuma hay leyes que se respetan. Cuando un futbolista es expulsado se le suspende dos partidos, aunque se trate de una liga amateur y las porterías no tengan redes. Por mi culpa, el verdadero Fontanarrosa se iba a perder lo que quedaba del campeonato.
Salí de la cancha corriendo, para no retrasar el juego y permitir que mis compañeros anotaran tres goles para empatar. Atrás de mí venía Kafka.
Se dirigió a un maletín de utilero y sacó unas esposas.
Pasé el resto del partido encadenado a un poste.
Ya sin mí, el equipo recibió otros dos goles, pero ellos no reconocieron que les hice falta. Después de los tres pitidos finales, volvieron a verme con ojos de sacrificio mesoamericano. Por primera vez consideré una suerte que respetaran la ley. Un poquito de impunidad habría bastado para que me asesinaran.
¿Qué podía hacer para calmarlos, recitar la frase famosa de Juárez: "El respeto al derecho ajeno es la paz"? Guardé silencio y eso me ayudó.
Después del partido, el equipo debía asistir a la tertulia literaria. Tampoco ahora había tiempo para llevarme a la delegación.
Los acompañé a un salón de la presidencia municipal. Entramos en uniforme, con caras de policías goleados, más tristes que las de los futbolistas.

Me sentaron entre Kawabata y Okri. En ese momento, ocurrió algo desagradable: Jorge Linares entró al estrado por una puerta lateral.
Los policías aplaudieron su llegada. A continuación, uno por uno se pusieron de pie, dijeron el nombre del escritor que llevaban en la espalda y recitaron su biografía. Cuando me tocó mi turno dije:
-Yo soy Fontanarrosa.
Linares me vio con atención. Nos conocíamos de nuestros inicios literarios. ...les de Colima y recibimos juntos la beca Jóvenes Creadores del Occidente.
A pesar de sus ojeras, los dientes manchados de tabaco, el pelo ralo y la frente arrugada por sus fracasos literarios, Jorge era reconocible. Más difícil resultaba que me ubicara a mí, con la camiseta del Inter, en un equipo de policías de Ciudad Moctezuma.
Recité lo que recordaba de la tarjeta. Jorge sabía de memoria las biografías porque él las había escrito. Me vio con incertidumbre, como si tratara de recordar algo.
Lo que quería recordar era lo siguiente: en 1998 nos peleamos por Fontanarrosa. Me acuerdo bien porque fue el año del Mundial de Francia. Jorge era entonces jefe de redacción de una revista que desprecio pero donde a veces publico porque soy plural. Escribí para ellos la reseña de Una lección de vida. Jorge la rechazó con estos argumentos: -No te atreves a decir que el autor te gusta porque te parece populachero y tú quieres ser el escritor más fino de Zamora. El epígrafe de Adorno no viene al caso: lo pusiste para lucirte.
El comentario me molestó por veraz. Había leído a Fontanarrosa con gusto y mis reparos eran caprichosos (lo acusé de colonialista por escribir "mejicano" en vez de "mexicano"). Sin embargo, en ese momento pensé que Jorge quería bloquear mi carrera, me odiaba por ser un mejor escritor del Occidente y solo se interesaba en Fontanarrosa por estar enfermo del fútbol.
Poco después, Jorge dejó el trabajo de jefe de redacción, se fue como corresponsal al Mundial de Francia y comenzó el sostenido hundimiento que ha sido su trayectoria. No volvió a escribir cuentos. Adquirió la deleznable notoriedad de un cronista de fútbol y apareció en programas deportivos donde parecía intelectual porque nadie lo entendía. Mientras él se sometía al declive de alguien que solo concibe una metáfora si incluye un balón, yo aprovechaba el tiempo de otro modo. No puedo decir que me haya consagrado, pero soy uno de los autores juveniles más leídos de México, especialmente en la escuela del Mecate, y el año pasado recibí la Mazorca de Plata para autores del Occidente. Si ahora Jorge Linares me odia es por envidia.
Después de que recitamos las biografías, él leyó unos textos que hicieron reír mucho a los policías. En la sección de preguntas y respuestas, mis compañeros de equipo revelaron que lo habían leído con admiración, y no solo a él, sino a otros autores que mencionaron al lado de Zidane y Figo. Al terminar la lectura, rodearon a Jorge para pedirle autógrafos, como si fuera Maradona.
Cuando lo dejaron libre, él se acercó a preguntar:
-¿Qué haces aquí?
-Yo soy Fontanarrosa -repetí, como si no pudiera decir nada más.
-Un grande -dijo él.
-Grandísimo -agregué, con tardía sinceridad.
En ese momento el Mecate entró a la sala. Me había buscado por toda Ciudad Moctezuma y al descubrirme gritó mi nombre como un náufrago que ve una gaviota.
La expresión de Jorge no cambió:
-¿Qué haces aquí? -insistió.
-Me arrestaron -contesté, y le conté mi historia.
Los policías le tenían respeto a Jorge. Nos dejaron hablar, sin interrumpirnos ni acercarse a nosotros. La situación cobró tal rigidez que ni siquiera el Mecate se aproximó. Fue un momento extraño, como cuando los capitanes de los equipos discuten en la cancha y nadie se les acerca. Una pausa dramática en la que dos rivales resuelven algo urgente. Segundos después volverán a odiarse. En ese instante, concentran las miradas del estadio entero y sus compañeros aguardan como estatuas. ¿Hay mayor tensión que la de los enemigos que acuerdan algo? Ese diálogo no califica como una jugada; al contrario: suspende el partido, ocurre fuera del tiempo, en una lógica paralela, inescrutable, que agrega un elemento extraño, que nadie desea pero contra el que no se puede hacer nada, un pacto oscuro y preocupante, el de los adversarios forzados a coincidir. Así nos vieron los demás, o así quise que nos vieran.
Cuando acabamos de hablar, Jorge se dirigió a los policías y me dejaron libre. Ellos lo hubieran obedecido en cualquier cosa. Pude regresar a casa, en el coche del Mecate, al que ahora le sonaba el claxon cuando caíamos en un bache.
¿Qué fue lo que Jorge Linares me dijo en aquel conciliábulo? Contó que había perdido la facultad de escribir historias. No se le ocurría nada. Solo podía narrar lo sucedido en una cancha de fútbol. Me pidió mi historia a cambio de mi libertad. Acepté porque no me quedaba más remedio:
-"Una lección de vida" -recité.
Jorge me dio un abrazo. Olía a tequila y a jabón barato.
Sentí lástima por él. Luego me irritó no haberme dado cuenta de que lo mío era una historia. Al despedirse, Jorge se hizo el interesante:
-Un defensa debe dejar que pase la pelota o pase el jugador, pero no a los dos. La literatura es igual: a veces pasa la historia, pero no el autor.
El hijo de puta se quedó con mi cuento. No digo que yo lo hubiera escrito como Borges, pero sí como un mejor escritor del Occidente. Modestia aparte, él tiene el tema, pero no tiene mi voz.
.
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Ilustraciones: Luis Scafati
Articulo :
http://adncultura.lanacion.com.ar 22/12/2007

Johanna ROZO/Poesía: Al otro lado del asfalto


Johanna ROZO, Pamplona, Norte de Santander (Mayo 29 de 1985). Fundo la tertulia literaria El Túnel que bajo su dirección ganó en cuatro oportunidades el premio de las mejores Tertulias Literarias del país según el Ministerio de Cultura y Fundalectura. Contadora pública de la Universidad de Pamplona, donde reside y dirige el taller literario y el programa radial RAYUELA Desde Rayuela Johanna ha impulsado iniciativas como "Al margen de la ruta" -primer Festival de Poesía de Pamplona y gestionado el concurso "Nuevas letras de nuestra ciudad".. Poemas suyos aparecen publicados en el periódico La Opinión y en revistas como CONTEXTO y ÁRCADES de Medellín. En mayo del 2007 la Editorial Java publica "Al otro lado del asfalto", su primer poemario que consta de treinta poemas en los que -en opinión de Julio César Barrera Vélez quien escribiera el prologo- "la existencia en toda su densidad es leída con el asombro de quien percibe por primera vez la belleza del paisaje o como quien tiembla ante el asalto del primer beso".

Sitio:
www.lenguajedemujer.blogspot.com
E-mail: mujerdeniebla29@yahoo.es



ASFALTO
Por Johanna ROZO

Al ritmo calcinante
Del caos de la ciudad
Mis pasos se aceleran.
En un día han pasado
Tantos rostros
Donde el milagro
No puso sus manos
Para que me vieran
Al otro lado del asfalto.


CIUDAD
Por Johanna ROZO

Si pudiera corresponderle
A la mano mendiga que se extiende.
Pero no puedo.
Tengo mis manos ocupadas
Contando en cuanto puedo
Vender mi tiempo.


CAOS
Por Johanna ROZO

En este corazón
La ausencia ha trazado
Un laberinto oscuro
Donde ni el Minos
Quiere habitar


SENTENCIA
Por Johanna ROZO

¿Y yo, qué puedo hacer?
Si soy una pobre ficha
De este juego.
Y aun no he podido
Conmover a esta mano
Que nos mueve.


MIEDO
Por Johanna ROZO

Tengo una herida
Tan honda que no sangra
Y el mundo me cae encima
Como una bandada
De pájaros muertos.
Por eso no insistas
Hoy no esculpiré
Nuestro amor en mi vientre.


A FRIDA KAHLO
Por Johanna ROZO

Que tu mano
Aún sostenga la mía
A pesar de las grietas
Que trazó el dolor
Significa
Que por fin comprendiste
Que el amor es
El único capaz de humillar
A la muerte.
.
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Foto: Frida Kahlo

Christian NEEF Y Matthias SCHEPP/ Entrevista Alexandr SOLZHENITSIN

ENTREVISTA: LIBROS
Entrevista Alexandr Solzhenitsin
El dictado de la conciencia
Por Christian NEEF Y Matthias SCHEPP

El Nobel de Literatura de 1970, de quien se publican en España el tercer tomo de su Archipiélago Gulag y Agosto 1914, se mantiene fiel a sus profundas convicciones, recela de la "bandera de la democracia" y de los partidos políticos y confía en la Iglesia y en los "esfuerzos" del presidente Putin por "restablecer un gobierno fuerte".

Alexandr Solzhenitsin (Kislovodsk, Rusia, 1918), premio Nobel de Literatura en 1970 y escritor perseguido durante el régimen comunista en la URSS, obtuvo el pasado mes de junio el Premio Nacional ruso en reconocimiento a toda su obra. Solzhenitsin fue privado de la ciudadanía soviética cuatro años después de ser galardonado con el Nobel -que no recogió en Estocolmo por miedo a que el Gobierno de su país no le dejara regresar- y se exilió durante 20 años en Europa y Estados Unidos. En 1994 volvió a Rusia. "Al ocaso de mi vida, oso esperar que el material histórico presentado al público perdure en la conciencia de mis compatriotas", afirmó el autor con motivo de la entrega del Premio Nacional, a la que no pudo asistir por problemas de salud. El presidente Vladímir Putin fue a su casa a entregárselo.

Este otoño, la editorial Tusquets ha culminado la edición de la obra más conocida de Solzhenitsin, Archipiélago Gulag, y la editorial Styria ha publicado Agosto 1914, libro en el que narra la derrota del Ejército ruso y el surgimiento de la revolución.

En esta entrevista, realizada unas semanas después de ser galardonado por Putin, el escritor ruso, que el pasado día 11 cumplió 89 años, habla sobre la historia de su país, el rechazo de Mijaíl Gorbachov y de Borís Yeltsin, la decepción con la política occidental y su postura respecto a la religión y la muerte.

PREGUNTA. Alexandr Isáievitch Solzhenitsin, le encontramos en pleno ajetreo. A sus años, parece usted desempeñar sus obligaciones habituales, aunque su salud ya no le permita moverse libremente por su casa. ¿De dónde saca fuerzas?
RESPUESTA. Es un resorte interno de nacimiento. Siempre me he entregado al trabajo con placer; al trabajo y a la lucha.

P. ¿Y esa fuerza no le ha abandonado en momentos de gran desesperación?
R. Viene como tiene que venir. Y en ocasiones acababa saliendo algo bueno de ello.

P. Difícilmente pensaría eso en febrero de 1945, cuando el servicio secreto militar detuvo al capitán Solzhenitsin en Prusia Oriental porque había escrito cartas que vertían opiniones desfavorables sobre Stalin. Eso le supuso ocho años de trabajos forzados.
R. Eso fue al sur de Wormditt. Ya habíamos escapado del cerco de los alemanes y nos dirigíamos hacia Könisberg. Allí me arrestaron. Pero ni el optimismo ni las convicciones que me impulsaban me habían abandonado.

P. ¿Qué convicciones?
R. Han seguido desarrollándose de manera natural con los años. Pero siempre estuve seguro de ellas, de lo que hacía, y siempre he actuado siguiendo el dictado de mi conciencia.

P. Cuando regresó del exilio, le decepcionó el progreso de la nueva Rusia. Rechazó el Premio Nacional que le había ofrecido Mijaíl Gorbachov, al igual que la distinción con la que quiso honrarle Borís Yeltsin. Sin embargo, ahora ha aceptado el Premio Nacional ruso que le brindó Vladímir Putin, ex jefe de ese servicio secreto que persiguió y oprimió tan brutalmente al escritor Solzhenitsin. ¿Cómo cuadra eso?
R. Efectivamente, en 1990 me ofrecieron un premio por Archipiélago Gulag. Sin embargo, no fue Gorbachov, sino el Consejo de Ministros de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, que entonces formaba parte de la Unión Soviética. Lo rechacé. No podía aceptar una manifestación de reconocimiento personal por un libro que fue escrito con la sangre de millones de hombres. En 1998, en el punto más bajo de la miseria nacional, apareció mi libro El colapso de Rusia. Entonces, Yeltsin ordenó personalmente que me impusieran la más alta distinción nacional. Yo contesté que no podía aceptar ninguna condecoración de un poder estatal que había llevado a Rusia al borde de la ruina. Sin embargo, el Premio Nacional que me otorgaron recientemente no lo concede el presidente en persona, sino un grupo respetado de expertos al cual pertenecen investigadores y gente del mundo de la cultura con un prestigio intachable. El presidente, como primera personalidad del Estado, entrega este premio el día de la fiesta nacional. Cuando acepté esta distinción, expresé mi esperanza de que las amargas experiencias de Rusia, a cuyo estudio y valoración he consagrado toda mi vida, nos puedan proteger de nuevos abismos desastrosos. Y sí, Putin fue un alto mando del servicio secreto; no obstante, no era informador del KGB ni intendente de campo en el Gulag. A los servicios de espionaje que se ocupan de las actividades en el extranjero no se les ha pasado a cuchillo en ningún país, e incluso son liberados en algunos de ellos. A nadie se le ha ocurrido echar en cara a George Bush padre sus tempranas actividades en la cúpula de la CIA.

P. Toda su vida ha instado al poder estatal a manifestar su arrepentimiento ante los millones de víctimas de los gulags y el terror comunista. ¿Han atendido realmente este llamamiento?
R. Me he acostumbrado a que las declaraciones de arrepentimiento de las personalidades políticas en la actualidad sean lo último de todo. ¿Qué cabe esperar de ellas?

P. ¿Se podría decir ahora lo mucho que ha contribuido Archipiélago Gulag al fracaso mundial del comunismo?
R. Esta pregunta no me la debería dirigir a mí; no es tarea del autor dictar ese tipo de sentencias.

P. La oscura experiencia del siglo XX fue algo -y aquí citamos literalmente a Alexandr Solzhenitsin- que hasta cierto punto Rusia debía recorrer en representación de la humanidad. ¿Han podido extraer los rusos una lección concreta de las dos revoluciones y sus consecuencias?
R. Mi impresión es que empiezan a hacerlo poco a poco. Está apareciendo gran cantidad de textos y películas sobre la historia de Rusia en el siglo XX, de una calidad muy dispar, como es natural. Pero el interés aumenta. Precisamente, la televisión estatal emitió Rusia, una verdad espantosa, brutal y sobre todo no suavizada en una serie sobre la obra de Varlam Shalamov...

P. Deducimos de todas sus declaraciones recientes que usted ve que Rusia vuelve a ir lentamente por el buen camino. ¿Qué opinión le merece la época del Gobierno de Putin en comparación con sus predecesores, Gorbachov y Yeltsin?
R. Del estilo de gobierno de Gorbachov sorprendían la ingenuidad política, la escasez de experiencia y la irresponsabilidad en relación con su país. Eso no fue un ejercicio de poder, sino una renuncia sin sentido al poder. Gracias al entusiasmo de Occidente se sintió confirmado en este comportamiento. Sin embargo, hay que reconocer que fue Gorbachov y no Yeltsin -como se afirma en todas partes- quien otorgó la libertad de opinión y movimiento a nuestros ciudadanos. La irresponsabilidad de Yeltsin no fue en absoluto nimia. Se empeñó en dejar la propiedad estatal en manos privadas lo más rápidamente posible y permitió el asalto desenfrenado a las riquezas de Rusia, que rondaban varios miles de millones. Para asegurarse la protección de los príncipes regionales, les invitó al separatismo, permitió que se aprobasen resoluciones que despedazarían el Estado ruso. Con ello se despojaba a Rusia de su bien merecido papel histórico y de su lugar en la escena internacional. Ello fue recibido en Occidente con un sonoro aplauso.

P. ¿Y Putin?
R. Putin se hizo cargo de un país que había sido saqueado y totalmente desequilibrado, con una población en gran parte desanimada y empobrecida. Él se preparó para hacer lo que fuera posible; y lo posible era precisamente una reconstrucción lenta y paso a paso. Estos esfuerzos no se percibieron de igual manera y al principio tampoco se valoraron debidamente. Después de todo, ¿podría usted mencionar ejemplos de la historia en los que los esfuerzos para el restablecimiento de un gobierno fuerte fueran bien recibidos desde el exterior?

P. A Occidente le interesa una Rusia estable. El discernimiento de lo anterior se ha interpuesto. Sin embargo, nos sorprendió sobre todo esto otro: cuando estaba en juego la forma correcta de gobierno en Rusia, usted siempre defendió la autonomía administrativa de los ciudadanos rusos y lo comparó con la democracia occidental. Lo que vemos después de siete años de gobierno de Putin es precisamente el resultado contrario: el presidente posee el poder exclusivo, todo gira en torno a él.
R. ¡Pues claro! Ya he insistido repetidamente y sigo insistiendo en que Rusia necesita una administración autónoma local. Con esto no quiero decir que esta solución se contraponga al modelo occidental de democracia. Al contrario. Quiero convencer a mis conciudadanos con ejemplos de administración autónoma muy eficaces en Suiza y en Nueva Inglaterra, que yo he visto con mis propios ojos. No obstante, usted confunde la administración autónoma local -en la que la gente conoce personalmente a los administradores elegidos- con aquellas estructuras regionales de poder de una docena de gobernadores que, junto al poder central de Moscú, exterminaron los diminutos gérmenes de administración autónoma local en tiempos de Yeltsin.

P. Eso nos resulta difícil de comprender. Nunca se pregunta a las voces críticas en este país. Apenas existe oposición.
R. Sin duda, una oposición es indispensable y todo el mundo anhela un progreso saludable para Rusia. Como en tiempos de Yeltsin, sólo los comunistas representan una oposición apta. Cuando usted habla de que apenas hay oposición, se refiere seguramente a aquellos partidos democráticos que se dieron en los años noventa. No obstante, debe verse con imparcialidad: en el transcurso de los años noventa, a la gente le fue cada vez peor. Tres de cada cuatro familias en Rusia se veían afectadas por un retroceso básico en el nivel de vida, todo bajo la "bandera de la democracia". Lo que sorprende es cuándo desertó la gente de esa bandera. Hasta hoy, los dirigentes de esos partidos no lograban ponerse de acuerdo sobre los puestos de ministros en un gobierno imaginario en la sombra. Es lamentable que en Rusia no exista una oposición fuerte, constructiva, visible y superior en número. Evidentemente, se necesita más tiempo para que se forme. También se necesita más tiempo para que maduren otras instituciones democráticas.

P. En nuestra última entrevista hace siete años usted criticó que en la Duma se sentasen sólo la mitad de los diputados elegidos directamente y que estaban dominados por los representantes de los partidos políticos. Tras la reforma electoral de Putin ya no hay más mandatos directos. ¡Eso sí que es un paso atrás!
R. Sí, eso me parece un error. Soy un detractor convencido y consecuente del parlamentarismo de partidos y favorable a un sistema en el que se elija a los representantes del pueblo independientemente de la pertenencia a un partido. Es decir, que conozcan su responsabilidad personal en las regiones y distritos, y puedan ser destituidos cuando trabajen mal. Entiendo y respeto las cooperativas económicas, las uniones de cooperativas, los pactos territoriales, las organizaciones educativas y profesionales, pero no comprendo la naturaleza de los partidos políticos. Una unión que se basa en convicciones políticas no puede por fuerza ser estable y con frecuencia tampoco está exenta de intereses personales. Ya en tiempos de la Revolución de Octubre, León Trotski decía con gran contundencia: "Un partido que no ve la toma de poder como su fin no vale nada". Eso significa que se anhela un beneficio propio a costa del resto de la población. Si se vota a programas de partidos y a designaciones de partidos, se sustituye la única elección creíble de un representante del pueblo: un candidato con un nombre concreto a través de un elector que también tiene un nombre. Ahí reside todo el sentido de la verdadera representación popular.

P. A través de toda su obra se muestra la influencia de la fe ortodoxa en el carácter ruso. ¿Qué competencia moral tiene hoy la Iglesia ortodoxa rusa? Nos parece que volverá a ser la Iglesia oficial, una Iglesia que los actuales gobernantes en el Kremlin legitiman como autoridad.
R. No, al contrario. Uno debe preguntarse cómo la Iglesia, en los pocos años que han pasado desde que estuvo sometida por el Estado comunista, ha podido forjarse de nuevo una posición independiente. No debemos olvidar las terribles pérdidas humanas que tuvo que soportar la Iglesia ortodoxa rusa durante casi todo el siglo XX. Ahora se pone en pie. Y el joven Estado pos-soviético aprende a respetar a la Iglesia como una institución autónoma e independiente. En la Iglesia ortodoxa rusa, la doctrina social va mucho más lejos que el programa del Gobierno.

P. En su entrevista con el fundador de Der Spiegel, Rudolf Augstein, en 1987, usted se refirió a lo difícil que resulta hablar públicamente de la religión. ¿Qué significa la fe para usted?
R. Para mí la fe pertenece a las bases y a los cimientos de la vida del ser humano.

P. ¿Tiene miedo a la muerte?
R. No, desde hace mucho tiempo ya no le tengo miedo a la muerte. Cuando era joven, debí de pensar mucho en que mi padre, con 27 años, murió demasiado pronto. Tenía miedo a abandonar la vida antes de poder llevar a cabo mis planes literarios. Sin embargo, ya entre los 30 y los 40 años adopté una postura muy calmada frente a la muerte. Para mí es un hito natural, pero que ni mucho menos marca el fin de la existencia de una persona.

Articulo: © Der Spiegel. Traducción de News Clips

***
CRÍTICA: LIBROS
Estalinismo: terceras partes
Por Luis MATÍAS LÓPEZ

Los libros sobre los excesos del estalinismo constituyen un género en sí mismo. No bastó con que Nikita Jruschov renegara de su antiguo jefe y destapara en los cincuenta la caja de Pandora. Hubo que esperar a la perestroika y a su hija predilecta (la glásnost o transparencia informativa) para que empezara a conocerse el volumen de una paranoia de Estado que un izquierdismo mal entendido ocultaba o minimizaba y que una derecha anticomunista a ultranza exageraba hasta el absurdo.

Alexandr Solzhenitsin no esperó tanto. Su novela Un día en la vida de Iván Denisovich se convirtió en casi una bandera con Jruschov ya en el Kremlin. Y su monumental Archipiélago Gulag, difundida en los setenta, se recibió en Occidente (en la URSS, obviamente, se impidió su difusión, como ocurrió con Vida y destino, de Grossman) como una enciclopedia del horror, tan minuciosamente detallada, tan obviamente real, que fue imposible ignorarla incluso por quien no quería mirar.

Al releer Archipiélago Gulag hay algo que sorprende de forma especial: esa tremenda capacidad por preservar la memoria en medio de la lucha cotidiana y agotadora por sobrevivir en un entorno hostil. Tal vez para Solzhenitsin esos dos empeños no eran sino uno solo cuando purgaba inexistentes crímenes políticos en los campos de concentración de Stalin.

Tusquets ha completado por fin el empeño por publicar en español la edición completa de esta monumental obra en tres tomos, sobre la base de las ediciones francesas de Fayard y Seuil revisadas y aumentadas por el propio autor. Este tercer y último tomo apabulla al igual que los anteriores por un efecto de acumulación que ayudan a comprender los designios del zar rojo.

A estas alturas, cuando se tiene la sensación de que no queda nada por saber sobre aquel horror, resulta difícil encontrar en el cierre de la trilogía un aliento nuevo en tantas páginas y páginas "con más de lo mismo", pero lo hay. Por ejemplo, en el capítulo en el que Solzhenitsin relata los trucos, que parecen propios de una novela picaresca, a los que tuvo que recurrir para escribir poemas, más en la cabeza que en el papel, y mantenerlos vivos en su memoria. Así pudo seguir siendo un escritor, antes que un preso. Así logró salir entero por dentro. Y así, su Archipiélago revive el aliento literario que, con frecuencia, parece condenado a ceder el paso ante la fuerza del documento y la denuncia.

Cuando la historia eliminó a su gran enemigo, el totalitarismo soviético, Solzhenitsin se quedó sin una causa por la que combatir. Su nacionalismo exacerbado puede sonar trasnochado, saber que le ha condecorado Vladímir Putin (que fue agente del KGB) puede producir el efecto de una tiza que raye la pizarra, la mayor parte de lo que ha escrito desde su regreso a Rusia puede que sea prescindible y, desde un punto de vista estrictamente literario, puede que haya escritores que merecieron el Nobel más que él. Sin embargo, Solzhenitsin es ya historia, y no por su libro mejor escrito, sino por este Archipiélago Gulag ahora recuperado por completo en español.

El caso de Vitali Shentalinski es diferente. Él sí que tuvo que esperar. Hasta 1988, cuando Gorbachov intentaba dar aliento de cambio a un régimen y un país-imperio que, finalmente, se le fue de las manos y se hundió por su propio peso, partido en 15. Su persistente presión sobre diversos estamentos del régimen le abrió las puertas de la Lubianka, el edificio cercano al Kremlin que fue, y sigue siendo, sede de la policía secreta política, que cambia de nombre (Cheka, NKVD, KGB...) pero no de carácter.

Su interés era muy concreto: los archivos literarios, los expedientes de los escritores represaliados. La publicación de los primeros resultados de su investigación fue espléndida: ahí estaban los detalles de la presión, persecución y, a veces, martirio de autores de la talla de Isak Babel, Mijaíl Bulgákov, Borís Pasternak, Borís Pilniak, Osip Maldelstam, Anna Ajmátova... Incluso Máximo Gorki, el patriarca de la literatura soviética, que utilizó a veces su ascendencia sobre Stalin para salvar a algunos compañeros de profesión.

Todo este material se incluyó en el primer tomo (Esclavos de la libertad) de una trilogía que, en España, se encargó de editar Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. El segundo (Denuncia contra Sócrates), lleno también de jugosas revelaciones, decayó un tanto, aunque todavía fue capaz de sorprender al revelar, por ejemplo, los detalles del secuestro por parte de unos mafiosos, en pleno corazón de Moscú, del mismísimo Lenin. Y el tercero y último (Crimen sin castigo) exprime tal vez demasiado un filón que ya estaba casi agotado, aunque conserva la capacidad de estremecer con su descripción de las purgas de escritores durante el gran terror de 1937 y 1938. Y, sobre todo, cierra un ciclo, como ocurre con Archipiélago Gulag, que queda para siempre como testimonio de que, para el totalitarismo, no hay límites, ni siquiera los que podría creerse que están ocultos en la conciencia de los creadores. –

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2007

Ramón MUÑOZ/ SHALAMOV renacido


CRÍTICA: LIBROS
Shalamov renacido
Por Ramón MUÑOZ

"Todos los sentimientos humanos -el amor, la amistad, la envidia, el ansia de gloria, la misericordia o la honradez- nos habían abandonado con la carne con la que nos vimos privados durante nuestra prolongada hambruna. En la insignificante capa muscular que aún quedaba adherida a nuestros huesos, y que aún nos permitía comer, movernos, respirar, e incluso serrar leña o recoger con la pala piedras en la carretilla por los inacabables tablones de madera en las mimas de oro, en esta capa muscular sólo cabía el odio, el sentimiento humano más imperecedero".


Son los Relatos de Kolymá, prácticamente el único libro -a excepción de un diario y varios poemarios- que escribió Varlam Shalamov, un casi desconocido escritor ruso al que, sin embargo, le tiene reservado un sitio la posteridad.

Shalamov (1907-1982), como Fernando Pessoa o Cesare Pavese, no ha comenzado a ser reconocido hasta mucho después de su muerte, pese a que inició sus relatos en 1955, dos años después de ser liberado de Kolymá, el más grande y abyecto campo de concentración de la era estalinista.

Nacido en Vologda, periodista y abogado, Shalamov fue un verdadero revolucionario y, como tal, pronto daría con sus huesos en el gulag. En el de Kolymá, en el extremo noroeste de Siberia, pasó 17 años de su vida. En ese tiempo pudieron perecer de hambre, frío y extenuación hasta tres millones de personas. Más de un tercio de los prisioneros moría cada año en la llamada "tierra de la muerte blanca", dedicados a la explotación de minas, la tala de bosques o la construcción de carreteras que se cimentaban con los huesos triturados de los esclavos muertos del padrecito Stalin, a quien tan vil como inconscientemente alabaran escritores como Alberti o Neruda.

Con vivencias tan estremecedoras, a Shalamov le podría haber bastado la crónica periodística de la denuncia, como hizo el afamado Solzhenitsin. Pero optó por el camino del estilo. Y es que los Relatos de Kolymá no son sólo un testimonio del horror de los campos, sino todo un ejercicio único de estilo que le convierten en uno de los grandes de la literatura rusa (o más bien soviética) del siglo XX junto a Isaac Babel, asesinado también por los verdugos estalinistas, o Andréi Platónov, otra víctima de la Gran Purga

En poco más de un centenar de relatos breves, Shalamov trasciende el testimonio del sufrimiento, para allegarnos a terrenos del sentimiento que sólo puede alcanzar la literatura con mayúsculas. Y lo hace con un estilo seco, de frases breves, casi tan cortantes como los 50º bajo cero que tuvo que soportar muchos días de su encierro en la inmensa cárcel helada de Kolymá. Heredero del laconismo de Chéjov y del realismo atormentado de Babel, Shalamov es capaz de relatar con crudeza de acero el fusilamiento o la muerte por inanición de un prisionero, y envolvernos con minimalismo poético en la descripción de un árbol de la taiga. Sus relatos se titulan El pan, La leche condensada, o Vaska Denisov, el ladrón de cerdos. Y aunque tienen cierto hilo argumental, se pueden leer como cuentos independientes, sin perder frescura. "No se mostraba el termómetro a los trabajadores, era además completamente inútil. Había que salir con cualquier temperatura. Los más viejos se pasaban el termómetro, si hay neblina, hace 40º bajo cero; si respiramos sin mayor dificultad, pero el aire se exhala acompañado de ruido, quiere decir que hace menos de 45º; y si la respiración es ruidosa y está acompañada de una agitación visible, hace menos 50º". Puro materialismo dialéctico, que diría un crítico de los setenta.

Shalamov vivió perseguido y acabó sus días como un maldito en 1982, en un manicomio en el que había ingresado en contra de su voluntad. En los sesenta sus relatos comienzan a circular clandestinamente en los círculos culturales de Moscú, hasta que cruzan la frontera y se publican en Londres en 1972. En Rusia, los Relatos no verían la luz hasta 1987 pero ya antes se habían convertido no sólo en un símbolo de la disidencia sino en todo un mito literario, gracias en parte a la fundación auspiciada por su viuda y financiada con aportaciones de sus admiradores. Su fama no para de crecer: ya ha merecido la profanación de su tumba y hasta una serie de televisión. El centenario del nacimiento de Shalamov ha propiciado un redescubrimiento de su obra, y la edición en seis volúmenes de los relatos completos por la editorial Minúscula.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2007

Oscar PORTELA/Poesia



Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país...Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en crítica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas…

E-mail:
portelao@hotmail.com
Página personal: http://www.universoportela.com.ar/
Otras: http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm
http://oscarportela.lalupe.com/
O www.corrientealdí.como.ar
Sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=oscar+portela


Hacia el Fuego
Poema de adiós al 2007
Por Oscar Portela

A Pedro Martínez

Arrojadas al fuego las memorias
los almanaque todos
aspirando solo al frío
espectral de lo no sucedido
y esperando sin esperar
heme aquí en este ruedo
de vida-muerte
como el viudo insomne
de torres de Aquitania

"sin laúd constelado"
ni estrellas en el cielo
zurcidas por las manos
de un niño-dios que juega
hacer del universo
miríadas de deseos,

y un miura en mi costado
muge solo en los sueños,

y el traje de alamares
se tiñe de la sangre
de la roza que antaño
floreció en los jardines
sin los porqués
de un tiempo

que nos lleva y nos trae
como la mar incierta
"siempre recomenzada":

y este "hablar de lo eterno
y las edades muertas"
y el "llorar a Adonais"
cubierto ya de hiervas,

son el cierto destino
de un libro que es el cuerpo:

cuando la edad provecta
nos resigne a la nada
"alma mía gentil"
da mi saludo a Pedro,

y di entonces
"¿quien marcha
entre la violeta
y la violeta"?

"¡Palmas! ¡ y la dulzura
de una vejes de raíces"
donde purificado
por las ánimas áureas,
yo me elevo a lo alto
del " prístino holocausto"

con voces silenciosas
que moran en espejos

Corrientes Argentina
.

Kaka el niño
Por Oscar Portela

El virgen niño
que la hermosura del efevo
porta jugando con el viento.
Ser admirado es poco.

Nació para el pesebre
del amor. Y devotos
poetas pueden loar
la inseminal belleza
de su cuerpo de oro
y su carne de especies.

El es el niño que redime
y de sus ojos brotan los elementos
aire y cielo, fuego y agua,

Y el calido aliento del amor
que todo lo consume
y lo consuma todo,

Y regula los ciclos de
de la vida.
.

El arroyo
Por Oscar Portela

Cuando retomo caminos
Los desandados ayer
Vuelvo al Arroyo
Pequeño en que me
Viera crecer.

En sus aguas cristalinas
Mansas como el corazón
Veo reflejarse a un niño
Y algún tordillo veloz.

Pues los Arroyos son Ángeles
Para bendecir la voz
Subterránea de la tierra
Que habla en nombre
Del árbol

Cuya sombra nos colmo.
Por aquello Josefina
Te agradezco en la ocasión
Tu bondad, tu gentileza

Para este niño que soy.


Corrientes 17 de diciembre de 2007

.
Don Luis Gregoric: El silenciero
Milonga de Oscar Portela

Que silencio don Luís
Hay en sus sabias palabras
Acompasadas al ritmo
De su sombra y de
Su empaque.

Payador empedernido de la taba
Que es palabra.

Naides se atreva
Don Luis a desafiar
Las pausas de su decir
Silenciero tan breve,
De puñalada.

Hombre de muchas palabras
Tejidas sobre el silencio
De la gramática pura
De un libro abierto a la nada

Don Luis no se apresura,

No lo apresuran los años,
Mide con su temple
El ánima y las cuerdas

Melodiosas de amistades
Y palabras.

Don Luis el silenciero
Justo en todos los reclamos
No le reclama a la Vida
Los trabajos ni las ganas.

Nunca abandone don Luís
Su silencio sabio y calmo
Del que aprendimos medidas
En un tiempo sin compases

Y cuando un día su sombra
Siga hablando por sus ánimas
Sabremos que nada es vano
Cuando don Luis lo canta.

Corrientes 16 de diciembre de 2007

.
.

Leo Peixoto
Por Oscar Portela

Un felino agazapado entre
entre los árboles,
un animal feroz y fabuloso,

una leyenda surgida de la espuma
del deseo carnal que arde
en los sueños,

tu perfección
feroz de zarpa y duelo,
la osadía de ser parte

de un rito
en el cual tu como Fénix ,

gurdas tesoros aureos
en tus fauces

de tigre y semental,

el más hermoso
habitante de todos los deseos:

¿Quien habla por tu espina dorsal
y por tu frente,
por tus piernas

dinteles de tobillos con ajorcas
doradas del mítico misterio
que se ahoga en la cintura

escultural
que alza

el tórax más perfecto
que conoce el escultor fecundo
en su elemento,
fascinado por ti
vertiginoso,

como la fuente pura
de tu frente y tu rostro de enigma
y de misterio,

Leo Peixoto,

tigre y sombra que el poeta
teme nombrar para
evitar el profanar lo

templos,

sellados por los dioses
que alimentan la escarpada cabeza
con que embistes

y rompes
el equilibrio del hexámetro,
oh tú,Leo Peixoto
el animal del lujo y la fiereza?.


Leo Peixoto que seduce y mata
a quien mira sus ojos de serpiente.

El pecado está en ti: tú lo sustentas.

Y mi carne es la tuya y es mi sangre
la que bebes como elixir para seguir
guardando las raices que
pueblos idumeos
nos dejaron

en tus garras perfectas
como tus labios de animal
y de hombre

pues eres tu
lo mítico y lo nuevo,

el ser que esplende en
tu cintura breve,

y tus pómulos fuentes
donde beben y ahogan
las palomas posadas
en la fuente

del mítico misterio
que rodea con un aura de luz
belleza plena

Corrientes –Argentina 2007-12-20

Nuria BARRIOS/ Del flamenco culto a un arte de fusión



REPORTAJE: Los elegidos
Del flamenco culto a un arte de fusión
Por Nuria Barrios

La pureza, la experimentación y la permanente renovación de los artistas históricos y modernos a través de una selección de 16 discos grabados desde los años cincuenta

Antología del cante flamenco
Hispavox
El guitarrista jerezano Perico el del Lunar dirigió la primera antología conocida de cante flamenco, que fue publicada en Francia en 1954. En España pasó inadvertida hasta que la Académie Française du Disque le concedió su Gran Premio. En 1958, Hispavox la lanzó en nuestro país y aún hoy, medio siglo después, sigue siendo considerada una de las mejores antologías existentes. Un excelente compendio de los cantes que interpretan, a lo largo de dos CD, un grupo de flamencos cuidadosamente elegidos: desde viejos como Pepe el de la Matrona y Bernardo el de los Lobitos, que rescatan los arrumbados cantes de su juventud, hasta jóvenes como Rafael Romero y Jarrito, que resucitan el buen hacer de sus antepasados. Y, entremedias, un plantel de ases como Jacinto Almacén, Pericón de Cádiz, el Chaqueta, el Niño de Málaga y Lolita Triana. Al toque: Perico el del Lunar.

Medio siglo de cante flamenco
BMG Arbola
Dirigida por el escritor José Manuel Caballero Bonald, esta antología es un valioso documento de una época dorada del cante. Fue Premio Nacional del Ministerio de Cultura en 1987 y complementa a la perfección la antología dirigida por Perico el del Lunar. El plantel de intérpretes es impresionante: los cuatro CD albergan a Mairena, uno de los grandes cantaores de la historia; la voz cavernosa de Juan Talega; Tía Anica la Periñaca, a quien la boca le sabía a sangre cuando cantaba a gusto; un Lebrijano pletórico de facultades; el gran Sordera; el cante hermoso y sombrío de José Menese y el cante claro de Diego Clavel; la exquisita farruca de Rafael Romero; las inolvidables Bernarda y Fernanda de Utrera; el rancio son jerezano de Manuel Agujetas... Un total de 23 cantaores de culto para los aficionados de ley y un libreto con detallada información.

La niña de los Peines
Cantes gitanos. Flamenco vivo
Una excelente muestra de la legendaria Niña de los Peines, acompañada por grandes guitarristas como Niño Ricardo, Melchor de Marchena y Manolo de Badajoz. Considerada la mujer más importante que ha dado el cante flamenco, la sevillana Pastora Pavón fue bautizada como La Niña de los Peines por unos tientos tangos que cantaba: "Péinate tú con mis peines / que mis peines son de azúcar / La gachí que se peina con mis peines / hasta los dedos se chupa". Federico García Lorca definió su voz como "estaño fundido". Ella lo cantó todo y casi todo a la perfección. Casi cuatro décadas después de su muerte, La Niña de los Peines sigue muy viva en la memoria de los aficionados. Sus discos no paran de reeditarse y cantaores jóvenes como Esperanza Fernández, Mayte Martín, Estrella Morente y Arcángel, entre otros, beben de esta fuente inagotable.

Camarón de la Isla
La leyenda del tiempo. Philips
Una obra rompedora, ambiciosa y absolutamente grande. La leyenda del tiempo supuso un paso de gigante en la renovación del flamenco. La obra, que incluía instrumentaciones rockeras y jazzísticas, contó con un equipo irrepetible: Camarón ponía la voz; Federico García Lorca, la letra de la mayoría de los temas; Kiko Veneno, su espíritu anárquico y lúdico, y Ricardo Pachón, la osadía conceptual del productor. Sin embargo, La leyenda del tiempo fue blanco de críticas feroces y tuvo muy escasas ventas: en los primeros 13 años, tan sólo se vendieron 5.842 ejemplares. Muchos seguidores del cantaor de la Isla devolvían el disco tan pronto lo escuchaban, al creer que aquello que sonaba no era de Camarón. Arriesgada y muy hermosa, La leyenda del tiempo es una obra imprescindible. Del disco está ausente Paco de Lucía, a quien suple con dignidad un joven guitarrista de Almería: Tomatito.

Paco de Lucía
Zyriab. Philips
El toque de hoy no se entendería sin el portentoso Paco de Lucía. Revolucionó el mundo de la guitarra; mostró que el flamenco puede dialogar con el jazz de Chick Corea y la música clásica de Manuel de Falla e introdujo el flamenco en el Teatro Real. Zyriab es un excelente ejemplo del lenguaje único del guitarrista: puro flamenco que es más que flamenco, una música creativa y abierta con un increíble sentido del compás y de la armonía. Acompañan a Paco de Lucía en Zyriab el piano de Chick Corea, la voz de Potito y la guitarra de Manolo Sanlúcar, entre otros. Es curioso pensar que una frustración está en el origen de nuestro guitarrista más universal: "Lo que más me gustaba desde niño era cantar. Pero era muy tímido, muy gordo, con mucho sentido del ridículo, y me escondí detrás de la guitarra".

Lole y Manuel
Nuevo día. Dro
Con Nuevo día llegaron al flamenco los aires hippies de Woodstock: amor, paz, ecologismo... Grabado bajo la supervisión del audaz Ricardo Pachón en 1975, el primer disco de Dolores Montoya y Manuel Molina se enmarca en el origen del nuevo flamenco, o flamenco fusión. Lole, hija de la Negra, poseía una voz muy hermosa y flamenca y Manuel, guitarrista, compositor y cantante, aportaba su frescura y lirismo. La imagen hippy del dúo, su poesía y sus coqueteos con la música árabe tuvieron un inmenso éxito y mostraron, de nuevo, la inagotable permeabilidad del flamenco. Tras este primer disco, Lole y Manuel grabaron otros títulos como Pasaje del agua, Lole y Manuel y Al alba con alegría. La ruptura sentimental de la pareja puso fin a sus grabaciones conjuntas hasta 1994, año en que publicaron Alba Molina y grabaron el directo Una voz y una guitarra.

Manolo Sanlúcar
Tauromagia. Polydor
Manolo Sanlúcar integra en el flamenco la música sinfónica de forma que la orquesta asume el sentimiento jondo y, como si fuese un solo instrumento, transmite su sonido mágico. El resultado es Tauromagia, una pieza que sedujo por su belleza desde su aparición en 1988. La guitarra de Sanlúcar narra el ritual del toro bravo -desde su nacimiento en el campo hasta su muerte, una tarde, en la sevillana plaza de la Maestranza- y el ritual del torero -la capilla, el miedo, la muleta, el tercio de varas, el ¡ole!, las banderillas, el color y el toreo de muleta-. El gaditano Sanlúcar sale de Tauromagia a hombros y por la puerta grande. Tanto él como Paco de Lucía están en el origen de una época de oro de la guitarra flamenca donde ya brillan los nombres de Vicente Amigo, Rafael Riqueni, Juan Manuel Cañizares, Gerardo Núñez...

Enrique Morente
Omega. El Europeo
La potente visión de Enrique Morente sobre Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, asombró, como ya es habitual en todos los trabajos del cantaor granadino. En compañía del grupo de rock Lagartija Nick, Morente recrea la poesía de Lorca y ofrece personalísimas versiones de temas de Leonard Cohen. Omega es arriesgado y visionario, tal como es su autor. No en balde calificó Antonio Mairena de "cante futurista" el trabajo del granadino. Porque si Camarón fue la pasión en carne viva, Morente es la obsesión creadora. Él mismo ha definido esa inquietud artística que le lleva a recorrer de forma inagotable nuevos caminos, nuevas veredas: "Lo único que pretendo ser es Enrique Morente y no el recuerdo inolvidable de otro cantaor ya desaparecido". En 1995 recibió el Premio Nacional de Música: era la primera vez que dicho galardón recaía en un artista flamenco.

Retama
Ketama. Nuevos Medios
En 1985 aparecía el primer disco del grupo más influyente de lo que pronto se conocería como "nuevo flamenco": Ketama. En la foto aparecían Juan Carmona, Ray Heredia y José Soto, retoños de dos importantes familias flamencas: los Sordera y los Habichuela. Ketama quería conquistar al público pop que vibraba con la movida. Su disco fue producido por Teo Cardalda (Golpes Bajos) y editado por un pequeño sello independiente, Nuevos Medios, que reveló ser pieza clave de los nuevos tiempos. La portada de Ceesepe simbolizó a la perfección el espíritu de Ketama: las piernas ancladas en el flamenco, pero la inspiración tan libre como el pecho desnudo de la odalisca. Con el tiempo saldrían del grupo José Soto y Ray Heredia, entraría Josemi Carmona y Antonio se convertiría en su carismático vocalista. Tras una brillante trayectoria, los Ketama decidieron "tomarse un descanso" en 2004.

Pata Negra
Blues de la frontera. NM
El cuarto disco de los hermanos Amador, Rafael (voz y guitarra) y Raimundo (guitarra), supuso su triunfo definitivo en 1987. Pata Negra, el grupo más loco y creativo del flamenco, une con garra y mucha guasa los sonidos fronterizos que van desde Jimi Hendrix hasta Diego del Gastor, desde la rumba hasta el reggae, desde el blues a la bulería, ese invento que ellos llamaron blueslería. Ricardo Pachón, bendecido de nuevo por el duende, produjo Blues de la frontera, un disco que cuenta con temas legendarios escritos por Carlos Lencero como Yo me quedo en Sevilla, Camarón y Calle Betis. Rafael y Raimundo, aseguraba Camarón, hacían lo que todos andaban buscando: el flamenco rock gitano. Entre los muchos admiradores de Pata Negra estaban David Byrne y Frank Zappa. En 1989 los hermanos Amador dieron en Barcelona su último concierto juntos. Ahí se rompió la Pata.

Ray Heredia
Quien no corre, vuela. NM
Único disco de un genio con propuestas singulares del que se esperaba todo y que desapareció demasiado pronto. Cantaor, cantante, letrista, guitarrista y compositor sorprendente, Ray, que fue miembro fundador de Ketama, se embarcó en 1991 en su primera grabación en solitario. Con la producción de Teo Cardalda (Golpes Bajos y Cómplices), Ray interpreta diez temas que hoy se escuchan con la misma fuerza y frescura de entonces: Alegría de vivir, Cobarde, Lo bueno y lo malo, Súmamela bien, Su pelo... Murió a los pocos días de concluir Quien no corre, vuela, una pieza clave del nuevo flamenco y una de las grabaciones más influyentes de la historia del pop español. Ray tenía 28 años y sólo había tenido tiempo para dar un concierto de presentación en la madrileña sala Revólver. Quien no corre, vuela ha sido remasterizado a partir de las grabaciones originales.

Jorge Pardo y Chano Domínguez
10 de Paco. Nuevos Medios
El saxofonista Jorge Pardo y el pianista Chano Domínguez rinden homenaje a Paco de Lucía haciendo algo único que es flamenco y es jazz, y que en ningún momento sucumbe a la aventura flamenca de Miles Davis y Gil Evans (Sketches of Spain). Con la colaboración del contrabajista Javier Colina, el percusionista Tino di Geraldo y la voz de Chonchi Heredia, interpretan diez temas emblemáticos de Paco: Sólo quiero caminar, Río ancho, Almoraima... Y consiguen, integrando los ritmos y melodías jondas con el jazz, que lo ya oído suene nuevo y tan hermoso como el original. Este lenguaje, virtuoso, singular y apasionado, incentivado por el propio Paco de Lucía, protagoniza 10 de Paco, el mejor ejemplo de un flamenco jazz que ha dado a la música figuras como el bajista Carles Benavent, el percusionista Guillermo McGill o el teclista Tomás San Miguel, entre otras muchas.

Diego Carrasco
Mi ADN flamenco. Nuevos Medios
Conocido como el rey del compás, el jerezano Diego Carrasco es adorado por esas "locuras rítmicas" que son sus composiciones. Ha conseguido el más difícil todavía en el complicado mundo del flamenco: ser respetado tanto por los renovadores como por los puristas. Ha colaborado con Camarón, con Manolo Sanlúcar, con Enrique Morente... Sin alejarse del cante más puro de Jerez, Diego es capaz de recrear hasta canciones infantiles en compás de bulerías. Este álbum recoge su ADN flamenco, guasón y creativo, como compositor, cantaor y productor. Carrasco reúne a grandes del flamenco y del jazz para hacer un flamenco rítmico y surrealista, lleno de espontaneidad, alegría y frescura. Lo mismo versiona ¿Qué tal Dolly? o Ratones Coloraos que recrea en clave jerezana el trabalenguas más exitoso de los últimos años, Aserejé. Y todo sin perder un ápice de flamencura.

Miguel Poveda
Viento del Este. Nuevos Medios
Un joven cantaor excepcional que consigue transmitir con enorme fuerza tanto en directo como en sus discos. La carrera del catalán Miguel Poveda arrancó con éxito en el Festival Nacional del Cante de las Minas, en La Unión, Murcia, en 1993, y desde entonces ha mantenido una impresionante trayectoria ascendente marcada por el rigor, el trabajo y la sensibilidad. Viento del Este fue su primer trabajo individual y en él es patente la herencia de maestros como La Niña de los Peines, Mairena, Caracol y Camarón, el compás y buen hacer de la gente de Jerez, a quien tanto admira Poveda, y su frescura como cantaor. Nueve palos sabiamente elegidos y una voz que se duele con verdad y se quiebra sin romperse. Tradición y modernidad: Jerez, Triana y también Madrid. Porque así es Poveda: innovador y, al mismo tiempo, respetuoso con la tradición.

Mayte Martín
Querencia. Virgen
El segundo álbum de Mayte Martín, Querencia, fue considerado uno de los mejores discos de flamenco del año y fue nominado al Grammy Latino 2001 en su categoría. Talento, sensibilidad y un profundo conocimiento del flamenco definen a Mayte, que posee una hermosa voz con el don de transmitir y conmover. La artista barcelonesa ofrece en Querencia un repertorio de cante clásico con el que rinde homenaje a La Niña de los Peines, a El Pena, a Antonio Chacón y a Juan Valderrama, entre otros, con un exquisito acompañamiento de guitarras, violines, viola, cello y contrabajo. Cantaora larga, ortodoxa y creativa, Mayte ha repetido en distintas ocasiones que el flamenco es su origen, no su yugo. Así, también ha grabado boleros con Tete Montoliu, en Free boleros, y baladas, en Tiempo de amar, y en cada grabación ha dejado su sello elegante y conmovedor.

Son de la Frontera
Cal. Nuevos Medios
Descendientes y admiradores del enduendado guitarrista Diego del Gastor, los músicos de Son de la Frontera se han convertido en una de las apuestas más importantes del flamenco por su personalidad y su aire de antiguo verdadero. En Cal la guitarra de Paco de Amparo, el baile de Pepe Torres, el compás de Manuel Flores, el cante de Moi de Morón y el tres cubano de Raúl Rodríguez devuelven la vida a la música irresistible de Diego. "¡Qué reunión paisano / la guitarra de Morón / con su primo el tres cubano!". Las increíbles falsetas de Diego del Gastor, el eco armónico de los pies en el baile, el acento caribeño del tres y el cante crean sonoridades que hicieron exclamar al artista norteamericano Jackson Browne que Son de la Frontera era lo mejor que había escuchado desde hacía mucho tiempo. Cal fue nominado al Grammy Latino 2007.

Articulo:
http://www.elpais.com 22/12/2007
Ilustracion: Fabian PEREZ - http://fabianperez.com/images/

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